Deportes
El desempeño del Atlético de San Luis ha sido de bueno a satisfactorio: analista
A pesar de calificar como último lugar al repechaje de este torneo, Edgar Piña ve en el equipo potosino una progresiva mejoría en pocos años
Por: Ana G Silva
El Atlético de San Luis celebró el 24 de abril su sexto aniversario de existencia desde que el grupo empresarial dueño del Atlético de Madrid adquirió la mayor parte de las acciones del club para tener una filial del cuadro español en México. En este tiempo, la institución ha tenido un desempeño irregular, pues después de un ascenso casi inmediato, su desempeño en la Liga MX no ha sido el esperado por su afición, ya que no ha logrado consolidarse como un protagonista del torneo, lo que se suma a una relación de desencuentros con su afición. Pese a ello, el fin de semana el equipo se clasificó en el último lugar para el repechaje (Santos que quedó en el 13 lugar debido también estará, debido a que Querétaro, que ocupa el décimo sitio, no puede jugar debido a que está de último en la tabla porcentual) por lo que sigue en la pelea por el título. La Orquesta conversó con Edgar Piña, analista deportivo, para hablar sobre el paso que ha tenido el Atlético, el cual calificó como de bueno a satisfactorio, bajo el argumento de que su primer objetivo era ascender y lo consiguió en muy poco tiempo.
El analista deportivo comentó que el equipo ha llegado un par de ocasiones al repechaje por lo que su paso por la Primera División ha sido buena, ya que a otros clubes les ha tomado más tiempo; esto ha sido gracias a que tiene el auspicio de Atlético de Madrid, que tiene un estadio “cada vez mejor” y una afición presente y comprometida, a pesar de que han roto esquemas como el caso del uniforme al cambiar el auriazul a rojiblanco.
Al mencionar que en la Primera División el Atlético de San Luis solamente una vez ha logrado finalizar el torneo en el puesto número 10 en la tabla general, lo que ha sido suficiente para alcanzar un boleto en el repechaje; sin embargo, con el nuevo reglamento en el cual solo se jugará la liguilla con los primeros ocho lugares, la escuadra no alcanzaría boleto a la fiesta grande del futbol mexicano de continuar con el mismo desempeño, Edgar Piña argumentó que se deberá tener mejores refuerzos para el siguiente torneo si busca estar dentro de los primeros ocho lugares.
El analista deportivo reconoció que los tuneros han tenido una mala racha en diferentes aspectos desde que lograron su ascenso a la primera división, que empieza con el despido del ex técnico Alfonso Sosa y que no les ha permitido lograr mejores resultados:
“Yo creo que San Luis tiene una racha de mala suerte desde la salida tan abrupta de Alfonso Sosa, pues llegó la entrada tan intempestiva de Gustavo Matosas, los problemas que se vinieron con el pago de la multa, con la bronca que hubo con la gente de Querétaro en el estadio que le causó también varios problemas económicos al equipo de San Luis, y todo eso fue una cadena de sucesos desafortunados. A la fecha no ha encontrado el equipo, parece que por momentos, pero no es constante, la alineación ideal, el 11 que finalmente funcione”.
Piña señaló que la responsabilidad de los resultados del equipo no son solo cuestión del técnico, sino también de los promotores, de los visores, de refuerzos, gente que aporte en el equipo para ocupar los primeros lugares en la tabla general, pues si bien no está cerca de volver a pagar multa o tampoco está cerca de ser campeón o llegar a los primeros cuatro que califican de manera directa.
Al cuestionarlo sobre a quienes se debe las inconsistencias en la escuadra tunera, el analista respondió que es de manera equitativa a la mala dirección deportiva y a una mala planeación:
“La planeación deportiva me parece que se puede invertir de mejor manera el dinero, refiriéndome los refuerzos, la dirección deportiva tiene su culpa claro, pero también de alguna manera todo lo que está alrededor del poder adquisitivo del equipo, no en cuanto a lo que gaste o no gasten, sino en el gastar bien y si no gastar en jugadores de calidad, en el hacer mejores negociaciones y en todo lo que está alrededor del equipo, incluido la mercadotecnia, que me parece que ha tenido pifias tremendas. Esto conlleva a que el equipo siga sin calificar”.
Al preguntar si el panorama sería distinto si jugadores como Camilo Mayada, Facundo Waller, Nicolas Ibañez o Germán Berterame se hubieran quedado, Edgar Piña apuntó que sí, aunque era lógica su partida, pues los equipos con mayor poder adquisitivo los compran; no obstante, esto también le inyecta dinero a las arcas del club, que no ha tenido problemas económicos para poder sobrevivir:
“La directiva tiene que poner mucho más énfasis en buenos visores, en mejores directores deportivos, en mejores promotores y que si tienes la conexión directa con Atlético de Madrid bueno por qué también no te ayudan un poco más en ese aspecto y reforzar un equipo realmente competitivo”.
Edgar Piña subrayó que si bien la afición de San Luis Potosí merece un equipo mejor, los haters de la escuadra deben dejarlo trabajar, pues, bueno o malo, es una de las pocas ciudades en México que tienen futbol de Primera División:
“Los aficionados de ocasión, los que critican desde el sofá que está mal el equipo, que no saben cómo está estructurado el equipo ni por qué de las cosas, tiran al equipo potosino sin saber que también son potosinos y sin medir que si algún día se quedarían se fuera el equipo dejarían de ver a su equipo favorito en San Luis”.
El analista dijo que vislumbra a un Atlético de San Luis, si se corrigen errores, como un proyecto parecido a lo que le pasó con Pachuca y Tigres que tuvieron altibajos y se fueron consolidando en instituciones importantes del fútbol mexicano; recordó que los tuneros son la única escuadra en los últimos años, que los ascensos que tuvo tanto en 2002 como hace cuatro años, que fueron totalmente deportivos, pues no fue ni por comprar una franquicia ni fue por expansión de equipos ni porque se cambió de una ciudad a otro club.
“Los ascensos fueron totalmente genuinos y jugando en la cancha sin ningún otro tipo de cuestión administrativa o de escritorio de por medio”.
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Columna de Nefrox
Pongan Caifanes | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Es el país de The Beatles, de Queen, de Led Zeppelin, de Pink Floyd, de Oasis, de The Rolling Stones. Bandas que no solo marcaron una época; prácticamente escribieron el manual de cómo entender la música moderna.
En el fútbol ocurre algo parecido.
Cada generación inglesa parece estar destinada a conquistar el mundo. Siempre aparecen figuras de primer nivel, planteles millonarios y una liga que presume ser la mejor del planeta. Inglaterra carga con ese prestigio que intimida incluso antes de escuchar el silbatazo inicial.
México nunca ha tenido ese privilegio.
Lo suyo ha sido más parecido a Café Tacvba, El Tri, Caifanes o Maná. Bandas que quizá no cambiaron la historia del rock mundial, pero que aprendieron a construir una identidad propia. Que encontraron una manera distinta de emocionar a los suyos sin necesidad de parecerse a nadie.
Y, curiosamente, esa comparación también funciona para este Mundial.
Porque si alguien hubiera visto únicamente los nombres antes de comenzar el torneo, Inglaterra sería el claro favorito.
Pero los Mundiales tienen la mala costumbre de ignorar los currículums.
México llega a estos octavos enamorando al mundo.
Eso ya lo dijimos.
No ha sido un vendaval ofensivo, pero ha ganado todos sus partidos.
No ha monopolizado la pelota, pero ha sido preciso y efectivo.
No ha regalado exhibiciones para la historia, pero es la mejor defensa del torneo.
Hay muchas cosas que no pueden ignorarse.
No ha recibido un solo gol, en todos los partidos ha anotado y juega por nota, enamora.
En un torneo donde cualquier desconcentración cuesta una eliminación, la Selección ha encontrado en la defensa una virtud que hace tiempo no presumía. Ha aprendido a sufrir sin desesperarse, a defender sin regalar espacios y a competir con una disciplina que pocas veces acompañó a los equipos mexicanos en las Copas del Mundo.
Y eso también gana partidos.
Además, hay un detalle imposible de medir con estadísticas.
El Estadio Azteca.
Hay estadios que son escenarios.
El Azteca es un personaje.
Respira distinto.
Presiona distinto.
Pesa distinto.
No necesita recordar que ahí levantó la Copa Pelé ni que Maradona escribió una de las páginas más contradictorias y brillantes de la historia del fútbol justo contra Inglaterra. Todo eso ya vive en sus tribunas.
Los rivales lo saben.
Y México también.
Por eso terminar primero del grupo significó mucho más que evitar un rival o quedarse en la misma ciudad.
Significó quedarse en casa.
Seguir escuchando un himno que retumba difer ente cuando más de ochenta mil personas lo cantan al mismo tiempo.
Seguir jugando en un lugar donde la historia no garantiza victorias… pero sí obliga a creer en ellas
Inglaterra llega como favorito en la estadística histórica, y sería absurdo decir lo contrario.
Tiene mejores individualidades.
Más experiencia en las grandes ligas.
Más profundidad en prácticamente todas las posiciones.
Eso no está en discusión.
Lo que sí está en discusión es si eso alcanza cuando enfrente hay un equipo que ha aprendido a competir sin desesperarse.
Porque México no necesita ser mejor durante noventa minutos.
Necesita ser mejor en los momentos importantes.
Como lo ha sido hasta ahora.
Quizá esta no sea la mejor selección mexicana que hemos visto.
Pero sí parece una de las que mejor entiende sus limitaciones.
Y eso, en un Mundial, vale mucho más de lo que suele reconocerse.
Los grandes equipos no siempre son los que juegan más bonito.
Muchas veces son los que obligan al rival a jugar incómodo.
Y México ha convertido esa incomodidad en su principal argumento.
Dicen que las grandes bandas nunca desafinan en los escenarios importantes.
También dicen que las sorpresas son las que terminan convirtiéndose en leyenda.
Inglaterra tiene detrás décadas de historia, de talento y de prestigio.
México tiene un estadio que empuja, una defensa que todavía no conoce el error y un país entero convencido de que las noches imposibles existen precisamente para intentar romperlas.
Porque el rock inglés podrá haber conquistado al mundo.
Y el fútbol inglés podrá seguir apareciendo en todas las quinielas.
Pero los Mundiales, como los mejores conciertos, nunca terminan exactamente como estaban escritos en el programa.
Ellos siempre tendrán a The Beatles, a los Rolling o a Queen, pero aquí, no es así, aquí afuera, siempre estará el tío que desde algún lugar en silencio gritará como el diablito “Pongan Caifanes”.
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El otro partido | Crónica de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Hay partidos que se compran con meses de anticipación. Otros se planean durante años. Y existen algunos que aparecen de pronto, casi por accidente, pero terminan convirtiéndose en recuerdos imborrables. El encuentro entre Corea del Sur y Sudáfrica durante la tercera jornada del Mundial de 2026 fue exactamente eso: el otro partido, el partido espejo, el que ocurre mientras el anfitrión se juega la vida en otro estadio.
Desde hace muchos mundiales existía una pregunta recurrente en mi cabeza: ¿cómo sería asistir precisamente a ese encuentro? Al partido que comparte horario con la selección local, al estadio que no tiene los reflectores principales, al escenario donde miles de aficionados llevan un ojo en la cancha y el otro en los teléfonos, las pantallas o los altavoces. ¿Cómo se vive un Mundial desde el lugar donde las noticias llegan desde otro estadio? Y peor aún, no solo al partido donde no está jugando el anfitrión, sino donde mi país es el anfitrión y yo estaría sentado en el estadio de la otra ciudad, en el otro partido.
La respuesta llegó en una tarde que terminó siendo mucho más especial de lo imaginado.
Mientras México disputaba su compromiso frente a República Checa en el Estadio Ciudad de México, en Monterrey el duelo entre Corea del Sur y Sudáfrica se convirtió en una especie de reflejo emocional de lo que ocurría a cientos de kilómetros de distancia. Los dos partidos estaban unidos por el reglamento, por la simultaneidad y por la incertidumbre.
Lo que sucedía en uno podía modificar el ambiente del otro.
Por momentos, el balón dejaba de ser protagonista. Las miradas se dirigían a las pantallas, a las aplicaciones de resultados o a cualquier señal que indicara qué estaba ocurriendo en el encuentro de México. Cada anotación en el Estadio Ciudad de México recorría las tribunas como una ola invisible. Primero llegaba el rumor, después la confirmación y finalmente la reacción colectiva.
El gol de México no se gritó en ese estadio como se hace en el inmueble del anfitrión. Se celebró de otra manera: con sorpresa, con abrazos entre desconocidos, con teléfonos levantados y con la sensación de estar viviendo dos partidos al mismo tiempo.
Y quizá ahí radique la grandeza de un Mundial.
Porque el Corea del Sur contra Sudáfrica dejó de ser únicamente un partido entre dos selecciones. Se convirtió en el espejo del México contra República Checa. Cada jugada propia convivía con las noticias del otro estadio. Cada pausa era una oportunidad para buscar una actualización. Cada gol del anfitrión modificaba el estado de ánimo de miles de personas que, técnicamente, estaban viendo otro encuentro.
Durante años existió la curiosidad de saber cómo se sentía asistir precisamente a ese partido: el de la tercera jornada, el del mismo horario, el que acompaña el destino del anfitrión. Y la respuesta terminó siendo mucho más emotiva de lo esperado.
No existe la indiferencia en un Mundial. Incluso el encuentro aparentemente secundario termina formando parte de una historia mayor. Corea del Sur y Sudáfrica disputaron sus propios puntos, sus propias aspiraciones y sus propios noventa minutos. Pero alrededor de ellos se desarrolló también otra experiencia: la de miles de aficionados viviendo simultáneamente el drama de México.
Quizá el verdadero protagonista de aquella tarde no fue el marcador ni el resultado final. Fue esa sensación única de compartir dos estadios a la vez. De escuchar un gol que ocurrió lejos y sentirlo tan cerca como si hubiera sucedido frente a los propios ojos.
Porque en las Copas del Mundo existen partidos importantes. Y luego están esos otros encuentros que, sin proponérselo, terminan contando una historia mucho más grande que el propio fútbol.
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Ayuntamiento de SLP
Gobierno capitalino entrega becas a 143 deportistas potosinos
Los beneficiarios del programa Voy por San Luis recibirán apoyo económico y acompañamiento en nutrición, psicología deportiva y fisioterapia
Por: Redacción
El Ayuntamiento de San Luis Potosí entregó certificados a 143 atletas que fueron incorporados al programa de becas Voy por San Luis, una estrategia que busca respaldar a deportistas locales mediante apoyos económicos y servicios especializados para su desarrollo competitivo.
La entrega se realizó en Palacio Municipal y fue encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado por el director de Deporte Municipal, Luis Fernando Alonso.
De acuerdo con la administración municipal, el programa contempla no solo apoyo financiero, sino también acompañamiento profesional en áreas como nutrición, psicología deportiva y fisioterapia, con el objetivo de fortalecer el desempeño integral d e los beneficiarios.
Durante el evento, Galindo Ceballos destacó que los apoyos están dirigidos a atletas qu e representan a San Luis Potosí en competencias estatales, nacionales e internacionales.
El Ayuntamiento informó que para 2026 el programa amplió su cobertura hasta alcanzar 143 deportistas, quienes fueron seleccionados mediante un comité integrado por entrenadores, especialistas y representantes de asociaciones deportivas, con base en sus resultados y trayectoria.
En representación de los beneficiarios, la nadadora Paloma Palacios Rosas agradeció el respaldo otorgado a deportistas convencionales y con discapacidad, al considerar que este tipo de apoyos contribuyen a que más atletas puedan continuar su preparación y participación en competencias.
La administración municipal señaló que el programa forma parte de las acciones orientadas a impulsar el deporte y respaldar el desarrollo de talentos locales.
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