febrero 4, 2026

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#4 Tiempos

Instrucciones para notificar a una senadora | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

Hoy les voy a platicar una historia que, me parece, bien pudo haber sido imaginada primero por Jorge Ibargüengoitia.

Hace un poco menos de seis meses, el Senado de la República aprobó con 80 votos a favor el paquete de artículos transitorios de la nueva Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, cuyo artículo décimo tercero contempla una extensión de dos años para el periodo de Arturo Zaldívar y de otros consejeros al frente del Consejo de la Judicatura Federal. Este transitorio —a todas luces inconstitucional— fue propuesto de último minuto por Raúl Bolaños, senador del Partido Verde, y votado de manera apresurada.

En este mismo espacio (https://laorquesta.mx/fraude-a-la-constitucion-columna-de-victor-meade-c/) comenté que la responsabilidad de este intento consumado de fraude a la Constitución debe fincarse especialmente en las y los 80 senadores que votaron a favor de ello. O no leyeron lo que estaban votando, o votaron bajo consigna, o no cuentan con los conocimientos jurídicos mínimos para el ejercicio de sus funciones como legisladores y legisladoras. Haya sido la razón que sea, las tres son, considero, igualmente graves.

Con ello en mente, decidí escribirle un correo electrónico al entonces senador Primo Dothé Mata (renunció a su curul y a Morena algunas semanas después de la votación) y a la senadora María Graciela Gaitán Díaz (del Partido Verde, suplente de Leonor Noyola). En el correo electrónico les solicité que me explicaran detalladamente los argumentos o razones que les llevaron a votar en favor del régimen transitorio de la Ley, sin embargo, pasaron ocho días y no recibí respuesta alguna.

Volví a escribirles, ahora recordándoles que el artículo 8 constitucional reconoce mi derecho de petición, el cual consiste en que toda petición realizada por la ciudadanía de manera respetuosa, pacífica y por escrito a una autoridad debe ser respondida de manera rápida, completa, fundada y motivada. También aproveché para comentarles muy respetuosamente que si no me respondían, me vería orillado a tener que acudir a la justicia federal para obtener mi respuesta, vía demanda de amparo indirecto.  

El senador Primo Dothé nunca respondió. Sin embargo, la senadora Gaitán Díaz me respondió un par de minutos después, aunque, debo decir, su respuesta no fue exactamente lo que yo esperaba. Lejos de responder con razones y conforme al mandato del artículo 8 constitucional, la senadora Gaitán Díaz me respondió con un muy elocuente y tajante “Buen día, Víctor Meade Canales.” Ni una palabra más, ni una palabra menos.

El 29 de abril decidí presentar una demanda de amparo indirecto en contra de la inconstitucionalidad de la respuesta de la senadora Gaitán Díaz, la cual fue admitida el 10 de mayo por el Juzgado Segundo de Distrito en Materia Administrativa del Primer Circuito bajo el número de expediente 504/2021. En la admisión de la demanda, el juez requirió a la senadora Gaitán Díaz para que respondiera a mi petición en un plazo no mayor a quince días hábiles contados a partir de que se le notifique formalmente.

Desde entonces ha sido imposible encontrar a la senadora Gaitán Díaz. En la primera diligencia, personal de juzgado se presentó en la Puerta 3 del Senado y los guardias de seguridad le comentaron que no había nadie en la oficina de la senadora y que ellos no le podían recibir ningún documento. Por tanto, el juez solicitó a diversas autoridades federales —SAT, Secretaría de Hacienda y al Senado de la República— que proporcionaran el domicilio actual, completo y correcto de la senadora. El SAT respondió que no tiene registros bajo ese nombre y Hacienda dijo que este asunto está fuera de su ámbito competencial, por lo que no aportaron información alguna. El Senado, por su parte, reportó que el domicilio de la senadora se encuentra aquí en el Estado de San Luis Potosí.

Ya habiendo pasado dos meses desde la admisión de la demanda, personal del juzgado trató de notificar a la senadora vía correo electrónico, sin embargo, corrieron con el mismo éxito que yo. La senadora evidentemente no respondió y el juzgado comentó que le era imposible determinar si el correo fue recibido o no. De esto hubo un segundo intento un par de semanas después y el resultado fue similar: reportaron que «se produjo un problema al enviar el mensaje a esa dirección de correo».

El juez, entonces, decidió remitir el expediente a un juzgado de San Luis Potosí para que le auxiliaran con la notificación. Personal del juzgado potosino se constituyó en el domicilio de la senadora y —sorpresa— abrió la puerta una supuesta cuñada de la senadora, quien comentó amablemente que, en efecto, el domicilio es correcto, pero que la senadora Gaitán ya no vive ahí desde hace un año y —sorpresa— no tiene manera de contactarla.

Ante la ya acostumbrada imposibilidad de encontrar a la senadora Gaitán, el juzgado tuvo que recurrir a lo más lógico: preguntarle a todo el mundo si alguien ha visto a María Graciela. El juzgado requirió, por si acaso, a Pemex para que avisara si por alguna razón tiene el domicilio correcto de la senadora. También le realizó el mismo requerimiento a Telmex, Totalplay, Dish y a otras cinco empresas proveedoras de internet, cable y telefonía. Usted no está para saberlo ni yo para contarlo, pero se los contaré de todos modos: tal parece que la senadora no tiene contratado servicio alguno de internet, cable o telefonía. Lo de Pemex sigue en suspenso.

Han pasado cinco meses desde que el juzgado admitió mi demanda de amparo indirecto y aún no han podido pasar ni por las puertas del Senado, ni la han podido encontrar por correo electrónico o en su domicilio. La información de la senadora Gaitán disponible en el sitio web del Senado de la República no muestra número de teléfono ni informes de actividades legislativas y, según entiendo, la senadora tampoco cuenta con una casa de enlace con la ciudadanía.

En nuestra democracia constitucional, un asunto así nunca debió de judicializarse, ni la rendición de cuentas tendría que ser así de oprobiosa para la ciudadanía. La Suprema Corte está próxima a resolver la inconstitucionalidad de lo votado por nuestros legisladores y legisladoras, y aún no se les puede encontrar para que justifiquen sus motivos.

De esta manera, la representación popular y la base de nuestro sistema democrático está por los suelos. ¿Cómo puede existir representación si ni siquiera se le pueden exigir cuentas a nuestros representantes? ¿Cómo puede existir representación si ni siquiera se les puede llamar a juicio?

Mejor les dejo a Ibargüengoitia (“¡Arriba la democracia! (I)”, en Instrucciones para vivir en México):

Vamos a suponer que elegimos a un diputado. La cosa no acaba allí. No se trata de meterlo en la Cámara y ya. El diputado es nuestro representante. Es la vía por medio de la cual podemos ejercer nuestra influencia sobre las decisiones gubernamentales.

Para que un diputado sirva de algo tiene que estar sujeto a presiones de parte de los electores de su región. Tiene que estar en comunicación con ellos.

Aquí nos encontramos ante una situación compleja. ¿Cuántos mexicanos saben el nombre de su diputado? ¿Cuántos lo conocen de vista? ¿Cuántos han hablado con él? ¿Cuántos le han mandado cartas expresándole sus opiniones? ¿Cuántos mexicanos han sabido que su diputado diga algo en la Cámara? ¿Cuántos han estado de acuerdo con lo dicho?

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#4 Tiempos

Pensamientos en la Catedral | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Los dos jóvenes se toman de la mano por unos instantes y él le dice a ella: «Yo, Juan, te acepto a ti, Lucía, como mi esposa, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y amarte y respetarte todos los días de mi vida».

De reojo observo a la mamá de la novia: está llorando, y con discreción se pasa un pañuelito blanco por el área de los ojos. El padre del novio, en cambio, se muestra pensativo y perplejo. Quizá se pregunte: «¿A qué hora creció este niño? ¡Apenas ayer se me sentaba en las piernas, y mírenlo ahora! ¿Tan rápido se va entonces la vida? ¿Tan rápido nos hacemos viejos? Dentro de un año, tal vez, ya seré abuelo». Todas estas preguntas y exclamaciones, y aún otras más de la misma índole, puedo leer en su rostro, en su cabeza que se mueve a intervalos rítmicos y en sus pies que casi tiemblan. Sí, ¿en qué momento se hicieron grandes estos niños que hoy, dejándolo todo, se van de casa, a qué hora crecieron y se enamoraron?

La ceremonia continúa. Ahora ya no miro a los papás, sino a los novios, que se entregan el uno al otro un anillo dorado. Y yo pienso en la grandeza de este sacramento. Porque esto es lo que es: un sacramento, es decir, un rito sagrado que no sólo simboliza, sino que también realiza y aun trasciende, la materialidad de los signos. «Este es un gran misterio –decía San Pablo hablando del matrimonio-, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia» (Efesios 5,32). De pronto empecé a pensar cosas en las que nunca antes había pensado.

Esto que los dos jóvenes están haciendo hoy en la Catedral –me decía a mí mismo- es una imagen terrena de lo que sucede místicamente en el alma de los hombres. ¡Dios se ha desposado con cada una de sus criaturas! ¿Es esto posible? Dios se desposa con ellos, y lo que este muchacho acaba de decir a su amada lo dice Dios también a cada uno y de manera individual: «Prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad…, todos los días de mi vida». ¿Pero Dios puede decir: todos los días de mi vida? Sí, sólo que, para Él, ese todos los días se designa con una sola palabra: eternidad. Por la eternidad estaré contigo. No te abandonaré ni siquiera por un momento, ni siquiera en la muerte. Porque es fuerte el amor como la muerte, dice la lectura que hace un momento acabamos de escuchar (Cantar de los cantares 8,6).

Mientras pienso en estas cosas que me llenan de emoción, los padrinos de arras me llaman al orden pidiéndome que las bendiga. Hay que bendecirlas, claro. Y lo hago. Derramo sobre las monedas unas gotas de agua bendita y se las entrego al esposo para qué él, a su vez, las haga llegar a su mujer como un río que fluye, sin quedarse con ninguna, y yo sigo diciendo para mis adentros: «¡Por toda la eternidad! Porque nos hiciste, Señor, para ti, nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti. ¡Hermosas palabras éstas de San Agustín! ¿Nos hiciste, entonces, para ti? Sí, sólo para ti. Tú eres el esposo verdadero de nuestras almas y a los demás sólo nos los prestas por un tiempo, para el tiempo. ¡La eternidad te la reservas Tú, pues eres el Señor de ella!».

Estoy distraído o, mejor aún, embebido. Los padrinos de lazo me hacen señas desde la distancia y me preguntan como jugando a caras y gestos si ya es tiempo de ponérselo a los nuevos esposos. Yo les hago un gesto afirmativo con la cabeza. ¡Claro, el lazo! Sí, ya es tiempo de ponérselo. Y mientras los padrinos ejecutan esta sencilla maniobra, yo sigo pensando: «Haber nacido es haber sido elegido. Estamos aquí, Señor, porque nos quisiste, porque nos amaste. ¡Nos elegiste para la vida, es decir, para ser tuyos! Nadie está en este mundo por causalidad, o por azar. ¡Tú elegiste a los que viven para desposarte con ellos en el amor y la fidelidad! Así pues, nunca los dejas solos, ni los has dejado, ni los dejarás jamás. Esto es lo que dices a cada hombre que nace, y aún antes de que nazca, desde que está en el seno de su madre: «Prometo serte fiel».

Creo estar más emocionado que los mismos novios. Pero sus padres –los cuatro- me miran con extrañeza y casi diría que hasta con rencor. Seguramente piensan que he estado muy distraído durante la ceremonia. Ha sido mi actitud exterior la que quizá les haya hecho pensar que no he estado realmente con ellos, sino en otra parte: en la luna, por decir un lugar. Y, sin embargo, nunca había estado más cerca de alguien que con estos jóvenes que ahora se tal vez se preguntaban por qué me habían elegido a mí, precisamente a mí, para…

¿Cómo no había pensado con más detenimiento en este misterio? Jesús elevó a rango de sacramento la unión definitiva entre el hombre y la mujer para que éstos, celebrándolo, vayan todavía más allá y piensen en Dios, que nos ama así: con un amor que ni se arrepiente ni vacila. Todo lo podemos temer, menos que Dios deje de querernos. «Podrán desaparecer las colinas y los montes, pero mi amor por ti no desaparecerá». ¿Y no es esto justamente lo que hemos recordado, lo que hemos celebrado hoy? ¡No se enojen, amigos! Enseguida estoy con ustedes.

Mientras coloco los dones sobre el altar, sigo pensando: «No hay historia de amor más bella que la del alma con su Dios. ¿Acaso el verdadero matrimonio sea sólo éste? Sí, quizá sea así, de manera que el matrimonio que acabamos de celebrar no sea, en el fondo, más que una imagen pálida –aunque visible y real- de aquél.

Y cuando termino la Misa y los padres de la novia se me acercan para darme las gracias por haber venido de lejos únicamente para celebrarla, me dicen sonrientes:

-Estuvo muy bonita la ceremonia, ¿verdad? ¡No lo niegue! Se le veía a usted emocionado.

Emocionado, sí, esa es la palabra: pero no era por las flores que ellos mismos habían mandado colocar a todo largo y ancho de la iglesia, sino únicamente por esos pensamientos míos que ya conoce el lector.

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#4 Tiempos

La escritora mexicana que acarició el Nobel de Literatura | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Cristina Rivera Garza, escritora mexicana nacida en Matamoros, Tamaulipas, estuvo considerada como la favorita para obtener el Premio Nobel de Literatura 2025 con su libro ‘El invencible verano de Liliana’, texto que narra el feminicidio de su hermana en los años noventa y obra con la que ganó el Premio Pulitzer de 2024. Si bien el Premio Nobel finalmente fue otorgado al autor húngaro László Krasznahorkai, la mención de Cristina Rivera que fue considerada como la escritora a vencer, da brillo a las letras mexicanas.

Radicada en Estados Unidos desde 1989, la escritora y ensayista trabaja actualmente como profesora en la Universidad de Houston, institución donde obtuvo su doctorado en Historia Latinoamericana; estudió sociología en la UNAM y es directora del programa de posgrado en escritura creativa en español en la Universidad de Houston.

Una de sus novelas por la que es reconocida fue editada en 1999, nadie me verá llorar, una novela que el escritor mexicano Carlos Fuentes describió como “una de las obras de ficción más notables de la literatura no sólo mexicana, sino en castellano, de la vuelta de siglo“.

En esa novela histórica resalta el papel de la mujer que es sojuzgada a fin de maniatar su furia crítica. Novela histórica que se asoma a la vida de una interna contra su voluntad en el manicomio de La Castañeda que responde al nombre de Modesta Burgos quien estuvo internada por al menos treinta y cinco años desde la década de los veinte.

Modesta Burgos originaria de Papantla Veracruz, llegaría a la Ciudad de México a casa de su tío y deambularía por la ciudad entre fábricas y burdeles. Indagando en archivos de salud, Cristina Rivera reconstruye su vida y su peregrinar en la sociedad mexicana de principios del siglo XX. 

Si bien, el libro en mención es una edición reciente, de octubre de 2024 de Random House, la novela fue publicada en 1999; la novedad de esta edición es que ahora se usa el nombre real del personaje en cuestión ya que en la anterior edición se utilizó el nombre de Matilda Burgos, por cuestión de protección de identidad de los internos del Manicomio General, hoy con la Ley de Transparencia de y Acceso a la Información y Protección de Datos personales del 2012, así como la nueva Ley General de Archivos del 2016, permiten poder revelar su nombre.

Nadie me vera llorar nos relata la experiencia de Modesta Burgos, una mujer que, a pesar de haber sido internada a la fuerza en el manicomio La Castañeda a inicios del siglo XX, en la Ciudad de México, siempre conservó su furia crítica

, una inconfundible voz propia y su libertad. Modesta parece tener dificultad para fijar su atención en los objetos del mundo, pero por donde quiera que camina lleva toda la luz del manicomio sobre la cabeza.

Entre los archivos y obras consultadas por Cristina Rivera para recrear la historia de Modesta Burgos, se encuentra la obra del padre Rafael Montejano sobre Real de Catorce, que ahora ha sido reeditada por la UASLP dentro de su magro trabajo editorial. La consulta responde a la construcción de parte de la historia de Modesta Burgos por su paso por diez años en Real de Catorce en compañía de Paul Kamáck, historia que se sitúa a principios del siglo XX cuando la bonanza de Catorce comenzaba a decrecer y como consecuencia se suicidaría Paul y Modesta quemaría su casa, despertando en un hospital de San Luis Potosí, antes de ingresar a La Castañeda.

En la novela podemos leer: “En el vagón del tren, Pablo habla del Valle de Matehuala como si le perteneciera. Su querencia. A través de la ventanilla le señala la fila zigzagueante de la gobernadora, las flores de las biznagas, amarillas, rojas; las espinas del garambullo. Hay cactos largos como sacerdotes y árboles de nopal justo como los que pintó José María Velazco, Pitayas y Guayule.

…. Su nombre le produce la primera ternura real de su vida. Lo único que él le pide justo antes de entrar a las callecitas entrecortadas de Real es que nunca le de un hijo. Modesta acepta.

El amor es una tonadilla, apenas una canción.

El mineral de Catorce

es digno de compasión

pues que ahora se encuentra

en tan fatal situación.

Al pasar por Potrero

me preguntan dónde vas,

me voy a buscar trabajo

al mineral de la Paz.

Cristina Rivera Garza inició su serie de premios en San Luis Potosí al ganar con su libro de cuentos La guerra no importa el Premio Bellas Artes de Cuento Amparo Dávila en 1987.

También lee: El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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#4 Tiempos

Los “Chones-Pachones” de la UASLP | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

 

Culto Público, hijos de mis impulsos contenidos:

Los dedos me queman y mi sistema límbico pre frontal (causante de lo que llamamos risa) está que me brota como cascada, sin embargo, me gobernaré una vez más.

No haré mofa del asunto de los 2.4 millones de pesos de ropa interior comprados por la “UniTienda” de la UASLP.

Evitaré juegos de palabras como “espero que sean transparentes… (las autoridades, no las prendas)”.

Me abstendré de llamar el asunto “los chones pachones”.

No usaré frases como “enseñaron los chones”, ni mucho menos diré que esa “mancha” en la ropa interior, pues no es cualquier cosa.

El asunto está muy lejos de ser un misterio del estilo Ágatha Christie respecto por qué el señor Pachón compró (y a quién) semejante cantidad de prendas… eso es un misterio resuelto.

Lo del “caso cerrado” al respecto del rector Zermeño, fue la peor salida que encontraron, pero lo entiendo.

El rector, todos sabemos, es un hombre íntegro, pulcro, elegante… el andar hablando de calzones atenta contra el pudor propio.

Lamentablemente ya con “los chones enseñados” (otra frase que evitaré) pues lo mínimo era “vamos a investigar” -que en parte lo hizo- diciendo que ahora las prendas y el asunto está en la Contraloría de la Uni. (Podemos ahora decir, sin temor a equivocarnos, que la contralora universitaria pues está muy “calzonuda”)

El IFSE no desaprovechó la oportunidad y en pocas palabras dijo, otra vez: déjate auditar (que se podría decir coloquialmente: bájate los chones).

Todo eso y más diría solo para divertirme, pero como lo dije en un principio, mejor me autogobierno (que es mi especialidad) y no sigo por ese camino que tantas cosquillas da en los dedos de quien esto escribe.

Hablemos de lo serio del tema: comprar millones de pesos por un producto que no se vende no está de risa cuando esta rectoría ha sido marcada por su pensamiento de pobreza y penurias financieras permanentes.

Estoy seguro que el doctor Zermeño preferiría (por su pudor, que se respeta, y admira así como su forma de conducirse) hablar del encuentro incómodo que tuvo el sábado 17 de enero en La Parroquia con Fabián Espinosa Díaz de León, su ex arrendatario, el representante de VEM con quien la institución sostiene una demanda que, de acuerdo a los que saben, es muy probable que pierda la Universidad.

Palabras más, o palabras menos (en La Parroquia no graban los audios de sus clientes, bendito sea Dios) primero se saludaron así como con la cabeza, pero luego un tercero saludó a la señora esposa del rector y al galeno. Fabián Espinosa se acercó y el diálogo fue -según testigos que nunca faltan- entre un “mira él es responsable si me pasa algo físicamente o a mi salud-

Fabián Espinosa, dicen, respondió igual: “señora mire que mi esposa dice lo mismo de su marido”.

Qué incomodidad.

El rector dio guillotina a la charla con un “las cosas de la oficina las trato en la oficina”

¿Chisme de restaurante? Sí. Pero fondo también hay (en la tienda de la Uni, de los que no se han vendido).

En fin que preferiría el doctor Zermeño hablar de cualquier cosa menos de los “chones pachones” de eso si estoy seguro.

El asunto ya pasó y “ya lo pasado pasado” pero si nos interesa:

  1. ¿Qué medidas se toman para que una compra tan grande y absurda no se vuelva a repetir en la UniTienda?
  2. ¿Qué estudios de mercado se hacen a partir de que alguien más la administra?
  3. ¿Quién administra la UniTienda?

Con el convenio Federación-Estado para 2026 hasta este domingo detenido en firmas (y redacción según dicen) ¿hasta cuándo aguantará el préstamo que les hizo favor gobierno de pedir para la Uni?

En fin, ya me extendí. Yo quiero escribir de la tensión cubana, Ucrania, Venezuela, y Groenlandia (son piezas moviéndose para un “jaque mate” global)

También quería escribir sobre la valiente posición de la nueva titular de la Facultad de Derecho ante las “sugerencias” rectoriles, de la construcción de narrativas de Morena, de la renuncia de Adán Augusto, y la hamaca del Verde nacional, pero pues será para la próxima (si es que no escribo otro cuento, que ya le voy agarrando gusto).

Los abrazo y saludo a todos y todas.

Jorge Saldaña.

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