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#Entrevista | La historia de una víctima de Eduardo Córdova, el sacerdote pederasta
“Esos eventos eran horribles, me causaban ira y asco, pero no encontraba cómo ponerles un alto, encima intenté convencerme de que eran una prueba de dios”
Por: Luis Moreno
La Orquesta empredió desde hace cuatro años una investigación sobre el caso de Eduardo Córdova Bautista, el sacerdote acusado de cometer abusos sexuales contra decenas de niños en San Luis Potosí, durante al menos tres décadas distintas. De ese trabajo resultó el libro Eduardo Córdova: Los pecados de una ciudad, el cual será presentado antes de que termine el 2022. En días anteriores, Córdova cumplió ocho años de ser un prófugo de la justicia, por lo que consideramos oportuno publicar varios adelantos del material final. Aquí, en exclusiva, el primero de ellos.
(Entrevista realizada el 3 de septiembre de 2018 en San Luis Potosí. Los nombres fueron cambiados para proteger la identidad de las víctimas).
La red de complicidad y poder que los sacerdotes pederastas tejen sobre su entorno, les provee del único elemento que garantiza la impunidad: el silencio. En casa de la familia de Mateo, una de las dos únicas personas que en el 2014 se atrevió a denunciar de manera penal a Eduardo Córdova, el silencio reinó durante mucho tiempo. El silencio fue dueño de Mateo durante los tres años que Córdova abusó de él (del 2000 al 2003). Durante más de una década, su familia enmudeció para decirle a las autoridades sobre el comportamiento del ex sacerdote.
La familia está dispuesta a que el silencio nunca más gobierne sus vidas. Su voz es la que generó que hoy Eduardo tenga una orden de aprehensión, sin embargo, el remordimiento, el coraje y la culpa, mantiene un hielo parcial en sus relaciones familiares.
«Aunque pasan muchos coches, hay horas en donde la casa es silenciosa», comentó Lucia, madre de Mateo, mientras yo aguardaba en su sala.
Mateo apareció, convalecía de una lesión en la pierna. Tiene cerca de 35 años, su amabilidad contrasta con lo rápido que uno percibe su deseo de pasar desapercibido, como una sombra que no rompe el orden.
Tras el protocolo para presentarnos, su madre percibió que la entrevista estaba por comenzar y se excusó: «los dejo, voy comprar algunas cosas». La casa quedó en silencio como lo pronosticó Lucía. Solo estábamos Mateo y yo. Él soltó una frase que sirvió como preludio para medir la dimensión de la historia que vendría: «A mí mamá todavía le cuesta mucho trabajo. Nunca hemos hablado abiertamente de esto. Somos una familia cerrada. Temas de sexualidad o íntimos no se hablan. Sobre el abuso, sé que a mi mamá le pesa, a mí también. Solo he sido completamente abierto en terapia y en ocasiones como esta entrevista».
Media hora antes, entrevisté por teléfono a Lucía, al concluir nuestra conversación ella me invitó a visitar su hogar para platicar con Mateo. Nunca antes nos habíamos visto, pero me trataron con familiaridad y confianza (como lo rescata la frase anterior de Mateo), como si pensaran que contarme su historia los acerca a estar mejor.
Pregunté a Mateo sobre su relación con la iglesia, y se describió como una persona que creció en valores católicos, pero los abusos a los que los sometió Eduardo Córdova lo hicieron dudar de su fe, pues nunca llegó la respuesta que le pedía a dios: «Fueron momentos muy fuertes en los que yo, con mi educación religiosa, oraba y pedía que eso acabara. Ocurría todo lo contrario, porque los abusos se incrementaron».
Mateo tenía 16 años en el 2000. Por entonces fue invitado a trabajar como ayudante de Eduardo Córdova. Aceptó. Sus labores eran variadas ya que iban desde ejercer como monaguillo, hasta atender cuestiones de intendencia.
Tres semanas después de su llegada, Córdova comenzó el despliegue del método para “preparar” a sus futuras víctimas:
«En la iglesia había varias secciones, una de ellas era la casa parroquial, ahí estaba el despacho del padre. Era un sitio apartado, tenía ventanas que daban a la calle pero siempre estaban cerradas, los vidrios eran rugosos y las cortinas gruesas.
»Yo trabajaba en unas impresiones que me habían pedido. Cuando casi terminaba, Eduardo se acercó desde atrás de mí, recargó mi cabeza en su hombro y empezó a decirme que me veía muy inquieto y disperso, decía que tenía que tranquilizarme. Tocaba mi frente, hombros y cabello. Me sentí muy incómodo, pero las palabras que utilizó me hicieron pensar que de algún modo intentaba ayudarme. Busqué un pretexto para cortar el momento, dije algo como “ah, ya salieron las hojas”. Córdova se fue y yo seguí en la oficina.
»Después de ese día algo se rompió. Comenzó a acercarse más: repetía lo de la cabeza en su hombro, me tocaba una y otra vez con el mismo discurso, “estás intranquilo, estás disperso… “. Luego noté que hacía lo mismo con otros compañeros. También tronaba el cuello y la espalda como quiropráctico. Algunos incluso lo buscaban para ello. Yo nunca tuve ganas acercarme así a él, no me gustaba».
Córdova atacaba el autoestima con insultos verbales, en los que resaltaba la indefensión, ignorancia e inutilidad del chico al que agredía, esto en contraparte a los acercamientos físicos que enmascaraba de ayuda terapéutica.
La experiencia que cambiaría la vida de Mateo llegó casi un año después de empezar a laborar en la parroquia de Nuestra Señora de la Anunciación: Eduardo Córdova tenía un viaje a la Ciudad de México para atender sus responsabilidades como apoderado legal de la iglesia potosina ante la Secretaría de Gobernación y la Arquidiócesis Primada de México. Lo invitó bajo el pretexto de que no le gustaba viajar solo.
«Acepté porque antes había ido a la ciudad con un amigo que me llevó a las plazas, a dar la vuelta, yo tenía esa idea sobre el DF. Los viajes con Córdova no eran nada parecidos a eso, se trataban de llegar al hotel e ir a la oficina del Arzobispado donde él tenía que ver sus asuntos, eran horas interminables.
»El trayecto del autobús de esa primera vez fue algo muy fuerte. Empezó con la línea de siempre “relaja tu mente, vas muy estresado, descansa”. Me tocaba la cabeza, hombros, estómago. Después comenzó a bajar. Para ese entonces los acercamientos eran muy usuales y yo los permitía porque trataba de buscarles un sentido espiritual.
»Córdova hablaba y hablaba, en cierto punto sentí su mano en mis genitales. Él seguía con lo de la mente en blanco, de relajarse, de no pensar en nada. Esta parte verbal servía para distraer. Estaba muy nervioso y asustado. No supe qué hacer, me quedé callado, pasmado, las piernas me temblaban y sudaban. El padre repetía una y otra vez que no enfocara energía en esa parte del cuerpo, decía que desaprovechamos fuerza por concentrarnos en los genitales. De golpe, él cortó el acercamiento, dijo que yo me quedara en el asiento y él se pasó al de atrás “para descansar mejor”.
»Llegamos a la ciudad, tomamos un taxi al hotel, nos cambiamos y fuimos a la oficina de la Arquidiócesis. Fue un día muy cansado, traté de entender por qué me había hecho eso. Yo pensaba que Eduardo Córdova no era una mala persona, que me quería ayudar. Busqué darle un sentido positivo a las cosas. Traté de no verlo como algo malo».
Mateo me narró que esa noche en hotel, Córdova rompió otra barrera en sus agresiones. Se quedó en ropa interior, sirvió un par de tragos de whisky derecho para “celebrar” lo que había pasado en el autobús. Brindó porque Mateo había dado “un gran paso”, ya que encontró el punto para dominar su mente y emociones.
El chico se negó a beber y Córdova insistió. Después de acabar con las bebidas:
«Se metió semi desnudo en mi cama. No intentó nada, solo estuvo ahí».
Eduardo y Mateo pasaron una noche más en la ciudad, durante la cual no volvió a haber insinuaciones ni tocamientos, incluso en el autobús de regreso a San Luis Potosí viajaron en asientos separados. Ese fue el primero de cinco viajes a los que el joven asistió.
Tras las primeras visita a la Ciudad de México, Córdova cambió su estrategia: disminuyó los tocamientos fuera de San Luis, a cambio comenzó a invitar a varios niños y jóvenes a dormir en la parroquia, sobre todo en las temporadas de mayor movimiento religioso (pascua, fiestas decembrinas, retiros juveniles…), con la justificación de comenzar temprano las actividades.
«La primera vez, me pidió quedarme en su cuarto. Mientras yo me bañaba, él entraba y salía. Después dijo que debíamos dormir sin ropa, ahí se empezó a acercar, me obligó a tocar sus genitales, él me tocaba a mí.
»Estos comportamientos se volvieron cada vez más frecuentes. Córdova buscaba motivos para que yo me quedara a dormir.
»Al principio solo era yo, después organizó eventos juveniles en donde algunos compañeros dábamos retiros y Eduardo nos invitaba a pasar la noche en la iglesia, unos en su cuarto y otros en la habitación que estaba al lado.
»Decía que lo que él hacía era enseñarme a controlar mi cuerpo: controlar mis erecciones, controlar las eyaculaciones, controlar la mente. Preguntaba si yo me masturbaba y comentaba que eso era desperdiciar mi vida, desperdiciar la semilla que dios me había dado. Insistía en que eso debería dejarlo para cuando tuviera una pareja».
La idea religiosa de que el padre Eduardo Córdova trataba de ayudarlo, hizo que Mateo soportara en silencio. «No sé cómo explicarlo, esos eventos eran horribles, me causaban nervios, estrés, ira y asco, no encontraba la forma de ponerle un alto, encima intenté convencerme de que me iban a servir para algo, que eran una prueba de dios».
Los depredadores sexuales suelen sofisticar sus métodos para conseguir nuevas víctimas y procuran ampliar los círculos de influencia sobre ellas. Una de las formas más censurables para esto consiste en utilizar a chicos que ya han violentado. Ese fue el caso de Mateo, quien invitó a José, uno de sus mejores amigos, a trabajar a la parroquia de El Paseo.
«José llegó a la iglesia cuando le pedí que me cubriera durante unos días en los que necesitaba faltar. Como él no tenía trabajo, aceptó. Córdova lo ofreció quedarse de planta en la iglesia. A él también lo invitó una vez a la Ciudad de México, cuando volvieron me contó que le había ocurrido algo muy parecido a lo mío. Él me abrió los ojos, hizo que viera que no estaba bien. Aun así, ambos seguimos».
Es difícil comprender por qué una víctima se queda al lado de su victimario, con Mateo la explicación reside en su religiosidad y el deseo de no afectar a su familia:
«Eran muy cercanos a la iglesia, tenían mucho respeto por Eduardo Córdova, incluso cariño, hacían cosas por él que tenían valor sentimental: le daban obsequios, hablaban bien de su persona, de verdad sentían aprecio. Yo no quería romper esa tela.
»Tardé mucho tiempo en entender que Córdova abusaba de mí. Las últimas veces que pasó me sentí impotente, en mi cabeza decía que tenía que dejar de pasar, no encontraba el valor de hacer algo.
»José fue el primero que decidió dejar la iglesia. Un día llegó muy contento a decirme “hoy es el día, ya no más”. Entró a la oficina del padre y renunció. Creo que había platicado algo con su familia. Él me decía que me saliera, no me presionaba, entendía que no era tan fácil».
Mateo optó por reducir al mínimo su contacto con el sacerdote sin abandonar su trabajo en la iglesia, fue hasta la última ocasión en que lo invitó a la Ciudad de México cuando por fin logró quebrantar el ciclo:
«El padre Córdova quería que lo acompañara a un viaje, yo me negué, así que él buscó a mi familia para que me convencieran. Acepté, fui a mi casa, tomé una mochila vacía. Corrí con José, él no estaba, su mamá me invitó a pasar. Sentados en su sala preguntó si quería esperarlo, ahí empecé a llorar y le conté todo. Fue la primera vez que hablé del tema con un adulto.
»José ya le había platicado lo que ocurría en la iglesia. Después llegó su hermana y entre las dos intentaron consolarme. Entró mi amigo y pasamos a su cuarto. Me dejaron quedarme. Yo no había avisado en mi casa, así que al día siguiente me fui. Cuando volví, mi mamá estaba llorando. Solo le dije que no quería regresar a la iglesia».
Mateo tuvo que volver una última vez a la iglesia. –Mi familia me ordenó ir a entregar las llaves que todavía tenía. No quería enfrentarme con Córdova. La familia de José me sugirió que lo interceptara cuando hubiera más personas. Me acerqué en una ocasión mientras el padre hablaba con un grupo de albañiles que construían un salón. Le entregué y me fui.
A la hermana de Mateo le pareció que detrás de la salida de su hermano yacía otra cosa. Después de algunas semanas de hacer su propia indagatoria entre los niños y jóvenes que trabajaban en la iglesia, estaba lista para confrontar las versiones:
«Ella me pidió hablar, sentí las piernas frías, sabía que algo venía. –Te voy a hacer dos preguntas y quiero que me las contestes con la verdad. Se rumora que el padre Córdova toca a los niños. ¿A ti te pasó eso? ¿Por eso dejaste la iglesia?. –Respondí que sí a las dos. Fue un shock, quería saber qué sabía, cómo se enteró».
Después de la revelación, la familia Mateo comenzó un proceso de casi una década para que Eduardo Córdova fuera sancionado, primero de forma directa con la iglesia y finalmente, en el 2014, con las autoridades judiciales.
La Orquesta: ¿Por qué interpusiste una denuncia penal 10 años después de lo ocurrido?
Mateo: En lo personal, no quería hacer nada, no sabía qué opciones tenía. Para mi familia fue difícil porque entendíamos el poder de Córdova, un poder religioso, jurídico y social, nos imponía mucho. Al decirle a mis papás, lo primero que buscaron fue ayudarme. Luego los vecinos comenzaron a reunirse y se acercaron al Arzobispado para exigirle que lo quitaran de su cargo y que se le atendiera clínicamente. Al no ver resultados creció el ruido. Después de todo ese tiempo José y yo presentamos la denuncia.
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Aunque dos personas han denunciado los abusos de Eduardo Córdova en la iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación, es probable que haya decenas de víctimas. Mateo al menos conoce de dos amigos más. –Estoy seguro porque lo hemos platicado. También apuntó que, gracias a la terapia y al tiempo, él y su familia han sanado parcialmente. Hoy es padre de familia y tiene una pareja que conoce la peor temporada de su vida. No obstante, Eduardo dejó en él una marca imposible de borrar, aunque no lo odia, –él no puede reintegrarse a la sociedad, pero sé que requiere de atención profesional. Antes de ir a terapia muchas veces pensé que me hubiera gustado que alguien hiciera el favor de matarlo. Ahora solo siento coraje, sé que aunque me vendió un discurso de que trataba de ayudarme, era muy consciente del abuso que cometía. Nunca hizo nada que me hiciera pensar que sentía un poco de culpa.
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Agenda del Poder Lunes 24 de agosto de 2026
Las de ocho
Pulso SLP: Militantes del PVEM revientan evento panista. Los aspirantes a la coordinación capitalina de Acción Nacional presentarían sus propuestas.
El Sol de San Luis: Información vulnerada en hackeo al Ayuntamiento de SLP era pública, asegura alcalde. Enrique Galindo señaló que los documentos extraídos incluían declaraciones patrimoniales, aunque en una versión más amplia.
El Heraldo SLP: Cosas de la Ciudad destaca el reconocimiento a bomberos y cuerpos de emergencia, semáforos ignorados en avenida Seminario, actividades socioeducativas de la SSPC y aseguramiento de una cría de caimán en tianguis.
Plano Informativo: Villa de Pozos se prepara para sus primeras competencias; proponen aumentar sanciones a funcionarios; listo operativo de seguridad para concierto.
La Orquesta.mx: Cobertura centrada en dinámica política local y seguimiento a temas de seguridad y poder en la entidad.
Temas del día
Hackeo al Ayuntamiento de San Luis Potosí
Galindo confirma que sí hubo intervención y se llevaron información en bloque (declaraciones patrimoniales en versión más amplia). Presentó denuncia federal. El “hacker” ya busca negociar. Reportado por Pulso, El Sol de San Luis, El Universal SLP, Antena San Luis y San Luis Hoy.
Relevo en Seduvop Gallardo explica que Leticia Vargas Tinajero dejó la dependencia por carga de trabajo “sobrehumana”. Jorge Grimaldo Limón asume. Cubierto por Pulso y medios locales.
Tensiones partidistas y 2027 Morena pone en duda alianza con PVEM para la gubernatura (sí podrían coaligarse en otros cargos). Militantes del Verde revientan evento panista. Federación pide invalidar reglas de alternancia a la gubernatura por afectar facultades del INE y normas antinepotismo. Reportado por Pulso, San Luis Hoy y Antena San Luis.
Rocha Moya / Sinaloa Congreso de Sinaloa aprueba por unanimidad segunda lic encia indefinida tras apenas 34 horas de regreso. Hoy nombra interino. Sheinbaum: “Es lo mejor para Sinaloa”, fue decisión personal y no afecta a la 4T. Destacado en San Luis Hoy, medios nacionales y locales.
Otros Regreso a clases pega al bolsillo. Aumentan hasta 300% precios de medicinas. Gobernador anuncia séptima visita de Sheinbaum a SLP en septiembre. Persecución en Villa de Reyes deja un detenido y un presunto delincuente abatido.
Columnas locales
La Bitácora: Analiza el proyecto hortícola de Santa Rita como “barril sin fondo”, con deudas que suben de 224 a 274 millones pese a ventas de tomate y pimiento. Posdata sobre crecimiento del robo de carga.
De Todos: Enfoque en maldades partidistas y demandas de justicia.
El Gato Filósofo: Señala que hay mucha auditoría y poca sanción en municipios; Interapas atrapado en conflicto político por la desincorporación de Soledad.
El Radar: “2033… La coartada perfecta”. La alternancia obligatoria puede esperar hasta 2033; la sucesión familiar, en cambio, avanza.
El Sótano: Ciber-piratas. El Ayuntamiento capitalino suma otro capítulo a la cadena de hackeos de agosto; filtración de 2.9 GB y más de 15 mil documentos con datos personales de servidores públicos.
La mañanera:
La presidenta Claudia Sheinbaum abordó la segunda licencia indefinida de Rubén Rocha Moya. Afirmó que es “lo mejor para Sinaloa”, que fue una decisión personal (como su regreso) y que la controversia no afecta al movimiento de la 4T. Confirmó que no ha hablado con él desde la primera licencia. La conferencia también presentó metas y avances de programas estratégicos de la semana.
También lee: Agenda del Poder Jueves 20 de agosto de 2026
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En SLP, 4 de cada 10 viviendas en rezago fueron construidas por sus propios habitantes
Uno de cada seis hogares en la entidad presenta algún tipo de rezago habitacional
Por: Carlos Ruíz
San Luis Potosí tiene 135 mil 358 viviendas en rezago habitacional, el 16.2% de su parque de 833 mil 815 viviendas, de acuerdo con el reporte más reciente de la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi). De esas viviendas, 44.3% son autoconstruidas — la tercera proporción más alta del país, solo detrás de Zacatecas (48.1%) y por delante de Durango (37.4%), y casi el doble del promedio nacional (23.9%).
El rezago habitacional no es, sobre todo, un problema de falta de vivienda: 89.4% de las viviendas afectadas ya son propias o se están terminando de pagar. Conavi define el rezago por materiales precarios en piso, techo o muros, ausencia de excusado, o hacinamiento (más de 2.5 personas por cuarto).
El fenómeno se concentra en los hogares de menor ingreso: 37.1% de las viviendas en rezago del estado corresponden al decil de ingreso más bajo y 19.1% al segundo — más de la mitad del rezago estatal está en los dos deciles más pobres.
Por edad, el rezago afecta más a personas de 30 a 59 años (34.4% de quienes viven en esta condición) y de 12 a 29 años (28.9%). En total, casi 493 mil potosinos — 17.1% de la población del estado — residen en una vivienda en rezago habitacional.
El término ha aparecido en anuncios oficiales de este año sin que se precisara su tamaño. El Instituto de Regularización y Vivienda Social (Inrevis) lo usó el 29 de junio, al evaluar un predio en Tampamolón para el programa “Tu Casa, Tu Apoyo”, y de nuevo el 2 de agosto, durante la Feria de la Vivienda. En el estado operan actualmente dos programas dirigidos al tema: Vivienda para el Bienestar, de la Comisión Nacional de Vivienda, con registro este año en cinco municipios, y Tu Casa Tu Apoyo, del Gobierno del Estado, que a mediados de agosto anunció la entrega de 5 mil lotes urbanizados adicionales para familias sin vivienda propia.
La medición de Conavi se actualiza con datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, que el INEGI levanta cada dos años.
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La minería potosina se sostiene en la fluorita, mientras el cobre cae 20 %
Mientras la minería nacional cayó 10.6 % anual, la fluorita potosina prácticamente se mantuvo estable
Por: Ana G Silva
San Luis Potosí se mantuvo como el principal productor de fluorita del país durante junio de 2026, al concentrar alrededor de dos terceras partes de la producción nacional de este mineral. Sin embargo, el comportamiento de la actividad minera en el estado no fue uniforme: mientras la fluorita y el zinc se mantuvieron prácticamente estables, la producción de cobre y plata registró caídas importantes.
De acuerdo con los datos de la Industria Minerometalúrgica del INEGI, San Luis Potosí produjo 46 mil 168 toneladas de fluorita, frente a las 68 mil 930 toneladas contabilizadas a nivel nacional, lo que significa que el estado aportó cerca del 67 por ciento de toda la producción del país . La cifra representó una disminución anual de apenas 0.5 por ciento, al comp ararse con las 46 mil 397 toneladas producidas en junio de 2025.
La estabilidad de la fluorita contrasta con el comportamiento de otros minerales producidos en territorio potosino.
En el caso del cobre, San Luis Potosí pasó de 2 mil 561 toneladas en junio de 2025 a 2 mil 47 toneladas en el mismo mes de 2026, una reducción anual de 20.1 por ciento, una de las caídas más pronunciadas entre los minerales reportados para la entidad.
También disminuyó la producción de plata, que pasó de 13 mil 686 a 12 mil 377 kilogramos, una baja de 9.6 por ciento. El comportamiento potosino se dio en un contexto nacional en el que la producción de plata cayó 8.9 por ciento, aunque entidades como Chihuahua y Sonora registraron incrementos.
El único mineral con crecimiento entre los principales productos reportados para San Luis Potosí fue el zinc, aunque el aumento fue marginal: pasó de mil 595 a mil 609 toneladas, equivalente a un incremento de 0.9 por ciento. Esto ocurrió mientras la producción nacional de zinc cayó 21.4 por ciento y Zacatecas, principal productor del país, registró una disminución de 38.8 por ciento.
Así, la fotografía minera de San Luis Potosí durante junio muestra dos escenarios distintos: por un lado, el estado conserva una posición dominante en la producción de fluorita y mantiene prácticamente sin cambios su volumen; por otro, enfrenta descensos en minerales como el cobre y la plata.
A nivel nacional, la producción minerometalúrgica disminuyó 8.6 por ciento mensual y 10.6 por ciento anual durante junio de 2026, de acuerdo con cifras desestacionalizadas del INEGI. Entre los minerales cuya producción disminuyó se encuentran el zinc, plomo, oro, azufre, plata, carbón no coquizable y yeso; mientras que el cobre y los pellets de fierro registraron incrementos.
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