octubre 15, 2026

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#4 Tiempos

Los restos: el caso Teuchitlán | Columna de Jorge Saldaña

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Los desaparecidos ya no lo son. Son restos.

Murieron desde el primer día en que se fueron, aunque la fecha en que fueron dejando su par de tenis haya sido otra cualquiera.

Se restaron, de sus casas. Los restaron de la vida. Hoy los contamos, pero no entre nosotros.

Sus restos son los que dejaron allá en casa, en forma recuerdos aquilatados, de abrazos de sus padres, hijos, esposas, maridos, parejas.

Los más afortunados pudieron, seguramente con dificultad, escribir una despedida apurada por el filo de la muerte en una hoja de papel que lo mismo fue despedida, testamento y epitafio.

Eso, los que tuvieron la oportunidad. Los demás se convirtieron en mochilas y tenis. Se convirtieron en alguna prenda desgarrada, igual que el país, al enterarse, igual que las almas de quienes los buscaron hasta encontrarlos. Son guerreros.

Qué irónico que se diga como algo común que a sus familias les genera paz y alivio el saber “dónde quedaron” las víctimas de una guerra que hiere no solo en lo íntimo de sus familias, sino a miles de kilómetros en derredor.

Claro, siempre será mejor haber descubierto el hallazgo que vivir en la incertidumbre día y noche sin saber nada en absoluto de un ser querido, pero de eso al alivio y a la paz, hay mucha distancia.

Al pesar de las familias, hay que añadir el agravio social, “la congoja” generalizada, esa que desde el 5 de marzo fue permeando, poco a poco, en el imaginario del mundo.

Una vez más, México con la noticia salvaje en los diarios del planeta. Comparativas con el holocausto en las redes de todo el globo.

Allá, en el lugar de los hechos, la zozobra y el silencio cobijados en la excusa de la lejanía del sitio, y de las ganas de mejor no preguntar lo que ocurría. Esa ignorancia a conveniencia que genera sordera y ceguera de los avecindados del área.

Para tener idea de lo profundo de la “herida abierta”, como la ha llamado el presidente del senado, Gerardo Fernández Noroña, basta leer la crónica de Pablo Ferri, reportero del diario El País, de España, quien hizo de las primeras notas  al respecto.

Sus textos dieron la vuelta al mundo, y en ellos resalta un dato desconcertante, y es que las autoridades fueron al sitio en septiembre pasado tras la detención de 10 personas y el rescate de dos, sin que encontraran nada de todo lo que hoy se conoce.

¿Además de la sordera y la ceguera local, enmudecieron las autoridades?

Tuvo que ser un colectivo, en su mayoría conformado por mujeres, madres de familia, quienes en un autobús rentado acudieron el 5 de marzo al sitio que encontraron abierto de par en par y plagado de indicios.

Relata el diario Ibérico :

“El mismo horror de la situación, la aparición de tantos trozos de hueso, su hallazgo en hoyos en la tierra, espacios que recuerdan a los que se usan para guisar carne en pueblos de todo el país; las posibilidades que sugiere tal hallazgo, que quemaran ahí a la gente, que los deshicieran. Luego está la ropa, la cantidad de ropa hallada, las fotos de cientos de zapatillas, que muchos han comparado con campos de concentración. Después figura la intuición de las buscadoras, según la cual aquel espacio sirvió además de centro de entrenamiento para reclutas, forzados o no”.

Eso de reclutas, y el forzados, o no, corrobora lo relatado por un testigo que logró -no se sabe como- huir del lugar y de la muerte.

El testimonial incluye palabras como tortura, maltrato, esclavitud y el relato de peleas forzadas, combates a muerte en los que los derrotados terminaban en un hoyo en el que, se presume, se les prendía fuego. Era vivir y morir en el infierno.

¿Quisieron las víctimas, cualquier número final que resulte de las investigaciones, involucrarse en el crimen organizado?

Lamentablemente los estudios y los resultados de investigaciones de la mayoría de los casos arrojan una respuesta positiva.

Y es que los cárteles, enganchan, atraen con falsas promesas a los que primero son voluntarios esperanzados para luego convertirse en esclavos, en sicarios a sueldo, en carne de cañón o solamente en restos.

Las historías de los “por qué” individuales se sigue repitiendo miles de veces, es una ruta en la que se sigue a un espejismo para entrar en arenas pantanosas y movedizas.

La nación, otra vez, se está empapando poco a poco sobre el caso. Esta vez no fue un estallido dramático como en el caso de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa en Guerrero (del que aún con el paso de los años, no se acepta la “verdad histórica”) No, esta vez la narrativa se está contando en capítulos, es un StoryTelling de terror.

La situación obligó a un cambio en la agenda de la presidenta, Claudia Sheinbaum; que pasó de tener una oposición extranjera al tenor de las amenazas libradas sobre los aranceles a México, a tener un frente abierto, otra oposición más delicada, la del malestar interno dado a dosis con las revelaciones de Teuchitlán y que van brotando todos los días.

Son de casa los agraviados por el sobresalto y es el peor momento para tener manifestantes en las calles, por eso se contuvo la discusión de la Ley del ISSSTE. En momentos como este, no hay lugar para un malestar colectivo en las calles.

Específicamente sobre el asunto, la postura presidencial ha sido la de encarar la situación, sin restar ni minimizar, se ha llamado a investigar todos los indicios y las pruebas con rigor científico, no ocultar nada y encontrar la verdad. Así lo ha afirmado la jefa del ejecutivo desde sus Conferencias del Pueblo, un tema recurrente e inacabado por la prensa nacional y extranjera.

Al mismo tiempo, la presidenta señaló a la fiscalía local de Jalisco por no reportar hallazgos en el lugar que se supone investigó desde hace 7 meses. En contraste, al grupo Guerreros Buscadores junto a madres de familias, les bastó una sola visita para dar cuenta, que ese rancho guarda aún muchos más secretos, quizás más restos (algunos reducidos a meñiques y huesos tan pequeños que difícilmente podrán dar muestras de ADN) y una historia que no ha acabado de contarse.

Casos como este, obligan a repasar las cifras: 115 mil desaparecidos y desaparecidas en México. De esos, 15 mil en el estado de Jalisco.

La mezquina oportunidad generada en el centro del agravio público y que ha venido de menos a más generalizándose, también representa una crisis para el actual gobierno como para el que le precedió, por lo que no es de extrañarse que intereses tanto foráneos, pero mucho más locales, estén -en la era de la infocracia y la validación inmediata- operando una campaña virtual (con millones de pesos detrás como también lo denunció la primer mandataria) no para exigir justicia, sino para desestabilizar al país, para manipular a la opinión pública y entregarla al miedo con todo lo que eso conlleva.

El país no se merece tenis sin dueño, ni madres sin hijos, ni autoridades sin competencia, ni verdades a medias, ni oportunistas de una desgracia.

Tampoco se puede juzgar sin tener memoria. Hay que reconocer que la atmósfera idónea para lo que haya ocurrido en Teuchitlán no se creó en 5 meses ni en 6 años. Hay que desenterrar los restos de un pasado desalmado y un presente doloroso y violento.

Urge que no mueran mexicanos y mexicanas el mismo día que abandonen su casa. Urge disipar el espejismo que lleva al pantano a miles de jóvenes mexicanos. Urgen menos tenis vacíos y mochilas que hacen la vez de reconocimiento del cuerpo de un ser querido. Sobran restos de los que una vez tuvieron nombre.

En el contexto local hay que abrir bien por lo menos un ojo. Las cifras de hallazgos por las entidades buscadoras no son para tener tranquilo a nadie, y las contradicciones entre la autoridad estatal y la fiscalía no aportan a la serenidad colectiva; una asegurando que no hay fosas clandestinas, y la otra que no lo descarta insistiendo en que “sigue investigando”.

En México, una mamá todo lo encuentra, hasta tus restos.

Jorge Saldaña

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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