enero 28, 2026

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#4 Tiempos

El arrebato de Chávez con santo y seña | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

 

Hijos de mi “acá entre nos” quiero que sepan la verdad: la salida de Fernando Chávez como secretario general del Ayuntamiento capitalino fue un exabrupto inadmisible a estas alturas de su edad y trayectoria, pero ni modo, se llama construcción humana y para eso no hay ni vacuna que prevenga ni tragos de tequila que curen.

Por presumir, por asumir y suponer, el ahora exsecretario carga a un ladito de su arrebato, la responsabilidad de un tiro de dados sin cálculo, un empujón de fichas tempranero, una sacudida de jaulas innecesaria y un golpe de tres bandas que resonó en igual número de palacios: el municipal, el de gobierno y el de Galeana.

¿Y cómo fue? No sé decirte cómo fue… Bueno sí lo sé y se los cuento a paso veloz antes de cambiar de melodía:

Es lunes guadalupano y todo parece estar sin novedad en la llanura. En manos de Chávez se opera en lo fino los detalles la salida de Enrique Torres como titular del Interapas.

(Ironías de la vida… el propio Fernando propuso a Jorge Daniel Hernández Delgadillo como relevo del leonés).

Ya sea cortesía política, intereses comunes o construcción de puentes, el relevo en el organismo también pasó por Guadalupe Torres en palacio grande y el asunto obtuvo vistos buenos. Fernando, junto a Enrique Galindo, amarró acuerdos y por supuesto, tuvo el aval del palacio de Galeana y que hoy a posteriori lamenta (como siempre son los lamentos).

Todo parecía ir tan bien… pero en los detalles se esconde el diablo (por alguna razón le gusta esconderse ahí).

Camino a su salida, Enrique Torres dejó firmado un acuerdo que pondrá en orden al fraccionamiento Villamagna, documento en el que los desarrolladores por fin se comprometen a regularizar su situación con el organismo (por cierto que eso de andar cobrándole a los poderosos y ricos desarrolladores acostumbrados a no pagar el agua tampoco abonó a la estancia de Enrique Torres…).

En fin, el asunto es que en el acuerdo entre el fraccionamiento mencionado y el Interapas, se da un hallazgo: resulta que en los últimos 10 días del gobierno municipal de Xavier Nava Palacios, se otorgó un permiso al desarrollador para construir más vivienda en terrenos que se supone eran donación municipal…

Dimes y diretes. Los vecinos cuentan y se hacen notar. Hay que operar en lo social y para ello, el alcalde Galindo envía a Martín Juárez, ciudadano, a cumplir con su función con sus iguales…

Hay dos frentes: el jurídico-político que parecía estar “planchado” y el social, que debía remediarse pronto.

Entre tanto, había pendientes que ni pocos ni pequeños: la aprobación en el Congreso de la Ley de Ingresos, el aumento a las tarifas del agua y el impuesto catastral… nada más (subraye, Culto Público el “nada más”). Además, sesión de Cabildo en puerta.

Martes complejo: Llamadas, mensajes, acuerdos, citas y un invitado especial: El recelo.

Fernando Chávez se quiere reunir con el director saliente, Enrique Torres pero está en reunión con el Secretario Técnico, Carlos Rodríguez…

Chávez se sintió saltado, se midió en una cancha que no era la suya, bajó de categoría y se le subió la sangre a la cabeza. Asumió acuerdos rotos, supuso golpe bajo y presumió traición. Así no juego y me voy….

Se cortaron los cables. Terminaron las llamadas. Se dictó renuncia y se presentó en tono todavía iracundo. Salió el todavía secretario “ensatanado” y así llegó a la comida navideña que tuvo con su equipo cercano y por “presumir a sus amigos les contó” y para todos fue evidente la abierta herida.

¿Qué pasó en realidad? Nada fuera de lo normal: El secretario estaba atendiendo el asunto del acuerdo de Villa Magna y Martín Juárez el tema social. No hubo dolo ni traición, pero así lo sintió Chávez.

Nueva reunión navideña en la que se encuentran Galindo y su enojado secretario, el segundo ofrece diálogo, el primero lo rechaza. Se tiraron los dados.

Al día siguiente Fernando Chávez pidió audiencia, pero cometió un poco antes un error derramador de vasos: Filtró a la serpiente más gorda y arrastrada de los medios y a su viperina lengua el asunto. (La serpiente gorda se llama Antonio Meza Rojo por si alguien tiene duda).

De ahí no hubo vuelta atrás. ¿Para que filtrar algo que no se había hecho público y por qué de esa forma tan soez? La renuncia filtrada por anticipado fue aceptada, el comunicado autorizado y el tuit enviado. Se escribió la historia. Se fue Chávez.

Se soltaron los dados sin soplarles. Sin agua va se tumbó la primera ficha del dominó y se dio el tiro de tres bandas.

En lo inmediato había que hacer y no hubo tiempo de lamentos. Las llamadas de los diputados José Luis Fernández y Aranza Puente fueron atendidas directamente por el alcalde, los últimos acuerdos y términos de asuntos tan relevantes como el agua y sus tarifas, los ingresos y el impuesto catastral se operaron directamente. No había secretario.

Pero la fortuna sonríe: hay cabildo social en un encuentro (otro) propio de las fechas. Ahí, el presidente informó la situación a su cuerpo edilicio y se hicieron lo que son: un solo Ayuntamiento.

¿Se puede llamar a sesión extraordinaria? ¿Puede el alcalde llevar la sesión sin secretario? Se puede y se pudo. Galindo tomó el timón, propuso nuevo secretario y se lo aprobaron por unanimidad.

El nombre todos lo conocemos: Jorge Daniel Hernández Delgadillo, que preparado para relevar en el Interapas y con los “vistos buenos” necesarios, de un salto de manecillas se convirtió en la carta fuerte para suplir a quien lo sugirió de inicio. Así es la política, de momentos decisivos.

Pasó congreso, pasó cabildo, Interapas camina y el que se adapta sobrevive.

Con todo el dolor de Galeana, Comercio y Deportes continúan y tendrán que mostrar lealtades… las que tengan.

¿Va Chávez al PRI? Me preguntó alguien, y como no supe responder, alguien más se me adelantó: Con Fernando parecería el PRI de Pablo, sin Fernando será el PRI de Enrique… y me parece que algo se tiene de razón…

Pero ninguna pena aniquila y por eso Culto Público, hasta aquí dejo la veloz historia. ¿Qué cómo la supe? Acá entre nos… salí corriendo a preguntar.

Hasta la próxima.

Jorge Saldaña.

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El Cronopio

El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.

En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.

El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.

González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador

, entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.

El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.

Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.

Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.

Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

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#4 Tiempos

Pedro Miramontes Vidal y su faceta de escritor científico | Columna de J. R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Manuel Martínez Morales, uno de los creadores de El Cronopio, hablaba de la responsabilidad del investigador en el quehacer de la divulgación de la ciencia. Su corriente de trabajo basado en la socialización del conocimiento científico, exigía de cierta forma, exponer una opinión ante los temas tratados. Su obra de divulgación abordaba artículos y ensayos donde la historia, el arte, la filosofía y la ciencia eran recurrentes en el abordaje de sus temas. 

Un buen tiempo tenía sin encontrar artículos con esta característica, hasta que la buena voluntad de Pedro Miramontes me tendió un libro suyo intitulado Mares de Tiempo y Agua, de las ediciones del Instituto de Física de la UASLP que encabeza Jesús Urías; si bien, el libro no está exento de errores editoriales viene a enriquecer los títulos que el Instituto de Física ha editado a lo largo de su corta existencia y que ha venido a refrescar el árido mundo de las ediciones potosinas y, sobre todo, las universitarias. 

Formados como físicos por la misma época y su deambulación por las matemáticas, así como el estilo de escribir artículos de corte científico dirigidos a un amplio público, son los factores que caracterizan a Manuel Martínez y Pedro Miramontes quien en mares de tiempo y agua nos recorre la historia del pensamiento que formó el estudio de los sistemas complejos y nos descubre un mundo multifactorial para su explicación. Los detalles históricos, muchos de ellos dejados de lado en la historia oficial del pensamiento científico y su relación con la construcción de las ideas sobre nuestro universo desde la antigüedad y que ha moldeado la filosofía de la ciencia, son recurrentes en los capítulos que corresponden a artículos y ensayos escritos en su mayoría al despuntar el siglo XXI para la revista Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM, una de las revistas de divulgación de gran prestigio en el país, y que ahora es dirigida, precisamente, por Pedro Miramontes que realiza una estancia académica en la Facultad de Ciencias de la UASLP.

La complejidad de los sistemas naturales que conforman nuestro mundo, lo manifiesta en sus propios escritos pues la visión holística con que los aborda, nos permite transitar desde diferentes enfoques en el entendimiento de tales sistemas, ya sea a través del arte y por supuesto, desde la ciencia en su gran abanico de disciplinas, donde las matemáticas sintetizan las posibles explicaciones. A través de la selección que realiza Miramontes podemos enterarnos de conceptos sobre el caos, la geometría fractal

, sin desligarnos de aspectos sociales y educativos. Sus escritos responden al requerimiento filosófico de Ortega y Gasset donde critica la especialización y sus inconvenientes en asuntos de carácter complejo, como es el mundo donde nos desenvolvemos y del que queremos entender a cabalidad para mejorarlo y construir sociedades más justas y de feliz convivencia.  

En todos ellos, hay una opinión, y una socialización del conocimiento formado a lo largo de siglos para la contribución del desarrollo científico y social. Pues el carácter utilitario de la ciencia es un factor que requiere reflexión por parte de los constructores de dicho conocimiento para contribuir al desarrollo social. Nuestro país, no es ajeno a este requerimiento y esa carencia que suele suceder sobre reflexión de nuestra labor como científicos, la señala Miramontes, como un recordatorio de nuestro papel como miembros de una sociedad con múltiples problemas y de los cuales podemos contribuir. 

Si tienen oportunidad, no dejen de leer ese libro es ampliamente recomendado y, en especial para quienes quieren adentrarse en la divulgación escrita, es un buen ejemplo de cómo realizarlo, para lo cual se requiere mucha preparación en el ámbito cultural.

Pedro Miramontes estudió física en la UNAM y se doctoró en la propia UNAM en Matemáticas, combina sus investigaciones en áreas interdisciplinares como computación, biología, física, matemáticas, genómica, entre otras. Es profesor titular del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la UNAM, ha participado desde hace años como profesor e investigador visitante en la Facultad de Ciencias de la UASLP. Su trabajo docente y de investigación lo combina con la divulgación del conocimiento científico, participa activamente como disertador en el ciclo de charlas La Ciencia en el Bar, actualmente dirige la revista de Divulgación Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM una de las más importantes revistas de alta divulgación científica en el país.

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