febrero 6, 2023

Conecta con nosotros

#4 Tiempos

La utilidad de la nostalgia | Columna de Juan Jesús Priego

Publicado hace

el

LETRAS minúsculas

 

Una época son sus acontecimientos, pero también sus sonidos, sus voces y sus presencias. Pertenecer a una generación es haber cantado unas canciones que no pudieron conocer los que vivieron en la precedente y que no cantarán del mismo modo ni con la misma emoción los que vivan en la siguiente.

A un joven que hoy tenga quince años podrá gustarle, por ejemplo, una canción de hace veinte años, pero a su padre lo hará llorar. Esto pude comprobarlo hace poco, cuando mi hermano y yo veíamos en un canal de televisión una sección musical dedicada al recuerdo. Mi sobrino nos miraba profundamente arrobados y se reía de nosotros. Por supuesto, aquellos ritmos, aquellas voces, nada decían a este jovenzuelo que no dejaba de lanzarnos miradas agridulces y sonrisas llenas de sarcasmo. ¡En cambio a nosotros! Mientras escuchábamos, por primera vez después de muchos años, Los ojos de Bette Davis (interpretada Kim Carnes, y además en vivo), nuestras miradas se perdían en un pasado en el que mamá aún vivía y en el que nuestra vida era todavía joven y estaba llena de promesas. ¿Era posible que el tiempo hubiera pasado tan de prisa? ¿Era posible que se nos hubiera ido tan callando, como dice el poeta? No, un muchacho de hoy jamás cantará Los ojos de Bette Davis como la cantábamos nosotros cuando teníamos veinticinco años menos y los cabellos de nuestra cabeza estaban todavía en su sitio y las canas… ¡Ah, las canas! ¿Y qué son las canas, sino cabellos que, al ver el vertiginoso paso del tiempo, han empalidecido de terror?

Pertenecer a una generación, a una época, es haber conocido a unos seres, contemplado unos rostros que los de la generación anterior no conocieron y que los de la siguiente no conocerán (por lo menos no en toda su frescura ni en todo su esplendor).

Miro, mientras escribo esto, a una hermosa jovencita que va por la calle: lleva una bolsa roja en cada mano y camina como si volase. Luego se detiene a esperar un taxi, enciende un cigarrillo, y así puedo yo verla de perfil. ¡Qué bella es! Y me digo a mí mismo, lleno de nostalgia: «Esta belleza sólo la conoceremos nosotros, los que vivimos en este lugar y en este tiempo. Los que vengan después ya no la adivinarán entre las arrugas y, de aquí a cincuenta años, los nietos de esta mujer hablarán de ella como de una anciana. ¡Ah, si ellos supieran! Pero no; ellos no sabrán nada, no se imaginarán nada, y pasarán ante ella como ante algo que ya no interesa.

Los que nos sigan en la historia se harán ciertas preguntas; se preguntarán, por ejemplo: «¿Cómo se las arreglaban los hombres y mujeres del pasado para vivir sin nuestros modernos artefactos, para arreglársela sin la comodidad que nos procuran nuestros cada vez más refinados adelantos tecnológicos?». Acaso se pregunten también: «¿De veras hubo una época en la que la televisión no funcionaba todo el día y toda la noche, sino sólo unas pocas horas, y que para cambiar de canal había que levantarse del asiento? ¿De veras soportaron ver aquellas gentes sus programas en blanco y negro? ¿Cómo pudieron permitir semejante cosa? ¿Es cierto que para realizar llamadas telefónicas tenían que pedir la conexión a una telefonista lejana y que incluso había que esperar varios minutos para establecer el contacto?».

Todo esto se preguntarán en un futuro no muy lejano –o tal vez se lo estén preguntando ya- los muchachos posmodernos. Y la respuesta es:

. Sí, hubo realmente una época en que las transmisiones televisivas acababan por la noche con el noticiero de las diez; hubo un tiempo en que veíamos nuestros programas en blanco y negro; no es mentira que hubo una época en la que no nadie conoció el cd rom, el dvd, ni, por supuesto, el mp3. Y, no obstante eso, los que vivimos en aquellos tiempos jurásicos sobrevivimos a la experiencia de no haber tenido nunca nada de esto. ¡Henos aquí, sobrevivientes a la carencia tecnológica, a la ausencia de Internet y a la falta de teléfonos celulares! ¿Y fuimos infelices por ello? ¡El que lo haya sido, que  levante la mano! ¡Para la falta que nos hicieron todos estos artilugios!

Pero si ellos –los muchachos de hoy- pueden vivir sin los artefactos que sólo hasta mañana se inventarán, quiere decir que se puede vivir sin ellos; quiere decir –y esto es lo más importante- que lo que hace felices a los hombres no son precisamente estos artefactos, sino otras cosas muy distintas… 

El asombro de estos ciber-adictos es legítimo: ¿cómo pudimos vivir tan incómodamente?, ¿cómo lo hicimos?, ¿cómo lo logramos? Es muy simple: gracias a unas presencias, a unos seres que el tiempo y el espacio nos han arrebatado; fueron estos seres los que dieron sentido a nuestra vida, aunque ahora ya no estén. Y cuando escuchamos aquellas viejas canciones los recordamos con afecto. ¿Adónde se han ido, dónde están ahora? Por eso nos ponemos tristes cuando escuchamos viejas canciones: porque pensamos en ellos, y con la fuerza de nuestra nostalgia los traemos nuevamente al lugar del que nunca debieron haber salido: a nuestra memoria, ese palacio –como lo llamó San Agustín- donde estábamos siempre juntos porque éramos amigos y nos queríamos.

Dice Orrin E. Klapp, el famoso sociólogo estadounidense: «Al escuchar canciones de nuestra propia época tenemos la sensación de volver a ser nosotros mismos, de vivir otra vez una época en que quizá estábamos más vivos». Sí, en que estábamos más vivos, y quizá también un poco menos solos. Toda nostalgia verdadera es siempre nostalgia del otro, de los otros. No son, en realidad, las ciudades las que nos interesan, sino las dos o tres personas amadas que viven en ellas. Tampoco es el pasado en sí lo buscamos en nuestros recuerdos, sino esos dos o tres rostros que el pasado ha intentado arrebatarnos, pero que nosotros no queremos dejar perder. ¡Ah, la nostalgia! Gracias a ella seguimos siendo fieles a los que se han marchado, a los que ya no están, y volvemos a estar con ellos como cuando éramos jóvenes y la vida transcurría con mayor lentitud.

También lee: Carta sobre el entusiasmo | Columna de Juan Jesús Priego

Continuar leyendo

#4 Tiempos

Así fue: El evento de BMW y mi pijama | “Cronicrítica” de Jorge Saldaña

Publicado hace

el

Crónica

El fin de semana físicamente estuvo en San Luis Potosí el presidente Andrés Manuel López Obrador… pero como si no hubiera estado. El espíritu de la cuarta transformación, el presidente cercano, el del pueblo, el del mensaje cautivador o reaccionario y el que nos llevaba hasta la emoción, este fin de semana estuvo ausente.

¿En dónde está el Andrés Manuel del pueblo, el que saludaba a la gente buena, el accesible, el que nos mantuvo tras 18 años de intentarlo hasta verlo presidente?

Lo que vino hacer en este febrero en San Luis Potosí, marca un “antes y un después” se lee en los comunicados oficiales y es cierto: es un antes y un después en una materia muy específica, pero es un antes y un después trascendental porque ya perdimos al caudillo sensible, al que se rodeaba de gente porque quería…y, parece, ya no quiere.

Andrés Manuel estuvo en San Luis. Estuvo pero no estuvo. Se reflejó, por primera vez, como un vampiro: sin poder verse en el espejo.

Llegar al 3 de febrero para concretar el deseado anuncio de la ampliación de la planta de BMW con una inversión de 16 mil millones de pesos (eso de 800 millones en Euros confunde…) no es poca cosa, mucho menos si se contempla que en nuestro territorio se ha dado el primer paso en Latinoamérica para producir baterías de altísimo desempeño para vehículos eléctricos al mismo tiempo y en el mismo lugar.

Es, y que me corrijan los conocedores, la inversión extranjera más importante de su sexenio. Hay más y más fuertes, pero no directas de una sola marca a un solo estado sin intervención del “Estado” con mayúscula. Las grandes y suntuosas no son de una sola mano. Ni la de Sonora con las disculpas que merezca don Marcelo Ebrard al que su “niño Montessori” le aconseja tener “exclusivas” absurdas en cada lugar al que va.

Los antecedentes para que ocurriera lo del pasado viernes aquí, datan desde la administración de Fernando Toranzo y aquel viaje que hizo junto a Fernando Macías a Alemania en el que una rubia funcionaria de BMW de casi dos metros de altura, los llevó conduciendo a 250 kilómetros por hora a las oficinas centrales en Múnich. (El doctor de Venado, cuando se enteró de la velocidad, le rogó en franco español: “Baaaajale güeraaaaa”… luego se las cuento.)

A BMW se le ha dado todo y desde el principio. Se les ha atendido y correspondido. La empresa también -hay que decirlo- con sus “asegunes”.

En esta ocasión, en el “electrifiquemos San Luis” y la apuesta de la “electromovilidad” que se consiguió, el propio canciller Marcelo Ebrard tuvo que intervenir en las últimas rondas de negociaciones que comandó (sin tener el reconocimiento justo) desde el estado, Juan Carlos Valladares Eichelman, de la mano del gobernador Gallardo y el secretario general, Guadalupe Torres Sánchez.

El mismo presidente de la República lo anunció por anticipado (lo que casi tumba un año de trabajo, por cierto…) y tuvo que estar presente como un aval del sustancioso acuerdo.

No, no se van a construir vehículos eléctricos de la marca en San Luis Potosí, al menos no por lo pronto. La inversión se ejecutará para ampliar la planta que ya se tiene y construir en un terreno anexo (regalado también) la “eFactory” que desarrollará baterías de la más alta gama por su duración, voltaje y capacidad de almacenamiento contribuyendo así a la transición energética en el segmento vehículos.

Será hasta 2027, que veamos el primer auto eléctrico construido en San Luis. Por lo pronto se generarán 300 empleos directos, lo que parece poco para el tamaño de la inversión, pero que se incrementarán a 2 mil paulatinamente sin contar con la detonación económica, instalación de proveeduría satélite, re valoración de terrenos, desarrollo inmobiliario, comercial y hasta educativo (¿Si saben que una de las condiciones para su instalación es que en todas las escuelas públicas se enseñe inglés verdad?)

Pero el paso se ha dado y, se quiera ver o no, San Luis Potosí se coloca una vez más en un lugar privilegiado en el mundo en materia de innovación tecnológica en el sector automotriz.

Del evento en si mismo no hay mucho qué decir: fue más frío que el viento, más restrictivo que estar en jaula, y más insípido que taco de sal pero con pura tortilla.

Lo resumo rápido: Llegar, tener registro, formarse en fila, marchar, meterse a un corral de vallas, sentarse y pararse a voluntad de los organizadores, y hasta abstenerse de lo básico hasta recibir indicaciones. (En una empresa como la instalada aquí…hasta hace sentirse incómodo, porque ni en La Pila, me cuentan, tratan tan feo y son tan restrictivos…)

El mensaje no verbal del presidente era de hastío y cansancio. El verbal parecía dedicado a otras audiencias. Careció de fondo, al grado que se contradijo cuando se explayó sobre el “escurrimiento” del bienestar. El presidente llegó visiblemente cansado, agotado, con la mente ausente y tuvo que componer discurso al vuelo: “…Por eso el Estado tiene que llegar a la gente, porque la derecha voraz se queda todo…no como esta empresa que si paga bien…) Ufff”.

A la prensa se le trató con la punta del pié pero ya no nos quejamos

, diez años antes y todos hubiéramos salido en desbandada y que se queden con su evento. Perdón pero ¿A quién interesaba socializar el logro…? ¿Quién fue el beneficiado por la presencia del círculo mediático potosino?

Señores de Alemania: Tenemos mucho que aprender de ustedes, es cierto. Pero ustedes también de nosotros ¿sí lo saben verdad?. (Me vino a la mente aquella canción de Emanuell “tengo mucho que aprender de ti mi amor…”)

Crónica veloz como un “eme dos” : BMW está rodeada de soldados. El clima es frío. Te formas en una fila, te registras, te ponemos un sello, no te retrases, aprisa, metete a tu corral, no te pares, no te sientes, no salgas, no preguntes y no te puedes salir.

Así trataron a todos. No importaba si eras un simple reportero como el que esto escribe o el rector de la UASLP, el presidente municipal de la capital, secretario de Villa de Reyes, presidente del Consejo Potosí, empresario dueño de los terrenos que te regalaron, jefe de tu jefe, o “me he ido a Marbella con tu patrón”. Los robots BMW estaban programados para la restricción (De buen modo y con “por favor y gracias” pero restrictivos y severos al fin y al cabo).

¿Mensaje?

Caray, Culto Público, no hubo… y el que hubo no era para esa audiencia.

¿Formas?

Sí… asimétricas.

No se vio al Andrés Manuel rodeado de gente, saludando, con fotos, con abrazos, aquel cálido buen hombre se desapareció entre las líneas constructivas de los BMW más modernos.

Escondido y no se si hasta asustado. Le dio frío (Y además hacía, por eso corrió por su bufanda).

Bueno, ni a Ricardo Gallardo, al gobernador que le gusta de llegar con banda que cante fuerte la de “Yo soy de San Luis Potosí”… se le vio cómodo. Su discurso muy cerrado, muy frío, no hubo el “y que VIVA San Luis Potosí…” No hubo saludos.

A la propia gente de BMW se le prohibió, creo que hasta por oficio, (que no confirmo porque no me han hecho llegar el memorándum) no saludar a nadie, no distraerse con las autoridades.

El contraste es astronómicamente distante con la sangre caliente, sudor frío y lagrimas contenidas que significaron de ida y vuelta las negociaciones que en momentos se pusieron más tensas que las cuerdas de un violín o estuvieron a punto de derrumbarse hasta por sensibilidades humanas.

La instalación de BMW en suelo potosino tiene historia y ha trastocado estructuralmente a la Zona Metropolitana, al centro del Estado, al Bajío, al País, al continente entero y más allá del Atlántico si es que se hace un “ZoomOut” a las macro consecuencias.

Eso es de celebrarse, pero las formas en que se ejecutaron no reflejaron ese esfuerzo que en lugar de “celebración” pareció “sufrimiento”.

Soldados por doquier. Perímetros asegurados. A formarse, a decir su nombre, a llevar identificación, a caminar en fila, a mantenerse entre vallas, no pararse, no sentarse, no irse, no acercarse y no hablar. Disculpen lo repetitivo, pero no tengo diario como Anna F.

Al día siguiente, el sábado, Andrés Manuel tuvo otro evento en la capital del que nadie o pocos, se dieron cuenta: se reunió con los “servidores de la nación” con el presidente del Banco del Bienestar pero hubo una premisa: Cero invitados, cero prensa, cero ajenos, ninguna filtración… nada de calor de pueblo.

Andrés Manuel ya no es lo que era.

San Luis ya no es lo que era.

La prensa ya no es lo que era (hace menos de 10 años, con esos tratos-repito- nos hubiéramos salido todos a la botana y los hubiéramos dejado con su evento restringido en las manos) ¿Sí sabe BMW que eran ustedes quienes interesaba nuestra presencia verdad? Pues no lo pareció.

Ni modo. Quizás haya que cambiar de motor. Uno más eficiente. Más de pila y menos de combustión.

Solo que ahí no hay calor. Por eso el evento fue frío…como el viento.

Bienvenida BMW, gracias por tu confianza y beneficios…pero no nos vuelvas a invitar.

Me retiro para ponerme mi pijama a Rayas.

Jorge Saldaña.

También lee: “Netflix Potosí” | Apuntes de Jorge Saldaña

Continuar leyendo

#4 Tiempos

Partido redondo | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

Publicado hace

el

TESTEANDO

 

Que gusto ver a San Luis jugar así.

San Luis ganó un partido obligado para sumar de a tres, era lógico que estaba dentro del presupuesto, sin embargo no se trata solo del resultado y los goles, sino del funcionamiento y variantes del cuadro local.

Jardine ha demostrado ser un verdadero estratega, un técnico que se ve trabaja en la semana y prepara a sus dirigidos para distintos escenarios en cada partido, y ayer no fue la excepción.

San Luis jugó con interesantes variantes en ofensiva, en el primer tiempo se atrevió a jugar con un delantero y dos medios nominales que terminaban jugando como otros delanteros que retenían el balón, tanto Villalpando como Murillo hicieron una labor increible al momento de mover la pelota de las bandas al centro. Murillo bien por la izquierda para luego terminar el primer tiempo por derecha, mientras que Villalpando corria por el centro y se movía al lado donde se trasladara el esférico, un par de variantes que fueron efectivas aunque poco vistosas, terminaron con un Puebla completamente perdido en el campo.

Para el segundo tiempo las cosas no cambiaron, mientras Puebla seguía sin jugar a algo en el partido, era cuestión de tiempo para que San Luis abriera el marcador, y así fue, un tremendo golazo de Guemez le dio el paso necesario para cerrar el partido.

Puebla nunca se encontró y siendo honesto, se vio poco o nada de un parado inteligente, simplemente parecía que se presentaron para cumplir, y no para intentar. En la cancha solo hubo un equipo.

Muy buen partido de San Luis que sigue demostrando que sabe jugar a la pelota, un equipo que tiene variantes y que puede echar mano de sus bancas en cualquier momento, un equipo muy compacto que vuelve a demostrar que estratégicamente tiene un potencial enorme. Bien San Luis, y soberbio Jardine.

También lee: De regreso al norte | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

Continuar leyendo

#4 Tiempos

La encantadora discreción de Maurice Baring | Columna de Julián de la Canal

Publicado hace

el

 

 

Maurice Baring no participó activamente del bullicioso y vivaz grupo integrado por los Chesterton y Belloc en la primera década del siglo XX. Casi siempre ocupó un rincón discreto desde el que cultivaba esa amistad, en particular con Gilbert. En complicidad con Ronald Knox, Baring fue decisivo para que aquel ingresara en la Iglesia católica en 1922, de la misma manera que Belloc lo había sido para su propia conversión. Sus inicios en la diplomacia lo llevaron a Rusia en donde cubrió la guerra rusojaponesa con textos para el londinense Morning Post, que luego reunió en With the Russians in Manchuria (1905). Frecuentó el cuento y la novela, a menudo para relatar sus experiencias en la Gran Guerra. Sus reservas hacia el debate público excusan su despreocupación hacia el ensayo que ejercitó esporádicamente. Pero el acontecimiento más significativo de su vida no procede ni de la diplomacia ni de la literatura, sino de la religión. En su autobiografía, The Puppet Show of Memory (1922), confiesa su conversión formal al catolicismo el 1 de febrero de 1909, por la que se despide de su agnosticismo: “Fui recibido en la Iglesia Católica por el Padre Bowden en el Oratorio de Brompton: la única acción en mi vida de la que estoy bastante seguro de que nunca me he arrepentido.”. A diferencia del trivio Gilbert-Cecil-Hilaire, se mantuvo alejado de polémicas, optando por la moderación. Confiaba en carta a Hilaire Belloc: “nunca, nunca, nunca hables de teología o discutas de la Iglesia con los que están fuera de ella… La gente simplemente no entiende de lo que estás hablando y simplemente (a) se enfada y (b) llega a la conclusión de que uno no cree en uno mismo y que simplemente lo está haciendo para molestar”. Palabras elocuentes de la incomodidad que le causaba llevar a lo público una decisión estrictamente personal.

Baring no hizo de la fe casus belli, quizás porque el recato contenía su temperamento apasionado, muestra de que su recato era más apasionado. En todo momento la mantuvo como cuestión de conciencia porque la conciencia era la cuestión. La religión no operó como pretexto para arremeter contra el sistema político y cultural británico con objeto de trastocarlo desde adentro, en contrario a la combatividad asumida por los Chesterton y Belloc. En estos hay incluso algo semejante a exhibicionismo, que no es precisamente exhibicionista, pero en el que es inevitable pensar si se repara tanto en las revistas como en las polémicas que impulsaron. Pero en Baring se aprecia un anti-intelectualismo que no es rastreable ni en Gilbert ni en Hilaire, una desconfianza última hacia los intelectuales que quizás justifique también su aversión a las disputas puesto que en las disputas se moldean los intelectuales.

Los tres aparecen retratados en el óleo de James Gunn, Conversation piece (1932), en que Baring de pie, sosteniendo un cigarrillo con la mano derecha a la altura del abdomen, observa a Chesterton garabatear sobre la cuartilla de un cuaderno, acomodado en una silla que apenas se adivina cubierta por las faldas del aparatoso sobretodo junto a una mesa redonda, ante la atenta mirada de un Belloc con traje de riguroso luto sentado enfrente con las manos entrelazadas apoyadas sobre el tablero. El retrato evoca, además, acaso impremeditadamente, el espacio que los tres intelectuales ocupaban en la escena pública: al frente, Hilaire y Gilbert; en segundo plano, Maurice que los contempla concentrado y algo condescendiente, con una curiosidad exenta de compromiso. Como novelista, Baring gozó de fama antes en Francia que, en Inglaterra, publicitado debidamente por Françoise Mauriac. La crítica acepta como sus mejores obras Passing By (1921), C. (1924) y Cat’s Cradle (1925), subrayando una prosa sutil y elegante al servicio de atmósferas y ambientes. Sin embargo, su aportación más celebrada es la antología Have You Anything to Declare? (1936), en que reúne textos de escritores de diversos países europeos a partir de un criterio católico. En la actualidad, la literatura de Maurice Baring interesa a reducidos círculos académicos, pero su autobiografía es testimonio amable de un periodo efervescente e inquieto en el ejercicio de la libertad.

También lee: La alquimia de Remedios Varo | Columna de Julián de la Canal

Continuar leyendo

Opinión