octubre 13, 2026

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#4 Tiempos

La amistad en fuga | Columna de Carlos López Medrano

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MEJOR DORMIR

 

En la fila del baño de una fiesta, entre desconocidos simpatiquísimos que jamás volveremos a cruzar, llegan algunas de las mejores conversaciones, de esas que te imbuyen un rush de concierto. Qué muchacha tan agradable, ojalá la encuentre otra vez, te dices, aunque sepas bien que es una quimera propia de una serie de elementos conjugados que no se repetirán.

De igual manera pasa con el vecino de mesa en un almuerzo de cumpleaños al que te invitaron, con quien compartes aspiraciones, opiniones de futbol y nostalgias de provincia. Surge un entendimiento de ligereza, camaradería para adornar el trago y sentirte un poco menos solo en la ciudad.

Esto seres se van como llegaron, dejando una brizna de ánimo que conforma una linda tarde, una buena noche; un refuerzo a las suposiciones que tenemos del jet-set que tejemos en el aire. Algunas veces intercambias teléfonos con ellos. Y al otro día mandas un mensaje. Me dio gusto conocerte, Juan. Hay que volvernos a ver, ya tienes mi número. Claro que sí, Manuel, el gusto es mío. Eres un tipazo. A ver qué día vamos por esos cortes de carne que me comentaste, estamos aquí para lo que se ofrezca.

Ambos canjean palabras que preservan la amabilidad, pero un hilo se ha perdido. De paso te truena la rodilla y lo comprendes: ya está, no volverás a ser joven. No siempre ocurre de este modo (amistades longevas se hacen a cada rato), aunque lo pasajero tiende a ser norma.

Nada que reprochar. Las amistades fugaces son un pilar de la dinámica social. En su calidad de relámpago no echan raíces y por eso mismo jamás se marchitan. No viven el desgaste, los tiros y afloja de los vínculos prolongados, esos que traen tantas bondades como sinsabores. Tampoco implican una responsabilidad. No tienes que pagar una fianza para sacarlos de la comisaría a altas horas madrugada ni cargar a sus bebés mientras ellos pagan el boleto del estacionamiento.

Todas esas apariciones de una hoja calendario son, de cierto modo, la misma: el eterno desconocido que alumbra el último rincón de la memoria. Siempre hay un sujeto para hacer el rato especial si uno tiene la valentía de decir «hola, qué tal, qué frío hace, ¿no crees?».

A veces ni siquiera es necesario hablarles. Hay una clase de familiaridad con la mujer que pasa a tu lado tras la presentación de un libro en el museo y que con vestido de otra época revive en ti lo perdido. Sin mediar palabra, tan solo con el estímulo de la belleza, llega el impulso que necesitabas para hacer cambios en tu vida. Saldrás a correr. Comerás sano. Te anotarás en clases de un tercer idioma por la impresión causada por ese encuentro lejano en la galería.

En alguna parte del mundo debería alzarse un monumento para el amigo fugaz. El cómplice inesperado que aparece cuando estás hastiado del bullicio y sales a tomar el aire. Ahí afuera, durante unos minutos, se confían eso que ya es incomunicable ante aquellos con los que coincides a diario. El sujeto que, tras escucharte atento, tira una frase que es verdad a puños, la perspectiva que en la endogamia de tus andares no habías vislumbrado.

Gustavo y José que vienen de Puebla y te invitan el mezcal que promueven en un evento de negocios internacionales

. Y un extranjero que vacaciona por México y que está harto de que preguntas sobre sus orígenes, de lo que se come en su pueblo, de su opinión sobre los tacos. Tú, al decirle que no entiendes cómo le hacen lo saxofonistas para que el oído no les truene al soplar la boquilla, representas también aire fresco en su pelo.

Todos cargamos fisuras confidenciales que en la liviandad de la noche liberan su contenido. Atesoras a estos confidentes con los que no tienes que andar de puntillas, con los que puedas saltar, abalanzarte y contar lo que tanto te aflige. En estas figuras hay retazos de la vida que siempre quisiste y que no llega más que en ráfaga, en luciérnagas que, como ellos, no se dejan atrapar.

Amistad de vapor: la bondad de alguien que te escucha a sabiendas de que no estarás allí mañana y nunca harás nada por él.

La brevedad de su paso no permite que se vengan a pique, y te preguntas si tuviste suerte para topar justo con la persona que te hace clic o si tal vez los jipis estén en lo cierto: todos los humanos tenemos alguna coincidencia y podríamos llevarnos bien si tuviéramos la disposición; libres de barreras tribales y con la apertura de un vagabundo sin norte o un perro que deambula buscando un hogar.

Hay sentimientos que demoran meses en formarse, otros caen de pleno sin la maduración del desencanto. Con estas personas te olvidas por un rato de la rutina. Del rol que exige tu posición en el mundo. Rejuveneces por unos instantes. Al cabo envejecer es medir más el tiempo. El joven va al cine en pareja sin estar al pendiente de los segundos; el hombre cuenta las horas, lleva cronometrada la salida para llegar a casa y dormir un poco que al día siguiente hay que ir al trabajo. Que ya se acabe la película, por favor, todavía tengo que preparar mi camisa.

Cuando regresas con la tropa de siempre, notas un desbalance. Aquella joven tan fresca y desparpajada, fruto del encuentro circunstancial, hacía que los nervios te vibraran de forma en que los sospechosos habituales no logran. Pero agradece y blíndate de una vez contra la cursilería. Ellos te aguantan por más de una hora, por días enteros… son años ya que no te da la amistad en fuga, para quien serás si acaso en lo remoto aquel tío tan majo que no recuerdo su nombre. Había echado muchas cubatas, no sé qué le dije.

 

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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