agosto 1, 2026

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El Miniso del Centro de San Luis | Columna de Luis Moreno

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HISTORIAS PARA PERROS CALLEJEROS.

Tengo cinco meses de vivir en el Centro Histórico de San Luis Potosí, a pocos pasos de las plazas de Aranzazú y San Francisco. Sin embargo, toda mi vida ha estado ligada a esta zona de la ciudad: de niño viví en la colonia San Luis, la cual conecta con el Centro mediante el puente de Avenida Universidad, por ello pasé cientos de tardes en la Alameda; ya en la adolescencia y la universidad el Centro se convirtió en un espacio casi ritual, en el que busqué mi identidad, pues fue el primer sitio que pude visitar sin supervisión adulta, acudí a tocadas de punk, fiestas de música electrónica, visitaba sus tiendas, caminé durante días por sus calles, tomé clases, forjé amistades, me perdí… Aquella época significó mi despertar para entender que hay más mundos además del propio, pero todo aquello poco tenía que ver con lo que significa vivir aquí.

Cuando llegué, Gaby, mi roomie, me advirtió que tuviera cuidado y no fuera tan confiado, pues “en el Centro vivimos puros locos”. Entendí la advertencia y desde entonces he visto mucho: peleas en la calle, jaurías de perros, rupturas amorosas, personas disfrazadas, accidentes de autos, esquizofrénicos, políticos de todo nivel, pepenadores que dejan las banquetas tapizadas de basura, vendedores de drogas, prostitutas, drag queens famosas, indígenas vulnerados, extranjeros, religiosos… todo prácticamente desde mi ventana.

Saúl Faúndez, personaje que aparece en la novela Tinta Roja de Alberto Fuget, asegura que si un día tuviera un hijo lo llevaría a vivir al centro de Santiago de Chile, cerca de una estación de policía, donde están todos los vicios, para que así nunca aspire a perderse en ellos. Estoy convencido de que así es: en los centros de todas las ciudades del mundo habita una decadencia constante y eterna, que es tan repulsiva como atractiva, pero en el centro también vive un sentido de orgullo y pertenencia asentados en su tradición, a fin de cuentas siempre será “el primer cuadro de la ciudad”.

Durante este breve, pero sustancioso, lapso de tiempo en el Centro, he tenido el presentimiento de que algo se aproxima, una fuerza contraria a la decadencia, la tradición y el orgullo, pero no había logrado ponerle nombre hasta que hace poco abrieron una nueva tienda en el Edificio I. Piña: un Miniso.

Miniso es una cadena china (disfrazada de japonesa) de tiendas que venden cosméticos, juguetes, electrónicos, papelería… a bajo costo. La perfección en el acomodo de sus anaqueles y su pulcritud militar, sorprenden en el centro, donde las casas por más que se limpien parecen nunca dejar de tener una pequeña capa de desorden y polvo. Por otro lado, es imposible creer que los productos seriados, plásticos y baratos del negocio chino, fueron creados por la misma especie que construyó los edificios y casas de cantera con bellos vitrales, adornos de metales preciosos y maderas talladas a mano con maestría, que en su día causaron tal magnetismo que nunca soltaron a Manuel José Othón y Ramón López Velarde

, dos de los patriarcas de la literatura mexicana.

Si bien, la modernización del Centro de San Luis comenzó hace algunos años con la instalación de franquicias de comida rápida y librerías de cadena, el cambio ahora tomó una velocidad que solo tiene un nombre: gentrificación.

La gentrificación es el proceso de transformar (rehabilitar) un espacio urbano en decadencia con el fin de poder aumentar los alquileres y generar mayor rentabilidad económica para sus propietarios. En apariencia, esta es una situación completamente positiva, no obstante, su cara negativa está en el desplazamiento de los habitantes y negocios tradicionales, que frente a los nuevos alquileres se ven imposibilitados para sostenerse, con la consiguiente pérdida de identidad en el barrio y surgimiento de resentimiento social. ¿Qué pasará cuando Inditex abra un Zara? ¿O cuando el precio promedio de la cerveza sea de 50 pesos?

Semanas atrás, dimos en mi casa una fiesta después de la boda de unos amigos muy queridos. Ya de mañana, se escuchó cómo alguien pateaba la puerta de la entrada, junto gritos que decían algo como “yo soy el rey del Centro”. Abrimos para saber de qué se trataba, eran un par de veinteañeros que lucían de lo menos amenazantes. Al cuestionarles el porqué de patear mi puerta, uno se disculpó diciendo que habían querido estar en la fiesta, alguien se los negó y eso acabó por molestarlos; del otro trataré de parafrasear su respuesta: “tu casa, esta no es tu casa, ustedes rentan, no son de aquí, yo conozco a la dueña”. Al final se solucionó el agravio sin mayores consecuencias.

Días después del episodio, una amiga que lleva varios años en Estados Unidos visitó mi casa y quedó encantada, no paraba de hablar sobre los techos altos, el zaguán, el gran espacio, la terraza… –¿Cómo le llamas a esto? –Preguntó, le pedí que especificara a qué se refería. –Sí, cómo le llamas a esto. ¿A este nuevo estilo de vida que ustedes implementan? –No supe qué responder (supongo que en Los Angeles las cosas deben bautizarse rápidamente). Ella comenzó a decir que buscaría cerca de ahí un lugar similar para abrir una oficina de marketing, estudio de yoga, centro de capacitación para emprendedores, espacio de terapias espirituales… entonces lo comprendí: el Miniso y yo somos lo mismo.

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Acento Ajeno

Las murallas de Chapultepec | Columna de Haniel Valdés

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Acento ajeno

Por: Haniel Valdés Velázquez

La ciudad de las piscinas a desnivel, los puentes verdes y las licencias gratuitas, tiene un nuevo debate público, que lo mismo puede parecer ataque político vestido de periodismo ciudadano.

Resulta que a muchos cochistas les molestan los nuevos topes de la Avenida Chapultepec, porque autos volaron sobre ellos en su primera noche. Los quejosos voladores aducen a través de reportes, que aún los topes no estaba bien señalados; lo cierto es que quien va a la velocidad permitida, no sale volando.

Por primera vez una obra vial a nivel de la calle ocupa portadas y titulares en los medios, porque para los ingenieros viales o expertos de turno la solución siempre es que el peatón suba y baje 200 escalones de horribles estructuras de hierro o que los autos sigan a 100 km/h sobre un puente o paso a desnivel.

No soy un experto en ingeniería urbana, por lo que no pretendo entrar en detalles técnicos de si está bien o mal hecho, por eso me centro en los debates que quieren forzar las páginas de Facebook que se llaman medios de prensa.

Pocas veces he visto medios cuestionar la constante construcción de estructura cochista que lejos de mejorar la movilidad, como dicen los boletines oficiales, tienden solamente a favorecer la velocidad.

¿Quién se acuerda de los peatones? ¿Quién piensa en el que quiere cruzar la calle sin tener que subirse a un gigante de hierro de más de 6 metros de altura? Antes de que lo invada un pensamiento clasista, whitexican o retrógrado y termine llamando “pobre” al que camina, tómese los 30 minutos que tarda en cada semáforo para respirar y léame con la mente un poco menos cerrada.

Las primeras quejas llegaron porque no había señalética para avisarle a los conductores que había una barda en medio de la calle, pero la mayoría de los que piden la señal con el aviso son los mismos que, a propósito, no ven las que sí están, esas que indican un máximo en la velocidad, o ser cortés con los peatones que intentan cruzar.

Señales faltan más, como una que indique para qué o quién es el carril central de Chapultepec, que en realidad nadie lo sabe a ciencia cierta, otras en toda la ciudad, las que avisen que la ciclovía no es para que se estacionen autos de los negocios de Carranza o Himno Nacional.

La Avenida Chapultepec tiene varias señales que indican que el límite de velocidad es de 50 km/h, algunas casi borradas -ahí te encargo, Ayuntamiento- pero en los videos que circularon de autos voladores, en ninguno de los casos, la velocidad del vehículo estaba por debajo del límite permitido

.

Sí hubo un fallo grande por parte de las autoridades viales municipales que no anunciaron a tiempo el tope y no colocaron la señal hasta que ya estaba listo el muro de los tormentos.

Sigue existiendo tardanza por parte de estas mismas autoridades para repintar o rescatar las señales que no solo ahí, sino en toda la ciudad, están mal pintadas, opacas, mal colocadas o tapadas por árboles.

Los medios que compartieron videos, que criticaron al gobierno municipal, que incitaron al odio de conductores hacia peatones (como si eso no fuera pan de cada día), ¿por qué no acompañaron sus post con un “circule con cuidado”, “cumpla con lo establecido”, “respete al peatón”?

A mis colegas de los medios: falta para el 2027, no empecemos desde ya a querer caerle mejor al que todavía no saben si va a seguir en el poder, hagamos periodismo útil, no crítica en busca de likes. 

Conductores: respeten al peatón. Peatones: no usen el móvil mientras cruzan las calles, ni intenten ganarle al semáforo. Ciclistas: hay solo 3 ciclovías, pero usémoslas correctamente. 

Autoridades: hagan su trabajo, pero háganlo bien, y no descuiden lo que hicieron antes por centrarse solo en obras nuevas.

Gobierno estatal: la obra municipal es para que las personas se sientan más seguras entrando a un parque bajo su cuidado, para evitar accidentes en una calle, de una ciudad que también es parte del estado.

Gobierno municipal: no se apresuren por hacer cosas solo de cara a la contienda electoral, échenle ganas y háganlas bien, respeten los tiempos, informen oportunamente a los usuarios de las vialidades.

Ya aprovechando, revisen las señales de tránsito de la zona, que necesitan mantenimiento, y luego dense una vuelta por la ciudad: hay banquetas que son estacionamientos, hay ciclovías intransitables, hay peatones en riesgo porque los conductores no siguen el reglamento.

En pocas palabras, bajemos todos la velocidad… en todo, hay topes.

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SEGE da por concluido el caso Universidad Potosina, pero Fiscalía sigue

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La secretaria Deisy López afirmó que el trámite administrativo ante la SEGE ya concluyó, aunque la Fiscalía mantiene abiertas más de veinte carpetas

Por: Redacción

Deisy Maribel López Sierra, secretaria de Educación de Gobierno del Estado (SEGE), afirmó que el trámite administrativo del caso de la Universidad Potosina ante su dependencia “ya quedó concluido”.

El caso se originó por la denuncia de 48 exalumnos de la carrera de Medicina de la Universidad Potosina, en Carranza, quienes acusaron a la institución de operar sin el Registro de Validez Oficial de Estudios (REVOE), lo que les impidió obtener título profesional o realizar prácticas clínicas. La Fiscalía General del Estado (FGE) documentó al menos 31 denuncias contra la institución y su entonces rector, Arturo Segoviano García.

Pese al cierre administrativo que reporta la SEGE, la vía penal permanece activa: para julio de 2026 existían al menos 23 carpetas de investigación abiertas desde junio de 2024, y los denunciantes se preparaban para promover un amparo por la lentitud en el avance de las audiencias, de acuerdo con reportes de Astrolabio Diario Digital

.

El abogado de los exalumnos, Jaime Soria Osornio, ha acusado además una posible colusión entre funcionarios de la propia SEGE y el exrector Segoviano, a quien atribuye una protección institucional que, según él, rebasa la competencia estatal del caso.

La actual administración de la Universidad Potosina se deslindó formalmente de la gestión de Segoviano y opera bajo otra razón social, en un domicilio distinto al plantel señalado por la falta de registro.

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341 millones en remesas: el banco paralelo de la Huasteca potosina

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En 2025, los migrantes de la Huasteca potosina enviaron cuatro veces el dinero que el gobierno federal destinó a infraestructura en la región, en El Naranjo, la brecha llega a 27 a uno

Por: Carlos Ruíz

La Huasteca potosina opera con un presupuesto paralelo que ningún instrumento de gobierno controla: en 2025, sus migrantes enviaron 341 millones de dólares desde Estados Unidos, cuatro veces el dinero federal destinado a infraestructura social en la región ese mismo año.

El Fondo de Infraestructura Social Municipal (FISM), principal mecanismo del gobierno federal para obra en municipios de alta marginación— distribuyó 1,555 millones de pesos entre los 20 municipios de la Huasteca en 2024.

Las remesas del mismo período equivalen a aproximadamente 6,550 millones de pesos al tipo de cambio promedio de 2025. Por cada peso del FISM, los migrantes mandaron 4.2. Los datos provienen del Banco de México (serie CE166) y del Periódico Oficial del Estado.

El extremo más pronunciado es El Naranjo. El municipio serrano tiene el segundo índice de intensidad migratoria más alto de la región, pues el 11.44% de sus hogares recibe remesas, según el Consejo Nacional de Población (CONAPO), y aun así recibe el FISM más bajo de toda la Huasteca: 23 millones de pesos al año. En 2025, sus migrantes enviaron el equivalente a 626 millones de pesos. 27 veces el monto del FISM.

La brecha no es homogénea. En los municipios del norte y centro de la región: Ciudad Valles, El Naranjo, Tamuín, Xilitla, Tanquián de Escobedo, Tamasopo, las remesas superan al FISM en proporciones de entre 5

y 27 a uno. En el sur: Aquismón, Matlapa, Coxcatlán, la relación se invierte: el presupuesto federal supera a las remesas. Aquismón, con el mayor FISM de la Huasteca (212 millones de pesos), recibe 93 millones en remesas.

El flujo va en aumento. En el primer trimestre de 2026, la Huasteca recibió 73.8 millones de dólares —el dato trimestral más alto desde que existen registros desagregados por municipio, y el 16% del total estatal, la mayor participación histórica. La tendencia coincide con los debates sobre un posible impuesto de 3.5% a las remesas en Estados Unidos propuesto por la administración de Donald Trump. Si esa medida se aplicara, la Huasteca perdería alrededor de 12 millones de dólares al año, más de lo que el FISM asigna a tres de sus municipios juntos.

El FISM calcula sus asignaciones con base en índices de pobreza y rezago social, no en flujos migratorios. En El Naranjo (donde el dinero de los migrantes supera 27 veces al presupuesto federal), la asignación fue la mínima de toda la Huasteca.

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