octubre 17, 2026

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#4 Tiempos

Grandes escritores (y deudores) | Columna de Carlos López Medrano

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MEJOR DORMIR

 

Es posible detectar a aquellos escritores que están agobiados por las deudas en contraposición de los que tienen una existencia acomodada. Los primeros tienen un particular pulso creativo detrás. Una desesperación, una prisa ante el teclado que los lleva al descuido y a los lanzamientos impropios de su talento; aunque también, de cuando en cuando, a soltar chispazos de genio que no habrían llegado en condiciones de tranquilidad. «Cuanto menos dinero tengo tanto más ingenioso me vuelvo», dijo alguna vez Henry Miller, un especialista en apuros financieros. Su ingenio en 1943 debía ser bastante elevado: en aquel año ganó mil 400 dólares gracias a la literatura, mientras que sus deudas ascendían a 24 mil.

En una carta de 1934, en esos tiempos en los que daba tumbos por la vida (como los daría siempre), John Fante se congratulaba de haber recibido cuatro dólares (el equivalente unos cien de los actuales). Tras días de aflicción y derrota, al fin le llegaba un respiro. Tener los bolsillos vacíos minaba su confianza en sí mismo, como le confesó a su madre. Los billetes los habían alumbrado y borrado de golpe su tristeza. Aun así, había ocasiones que las penuria económica levantaba en él un peculiar regodeo. Veía en las dificultades un pago de peaje para entrar en la historia. Y claro, algo que contar en sus libros.

Dormir en una cuarto deslavado y comer mal era parte de la aventura. Como católico, quizá Fante sentía que debía cargar una cruz. Venía de la estirpe de Knut Hamsun, un artista del hambre, línea que continuaría Charles Bukowski que no gustaba de deudas, y que por lo mismo acababa en la austeridad más atronadora. Ante la falta de dinero y el afán de no deberle nada nadie, hubo días en los que su único alimento era un dulce macizo de mantequilla. Lo poco que tenía prefería gastarlo en alcohol.

Cómo reprocharles a escritores tan pasionales. Cómo pedirles sensatez o mesura. La gente que se administra bien es un poco reptil. Tienen sangre fría en las venas. Hay un tipo de artista que camina sobre la cuerda de la precariedad, pero incluso ahí, en vez de tomar precauciones, se avienta una maroma mientras pide botella de champagne. En plena refriega confía en que la fortuna favorecerá a los que, como él, tiran el corazón por delante sin medir consecuencias. Así les va…

Hay que aplaudir la honestidad. En un texto de Un hombre acabado (1913), Giovanni Papini se reconocía como deudor. Todos los hombres lo son de algún modo, consideraba, aunque no se refería específicamente a deudas monetarias, sino morales, intelectuales, de sentimientos. La distinción era, a su juicio, que muy pocos admitían sus deudas y que la mayoría se negaban a pagarlas. El cinismo reinaba en ellos. Había otros, los menos, que como él sufrían por lo que debían. Asumían el calvario y andaban con la angustia permanente. Eso le llevaría, como diría en otro texto del mismo libro, a realizar todos los oficios «antes de morir de hambre y de frío como un gato extraviado».

Robert Artl retrató a los deudores cínicos. O, si se quiere, a los que no saben cómo escapar de su condición y por tanto se tiran a ella, radicalizándola hasta la implosión. Así quedaba patente en un diálogo en el que el Rufián Melancólico, en tono provocativo, se lo echaba en cara al atribulado Erdosain, otro desesperado por el dinero, imputándole ser de la clase de gente que acumula deudas sobre deudas para olvidar la deuda primigenia.

Ese tipo de lecturas me recuerdan a los días de juventud que pasé en Monterrey. En el año que pasé allí me forjé un auténtico ent endimiento del dinero, gracias a un cuaderno maldito resguardado en la pequeña tienda escolar. Era un registro implacable, llevado por el dueño del establecimiento, de las deudas acumuladas por los infantes de primaria, cuyas almas se habían entregado sin remedio a los deleites del vicio: las frituras y el néctar efervescente de la coca cola.  Aquel que tenga la fortuna de cruzar la frontera de Nuevo León, sobre todo en compañía, llegará a empaparse de la relación especial que los habitantes de esa región tienen con el sentido del deber y la responsabilidad

y, así, inhalarán la atmósfera del compromiso, de la necesidad de tomar partido, de posicionarse decididamente, ya sea en un extremo u otro del espectro, sin vacilaciones ni medias tintas. Y en ese proceso, uno aprende a valorar los sentimientos de todas las partes involucradas, otorgándoles el peso y la importancia que merecen en este intrincado estadio de vanidades.

Quien más sabía sobre deudas era F. Scott Fitzgerald. Quizá el epítome en la materia. Acostumbrado a la fatuidad, vivía por encima de sus posibilidades para acariciar los planos que creía eran suyos, aquellos que correspondían a su talento, a sus sueños, a las mujeres de las que se rodeaba. Su carrera literaria comenzó con la confianza de quien sabe que pronto llegará ese campanazo que permitirá saldar los pendientes financieros, y no solo eso, que traerá holgura para la eternidad. Tal momento nunca llegó. Su gran apuesta, El Gran Gatsby (1925) tuvo una tibia recepción a nivel comercial. El título que pensaba le redituaría en manantiales de dinero, fue apenas un breve paliativo para encarar lo inmediato. Casi todo se le fue al instante por los rezagos que acumulaba. 

Fitzgerald ya nunca se recuperó, el traspié afectó su confianza en el porvenir y de a poco adquirió una perspectiva más sombría. Creyó que la estabilidad económica le llegaría en Hollywood, donde jamás deslumbró y en donde tampoco tuvo prosperidad. La salud se le trastocaba, mientras tanto, y falleció en medio de un estrés financiero que, haciendo cuentas, se había extendido por los últimos veinte años de su vida. Por algo la luz verde de Gatsby, ese sueño inalcanzable, tenía el color del dinero.

Las monedas importan, cómo negarlo. Es fácil hablar de espiritualismo con frutas en la nevera. Cuando te cortan la luz y los cobradores acosan al teléfono, se comprende la importancia de la bonanza material. Y se entiende por qué muchos escritores no serían lo que son sin las deudas. De cuántos libros y de cuántos poemas nos habríamos perdido sin ellas. Benditas sean, pero roguemos porque sean temporales para nuestros héroes (y para nosotros mismos). Dorothy Parker sellaba el debate en respuesta a una pregunta. ¿Cuál es la inspiración de textos?, le cuestionó alguien. «Need of money, dear». Olvídate de las motivaciones artísticas, estamos aquí por el dinero, diría Frank Zappa. Y Dorothy, otro talento con constantes agobios financieros que hizo malabares constantes para ser quien fue.

 

Contacto:
Correo electrónico: yomiss@gmail.com

Twitter: @Bigmaud

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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