enero 30, 2023

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#4 Tiempos

El arte de callar | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

Confesémoslo: hay personas que nos incitan a la maledicencia. No las soportamos y, tan pronto como oímos que alguien pronuncia sus nombres, el estómago se nos revuelve y queremos cuanto antes poner en claro lo que pensamos de ellas.

-¡Ah –decimos-, qué tipos más abominables! ¿Cómo pueden soportar, aunque sea por un minuto, ser quienes son? ¡Yo me moriría de estar en su pellejo!

Claro que también nosotros vamos a morirnos de estar en nuestro pellejo, pero de momento no queremos pensar en ello. ¡Además, no es de nosotros mismos de quienes queremos hablar! Y, mientras seguimos echando pestes, el semblante se nos descompone –la cara adquiere una tonalidad extrañamente verde- y las manos comienzan a temblarnos de rencor.

Ahora bien, ¿qué hacen los demás, es decir, los que pronunciaron aquellos nombres odiosos sólo por el gusto de ver cómo reaccionábamos? Nada, ellos no hacen nada: simplemente se ponen a escucharnos, risueños y divertidos. Tan bien conocen nuestra antipatía por esas personas que, a veces, únicamente por vernos gesticular como gorilas sacan dichos nombres a relucir. Dicen con fingida ingenuidad:

-Al que le ha ido muy bien en la vida es a X. ¡Él sí que tiene suerte! ¿Se puede ser más afortunado en la vida? Por si no lo sabes, en su trabajo acaban de ascenderlo. ¡A él, que no te lee siquiera los instructivos de las máquinas que compra! Y, ya que estamos hablando de máquinas, ¿sabes que acaba de sacarse en una rifa un Audi 2017?

Y luego hacen una pausa para que entremos nosotros en acción y nos pongamos a decir lo que tanta hambre tienen ellos de escuchar.

¡Pobres de nosotros! ¡Caemos en la trampa con tanta facilidad! Yo mismo, en más de una ocasión, ¡con qué rapidez he dado a conocer mis opiniones más personales al primero que pasaba! ¡Y cómo me metí en líos por tan irresponsable ligereza! No es mentira decir que apenas acababa de contarle algo confidencialmente a uno de estos advenedizos cuando ya medio mundo sabía lo que acababa de decirle. ¡Y se lo sabía con comas, guiones, signos de exclamación y puntos suspensivos!

La experiencia me ha enseñado que así hable con mi almohada, con una piedra o con la pared, pronto, muy pronto, mis revelaciones serán sabidas por media humanidad. ¿Cómo se enteran, por qué medio, a través de quién? No lo sé; pero una cosa es cierta: la palabra humana, apenas sale de la boca, se desprivatiza y se pone a recorrer los mundos como un e-mail infectado de no sé qué virus peligroso. ¡Cuántos problemas nos vienen a los hombres por no saber estarnos con el pico cerrado! Por eso decía Chamfort (1741-1794), el célebre moralista francés: «Prefiero que hagan calumnia de mi silencio a que la hagan de mis palabras».

Hoy pienso que externar una opinión o confiar un parecer es algo que exige altas dosis de prudencia. Y diré todavía algo más que podrá parecer, si no atrevido, por lo menos despectivo: no todos merecen nuestra sinceridad, pues no todos están en grado de apreciarla como se debe.

A éste que le das lo más sagrado que posees, es decir, tus pensamientos, ¿por qué se los ofreces a precio de rebaja, a coste de saldo? ¿Quién es él? ¿Agradecerá tu claridad, o irá más bien a oscurecerla de frente a tu adversario para congraciarse con él y hacerte quedar mal?

No creo que la advertencia sea innecesaria: «¡Cuidado! No todos merecen lo que tú esparces por el mundo a manos llenas». Cristo mismo dijo que no había que echar las cosas santas a los cerdos, y añadió que no todas las semillas suelen caer en buen terreno. Con esto quiero decir que te reserves, que guardes silencio y hagas caso de lo que dice Baltasar Gracián (1601-1658) en uno de los aforismos de su Oráculo manual: «Hase de hablar como un testamento, que a menos palabras, menos pleitos».

Un viejo libro publicado en Barcelona en 1913 –no se especifica en la portada el nombre del autor, y por eso no lo cito- daba a sus lectores el siguiente consejo: «La verdad no siempre se puede decir, y tampoco mucho de lo que se siente. Habla siempre bien de todos. Alaba o calla. Cosas hay que se pueden y aún se deben hacer, pero no decir».

Las palabras que llevas dentro no se te pudrirán en el pecho si allí las dejas; no son un pus del que tengas que liberarte, ni tampoco tumores que debas extirparte para recuperar no sé qué salud perdida. Y, respecto a esos nombres que nos resultan siempre tan antipáticos, escucha lo que dice un monje benedictino alemán llamado Anselm Grün:

«Se dice que el patriarca Agatón, uno de los antiguos monjes del desierto, llevó durante tres años una piedra en la boca hasta que pudo arreglárselas con el silencio. Él había padecido lo difícil que es refrenar la lengua. Antes de reflexionar debidamente, ya hablamos sobre los demás. Entonces a veces es importante que nos impongamos una prohibición de hablar sobre determinadas personas. Agatón lo practicó con una piedra. Si durante un año no hablo nada acerca de una persona que con tanta frecuencia provoca mi irritación, el enojo se irá».

Aunque este nombre te ponga los pelos de punta, cállate. Es preferible que por el momento no digas nada acerca de esta persona, ni bueno ni malo. Si dijeras algo bueno, sería hipocresía; si malo, te dejarías llevar por el torrente de tus palabras (torrente, por lo demás, en el que acabarás ahogándote, no lo dudes). Guarda silencio: es lo mejor. De este modo, sin darte cuenta, tu tormenta interior amainará y tus sentimientos se irán haciendo poco a poco más serenos y suaves. Haz caso de este monje alemán. Te juro que sabe lo que dice.

Y, para terminar, un proverbio judío: «Hijo mío, recuerda esto siempre: tus amigos tienen amigos; por lo tanto, sé discreto».

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#4 Tiempos

La alquimia de Remedios Varo | Columna de Julián de la Canal

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La pintura de Remedios Varo (1908-1963) se antoja recoleta y monacal; recoleta sin fronteras, monacal sin clausuras. Habitual de los pasadizos extraviados del sueño, cartografía sus recorridos en escasa bitácora onírica recogida en Cartas, sueños y otros textos (1994 y 1997). “En una entrevista inédita” declaraba su adhesión al surrealismo ya antes de su llegada a México. Su militancia vanguardista fue precoz, iniciada al integrarse en el Grupo Logicofobista, formado en 1936 en Barcelona a raíz de una breve estancia en la ciudad de Paul Éluard en enero de ese mismo año. En sus pinturas y textos, Remedios Varo privilegia el sueño pero no lo abraza al completo, lo asume como asunto central sin rendirse al severo dictado del subconsciente. Su surrealismo exhibe contención, como si su acceso al ámbito onírico no procediera de un abandono al inconsciente, sino de una intervención previa a ese completo abandono. Esta resistencia acredita la ausencia de violencia habitual de la plástica más surrealista, a no ser que esa violencia resida en el imprevisible humour siempre a disposición del pasmo.

Figuras estilizadas, zoomórficas en ocasiones, pueblan su arte. Elementos que delatan su origen onírico pero que no se trasladan a la tela de inmediato, sino que se someten a un proceso alquímico antes de llegar al bastidor cuyo resultado evoca la nigromancia. Remedios Varo depura el sueño para convocar un mundo mágico consistente a lo largo de su trayectoria. Se aprecia voluntad de crear un universo particular cuyo material no procede en exclusiva del sustrato onírico, sino de un trabajo posterior sobre esa experiencia. Esta manipulación es propiamente el inicio de la conversión alquímica que no se limita a mero mecanismo sublimador. Por contigüidad, se asocia con ese misticismo característico que satura sus pinturas. Ambos factores generan esa extemporánea atmósfera medieval vinculada con los cuentos de hadas. Pero ese no es el referente o no es el único referente o el más significativo. Con reticencias, parece también inspirada en la matière de Bretagne que despliega el mito artúrico en un conjunto de prosas medievales sobre leyendas celtas en que sobresale Historia Brittonum (siglo IX) e Historia Regum Britanniae (1130-1136) de Godofredo de Monmouth. Sobre ellos Chrétien de Troyes escribió Lancelot, el Caballero de la Carreta (1176-1181) y Perceval, el Cuento del Grial (1180). Tales obras presentan una desproporción entre lo real y lo maravilloso que Remedios Varo adopta en su poética. Su arte no es plenamente surrealista, aunque lo sea la materia prima, contaminado por una serie de motivos muy reales que rebajan la fuerza del subconsciente y que delatan el proceso de alteración del sueño. Entre lo onírico y la paleta, Remedios Varo interpone una vigilancia. La intervención de la conciencia subvierte la naturaleza de la imaginería de vanguardia para acomodarla en ocasiones en cierta tradición próxima a la escuela flamenca de Brueghel el Viejo y el Bosco.

La pintura de Remedios Varo surge de ideas firmemente arraigadas en la memoria del hombre moderno, aunque el hombre moderno no sea plenamente consciente de su memoria. Los espacios que diseña en sus cuadros están repletos de elementos platónicos e imágenes arquetípicas que no siempre parecen platónicos ni arquetípicas. Hay un interés por ese hermetismo que prefiere enigmas cifrados por imágenes a palabras secretas como registra en sus cartas. Esta querencia se traduce en aparentes figuras hermafroditas, motivo preferente de los alquimistas, que asocian lo sensual y lo espiritual, Afrodita y Hermes. La alquimia era disciplina integrada en el Corpus Hermeticum (100-300 d. C.) traducido por Marsilio Ficino (1433-1499). Pero en Remedios Varo hay también mucho humor surrealista, esa actitud que favorece acciones ilógicas como en su cuadro El alquimista o La ciencia inútil (1955), en que un complejo diseño mecánico para recabar agua, manipulado por una ambigua mujer ante un alambique, contrasta con la simplicidad del goteo de agua de lluvia que recogen frascos de color verde debidamente dispuestos. En ocasión de Remedios Varo parece más conveniente hablar de alquimia surrealista que de surrealismo surrealista.

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#4 Tiempos

De regreso al norte | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Complicada la segunda visita a Monterrey, visitar a Tigres siempre ha sido difícil para cualquier equipo.

Ya el fin de semana pasado la escuadra potosina sufrió en tierras regiomontanas: un 3-1 que suena más escandaloso que lo que pudimos ver en la cancha, un equipo que con tres errores perdió el orden y no pudo levantar la cara.

Principal atención a ciertos jugadores, para bien y para mal: un Andrés Iniestra que no se ha visto del todo bien en el torneo, ya en el duelo contra Chivas lo vimos dudoso en algunos momentos, ahora fue completamente superado y costó caro. Por otro lado Bonatini, este delantero que ya ha demostrado su calidad en la definición, firmando nuevamente un buen gol para darnos siquiera una pequeña Alegría en ese encuentro.

Tigres será muy incómodo, difícil y muy complicado para sacarle puntos y no lo digo solo por San Luis, sino para cualquier escuadra que visite San Nicolás; Tigres es sin duda, el gran favorito para salir campeón con una plantilla de jugadores que deslumbra.

La derrota de San Luis en el Volcán, debe estar (hasta cierto punto) pronosticada: los 4 puntos que los potosinos llevan en el torneo, son la cosecha “normal” que debería llevar un equipo que va arrancando el torneo y que poco a poco va encontrando sus mejores elementos.

En pocas palabras, San Luis bien, en sus primeros partidos; ahora necesitamos que comiencen a concretar, a dejar de cometer errores y a centrar cada encuentro a las reales posibilidades del equipo. San Luis pierde en el Volcán, pero debe seguir mostrando mejoría.

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#4 Tiempos

La disputa por el triángulo dorado de SLP | Columna de Luis Moreno

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HISTORIAS PARA PERROS CALLEJEROS.

Hace 20 años, nadie hubiera imaginado que el municipio de Villa de Reyes y la delegación de Villa de Pozos se convertirían en las zonas con la mayor potencia financiera de todo San Luis Potosí; fueron afortunados aquellos que heredaron o compraron a precio de polvo terrenos en esos lugares. Ahora, con el anuncio de la llegada de la planta de automóviles eléctricos de BMW, todo apunta a que la zona metropolitana sufrirá un estirón industrial, demográfico y social, lo que anticipa la necesidad de ampliar la oferta de terrenos para personas y empresas; ahí, un nuevo horizonte se asoma y con él se conformará un triángulo territorial, posiblemente el más relevante del Bajío:

Santa María del Río está a 27 minutos de distancia de los parques industriales Logistik, ubicados en Villa de Reyes, donde a su vez, se encuentran varias de las empresas más importantes de San Luis Potosí, como BMW, L’Oréal, GM; a unos metros de Dräexlmaier (una de las mayores empleadoras del estado); con decenas de fábricas satélites y donde, posiblemente, también se construirá la nueva planta de BMW.

Son solo siete minutos más de lo que toma llegar desde Villa de Pozos, que se ha convertido en el dormitorio de muchas personas que trabajan en esas y otras empresas de la llamada Zona Industrial, por ello es raro que los empresarios de la construcción no hayan entrado con fuerza a crear desarrollos habitacionales e industriales en Santa María, sin embargo, parece que eso cambiará en breve, con lo bueno y lo malo que ello implica.

Dos situaciones deben alertarnos de que la disputa por ese triángulo dorado ya comenzó, y que debemos prepararnos para lo que vendrá que, como siempre, en las disputas territoriales, implica sangre.

La primera llegó en mayo del 2022. Ricardo Gallardo anunció que tiene intenciones de impulsar que Villa de Pozos deje de ser una delegación del Ayuntamiento de la capital y se convierta en un municipio autónomo

, como ya lo era en el pasado. Ese movimiento no es menor, debido a que implicaría que Pozos tenga una partida presupuestal propia, recaude recursos entre la población por permisos, cambios de uso de suelo, servicios…; lo facultaría para crear planes de desarrollo urbano propios; ocasionaría una redistritación electoral; lo volvería la tercera ciudad más grande del estado con una población de 148 mil habitantes; le quitaría el 16.22% de su población a la capital y lo volvería en un botín político extremadamente atractivo. El movimiento de Gallardo seguro desconcertó a Enrique Galindo, que en poco más de un año como alcalde ha nombrado a tres delegados.

La segunda son las muertes de Érika Briones y Emmanuel Govea, quienes eran alcaldes en funciones de Villa de Reyes y Santa María del Río, respectivamente. Ambos perdieron la vida el año pasado en accidentes automovilísticos y, aunque se debe respetar a las familias y la memoria de ambos, es inevitable especular con base en las circunstancias comunes de sus fallecimientos, pues son, por lo menos, extraños.

He escuchado teorías sobre el interés de cárteles inmobiliarios, políticos y criminales que intentan imponer su visión sobre el futuro del triángulo dorado; la suerte de la población de ese lugar ya se echó y solo el tiempo acabará por destapar si los grandes tomadores de decisiones acertaron o fallaron. No quiero ser pesimista, pero el presente regularmente da pistas de lo que vendrá.

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Opinión