septiembre 8, 2026

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El #MeToo en SLP; 2 (y más) testimonios exhiben a un escritor

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Alfredo Padilla

Por María José Puente Zavala

 

“Fiel a mis costumbres sólo como hembras inteligentes y perspicaces, que en estos días de Internet y paliativos son irremisiblemente difíciles de encontrar…”

Alfredo Padilla| Abril de 2015

El fragmento anterior hace parte de un texto que el escritor potosino Alfredo Padilla publicó en abril de 2015. Palabras más, palabras menos, el hombre utiliza la prosa para describir una relación (en la que el acento está puesto sobre sus cualidades superiores) con una chica a la que fantasea con matar… para comérsela.

Pocas veces como en San Luis Potosí el #MeToo cobró un significado tan literal, pues el ímpetu del movimiento a nivel nacional y una primera denuncia con el HT #MeTooEscritoresMexicanos llevó a un puñado de chicas a atar los cabos de una historia de acosos, hostigamientos e intimidaciones en el plano real que, para algunas, incluso, comenzó hace una década con un factor común: Alfredo Padilla.

“Yo hacía mis prácticas en una revista de artes visuales de aquí de San Luis y una de mis actividades era estar en contacto con los colaboradores a través de Facebook. Entonces iba a haber un evento y tenía que estar en contacto con esta persona para cuestiones de logística.

Él me contestaba lo que tenía que contestarme, pero siempre aprovechaba para mencionar algo acerca de mi cuerpo. Primero empezó muy leve y después ya fue aumentando de tono. Primero era como como “estás muy bonita” y luego era como “me gusta alguna parte de tu cuerpo”, hasta llegar a “soñé contigo y te quiero hacer esto”.

La experiencia de Diana* ocurrió hace casi 5 años y aunque denunció la actitud del artista, sus superiores desestimaron el relato argumentando “que no, que lo conocen de años, que tiene familia, que tal vez esté confundida”.

Nada pasó.

“Métete la cruz por el coño”

Años después, mientras Adriana*, otra chica, leía un texto de su autoría en un evento cultural, el escritor la escuchaba y al término de su intervención la abordó:

“Nos presentan, teníamos amigos en común y él me dice que le gustan mucho mis textos y ese es el primer acercamiento, el primer contacto que hacemos. Me pide mi correo, incluso me pide mis textos, me pregunta que si se los puede llevar y le dije que sí.

Yo lo había leído anteriormente; se me hacía chido algunas cosas que decía y me emocionó la idea de que un escritor que conocía le gustara también mi trabajo. Nada más le di mi correo, pero luego él me manda un mensaje vía Instagram y me empieza a seguir por esa red”.

Tal como lo describe en su texto y según denuncian las víctimas, Padilla ha hecho de las redes sociales su hábitat para acechar y con ello parece haber sumado a sus víctimas a la única estadística oficial que el Inegi ha publicado sobre el tema, en 2015: al menos 9 millones de mujeres en México han sido víctimas de ciberacoso.

Al principio, el escritor buscó enredar a Adriana con la falsa promesa de colocar algunos de sus textos en los espacios que lo publicaban, argumento que cayó cuando la joven conoció a otra chica, también posible víctima de Padilla, y con quien este trabajaba en un fanzine de corte cultural. Nunca mencionó la posibilidad de incluir los textos prometidos.

“Después me pide mi WhatsApp. Empezamos a platicar por ahí y las preguntas se vuelven un poco más personales como de qué es lo que hago, a qué me dedico. Cuando yo le decía que no nos podíamos ver como que había cierta molestia.

Empezó a ser molesto cuando él empezó a ser insistente en vernos y cuando empezó a ser insistente en si a mí me gustaba él. Yo le decía que no me gustaba. Me preguntaba si de perdido me atraía un poco y yo le decía que no, que se estaba equivocando. En ese entonces yo también le decía que tenía novio.

De pronto un día, así de la nada, me preguntó: ¿de qué color son tus calzones hoy? Sé lo fácil que hubiera sido bloquearlo, pero sí le dije: “oye, estas preguntas no; no estoy cómoda”.

Alguna vez él me bloqueó a mí cuando le dije que no me interesaba si esa relación no iba a ser en el sentido laboral. Luego volvió a hablarme y otra vez su acoso fue más directo y siguió haciéndome preguntas de connotación más sexual.

Recuerdo una vez estar peleando vía WhatsApp. Esa fue la vez que lo bloquee de esa red porque le dije que no me interesaba y él, me acuerdo mucho de esa frase, me dijo que entonces me metiera la cruz por el coño”.

Tanto Diana como Adriana se desempeñan en ámbitos profesionales que se cruzan constantemente con el círculo de su agresor, así que no fue de sorprenderse que, tras compartir algunos detalles, descubrieran que ambas habían sido sus víctimas y que podría haber más. Y las encontraron.

Desde el 23 de marzo, cuando el #MeTooEscritoresMexicanos arrancó su escalada en Twitter, Padilla se colocó como uno de los personajes que más denuncias acumula, incluso equiparándose con el perfil de Herson Barona, protagonista del caso que detonó el movimiento digital.

Para las víctimas del escritor potosino, esa fue la luz verde para hacer públicas sus denuncias, algunas abiertamente y otras de manera anónima, característica esta última que ha provocado el viraje del discurso digital en torno a la legitimidad de los reclamos y las formas adecuadas de formalizar las acusaciones.

Al respecto, Urenda Queletzú Navarro Sánchez, académica de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y activista por los derechos de las mujeres, desestima las críticas:

“Es de esperar que, ante la insuficiente respuesta del Estado, de las autoridades de los diferentes ámbitos en donde mujeres jóvenes han manifestado las violencias cometidas en su contra, que recurran a este tipo de movimientos que les permiten perfilar, que les permiten enunciar a todos sus agresores y sus violencias y, sobre todo, que les han permitido encontrar en el espacio público a otras que han experimentado las mismas violencias o con diferentes magnitudes”.

La activista refiere con ironía que acortar las opciones de las víctimas al laberinto burocrático de la impartición de justicia en las instituciones públicas es actuar sobre la única garantía de la impunidad.

“Es consabido entre quienes nos involucramos con las instancias de Justicia que, si no se movilizan ante una muerte violenta, mucho menos se van a movilizar ante una denuncia a la que consideran práctica cultural como normalizada; es decir, el aparato del Estado no está dispuesto a moverse más allá de lo que las propias mujeres les hemos obligado a que se muevan ante la emergencia de la violencia feminicida.

¿Cómo esperar que atiendan nuestras denuncias de acoso y hostigamiento si, con lo que es extremo, no se movilizan?”

En más de una ocasión, funcionarios potosinos por cuya jurisdicción pasa la Seguridad o la Procuración de Justicia, han hecho hincapié en que la violencia contra las mujeres es un asunto de índole cultural que se gesta en la familia y que en ese mismo seno se protege y se fomenta.

Por ejemplo, durante su comparecencia ante el Congreso del Estado, a mediados de 2018, Federico Garza Herrera, Fiscal General del Estado, sugirió que las mujeres también son omisas pues a menudo no denuncian casos de violencia o denuncian para luego arrepentirse.

En ese contexto en que las autoridades potosinas exigen a las mujeres que “cumplan con su parte” para hacer valer su derecho a la Justicia, más de una víctima ha perdido la vida a manos de su agresor pues, tras interponer denuncias y solicitar medidas de protección, estas no han sido ejecutadas.

En el que quizá es el punto más escalofriante de su caso, Adriana relata cómo, tras haber bloqueado toda comunicación con su agresor, un día, al llegar a su casa, este la esperaba afuera en compañía de un hombre desconocido.

“Voy llegando y ya que estoy afuera veo que él está ahí esperándome, alejado de la casa, pero viendo hacia la fachada, hacia las ventanas como si ya hubiera tocado y estuviera esperando a que alguien se asomara.

Me sorprendí mucho y al mismo tiempo me paralicé y me enojé. Lo primero que le pregunté fue: “¿qué haces aquí?”, y me dice: “vine a buscarte”

Le dije “tú sabes que yo te tengo bloqueado de todos lados. No puedes venir a buscarme así a mi casa”. En ese momento había una nueva mascota, entonces yo abrí la puerta, me metí para agarrarla, y en eso ellos entran.

Tenía poca pila en el celular; no sabía qué hacer y les dije que ya me iba. Le mandé mensaje a un amigo, le digo que vino este güey a buscarme y me dice “voy para allá”.

Ya adentro de la casa, Alfredo me empieza a decir: “estás nerviosa; ¿por qué estás nerviosa? ¿por qué estás tan tensa? ¿qué pasa?”

Tenía miedo de que físicamente me agredieran, así que una de mis primeras acciones fue abrir la ventana y pensé “si tengo que gritar, me van a escuchar todos los vecinos”. Él comenzó a desplazarse por la casa, yo estaba muy tensa “enchufada” con el celular al cargador mientras esperaba que mi amigo llegara.

En un momento que yo volteo se están haciendo gestos con la cabeza; no se hablaban entre ellos, se comunicaban moviéndose la cabeza. Yo sentía que no me podía mover, no les quería dar la espalda. Él empieza a insistir en llevarme a donde iba a ir y cuando le digo que venía un amigo, en ese momento fue muy, muy rápido, que se fueron”.


Las denuncias que el autor acumula en el #MeToo van desde intentos de drogar a sus víctimas, envío de imágenes íntimas no solicitadas; y hostigamiento en lugares públicos y privados. Lo que es peor, una de las víctimas asegura que Padilla se confesó acosador pero incapaz de contenerse.

Diana relata que a partir de haber hecho su denuncia públicamente en Facebook, al menos tres mujeres se han reconocido víctimas del mismo sujeto.

“Hay un caso de una chava que dice que hace diez años tuvo una situación con él. Considero que (la denuncia a través del #MeToo) es también una forma de alertar a más mujeres y también que se sepa quiénes son los agresores”.

Adriana, por su parte, considera que “ahora que detonó y que Alfredo Padilla salió señalado más veces, además de las que conocíamos, sentimos alivio de saber que no era una onda nuestra. Que no estábamos inventando y que todo lo que ocurrió tampoco es nuestra culpa.

Quisiera decir que me siento más tranquila de saberme acompañada por otras mujeres que también lo están señalando y denunciando públicamente, pero lo que me sigue haciendo sentir intranquila es pensar en las mujeres que todavía no saben esto”.

En un mundo ideal, concluye Urenda Queletzú, el #MeToo debería traer consigo “que esos agresores inhiban sus conductas. Que sepan que, si siguen violentando a las mujeres, las mujeres saldrán a colocar en la palestra de lo público, sus nombres.

El escrache tiene la posibilidad de subvertir la situación que se genera entre una víctima y su victimario, en donde él goza de impunidad, goza de su inexistencia y coloca a la víctima en una condición de confrontación ante él”.

La Orquesta: ¿Tienes miedo?

Diana: La verdad no tengo miedo por mí, sino por las demás. Claro, ninguna agresión es menor pero comparado con otros casos, no me produce miedo esta persona. Me produce muchísima impotencia y coraje que todavía ande ahí como si nada agrediendo a más mujeres y que no pase nada.

Hablando específicamente de este agresor, que lleva años operando de esta forma y que todavía está ahí en espacios culturales, en espacios académicos, me da miedo por las demás.

 

 

 

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Feminicidio dentro de La Pila: mujer habría sido asesinada por su pareja en visita

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Su pareja sentimental, un hombre privado de la libertad, también fue encontrado muerto dentro de la habitación

Por: Redacción

El Centro Penitenciario Estatal de La Pila fue escenario de un presunto feminicidio durante este fin de semana, luego de que una mujer fuera localizada sin vida en el área de visitas íntimas y su pareja sentimental, un hombre privado de la libertad, también fuera encontrado muerto en el mismo espacio.

De acuerdo con información preliminar, los hechos habrían ocurrido entre la noche del domingo y la mañana del lunes. La principal línea de investigación apunta a que el interno habría atacado a la mujer con un objeto punzocortante y posteriormente habría atentado contra su propia vida.

La pareja permanecía en una de las habitaciones destinadas a las visitas íntimas. El personal de custodia se habría percatado de que ambos no habían abandonado el lugar una vez concluido el horario establecido, alrededor de las 07:00 horas, por lo que acudió a realizar una inspección.

Al ingresar, los custodios encontraron a la mujer sin vida sobre la cama, con lesiones que le habrían provocado la muerte. El interno fue localizado posteriormente en el baño, también sin vida y en una aparente suspensión incompleta.

Ante el hallazgo, se activaron los protocolos correspondientes y el área fue asegurada para permitir el ingreso de agentes de la Fiscalía General del Estado y personal pericial, quienes realizaron las primeras diligencias, el levantamiento de los cuerpos y la recopilación de indicios para determinar cómo ocurrieron los hechos.

El caso se encuentra bajo investigación de la autoridad ministerial, por lo que será la Fiscalía la que determine oficialmente la causa de muerte de ambas personas, así como la mecánica de los hechos y las circunstancias en las que ocurrió el presunto feminicidio.

Hasta el momento, la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del Estado y la Fiscalía General del Estado no han emitido información pública que confirme las identidades de las víctimas ni los detalles de la investigación.

El hecho genera especial atención debido a que el presunto crimen habría ocurrido al interior de un centro penitenciario estatal y dentro de un área destinada a las visitas íntimas, mientras ambos permanecían bajo las condiciones de seguridad y vigilancia del reclusorio.

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Más mujeres al frente de los hogares de SLP, pero con más carga: INEGI

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Las mujeres dedican 39.7 horas semanales al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario no remunerado; los hombres, 18.2

Por: Ana G Silva

En San Luis Potosí, cada vez más hogares tienen a una mujer como jefa de familia. Entre 2010 y 2020, la proporción pasó de 23 a 30.6 por ciento, un incremento de casi ocho puntos porcentuales, de acuerdo con los datos del Censo de Población y Vivienda del INEGI.

Aín así, la entidad no alcanzó el promedio nacional. En 2020, 32.6 por ciento de los hogares del país tenía jefatura femenina, por lo que San Luis Potosí se encontraba dos puntos porcentuales por debajo.

El crecimiento potosino fue similar al registrado a nivel nacional durante la década, aunque la entidad mantuvo una posición rezagada. En 2010, San Luis Potosí registraba 23 por ciento de hogares encabezados por mujeres, frente al 24.6 por ciento nacional.

Con ese porcentaje, la entidad se ubicó en el lugar 23 entre las 32 entidades federativas, empatada con el Estado de México. La proporción más alta correspondió entonces a la Ciudad de México, con 31.4 por ciento, mientras que Nuevo León registró la menor, con 19.5 por ciento.

Para 2020, el INEGI reportó el crecimiento de la jefatura femenina a nivel nacional y estatal, aunque todavía no ha difundido un tabulado equivalente que permita establecer un ranking completo entre las 32 entidades con los mismos indicadores.

Hogares más pequeños

Los hogares encabezados por mujeres también presentan una composición distinta respecto de aquellos cuyo jefe es un hombre.

En San Luis Potosí, los hogares con jefatura femenina tienen 3.28 integrantes en promedio, mientras que los encabezados por hombres alcanzan 3.79. Es decir, existe una diferencia de poco más de medio integrante por hogar.

La tendencia es similar a la nacional: los hogares con jefatura femenina tienen en promedio 3.26 integrantes, frente a 3.71 en aquellos encabezados por hombres.

Jefa de hogar no significa vivir sola con los hijos

Los datos del Censo 2020 muestran que, a nivel nacional, la jefatura femenina tiene una presencia particularmente importante en los hogares ampliados

, aquellos donde además del jefe o jefa viven otros familiares, como abuelos, tíos o sobrinos.

En este tipo de hogares, 40.9 por ciento tiene jefatura femenina, una proporción considerablemente mayor que la registrada en los hogares nucleares, donde alcanza 26.9 por ciento.

Las mujeres también trabajan más horas sin remuneración

La brecha entre hombres y mujeres no termina en quién aparece como jefe o jefa del hogar. También se refleja en el tiempo que cada uno dedica a las actividades no remuneradas.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, las mujeres en México destinan, en promedio, 39.7 horas a la semana al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario no remunerado. Los hombres dedican 18.2 horas.

La diferencia es de 21.5 horas semanales: prácticamente una jornada laboral adicional que recae sobre las mujeres sin recibir una remuneración económica.

San Luis Potosí destaca particularmente en una de estas actividades: preparación y servicio de alimentos. La entidad registra una brecha de género de 10 horas semanales, la quinta más alta del país. Por encima se encuentran Oaxaca, con 12.7 horas; Chiapas, con 11.2; Guerrero, con 11; y Veracruz, con 10.6 horas.

En otras categorías de uso del tiempo, como trabajo remunerado, trabajo doméstico y cuidados de personas, el INEGI ha difundido principalmente las entidades con las brechas más altas y más bajas, sin identificar a San Luis Potosí entre ellas.

Así, aunque la participación de las mujeres como jefas de hogar ha aumentado de manera importante en la última década, la entidad todavía se encuentra por debajo del promedio nacional y mantiene brechas importantes en la distribución del trabajo no remunerado.

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Los 59 municipios de SLP ya tienen listo el operativo del Grito

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Torres Sánchez destacó condiciones de seguridad y paz social en los 59 municipios de cara a la fiesta patria

Por: Redacción

El secretario general de Gobierno, J. Guadalupe Torres Sánchez, aseguró que los 59 municipios de San Luis Potosí ya tienen listo el operativo de seguridad para la celebración del Grito de Independencia el próximo 15 de septiembre.

Dijo que el Palacio de Gobierno ya luce los colores verde, blanco y rojo, y que la plaza frente al recinto está lista para recibir a quienes acudan a la festividad, que incluirá venta de comida típica.

Torres Sánchez detalló que los 59 ayuntamientos del estado confirmaron tener condiciones de seguridad, paz social y gobernabilidad para realizar cada uno su propio Grito de Independencia.

El operativo llega después de que la Guardia Civil Estatal cerró sin incidentes de seguridad el primer fin de semana de la Feria Nacional Potosina en agosto, con un dispositivo que incluyó cámaras de reconocimiento y coordinación con protección civil y servicios de salud.

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