junio 8, 2026

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Ciudad

La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte

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Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina

«No nos une el amor sino el espanto;

será por eso que la quiero tanto.»

Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)

Por: Jorge Saldaña.

Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.

Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.

El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior-  al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.

El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.

De los apodos a los apellidos

En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.

Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.

Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.

Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».

La cuadra como unidad onomástica

Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.

La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.

«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»

Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)

Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.

Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.

Las cuatro fechas bisagra

La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:

  1. 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
  2. 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
  3. 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
  4. 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.

Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.

La memoria popular como capa subterránea

Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.

Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.

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Cae abuelo ladrón en el Centro de SLP

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Durante la revisión, el sujeto de 66 años, fue encontrado en posesión de siete tarjetas bancarias, las que presuntamente habría robado con engaños 

Por: Redacción

La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de la Capital, a través de una estrategia puntual de seguimiento a desplazadores de tarjetas bancarias, logró detener a un hombre de 66 años señalado por presuntamente dedicarse al robo de tarjetas bancarias a cuentahabientes en instituciones financieras del Centro Histórico.

Como resultado de la coordinación entre el sistema de videovigilancia del C4 Municipal y oficiales de Guardia Municipal, se dio seguimiento en tiempo real a un individuo que había sido detectado entrando y saliendo de diversas sucursales bancarias ubicadas en la zona centro, comportamiento que coincidía con patrones relacionados con el denominado “desplazamiento de tarjetas”.

Con las características físicas y de vestimenta proporcionadas por videovigilancia, los agentes se trasladaron de inmediato a la sucursal BBVA ubicada en la intersección de las calles Allende y Julián de los Reyes, donde localizaron al individuo.

Al percatarse de la presencia policial, intentó retirarse del lugar de manera evasiva, por lo que fue interceptado para realizar una inspección preventiva.

Durante la revisión, el sujeto identificado como Rafael “N” de 66 años, fue encontrado en posesión de siete tarjetas bancarias de distintas instituciones financieras, varias de ellas a nombre de terceros, además de billetes de distintas denominaciones y dos teléfonos celulares.

En el lugar, personal de seguridad privada y directivos del banco señalaron directamente al detenido como la persona que momentos antes había engañado a una adulta mayor para intercambiarle su tarjeta bancaria mientras utilizaba un cajero automático. Asimismo, confirmaron que 3 de las tarjetas aseguradas no correspondían al ahora detenido.

Tras su aseguramiento, Rafael “N” fue

puesto a disposición de la Fiscalía General del Estado, instancia que determinará su situación jurídica por su probable participación en hechos constitutivos de delito relacionados con fraude y robo de tarjetas bancarias.

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Material de construcción provoca inundación en Aguaje 2000

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Durante las labores se retiró una importante cantidad de residuos, entre ellos pedazos de concreto, ladrillo, piedras, azolve y basura

Por: Redacción

Personal operativo de Interapas atendió un reporte de fuga de aguas residuales sobre avenida de las Presas, entre Presa del Peaje y Presa Álvaro Obregón, en la colonia Aguaje 2000, donde se detectó que la obstrucción de la red sanitaria era provocada por la acumulación de materiales de construcción, basura y otros residuos que impedían el flujo adecuado del drenaje.

Durante las labores se retiró una importante cantidad de residuos, entre ellos pedazos de concreto, ladrillo, piedras, azolve y basura, materiales asociados a actividades de construcción que obstruían el flujo de la red y mantenían elevados los niveles en varios pozos de visita.
Tras la intervención, el drenaje recuperó su funcionamiento adecuado y los niveles de la red sanitaria volvieron a la normalidad, reduciendo el riesgo de fugas de aguas residuales en la zona.

Interapas recordó que durante obras de construcción y en temporada de lluvias es importante resguardar materiales y escombros, evitando dejarlos en la vía pública o en sitios donde puedan ser arrastrados por el agua o el viento.
Este tipo de residuos termina frecuentemente dentro del drenaje, generando taponamientos, fugas e incluso inundaciones que afectan a toda la comunidad.

Interapas mantiene de manera permanente estas jornadas de limpieza preventiva y atención a reportes, los cuales se pueden realizar a la línea FUGACERO 4443018874 o ACUATEL 4441236400.

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Villa de Pozos da seguimiento a estrategias de seguridad

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Las autoridades coincidieron en que la coordinación entre los distintos niveles de gobierno son fundamentales

 

Por: Redacción

Villa de Pozos, en coordinación con el Secretariado Ejecutivo del Consejo Estatal de Seguridad Pública (SECESP), celebró la Primera Sesión Ordinaria de Seguridad para dar seguimiento a las estrategias implementadas en el municipio.

La presidenta concejal de Villa de Pozos, Patricia Aradillas, destacó que la seguridad de las familias poceñas es una prioridad para su administración, por lo que se mantiene un trabajo permanente de coordinación con las corporaciones de seguridad y las instancias estatales para fortalecer las acciones preventivas, dar seguimiento a las estrategias implementadas y garantizar mejores resultados en beneficio de la ciudadanía.

Como parte de los trabajos, el titular de la Guardia Civil Municipal de Villa de Pozos, David Valdivia Carranza,

presentó un informe sobre los reportes atendidos durante el primer semestre del año, en el que destacó las acciones realizadas por la corporación para reforzar la atención ciudadana, la prevención y la capacidad de respuesta ante situaciones que afectan la seguridad y el orden público.

Las autoridades coincidieron en que la evaluación constante de resultados y la coordinación entre los distintos niveles de gobierno son fundamentales para fortalecer la seguridad en el municipio, por lo que reiteraron su compromiso de dar continuidad a las estrategias y programas que contribuyan a preservar la paz social y mejorar las condiciones de bienestar para la población.

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Opinión

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