agosto 18, 2026

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#4 Tiempos

Instrucciones para notificar a una senadora | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

 

Hoy les voy a platicar una historia que, me parece, bien pudo haber sido imaginada primero por Jorge Ibargüengoitia.

Hace un poco menos de seis meses, el Senado de la República aprobó con 80 votos a favor el paquete de artículos transitorios de la nueva Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, cuyo artículo décimo tercero contempla una extensión de dos años para el periodo de Arturo Zaldívar y de otros consejeros al frente del Consejo de la Judicatura Federal. Este transitorio —a todas luces inconstitucional— fue propuesto de último minuto por Raúl Bolaños, senador del Partido Verde, y votado de manera apresurada.

En este mismo espacio (https://laorquesta.mx/fraude-a-la-constitucion-columna-de-victor-meade-c/) comenté que la responsabilidad de este intento consumado de fraude a la Constitución debe fincarse especialmente en las y los 80 senadores que votaron a favor de ello. O no leyeron lo que estaban votando, o votaron bajo consigna, o no cuentan con los conocimientos jurídicos mínimos para el ejercicio de sus funciones como legisladores y legisladoras. Haya sido la razón que sea, las tres son, considero, igualmente graves.

Con ello en mente, decidí escribirle un correo electrónico al entonces senador Primo Dothé Mata (renunció a su curul y a Morena algunas semanas después de la votación) y a la senadora María Graciela Gaitán Díaz (del Partido Verde, suplente de Leonor Noyola). En el correo electrónico les solicité que me explicaran detalladamente los argumentos o razones que les llevaron a votar en favor del régimen transitorio de la Ley, sin embargo, pasaron ocho días y no recibí respuesta alguna.

Volví a escribirles, ahora recordándoles que el artículo 8 constitucional reconoce mi derecho de petición, el cual consiste en que toda petición realizada por la ciudadanía de manera respetuosa, pacífica y por escrito a una autoridad debe ser respondida de manera rápida, completa, fundada y motivada. También aproveché para comentarles muy respetuosamente que si no me respondían, me vería orillado a tener que acudir a la justicia federal para obtener mi respuesta, vía demanda de amparo indirecto.  

El senador Primo Dothé nunca respondió. Sin embargo, la senadora Gaitán Díaz me respondió un par de minutos después, aunque, debo decir, su respuesta no fue exactamente lo que yo esperaba. Lejos de responder con razones y conforme al mandato del artículo 8 constitucional, la senadora Gaitán Díaz me respondió con un muy elocuente y tajante “Buen día, Víctor Meade Canales.” Ni una palabra más, ni una palabra menos.

El 29 de abril decidí presentar una demanda de amparo indirecto en contra de la inconstitucionalidad de la respuesta de la senadora Gaitán Díaz, la cual fue admitida el 10 de mayo por el Juzgado Segundo de Distrito en Materia Administrativa del Primer Circuito bajo el número de expediente 504/2021. En la admisión de la demanda, el juez requirió a la senadora Gaitán Díaz para que respondiera a mi petición en un plazo no mayor a quince días hábiles contados a partir de que se le notifique formalmente.

Desde entonces ha sido imposible encontrar a la senadora Gaitán Díaz. En la primera diligencia, personal de juzgado se presentó en la Puerta 3 del Senado y los guardias de seguridad le comentaron que no había nadie en la oficina de la senadora y que ellos no le podían recibir ningún documento. Por tanto, el juez solicitó a diversas autoridades federales —SAT, Secretaría de Hacienda y al Senado de la República— que proporcionaran el domicilio actual, completo y correcto de la senadora. El SAT respondió que no tiene registros bajo ese nombre y Hacienda dijo que este asunto está fuera de su ámbito competencial, por lo que no aportaron información alguna. El Senado, por su parte, reportó que el domicilio de la senadora se encuentra aquí en el Estado de San Luis Potosí.

Ya habiendo pasado dos meses desde la admisión de la demanda, personal del juzgado trató de notificar a la senadora vía correo electrónico, sin embargo, corrieron con el mismo éxito que yo. La senadora evidentemente no respondió y el juzgado comentó que le era imposible determinar si el correo fue recibido o no. De esto hubo un segundo intento un par de semanas después y el resultado fue similar: reportaron que «se produjo un problema al enviar el mensaje a esa dirección de correo».

El juez, entonces, decidió remitir el expediente a un juzgado de San Luis Potosí para que le auxiliaran con la notificación. Personal del juzgado potosino se constituyó en el domicilio de la senadora y —sorpresa— abrió la puerta una supuesta cuñada de la senadora, quien comentó amablemente que, en efecto, el domicilio es correcto, pero que la senadora Gaitán ya no vive ahí desde hace un año y —sorpresa— no tiene manera de contactarla.

Ante la ya acostumbrada imposibilidad de encontrar a la senadora Gaitán, el juzgado tuvo que recurrir a lo más lógico: preguntarle a todo el mundo si alguien ha visto a María Graciela. El juzgado requirió, por si acaso, a Pemex para que avisara si por alguna razón tiene el domicilio correcto de la senadora. También le realizó el mismo requerimiento a Telmex, Totalplay, Dish y a otras cinco empresas proveedoras de internet, cable y telefonía. Usted no está para saberlo ni yo para contarlo, pero se los contaré de todos modos: tal parece que la senadora no tiene contratado servicio alguno de internet, cable o telefonía. Lo de Pemex sigue en suspenso.

Han pasado cinco meses desde que el juzgado admitió mi demanda de amparo indirecto y aún no han podido pasar ni por las puertas del Senado, ni la han podido encontrar por correo electrónico o en su domicilio. La información de la senadora Gaitán disponible en el sitio web del Senado de la República no muestra número de teléfono ni informes de actividades legislativas y, según entiendo, la senadora tampoco cuenta con una casa de enlace con la ciudadanía.

En nuestra democracia constitucional, un asunto así nunca debió de judicializarse, ni la rendición de cuentas tendría que ser así de oprobiosa para la ciudadanía. La Suprema Corte está próxima a resolver la inconstitucionalidad de lo votado por nuestros legisladores y legisladoras, y aún no se les puede encontrar para que justifiquen sus motivos.

De esta manera, la representación popular y la base de nuestro sistema democrático está por los suelos. ¿Cómo puede existir representación si ni siquiera se le pueden exigir cuentas a nuestros representantes? ¿Cómo puede existir representación si ni siquiera se les puede llamar a juicio?

Mejor les dejo a Ibargüengoitia (“¡Arriba la democracia! (I)”, en Instrucciones para vivir en México):

Vamos a suponer que elegimos a un diputado. La cosa no acaba allí. No se trata de meterlo en la Cámara y ya. El diputado es nuestro representante. Es la vía por medio de la cual podemos ejercer nuestra influencia sobre las decisiones gubernamentales.

Para que un diputado sirva de algo tiene que estar sujeto a presiones de parte de los electores de su región. Tiene que estar en comunicación con ellos.

Aquí nos encontramos ante una situación compleja. ¿Cuántos mexicanos saben el nombre de su diputado? ¿Cuántos lo conocen de vista? ¿Cuántos han hablado con él? ¿Cuántos le han mandado cartas expresándole sus opiniones? ¿Cuántos mexicanos han sabido que su diputado diga algo en la Cámara? ¿Cuántos han estado de acuerdo con lo dicho?

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#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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