Ciudad
Fue más o menos así: Una sonora, santa y primaveral semana | Crónica de Jorge Saldaña
Una semana de baile, detenciones, tenis, religiosidad, política… esta fue la Semana Santa en San Luis Potosí.
Es viernes y se arrancaron las trompetas en Sol mayor anunciando la marcha de los plantones sindicales de la Plaza de Armas, el gobierno está en Re… sostenido, y el que sepa tocar “Las Alazanas” en el brillante instrumento, sabrá que las trompetas se responden y que las lideresas de rojizo pelaje burocrático, Nina y Francisca, no se irían sin zapatear del primer cuadro de la ciudad, haciendo gala de un acuerdo temporal y breve como la melodía aludida.
Chiflido y grito y que revuelen las faldas, que pudo pasar la procesión y llevarse a cabo el casi medio centenar de eventos que tanto municipio como gobierno prepararon para festejar la Semana Santa y la Primavera de San Luis.
Ya es día nueve y para iniciar con los festejos: “Ay cómo rezumba y suena y Ay cómo rezumba y suena…”, pero entre el círculo rojo potosino, que Mónica Liliana tenía los días contados. Dicen que ella quería su cascabel, pero le darían una cinta morada.
Ojos de papel volando la inauguración del Festival San Luis en Primavera. Si las arpas están llenas de cuerdas, la plancha de Fundadores se llenó de gente, mismas que resonaron, gente y cuerdas, brillando en todos los tonos. Era el Mariachi Vargas y nada más, acompañado de Orquesta. El potosino Ángel de violín y voz que acompaña al conjunto tapatío, hizo lo propio para los paisanos.
“Huapango, Huapango de Moncayo”, solicitó jubiloso casi al final del concierto el jefe de relaciones públicas del alcalde Galindo y el mariachi… respondió “A todos diles que sí, pero no les digas cuando”. El remate del concierto inaugural no podría ser otro que La Acuarela Potosina, misma que no dejó silla ocupada. Los vecinos de diez estados se pararon al unísono a bailar.
Para no perder la nota, ni la periodística ni la musical, el domingo en Aranzazú Carlos Cuevas y Mayela Orozco entonaban “Te lo pido por favor”, igual que la movilización del Partido Verde que se adelantó por mucho a la de Morena que de plano trabajó “Despacito” y se quedó muy lejos de cumplir con los números que demandaba la consulta presidencial del esperado 10 de abril y es que cumplir al presidente “Más que amor es Frenesí”… que también entonó Mayela Orozco, porque si no pues “…olvídame después”.
Con las cuentas de 400 mil potosinos participantes, de 100 mil como piso esperados en el ejercicio. ¿We are the Champions? Sí, tributo a Queen en propuesta de Ópera Prima y Rock.
Aplausos (pero no al ritmo de “We Will Rock You”) se los ganó de pie Itati Cantoral que ejecutó en el Teatro de la Paz su papel de Susy Hendrix, la invidente que enfrenta un episodio policiaco-emocional que conquistó en poco más de dos horas a los potosinos y potosinas que salieron en catarsis.
Caminando por el Centro Histórico la emoción y la nueva iluminación de la Plaza del Carmen mojaba la cantera desde el Teatro hasta Fundadores, de Aranzazú a los patios del palacio. Se notaban las ganas de salir desde hace dos años, el ver las fuentes prendidas desde hace casi cuatro y los contraluces de un centro lleno de figuras en ir y venir se disfrutaban con el caluroso ambiente del que antoja una agua o una raspa.
Los zapatos cafés del alcalde se movieron al un, dos, tres-cuatro, del paso básico de la cumbia que se ve domina y a quien no se le conocían esos talentos. ¿O será que en la Habana sí lo conocen de “magnífico bailarín”?
Galindo el que saludaba en quepi, ya no se parece al que anuncia vuelta con la mano de su pareja, la señora Estela Arriaga, que no se queda atrás y responde ágil a los movimientos. La música lo contagia a él y a los presentes, es la Sonora Santanera a todo volumen, con todos sus músicos, con todo el escenario y con el público entregado a sus canciones.
Y los periodistas, lo saben… lo saben… Es martes y la detención de la ex candidata de Morena circula más rápido que Rulo Clown en su bicicleta más temprano.
Es un paso jurídico, un golpe mediático y un actuar político. Es las tres cosas, no hagamos malabares. Ya es semana santa y Morena niega tres veces a su ex candidata, ahora sí es priista, ahora sí es una “outsider” y se deja a su suerte. Barrabás libre, Mónica Liliana viaja a la Pila sin saber si llamó a Herodes o a Pilatos. ¿Se lavaría las manos Juan Manuel Carreras?
“Innocence por ti volaré”, fue interpretada por Filippa Giordano entre muchas otras ese martes acompañada por Fernando de la Mora y Chacho Gaitán. Se desconoce si desde Houston el ex mandatario Carreras la pudo tararear. El trío también ejecutó “No volveré”.
La cantante de origen italiano se dio tiempo hasta del “After” y en un restaurante cercano al Centro Histórico –dicen– hasta hubo “palomazo” y más música y voz de la cantante pero así, en privado. Ahí cantaron “100 años”.
Solo 27 le esperan a Mónica Liliana de ser encontrada culpable. Tendrá que ser vencida en juicio, en el que estará representada por el abogado de uno de los operadores más cercanos del Chapo Guzmán, al que agarró Enrique… fue a su equipo para felicitarlos tras esa velada.
Y llegó el conejo con su reloj haciendo fruncir el ceño de Alicia representada en la Plaza Pública que casi nunca es el País de las Maravillas.
Es jueves y Angélica Aragón hace un Réquiem para Jesús Resucitado. El viernes duerme el Rey y por eso hay que guardar silencio, del solemne, de las cofradías que salieron tras 730 días de reposar, y la tradición resucitó.
Mónica Liliana es atendida en el hospital y algunos como Tomás todavía no lo pueden creer, ¿Habría visitas hospital-carcelarias? Tan nadie lo duda como nadie lo asegura.
Viernes doloroso que se viste de guinda y golpe de tambor que resuena desde el rincón de piedra más pequeño y caprichoso del Carmen, hasta el último de los Arcos Ipiña. Solemnidad potosina y noche en calma.
Sábado de sol a plomo, sábado de futbol en Soledad donde se disputó la Copa Potosí. No es para menos, el premio fue de un millón de pesos. Dieron buen futbol y si se busca talento ahí hubo de sobra.
Sábado también de tenis, el mexicano en dobles se coronó con el triunfo acompañado de su pareja de Colombia. Aplausos el Depor, por fin hubo San Luis Open, regresó el Torneo Challenger.
En la calurosa tarde agradeció un poco de brisa refrescante y el aumento en la humedad.
Noche de querer ser un Microbito y andar haciendo alberca en ombliguitos nada más para sentirse Vivo. Deleite lo mismo para rucos, para chavos y para chavorrucos. Vinieron los originales, Huidobro, Leonardo, y Clavería, los acompañó, como desde hace años Jay de la Cueva en un extraño disfraz de Marco Antonio Solís que usa últimamente y recuerda que nadie es perfecto y tú lo verás.
Falleció Cándido Ochoa, amado, querido, temido y odiado, cada quién que escoja su sentir y que le vaya bien a cada uno con su cada cuál.
El revés potente fue fundamental en la maratónica final del torneo de tenis. Revés potente se llevó la propuesta de Reforma Eléctrica votada en San Lázaro más tarde en una sesión también muy extendida.
Domingo de resurrección, domingo de Luna Rosa, de fuegos artificiales, de Orquesta con música electrónica en Fundadores, Zapatos de Tacón en Soledad donde abarrotó Bronco.
Noche de lluvia de la mágica. Esperada, cadenciosa, sanadora y refrescante con la que cerró la Semana Santa e inició la de Pascua.
A trompeta, a luz, a tambor batiente, a grandes bandas y bandas grandes, a encierro, a juicio, a gente, a música, a deporte, a muerte y a resurrección.
Se contestan las trompetas. Hace dos años en silencio. Hoy brillantes de aliento y corazón.
Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte
Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina
«No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto.»
Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)
Por: Jorge Saldaña.
Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.
Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.
El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior- al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.
El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.
De los apodos a los apellidos
En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.
Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.
Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.
Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».
La cuadra como unidad onomástica
Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.
La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.
«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»
Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)
Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.
Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.
Las cuatro fechas bisagra
La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:
- 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
- 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
- 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
- 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.
Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.
La memoria popular como capa subterránea
Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.
Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.
Ayuntamiento de SLP
Senadora Verónica Rodríguez destaca avances en seguridad en San Luis Capital
La senadora por Acción Nacional reconoce que la mejora en la percepción ciudadana es resultado de la estrategia del alcalde Galindo y del trabajo policial
Por: Redacción
La senadora Verónica Rodríguez Hernández destacó los avances en seguridad en San Luis capital, luego de los resultados dados a conocer por el INEGI, los cuales reflejan una mejora en la percepción ciudadana y consolidan la estrategia encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos.
Tras la presentación de estas cifras, la legisladora subrayó que los resultados tienen sustento en la voz directa de la población: “La ciudad había pedido esto a gritos; hoy que tenemos un buen resultado, después de cinco años de gobernar del alcalde Enrique Galindo, lo agradecemos por que además sabemos que este trabajo va a continuar”, afirmó.
Rodríguez Hernández expresó su orgullo por los avances alcanzados y reconoció que la estrategia de seguridad municipal ha generado condiciones para que la ciudadanía perciba mayor tranquilidad en su entorno cotidiano.
Asimismo, la senadora resaltó el papel del cuerpo policial y de los distintos actores involucrados en la implementación de esta política pública, al señalar que el trabajo coordinado ha superado expectativas y ha fortalecido la confianza de la población en San Luis capital.
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Ayuntamiento de SLP
Gobierno Municipal de Enrique Galindo, segundo más eficaz del país: INEGI
El Alcalde Enrique Galindo Ceballos destacó que, según la ENSU del Inegi, el Gobierno de la Capital se posiciona como el segundo Ayuntamiento más eficiente entre capitales, primer lugar en alumbrado público, con mejoras en servicios, entorno urbano y paz social.
Por: Redacción
El Alcalde Enrique Galindo Ceballos informó que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU) del Inegi, el Gobierno Municipal de San Luis Capital se consolida como el segundo Ayuntamiento mejor evaluado del país en eficacia, gracias a la calidad de los servicios y condiciones de convivencia.
La capital potosina ocupa el segundo lugar en eficacia entre ciudades capitales, además de posicionarse en primer lugar en alumbrado público y en tercer lugar en el mantenimiento de parques, jardines y espacios públicos, indicadores que reflejan el impacto de las acciones municipales.
Galindo Ceballos señaló que la percepción de eficacia del gobierno creció 10.3 por ciento respecto al trimestre anterior, como resultado de las políticas públicas enfocadas en mejorar el entorno urbano y la calidad de vida.
Finalmente, el presidente municipal subrayó que estos resultados también se reflejan en la paz social, con una mejora en el orden urbano, evidenciada por la reducción en hechos de vandalismo e incivilidades, así como en la disminución del consumo de alcohol en vía pública, que alcanzó su nivel más bajo desde que se tiene registro.
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