#4 Tiempos
Decálogo para candidatos | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Luego de picarme los ojos (y algunos otros orificios), rascarme la panza (y algunas otras partes del cuerpo) pensando en las “campañas” que ya están, en la teoripráctica, en ruta, es que decidí compartir por lo menos un decálogo de humildes sugerencias para ver si los candidatos, de todos los colores, le imprimen un poco de cuerda, ánimo, pila, galleta, un Ensure, o cualquier otro energético a sus aspiraciones para convertirse en animosos servidores públicos.
Y es que, a menos que me haya quedado ciego o esté viviendo en una cueva obscura en Marte, siento ganas de bostezar por casi todas (hay excepciones) las campañas.
Para poner un ejemplo, desde mi punto de vista así como el de muchos potosinos, si los candidatos fueran pasajeros de camión urbano, estarían en el parador, dormitando, cabeceando o de plano recargados a la de “una patita arriba” esperando algo, pero ese “algo” no saben exactamente si es el camión o un taxi, un “raid” ser atropellados o si están esperando en la fila de las tortillas.
Por cierto que aquí cabe una precisión que me hicieron ver respecto a una entrega anterior en la que compraré a los “quieroquevotenpormi” con caballos de carrera, en la que escribí que si fueran equinos en hipódromo, el conejo ya les hubiera dado dos vueltas.
Bueno, pues lo anterior es incorrecto porque en los hipódromos los caballos no persiguen un conejo, no persiguen a nada en realidad, excepto el triunfo.
Debo decir en defensa que, estoy consciente del error y que los que persiguen conejos en las carreras son los galgos, pero caray Culto Público, se me hizo muy feo andar comparando candidatos a esto y el otro, con perros.
Acabado el intro y la precisión, va el decálogo. Le pido como un favor especial que si usted conoce a alguno de estos personajes hoy plasmados en espectaculares, volantes, bolsas, pulseras, o casi en cualquier otro artículo utilitario, le haga llegar este decálogo que no escribo con la intensión de “ayudarles” sino, para que todos nosotros no fallezcamos de aburrición de aquí al 2 de junio.
Señores candidatos:
1) Olviden las estrategias del 2021,2018 y todas las anteriores. La ciudadanía, sus aspiraciones y sobre todo la forma en que consumen productos de propaganda e información se han transformado. Los algoritmos evolucionan, los espectaculares, sobre todo cuando están saturados de unos y otros, pierden muy rápido su efecto y son poco eficientes en la colocación de propuestas.
2) Por favor (y aquí voy a “GalloRobledear”) y por amor a Jesucristo, tomen en cuenta que los likes, favs, retuits, followers, vistas en Insta y bots no son automáticamente votos y son canales DIS-TIN-TOS, cada uno con su lenguaje, algoritmo y peculiaridades.
3) En el momento en que publican encuestas, todos los demás sabremos que están cuchareadas y que el que va adelante es muy seguramente quien pagó la factura de la encuestadora. Guarden las verdaderas y en todo caso usen su criterio para utilizarlas en el “timming” correcto.
4) Por una psicología social más o menos sana, hagan todo favor de hacer algo nuevo. Acurrucarse en las propuestas presidenciales los hace casi invisibles, pues no hay una promesa de valor local que pueda conectar verdaderamente a su distrito, y si acaso, lo único que se consigue es un objetivo básico de asociación que puede incluso ser un factor negativo en sus aspiraciones.
5) Cuando escuchen la frase “vamos a tropicalizar el concepto” huyan. Eso significa que están en manos de asesores costosos casi siempre de la capital del país que vienen a cobrarles, de ser posible, todo el tope de campaña y con resultados inciertos.
6) La “Guerra Sucia” es hoy tan visible y predecible que al aplicarla, se afectan a sí mismos. Nadie quiere votar por alguien que usa métodos tan bajos.
7) Conozcan un poco el entorno y las necesidades de sus distritos, pero también las de todo el estado. Hasta la fecha nadie ha hablado de legislar sobre la Ley Agraria y todo lo complejo que resulta el traslado de tierras sociales, ahí está la comunidad de Escalerillas, o San Juan de Guadalupe, por ejemplo.
8) Por si no tienen una ventana, la Sierra de San Miguelito está ardiendo. ¿Alguien ha propuesto algo al respecto? ¿El regreso del fondo contra desastres? ¿Hay candados sobre los usos de suelo luego de que grandes cantidades de hectáreas se incendian?
9) Sepan formar un equipo de campaña. Las improvisaciones se notan desde lejos y aunque sus amigos, compadres y familiares los quieren mucho, no son un buen referente para la toma de decisiones.
10) Nadie se confíe del adversario, y encarecidamente les solicito mucho menos paja en sus despachos informativos y en su lugar emitan posturas (los algoritmos de redes castigan que la información se publique de manera idéntica en varios sitios) sean originales.
Bonus: Sacúdandse varias veces al día sus cuerpos y sus mentes porque de plano, y disculpen de antemano el atrevimiento pero con un par de excepciones, todos parecen estar aletargados. No hay entusiasmo, ni pasión. No se trata de llegar a la polarización absurda, pero por lo menos no se conviertan en una aplicación genera bostezos.
Hasta aquí mi decálogo de consejos no pedidos. No maten al acomedido.
BEMOLES
EL PEOR IMSS ES EL DE SLP
En el rankeo de las delegaciones, la de San Luis Potosí del Seguro Social es la 35 de 35. Las cosas no pueden estar peor y la corrupción, la compra de medicamentos, los casos de acoso sexual, la protección de obscuros personajes y un sinfín de irregularidades están ocurriendo en este momento. Hoy mismo daremos cuenta de ello pero le adelanto que el asunto está para llorar.
#PobreIMSS #PobresDeNosotros
MORENA VERDE O VERDES PANISTAS
La pregunta que se repite en algunos cuartos de guerra gira en torno a quién podra lograr obtener los cuarenta y tantos mil votos que se supone son los que tiene el partido Morena en la capital del estado ¿Serán los mismos que hace 3 años? ¿Morena castigará la imposición de una candidata verde o se alinearán al proyecto?
Última pregunta: ¿Cuántos votos azules de la capital podrán convertirse en verdes a través de Sonia Mendoza?
La de Ciudad Valles y la de la capital, serán las contiendas que seguramente, vendrán a ponerle sabor al caldo, que hace mucha falta ante el insípido panorama
#FaltaChilitoYLimón
NO OLVIDEN
No olvide nadie cooperar con agua embotellada, atunes enlatados, mayonesa, pan de caja o cualquiera de los productos que se están solicitando para los más de 250 voluntarios que están trabajando a marchas forzadas por detener el incendio en la Sierra. Se están recibiendo las aportaciones en el ecomuseo del Parque Tangamanga 1.
Ahora sí, hasta la próxima, hijos de las rojas llamas que incendian mi corazón.
Atentamente,
Jorge Saldaña.
También lee: Paradojas: los navistas en el rancho de Gallardo | Apuntes de Jorge Saldaña
#4 Tiempos
“México, esta niebla que arde” | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Culto Público, si no han leído la novela “Niebla Ardiente” de la muy joven escritora, Laura Baeza, les recomiendo hacerlo como desde ayer
Tuve la oportunidad de conocer a Laura personalmente hará unos cuatro años, ¿Qué les digo? Una de esas circunstancias alineadas que convergieron en el segundo piso de la librería Gandhi del centro, la de los Arcos Ipiña.
Fue en un taller breve de escritura creativa previo a la presentación formal de su libro, el que les recomiendo. Si conocerla fue una circunstancia, convivir con ella e intercambiar casualidades fue de plano como regalo de estrella fugaz.
Fui de los selectos y afortunados que en grupo terminamos sentados con ella en “La Oruga y la Cebada” en el Callejón San Francisco, conversando sobre lo que duele y lo que salva, entre un par de cervezas y una cena sencilla.
Ella me firmó su libro con una frase que ahora, en este 25 de noviembre, regresó a mi atormentada cabeza: “A Jorge, que siempre nos una el deseo por hallar algo más en esta realidad tan rara…con todo cariño, Laura Baeza”. El momento de por sí, ya era una realidad rara.
A la distancia, empiezo a creer que su frase fue más que optimismo, y es más un deber moral, y es que su ficción (vuelta a releer en estos días) se parece demasiado a México.
No es “spoiler” (o como se diga) pero “Niebla Ardiente” detalla el regreso de su protagonista Esther a México pensando en encontrar a su hermana Irene, quien había desaparecido hace años, y a quien creía muerta, cuando de la nada, un primero de enero en un reportaje que vio en la televisión, Esther la reconoce en una marcha y se lanza en su búsqueda.
Pero la novela, la primera de Laura (y creo que premiada) realmente no comienza allí. Comienza donde casi todas las historias de violencia en este país empiezan: en los pasillos de la burocracia, en los que los papeles cuentan más que las personas.
Esther aparece en un México reconocible para cualquiera: expedientes mutilados, archivos “perdidos”, oficinas donde la verdad siempre llega después de que las secretarias coman sus gorditas grasosas y funcionarios que usan el futuro para encubrir lo que nunca harán.
Es en esa atmósfera donde la desaparición deja de ser un crimen y se convierte en un proceso. Como alguien escribió: los países se definen por cómo recuerdan; México, al parecer, se define en cómo olvida.
En medio de esa maquinaria oxidada, Esther descubre a un policía. No es un héroe: es un hombre cansado que simplemente no rompe las reglas pero las dobla para que la realidad duela un poco menos. Ese personaje era como algo que escribió una pensadora feminista de la que en este momento no recuerdo su nombre “la dignidad aparece cuando alguien no mira hacia otro lado”.
En fin, siguiendo con la novela y nuestra realidad, este policía mira. Acompaña. Abre una grieta. Y sin embargo, ni siquiera es lo suficientemente poderoso para luchar contra un país donde las fosas clandestinas actúan como el archivo nacional.
La comparativa y reflexión con la novela va porque hoy es 25 de noviembre y México sigue siendo esa tierra donde la violencia parece que no importa, sino que se repite. Casi 2 feminicidios cada día. 3,284 mujeres asesinadas en 2024. 89% de impunidad. Una agresión física cada siete minutos. Más de 10 millones de mujeres violentadas digitalmente. En San Luis Potosí, 24,000 víctimas por cada 100,000 mujeres.
Uno quisiera creer que estos números son de un país lejano, pero no. Están aquí, sobre las mismas banquetas que caminamos todos los días. Ese es el verdadero crimen de México: haber entrenado a la gente para no sorprenderse.
Sí, no se debe negar que mucho se ha hecho pero poco alivia (hoy casi todos los gobiernos e instituciones hablan de esto, pero mañana la rutina sigue).
Sí, con la llegada de Claudia Sheinbaum como la primera presidenta de México, llegaron todas…excepto las que no alcanzaron a llegar porque les truncaron la vida.
El nuestro, es un país donde buscar es amor—y protesta.
Igual que como ocurre en la novela de Laura, que no describe un país imaginado sino nuestro México. Uno donde las hermanas encuentran hermanas, donde las madres encuentran hijas, donde las mujeres salvan mujeres. Un país donde todavía hay justicia, pero casi siempre fuera de los edificios públicos.
Y así como Esther enfrenta la niebla, miles enfrentan la opacidad del Estado día tras día: ventanas cerradas, sistemas incompatibles, versiones contradictorias, funcionarios que deletrean la palabra “protocolo” como si lanzaran un hechizo contra la verdad.
México es hogar de una burocracia tan grande que hasta la violencia tiene formularios que completar.
Tras varios años de no recordar la anécdota con la escritora, hoy vuelvo a esa dedicatoria: “encontrar algo más en esta extraña realidad…”
Ese “algo más” no es una esperanza ingenua. Es algo que se parece más a la obligación de nunca acostumbrarse, “la memoria es la única defensa contra la repetición del horror”.
Por esa razón, espero, que por cada mujer desaparecida o mujer luchando por no desaparecer, o lidiando contra cualquier tipo de violencia, recordemos que la niebla espesa arde. Y que si arde, es porque la herida está abierta.
Hasta la próxima. Jorge Saldaña.
También lee: La IA, periodismo, y la coartada perfecta | Apuntes de Jorge Saldaña
#4 Tiempos
Diego José Abad ilustre formador de potosinos | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
El majestuoso edificio central de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí que fuera construido en el siglo XVII y alojara a la Compañía de Jesús se convertiría en un edificio característico de la educación en San Luis Potosí. En ese edificio funcionaría el Colegio de San Ignacio de la Compañía de Jesús orientado principalmente a la educación de primeras letras; posteriormente se establecería en dicho edificio el Colegio Guadalupano Josefino instaurado por Gorriño y Arduengo siendo el primer establecimiento de educación secundaria o superior en San Luis, dando paso posteriormente, al reinstaurarse la República al Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí que se convertiría en el primer establecimiento en obtener la autonomía universitaria dando paso así, en el mismo edificio, a la actual Universidad Autónoma de San Luis Potosí.
De los profesores ilustres que tendría el Colegio de San Ignacio de San Luis Potosí, se encuentra Diego José Abad, uno de los impulsores del pensamiento moderno en México y que tuviera influencia del jesuita Rafael Campoy, también profesor en San Luis Potosí y de quien tratamos en anterior entrega de El Cronopio en La Orquesta.
La física, o filosofía natural, formaba parte del cuerpo de temas de la filosofía en los cursos que de ella se realizaban en Nueva España y se dedicaba una parte a la lectura de temas de física, principalmente la aristotélica. De esta forma existirían manuscritos sobre la física como parte de cursos de filosofía, situación que se haría común, al ser redactados apuntes para los diversos cursos que se ofrecerían en Nueva España. La mayoría de esos textos se encuentran perdidos, pero existen las referencias que aseguran su presencia, los cuales fueron escritos, en su mayoría, por sacerdotes y frailes que pertenecían a diferentes órdenes religiosas.
Diego José Abad, puede considerarse el más profundo de los jesuitas innovadores; su Curso fue muy influyente, es bastante completo y se ven por todas partes las influencias modernas. Este curso, que ya no lleva el nombre de Cursus Philosophicus , sino simplemente el de Philosophia, aparece en un manuscrito del Colegio de San Pedro y San Pablo de México, cuyo contenido se enseñó desde 1754 hasta 1756.
Comprende la lógica, la física y la metafísica. Es el primer intento de asimilar (y no simplemente de atacar, como hasta entonces se hacía las más de las veces) las ideas modernas . En particular, se refiere a Gassendi y los atomistas, y trata de conciliar el atomismo con el hilemorfismo aristotélico. Intenta hacer lo mismo con Descartes, opuesto al gassendismo.
Habla de la necesidad de construir la física con ayuda de la experimentación y la matemática. Acepta el atomismo en el campo físico, mas no en el metafísico. Dice que muchas ideas aristotélicas sobre el cielo han sido abandonadas por los escolásticos después del descubrimiento del telescopio, mediante el cual se han podido ver las manchas del Sol. Lo mismo en cuanto a la noción del vacío, después de los experimentos de Torricelli, Otón de Gericke y Roberto Boyle. Cita a Maignan, y mucho a Descartes en cuestiones de filosofía del hombre. Aunque las más de las veces defiende la tradición, ya se muestra abierto a integrar ideas de la filosofía moderna.
Fue profesor del Colegio de jesuitas de San Luis Potosí donde enseñó gramática a los potosinos y donde fincó su formación filosófica sin rechazar las ideas del pensamiento moderno, pero con una posición crítica.


Diego José Abad nació en Jiquilpan en 1727 y tras la expulsión de los jesuitas moriría en Bolonia en 1779.
Si se interesan en ubicar su obra en el ambiente cultural y científico de la Nueva España pueden consultar nuestro artículo: Manuscritos y libros Novohispanos y Mexicanos de Física y Filosofía Natural, en la dirección:
También lee: Francisco Gándara, primer ingeniero higromensor potosino | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
#4 Tiempos
Jesús duerme en la popa | Columna de Juan Jesús Priego Rivera
LETRAS minúsculas
“Al atardecer de ese mismo día, Jesús les dijo: ‘Crucemos a la otra orilla’. Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. Lo despertaron y le dijeron: ‘¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?’. Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: ‘¡Silencio! ¡Cállate!’. El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. Después les dijo: ‘¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?’. Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: ‘¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?’” (Marcos 4, 35-41).
Todavía hoy, cuando pareciera que hemos alcanzado el dominio total de la naturaleza, viajar por mar –no digo sobrevolándolo en un avión, sino cruzándolo en un barco- es una experiencia sobrecogedora. ¡Qué indefensa viaja nuestra embarcación por los caminos del océanoi¡! Y si durante la noche se desata una tormenta, tanto peor: aun el barco más grande no parece sino una cáscara de nuez. En 1912, los tripulantes del trasatlántico más lujoso y sofisticado del planeta creyeron que el mar, gracias al ingenio humano, estaba ya domesticado; sin embargo, no fue así, y debieron pronto de rendirse a la evidencia: el Titanic se hundía, y ellos con él y en él…
El mar era y sigue siendo el símbolo de lo indomesticable, de lo ingobernable, de lo terrible. Para los antiguos, el mar estaba poblado de monstruos horribles cuyo solo nombre helaba la sangre. Nosotros sabemos, más o menos, lo que son las olas, pero para los antiguos éstas eran el efecto del movimiento de las criaturas marinas. Ahora bien, si tal era el pensamiento de los antiguos, ¿qué de raro tiene que, ante el huracán, los discípulos se pusiesen a gritar, poseídos del pánico más espontáneo y sincero?
El mar es siempre terrible, sí, pero Dios es más grande que el mar. Únicamente Él puede calmarlo porque es el Señor de los elementos del mundo: “El Señor habló a Job desde la tormenta: ¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando le puse un límite con puertas y cerrojos y le dije: ‘Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas’ ”? (Job 38, 8-11).
Al crearlo, Dios puso al hombre un límite: “Podrás comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, pues, si lo haces, perecerás sin remedio” (Génesis 2, 16-17); y, al crear el mar, también le impuso un límite: “¡Hasta aquí llegarás! ¡De aquí no podrás pasar!”. Por eso, cuando Jesús calme la tormenta y las aguas se aquieten al puro mando de su voz, los discípulos se preguntarán unos a otros, maravillados: “¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!”.
Ahora bien, si sólo Dios puede apaciguar el mar, entonces… Entonces los discípulos, por así decirlo, empezaron a sacar conclusiones…
“Un día, al atardecer… Así comienza el relato. Conviene tener presente, pues, que es ya de tarde, y que la oscuridad añadirá un punto de dramatismo a la escena que seguirá, ya dramática de por sí. Según éste, no es sólo que la barca fuese zarandeada por la tempestad: es que el agua se estaba metiendo ya por todas partes.
¿Y Jesús qué hace, mientras tanto? No hace nada. Él, a lo que parece, no se daba cuenta de lo que pasaba, pues “estaba dormido sobre un almohadón”. Los discípulos lo despertaron, y hay en su ruego una pizca de ironía, como si le dijeran: “Oye, Señor, esto va a pique. ¿Podrías hacernos el grandísimo favor de despertarte?”.
“Jesús se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: “¡Silencio, cállate!”. El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: “¿Por qué son tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”. Oligópistoi: así lo llama; con esta palabra griega los reconviene. Hombres asustadizos, apocados, temblorosos: gelatinas vivientes. Oligópistoi: hombres sin fe.
Los Padres de la Iglesia, hombres muy sagaces en la interpretación de la Escritura, vieron en esta tormenta una imagen de las agitaciones del corazón humano y compusieron bellísimos sermones en torno a este asunto. En una de sus Meditaciones (n. 37) dice así, por ejemplo, San Agustín (354-430):
“¡Dios mío, mi corazón es como un ancho mar siempre agitado por las tempestades: haz que encuentre en ti la paz y el descaso. Tú has increpado al viento y al mar para que se calmaran, y a tu voz se han apaciguado; ven a poner paz en las agitaciones de mi corazón, a fin de que todo en mí sea sosiego y tranquilidad, para que pueda poseerte a ti, mi único bien… Oh Dios mío, que mi alma, libre de pensamientos tumultuosos, se esconda a la sombra de tus alas. Que encuentre junto a ti un lugar de refrigerio y de paz, y toda transportada de gozo pueda cantar: ‘Ahora puedo dormir y descansar en paz’… Mi alma no puede gozar de paz y seguridad, Dos mío, si no es bajo la protección de tus alas. Que ella permanezca, pues, en ti y sea abrasada con tu fuego”.
Ya se trate, pues, de agitaciones interiores, ya de percances exteriores, lo importante es esto: que Jesús y nosotros viajamos en la misma barca, y que aunque nos esté permitido algunas veces gritar, no nos lo está, por ningún motivo, desesperar. Aunque parezca que duerme, Dios vela por los suyos; en consecuencia –como ha dicho alguien-, cuando uno está “embarcado” con Jesús no hay nada que temer.
“Jesús permanece cerca de los suyos y éstos pueden contar con su ayuda cercana a pesar de todas las apariencias en contra… Así pues, el peligro para los creyentes está en olvidarse de que están en camino y que Jesús les acompaña en el trayecto” (Joseph Imbach).
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