octubre 30, 2026

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#4 Tiempos

Instrucciones para notificar a una senadora | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

Hoy les voy a platicar una historia que, me parece, bien pudo haber sido imaginada primero por Jorge Ibargüengoitia.

Hace un poco menos de seis meses, el Senado de la República aprobó con 80 votos a favor el paquete de artículos transitorios de la nueva Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, cuyo artículo décimo tercero contempla una extensión de dos años para el periodo de Arturo Zaldívar y de otros consejeros al frente del Consejo de la Judicatura Federal. Este transitorio —a todas luces inconstitucional— fue propuesto de último minuto por Raúl Bolaños, senador del Partido Verde, y votado de manera apresurada.

En este mismo espacio (https://laorquesta.mx/fraude-a-la-constitucion-columna-de-victor-meade-c/) comenté que la responsabilidad de este intento consumado de fraude a la Constitución debe fincarse especialmente en las y los 80 senadores que votaron a favor de ello. O no leyeron lo que estaban votando, o votaron bajo consigna, o no cuentan con los conocimientos jurídicos mínimos para el ejercicio de sus funciones como legisladores y legisladoras. Haya sido la razón que sea, las tres son, considero, igualmente graves.

Con ello en mente, decidí escribirle un correo electrónico al entonces senador Primo Dothé Mata (renunció a su curul y a Morena algunas semanas después de la votación) y a la senadora María Graciela Gaitán Díaz (del Partido Verde, suplente de Leonor Noyola). En el correo electrónico les solicité que me explicaran detalladamente los argumentos o razones que les llevaron a votar en favor del régimen transitorio de la Ley, sin embargo, pasaron ocho días y no recibí respuesta alguna.

Volví a escribirles, ahora recordándoles que el artículo 8 constitucional reconoce mi derecho de petición, el cual consiste en que toda petición realizada por la ciudadanía de manera respetuosa, pacífica y por escrito a una autoridad debe ser respondida de manera rápida, completa, fundada y motivada. También aproveché para comentarles muy respetuosamente que si no me respondían, me vería orillado a tener que acudir a la justicia federal para obtener mi respuesta, vía demanda de amparo indirecto.  

El senador Primo Dothé nunca respondió. Sin embargo, la senadora Gaitán Díaz me respondió un par de minutos después, aunque, debo decir, su respuesta no fue exactamente lo que yo esperaba. Lejos de responder con razones y conforme al mandato del artículo 8 constitucional, la senadora Gaitán Díaz me respondió con un muy elocuente y tajante “Buen día, Víctor Meade Canales.” Ni una palabra más, ni una palabra menos.

El 29 de abril decidí presentar una demanda de amparo indirecto en contra de la inconstitucionalidad de la respuesta de la senadora Gaitán Díaz, la cual fue admitida el 10 de mayo por el Juzgado Segundo de Distrito en Materia Administrativa del Primer Circuito bajo el número de expediente 504/2021. En la admisión de la demanda, el juez requirió a la senadora Gaitán Díaz para que respondiera a mi petición en un plazo no mayor a quince días hábiles contados a partir de que se le notifique formalmente.

Desde entonces ha sido imposible encontrar a la senadora Gaitán Díaz. En la primera diligencia, personal de juzgado se presentó en la Puerta 3 del Senado y los guardias de seguridad le comentaron que no había nadie en la oficina de la senadora y que ellos no le podían recibir ningún documento. Por tanto, el juez solicitó a diversas autoridades federales —SAT, Secretaría de Hacienda y al Senado de la República— que proporcionaran el domicilio actual, completo y correcto de la senadora. El SAT respondió que no tiene registros bajo ese nombre y Hacienda dijo que este asunto está fuera de su ámbito competencial, por lo que no aportaron información alguna. El Senado, por su parte, reportó que el domicilio de la senadora se encuentra aquí en el Estado de San Luis Potosí.

Ya habiendo pasado dos meses desde la admisión de la demanda, personal del juzgado trató de notificar a la senadora vía correo electrónico, sin embargo, corrieron con el mismo éxito que yo. La senadora evidentemente no respondió y el juzgado comentó que le era imposible determinar si el correo fue recibido o no. De esto hubo un segundo intento un par de semanas después y el resultado fue similar: reportaron que «se produjo un problema al enviar el mensaje a esa dirección de correo».

El juez, entonces, decidió remitir el expediente a un juzgado de San Luis Potosí para que le auxiliaran con la notificación. Personal del juzgado potosino se constituyó en el domicilio de la senadora y —sorpresa— abrió la puerta una supuesta cuñada de la senadora, quien comentó amablemente que, en efecto, el domicilio es correcto, pero que la senadora Gaitán ya no vive ahí desde hace un año y —sorpresa— no tiene manera de contactarla.

Ante la ya acostumbrada imposibilidad de encontrar a la senadora Gaitán, el juzgado tuvo que recurrir a lo más lógico: preguntarle a todo el mundo si alguien ha visto a María Graciela. El juzgado requirió, por si acaso, a Pemex para que avisara si por alguna razón tiene el domicilio correcto de la senadora. También le realizó el mismo requerimiento a Telmex, Totalplay, Dish y a otras cinco empresas proveedoras de internet, cable y telefonía. Usted no está para saberlo ni yo para contarlo, pero se los contaré de todos modos: tal parece que la senadora no tiene contratado servicio alguno de internet, cable o telefonía. Lo de Pemex sigue en suspenso.

Han pasado cinco meses desde que el juzgado admitió mi demanda de amparo indirecto y aún no han podido pasar ni por las puertas del Senado, ni la han podido encontrar por correo electrónico o en su domicilio. La información de la senadora Gaitán disponible en el sitio web del Senado de la República no muestra número de teléfono ni informes de actividades legislativas y, según entiendo, la senadora tampoco cuenta con una casa de enlace con la ciudadanía.

En nuestra democracia constitucional, un asunto así nunca debió de judicializarse, ni la rendición de cuentas tendría que ser así de oprobiosa para la ciudadanía. La Suprema Corte está próxima a resolver la inconstitucionalidad de lo votado por nuestros legisladores y legisladoras, y aún no se les puede encontrar para que justifiquen sus motivos.

De esta manera, la representación popular y la base de nuestro sistema democrático está por los suelos. ¿Cómo puede existir representación si ni siquiera se le pueden exigir cuentas a nuestros representantes? ¿Cómo puede existir representación si ni siquiera se les puede llamar a juicio?

Mejor les dejo a Ibargüengoitia (“¡Arriba la democracia! (I)”, en Instrucciones para vivir en México):

Vamos a suponer que elegimos a un diputado. La cosa no acaba allí. No se trata de meterlo en la Cámara y ya. El diputado es nuestro representante. Es la vía por medio de la cual podemos ejercer nuestra influencia sobre las decisiones gubernamentales.

Para que un diputado sirva de algo tiene que estar sujeto a presiones de parte de los electores de su región. Tiene que estar en comunicación con ellos.

Aquí nos encontramos ante una situación compleja. ¿Cuántos mexicanos saben el nombre de su diputado? ¿Cuántos lo conocen de vista? ¿Cuántos han hablado con él? ¿Cuántos le han mandado cartas expresándole sus opiniones? ¿Cuántos mexicanos han sabido que su diputado diga algo en la Cámara? ¿Cuántos han estado de acuerdo con lo dicho?

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Acento Ajeno

La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.

Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.

En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.

Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?

Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.

Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.

Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.

La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades

ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.

Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.

El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.

Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.

Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.

La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.

Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.

También lee: Gallardo renueva transporte público urbano

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El Cronopio

Carlos Villatoro, el actor de corazón potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Los inicios del cine mexicano están marcados por la participación de actores y actrices de San Luis Potosí; algunos personajes han sido tratados en esta columna. Desde la época del cine mudo hasta los albores del cine sonoro en México, aparecen estas contribuciones potosinas que se extienden a lo largo de toda la historia del cine mexicano.

Entre los personajes que inician su actividad actoral en el cine mudo se encuentra Carlos Villatoro, que si bien se registra su lugar de nacimiento en Comitán, Chiapas, en 1903, siempre subrayó su sello de potosino en virtud que sus hermanos mayores habían nacido en San Luis Potosí y su familia radicaba en la ciudad potosina al finalizar el siglo XIX.

Carlos Villatoro, actor del cine mudo y sonoro mexicano

Uno de dichos hermanos era Héctor Villatoro que a principios de la década de los veinte se encontraba como cónsul en Canadá, y con quien fue enviado Carlos Villatoro por su padre. Este periplo marcaría su primera relación con el mundo del cine, pues al quedar varado en Nueva York por una huelga que imposibilitó su viaje a Canadá, conoció a quienes iniciarían la dirección de películas en México, Gabriel García Moreno y Manuel Ojeda, en ese momento se acercaba a la actividad actoral en Nueva York. Como consecuencia, en 1925 García Moreno le propuso el papel estelar de la película El Buitre, y una serie de películas que se filmaron en Orizaba, Veracruz, de 1925 a 1927, entre ellas el Puño de Hierro de 1927 que se considera la primera película que trata el mundo de las drogas.

Como pionero del cine mudo mexicano Carlos Villatoro se convierte en uno de los mejores actores del cine mudo mexicano y de los primeros años del cine sonoro, al protagonizar películas sonoras desde 1934, entre ellas la película de Juan Bustillo Oro, Dos Monjes, donde participa también la actriz potosina Emma Roldán, en el papel de Gertrudis la madre de Javier, protagonizado por Carlos Villatoro; en esa película participa también en realización de Dos Monjes, el matehualense Juan José Ortega García, de quien trataremos en futuras entregas de esta columna.

Carlos Villatoro conoce a Juan Bustillo Oro cuando estudiaban en la Escuela Nacional Preparatoria, lo que fue otro encuentro que le marcaría su destino a la actuación en cine, donde también se formaría como guionista y director, dirigiendo a principios de los cuarenta los cortometrajes: Viaje a Jalapa, Canciones y Danzas Mexicanas, Compositores Mexicanos y Juan Diego. Escribió el argumento de la famosa y exitosa película Quinto Patio, dirigida por Rafael Sevilla en 1950.

Después de su participación en el cine mudo en México donde actuó en cinco películas en la década de los veinte, inicia su participación en el cine sonoro en 1934 en la película Águilas de América dirigida por Manuel Ojeda, participando en alrededor de veinte películas en el lapso de diez años, terminando su actuación en 1943 en la película La Mujer sin Alma de Fernando de Fuentes en 1943, al lado de María Félix.

A partir de 1944 se desempeña como anotador y asistente de director hasta 1963, año de su muerte. En esta actividad trabaja en numerosas producciones norteamericanas filmadas en México, teniendo apariciones incidentales.

También tuvo participación en la radio en México, siendo locutor en varias estaciones desde 1929. En la XEW tuvo el programa en 1951 “El rincón bohemio de Carlos Villatoro”.

Carlos Villatoro Escobedo el actor pionero del cine mexicano y baluarte en su desarrollo, quien se consideró un potosino de corazón, es uno de los fervientes hacedores del cine en México, quien consideraba que “la vida no era de película, pero hacer cine era su vida”.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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