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#Crónica | Más de 800 policías quedaron rebasados en el Lastras

Durante el partido entre Atlético de San Luis y Querétaro, los protocolos de seguridad que tanto se presumieron durante la semana brillaron por su ausencia

Por: Sebastián Escorza y Roberto Rocha

La directiva de Atlético de San Luis había presumido durante la semana que más de 800 elementos de seguridad resguardarían el partido contra Querétaro: 220 elementos de policía estatal, 150 de policía municipal, 50 de vialidad, 230 de seguridad privada, 100 en accesos, 25 de Protección Civil, tres ambulancias de la Cruz Roja y cinco privadas, así como una unidad de bomberos.

Después, el gobierno del estado y el Ayuntamiento de San Luis Potosí aseguraron que fueron más de 900 elementos. 

Todos ellos, 800 o 900, quedaron rebasados.

El Clásico de la 57, como las aficiones de ambos equipos conocen a los partidos entre San Luis y Querétaro, por desgracia, solo recibe atención de los medios nacionales cuando ocurren episodios de violencia, como el de la tarde del domingo. Pero como hacía ya siete años que el Lastras no recibía un partido de estos en Primera División, todo mundo pareció haber olvidado que se trataba de un juego de alto riesgo.

Desde las 3 de la tarde, cuando la barra del San Luis llegó al estadio, se notaba una pesadez en el ambiente que solo lograríamos entender hasta cerca del final del partido: piñatas de gallinas adornaban parte de la avenida Coral y ataúdes con el nombre de “Gallos Blancos” danzaban al ritmo del bombo y el platillo, en un ambiente que hasta ese entonces era festivo.

Del partido de ayer hay muy poco que decir: San Luis empezó mejor en la cancha, pero otra vez, los problemas defensivos  y dos goles que quedarán en el olvido costaron la derrota. Lo que de verdad fue memorable, por desgracia, fue la violencia en las tribunas.

De esa también podíamos prever, pues aficionados de ambos equipos se dijeron muchas cosas en los 15 días que transcurrieron desde que los equipos habían disputado la jornada anterior. Cuando la parcialidad queretana entró al estadio, alrededor de una hora antes de comenzar el partido, hicieron varios cánticos dirigidos al San Luis y los recientes escándalos en los que ha caído el futbol potosino.

Pero algo pasó en el segundo tiempo, pues antes de eso, más allá de los cantos entre las barras de ambos clubes, no había mayores problemas

Primero, la barra de Querétaro arrancó una butaca de las gradas y la lanzó hacia donde estaban algunos aficionados de San Luis, debajo de ellos. El plástico cayó sobre una mujer, quien perdió el conocimiento y tuvo que ser sacada en camilla, por el campo de juego. Toda la gente a su alrededor fue reubicada en la zona que tradicionalmente ha sido conocida como sombra.

Hasta esa situación debió haberse previsto, pues debajo del lugar que ocupaba la barra de Querétaro había dos bloques de concreto sin butacas, para donde pudo ser enviada la afición visitante. No hubo protocolo de seguridad.

Después, cuando se acercaba el final del partido, algunos aficionados de Querétaro salieron del corral en el que estaban rodeados por seguridad privada y se confrontaron con aficionados de San Luis que también ocupaban un lugar en la cabecera sur

Según las versiones que han recogido algunos medios de comunicación, incomprobables, policías pidieron a la barra de San Luis que los ayudaran a contener a los queretanos “y defender a las familias potosinas”. Inaceptable, de ser cierto.

Algunos miembros de la barra de San Luis dieron portazo en cuatro puertas distintas, para llegar desde su posición hasta el otro lado del estadio, para enfrentarse a los hinchas queretanos. Y ahí empezó el caos.

La violencia, por desgracia, pudo más que el futbol. El zafarrancho en las gradas del Lastras duró alrededor de quince minutos, mientras que la cancha se poblaba de aficionados, que buscaban protegerse de los golpes y de piedras, palos, tubos y botellas que volaban entre unos y otros.

Al final, los aficionados de Querétaro se replegaron, aunque ellos también dieron portazo para salir del estadio. Ahí, aunque sí había elementos de seguridad a los alrededores, no existían vallas policiales que evitaran que los hooligans estuvieran deambulando en el estacionamiento del estadio. ¡Que no hubo protocolos! 

Algunos policías, eso sí, agarraban entre varios a aficionados queretanos, para darles patadas o lanzarlos al suelo. Pero aún así, algunos de los incómodos visitantes seguían estando solos, huyendo de los oficiales.

El refuego siguió incluso afuera del Lastras, esta vez hasta con petardos. Por casi una hora, los aficionados al San Luis que no participaron en la gresca, prefirieron permanecer en el estadio que salir, por el riesgo de encontrarse de frente con una bronca.

Esta es la historia de cómo más de 800 elementos no supieron reaccionar ante un problema grave en el estadio. De cómo los protocolos de seguridad no existieron, que no había un plan de reacción y se subestimó el riesgo para este partido.

Pero también es la historia de cómo, seguramente, no vuelva a pasarles esto nunca más, por lo menos en este año, pues con solo dos partidos más por jugar en el Lastras, podríamos asegurar que ese estadio no volverá a abrir sus puertas en la Primera División varonil mexicana hasta la próxima década.

Y todo, por la inestabilidad emocional de algunos cuantos en cada una de las barras, y por un aparato de seguridad, de más de 800 elementos, que quedó, sin remedio, rebasado.

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