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El niño vomitó toda la noche | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

Testeando

 

El aeropuerto internacional Jorge Chávez es uno de los más grandes e importantes de Sudamérica, ubicado en la provincia del Callao, un distrito conurbado a Lima; recibe cada año a millones de viajeros, ya sea en tránsito o cuyo destino es el Perú.

Ahí, en el pleno corazón de distrito del Callao, un sitio predominantemente de habitantes de clase trabajadora, se encuentra una pequeña academia de futbol, la muy famosa Academia Deportiva Cantaloa.

La historia de esta academia es enorme: desde un lugar donde se forman futbolistas, hasta el glorioso ascenso a la primera división vía la sui géneris Copa Perú y su paso por segunda en 2016.

Pero su historia cuenta un capítulo muy extraño en el futbol internacional, la noche en que un niño llamaría la atención por sentirse mal y vomitar gracias al famoso pollo frito peruano.

Corría el verano de 1996, el mes de febrero (recordando que las estaciones del año son diferentes de aquel lado del ecuador) y como ya era costumbre la academia organizaba la famosa Copa de la Amistad Cantaloa, donde se invitaba a equipos de diferentes regiones de Sudamérica para competir contra las diferentes categorías de los equipos de casa.

Como era de esperar, el presupuesto de esta copa no era el más alto, por lo que siempre se solicitaba el apoyo de los padres de familia locales para poder hospedar en casa a los jugadores que los visitaban. Ahí aparece en escena la familia Méndez, cuyo padre, William, era un entusiasta del deporte y decidió que la familia no hospedaría a uno, sino a dos jugadores del equipo inferior argentino Newells Old Boys, la única condición que puso fue: envienme a los dos mejores jugadores, la van a pasar muy bien.

La familia Méndez recibió en casa a dos pequeños rosarinos que querían jugar futbol. Llamaba mucho la atención que uno de los chicos hablaba muy poco mientras el otro era demasiado platicador, y era justo este último el que contestaba casi cualquier pregunta que la familia les hacía a ambos.

El torneo se fue desarrollando conforme lo planeado, el equipo local, la Academia Cantaloa se apuntaba para jugar la final; solo tenía que superar al invitado argentino: ganarle a Newells Old Boys en la semis.

El día previo al partido, la familia Méndez invitó a sus huéspedes a comer pollo frito, un básico de la cocina peruana, los niños comieron con singular alegría. Todo parecía normal. Sin embargo, esa noche las cosas se complicaron para uno de los pequeños: justo el más callado de los dos, vivió una noche de pesadilla, el vómito y el malestar no lo dejaron descansar.

Llegó la mañana y con ello el partido de semifinales, Cantaloa contra Newells, parecía partido fácil, sobre todo porque la gran estrella del equipo, se había pasado vomitando toda la noche anterior.

Recuerden bien, la Copa de la amistad Cantaloa de 1996, el pequeño vomitando toda la noche en aquel caluroso febrero… el resultado final fue un contundente 10-0 en favor de los argentinos. Aquel día, con todo y su malestar de la noche anterior, el pequeño Leonel Messi, anotó 9 de los 10 goles de su equipo.

-Basado en el libro “Niños Futbolistas” de Juan Pablo Meneses.

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