marzo 17, 2026

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Homicidios en SLP durante 2018: la mayoría jóvenes entre 15 y 35 años

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Durante 2018, el 56 por ciento de las personas asesinadas tenía entre 15 y 34 años; además, el 83 por ciento tenía un empleo

Por: El Saxofón 

En 2018, los homicidios dolosos cobraron la vida de 316 jóvenes entre los 15 y los 34 años en San Luis Potosí, según las cifras más recientes del Inegi. Además seis menores 15 años fueron asesinados a lo largo del año, entre ellos un bebé de menos de un año, uno de 1 a 4 años, dos de 5 a 9 años, y dos más de 10 a 14 años.

El número de jóvenes víctimas de homicidio creció en San Luis Potosí durante el 2018. Según el Inegi, el año pasado, el 56.4 por ciento de las víctimas de asesinato en San Luis fueron jóvenes entre los 15 y los 34 años de edad, cifra que supera la proporción víctimas en este grupo de edad, que fue de 54.6 por ciento en 2017.

El Inegi dio a conocer en días pasados, las estadísticas preliminares, a nivel nacional y por entidad federativa, de los homicidios registrados en el país durante 2018.

Las estadísticas revelan que en 2018 se registraron 35 mil 964 homicidios en México. Es decir, una razón de 29 homicidios por cada 100 mil habitantes a nivel nacional, tasa que es superior a la registrada en 2017, que fue de 26 homicidios por cada 100 mil habitantes. Con la finalidad de facilitar su comparación con la información de años anteriores, se agrega la serie histórica de la estadística definitiva de homicidios de 1990 a 2017.

En San Luis Potosí, a lo largo de 2018, el asesinato intencional fue la causa de muerte de 560 personas, de las cuales 316 eran jóvenes entre los 15 y los 34 años, según el Inegi. 

En 2018, por grupos de edad, se registraron 61 víctimas de entre 15 y 19 años; 78 cuyas edades oscilaban entre los 20-24 años; 97, de entre 25-29; 80 entre 30-34; 67 entre 35-39; 48 entre los 40-44; 30 de entre 45-49; 26 de entre 50-54; 13 de entre 55-59; 8 de entre 60-64; 7 de entre 65-69; 6 de entre 70-74; 7 de entre 75-79; 1 de entre 80-84; y 2 de 85 años y más.

En 23 homicidios no se especificó la edad de la víctima.

Las cifras anteriores indican que el grupo de edad que acumuló mayor número de víctimas fue el de 25 a 29 años, con 97, equivalente al 17.32 por ciento del total de homicidios cometidos en el año. 

En este mismo sentido, gracias a las cifras del Inegi, se sabe que el 14.28  por ciento de las víctimas de homicidio en 2018 oscilaba entre los 30 y los 34 años de edad, mientras que el 13.92 por ciento tenían de 20 a 24, y el 10.89 por ciento iban de los 15 a los 19.

Víctimas entre los 15 y 34 años

  • En 2018, solo el grupo de 20 A 24 años bajó su número de homicidios respecto a 2017
    VÍCTIMAS
  2017 2018
15-19 44 61
20-24 82 78
25-29 89 97
30-34 58 80

Cabe resaltar que los homicidios de jóvenes de 15 a 19 años de edad, pasaron de 44 víctimas en 2017 a 61 en 2018, lo que representa un incremento del 38.63 por ciento. En tanto, los asesinatos de jóvenes de entre 20 y 24 años, disminuyeron un 4.87 por ciento, al pasar de 82 en 2017 a 78 en 2018.

Sin embargo, las víctimas de 25 a 29 años también aumentaron al pasar de 89 en 2017 a 97 el año pasado, un incremento del 8.98 por ciento. Lo mismo ocurrió en el grupo de edad de 30 a 34 años, que en 2017 registró 58 víctimas, y en 2018 registró 80, con un incremento del 37.93 por ciento.

Desde 2017, los asesinatos son la principal causa de muerte entre los jóvenes y adultos entre los 15 y los 44 años de edad, según las estadísticas del Inegi.

No eran “ninis”

Contrario a lo que se pudiera pensar, la mayoría de los jóvenes asesinados contaban con un empleo al momento de perder la vida.

De los 316 jóvenes que fueron asesinados durante el 2018, 262 tenían un empleo, según los datos del Inegi, y solo 54 no realizaban ningún trabajo remunerado. Esto quiere decir que el 82.9 por ciento de las personas entre 15 y 34 años víctimas de homicidio doloso tenían un empleo, y solo el 17.08 por ciento carecían de él.

Por grupos de edad, de entre las víctimas de 15-19 años, 40 de ellos trabajaban (65.5%), y solo 21 no lo hacían (34.4%).

Entre las víctimas de 20-24 años, 65 de ellas contaban con un empleo (83.3%) y solo 13 estaban desempleados, es decir, solo el 16.6 por ciento no trabajaban.

En el grupo de 25-29 años, 82 desempeñaban un trabajo (84.5%) mientras que 15 de ellos estaban desocupados (15.46%).

Entre las víctimas de 30-34 años, fueron las que registraron menos desempleo, pues 75 de ellas laboraban, y solo cinco no desarrollaban ninguna actividad remunerada, esto representa que el 93.7 por ciento de ellos estaban trabajando y el 6.25 por ciento no lo hacían.

Mencionar estos datos es importante, pues muchas veces el discurso de las autoridades, incluso la propia ciudadanía, presupone que las víctimas de homicidio eran personas que no desempeñaban ninguna actividad económica y que dada su condición de desempleo estaban vinculadas con actividades ilícitas. 

Así, el prejuicio del “nini” revictimiza a los jóvenes que ya de por sí, en el México actual, enfrentan un panorama adverso, marcado por la discriminación, la falta de oportunidades y apoyo, en medio de un contexto cada vez más violento.

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Balancear la fórmula: Gabriela Palestino, entre la terquedad y el éxito

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Hay gente que estudia química… y hay quien convierte su vida en una reacción constante. Es el caso de la doctora Gabriela Palestino

Por: Jorge Saldaña

Es fácil hablar con la doctora Gabriela Palestino; es la directora de la Facultad de Ciencias Químicas, es investigadora, universitaria, doctorada en Francia, se mueve en un entorno competitivo en los que cuentan los cargos y premios, ella tiene ambos, el último es el Premio Potosino de Ciencia e Innovación; también es madre de familia y como buena ingeniero químico, sabe balancear la fórmula entre ser una mujer de éxito, al que define como el logro de metas para beneficio de los demás, y una madre de familia que desea la felicidad de sus cercanos.

Es cualquier jueves al medio día cuando se concretó la cita para la entrevista. Hay dos formas de llegar a la Facultad de Ciencias Químicas, atravesando el Hábitat, o subir desde el Hospital Central, pasando por ingeniería, estomatología y geología. Es un espacio que si bien no es el corazón de la Zona Universitaria, si es un sitio que la conecta y articula.

En su oficina nos espera una pequeña mesa de juntas con sillas genéricas de oficina y una esquina en la que se dispuso un sillón a rayas flanqueado por una bandera de la UASLP.

Puntual, la doctora llega a la cita con talante afable, y hasta accede a repetir su entrada y saludo que por un error técnico no se grabó a la primera.

Luego de presentaciones y saludos, la doctora toma su lugar e iniciamos la entrevista con una pregunta tan abierta como profunda, ¿Quién es Gabriela Palestino?

La doctora se toma unos segundos antes de responder, como si acomodara elementos de una tabla periódica íntima antes de responder.

“Somos muchas cosas”, dice. “Es una pregunta compleja”.

Lo dice sin solemnidad y ambas partes, entrevistada y entrevistador, coinciden en que una biografía y una descripción de algo tan complejo como un ser humano, no cabe en una sola frase.

Ahí, en el rumbo de “somos muchas cosas” la doctora transita en su definición entre una mujer inquieta, terca (en un sentido productivo del término) y exitosa.

Antes de la investigación, antes del doctorado en Francia, antes de la dirección de una facultad, también relató su paso por la industria.

Fue ahí donde ocurrió una revelación que suele repetirse en muchas historias científicas: el descubrimiento de que la práctica cotidiana está llena de preguntas que todavía no tienen respuesta.

En medio de procesos programados y rutinas industriales, Palestino comenzó a detectar problemas que —según su intuición— podían resolverse desde el laboratorio.

La ciencia, entonces, apareció como un camino.

“No siempre tuve claro qué iba a pasar”, reconoce. “Me hubiera encantado tener una bola de cristal”.

Pero no la tuvo. Ningún científico serio la tiene y mucho menos le creería sin evidencia.

Y es que- se le plantea- en el imaginario popular, la ciencia suele representarse como un territorio gobernado por la inteligencia. Sin embargo, al escuchar la respuesta de Palestino, uno sospecha que hay otra variable menos romántica y más decisiva: la disciplina.

O, como ella dijo, esa disciplina se transforma en una forma de terquedad, asunto que la doctora admite sin rodeos.

Sí, la ciencia exige insistencia. Persistencia. Volver a intentar cuando el experimento falla. Y volver otra vez. No la terquedad del capricho, sino la del método.

Cuando se le pregunta por el éxito, su respuesta se mueve en otra dirección.

Para ella, el éxito ocurre cuando una meta se alcanza y además genera beneficios para otros.

“Cuando lo que haces impacta a las personas que están alrededor”.

La definición tiene algo de ecuación ética.

¿Se considera a sí misma una mujer exitosa?

La respuesta llega con serenidad, sin falsa modestia ni triunfalismo.

-Sí.

Pero no como punto final, sino como parte de un proceso que no está terminado, que se sigue moviendo.

En medio de la conversación aparece una escena doméstica que dice mucho sobre sus prioridades y es cuando se le pregunta por la realización personal, Palestino menciona algo que no aparece en los currículos académicos: ver a sus hijos felices, acompañados y con proyectos de vida propios.

En otras palabras, el éxito también tiene un lado íntimo.

Uno que no se mide en papers ni en citas bibliográficas.

La doctora suele bromear con que su formación como ingeniera química le ha servido para algo más que entender reacciones moleculares: también le ha ayudado a equilibrar la ecuación entre la vida académica y la vida familiar.

Ser investigadora, directora de facultad y madre de familia exige una especie de alquimia. Una mezcla de organización, disciplina y, probablemente, un poco de paciencia.

“A veces soy más mamá que profesionista… o las dos cosas al mismo tiempo”, dice. Como ingeniera, sabe que el equilibrio “Es una obligación con mis deberes, con mi esposo, con mis hijos”.

En algún punto de la conversación aparece la pregunta inevitable: ¿para qué sirve la ciencia?

Para ella, la investigación adquiere sentido cuando logra impactar en la sociedad.

Cuando mejora una comunidad.

Cuando deja de ser únicamente un experimento dentro del laboratorio y se convierte en una solución afuera.

Dirigir una facultad, sin embargo, introduce otra dimensión.

Pasar del laboratorio a la administración implica un cambio de lógica: de investigar moléculas a coordinar personas.

Y gobernar personas es un ejercicio mucho más impredecible que cualquier reacción química.

La doctora lo explica con naturalidad.

La clave, dice, es escuchar.

Escuchar problemas, escuchar ideas, escuchar inconformidades.

Luego aplicar algo que la ciencia enseña muy bien: analizar, ordenar y buscar soluciones.

Si se quiere, gobernar una facultad también puede parecerse a diseñar un experimento.

La conversación inevitablemente llega a un tema que atraviesa a muchas instituciones académicas: la igualdad.

Palestino la define de manera precisa: Igualdad es que todas las personas tengan acceso a las mismas oportunidades y beneficios. Ni más ni menos.

El dato inevitable aparece en la charla: en más de cien años de historia, la Universidad Autónoma de San Luis Potosí nunca ha tenido una rectora.

La doctora no evade la cuestión.

Reconoce que han existido brechas históricas, aunque también observa que cada vez hay más mujeres en posiciones de liderazgo académico.

—¿De qué “team” eres, doctora? ¿Debe ser la próxima rectoría para una mujer por cuestiones de equidad de género, o debe privilegiarse la capacidad al género?

Su respuesta es cuidado-diplomática: la capacidad no tiene género, por eso la universidad debería elegir siempre a la persona más capaz.

Pero ataja que, para que eso ocurra, las condiciones de igualdad deben existir realmente.

Hacia el final de la entrevista aparece el tema del movimiento feminista y el significado contemporáneo del 8M.

Palestino habla desde una experiencia personal que la marcó: asistir a una marcha para entender lo que ocurría dentro de ellas.

Lo que encontró —dice— fue una mezcla de dolor acumulado y exigencia de ser escuchadas.

“Hay muchas mujeres que sienten que todavía no han sido tomadas en cuenta”.

La violencia que algunas veces aparece en las manifestaciones, explica, no debe distraer de la discusión de fondo.

Porque el problema central sigue siendo otro: la desigualdad y la inseguridad que todavía enfrentan muchas mujeres.

“Yo soy madre”, dice en algún momento. “Y claro que me gustaría que mis hijas pudieran salir a la calle sin que una tenga que estar preocupada”.

A veces las explicaciones más contundentes son las más simples.

Cuando la conversación entra en su recta final, se le cuestiona ¿qué ocurrirá después de su periodo como directora de la Facultad de Ciencias Químicas?

La respuesta parece seguir la lógica natural de su trayectoria: Volver a la investigación, consolidar proyectos científicos y seguir participando en la gestión universitaria si las oportunidades aparecen. En otras palabras: seguir trabajando. (Algunos de sus pares, no la descartan como un gran perfil para buscar la siguiente rectoría)

La entrevista termina pero sin punto final.

Y es que la conversación de la doctora Palestino es de esas que no terminan, quizás solo cambian de matraz para seguir vigente en la vida universitaria y en la comunidad potosina, donde todas y todos tenemos algo qué decir.

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Analiza SSPCE incorporación de “body cams” al uniforme de los agentes

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Jesús Juárez Hernández, titular de la SSPCE, aseguró que no son prioridad gracias a las numerosas cámaras que hay en el estado

Por: Redacción

Jesús Juárez Hernández, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Civil del Estado (SSPCE), señaló que ya se encuentran analizando la posibilidad de implementar las “body cams” como parte de los uniformes de sus agentes.

El secretario indicó que, si bien no es prioridad esta incorporación, sí es una medida que están contemplando con el fin de seguir mejorando y optimizando las investigaciones correspondientes, así como la seguridad de los elementos.

Juárez Hernández se mostró tranquilo, pues hoy en día, las patrullas de seguridad estatal ya cuentan con cámaras frontales, además de que aseguró que “prácticamente en todos lados ya hay una cámara”.

Añadió que justamente por esto se están instalando los arcos de seguridad en distintas vialidades del estado, ya que estos también cuentan con cámaras de reconocimiento facial apuntando a la calle.

De estos arcos hay 35 activos en este momento, pero el gobernador Ricardo Gallardo ya anunció la semana pasada que estarán instalando 15 más en algunas de los puntos de más alta afluencia de las carreteras potosinas.

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Matehuala y Villa de Reyes concentran problemas de seguridad: Gallardo

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El gobernador atribuyó los delitos a personas provenientes de Nuevo León y Guanajuato

Por: Redacción

Ricardo Gallardo Cardona, gobernador de San Luis Potosí, aseguró que los principales problemas de seguridad en la entidad se concentran en los municipios de Matehuala y Villa de Reyes los cuales identificó como puntos de ingreso para personas provenientes de otros estados con intenciones delictivas.

El mandatario explicó que, en el caso de Matehuala, la cercanía con el sur de Nuevo León facilita la llegada de personas que buscan delinquir en esa zona.

“Es gente que baja de Nuevo León a querer delinquir en Matehuala”, señaló, al tiempo que afirmó que ya existe presencia de corporaciones de seguridad para evitar que grupos delictivos se establezcan en el municipio.

En cuanto a Villa de Reyes, indicó que su ubicación colindante con Guanajuato —entidad que se mantiene entre las de mayor incidencia delictiva a nivel nacional— la convierte en otro punto vulnerable.

A pesar de estos focos, Gallardo Cardona sostuvo que el estado atraviesa su mejor momento en materia de seguridad en las últimas dos década

s, al asegurar que “casi toda la entidad está limpia”.

El gobernador destacó que México Evalúa ubica a San Luis Potosí entre las entidades con mejores indicadores de seguridad, particularmente en delitos de alto impacto y homicidio doloso.

De acuerdo con el informe, el estado registra una tasa de 0.2 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes, colocándose entre los más bajos del país, junto con Yucatán y Coahuila.

En otros indicadores, la entidad se posiciona en el lugar 15 en feminicidio, con una tasa de 0.03 casos por cada 100 mil mujeres; en el sitio 12 en delitos contra la vida y la integridad corporal, y en el lugar 11 en homicidio culposo.

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