#4 Tiempos
López, Gatell y las vacunas | Columna de Víctor Meade C.
SIGAMOS DERECHO
Había evitado tocar el tema de la pandemia porque, me parece, demasiado se ha dicho y demasiado se habrá de decir en los meses —esperemos— o años que resten de pandemia. Sin embargo, la situación se encuentra ahora en un nuevo punto crítico: los contagios han estado batiendo sus récords, las autoridades siguen irresponsables y la promesa de una vacuna se ha conjuntado con los nueve meses de “nueva normalidad” y las fiestas decembrinas que vienen. Durante estos nueve meses, el saldo ha sido profundamente vergonzoso y, generalizando, ni el gobierno ni la población hemos estado a la altura de las circunstancias.
A primera vista, la querencia natural de la responsabilidad apunta a Hugo López-Gatell. Durante los primeros meses de su encargo se le consideró como un rockstar. Después, los contagios y fallecimientos comenzaron a subir de manera desproporcionada. “La fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio”, dijo Gatell, añadiendo una más a la lista de frases infames de esta administración. Tal vez fueron los nervios de tener la atención de todo el país volcada sobre sí tan repentinamente o a lo mejor fue la emoción de volverse tan cercano al Señor Presidente; concedámosle que a cualquiera se le puede salir una imprudencia. Lo que realmente no se le puede conceder es que, a partir de ahí, el discurso oficial de la autoridad sanitaria se alineó al discurso del Ejecutivo, con muy poco aprecio a la ciencia, cabe mencionar. Desestimó —tan irresponsablemente— el uso del cubrebocas; cayó en la pésima práctica presidencial de tratar con arrogancia y desprecio a medios de comunicación; ahora desconoce el semáforo epidemiológico y tampoco hay ajuste en las medidas de contención del virus. Ciertamente volver al rojo ya resulta inoperante; solo obligarían a los comercios a cerrar cuando la mayoría de los contagios ocurren en privado. Pero tampoco pueden guardar completo silencio y solo repetir que “estamos en alerta”.
López Obrador, por su parte, recibe con justa razón el otro gran tajo de responsabilidad. Decir que la pandemia nos vino como anillo al dedo, viendo el número de comercios que han tenido que cerrar, los millones de mexicanos y mexicanas que perdieron sus empleos y los más de 100 mil fallecimientos —oficiales, al menos— es algo que más vale que no olvidemos. No olvidemos, tampoco, que durante su campaña repitió ad nauseam que “no iba a ser candil de la calle y oscuridad de la casa” — la única vez que ha utilizado un cubrebocas fue para ir a Estados Unidos. Imagine usted. Cuando le reclaman, sube el vidrio de la camioneta para “guardar la sana distancia”; cuando le llevan regalos, se baja a tomarse fotos. Esta administración —para la que todo es político y adversarial— ha cometido el tremendo error de utilizar la ciencia a modo y de sacarle capital electoral a todo lo que se deja.
Claro, la oposición no está libre de pecado. Tampoco vayamos a olvidar la vez que Mariana Rodríguez y su esposo Samuel García, precandidato de Movimiento Ciudadano a la gubernatura de Nuevo León, trataron de vender cubrebocas desde una empresa fantasma.
La ciudadanía, por un lado, ha sufrido las consecuencias de gobiernos que no dan apoyos ni fomentos a los comercios. No hay protección al desempleo ni facilidades para los trabajos y educación a distancia. Las desigualdades se han hecho mucho más notorias y quienes más han sufrido siguen siendo, en palabras de Mariano Azuela, los de abajo. Por otro lado, una buena parte de la ciudadanía ha sido bastante omisa a las indicaciones. Los restaurantes y bodegas convertidos en discotecas clandestinas, eventos y reuniones con centenares de invitados han mostrado una de las peores caras de esta pandemia. De igual forma, hay quienes reclaman de manera tan frívola que usar cubrebocas es censura o que casarse es un derecho fundamental, muy por encima del derecho a la salud de la colectividad. Quizás la estrategia de AMLO de no declarar el uso obligatorio del cubrebocas fue para ahorrarnos las vergonzosas manifestaciones que hacen los estadounidenses, reclamando las “severas violaciones a la libertad individual” que conlleva usarlos. Al menos eso sí nos ahorramos, pero… ¿a qué costo?
La semana pasada, el Senado de la República aprobó otorgarle la medalla Belisario Domínguez —la máxima distinción que da el gobierno mexicano— a los cuerpos médicos que han estado a pie de lucha combatiendo la incesante pandemia. El gesto era obligado, aunque valdría la pena que también el Gobierno Federal se asegurara de que el sistema de salud trabaje en las mejores condiciones y con el abasto suficiente de insumos de calidad. De los salarios, ni se diga.
La buena noticia es que ha comenzado el inicio del fin: la vacuna pronto se aplicará y, hasta el momento, celebro la decisión de que no se vayan a vender en hospitales privados. La demanda es muy alta y la oferta es limitada; mal haría el gobierno en dejar que sea “el mercado” el que regule la estrategia de vacunación y no la garantía de un acceso universal y gratuito. Falta, aun, ver cómo resolverán el gran reto de la logística para las jornadas de vacunación.
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#4 Tiempos
Hagamos Fan Fest, eso lo paga el pueblo | Columna de Haniel Valdés
Acento Ajeno
La clase política potosina parece estar de acuerdo en una sola cosa: es hora de pelearse. Sin embargo para coordinarse y ahorrar dinero público, para cumplir promesas de campaña o terminar las obras conjuntas, para dialogar como adultos o políticos maduros, serios, profesionales, en lugar de andar tirando piedras con cuanta pregunta lanzan mis colegas del gremio, para eso: “no señor, no tenemos tiempo”.
El Mundial de 2026 está dejando una imagen que resume buena parte de la relación entre el gobernador Ricardo Gallardo y el alcalde Enrique Galindo: dos Fan Fest en la misma ciudad, financiados con recursos públicos distintos, promovidos por gobiernos distintos y dirigidos exactamente al mismo público, los potosinos.
Por un lado, el Gobierno del Estado adquirió un paquete de derechos de transmisión para llevar los partidos a San Luis Potosí, Soledad, Ciudad Valles y Rioverde. Por otro, el Ayuntamiento capitalino firmó sus propios acuerdos para organizar transmisiones en Plaza del Carmen.
La pregunta es inevitable: ¿era realmente necesario dos fan fest en la capital del estado?
Porque más allá de los argumentos políticos o administrativos que cada autoridad pueda presentar, el resultado práctico fue que dos gobiernos sostenidos por los mismos contribuyentes terminaron desarrollando estructuras paralelas para ofrecer exactamente el mismo servicio: que los ciudadanos vieran partidos del Mundial en espacios públicos.
Pantallas, logística, promoción, personal operativo, actividades complementarias y derechos de transmisión. Todo por duplicado.
Hasta ahora, ninguna autoridad ha transparentado completamente cuánto costaron los derechos de transmisión en cada caso. Se especula que mientras el Ayuntamiento capitalino gastó unos 11 millones, el “tetrapack” estatal superó los 60 millones.
Estas cifras pueden o no ser ciertas, pero lo que sí se conoce es que tanto el Ayuntamiento como el Gobierno del Estado comprometieron millones de pesos en contratos relacionados con sus Fan Fest destinando recursos para un mismo esquema de transmisiones mundialistas, solo que en dos plazas distintas.
El problema no es que existan eventos para acercar el Mundial a la gente. Eso puede justificarse perfectamente. El problema es la ausencia de coordinación institucional.
¿Alguien analizó cuánto habría costado un solo gran Fan Fest respaldado por ambas administraciones?
¿Alguien calculó cuánto dinero público se habría ahorrado compartiendo infraestructura, producción y permisos?
¿Alguien explicó por qué era mejor tener dos proyectos compitiendo entre sí en lugar de uno complementario?
La impresión que queda es incómoda: la rivalidad política terminó pesando más que la eficiencia administrativa.
Mientras los discursos oficiales hablan de unidad, promoción turística y convivencia familiar, las decisiones muestran otra cosa. Muestran dos gobiernos empeñados en demostrar quién podía organizar el mejor evento, aunque eso implique gastar más recursos públicos de los necesarios.
Yo veo dos niños pequeños, organizando su cumpleaños y peleados por ver quien hace la fiesta más linda. ¿El problema? Como los niños son de la misma familia, el dinero sale de la misma bolsa y los invitados son exactamente los mismos “amiguitos”.
El Mundial dura unas semanas. Las consecuencias de gastar sin coordinación permanecen mucho más tiempo.
Porque el dinero utilizado para financiar proyectos paralelos no pertenece ni al gobernador ni al alcalde. Pertenece a los ciudadanos.
Y los ciudadanos tienen derecho a preguntarse si realmente era indispensable pagar dos veces por lo mismo.
También lee: Educar en el siglo veintiuno es un acto de fe, no solo de vocación | Columna de Haniel Valdés Velázquez
El Cronopio
El incansable escrutador del cielo, Enrique Chavira Navarrete | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
El 5 de junio de 1925 nace en la Ciudad de México Enrique Chavira Navarrete, el incasable escrutador del cielo; personaje que representa el renacer de la astronomía mexicana moderna. Heredero de los pioneros mexicanos de la astronomía que formaron los establecimientos para el estudio de la disciplina, entre ellos los potosinos Valentín Gama y Rodolfo Jurado y, muy especialmente de Joaquín Gallo quien le enseñó a observar y dar seguimiento a cuerpos celestes en el Observatorio de Tacubaya donde ingresó Chavira a trabajar, para luego pasar, al entonces naciente, Observatorio Nacional de Tonantzintla en Puebla, siendo de los astrónomos que iniciaron actividades en aquel lugar en 1943.
Su labor sería pionera al llevar a la astronomía observacional y a explicar que sucede en los fenómenos celestes que fue un paso significativo de la astronomía para usos prácticos que se realizaba en México a la astronomía moderna en el país, con el uso de nuevos instrumentos con los que contaría el Observatorio de Tonantzintla, como la cámara Schmidt, convirtiéndose en uno de los grandes observadores del cielo. El Observatorio de Tonantzintla se convertiría en uno d ellos principales centros de astronomía a nivel mundial, donde se descubrieron una buena cantidad de objetos celestes, participando en ello Enrique Chavira.
En los setenta, cuando yo estudiaba física en San Luis, visitamos el INAOE que había asumido ese nombre a principios de los setenta al extenderse el observatorio de Tonantzintla a las áreas de electrónica y óptica que se agregaban a la de astrofísica, el Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica, conocimos a Enrique Chavira quien nos mostraba parte de la instrumentación telescópica que contaba esa institución, posteriormente al ir a continuar mis estudios a Puebla, fui compañero de la maestría en física de su hija Elsa Chavira, de quien ya hemos comentado en esta sección, y visité varias veces su casa además de encontrarlo seguido en el INAOE; entre las visitas a su casa, una de ellas de varios días pues estaba convaleciente y la familia de Elsa me albergó, descubrí que Enrique Chavira era un estudioso de las arqueología, y que había recopilado una buena colección de objetos prehispánicos propios de la región cholulteca donde estaba alojado el INAOE , mismos que estudiaba con ahínco.
Enrique Chavira es uno de los pilares de la astronomía observacional en México, que lo llevo a ser integrado como investigador en 1952 del Observatorio Astrofísico Nacional de Tonantzintla (OANTon), destacando en la identificación y clasificación de galaxias y estrellas azules gracias a su preparación en análisis espectral.
Entre sus descubrimientos observacionales se encuentran, el de una supernova en la región de Sagitario, el registro del quasar Ton256, que en el nombre lleva las siglas del observatorio de Tonantzintla, el objeto extragaláctico más lejano observado por la Cámara Schmidt de Tonantzintla y del Cometa Haro-Chavira en 1954 en la región del Toro. No es de extrañar que aparezca en el par de novelas de Elena Poniatowska que le dedicó la escritora al Observatorio de Tonantzintla donde trabajaba su esposo Guillermo Haro, compañero de Enrique Chavira.
A lo largo de más de cincuenta años contribuyó a la colección de más de 15 mil placas astrofotográficas del INAOE, sucesor del OANTON. La colección de placas astrofotográficas de la Cámara Schmidt de Tonantzintla que fue reconocida oficialmente en 2015 en el programa Memoria del Mundo de la UNESCO, cuestión que ya no pudo ser testigo Enrique Chavira Navarrete, pues su muerte ocurrió el 23 de noviembre del año 2000 en la Ciudad de Puebla donde radicó en todo ese tiempo.
Sus grandes descubrimientos y la intensa labor en pro de la astronomía mexicana le valieron diversas distinciones, diplomas, cédulas reales, medallas al mérito académico y el nombramiento de Investigador Emérito en el INAOE.
Enrique Chavira, el gran astrónomo observacional, pasa a la historia como uno de los pilares de la astronomía mexicana moderna.
También lee: La enseñanza de matemáticas para la vida, Emma Castelnuovo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
Gallardo manejó, Claudia le leyó el mapa | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Culto Público, hijos de la forma y el fondo:
Les traigo la primicia. Hace unas horas estuvo aquí en la capital la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Así. Sin aviso previo. Sin discurso. Rompiendo por completo — y si no me equivoco, por primera vez en su mandato — la forma de acudir a sus giras de fin de semana.
Los eventos a los que vino son, por donde se vea, guiños tiernos: premiar a un equipo de fut femenil en la Politécnica e inaugurar una cancha de futbol en Santa María del Río. Nada que ver con el estilo de sus giras. Y eso dice mucho.
La presidenta comenzó a visitar gobernadores. Y que el primero haya sido el potosino habla de la importancia que le da la mandataria a este estado de cara a la próxima contienda.
No dio discurso — seguramente algunas palabras a las premiadas y a los usuarios de la cancha —, pero su sola presencia dijo mucho más que cualquier micrófono encendido.
En los traslados estuvieron solo ella y el gobernador. Ni siquiera hubo chofer: manejó Gallardo. Y yo les apuesto, sin haberlo visto, que no hablaron del clima ni del partido México contra Corea.
Temas que sí tocaron, a mí juicio: la llamada Ley Serrano, la narrativa nacional construida sin contexto sobre la persecución a “voces críticas” — por fin la presidenta supo la calaña de personas a las que organismos internacionales defendieron con tanto ardor — y la realidad de fondo de ese asunto. Si hubo regaños, que bueno. Si se puso cada cosa en su lugar y en justa dimensión pues qué mejor.
En lo político les dejo dato para que ustedes le den mejor interpretación:
Nadie de Morena ni de Bienestar fue enterado. En Santa María del Río ni despertaron a la presidenta municipal — que es de Morena — y se enteró de la visita de Sheinbaum cuando apenas se andaba haciendo un huevito para el desayuno. Memo Morales y Rita tampoco estuvieron enterados, hasta donde se sabe.
Esos no son descuidos. Eso es mensaje.
Preguntas que dejo en el aire, porque yo no sé nada y ustedes sabrán leer mejor:
¿Comenzó la presidenta a hacer acuerdos rumbo al 27?
Si es así, se le aplaude que los haga en persona. Los mensajes encriptados y los “te mando decir con gestos” caen gordos.
¿Vino a conceder la “Excepción Ruth” estatutaria para amarrar la alianza Verde-Morena de cara a la gubernatura?
¿Vino a decirle al gobernador — no a preguntarle, ojo— cómo se va a llamar el candidato?
¿O ya quedaron en jugar a las venciditas uno contra el otro y buena suerte?
Yo por mi parte no sé nada. Yo apenas estaba echando baño para ir a misa de una en Tequis.
Buen domingo a todos y todas.
Yo soy Jorge Saldaña.
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