octubre 30, 2026

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#Entrevista | Vender drogas al interior de la UASLP. ¿Dinero fácil?

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La Orquesta conversó con un exvendedor de drogas cuyo principal mercado se encontraba al interior de la máxima casa de estudios

Por: Redacción

La venta de drogas suele ser considerada como una medida alterna, pero desesperada, para conseguir dinero y salir de alguna situación extrema o, en este caso, para hacerse de unas cosas debido a los bajos salarios y la precaria situación laboral que existe en el país.

“El Tacos” es un potosino que decidió probar suerte en la venta de estas sustancias ilegales a la par que cursaba una licenciatura en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), en donde encontró su principal mercado. Este ex distribuidor narró a La Orquesta.mx que es un negocio riesgoso, pero en el que ganaba mucho más de lo que hoy recibe como profesionista: hasta 12 mil pesos a la semana.

La Orquesta: ¿Cómo empezaste a vender drogas?
El Tacos: De alguna manera, yo tenía compañeros, en este caso en la Universidad que alguna vez, al verme consumiendo me dijeron “eh güey, ¿dónde las consigues?” Y yo dije “no, pues yo voy y las compro en otro lado”. Me preguntaban “¿en cuánto te las dan?” Y yo la neta me inventé el precio y dije “a tanto” y el güey: “‘¿No me consigues?”. A un compa sí se las conseguí y le subí como 30 pesos nada más, era no más pura mota.

Ya para la siguiente me dijo “oye guey, sí pega” y así se fue haciendo como cadenita, así de poquito en poquito el negocio vendiendo pura marihuana ahí en la escuela. Y luego esta madre se expandió a otra clase de sustancias, porque en el trabajo donde estaba el vato de mi hermana los cuates consumían cristal y no eran de aquí, y a través de mi hermana decían “¿no sabes dónde conseguir?” Y a partir de ahí ya parecía pinche negocio familiar, pero ahí empezó a crecer esta madre ¿en qué sentido? Ya ves que el cristal es bien pinche adictivo y si tanto gramaje vale, por ejemplo 25, tú lo das a 75 y la gente te lo va a pagar por el punto de lo adictivo que llega a ser. Por ejemplo, al cristal se le llegó a aumentar un 100-125 por ciento y ahí empieza a crecer el negocio y es donde vienen esas partes extrañas donde estás haciendo algo ilegal y estás haciendo algo ilegal “x2” por el hecho de que estás revendiendo algo que le costó el trabajo a alguien más hacerlo y estás sacando más ganancia por eso.

LO: Entonces, ¿tú cómo tal no trabajabas como “dealer” sino revendedor?
ET: Así es.

LO: ¿Y no te daba miedo que te encontraran o algo?
ET: Pues sí, obviamente vas acá con el miedo porque, obvio, tú lo metes en tu mochila y no vás diciendo “lalala ¡traigo drogas!” No, vas caminando normal. Yo entraba a la universidad, traía el pinche producto ahí y creo que absolutamente nadie se daba cuenta, nadie se imagina que tú traes esas cosas metidas en tu mochila, pero obviamente si alguien se da cuenta, da el pitazo. Te va bien y solo te dicen: “Bájale cabrón” y te dan una amenaza. Te va medianamente bien, te dan una putiza, también te amenazan y a lo mejor ahora sí te ponen a trabajar para ellos por andar de pinche aventado. A la tercera no más te ponen una putiza que en tu vida se te va a olvidar, y a la cuarta si ya les caes mal, pues ya ahí terminas. Pero no era algo que me preocupara porque yo no ando vendiendo en la misma zona en la que la consigo, ¿no? Porque obviamente si la compras en la casa que hay aquí al lado y vienes y lo vendes en la calle de acá, se van a dar cuenta en chinga o puede que esta misma gente les dé los pitazos.

LO: ¿En qué zonas las comprabas y en qué zonas las vendías?
ET: La compraba en La Nueva, a veces allá en la Santa Fe, y otras veces delante en el Residencial del Bosque. ¿En qué zonas las vendía? Pues ya para el rumbo de Lomas Tercera, a la gente que sabía que yo la vendía ahí. Y por ejemplo otros estaban por la construcción allá en Tequis, allá estaban los cuates que consumían su cristal.

LO: ¿Cuánto tiempo te dedicaste a esto?
ET: Como 6 meses nada más. Si duré tiempo antes de que alguien fuera ahí a poner dedo. Además por obvias razones no es un trabajo en el que vayas a durar tiempo. Ahí puedes quedar para bien o para mal, lo ves a futuro y hasta acabas haciendo tu distribuidora de drogas aquí, pero eso ya es teniendo conectes y otras cosas. Eso ya requiere tiempo, esfuerzo y ganas por parte de la persona.

LO: ¿Tú no tenías conectes de ese nivel?
ET: No, no, no, esos ya están muy arriba. Es como esa gente que no tienes por qué conocer ni ellos tienen por qué conocerte. Obviamente si conoces de repente a los halconcillos que tienen, la misma gente de los puntos y esas cosas, pero ni siquiera los distribuidores.

LO: ¿Por qué entraste a esta forma de negocio?
ET: Porque es dinero fácil.

LO: ¿Cuánto ganabas quincenal o mensualmente?
ET: Nunca le metí de manera profesional, por así decirlo, pero me iban bien, en una buena semana sacaba unos 10 o 12 mil pesos, en una normal unos 3 o 5 mil pesos, pero para ser estudiante está rebien. Te ayuda un chingo esa lana, la neta es dinero con el que corres un chingo de peligro, pero es muy fácil de hacerlo. Obviamente en el trabajo que tengo ahorita no gano ni una ínfima parte que conseguías con esa madre.

LO: ¿Alguna vez estuviste a punto de que te cacharan? ¿Algún poli, algún otro dealer?
ET: No, nunca, porque como te digo, vas tú también con bajo perfil. No es como en las películas que vas con tus lentes obscuros, tu gorra y vas diciendo “mira, vendo drogas”. Tampoco estás en plena avenida y diciendo “Sí güey, tenlo”. Hay gente que lo hace así pero la neta son los más obvios y evidentes que hay en la vida, Aquí es más bien como “aquí está el negocio y vámonos, no pasó nada”. Creo que nunca hubo problema de que me cacharan de alguna manera. Si acaso en la universidad hubo más posibilidad de que se dieran cuenta.

LO: ¿Qué hiciste con el dinero que sacaste de este negocio?
ET: Pues muchas cosas, me compré un Xbox, por ejemplo, una pantalla en mi casa, me compré una computadora, salía con una chica por aquel entonces. Obviamente le compré juegos al Xbox. La mayor parte me lo gasté en estupideces y cosas muy pequeñas.

LO: ¿Hace cuánto tiempo vendías drogas? Ya cambiaron mucho los tiempos. Ahorita con lo del covid está difícil la situación. ¿Crees que aumentó la cantidad de gente que se dedica a esto?
ET: Como cuatro años ya. No creo que haya aumentado la cantidad de vendedores pero sí de gente que la consume. No es lo mismo que estés aburrido en tu casa sin hacer nada a que digas “a ver si me meto un ‘focazo’ a ver qué pedo” y a partir de ahí, de poquito en poquito empiezas a consumir estas sustancias y ya valió. Si aumentan los consumidores aumentan los precios. A lo mejor no la gente que lo vende porque es un negocio bien centralizado y no muchos se animan a andar revendiendo estas chingaderas porque te agarran y valiste madre, porque estás haciendo pendejo tanto al güey que la distribuye como al güey que la vende.

LO: Tu la vendías, pero, ¿también la consumías?
ET: Pues a veces. Básicamente era de que llegaba una cosa nueva y “a ver”. Hay cosas que pruebas y sería que en mi vida me volvería a meter, por ejemplo una línea de coca no me vuelvo a meter. Me la eché como a las 9 de la mañana, estuve como medio día de “no mames, tengo que hacer algo, no me puedo quedar parado” y sí te da un chingo de ansiedad. También alguna vez me metí cristal como si fuera cocaína y te causa el mismo efecto pero multiplicado por 5, neta es de que no duermes, no puedes porque no te cansas. También marihuana y ácidos.

LO: De estas que mencionas ¿cuál es la más barata y cuál la más cara?
ET: Depende de la misma calidad, hasta entre perros hay razas, puedes comprar cocaína diluida de a madre y no es lo mismo a que compres una chingona. Por ejemplo, un kilo de cocaína cuesta más de 100 mil pesos. Sonará estereotipado pero no es lo mismo una coca traída de Colombia a una que te haga un wey aquí en su casa o como en Breaking Bad que estén haciendo anfetaminas en su laboratorio privado. Te puedes comprar algo más discreto como un tostón de mota para un porrito en 50 pesos y aún así como todos los saben hasta entre marihuana hay distintos precios y calidades.

LO: ¿Cuál era la que más vendías?
ET: El cristal, es como lo que estuvo de moda y muchos lo agarraron. Y neta, es gente de aquí, vas a Salvador Nava y ves a los batos muriéndose por meterse esa madre hasta si vas a las Lomas con los niños bien también se andan metiendo esa clase de chingaderas.

LO: Dijiste que no te meterías cocaína, ¿por qué? ¿le tienes miedo a la adición?
ET: Sí, esas madres son muy adictivas y te pasa como a Ronaldinho, o como a Maradona, te metiste esa que le chingó la carrera amaradona y ya fuiste.

LO: ¿Cuál es tu droga favorita?
ET: La marihuana, pero tampoco es de que me la vaya a meter diario, así vaya a las quinientas, pero de repente meterse un buen toquecito no le hace daño a nadie. Te tranquiliza, te da una relajada.

LO: ¿Tú familia sabía que te dedicabas a vender drogas?
ET: Mi hermana sí. Además se veía así bien extraño que llegara y dijera “miren, me compré un Xbox” o “te traje una licuadora”. Yo creo que sí sospechaban, pero en ese tiempo ya tenía otro trabajo.

LO: ¿Volverías a vender drogas?
ET: Sí, porque es de que si quieres salir de un pedo sin estar pidiendo prestado es como de no pues honestamente, aunque estés vendiendo drogas, así estés vendiendo guayabas o lo que vendas estás ganando el dinero honestamente.

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Acento Ajeno

La alcancía sin fondo de Margarito | Columna de Haniel Valdés

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

Dice Shakira, “tiene nombre de persona buena, claramente no es como suena”. Nombre de flor, pero actuar de mala hierba. Mientras el Estado amplía las rutas gratuitas y de calidad, para los potosinos, las empresas que operan el otro, el caro y de pésima calidad, dicen que no les alcanza y necesitan duplicar el precio del pasaje.

Margarito Terán, representante del sector camionero, que nunca ha usado el transporte público para moverse, solo para llenar sus bolsillos, por eso no sabe el pésimo servicio que prestan, pide tarifa récord y dinero público sin explicar qué pasó con el aumento de este año ni con los camiones nuevos que el Estado ya entregó al sector.

En enero, Margarito Terán pidió subir el pasaje de 12.50 a 15 pesos. El Estado le autorizó 13.50. Nueve meses después vuelve con una cifra que ya no es petición sino ultimátum: 23 pesos por viaje, 2,797 millones del erario y la amenaza de que el sistema “va a colapsar por inercia”.

Veintitrés pesos son 70% más que la tarifa vigente y 53% más que los 15 que el propio Terán decía indispensables hace diez meses. Si 15 eran la salvación en enero, ¿qué cambió para que ahora cueste ocho pesos más?

Hay un dato que Terán omite. Ese mismo enero, el 12, el gobernador Ricardo Gallardo entregó 100 camiones nuevos con una inversión de 266 millones de pesos en financiamientos. Son 2.66 millones por unidad. Al ritmo de ese precio, renovar las 768 unidades de la iniciativa costaría unos 2,043 millones. Faltarían casi 750 millones para llegar a los 2,797 que piden. El resto cubriría déficits de operación, un margen de 15% de utilidad para los concesionarios y las pérdidas de la pandemia. Es decir: dinero público para garantizarles ganancia.

Tampoco está claro qué pasó con los camiones ya entregados. El Gobierno presumió 100 en enero; en octubre, la SCT habló ante el Congreso de “más de 70 unidades urbanas” renovadas. Nadie ha dicho cuántos circulan, en qué rutas ni quién paga el financiamiento. Antes de pedir más, habría que rendir cuentas de lo que ya se dio.

Yo, usuario del transporte público de la capital, debo ser un desafortunado, solo una vez subí a una unidad de las nuevas, al parecer las rutas 53, 21, 30, 27, 10 y 5, que son las que utilizo con frecuencia, no recibieron la dicha de contar con los nuevos camiones, porque he conocido autos clásicos más modernos que los camiones que suelen llevarme por la ciudad.

La flota vieja no es una sorpresa. Terán dice que 882 unidades

ya debieron salir de circulación. La Ley de Transporte Público no permite camiones de más de 10 años, y renovarlos es obligación de quien tiene la concesión, no del usuario. En 2015 el padrón registraba mil 174 unidades; hoy hay mil 203. Once años después, el parque casi no creció, y tampoco se renovó. Y en mayo, el propio Terán reconoció que de mil 200 unidades autorizadas solo circulaban unas 800.

Hay una concentración que pesa. Cuatro empresas controlan 36% del padrón y diez, 61%. El dinero público llegaría sobre todo a quienes ya tienen más peso. Una de ellas, Tangamanga, enfrenta una denuncia de Ciudadanos Observando por mantener suspendidas tres rutas de su concesión.

El diputado Héctor Serrano lo dijo claro: las concesiones “son potestad del Estado, no propiedad de los concesionarios”. Quien explota un bien público no puede presentarse a pedir rescate cuando el negocio le sale mal.

Terán tiene razón en algo: los costos de operar suben. Pero una industria que pide más tarifa, más subsidio y más tiempo, sin ofrecer metas, plazos ni auditoría, no pide apoyo: pide un cheque en blanco.

Los costos suben, pero el respeto a la vialidad, la buena educación y atención por los conductores de las unidades, la limpieza de las mismas y el respeto a sus horarios y paradas, disminuyen.

La SCT debería preocuparse más por velar que las unidades de transporte urbano cumplan con aquello por lo que reciben dinero público, ofrecer un transporte de calidad. Pero primero y más fácil, cerrarle la boca y pararle los pies a este señor que ya parece alcancía, solo pidiendo dinero para guardar y no para emplear en lo que se necesita. O mínimo, salir con urgencia a desmentir sus falacias y exigirle resultados.

Lo mínimo que el usuario merece antes de pagar un peso más es saber cuántos de los 100 camiones nuevos circulan, un plan de renovación con fechas, rutas que realmente operen y cuentas abiertas sobre qué se hizo con el aumento de este año. Sin eso, los 23 pesos no son un precio. Son una factura sin desglose.

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Funcionarios con aspiraciones para 2027 tendrán reunión personal con Gallardo

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Gallardo negó que medio gabinete quiera participar en el proceso electoral

Por: Redacción

El gobernador Ricardo Gallardo Cardona tendrá reuniones individuales con los integrantes de su gabinete que quieran participar en el proceso electoral de 2027. Dijo que ese tema lo verá con cada uno “en lo personal, no abierto en un gabinete”.

Lo anunció al salir de una reunión con su gabinete, en la que pidió ajustar el gasto de cierre de año. “Tendré una reunión posterior ya individual con los que yo sé que quieren participar en algún proceso”, dijo. A la pregunta de si se trata de medio gabinete, respondió: “No, no, no”.

Plazo: diciembre

El 15 de septiembre, Gallardo fijó diciembre como el límite para que los funcionarios que busquen una candidatura dejen el gobierno. Explicó que ese plazo coincide con el proceso interno del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y adelantó que podría haber “una o dos bajas”.

Dos semanas después, tras su Quinto Informe de Gobierno, dijo que haría uno o dos cambios en su gabinete y que serían “100% electorales”. En ese momento aseguró que ningún colaborador saldría todavía: “Va a esperar los tiempos”.

Las cartas del Verde

El 6 de octubre, el gobernador dijo que el Verde tiene una “baraja” de cuatro perfiles para la gubernatura, sin dar nombres: el presidente del partido, el secretario general de Gobierno, un alcalde de la zona metropolitana y un diputado federal. Ese mismo mes, J. Guadalupe Torres Sánchez, titular de la Secretaría General de Gobierno, se dijo listo si el partido lo llama.

“O trabajan o se van”

En su comparecencia ante el Congreso del Estado, el 19 de octubre, Torres Sánchez reconoció que algunos funcionarios de primer nivel aspiran a contender, aunque ninguno le había manifestado con claridad su intención de pedir licencia. Dijo que los tiempos legales para separarse del cargo aún no llegan.

En julio, el mismo secretario había advertido a quienes tuvieran aspiraciones: “O trabajan y se quedan o se van y participan”.

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SSPC atiende señalamientos de droga en escuelas de Ciudad Valles

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Jesús Juárez dijo que la SSPC mantiene vigilancia en escuelas y colonias por instrucción del gobernador

Por: Redacción

Jesús Juárez Hernández, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana del Estado, informó que la dependencia da seguimiento a los señalamientos de venta de droga en planteles de Ciudad Valles.

Explicó que la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del Estado (SSPC) tiene la instrucción del gobernador Ricardo Gallardo Cardona de “estar muy atentos” en el ámbito de las escuelas y las colonias para prevenir la venta de droga.

Juárez Hernández señaló que la SSPC ha detenido a personas cerca de escuelas, pero que ninguna detención deriva específicamente de venta de droga al interior de un plantel.

Sobre qué droga se vende más a los jóvenes, dijo que en general lo que la SSPC registra en el estado es la venta de marihuana, seguida del cristal.

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Opinión

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