abril 25, 2026

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#Entrevista | La historia de una víctima de Eduardo Córdova, el sacerdote pederasta

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“Esos eventos eran horribles, me causaban ira y asco, pero no encontraba cómo ponerles un alto, encima intenté convencerme de que eran una prueba de dios”

Por: Luis Moreno 

La Orquesta empredió desde hace cuatro años una investigación sobre el caso de Eduardo Córdova Bautista, el sacerdote acusado de cometer abusos sexuales contra decenas de niños en San Luis Potosí, durante al menos tres décadas distintas. De ese trabajo resultó el libro Eduardo Córdova: Los pecados de una ciudad, el cual será presentado antes de que termine el 2022. En días anteriores, Córdova cumplió ocho años de ser un prófugo de la justicia, por lo que consideramos oportuno publicar varios adelantos del material final. Aquí, en exclusiva, el primero de ellos.

 

(Entrevista realizada el 3 de septiembre de 2018 en San Luis Potosí. Los nombres fueron cambiados para proteger la identidad de las víctimas).

La red de complicidad y poder que los sacerdotes pederastas tejen sobre su entorno, les provee del único elemento que garantiza la impunidad: el silencio. En casa de la familia de Mateo, una de las dos únicas personas que en el 2014 se atrevió a denunciar de manera penal a Eduardo Córdova, el silencio reinó durante mucho tiempo. El silencio fue dueño de Mateo durante los tres años que Córdova abusó de él (del 2000 al 2003). Durante más de una década, su familia enmudeció para decirle a las autoridades sobre el comportamiento del ex sacerdote.

La familia está dispuesta a que el silencio nunca más gobierne sus vidas. Su voz es la que generó que hoy Eduardo tenga una orden de aprehensión, sin embargo, el remordimiento, el coraje y la culpa, mantiene un hielo parcial en sus relaciones familiares.

«Aunque pasan muchos coches, hay horas en donde la casa es silenciosa», comentó Lucia, madre de Mateo, mientras yo aguardaba en su sala.

Mateo apareció, convalecía de una lesión en la pierna. Tiene cerca de 35 años, su amabilidad contrasta con lo rápido que uno percibe su deseo de pasar desapercibido, como una sombra que no rompe el orden.

Tras el protocolo para presentarnos, su madre percibió que la entrevista estaba por comenzar y se excusó: «los dejo, voy comprar algunas cosas». La casa quedó en silencio como lo pronosticó Lucía. Solo estábamos Mateo y yo. Él soltó una frase que sirvió como preludio para medir la dimensión de la historia que vendría: «A mí mamá todavía le cuesta mucho trabajo. Nunca hemos hablado abiertamente de esto. Somos una familia cerrada. Temas de sexualidad o íntimos no se hablan. Sobre el abuso, sé que a mi mamá le pesa, a mí también. Solo he sido completamente abierto en terapia y en ocasiones como esta entrevista».

Media hora antes, entrevisté por teléfono a Lucía, al concluir nuestra conversación ella me invitó a visitar su hogar para platicar con Mateo. Nunca antes nos habíamos visto, pero me trataron con familiaridad y confianza (como lo rescata la frase anterior de Mateo), como si pensaran que contarme su historia los acerca a estar mejor.

Pregunté a Mateo sobre su relación con la iglesia, y se describió como una persona que creció en valores católicos, pero los abusos a los que los sometió Eduardo Córdova lo hicieron dudar de su fe, pues nunca llegó la respuesta que le pedía a dios: «Fueron momentos muy fuertes en los que yo, con mi educación religiosa, oraba y pedía que eso acabara. Ocurría todo lo contrario, porque los abusos se incrementaron».

Mateo tenía 16 años en el 2000. Por entonces fue invitado a trabajar como ayudante de Eduardo Córdova. Aceptó. Sus labores eran variadas ya que iban desde ejercer como monaguillo, hasta atender cuestiones de intendencia.

Tres semanas después de su llegada, Córdova comenzó el despliegue del método para “preparar” a sus futuras víctimas:

«En la iglesia había varias secciones, una de ellas era la casa parroquial, ahí estaba el despacho del padre. Era un sitio apartado, tenía ventanas que daban a la calle pero siempre estaban cerradas, los vidrios eran rugosos y las cortinas gruesas.

»Yo trabajaba en unas impresiones que me habían pedido. Cuando casi terminaba, Eduardo se acercó desde atrás de mí, recargó mi cabeza en su hombro y empezó a decirme que me veía muy inquieto y disperso, decía que tenía que tranquilizarme. Tocaba mi frente, hombros y cabello. Me sentí muy incómodo, pero las palabras que utilizó me hicieron pensar que de algún modo intentaba ayudarme. Busqué un pretexto para cortar el momento, dije algo como “ah, ya salieron las hojas”. Córdova se fue y yo seguí en la oficina.

»Después de ese día algo se rompió. Comenzó a acercarse más: repetía lo de la cabeza en su hombro, me tocaba una y otra vez con el mismo discurso, “estás intranquilo, estás disperso… “. Luego noté que hacía lo mismo con otros compañeros. También tronaba el cuello y la espalda como quiropráctico. Algunos incluso lo buscaban para ello. Yo nunca tuve ganas acercarme así a él, no me gustaba».

Córdova atacaba el autoestima con insultos verbales, en los que resaltaba la indefensión, ignorancia e inutilidad del chico al que agredía, esto en contraparte a los acercamientos físicos que enmascaraba de ayuda terapéutica.

La experiencia que cambiaría la vida de Mateo llegó casi un año después de empezar a laborar en la parroquia de Nuestra Señora de la Anunciación: Eduardo Córdova tenía un viaje a la Ciudad de México para atender sus responsabilidades como apoderado legal de la iglesia potosina ante la Secretaría de Gobernación y la Arquidiócesis Primada de México. Lo invitó bajo el pretexto de que no le gustaba viajar solo.

«Acepté porque antes había ido a la ciudad con un amigo que me llevó a las plazas, a dar la vuelta, yo tenía esa idea sobre el DF. Los viajes con Córdova no eran nada parecidos a eso, se trataban de llegar al hotel e ir a la oficina del Arzobispado donde él tenía que ver sus asuntos, eran horas interminables.

»El trayecto del autobús de esa primera vez fue algo muy fuerte. Empezó con la línea de siempre “relaja tu mente, vas muy estresado, descansa”. Me tocaba la cabeza, hombros, estómago. Después comenzó a bajar. Para ese entonces los acercamientos eran muy usuales y yo los permitía porque trataba de buscarles un sentido espiritual.

»Córdova hablaba y hablaba, en cierto punto sentí su mano en mis genitales. Él seguía con lo de la mente en blanco, de relajarse, de no pensar en nada. Esta parte verbal servía para distraer. Estaba muy nervioso y asustado. No supe qué hacer, me quedé callado, pasmado, las piernas me temblaban y sudaban. El padre repetía una y otra vez que no enfocara energía en esa parte del cuerpo, decía que desaprovechamos fuerza por concentrarnos en los genitales. De golpe, él cortó el acercamiento, dijo que yo me quedara en el asiento y él se pasó al de atrás “para descansar mejor”.

»Llegamos a la ciudad, tomamos un taxi al hotel, nos cambiamos y fuimos a la oficina de la Arquidiócesis. Fue un día muy cansado, traté de entender por qué me había hecho eso. Yo pensaba que Eduardo Córdova no era una mala persona, que me quería ayudar. Busqué darle un sentido positivo a las cosas. Traté de no verlo como algo malo».

Mateo me narró que esa noche en hotel, Córdova rompió otra barrera en sus agresiones. Se quedó en ropa interior, sirvió un par de tragos de whisky derecho para “celebrar” lo que había pasado en el autobús. Brindó porque Mateo había dado “un gran paso”, ya que encontró el punto para dominar su mente y emociones.

El chico se negó a beber y Córdova insistió. Después de acabar con las bebidas:

«Se metió semi desnudo en mi cama. No intentó nada, solo estuvo ahí».

Eduardo y Mateo pasaron una noche más en la ciudad, durante la cual no volvió a haber insinuaciones ni tocamientos, incluso en el autobús de regreso a San Luis Potosí viajaron en asientos separados. Ese fue el primero de cinco viajes a los que el joven asistió.

Tras las primeras visita a la Ciudad de México, Córdova cambió su estrategia: disminuyó los tocamientos fuera de San Luis, a cambio comenzó a invitar a varios niños y jóvenes a dormir en la parroquia, sobre todo en las temporadas de mayor movimiento religioso (pascua, fiestas decembrinas, retiros juveniles…),  con la justificación de comenzar temprano las actividades.

«La primera vez, me pidió quedarme en su cuarto. Mientras yo me bañaba, él entraba y salía. Después dijo que debíamos dormir sin ropa, ahí se empezó a acercar, me obligó a tocar sus genitales, él me tocaba a mí.

»Estos comportamientos se volvieron cada vez más frecuentes. Córdova buscaba motivos para que yo me quedara a dormir.

»Al principio solo era yo, después organizó eventos juveniles en donde algunos compañeros dábamos retiros y Eduardo nos invitaba a pasar la noche en la iglesia, unos en su cuarto y otros en la habitación que estaba al lado.

»Decía que lo que él hacía era enseñarme a controlar mi cuerpo: controlar mis erecciones, controlar las eyaculaciones, controlar la mente. Preguntaba si yo me masturbaba y comentaba que eso era desperdiciar mi vida, desperdiciar la semilla que dios me había dado. Insistía en que eso debería dejarlo para cuando tuviera una pareja».

La idea religiosa de que el padre Eduardo Córdova trataba de ayudarlo, hizo que Mateo soportara en silencio. «No sé cómo explicarlo, esos eventos eran horribles, me causaban nervios, estrés, ira y asco, no encontraba la forma de ponerle un alto, encima intenté convencerme de que me iban a servir para algo, que eran una prueba de dios».

Los depredadores sexuales suelen sofisticar sus métodos para conseguir nuevas víctimas y procuran ampliar los círculos de influencia sobre ellas. Una de las formas más censurables para esto consiste en utilizar a chicos que ya han violentado. Ese fue el caso de Mateo, quien invitó a José, uno de sus mejores amigos, a trabajar a la parroquia de El Paseo.

«José llegó a la iglesia cuando le pedí que me cubriera durante unos días en los que necesitaba faltar. Como él no tenía trabajo, aceptó. Córdova lo ofreció quedarse de planta en la iglesia. A él también lo invitó una vez a la Ciudad de México, cuando volvieron me contó que le había ocurrido algo muy parecido a lo mío. Él me abrió los ojos, hizo que viera que no estaba bien. Aun así, ambos seguimos».

Es difícil comprender por qué una víctima se queda al lado de su victimario, con Mateo la explicación reside en su religiosidad y el deseo de no afectar a su familia:

«Eran muy cercanos a la iglesia, tenían mucho respeto por Eduardo Córdova, incluso cariño, hacían cosas por él que tenían valor sentimental: le daban obsequios, hablaban bien de su persona, de verdad sentían aprecio. Yo no quería romper esa tela.

»Tardé mucho tiempo en entender que Córdova abusaba de mí. Las últimas veces que pasó me sentí impotente, en mi cabeza decía que tenía que dejar de pasar, no encontraba el valor de hacer algo.

»José fue el primero que decidió dejar la iglesia. Un día llegó muy contento a decirme “hoy es el día, ya no más”. Entró a la oficina del padre y renunció. Creo que había platicado algo con su familia. Él me decía que me saliera, no me presionaba, entendía que no era tan fácil».

Mateo optó por reducir al mínimo su contacto con el sacerdote sin abandonar su trabajo en la iglesia, fue hasta la última ocasión en que lo invitó a la Ciudad de México cuando por fin logró quebrantar el ciclo:

«El padre Córdova quería que lo acompañara a un viaje, yo me negué, así que él buscó a mi familia para que me convencieran. Acepté, fui a mi casa, tomé una mochila vacía. Corrí con José, él no estaba, su mamá me invitó a pasar. Sentados en su sala preguntó si quería esperarlo, ahí empecé a llorar y le conté todo. Fue la primera vez que hablé del tema con un adulto.

»José ya le había platicado lo que ocurría en la iglesia. Después llegó su hermana y entre las dos intentaron consolarme. Entró mi amigo y pasamos a su cuarto. Me dejaron quedarme. Yo no había avisado en mi casa, así que al día siguiente me fui. Cuando volví, mi mamá estaba llorando. Solo le dije que no quería regresar a la iglesia».

Mateo tuvo que volver una última vez a la iglesia. –Mi familia me ordenó ir a entregar las llaves que todavía tenía. No quería enfrentarme con Córdova. La familia de José me sugirió que lo interceptara cuando hubiera más personas. Me acerqué en una ocasión mientras el padre hablaba con un grupo de albañiles que construían un salón. Le entregué y me fui.

A la hermana de Mateo le pareció que detrás de la salida de su hermano yacía otra cosa. Después de algunas semanas de hacer su propia indagatoria entre los niños y jóvenes que trabajaban en la iglesia, estaba lista para confrontar las versiones:

«Ella me pidió hablar, sentí las piernas frías, sabía que algo venía. –Te voy a hacer dos preguntas y quiero que me las contestes con la verdad. Se rumora que el padre Córdova toca a los niños. ¿A ti te pasó eso? ¿Por eso dejaste la iglesia?. –Respondí que sí a las dos. Fue un shock, quería saber qué sabía, cómo se enteró». 

Después de la revelación, la familia Mateo comenzó un proceso de casi una década para que Eduardo Córdova fuera sancionado, primero de forma directa con la iglesia y finalmente, en el 2014, con las autoridades judiciales.

 

La Orquesta: ¿Por qué interpusiste una denuncia penal 10 años después de lo ocurrido?

Mateo: En lo personal, no quería hacer nada, no sabía qué opciones tenía. Para mi familia fue difícil porque entendíamos el poder de Córdova, un poder religioso, jurídico y social, nos imponía mucho. Al decirle a mis papás, lo primero que buscaron fue ayudarme. Luego los vecinos comenzaron a reunirse y se acercaron al Arzobispado para exigirle que lo quitaran de su cargo y que se le atendiera clínicamente. Al no ver resultados creció el ruido. Después de todo ese tiempo José y yo presentamos la denuncia.

 

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Aunque dos personas han denunciado los abusos de Eduardo Córdova en la iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación, es probable que haya decenas de víctimas. Mateo al menos conoce de dos amigos más. –Estoy seguro porque lo hemos platicado. También apuntó que, gracias a la terapia y al tiempo, él y su familia han sanado parcialmente. Hoy es padre de familia y tiene una pareja que conoce la peor temporada de su vida. No obstante, Eduardo dejó en él una marca imposible de borrar, aunque no lo odia, ­–él no puede reintegrarse a la sociedad, pero sé que requiere de atención profesional. Antes de ir a terapia muchas veces pensé que me hubiera gustado que alguien hiciera el favor de matarlo. Ahora solo siento coraje, sé que aunque me vendió un discurso de que trataba de ayudarme, era muy consciente del abuso que cometía. Nunca hizo nada que me hiciera pensar que sentía un poco de culpa.

 

Ciudad

Incendio en la Zona Industrial activa alerta por contaminación

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El investigador Fernando Díaz Barriga indicó que las autoridades no han precisado materiales en combustión y podrían liberarse partículas, gases y hollín

Por: Ana G Silva

El incendio registrado en la Industria Vidriera del Potosí, ubicada en el eje 132 de la Zona Industrial de San Luis Potosí, generó preocupación por sus posibles efectos en la calidad del aire, en medio de la falta de claridad sobre los materiales que se encuentran en combustión.

Fernando Díaz Barriga, investigador de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), advirtió que esta omisión complica la evaluación del riesgo ambiental y sanitario.

De acuerdo con el especialista, aunque se ha mencionado que el incendio involucra tarimas, no se ha especificado si son de madera o plástico, lo que representa una diferencia clave en los contaminantes generados.

“Si son de plástico, los tóxicos serían inmediatos: partículas pequeñas, gases y hollín”, explicó.

Díaz Barriga señaló que la afectación en la calidad del aire dependerá directamente de la cantidad de material que continúe en combustión, por lo que no es posible determinar con precisión cuánto tiempo persistirá la contaminación.

El investigador recomendó extremar precauciones, especialmente en zonas cercanas como el fraccionamiento Los Lagos y en las inmediaciones del municipio de Villa de Pozos.

Entre las principales medidas destacan:

  • Cerrar puertas y ventanas
  • Evitar la exposición al humo
  • Proteger a personas con enfermedades respiratorias o cardíacas
  • Mantener resguardados a niñas y niños

Por su parte, la Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental (Segam) emitió recomendaciones preventivas para reducir riesgos a la salud:

  • Reducir actividades al aire libre
  • Usar cubrebocas si es necesario salir
  • Evitar generar humo en interiores
  • Resguardar a población vulnerable

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Disculpe: ¿El 2027 para dónde queda? | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

Por: Jorge Saldaña

Culto Público, hijos de mi GPS descompuesto:

Dicen que en las carreteras mexicanas hay tres peligros seguros: los baches, los tráileres y los que manejan con la confianza idiota del que jura que conoce el camino aunque vaya con los ojos medio cerrados. La sucesión de 2027 en San Luis Potosí, por ahora, es las tres cosas juntas.

Así que hoy les propongo un recorrido. No de esos que terminan en el mar con playlist y termo de café, sino de los otros: los que arrancan con tanque lleno, sonrisa de campaña y mapa nuevo, y a la primera caseta ya traen al copiloto discutiendo, al chofer acelerado y al motor oliendo a lumbre.

Abróchense. Aquí nadie viene manejando despacio.

Diciembre de 2025: el primer aviso

Hace meses, un hombre curtido en eso de leer la política como otros leen el pronóstico del tiempo, me soltó una pregunta que no parecía pregunta:
“¿Conoces a alguna mujer gobernadora en San Luis?
La dejé apuntada. Y como pasa con las frases que vienen cargadas, no tardó en encontrar su momento.

Porque desde ese edificio con forma de urna —donde a veces confunden la paridad con la carpintería electoral— salió la idea de que en 2027 solo las mujeres pudieran competir por la gubernatura. Así, con moño institucional y discurso solemne. Muy democrático todo, salvo por el pequeño detalle de excluir a medio padrón.

Le pusieron varios nombres: “Ley Esposa”, “Ley Ruth”, “Ley de Paridad”. El único que nunca le quedó fue el de consenso.

Y entonces habló Claudia Sheinbaum. No gritó. No manoteó. No hacía falta. Desde la mañanera dejó una frase que cayó en San Luis como cuchillo bien afilado:
paridad sí, imposición no.

Traducido al potosino: no me anden vistiendo de justicia lo que huele a sucesión con dedicatoria.

Gallardo vetó la iniciativa. Dijo que era inconstitucional. Y sí: dejar fuera al cincuenta por ciento de la población no es una política de igualdad; es organizar una carrera con la mitad de los corredores amarrados a la silla. Mal haría en no vetarla. Peor habría sido defenderla.

Febrero de 2026: cuando el copiloto quiso manejar

Luego vino Manuel Velasco, con esa manera tan suya de parecer espontáneo cuando todo trae cálculo, y le levantó la mano a Ruth González Silva. Señal de triunfo, de destape, de “ya está planchado”. Faltó nada más un detalle: que la aludida anduviera en ese mood.

La maniobra no gustó. No gustó en el gallardismo, no gustó en la propia Ruth y, según se alcanzó a ver entre líneas, tampoco gustó en Palacio Nacional. Porque una cosa es tener tiempos y otra muy distinta es que te los quieran soplar desde otro yate.

El Verde tiene músculo, tiene territorio y tiene una disciplina que ya quisieran varios partidos que presumen estructura y a la mera hora no juntan ni para el templete. Pero también tiene una verdad incómoda: en política no solo importa llegar, importa saber cuándo y con quién te ven llegar.

Marzo: promesas, portazos y cálculo

Marzo entró caliente. Como entra siempre San Luis cuando el aire ya trae polvo, rumor y tantita pólvora.

Alito Moreno colgó a Enrique Galindo el título de “Defensor de la Nación”, que políticamente sirve para dos cosas: para entusiasmar a los propios y para poner nerviosos a los aliados. El PAN, por ejemplo, no se veía precisamente feliz. Allá siguen con la idea de ir solos, como si la épica alcanzara para suplir los votos. Estrategia respetable. También suicida, pero respetable.

Mientras tanto, Rita Ozalia empezó a moverse con mayor claridad en Morena. Más disciplina con el centro, más mensaje de autonomía respecto al Verde, al menos en el discurso. Porque en política el “por ahora” dura lo mismo que duran los buenos propósitos en enero.

¿Y Morena? Morena en San Luis parece saber a dónde quiere llegar, pero todavía no decide con quién se sube al carro. Tiene brújula, pero le falta chofer

. Y en una elección así, eso no es detalle menor.

Por si fuera poco, la reforma electoral que venía en versión grande terminó encogida. Del Plan A quedó poco. Del B, menos. Y entre los daños colaterales se fue una pieza clave: no habrá revocación de mandato en 2027. Es decir, Claudia no estará en la boleta. Y eso cambia cálculos, nervios, alianzas y fantasías.

Abril: la carretera se pone seria

Abril ya nos dejó claro que esta ruta no viene pavimentada.

Primero, el episodio de Zumaya en la Huasteca: evento disfrazado de reunión social, acarreo de fondo y, cuando vino el señalamiento, la vieja táctica nacional de victimizarse. Clásico del repertorio: te cachan operando y tú acusas persecución. Nada nuevo bajo este sol.

Después vino el mensaje fuerte del Verde: hay estructura, hay perfiles y la alianza no es automática. O dicho sin crema: si quieren acuerdo, no va a ser por default.

En paralelo, Ruth dijo que no ha decidido. Y hace bien. En política, a veces el que más gana es el que menos se mueve… o el que mejor administra la incertidumbre.

Pero donde sí hubo nitidez fue en Morena. Citlalli Hernández dejó claro que en San Luis no ven con buenos ojos la postulación de la esposa del gobernador. Sin rodeos. Sin moñito. Sin la cortesía hipócrita del “todo se puede platicar”. No en eso.

Si uno junta las piezas, el recado lleva rato llegando con distintos remitentes y la misma redacción: así no. Lo dijo Sheinbaum. Lo repitieron liderazgos nacionales. Lo sostiene la dirigencia local. Y ahora quedó otra vez sobre la mesa.

La pregunta ya no es si el mensaje llegó. La pregunta es si en Palacio de Cantera lo leyeron… o si solo lo doblaron para usarlo de abanico.

Del otro lado, Galindo ya dejó ver que quiere jugar. Sabe que, si va, no será con la carretera despejada sino con topes, zanjas y más de uno queriéndole cerrar el paso. Pero también sabe algo que en política pesa: a veces el agraviado crece.

El PAN lo quiere, sí, pero sin PRI. Como quien te invita a la boda y te aclara desde la puerta que tu compadre no entra. ¿Y el PRI? El PRI anda cerca del Verde, cerca de Alito y lejos de sí mismo. Que ya también es una forma de extravío.

Así está el camino al 27: el Verde acelera, Morena mide, la oposición condiciona y el reloj hace lo único que sabe hacer: no esperar.

Apenas vamos en el primer tramo. Pero en esta carretera, el que parpadea se pierde. Así que, Culto Público, parece que estamos al día, pero no. Estamos en el día antes del mañana y en el mañana todo puede suceder. Estaremos, fecha a fecha, declaración por declaración y movimiento por (bis) marcando la batuta de la ruta electoral 2027.

Hasta la próxima.
Yo soy Jorge Saldaña.

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Ciudad

De paso seguro a estacionamiento: denuncian invasión de autos en Las Vías

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La invasión del espacio afecta directamente a peatones, corredores, ciclistas y personas que pasean con mascotas

Por: Ana G Silva

Lo que fue concebido como un espacio seguro para caminar, correr o pasear, hoy se ha convertido en un estacionamiento improvisado.

El corredor peatonal ubicado sobre la avenida Hernán Cortés, mejor conocido como Las Vías, una de las zonas más transitadas de la capital potosina, está siendo ocupado de manera constante por vehículos que bloquean el paso de peatones, sin que exista una intervención efectiva por parte de las autoridades.

Vecinos de la zona señalaron que esta problemática se ha agravado en los últimos meses, particularmente desde que una parte del corredor fue pavimentada, lo que facilitó que conductores comenzaran a utilizar el espacio como si fuera una extensión de la vialidad.

“Antes era ocasional, ahora ya es todos los días”, relatan habitantes del sector, quienes aseguran que la invasión del paso peatonal ocurre a cualquier hora, desde muy temprano por la mañana hasta altas horas de la noche.

El problema no solo representa una molestia, sino también un riesgo. Personas que utilizan el corredor —como corredores, ciclistas, familias con mascotas o parejas que salen a caminar

— se ven obligadas a esquivar los vehículos o incluso bajar hacia zonas no seguras para poder continuar su trayecto.

A pesar de tratarse de una avenida con alta presencia de elementos de la policía municipal, no se ha observado una disminución en esta práctica; por el contrario, los ciudadanos advierten que cada vez es más común.

Los vecinos consideran que la falta de vigilancia efectiva y sanciones ha permitido que la invasión del espacio público se normalice, afectando directamente a quienes hacen uso diario de este corredor.

Ante esta situación, hicieron un llamado a las autoridades para reforzar la supervisión y garantizar que este espacio recupere su función original: ser un paso seguro para peatones.

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