agosto 9, 2026

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Ciudad

La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte

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Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina

«No nos une el amor sino el espanto;

será por eso que la quiero tanto.»

Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)

Por: Jorge Saldaña.

Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.

Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.

El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior-  al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.

El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.

De los apodos a los apellidos

En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.

Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.

Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.

Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».

La cuadra como unidad onomástica

Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.

La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.

«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»

Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)

Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.

Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.

Las cuatro fechas bisagra

La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:

  1. 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
  2. 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
  3. 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
  4. 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.

Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.

La memoria popular como capa subterránea

Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.

Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.

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Construcción de 3 nuevas aulas en el Centro de Atención Infantil de Soledad reporta avance positivo

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Juan Manuel Navarro, Alcalde, informó que la obra de construcción registra un avance importante con el colado de la losa de las tres aulas; la ampliación permitirá fortalecer la atención y brindar mejores espacios a pequeños en su formación inicial

Por: Redacción

Juan Manuel Navarro Muñiz, Alcalde de Soledad de Graciano Sánchez, impulsa el fortalecimiento de la infraestructura educativa y de atención infantil con el avance de la construcción de tres nuevas aulas en el Jardín de Niños “Capullito III”, donde ya concluyó el colado de la losa y continúan los trabajos de obra exterior, repellados y construcción del muro perimetral sobre la avenida Valentín Amador.

De acuerdo con lo declarado por el edil, una vez concluida esta etapa se continuará con la colocación de pisos, instalaciones eléctricas, levantamiento de los muros frontales, así como la instalación de puertas y ventanas. Dijo que la ampliación representa una inversión de 3.5 millones de pesos y permitirá fortalecer la capacidad de atención del plantel, en beneficio de hasta 150 niñas y niños, además de brindar mayor tranquilidad a sus familias al contar con espacios adecuados para su formación y cuidado.

El Alcalde, destacó que estas obras responden a las necesidades de las familias trabajadoras y forman parte de una estrategia para acercar educación inicial a más familias de escasos recursos: “Estamos trabajando para que las niñas y los niños de Soledad tengan espacios dignos, seguros y adecuados para aprender y desarrollarse, esta obra es parte del cambio que transforma y que pone a las familias en el centro de las decisiones del Gobierno Municipal”.

Con esta ampliación, el Gobierno Municipal refrenda su compromiso de mantener un Ayuntamiento cercano a las familias y atender las necesidades que inciden directamente en su bienestar, especialmente en sectores donde se requiere ampliar las oportunidades para la niñez, reflejando el cambio que impulsa el Alcalde Juan Manuel Navarro Muñiz en obras que fortalecen los servicios municipales y generan mejores condiciones para las nuevas generaciones.

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Villa de Pozos lleva su riqueza cultural a la Fenapo 2026

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Se Inauguran stand donde se promueven los principales atractivos turísticos, culturales, artesanales y gastronómicos que distinguen a las y los poceños

Por: Redacción

Con el orgullo de representar la identidad y grandeza de Villa de Pozos, la Presidenta Concejal Paty Aradillas inauguró el stand del municipio en la Feria Nacional Potosina (Fenapo) 2026, la feria más grande de México, un espacio ubicado en el Pabellón Gubernamental donde se promoverán los principales atractivos turísticos, culturales, artesanales y gastronómicos que distinguen a las y los poceños.

Paty Aradillas Aradillas, destacó la importancia de contar con este escaparate para dar a conocer la riqueza del municipio ante visitantes locales, nacionales y extranjeros que acudirán a la feria durante sus 24 días de actividades.

Asimismo, Aradillas Ardillas agradeció al Gobierno del Estado por brindar este espacio y por el respaldo otorgado a Villa de Pozos para formar parte de uno de los eventos de mayor relevancia y afluencia en San Luis Potosí, l

o que permitirá fortalecer la promoción turística y cultural del municipio.

Por último, la presidenta concejal invitó a las y los asistentes a visitar el stand de Villa de Pozos y conocer la oferta que tiene el municipio, entre la que destacan su gastronomía y sus tradiciones, como la emblemática Procesión de los Cristos, una de las celebraciones que forman parte de su identidad cultural.

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Supervisa Interapas nuevos desarrollos para garantizar infraestructura hidráulica de calidad

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En el periodo más reciente se realizaron 18 supervisiones en nuevos desarrollos

Por: Redacción

Con el propósito de asegurar que la infraestructura hidráulica de los nuevos desarrollos urbanos cumpla con las especificaciones técnicas y la normatividad vigente, la dirección de Construcción de Interapas mantiene un programa permanente de supervisión en fraccionamientos y centros de población que buscan incorporarse a las redes de agua potable y drenaje.

Estas revisiones tienen como objetivo verificar que las obras se ejecuten conforme a los proyectos autorizados, que las redes de agua potable y alcantarillado cumplan con los estándares de c alidad,

y que los puntos de conexión al sistema público sean adecuados para garantizar un servicio seguro y eficiente.

Durante las inspecciones pueden determinarse medidas preventivas y correctivas, para autorizar la incorporación de nuevos desarrollos a la infraestructura hidráulica metropolitana.

Con estas supervisiones, el organismo fortalece la planeación del crecimiento urbano y contribuye a que las nuevas redes de agua potable y drenaje ofrezcan un servicio confiable a los habitantes.

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