Columna de Nefrox
La peor selección en el mundial | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Cada cuatro años la discusión es lo mismo, ¿a qué vamos al mundial?, es la peor selección en años, no llegan en gran nivel, falta este, falta el otro, en fin, excusas recicladas de cada cuatro años.
El año del mundial, parece crucial para muchos futbolistas, jugadores sin minutos considerables en cancha, otros que no respondieron en su club, otros que de plano se quedaron sin equipo, y aún así llegan al mundial, y la pregunta de siempre ¿por qué?.
Sin embargo, es fácil hablar de los jugadores actuales, pensando que todo está mal. Pero hablemos de lo que verdaderamente fue una “mala” selección en una copa del mundo, y estoy hablando de la de Corea/Japón 2002.
Aquella selección llegó rozando la eliminación, salvando el pellejo después de arriesgar con experimentos en la dirección técnica y algunos jugadores que no hicieron el proceso terminaron jugando el mundial.
En aquel equipo, los jugadores jóvenes fueron Gerardo Torrado, Melvin Brown y Rafael Márquez, el primero recién llegado al Sevilla después de su paso por el poderoso Polideportivo Ejido (sarcasmo), Brown con su escasa experiencia en Copa Libertadores con Cruz Azul y siendo Márquez el que levantaba la mano con experiencia europea en Mónaco.
El veterano de ese equipo fue Jorge Campos, que con sus 36 años acompañó al equipo más como animador que como jugador elegible.
Otros nombres poco relevantes fueron: Sigifredo Mercado, Alberto Rodríguez, Johan Rodríguez, Luis Hernández, Manuel Vidrio o Francisco Gabriel de Anda.
Los “europeos” comandados por Cuauhtemoc Blanco en el Valladolid y Francisco Palencia en el Espanyol, ambos con enormes fracasos en su estancia por aquel continente.
Los referentes resultaron poca cosa cuando el torneo se puso serio, la “magia” de la clasificación de último momento en CONCACAF, se esfumó cuando vimos de frente a una muy modesta selección de los Estados Unidos que nos eliminó en octavos.
La peor selección en los mundiales modernos, calificó en un grupo accesible, dejando a ciertos jugadores de nombre, fuera de la convocatoria final. Una canción que se repite eternamente.
Pase lo que pase en Qatar, el discurso de la peor selección en la historia del país, no se compra, el no llevar a los “mejores jugadores” en la lista final, tampoco es nuevo, inventar o reinventar justo en plena competencia, es comida de cada mundial
Tengamos paciencia, y no pongamos pretextos o excusas para tundir al argentino, las decisiones se toman con fundamentos en los procesos y no en los momentos, al final, solo ellos saben el día a día de cada jugador y cada relación.
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Columna de Nefrox
Con coherencia en los banquillos | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Hay partidos que llegan con tres puntos en juego y otros que llegan con una idea detrás.
El Atlético de San Luis contra Pumas es de esos segundos.
Y es que más allá de la tabla, más allá de si uno necesita meterse o el otro quiere escalar, hay algo que no siempre aparece en el fútbol mexicano: dos entrenadores que entendieron lo que tenían y dejaron de pelearse con eso.
San Luis, por ejemplo, dejó de ser un equipo confundido.
Raúl Chabrand, en silencio, hizo algo que a veces parece revolucionario: ordenar. Volver a lo simple. Apostar por un 4-2-3-1 claro, sin inventos, sin posiciones forzadas, con roles definidos.
Y eso, en un equipo que venía de la incertidumbre, pesa más que cualquier discurso.
Porque San Luis no necesariamente juega mejor que antes, pero eso sí, se entiende mejor, y cuando un equipo se entiende, compite.
Del otro lado está Pumas, que tampoco es casualidad.
Efraín Juárez agarró un equipo que necesitaba identidad más que nombres, y le dio algo que no siempre se nota en la Liga MX: intención. Un sistema que puede mutar, que puede presionar, que puede atacar sin perder orden y los resultados empiezan a acompañar.
Un 3-1 reciente que no solo suma puntos, sino que confirma algo más importante: Pumas sabe a qué juega, que en este fútbol, ya es bastante.
Por eso este partido no es tan simple como parece.
San Luis llega con urgencia. Necesita puntos, necesita creer que todavía está a tiempo a pesar de que el cambio se dio bastante tarde en el torneo.
Pumas llega con confianza. Ya entendió el camino, ahora quiere mejorar el destino, dejando atrás los errores del principio de año que lo desplazaron de Concacaf.
Uno persigue.
El otro se afirma.
Pero los dos comparten algo: coherencia.
Y eso cambia todo.
Porque cuando los equipos tienen idea, los partidos dejan de ser accidentes. Ya no dependen de una jugada aislada, de un error, de un rebote. Empiezan a tener lógica.
San Luis buscará ordenarse desde atrás, sostener el partido, encontrar a João Pedro en momentos clave.
Pumas intentará imponer ritmo, ocupar espacios, hacer que el juego pase por su mediocampo.
No es un choque de estilos opuestos. Es un choque de ideas bien trabajadas. Y quizá por eso este partido importa más de lo que parece.
Porque en medio de una liga que muchas veces vive de la inercia, ver a dos técnicos que sí están construyendo algo, incomoda.
A veces, es tan simple (y tan difícil) como tener claro qué quieres que haga tu equipo cuando tiene la pelota y cuando no.
Pero más allá del marcador, hay algo que ya se está jugando: la validación de dos procesos que, sin hacer ruido, empiezan a tomar forma.
Y en una liga donde muchas veces todo cambia demasiado rápido, ver a dos equipos que por fin parecen saber hacia dónde van, ya es, en sí mismo, una pequeña victoria.
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Hay algo incómodo en el repechaje | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Hay algo incómodo en el repechaje.
Como esas conversaciones que llegan tarde, como esos equipos que reaccionan cuando ya no hay margen.
Nadie quiere estar ahí… pero todos quieren salir.
El Mundial de 2026 promete ser el de la inclusión, el de las 48 selecciones, el de “ahora sí hay lugar para más”. Pero en el fondo, el fútbol sigue siendo el mismo de siempre: el que aprieta cuando más duele. Y ahí, en ese rincón donde ya no hay mañana, aparece el repechaje.
No como premio, como castigo.
En Europa, por ejemplo, el repechaje no debería existir para ciertos nombres. Y sin embargo, ahí está Italia, otra vez, jugando con fuego después de haber aprendido (o no) la lección de quedarse fuera.
Ganó 2-0 su primer partido. Sin convencer, sin emocionar, pero ganando. Que a estas alturas ya es suficiente. Porque en estas instancias el fútbol no se juega bonito… se sobrevive.
Alrededor, el mapa es igual de tenso.
Polonia sacó un 2-1 que dice más de sufrimiento que de superioridad.
Suecia resolvió con un 3-1 que parece cómodo, pero que no garantiza nada.
Dinamarca, quizá la más seria de todas, aplastó 4-0 y mandó un mensaje: hay selecciones que sí entendieron dónde estaban paradas.
Y ahora todo se resume a una noche.
Una sola.
Italia contra Bosnia.
Suecia contra Polonia.
Dinamarca contra República Checa.
Turquía contra Kosovo.
Cuatro partidos para decidir quién va al Mundial… y quién se queda viendo cómo pasa la historia.
Así de frío.
Del otro lado del mundo, el repechaje tiene otro tono. No es presión… es oportunidad.
México es la sede de esa última puerta, y eso no es menor. Porque jugarse el Mundial en este país no es lo mismo. Aquí el fútbol se siente distinto: más ruidoso, más emocional, más impredecible.
Y en ese escenario aparecen nombres que no suelen habitar estas conversaciones.
Bolivia, Surinam, Irak.
Jamaica esperando.
Nueva Caledonia soñando.
República Democrática del Congo empujando desde lejos.
Seis selecciones para dos boletos.
Seis historias que no estaban destinadas a este momento… pero que ya están ahí.
Y cuando eso pasa, el fútbol se vuelve peligroso.
Porque el repechaje no clasifica a los mejores.
Clasifica a los que aguantan.
A los que llegan con dudas pero no se rompen.
A los que no cargan historia… y por eso juegan sin miedo.
Y ahí es donde empieza lo interesante.
Porque cada Mundial tiene ese equipo que nadie vio venir. Ese que no tenía obligación de nada y termina incomodando a todos. Muchas veces, ese equipo sale de aquí.
Si Dinamarca entra, nadie la va a querer enfrente.
Si Suecia se mete, será ese rival incómodo que no regala nada.
Y si Jamaica, incluso Bolivia logran colarse… entonces habrá una historia nueva, de esas que no se explican con rankings, de esas que solo se entienden cuando la pelota empieza a rodar.
El repechaje es injusto, sí. Pero también es brutalmente honesto. Porque aquí no hay margen para discursos, ni para proyectos, ni para promesas. Aquí todo se reduce a 90 minutos donde el pasado no sirve de nada, ni los títulos, ni el nombre, ni la historia, solo el presente. Y quizá por eso incomoda tanto. Porque en el fondo, el repechaje nos recuerda algo que el fútbol intenta ocultar todo el tiempo: que no siempre llegan los que más lo merecen…
sino los que sobreviven cuando ya no queda nada.
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Ignacio Quintana: romper la frontera que parecía imposible / Columna de Arturo Mena “Nefrox”
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Hoy director técnico del Atlético de San Luis femenil, pero Ignacio Quintana “Nacho” como el mismo nos pidió llamarlo, tiene un pasado digno de contar y resaltar.
En el fútbol mexicano hay historias que se construyen desde la costumbre: jugadores que emigran, entrenadores que se forman en casa y procesos que rara vez cruzan ciertas fronteras. Por eso la historia de Nacho Quintana no es un episodio más, sino un punto de quiebre. Su presencia en un Mundial dirigiendo a una selección que no es México representa algo que durante años parecía improbable: un técnico mexicano abriéndose camino en otro país hasta alcanzar la máxima vitrina del fútbol.
No es solo un logro personal, es una señal. Durante mucho tiempo, el entrenador mexicano fue visto como una figura limitada al entorno local o, en el mejor de los casos, al ámbito regional. La exportación de talento desde el banquillo no era una constante, ni siquiera una aspiración clara. Quintana rompe con esa narrativa y lo hace desde un terreno que también ha exigido abrirse paso: el fútbol femenino.
Su camino no fue inmediato ni sencillo. Se construyó desde procesos formativos, desde el trabajo silencioso, desde la convicción de que el crecimiento real no siempre es visible en el corto plazo. Cuando asumió el reto de dirigir fuera de México, no llevaba consigo el respaldo de una etiqueta internacional consolidada, sino la responsabilidad de demostrar que la preparación también puede hablar por sí sola.
Nacho recibió el llamado de Centroamérica apenas dos días después de terminar su carrera de director técnico, literalmente recibió su título un sábado y el lunes estaba en el vuelo a Nicaragua para ser auxiliar del proyecto de selección femenil, un reto que pocos se atreven, y no es que las propuestas no existan, sino que son las mismas federaciones o equipos, los que dudan en ofrecerlo a entrenadores mexicanos, pensando que los aztecas rechazarán por el poco cartel que ofrece la zona a sus carreras.
Llegar a un Mundial no es producto del azar
. Es consecuencia de estructura, de lectura del entorno y de una capacidad constante de adaptación. Dirigir a una selección distinta implica entender otra cultura futbolística, otro tipo de jugadoras, otro ritmo competitivo y, sobre todo, otra manera de gestionar expectativas. Quintana no solo se integró: logró construir un equipo que compitiera lo suficiente como para alcanzar ese escenario .Lo que vuelve más relevante su historia es lo que representa hacia afuera. Su logro abre una puerta que durante años estuvo prácticamente cerrada para los entrenadores mexicanos. Demuestra que el talento no está limitado por la nacionalidad, sino por las oportunidades y la capacidad de sostener procesos en contextos distintos.
En un fútbol donde se habla constantemente de exportar jugadores, pocas veces se pone atención en quienes dirigen. Nacho Quintana obliga a voltear hacia ese otro lado, a preguntarse cuántos entrenadores mexicanos podrían seguir un camino similar si existieran más espacios y menos prejuicios.
Su presencia en un Mundial no es una casualidad ni un gesto simbólico. Es el resultado de un trabajo serio que encontró eco fuera de casa. Y en ese sentido, su historia tiene un valor mayor: no solo cuenta lo que logró, sino lo que puede venir después.
Porque a veces, lo más importante no es llegar primero, sino demostrar que sí se puede llegar.
Hoy Nacho dirige al Atlético de San Luis femenil, y asume el mismo reto que cuando dirigió a Panamá en aquel Mundial en Australia y Nueva Zelanda en 2023, el reto de la primera vez, con la selección canalera la ilusión era esa primera vez en un Mundial, hoy es la ilusión de alcanzar por primera vez una liguilla, cosa que parece muy complicada en el torneo actual. Pero de historias imposibles se ha llenado la carrera de Nacho, y hoy vive y trabaja en San Luis Potosí, en búsqueda de ser un semillero en el equipo potosino, un equipo donde se pueda lograr llevar jugadoras a los más altos niveles y con ellas hacer realidad esa ilusión de lograr pronto, hacer probable lo imposible.
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