julio 31, 2026

Conecta con nosotros

#4 Tiempos

El dilema de la no intervención | Columna de Carlos López Medrano

Publicado hace

el

Luces de variedad

El gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador decidió cambiar la postura de México respecto a lo que ocurre con el régimen de Nicolás Maduro. Al negarse a firmar la declaración condenatoria del Grupo de Lima que desconoce el mandato del presidente venezolano, causó una polémica en distintos círculos de opinión. Algunas de las conclusiones han sido apresuradas y por ello habrá estar pendientes de la evolución de lo ocurrido. Falta dimensionar si el nuevo planteamiento, dentro de su discreción, puede redituar beneficios mayores que el de las ofensivas que hasta el momento han sido un tanto estériles.

En 2019 la cancillería finalmente tomó distancia del Grupo de Lima que desde hace año y medio ha tomado determinaciones multilaterales sobre la crisis democrática en Venezuela y que en los últimos meses aumentó su severidad hasta rechazar el nuevo periodo de la administración madurista en el gobierno debido a las irregularidades y vicios que hubo en el último proceso electoral, así como las constantes violaciones a los derechos humanos que se presentan en el territorio.

En cualquier caso, aunque pudiera parecerlo, López Obrador no se olvida de Venezuela. Más bien ha instado al diálogo y a una solución negociada, una estrategia de mayor suavidad que acaso pueda equilibrar un balanza cada vez más preocupante, en la que Bolsonaro y Trump hacen temer por una intromisión militar que sería contraproducente.

Desde su periodo como candidato a la presidencia, el tabasqueño manifestó su interés por llevar una visión diplomática de bajo perfil. Ante un panorama interno ya de por sí agitado, proclamaba la inconveniencia de meterse en asuntos ajenos. “La mejor política exterior es la interior”, dijo como uno de sus mantras socorridos, para de paso evadir cualquier aprieto en la materia debido a las  equivalencias que por lustros se han hecho entre el chavismo y él.

López Obrador reivindica así la Doctrina Estrada y, sobre todo, la Doctrina Carranza que ha sido a lo largo del último siglo el eje rector de la Política Exterior mexicana, en especial en lo que se refiere a su idea de la no intervención. Pero, ¿cuáles son sus implicaciones y límites?  

En años recientes, intensos en globalización, la vigencia de la doctrina ha sido puesta en tela de juicio. Los cuestionamientos se han acentuado debido a la coyuntura por la que nuestro país atraviesa, en donde pareciera que es necesario establecer un mayor margen de acción en un mundo cambiante y lleno de desafíos.

Si bien la Doctrina Carranza es estimable, no debe tomarse como un dogma ni una imposición, sino como la expresión de algo más profundo: el arquetipo para mantener nuestra soberanía; empresa que, esa sí, debe seguir como una obligación para cualquier administración federal y que por tanto requiere a adaptar la pauta carrancista a la realidad del presente.

Los fundamentos de la doctrina que Venustiano Carranza pronunció ante el congreso hace más de cien años, en septiembre de 1918, fue antecedida por la Doctrina Calvo y Doctrina Drago que también tenían una disposición similar para enfrentar las agresiones exteriores desde las limitantes que padecían los países latinoamericanos.

Estos principios conducirían la política exterior del naciente país como ente moderno. Esencialmente consistían en la igualdad. Igualdad jurídica de los estados, igualdad de nacionales y extranjeros ante la legislación del país en el que se encuentran, leyes justas y sin distinciones dentro de la nación, así como una diplomacia que velara por los intereses universales y la no intervención.

La Doctrina Carranza fue más que nada una política de defensa. México fue vulnerable en su tiempo por su vecindad con Estados Unidos, lo cual era un riesgo por los proyectos expansionistas de las grandes potencias, como ocurrió con la traumática pérdida de la mitad de nuestro territorio tras la guerra México-estadounidense de mediados del siglo XIX.

Por lo anterior, apelar a la igualdad soberana de los estados, como una vertiente del multilateralismo, era una posición de contención. Un escudo o carta de ingenio en la lucha por la supervivencia.

Durante los primeros años del siglo XX la vulneración del territorio mexicano se había hecho patente en actos como la expedición punitiva contra Pancho Villa comandada por John J. Pershing y el desembarco de tropas estadounidenses en Veracruz. Esa enorme presión hizo que México buscara una solidaridad en América Latina. La igualdad soberana de los Estados podría traer un equilibrio en el concierto de las naciones.

Si bien México se abstuvo de participar de forma directa en la Primera Guerra Mundial, lo cual impidió su acceso inmediato ante la naciente Sociedad de Naciones, ya se vislumbraba como una pieza estratégica e importante por ser un referente petrolero y por su posición geográfica.

México no podía inmiscuirse en un conflicto de proporciones internacionales toda vez que a nivel interno no gozaba de condiciones mínimas de estabilidad. De este modo la actitud de Carranza tendió a lo neutro, pero a una neutralidad activa que marcaba el pulso en tiempos de turbulencia.

La igualdad jurídica de los estados, atribuida a la doctrina Carranza, tenía raíces en el ideario de Matías Romero, quien ya 30 años antes apuntaba a que el desequilibrio entre los estados debería desaparecer. En 1888 México firmó con Japón un tratado de igualdad jurídica. Una forma de apuntar a una labor imprescindible para el porvenir: resolver la asimetría entre los estados.

No obstante, la perspectiva de la Doctrina Carranza debe verse como un producto de su tiempo, una guía que sirve más como fundamento que como una ficha de estricta ortodoxia para resolver nuestras problemáticas geopolíticas.

Cabe destacar que con la reforma constitucional de 2011, el artículo 89 fracción X estipula la “protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales” como uno de los ejes rectores de la política exterior mexicana, un punto de igual a mayor validez que cualquier tradición anterior. México debe empezar a retomar su liderazgo a nivel regional y global.

Además, lo ocurrido a lo largo del siglo XX mostró que la política de no intervención se flexibilizó en momentos puntuales, como ocurrió durante la guerra civil española, cuando el gobierno de Lázaro Cárdenas (al que López Obrador tiene como referente) tomó partido abiertamente  a favor del bando republicano. Se creía que la supervivencia del régimen socialista era importante para, a su vez, salvaguardar el vínculo nacional frente a España, con quien llevábamos una relación ambivalente desde la independencia.

Entre los otros casos donde México se tomó licencias respecto a la Doctrina Carranza se puede destacar la reacción ante la dictadura de Pinochet (rompiendo relaciones y dando asilo a perseguidos políticos, incluyendo a la familia del finado Salvador Allende), el posicionamiento sobre los conflictos guerrilleros en Centroamérica coronados por la declaración franco-mexicana de 1981, así como la permisividad que se dio ante los revolucionarios cubanos liderados por los hermanos Castro a su paso por nuestro país.

Todos esos capítulos de nuestra historia correspondieron al sistema de equilibrio de poderes. Y aunque no siguieron al dedillo la Doctrina Carranza como se establecía en 1918, sí que buscaban un objetivo similar: la defensa de nuestros intereses y la contención de fuerzas adversas en nuestras zonas de influencia.

La política internacional ha variado, igual que las dinámicas de convivencia. La inmovilidad internacional ha probado ser catastrófica en casos como el del genocidio de Ruanda, mismo que dio pasos a conceptos de excepción como lo es la responsabilidad de proteger.

Durante años México se negó a participar en las operaciones de mantenimiento de la paz por parte de las Naciones Unidas, pero esto cambió durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, cuando se empezó a colaborar en el desarrollo democrático, económico y social de otros países, pero siempre teniendo en cuenta que nunca se haría desde un lado de fuerza militar.

Todo lo anterior es digno de considerar en lo que respecta a lo que ocurre con Venezuela, en donde hay más laberinto que claridad. La nueva postura de México tiene más aristas de lo que parece. Desde la Presidencia y la Secretaría de Relaciones Exteriores se ha dado un paso a una nueva vía que no se compromete con la virulencia del Grupo Lima, pero que tampoco tiene concesiones tangibles contra la dictadura de Maduro.

Habrá que ver si se toman acciones adicionales en un espacio medio, por no decir ambiguo. Quizás convenga explorar la vía del diálogo, ya que por ahora la afrenta solo ha llevado a una radicalización del gobierno bolivariano. Será entonces que se pueda revelar la utilidad de una neutralidad activa a la usanza carrancista. Igual habrá que hacer adaptaciones sobre la marcha. Eso sí, cualquier ánimo voluntarioso debe estar condicionado a una serie de compromisos que impliquen una eventual despedida de un mandatario torpe, sanguinario y demencial como es el heredero de Chávez, Nicolás Maduro. La situación es insostenible a mediano y largo plazo. Urge un cambio profundo y el gobierno bolivariano no parece estar en la labor de realizarlo.

 

@Bigmaud

Contacto: [email protected]

También lea: Un cubetazo de agua helada para el sexenio | Columna de Carlos López Medrano

Acento Ajeno

Las murallas de Chapultepec | Columna de Haniel Valdés

Publicado hace

el

Acento ajeno

Por: Haniel Valdés Velázquez

La ciudad de las piscinas a desnivel, los puentes verdes y las licencias gratuitas, tiene un nuevo debate público, que lo mismo puede parecer ataque político vestido de periodismo ciudadano.

Resulta que a muchos cochistas les molestan los nuevos topes de la Avenida Chapultepec, porque autos volaron sobre ellos en su primera noche. Los quejosos voladores aducen a través de reportes, que aún los topes no estaba bien señalados; lo cierto es que quien va a la velocidad permitida, no sale volando.

Por primera vez una obra vial a nivel de la calle ocupa portadas y titulares en los medios, porque para los ingenieros viales o expertos de turno la solución siempre es que el peatón suba y baje 200 escalones de horribles estructuras de hierro o que los autos sigan a 100 km/h sobre un puente o paso a desnivel.

No soy un experto en ingeniería urbana, por lo que no pretendo entrar en detalles técnicos de si está bien o mal hecho, por eso me centro en los debates que quieren forzar las páginas de Facebook que se llaman medios de prensa.

Pocas veces he visto medios cuestionar la constante construcción de estructura cochista que lejos de mejorar la movilidad, como dicen los boletines oficiales, tienden solamente a favorecer la velocidad.

¿Quién se acuerda de los peatones? ¿Quién piensa en el que quiere cruzar la calle sin tener que subirse a un gigante de hierro de más de 6 metros de altura? Antes de que lo invada un pensamiento clasista, whitexican o retrógrado y termine llamando “pobre” al que camina, tómese los 30 minutos que tarda en cada semáforo para respirar y léame con la mente un poco menos cerrada.

Las primeras quejas llegaron porque no había señalética para avisarle a los conductores que había una barda en medio de la calle, pero la mayoría de los que piden la señal con el aviso son los mismos que, a propósito, no ven las que sí están, esas que indican un máximo en la velocidad, o ser cortés con los peatones que intentan cruzar.

Señales faltan más, como una que indique para qué o quién es el carril central de Chapultepec, que en realidad nadie lo sabe a ciencia cierta, otras en toda la ciudad, las que avisen que la ciclovía no es para que se estacionen autos de los negocios de Carranza o Himno Nacional.

La Avenida Chapultepec tiene varias señales que indican que el límite de velocidad es de 50 km/h, algunas casi borradas -ahí te encargo, Ayuntamiento- pero en los videos que circularon de autos voladores, en ninguno de los casos, la velocidad del vehículo estaba por debajo del límite permitido

.

Sí hubo un fallo grande por parte de las autoridades viales municipales que no anunciaron a tiempo el tope y no colocaron la señal hasta que ya estaba listo el muro de los tormentos.

Sigue existiendo tardanza por parte de estas mismas autoridades para repintar o rescatar las señales que no solo ahí, sino en toda la ciudad, están mal pintadas, opacas, mal colocadas o tapadas por árboles.

Los medios que compartieron videos, que criticaron al gobierno municipal, que incitaron al odio de conductores hacia peatones (como si eso no fuera pan de cada día), ¿por qué no acompañaron sus post con un “circule con cuidado”, “cumpla con lo establecido”, “respete al peatón”?

A mis colegas de los medios: falta para el 2027, no empecemos desde ya a querer caerle mejor al que todavía no saben si va a seguir en el poder, hagamos periodismo útil, no crítica en busca de likes. 

Conductores: respeten al peatón. Peatones: no usen el móvil mientras cruzan las calles, ni intenten ganarle al semáforo. Ciclistas: hay solo 3 ciclovías, pero usémoslas correctamente. 

Autoridades: hagan su trabajo, pero háganlo bien, y no descuiden lo que hicieron antes por centrarse solo en obras nuevas.

Gobierno estatal: la obra municipal es para que las personas se sientan más seguras entrando a un parque bajo su cuidado, para evitar accidentes en una calle, de una ciudad que también es parte del estado.

Gobierno municipal: no se apresuren por hacer cosas solo de cara a la contienda electoral, échenle ganas y háganlas bien, respeten los tiempos, informen oportunamente a los usuarios de las vialidades.

Ya aprovechando, revisen las señales de tránsito de la zona, que necesitan mantenimiento, y luego dense una vuelta por la ciudad: hay banquetas que son estacionamientos, hay ciclovías intransitables, hay peatones en riesgo porque los conductores no siguen el reglamento.

En pocas palabras, bajemos todos la velocidad… en todo, hay topes.

También lee: Arrancó la carrera, todos la van perdiendo | Columna de Haniel Valdés

Continuar leyendo

Acento Ajeno

Arrancó la carrera, todos la van perdiendo | Columna de Haniel Valdés

Publicado hace

el

Acento ajeno

Por: Haniel Valdés Velázquez

La competencia por la elección de 2027 ya sabemos que inició hace un rato, ¿a quién le importan los tiempos electorales cuando ni Ceepac hace su chamba, ni a los políticos les importa respetar lo establecido? Aquí lo que hace falta es ganar.

Ahora, podemos ir revisando cómo va esa carrera, quienes van primero y quienes se rezagaron, pero hagamos un análisis serio y real, no mirando encuestas de esas que casualmente suelen dar ganador al que la pagó. Y lo cierto es que el ganador real hasta ahora no es ninguno.

Las batallas electorales deben pelearse en todos los terrenos, pero casi siempre es la prensa el más complicado, y el que suele dejar al ganador. Esta vez, más que nunca les está pasando factura ese campo minado que es la comunicación, han querido meterse de a lleno en el papel de comunicar, pero terminan desinformando.

Me resulta difícil de entender ¿quién aconseja a los políticos potosinos?, ¿de dónde salieron sus grupos de comunicación?, todos parecen tener un mismo objetivo, que el rival pierda, en lugar de centrarse en que su patrón gane la campaña.

Los dime y diretes que cada vez vemos más en las conferencias de prensa, los empujones e interrupciones por pseudocomunicadores e influencers de turno de páginas de facebook autoproclamadas medios, que acompañan cada banquetera, no solo demuestran la falta de educación formal, civismo y ética periodística que consume al gremio, también evidencia carencias que ya no son de la persona, vienen desde la academia y los nuevos “periodistas” que se están formando.

Pero volviendo al tema de los que hacen boletines y posts para informar que sus jefes trabajan, ¿no hay algo más que necesite comunicarse? ¿de verdad es siempre “gracias al trabajo inconmensurable del supremo líder de tal o más cuál municipio/estado/entidad” que las cosas se solucionan?

Donald Trump en su primera campaña presidencial echó a perder la prensa internacional, en números su campaña fue maravillosa, pero es un modelo netamente primermundista, la heroización, el convertir a personajes políticos en protagonistas de Marvel funcionan en economías donde la fuerza del voto está en los grandes empresarios y en poder de las multinacionales, todos quieren al empresario exitoso dirigiendo su país.

En latinoamérica solo hay un caso donde ese modelo de prensa ha funcionado, Nayib Bukele controla los medios de El Salvador y su triunfalismo lo posicionó como el presidente con mayor aceptación del mundo. En México hubo un caso muy positivo, pero al que no le alcanzó, fue la pasada campaña presidencial de Máynez, donde mientras dos señoras se la pasaban criticándose entre sí y hablando de administraciones pasadas, el emeceísta se posicionó como el más votado de su partido en una carrera por la presidencia.

¿Pero, qué pasa en el interior de los estados, en los municipios? Las personas no creen en héroes, no les importan los muchos adjetivos que acompañan a las autoridades en las notas institucionales, el pueblo busca ver sus problemas resueltos y no siempre se acuerda de quién los soluciona.

Todas las notas periodísticas y boletines institucionales parecieran redactados por la misma persona, o el mismo usuario de chatgpt, “gracias a la labor de”, “por indicación de”, “con la guía de”, no solo dejas de reconocer al que sí estuvo al sol medio día tapando el bache o 4 meses haciendo una carretera o puente, logras hartar al lector de escuchar el mismo nombre y el mismo cargo 100 veces al día, cuando lo cierto es que a veces ni por su colonia se le ha visto.

Hay campañas peores: la zumayezca idea de que los bots cuentan en urnas es de político novato. Lo peor es que le copiaron la idea y ahora sus rivales la replican en sus propias granjas, para atacar medios aliados a su contraparte.

Ojalá me equivoque, pero nos esperan 12 meses de bombos y platillos de un lado y de otro, todos jugando a ser el ganador y bombardeando al rival con cuanta tontería (o no) aparece.

No hay charla cercana con el pueblo (aunque nos hagan creer que sí), no hay investigación, búsqueda de los problemas reales que aquejan a los potosinos, solo buscan hacer estructuras cada vez más grandes para autos, prometer agua, y bombardear sus actos y sus redes de promesas vacías que saben no van a resolver los problemas.

La carrera inició, pero esta vez casi nadie está mirando la carrera en sí, ni a sus corredores, andan pendientes de los comentarios de “narradores” que no están tampoco mirando a la pista. La descomunicación va a la cabeza, y seguramente será la vencedora.

Donde reinan las mentiras repetidas hasta el cansancio, los triunfalismos, y la vieja costumbre de intentar humillar al rival, el éxito nunca será para el periodismo o la verdad, solo para quien se siente en el trono y para aquellos que decidan seguirle el juego.

También lee: Hagamos Fan Fest, eso lo paga el pueblo | Columna de Haniel Valdés

Continuar leyendo

#4 Tiempos

Una figura representativa de la literatura potosina, Ramón F. Gamarra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Publicado hace

el

EL CRONOPIO

 

En el siglo XIX se desarrolla el género de novela en San Luis Potosí al que desde entonces han contribuido excelentes plumas potosinas entre quienes se encuentran: Francisco de Paula Palomo, Francisco de Asís Castro, Alberto Sustaita Zavala, Eugenio Verástegui, Agustín Vera, Adolfo Antonio de Alba, Miguel Álvarez Acosta, Rafael Montejano y Aguiñaga, Jesús Goytortúa Santos, Teodoro Torres, Jorge Piñó Sandoval, Jesús R. Alderete, Jorge Ferretis, Manuel José Othón, entre otros, y de manera especial Ramón Francisco Gamarra que fue de los primeros en editar una novela en San Luis Potosí.

Ramón Francisco Gamarra nació en San Luis Potosí alrededor de 1828. Participó de manera activa en la política potosina del siglo XIX siendo liberal, entre las actividades que realizaría se encuentra el periodismo, donde igualmente destacaría codirigiendo en 1885 El Diablo Verde, en 1867 fue director de El Fantasma y, en 1868 de La Charanga. En 1874 fue redactor de El Potosino, que fue un periódico que impulsó la candidatura para gobernador del estado de Manuel Muro, historiador potosino. De los periódicos oficiales del gobierno del estado, fue redactor de La Unión Democrática junto a Rafael Castillo.

En el gobierno del estado fue secretario de gobierno de tres gobernadores, Vicente Chico Sein, Degollado y Bustamante, fue también diputado en varias ocasiones. Al retirarse de la vida política, fue bibliotecario del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí.

En el ámbito literario, en 1868, escribió una de las primeras novelas potosinas El Filántropo, la cual se conserva en forma manuscrita, al igual que sus Memorias de un Espiritista y la Historia Contemporánea de San Luis Potosí.

En 1885 publicó por entregas Catecismo popular de la doctrina democrática y, en 1886, Ellos, un singular texto donde Gamarra aclara: “es un episodio de fondo cristiano y de forma realista que corresponde al volumen XII de mis Ensayos Literarios”. Este texto fue escrito en 1878 y publicado ocho años después por la Imprenta de Dávalos en San Luis Potosí.

Como suele suceder con los autores que mencionamos al principio, su obra no es muy conocida, existen escasas ediciones lo que ocasiona no sea difundida, a pesar de ser considerado como una figura representativa de la literatura potosina del siglo XIX,

además de su contribución al periodismo y la narrativa histórica, lo que lo lleva a ser uno de los autores relevantes en la cultura decimonónica.

Ellos, sería la novela más conocida, novela que aborda eventos históricos en un ámbito narrativo. La novela fue reeditada por el Colegio de San Luis en 1999 dentro de la serie Literatura Potosina 1850-1950, coordinada por Ignacio Betancourt.

En la presentación de Ellos, que hace el Colegio de San Luis nos indica la trama principal de la novela de Gamarra donde el autor recrear “una excepción horrorosa y rigurosamente histórica de que el amor de la madre hacia sus hijos, está siempre creciente”.

Relato alucinante en torno al incesto donde, como un mural, Gamarra intercala cuadros de costumbres, situaciones fantásticas y reflexiones culteranas acerca del mal y sus insospechadas manifestaciones. Con un recurso muy contemporáneo al ‘documentar’ la realidad, el escritor presenta una genealogía demoniaca y nos conduce ´por los vericuetos de un San Luis sorprendente y sórdido.

El abigarramiento de la narración estalla en un desenlace polifónico, cuya verosimilitud no resulta de su desarrollo anecdótico sino del extraño humor negro que caracteriza al autor.

Esta edición de El Colegio de San Luis nos permite conocer una de las obras de Ramón Francisco Gamarra, que posiblemente pueda aún conseguirse en esa institución o, al menos ser consultada en su biblioteca.

Ramón Francisco Gamarra, el político, periodista y escritor cuya obra merece ser rescatada, murió en San Luis Potosí el 18 de abril de 1886.

También lee: Arturo Medellín Anaya, su pasión por la poesía | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

Continuar leyendo

Opinión

Pautas y Redes de México S.A. de C.V.
Av Cuauhtemoc 643 B
Col. Las Aguilas CP 78260
San Luis Potosí, S.L.P.
Teléfono 444 2440971

EL EQUIPO:

Director General
Jorge Francisco Saldaña Hernández

Director Administrativo
Luis Antonio Martínez Rivera

Directora Editorial
Ana G. Silva

Periodistas

Diseño
Karlo Sayd Sauceda Ahumada

Productor
Fermin Saldaña Ocampo

 

 

 

Copyright ©, La Orquesta de Comunicaciones S.A. de C.V. Todos los Derechos Reservados