#4 Tiempos
El diputado 28 no tiene curul, pero le pusieron sillita | Crónica de Jorge Saldaña
CRÓNICA
Son casi las doce y media del sábado 14 de septiembre cuando por primera vez en su historia, la legislatura potosina tomó protesta, gracias a una controversia administrativa, a 28 diputados, 27 sentados en curul y uno en sillita.
Eran poco antes de las 10 de la mañana cuando la solemnidad de la sesión convocada empezó a diluirse.
El saliententrante legislador Rubén Guajardo, tuvo que empujar literalmente al interior a su compañero de partido, Marcelino Rivera Hernández, al que los guardianes externos le querían impedir su ingreso.
Por fin se sentó el de San Martín Chalchicuautla en una curul de la que previamente se había retirado la placa con su nombre, igual que desaparecieron sus generales durante el desarrollo de la sesión.
Tanto la mesa directiva saliente como la entrante, intentaron ignorar la presencia de un personaje extra. Era como ver un partido de futbol con 12 integrantes sin que el árbitro sacara tarjeta de amonestación.
El cuchicheo al respecto subía desde los asientos de los legisladores, las dos filas de invitados especiales, el pasillo de los aventones reporteriles y anexos, y el graderío del recinto.
Durante la toma de protesta de los entrantes no faltaron los tropiezos de lectura por parte de Roberto Ulises Mendoza en ese momento todavía presidente de la mesa directiva saliente pero aún así todos tomaron protesta todos, los 28, todos.
Fueron 28 brazos derechos los que se levantaron y se consumó oficialmente el cambio de legislatura, y extra oficialmente una irregularidad administrativa que, de prosperar -dijo en entrevista la senadora y presidenta del comité blanquiazul, Verónica Rodríguez, podría tumbar toda la sesión y todo lo solemne de la misma.
El orden del día avanza. Es momento de que se lea, otra vez con errores, los memorándum en que cada fracción parlamentaria define al o la líder de su bancada.
El PRI escoge a Sara Rocha, Morena a Cuauhtli Badillo, el Verde a Héctor Serrano, Marco Gama se propone a sí mismo y será líder de sí mismo por Movimiento Ciudadano y Nueva Alianza hace lo propio.
En la lectura se vuelve a omitir a Rivera Hernández que de pronto se para de su curul para que sea contado, el presidente de la mesa saliente le recrimina y le suelta: “Usted solo es un ciudadano”, Ruben Guajardo sale al quite y le revira al de la mala lectura : “Usted no es autoridad jurisdiccional”. El ambiente se tensa y a algunos hasta toma desapercibidos.
“Es que allá está Enrique” “¿Entonces quién es el diputado?” ¿Entonces para qué lo invitan? son algunas de las preguntas que se escuchaban al vuelo.
En efecto, Enrique Ortiz está y estuvo, sin curul ni anuncio ni placa con su nombre, pero con protesta y reconocimiento del pleno.
Fue entonces que le arrimaron una sillita, una de esas sencillas tipo secretarial que acomodaron a un lado de los lugares asignados a la bancada verde.
Transcurre el orden del día y es tiempo de que, para integrar la nueva directiva, tanto los neodiputados como los saliente entrantes reciban su cédula, un instrumento en papel que hace de boleta de votación y que circula a través de asistentes legislativas que lo entregan a cada diputado.
Faltó una.
El qué está sentado en la curul sin placa pero con protesta encima, arrebata una de las papeletas y vota. El se hace legislador pero la mesa lo desconoce y por lo tanto, y en disimulo se cancela la votación, se recogen las cédulas y se sellan en un rinconcito del recinto. No valió la primera votación y se extiende el programa.
En los recesos entre procedimiento y otro, en las dos filas de invitados especiales se hacen relaciones públicas y guiños políticos.
El alcalde de la capital Enrique Galindo bromea y se toma fotografías con la dirigente de Morena, Rita Ozalia Rodríguez, quien chancea con los reporteros “Ya lo vemos muy Morena”. Galindo aguanta la broma resuelto, se fotografía y se abraza con la dirigente de los guindas que entusiasta saluda, abraza, escucha y anima a su nueva bancada.
También en la fila de los “verymportants” está la Fiscal, Manuela García Cázares, y por breves instantes hasta el ex candidato presidencial Jorge Álvarez Máynez junto a su amigo y diputado federal Juan Zavala que vinieron, entre otras cosas, a apoyar a su candidato Marco Gama.
La ya no tan solemne sesión, el partido con más jugadores en la cancha prosigue, se nombra comisión de cortesía y se reciben a los invitados especiales.
Llegó el gobernador Ricardo Gallardo, y su esposa, la senadora Ruth González, el secretario general, Guadalupe Torres Sánchez, el diputado federal, Ricardo Gallardo Juárez junto a su compañero en San Lázaro, José Luis Fernández.
La repartición de abrazos, fotos y saludos no se hace esperar, el recorrido en herradura del jefe del ejecutivo y su señora esposa relaja solo por un momento la sesión y se aprovecha para re acomodos geográficos, Galindo saluda al resto de los invitados y a los nuevos diputados de todas las fracciones y regresa ahora a sentarse ya no con el color guinda sino a un lado de la presidenta del blanquiazul que lucía un vestido de la misma combinación que el logotipo de su partido.
De negro pero junto a los verdes, Enrique Ortiz esperó el abrazo del primer mandatario, lo mismo que el de San Martín pero del otro lado del recinto.
El discurso del gobernador llamó al respeto y al trabajo por las familias de las cuatro regiones sin importar colores partidistas y agradeció a la legislatura saliente por apoyar algunas de las iniciativas por el ejecutivo y también -dijo- por “mantenerse alejada de escándalos”.
Se retiraron los invitados, nadie supo ni a qué hora partió Máynez y algunos tiempos de receso se aprovechaban por los invitados de las gradas para vitorear a los diputados de Nueva Alianza y de Morena.
Luego de la segunda votación, con 23 votos a favor, 3 nulos y una abstención (ya no hubo cédula para el diputado 28) se nombró a la nueva mesa directiva en la que quedó al frente Cuauhtli Badillo por Morena por un periodo de un año y medio, como secretarias fungirán Frinné Azuara del PRI y Jacquelinn Jáuregui del Partido Verde.
Antes de bajarse la directiva saliente se hizo una precisión a modo de advertencia en la que se dejó claro que, para el pleno, el diputado era Ortiz, el de negro, y no Rivera Hérnandez.
Se especuló a momentos si se utilizaría la fuerza para sacarlo del recinto, asunto que finalmente no ocurrió. Ortiz permaneció en su sillita.
Todos de pie y se cantó el Himno Nacional, la sesión con la solemnidad disminuida por la controversia llegaba a su fin.
Salieron los que aprobaron la Guardia Civil Estatal, y crearon un nuevo municipio. Los mismos que dejaron en el tintero la discusión sobre el aborto y la autonomía financiera para la Universidad.
Entraron 28 en una sesión que se puede venir abajo luego de que se dirima la validez de una postura u otra, la primera avalada por el CEEPAC que reconoce a Marcelino Rivera, así como un mandato judicial de la sala de Monterrey que portaba como bandera la fracción panista, y la segunda, que tomó como válida una inhabilitación por parte del Instituto de Fiscalización del estado que deja fuera al de San Martín.
Para hoy domingo nuevamente están convocados a sesión ordinaria los 27. Siempre habrá una sillita arrimada si es que llegan 28.
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Acento Ajeno
Educar en el siglo veintiuno es un acto de fe, no solo de vocación | Columna de Haniel Valdés Velázquez
ACENTO AJENO
Por: Haniel Valdés Velázquez
¿Te has fijado que en las escuelas hay muchas maestras y maestros veinteañeros o apenas llegados a sus treintas? Hay mucha gente joven llevando en sus hombros el futuro de este país.
Muchos recién egresados de las universidades están eligiendo el magisterio como forma de vida, muchos viven hoy de formar nuevas generaciones, de enseñar lo que pocos años antes aprendieron. Y creo que no lo ven solo como un trabajo, lo ven ya, quizás inconscientemente, como su misión de vida.
Las redes sociales se han llenado de nuevos maestros que comparten sus experiencias, sus historias frente a un aula, y están construyendo una forma distinta de educar, una de cercanía, de compañerismo, de ser uno más de sus alumnos, porque sí, educan, enseñan, pero también aprenden y crecen en el proceso.
Las escuelas son hoy, más que nunca, una bonita convergencia de generaciones, maestros experimentados, con años frente al pizarrón, alumnos muy jóvenes y que apenas comienzan ese largo camino que es el crecer, y noveles maestros, más cerca en edad de sus alumnos que de sus compañeros de profesión, que inician su vida laboral en la más noble de las tareas, educar.
A veces sin apoyo institucional, con un Mario Delgado como secretario de Educación Pública al que le falta la educación y el sentido común, con directivos a distintos niveles, que se preocupan más por las ganancias o los días libres que por el objetivo principal de los centros educativos, los maestros siguen firmes en su convicción de que sin su trabajo no existirían los demás, no habría mañana.
Educar, en pleno siglo veintiuno, en este mundo en el que vivimos, no solo es un acto de valentía, es un acto de fe, de esperanza, de profundo amor. ¿Cómo no creer en ustedes, que hoy entregan tanto?
No felicito a los maestros hoy, eso ya lo han hecho todos, mejor les pido disculpas, por las veces que fui del grupito de atrás que había que separar, por las tareas sin hacer, hasta por los padres incomprensivos que no supieron ver que su hijos no eran los angelitos que ellos pensaban.
Mejor les agradezco, sé que su labor no la hacen esperando la felicitación del único día del año que parece nos acordáramos de ustedes, les agradezco por seguir, por levantarse en las mañanas y salir dispuestos a cambiar vidas, a formar personas de bien, por no pensar en las carencias y solo ver oportunidades de crecimiento en cada alma que llega a sus clases.
A ustedes maestros, gracias, que no se les acaben nunca la experiencia, la creatividad, el amor y sobre todo, que no se les acabe nunca las ganas de construir futuro.
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El Cronopio
Filosofa Paula Gómez Alonzo y el papel de las mujeres en la cultura | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Con el propósito de preparar a las mujeres universitarias para que sirvan con mayor eficacia a los intereses de la colectividad, cooperando en esta forma al engrandecimiento de la Patria, se formó en la década de los cuarenta del siglo pasado la filial en San Luis Potosí de la organización Universitarias Mexicanas, situación ya tratada en esta columna.
Universitarias mexicanas en San Luis Potosí, reunía a las mujeres que estudiaban e impartían cátedra en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. La filial potosina tenía dos labores de fondo, una de aspecto cultural y, la otra de orden social; en el aspecto cultural se incluían charlas y conferencias sobre diferentes problemas de orden intelectual; la otra, de orden social que abordaba problemas como el de la miseria, la desnutrición infantil, entre otros. La desocupación, la prostitución y otros muchos, de los cuales hacen un minucioso estudio para luego presentarlos a las autoridades competentes y cooperar con ellos a su resolución.
Este movimiento nacional englobaba a un buen número de mujeres que se desempeñaban en el ámbito universitario y que contribuían al desarrollo del país en diversas áreas de estudio. Una de estas mujeres que colaboró con el grupo potosino y que visitó San Luis Potosí a dictar conferencias públicas fue la Doctora en Filosofía Paula Gómez Alonzo.
En 1953 dejaba la presidencia de la filial potosina de Universitarias Mexicanas, Rosario Oyarzun, ya tratada en esta columna, y se organizaron una serie de conferencias públicas, como era costumbre y como dictaban los objetivos de la agrupación femenina. Esa serie de conferencias estuvo marcada por los temas de filosofía, dándose cita en San Luis Potosí las escasas mujeres que realizaban filosofía en México y que se habían formado en la década de los veinte y treinta, como filósofas.
Paula Gómez Alonzo se considera la primera mujer en participar en la filosofía académica en México. Como es el caso de otras mujeres, realizó al menos un par de carreras para su formación, la del magisterio, como era común para ellas, y la carrera de filosofía, que cursó en la Universidad Nacional Autónoma de México. Esta condición de caminar entre brechas en la formación y en el interés de estudio de las mujeres, hasta llegar a su objetivo de formación, lo subraya la propia Paula Gómez: “a las mujeres se les excluye de la educación, pero se les reprocha que no sean cultas”.
Paula Gómez nació en Etzatlán, Jalisco el 1 de noviembre de 1896. En 1932 recibió el grado de maestra en filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM
defendiendo la tesis: la cultura femenina; en 1951 recibe el grado de Doctora en Filosofía en la propia Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con la tesis: filosofía de la historia y ética.Paula Gómez es una de las fundadoras del estudio de la filosofía en México, aunque poco o nada se le menciona en este sentido. En 1943, creó el curso de Historia de la Filosofía en México que se imparte en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de la que fue profesora de tiempo completo desde 1933 y en la que laboró por treinta y tres años; pero desde 1925 dictaba cátedra en la Escuela Nacional Preparatoria.
Impartió clase en todos los niveles educativos, además de su participación en actividades públicas de educación informal, como fue su participación en 1953 en San Luis Potosí y en actividades de dirección, al encargarse de 1930 a 1940 de la subdirección de la Escuela Secundaria número 8 y directora de la Escuela Normal Superior de 1947 a 1948.
Paula Gómez se convertiría en la primera mujer en recibir un Doctorado Honoris Causa, por su valiosa contribución al desarrollo de la educación y la filosofía en México. En 1962 la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo se lo otorgó. Cuestión que es digna de mencionar, pues Paula Gómez, como otras de sus compañeras que hicieron filosofía en esa época, no suele mencionarse en la historia de la filosofía mexicana. Ya lo establecía Paula Gómez: “la diferencia entre los sexos es injusta, pues mientras la psicología del hombre parece separarse del especto físico, en la mujer se reduce a este”.
Paula Gómez Alonzo, que sentó las bases para la reflexión del papel de las mujeres en la cultura, murió en Coyoacán, en la Ciudad de México el 3 de noviembre de 1972.
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#4 Tiempos
Al salir de la tienda | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Al salir de la tienda la mujer se ve contenta: casi se diría que un relámpago de felicidad ha iluminado su rostro. Pero, sin duda, se trata sólo de un relámpago, pues de aquí a unas horas, cuando esté ya en casa, mirará con espanto las cifras que todo eso que va en las bolsas le ha costado y que deberá pagar tarde o temprano (ojalá que temprano, por su bien). ¡Dios mío, cuántas bolsas! Apenas puede con ellas. Yo le ayudaría a cargarlas, pero no creo que se fíe de un simple transeúnte cual soy yo, encontrado como al acaso.
Una conocida mía, cuando se siente sola y deprimida, va a las tiendas.
-¡Son para mí -me dijo un día- una excelente terapia! Veo, compro, y al comprar me distraigo.
Sí, yo todo esto lo entendía, pero una vez que estuvo especialmente deprimida compró en una sola tarde la nada risible cantidad de 30.000 pesos en faldas, blusas, vestidos y pantalones. Es claro que, a la hora de enseñar las notas, el que quiso darse un tiro en la cabeza fue su marido, aunque no lo hizo por puro respeto al qué dirán.
¿También esta mujer a la que veo salir se sintió deprimida y ha querido curarse comprando? La sigo de lejos; ahora, de hecho, sólo la veo de espaldas. Camina con dificultad y las bolsas de plástico, que no son pocas –hay verdes, amarillas, rojas, pero todas son grandes, como para caber uno dentro-, se le vienen de las manos a cada diez o quince pasos y entonces se detiene para tomar aire y acomodarlas. Yo también me detengo. La mujer, viéndolo bien, no es fea, aunque viéndolo mejor tampoco es bonita: diría que, en cuestión de belleza, es uno de esos seres que, como se dice, ni fu ni fa.
Ahora bien, con toda esa ropa que lleva en las bolsas, ¿qué es lo que pretende? ¿Gustar? En días pasados había escrito en mi diario –sí, señores, debo confesarlo, yo también llevo un diario en el que, por desgracia, casi nunca escribo a diario- lo siguiente:
«No hay manera de provocar el amor, no hay ninguna manera. Aquí la cosmética no sirve de nada. Se ama o no se ama, se gusta o no. Si comprendiéramos esto, el mundo aún tendría esperanzas de durar. Pero se producen zapatos, camisas, corbatas, pulseras, abrigos y autos a ritmos vertiginosos con el único fin de hacernos creer que se puede, con eso, seducir a los demás. La sabiduría consiste, sin embargo, en no engañarnos: ¿qué puede un auto, un perfume o un lápiz labial para suscitar el amor? El amor es gracia, es pura gracia, y el que crea poder provocarlo quedará siempre, al final, decepcionado. Saber esto, aceptar esto tendría que hacernos más naturales, más sencillos. Y también más resignados».
Miro a la mujer con ternura. Ella cree que con todas esas chácharas podrá ser más amada. Pero no, no será así como conseguirá lo que busca. No sé cuánto le durará la felicidad que he creído verle en el rostro. Deseo de todo corazón que le dure mucho. Adiós, amiga mía, adiós. Quisiera para ti la alegría.
Algunos días después de aquello, ya por la noche y antes de dormirme, me puse a leer un libro de Viktor E. Frankl (1905-1997), y en él pude encontrarme con esto que ahora me tomo el trabajo de transcribir porque confirma mis más negras sospechas:
«La impresión externa de la apariencia física de una persona es indiferente en cuanto a las posibilidades de que se la ame . Esto debe llevarnos a una actitud de retraimiento en lo que respecta a afeites y cosméticos. En efecto, hasta los lunares y los defectos de la belleza forman parte integrante e inseparable de la persona a quien se ama. Sabemos, por ejemplo, de una paciente que abrigaba la intención de embellecer su busto mediante una operación plástica de reducción del pecho, creyendo que con ello aseguraría mejor el amor de su esposo. El médico a quien pidió consejo la disuadió de hacerlo; entendió que si su marido la quería de verdad, como al parecer era el caso, la quería, indudablemente, tal y como era. Tampoco los vestidos de noche impresionan al hombre de por sí, sino solamente puestos en la mujer amada que los viste. Por último, la mujer de nuestro caso, inquieta, pidió su parecer al propio marido. Y éste le dio a entender, en efecto, con toda claridad, que el resultado de aquella operación sólo traería consecuencias perturbadoras, pues le llevaría, tal vez, a pensar: Ésta ya no es mi mujer; me la han cambiado». Y concluye el doctor Frankl: «En efecto, los hombres tienden generalmente a olvidar cuán relativamente pequeña es la importancia de los atavíos externos y cómo lo que importa en la vida amorosa es, fundamentalmente, la personalidad. Todos conocemos claros –y consoladores- ejemplos de cómo personas exteriormente poco atractivas e incluso insignificantes, triunfan en la vida amorosa gracias a su personalidad y a su encanto» (Psicoanálisis y existencialismo).
Cerré el libro y pensé de pronto en aquella mujer que había visto salir de los almacenes en días pasados. La ternura volvió a apoderarse de mí. Sí, me dije, a los comerciantes les interesa hacernos creer que el amor se consigue impresionando; sin embargo, los orígenes de toda relación son más humildes. Pregúntale a este hombre mata el tiempo tomándose un café o a aquel otro que cruza apresurado la avenida –sí, el del periódico bajo el brazo- qué vestido llevaba su mujer cuando la conoció y verás que no te lo dice. ¡Ni siquiera vio el vestido! Lo impresionó ella, no lo que ella llevaba puesto.
Y, de pronto, me escucho a mí mismo hablando con aquella desconocida apresurada: «No, amiga, no. Eso que traía usted hace unos días con tanta felicidad en las bolsas no sirve para lo que cree usted. Sirve, si usted quiere, para andar por la vida decorosamente y con cierta dignidad, pero sólo para eso sirve. Trate, más bien, de ser gentil, delicada, dulce; en una palabra, encantadora, y entonces se habrá hecho usted lo que se llama una personalidad. Y, cuando ya la tenga, verá que cuanto se ponga le vendrá siempre bien.
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