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#4 Tiempos

La copa que vale nada | Columna de Arturo Mena Nefrox

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Testeando


¡Es un hecho! La Copa MX es el torneo menos importante de la actualidad en el futbol mexicano. Nada es igual que ser campeón de la Liga Mx, nada se iguala a luchar por el ascenso siendo campeón del Ascenso Mx y mejor aún, nada da más felicidad que lograr el campeonato de Ascenso. La copa, es un torneo segundón.

El gran problema de la copa en este país, es la ausencia de premio deportivo, más allá del orgullo de ser campeón y de un premio económico para el ganador. La copa es un torneo poco valorado.

En otros países, ser campeón de copa significa la posibilidad de ganar un lugar en un torneo internacional. Incluso en los Estados Unidos o Canadá este formato es posible: los ganadores de la US Cup y el Canadian Championship tienen un lugar asegurado en la Concacaf Champions League de cada año, pero acá no. Ser campeón de la Copa solo te premia para intentar ganar la “Súper Copa” en los Estados Unidos, y ya.

Creo que esto le ha restado interés por parte de muchos equipos, y el mayor premio que tienen algunos es la posibilidad de recibir partidos contra equipos populares en diferentes zonas del país. Tener de visita a América, Chivas, Cruz Azul o Pumas en sedes de liga de Ascenso, hace interesante para la taquilla de cada uno de los lugares.  

Atlético de San Luis ha calificado por primera vez en su historia a la segunda fase de la Copa, su rival es un gigante en el futbol mexicano, las Chivas; desgraciadamente para el cuadro potosino, el partido será de visitante, y saldrá como víctima en ese encuentro, por más que sea el actual campeón del ascenso y el superlíder de su división.

Si me preguntan que torneo prefiero, sin duda contestaré que la liga. Hoy estamos a un paso de regresar a Primera División, pero no veo con desprecio a la Copa: si bien no es relevante el equipo que ahí compite, tiene grandes momentos y buenas posibilidades de seguir mostrándose.  

A cerrar la liga y jugar la copa, que hoy más que otras veces, se vale comenzar a soñar con imposibles, dobles imposibles.

@Nefrox

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#4 Tiempos

Ética de la confidencia | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Decía Sören Kierkegaard (1813-1855), el filósofo danés, que así como debía existir una ética del escritor y una ética del periodista, así debía haber igualmente una ética para la recepción de confidencias.

El que ha sido partícipe de un secreto, lo quiera o no, dice nuestro filósofo, está obligado por lo menos a estas dos cosas: primero, a no divulgarlo; y, segundo, a no olvidarlo.

El primero de estos dos deberes es por demás evidente. ¿A quién no le ha sucedido que, tan pronto como ha abierto la boca, todos se han enterado ya de aquello que tan celosamente guardaba en su interior? ¡No han pasado ni siquiera veinticuatro horas y ya todos lo saben todo! ¿Pues a quién ha tenido la imprudencia de revelarlo? A un indiscreto, es decir, a una persona que no es capaz de guardarse nada. «¡Qué me parta un rayo si vuelvo a hablar con esa persona!», se queja la víctima de estos accesos comunicativos que tanto mal hacen a las relaciones humanas. El indiscreto ignora que por el sólo hecho de haber sido elegido entre muchos otros como custodio de lo que no todos deben saber, contrae serias obligaciones y, por ignorar esto, ha ocasionado un daño irreparable.

Una vez, según cuenta Diógenes Laercio, un filósofo caminaba por las calles de Atenas con una canasta bajo el brazo; andaba de prisa como si necesitara llegar lo antes posible a algún lugar. En eso lo detuvo alguien (un curioso de esos que nunca faltan) y le preguntó:

-¿Qué llevas en esa canasta?

Le respondió el filósofo:

-Para que no lo sepas va tapada.

¡Excelente respuesta! Sí, hay quienes querrían saberlo todo de los demás, pero a éstos hay que tener el valor de responderles como lo hizo el ingenioso filósofo griego. ¿Para qué quieren saber lo que llevamos en la canasta? ¿Para que luego se pongan a elucubrar y a sacar conclusiones? ¿Para luego divulgarlo a amigos y enemigos? ¡Pues bien, para que no sepan lo que llevamos en ella va tapada nuestra canasta!

Cuánta razón tenía Anselm Grün, el famoso monje benedictino, cuando escribió en uno de sus libros (Su amor sobre nosotros): «Quien no puede guardar nada para sí sino que tiene que decirlo todo, tanto lo bueno como lo malo, da la impresión de que no tiene profundidad. Estas personas no pueden tener ningún secreto. No pueden vivir con secretos, ni pueden soportarlos, pero tampoco pueden penetrar profundamente en un secreto. Lo destruyen desde el momento en que inmediatamente quieren hablar de él».

El segundo de los deberes del hombre que fue escogido como confidente consiste en no olvidar lo que le fue revelado. Porque, cuando lo olvida, es como si hubiese dado poca importancia a las palabras que se le confiaron. «¿Te acuerdas de lo que te dije la otra vez?», pregunta el amigo al amigo, pero éste, francamente, no se acuerda de nada. Lo reconozca o no, el olvidadizo ha traicionado algo, y con su olvido, como el divulgador irresponsable, lo ha echado también él todo a perder.

En Nudo de víboras, esa espléndida novela que sería imperdonable no leer por lo menos una vez en la vida, François Mauriac (1885-1970) narra las vicisitudes de Louis, un viejo que ha sido poco amado por los suyos y que en venganza se ha puesto a cultivar un irrefrenable amor al dinero. Louis es el clásico avaro que no se entera de nada, ocupado como está en contar sus monedas de oro y en apilar, uno tras otro, sus títulos de propiedad. Pues bien, un día, cuando su mujer acababa de morir y él se sentía más solo que nunca, Louis bajó a la cocina… Y esto fue lo que sucedió o, por lo menos, lo que consignó en su diario:

«Nunca he hablado a los criados. No porque fuese un amo difícil o exigente, sino porque no existían a mis ojos, porque no los veía. Pero aquella noche me tranquilizaba su presencia. Y porque mis hijos no llegaban, hubiese querido cenar aquella noche en un rincón de la mesa donde la cocinera trinchaba la carne.

»Me oprimía su silencio. Busqué en vano una palabra. Pero nada conocía de aquellos seres que nos servían devotamente desde hacía veinte años. Por fin recordé que antaño una hija suya, casada, iba a verlos, y que mi esposa no le pagaba el conejo que nos llevaba porque comía varias veces en la casa. Sin volver la cabeza, le pregunté un poco rápidamente:

»-Bien, Amelia, ¿y su hija? ¿Siempre en Sauveterre?

»Volvió hacia mí su cara avinagrada y, mirándome de hito en hito, dijo:

»-El señor ya sabe que murió… Hará diez años el 29, el día de San Miguel. ¿El señor no se acuerda?

»Su marido guardaba silencio, pero me miró duramente. Balbucí:

»-Perdónenme… Esta vieja cabeza mía»…

¡La muchacha había muerto hacía diez años y él apenas se estaba enterando, pese a que ya se lo habían dicho una y otra vez! ¿En qué pensaba este hombre? Ya lo sabemos: en su dinero.

Cuando el otro habla es preciso estar atento con una atención devota. Lo que dice –lo que nos dice-, como en un examen, como si fuera un profesor exigente, nos lo volverá a preguntar un día para comprobar si le prestamos atención o no. Si contestamos bien, estaremos salvados; y, si no, habremos perdido definitivamente un amigo, una confianza. ¿Qué quiere? Las cosas son siempre así.

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#4 Tiempos

El científico e insurgente potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

José Mariano Ignacio de Santa Elena Jiménez Maldonado, mejor conocido como José Mariano Jiménez, estudiaba en el Real Seminario de Minería, la primera casa de las ciencias de América, para ser perito facultativo minero. En esa institución se preparaban recursos humanos para enfrentar los serios problemas técnicos por los que pasaban las minas de la Nueva España, con una educación de corte científico que los colocaba en la frontera del conocimiento científico de aquella época. Así Mariano Jiménez llevó cursos de matemáticas, física, orictognosia, química entre otras disciplinas científicas. La planta de profesores del Colegio de Minería, como también se le llamaba, era de las más importantes en el mundo y gozaban de un gran reconocimiento y buena reputación. La totalidad de dicha planta ha trascendido en la historia de la ciencia con contribuciones sobresalientes.

Al terminar sus estudios fue enviado a encargarse de labores mineras tanto en Zacatecas como Guanajuato, lugar donde iniciaría la lucha insurgente por la independencia del país, y justo en ese momento toma las armas para unirse a la insurgencia y convertirse en uno de los principales generales donde desplegó su conocimiento científico en el establecimiento de estrategias militares. Lidero la insurgencia en su estado natal, en la marcha de los jefes insurgentes al norte del país. Fue capturado y fusilado junto a Allende y Aldama, entre otros cabecillas de la insurgencia.

José Mariano Jiménez nació en San Luis Potosí el 18 de agosto de 1781, ingresa al Seminario de Minería siendo alumno de profesores como Manuel Andrés del Río, el descubridor del elemento vanadio. Con una concepción moderna de los procesos de enseñanza-aprendizaje, los estudiantes compartieron con Del Río los ensayos que éste realizaba en el gabinete, sometiendo a riguroso escrutinio los nuevos elementos recolectados en distintos puntos del territorio novohispano. Los estudiantes estaban comprometidos a exponer sus conocimientos y experiencias adquiridas al final de sus cursos generales y en los centros mineros, en actos públicos, el examen público final que los acreditaría como peritos facultativos de minas.

En dichos exámenes públicos los estudiantes no sólo defendían los conocimientos adquiridos sino presentaban resultados novedosos en los diversos temas científicos, donde la contribución con nuevo conocimiento fue muy común en los alumnos del Real Seminario de Minería, como el caso de las presentaciones públicas en las que participó Mariano Jiménez, antes de su egreso en 1802 donde se recibió con Suma cum Laude.

Una de sus famosas presentaciones públicas fue en la materia de orictognosia, o el estudio de los fósiles, que en aquella época iniciaba como disciplina y en la cual, geognosia y labores mineras junto a su compañero Miguel Álvarez Ruiz. Con respecto a la orictognosia, manifestaron que de las notas o caracteres exteriores, químicos, físicos y empíricos que pueden servir para distinguir los fósiles y clasificarlos es necesario recurrir al análisis químico, pues su distribución en clases, familias, géneros, especies y variedades se funda en sus principios constitutivos. Esta conclusión guío los trabajos de investigación en el tema muchos años después.

Otra de sus contribuciones importantes fue en el área de la química y con ello inauguraba la introducción del estudio de la química moderna en México. Los químicos del siglo XVIII sostenían la presencia del flogisto como responsable de la combustión de los objetos, se decía que al arder los objetos perdían flogisto, por lo que, el flogisto era una sustancia que formaba parte de los cuerpos combustibles. Tal era el estado del arte en la química, cuando el joven potosino y su compañero Álvarez Ruiz demostraron que el aire y el agua eran sustancias compuestas, que la teoría del flogisto era falsa.

El estudio presentado por Mariano Jiménez y Álvarez Ruiz, contribuía a esclarecer los principios de la combustión y la composición de los cuerpos, pues aún en esos años algunos químicos seguían apoyando la teoría del flogiston y la aseveración que el agua no era una sustancia compuesta.

Mientras en Europa se seguía debatiendo sobre la validez de la teoría del flogisto o la aceptación de la nueva teoría de Lavoisier, en México se comenzó a enseñar la nueva teoría, desde la impartición de la primera cátedra de química y se realizaron experimentos tendientes a su comprobación como lo fue el trabajo de Mariano Jiménez y Álvarez Ruiz. En Gran Bretaña comenzó a aceptarse después de 1795 aunque un buen número de químicos, entre ellos Priestley, nunca abandonaron la teoría del flogisto. En Alemania, hasta después de 1799 comenzó la aceptación de la nueva teoría y el abandono de la teoría del flogisto. De ahí la importancia del trabajo realizado por Jiménez y Ruiz.

El estudio presentado por Jiménez y Álvarez Ruiz, contribuía a esclarecer los principios de la combustión y la composición de los cuerpos, pues aún en esos años algunos químicos seguían apoyando la teoría del flogisto y la aseveración que el agua no era una sustancia compuesta; se consideraba que el aire era una sustancia simple y primordial, y el agua como un elemento irreductible, como es el caso de Joseph Priestley quien en 1774 aisló el oxígeno. Priestley publicó en 1800, tres años después del acto público presentado por Jiménez y Álvarez Ruiz, su Doctrine of Phlogiston Established and Composition of Water Refuted.

En estos días de festejos patrios, es necesario recordar que los procesos de emancipación incorporan también al conocimiento y en este sentido los potosinos debemos sentirnos orgullosos de personajes como José Mariano Jiménez que brilló más allá de la lucha armada por construir un país.

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Moches de la 4T en el altiplano de SLP | Columna de Felipe Donato

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DE CHILE, DULCE Y MANTECA

Lo prometido es deuda y aquí le traemos esta nueva información sobre las transas de que es acusado el subdelegado de los Programas de Bienestar en el Altiplano, Jesús “Guille” Martínez Martínez.

Nunca hemos dicho lo contrario: efectivamente las autoridades de ese engendro llamado “Cuatro Te”, son efectivamente diferentes a sus antecesores, lo malo del asunto es que ser peor también es ser distinto.

Mire usted si no: El mencionado Guille, ha iniciado lo que bien podría considerarse como una “purga” de colaboradores en la región acusándolos de las más variadas irregularidades.

Lo cierto es que el funcionario federal simplemente se está deshaciendo de toda aquella gente que no ha querido “mocharse” con parte de sus ingresos y prestaciones para “la causa”, (“SU causa”, por supuesto).

Tal es el caso de la profesora retirada María del Carmen Martínez Mendoza, de Vanegas, quien ahora es una exservidora de la Nación ya que fue despedida por supuestamente ayudar a que unas enfermeras se vacunaran sin ser parte del sector público de Salud sino empleadas de una clínica privada.

Menciona la maestra Carmen que a ella, el subdelegado le pedía la friolera de mil 700 pesos ¡por mes!

Como ella no accedió, desató la iracunda respuesta de su ahora exjefe, quien con la mano en la cintura la expulsó del Peje-paraíso y hasta le inventó la falta, así no más, como para desanimarla a denunciar.

No es un caso único. Este medio cuenta con “los pelos de la burra en la mano” para demostrar que “Guille” no sólo es un funcionario corrupto, sino además ambicioso e insaciable. A la maestra le pedía mil 700 pesos, pero hay a quienes les baja hasta 3 mil 750 pesotes. Échele cuentas, el funcionario en mención tiene a aproximadamente 40 personas a su cargo. Obviamente todo “moche” que se respete debe ser entregado en efectivo y este caso no es distinto.

La maestra Carmen señala en su denuncia a la reportera Oralia Guzmán que ella expone el caso, no para que le regrese su trabajo, sino para que se castiguen de manera ejemplar estos actos de corrupción.

Tristemente ello resulta poco probable ya que otros empleados en la misma situación han hecho lo propio con el cada vez más tristemente célebre súperdelagado, Gabino Morales, quien olímpicamente los ha ignorado.

Tal indiferencia hace pensar lo peor: que Gabinito no sólo solapa a su achichincle en el Altiplano, sino que también es beneficiario de este robo en despoblado.

¡Ah que ingenuos fueron los mexicanos que se creyeron aquello de que la corrupción se había terminado! A ellos habría que recordarles que el presidente siempre dijo que combatiría la corrupción como se barre una escalera: de arriba para abajo. Nunca dijo nada de lo contrario, ¡qué pillín! Así, desde los niveles más bajos sube la lana para los mandos y estos a su vez repiten la operación. ¡Viva la Cuarta Revolución!, son aportaciones no transas.

¿Hay más?, ¡claro que aún hay más! Sucede que en la delegación potosina de la Secretaría del Bienestar hay fantasmas cobrones, (co-bro-nes, no piense mal). Si gente que sólo se aparece (extrañamente) los días de paga. Tal es el caso de un tal Sergio Fabián Medina Delgadillo o de Noé de Jesús Cruz Zárate, por mencionar sólo algunos.

Otra clase de fantasmas son las personas que habiendo partido de este plano terrenal siguen disfrutando de sus apoyos para la tercera edad. ¿Cómo le quedó el ojo?, beneficiarios post-mortem. Ahora sí que ¡tengan para que aprendan!

No lo dude. Le seguiremos informando de éstas y otras hazañas de nuestras autoridades locales, municipales y federales, al fin que para eso estamos.

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Opinión