agosto 20, 2026

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#4 Tiempos

El cadáver que nadie ve | Columna de Óscar Esquivel

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Desafinando

 

 

Surrealismo mágico contra la realidad.

Hablando de necedad y terquedad, pareciera que es una misma condición, pero tienen cada una sus vertientes, en algún punto se encuentran.

Terquedad se relaciona sin duda, a un mal muy grave, lleva al hombre a desaprovechar los consejos ajenos, se aferra con pinzas al análisis dictaminado individual personal, resuelto por las ideas, donde revolucionan hacia su propio yo, olvidando ser prudente y tal vez, poco justo con los demás.

El hombre con poder, difícilmente se previene, es poco cuidadoso pues sale de él orgullo, se transforma en una especie de enredadera que muy fácil crece apoderándose de algunas conciencias. Estos personajes son obstinados, necios y culpables de sus actos.

Se dice que a partir de este plano nace y se adhiere la necedad cíclica, se hace difícil reconocer a un necio en esta etapa cuando se calla y guarda silencio, tal vez los más peligrosos, pues en grupo podía dejar pasar una aportación positiva de algún miembro, pero al cabo de los minutos o las horas, simplemente cambia de parecer y realiza su voluntad a pesar de su aprobación.

Santiago Ramón y Cajal médico español, además artista, fotógrafo, científico, editor, pionero de la neurociencia, dibujó los secretos del cerebro en alguno de sus libro y gráficas donde lo divide. Por extraño que parezca descubrió que el hombre en alguna parte del cerebro guardaba celosamente el comportamiento para ser necio, así como los sentimientos del amor u odio. Creía haber encontrado la sección de la necedad la cual describía que él tenía muy desarrollada esa parte cerebral: “Conoceremos infinitas clases de necios, los más deplorables son los parlanchines empeñados en demostrar que tienen talento”.

Terco y necio, vinculación  íntima, compañeros inseparables, conductas erráticas. Además de dañarse hieren a los cercanos, a sus familias, empleados y hasta a todo un pueblo si se tiene poder. Rige la intolerancia, el necio evade a todos aquellos que no piense de manera igual y los acusa de intolerantes sin determinar que el intolerante es él mismo.

 

LA MUERTE QUE SE IGNORA

Parece San Luis Potosí como un circo dentro de una carpa sellada con muchos espectadores y pocos artistas. Algunos, los parientes del domador, que aplauden las piruetas de los perritos -ya no les alcanzó para los elefantes que eran el espectáculo mayor-. La ovación se escucha cuando salen al ruedo a otorgar su espectáculo los malabarista. Hacen de todo y posteriormente los payasos, tratan de sacar una sonrisa al público indolente que no hace otra cosa más que mirar y esbozar una minúscula sonrisa debido a las graciosas muestras de alegría que tienen los niños. El número esperado, el globo de la muerte donde algunos motociclistas, que parecen policías, se adentran en una jaula circular de acero haciendo rugir los motores, y digo rugir, porque los del Partido Verde se encargaron de aniquilar a todos los felinos y animales de los circos.

Hay de todo: emoción, alegría, asombro, nervios, miedo… de pronto un accidente, el equilibrista había caído de la cuerda floja fracturándose el cuello. Falleció quedando al centro de la pista de aserrín.

La voz campante ante un micrófono y después de recoger el cuerpo del desafortunado equilibrista se escuchó por el altavoz: ¡el show debe continuar!.

De esta forma poco ortodoxa, como ejemplo, actuamos ante la mirada atónita de todos y la simulación alegre del dueño del circo – perdón de las autoridades potosinas-. Cadáveres de muchas. Mujeres jóvenes, decapitadas, mancilladas , deshonradas, lapidadas en su cuerpo y en su alma. Los ciegos  aplauden el actuar policial solo para continuar recibiendo favores gubernamentales. Nunca (y es nunca) se escucha como ejemplo la voz de las cámaras empresariales, de los beneficiarios de tantos incentivos, de aquellos que solo saludan y besan el anillo del poder, mucho menos, algún funcionario que esté inconforme con la actuación policial y de la Fiscalía del Estado.

Una sola voz no se escucha, no hubo autoridades de otras universidades que no fuera la de la última víctima de feminicidio. Los reclamos son siempre del pueblo espectador y poco participativo.

La Alerta de Género se define como: “Conjunto de acciones gubernamentales de emergencia para enfrentar y erradicar la violencia feminicida y/o la existencia de un agravio comparado que impida el ejercicio pleno de los derechos humanos de las mujeres, en un territorio determinado, la violencia contra las mujeres la pueden ejercer los individuos o la propia comunidad”.

En una entrevista a la diputada priista plurinominal su respuesta sobre el tema fue “Ha sido una farsa el tema de la Alerta de Género pues no ha venido a resolver en nada, al contrario, se ha incrementado el número de actos de este tipo”. A ella le preguntaría, ¿ya le comentó a su jefe político por qué no actúa como debe?

Además, la legisladora concluyó “pareciera que el tema de mujeres muertas en San Luis Potosí cada día es más común; ¿para qué endurecemos las penas si no detienen a los culpables?, y en el caso de que los lleguen a detener resulta que las carpetas de investigación no están bien integradas”.

Se diría que la diputada tiene toda la razón, pero se le quisiera ver enarbolando alguna marcha con cientos de mujeres priistas, como “líder que es” y con su fuero. Ojalá apoyará a su “jefe político” en resolver el problema. Le hace mucha falta a Carreras quitarse la terquedad y la necedad para atacar los grandes temas pendientes de violencia que sufren los potosinos. Según el gobierno se resuelven los feminicidios pero no se trata de resolver, es tomar acciones de prevención y vigilancia en la ciudad donde también tiene responsabilidad el Ayuntamiento de la capital.

El gobernador no ve, ni oye, ni escucha. Está al filo del abismo y que pareciera ya no importarle, como se los hizo saber a sus colaboradores incluidos diputados en la llamada “cumbre del hangar”.

Cubiertas de lodo, de inmundicia, de pecado, maltratadas, humilladas, violentadas, muchas han muerto solo por ser mujer.

Ahí en su circo de poca calidad humana, al centro de todos los espectadores se han recogido los cadáveres, para llorarles en familia y el estado potosino, todos en su comodidad, gritan a los cuatro vientos, ¡el show debe continuar!.

Recibamos pues con “festejos” el Surrealismo Mágico de la mujer maltratada.

“Hoy vivo entre el aburrimiento y la vergüenza de pertenecer a un género animal como el ser humano, por eso me gustaría ser un elefante salvaje. No dejarme de nadie, aunque la tortura continúa dentro de la poca libertad que logre”, Leonora Carrington.

“No hay que poner la palabra antes de la realidad, hay que poner primero la realidad” ,Leonora Carrington.

Nos saludamos pronto.

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#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.

Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.

En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.

La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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