Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte
Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina
«No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto.»
Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)
Por: Jorge Saldaña.
Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.
Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.
El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior- al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.
El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.
De los apodos a los apellidos
En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.
Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.
Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.
Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».
La cuadra como unidad onomástica
Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.
La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.
«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»
Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)
Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.
Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.
Las cuatro fechas bisagra
La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:
- 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
- 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
- 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
- 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.
Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.
La memoria popular como capa subterránea
Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.
Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.
Ciudad
Continúa entrega de programas sociales en Villa de Pozos
Durante la jornada, Patricia Aradillas destacó que el programa Casa por Casa permite llevar la ayuda directamente a las familias
Por: Redacción
Villa de Pozos continúa con la entrega de apoyos alimentarios a través del programa Casa por Casa, que en esta ocasión llegó a los hogares de la colonia La Libertad 3ª Sección, donde las familias recibieron este beneficio de manera directa y sin necesidad de trasladarse a otros puntos del municipio.
La presidenta concejal Patricia Aradillas Aradillas recorrió la avenida Santa Ana y las calles San Pedro, San Javier y Santa Margarita, entre otras, para entregar personalmente los apoyos alimentarios y mantener un diálogo cercano con las y los vecinos, quienes tuvieron la oportunidad de expresar sus principales necesidades y plantear solicitudes relacionadas con los servicios y las condiciones de sus colonias.
Durante la jornada, Patricia Aradillas destacó que el programa Casa por Casa permite llevar la ayuda directamente a las familias y, al mismo tiempo, conocer de primera mano las necesidades de cada sector, por lo que señaló que estas entregas continuarán en más colonias de Villa de Pozos, acompañadas de otras acciones y servicios municipales que contribuyan al bienestar de la población.
Ciudad
Comienza Interapas atención de drenaje en Miguel Barragán
Este será el primer tramo de una intervención que continuará en la misma calle, con el propósito de atender los puntos que lo requieren
Por: Redacción
Interapas comenzó la renovación de la red de drenaje comenzó en la calle Miguel Barragán, en la colonia Alamitos, donde se trabajará en un primer tramo de 60 metros para mejorar las condiciones de la infraestructura sanitaria de esta zona.
En esta primera etapa se intervendrá el tramo entre Francisco Zarco y Leandro Valle, con la colocación de tubería PEAD de 12 pulgadas y una inversión aproximada de 380 mil pesos. La obra beneficiará directamente a cerca de 250 habitantes.
Este será el primer tramo de una intervención que continuará en la misma calle, con el propósito de atender los puntos que requieren una mejora de infraestructura.
Los trabajos forman parte del cuarto paquete de obras prioritarias de Interapas. Debido a las labores, la calle Miguel Barragán permanecerá cerrada por completo mientras se realizan los trabajos. Se recomienda a vecinos y conductores tomar precauciones y considerar vías alternas mientras se realizan los trabajos.
Estas obras de rehabilitación sanitaria son posibles gracias a los recursos propios de Interapas, derivados del pago puntual de los usuarios, lo que permite mantener de manera constante la renovación y mejora de las redes de drenaje de la zona metropolitana.
Ciudad
Soledad conmemora aniversario 259 de su fundación
Juan Manuel Navarro Muñiz encabezó la presentación de una edición especial dedicada a la historia del municipio
Por: Redacción
En el marco de la conmemoración del 259 aniversario de la fundación de Soledad de Graciano Sánchez, el alcalde Juan Manuel Navarro Muñiz encabezó la presentación de una edición especial dedicada a la historia del municipio titulada “La formación de un municipio a inicios del siglo XIX”, realizada en el Teatro y Centro Cultural “Doroteo Arango”, acompañado por el autor del texto, el historiador Inocencio Noyola y el Cronista Municipal, Amado Sánchez Cabrera.
Durante el evento, el presidente municipal destacó la importancia de fortalecer la identidad de las y los soledenses mediante la preservación y difusión de la historia local, al reconocer que Soledad ha sabido avanzar hacia la modernidad y el desarrollo sin perder sus tradiciones, costumbres y sentido de pertenencia: “reconozco los esfuerzos de los directivos de la Revista La Corriente, del maestro Inocencio Noyola, por rememorar la grandeza organizacional e histórica de nuestro municipio; esto contribuye al fortalecimiento de la identidad colectiva y al conocimiento de las raíces soledenses”.
Durante su participación, el maestro Inocencio Noyola expuso la conformación del Ayuntamiento de Soledad en el año de 1820 y resaltó el proceso de integración territorial que consolidó al municipio como una pieza fundamental de la zona centro del estado de San Luis Potosí. Asimismo, reconoció el valor histórico de Soledad y su relevancia en el desarrollo regional: “es muy interesante la manera en que el Ayuntamiento de Soledad se consolidó y cómo creó su Cabildo, su organización política y su relación con la ciudadanía; algo que no ocurrió en el resto de municipios potosinos”.
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