abril 4, 2025

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#4 Tiempos

Creatividad sin Rumbo: La Desilusión de Baby Assassins | Columna de Guille Carregha

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CRITICACIONES

 

En otra entrega de las hilarantes aventuras de este humilde autor de gustos mamadores dándose el tiempo de ver películas japonesas de manera gratuita en internet, tocó el turno de observar la única opción de acción comedia ofrecida en el Japanese Film Festival Online 2024 – Baby Assassins. Este enunciado aquí presente es su amable recordatorio de que, lamentablemente, ya no es posible ver estas películas de manera legal en el sitio del festival. Énfasis en LEGAL

Desde el momento en que vi el póster de esta película supe que iba a estar interesado en ella. Sobre un fondo amarillo nivel “soy un candidato del PRD en la capital potosina y estoy obsesionado con pintar toda la ciudad con el color del partido que me enseñó cómo es eso de hacerme de dinero de maneras súper legales a modo de agradecimiento”, aparecen dos chicas de aproximadamente 16 años de edad, apuntándole con unas pistolas a un maniquí de entrenamiento de boxeo. Con tan poca información visual, mis niveles de intriga estaban a tope. O una de dos: o era una historia de unas asesinas especializadas en matar bebés – que, aunque exageradamente oscuro, se presta para ser una premisa excelsa de ser bien manejada –, o estaban haciendo el símil de que son tan jóvenes que es como si un par de bebés fueran asesinos.

Por desgracia para mi imaginación exageradamente activa y que se emociona con mucha facilidad, la película aborda la segunda opción. Aunque, eso no quería que el potencial no estaba, digamos, potencialmente allí. Por lo que, al presionar play me preparé para disfrutar una película que, a lo menos, iba a estar palomera. Además, con solo 95 minutos de duración, era una de las más cortas de un festival empeñado en recopilar películas de 2 horas (o más) de duración.

Baby Assassins es la historia de dos asesinas a sueldo que llevan una cantidad indeterminada de tiempo siendo patrocinadas por “la asociación”. Una vez que se gradúan de la preparatoria, deben conseguir trabajos normales y vivir por su cuenta porque “la asociación” ya no puede patrocinarles sus vidas al ser mayores de edad, y para que aparenten ser miembros útiles de la sociedad. Como suele ser usual en películas japonesas, eso de tener un conflicto no es una necesidad cinematográfica, por lo que, una vez más, no hay conflicto. Son dos chicas que son asesinas, viviendo juntas. A veces se llevan, a veces no. A veces tienen trabajo de asesinas, a veces tienen trabajos normales. Y, pues, ya.

Dentro de lo que cabe, es algo que suena bastante interesante. Si hubiera leído una sinopsis así antes de darle su visionado yo, posiblemente, si hubiera dicho “¡Esa! ¡Quiero ver esa!”. 

Pero ahora que ya la vi, estoy conflictuado.

Por un lado, es verdad que Baby Assassins tiene una identidad bien marcada. No es como si tuviera una fotografía bien exagerada, o una corrección de color nivel tipo forros de plástico de libretas de niño de primaria. Visualmente se ve tan normal como cualquier película de acción genérica que, debatiblemente, Netflix escribe con inteligencias artificiales en dos días (o salones llenos de monos con maquinas de escribir, lo que salga más barato) para que Dwayne Johnson o Ryan Reynolds tengan algo que hacer durante la próxima semana. O sea, sin chiste, con colores apagados, y negros tan oscuros que a veces no sabes si sí le subiste al brillo de tu pantalla.

Pero, dentro de ese genérico modo de película de acción gringa con nombres intercambiable, se encuentra una versión de Japón que no se parece a nada que haya visto antes. Los creadores lograron plasmar una locación que sí parece sacada de “la mente torcida del visionario director [inserte aquí nombre de visionario director]”. Se siente como un Japón que no se encuentra en otra historia, con personajes que sólo podrían habitar en esta versión intensificada del país.

El problema es que todos los personajes son desagradables a más no poder. Hay un sinfín de decisiones actorales y de dirección que, la verdad, no termino de entender.

Por ejemplo, cerca del principio, vemos como una de las asesinas principales está en su trabajo de medio tiempo: una cafetería chiquita, con dos personas detrás de la barra haciendo la comida y espacio para tres mesitas. Y, de la nada, la actitud de esta chica es la de una persona que se creyó las mentiras de Gonzalo Patiño y se fue a consumir peyote al cerro con un señor que casi le triplica la edad: se mueve de forma errática, se ríe de la nada, baila y canta a la mitad de los pasillos… Actúa como un NPC de Skyrim haciendo ragdolls por alguna falla de código.

Nosotros, como audiencia, se supone que digamos “LOL qué random”, nos acordemos del humor de Dan Schneider en iCarly y pensemos “qué bien me cae la loquita esta” seguido de una carcajada. 

Y la mayoría de los chistes son eso: gente actuando raro por el simple hecho de actuar raro. Esta misma chica pone caras extrañas, inclina la cabeza y dice frases sin sentido a lo largo de toda la película. Hay una hija de mafioso que se la pasa brincando y gritando cada vez que aparece nivel “mi chiste es que soy igual de random que la otra”, como si estuviéramos viendo un desfile de personas intentando ser graciosas en los sketches de Saturday Night Live, pero que llegaron ahogados en ácido a la grabación y se les olvidó cómo funciona eso de ser humanos y dar risa.

Grima. La palabra que busco es grima. Esta película me da mucha grima.

Lo cual es bastante triste, porque también tiene escenas majestuosas en el campo de la comedia cinematográfica, como la secuencia en la que observamos a dos yakuza genéricos en un maid café haciendo lo posible por entender el concepto y seguir los preceptos intrínsecos de un lugar como este. Es una maravilla de escena, excelentemente llevada a cabo. Pero, después, reaparece la hija del mafioso emulando a Cat de Sam & Cat (ya nisiquiera de Victorious)… y ese es el chiste. Que hablar chistosón, grita cada tercera palabra y baila como mosquita creyendo que puede sobrevivir al Raid. Y se te olvida que te la estás pasando bien.

A veces, esta película es demasiado japonesa para su propio bien. A veces intenta ser demasiado Nickelodeon de principio de los dos miles. Y, a veces, solo a veces, sí logra su objetivo de ser tan divertida como su premisa cree serlo.

Pero no hay conflicto. Solo son cosas que pasan en las vidas de las protagonistas por un período de tiempo y, oh, mira la hora, se acabó el período de tiempo, así que supongo que créditos finales.

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#4 Tiempos

Sílabas de cicuta: Este no es un cuento… aunque lo parezca

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Por: Jorge Saldaña

Alma toma los respiros incompletos. Se encuentra decidiendo si está dormida o despierta. Lo que es seguro es que está enojada. Lo nota porque, aunque ella no puede, su cintura grita.

La bruma que forma su aliento y un poco de vapor van y vienen entre su nariz y su boca. El aire le sabe a óxido. Su pecho arde.

Alma decide que está dormida porque no puede ser de otra manera. Solo en los sueños se puede lidiar con un toro, montar a un búfalo en estampida y volar hacia las estrellas.

-Eso debe ser, se consuela a sí misma: nada más que la continuación de un sueño, pero… ¿acaso la continuación de un sueño no significa también despertar?

El lomo del búfalo es duro, más duro de lo que debería. Como el asfalto. Pero Alma no lo piensa demasiado. Recuerda ir sentada allí, primero quieto, luego desbocado. Sus brazos apretaban en forma de nudo a Veloz, su acompañante, con el que viajaba unida: la espalda de él, el pecho de ella, el abrazo de nudo, el lomo del bisonte y el camino.

Con su galope, Alma y Veloz cortaron la luz gris de una luna presagiosa y díscola, de esas que dejan ver el polvo y que alcanzaba a iluminar apenas a un murciélago posado en el dintel de una puerta.

Vino el estruendo. Un rugido de hierro. Lo que estaba de frente y luego encima, y luego en todas partes, era un toro embravecido, rabioso, envenenado. Negro como la obsidiana en el fondo del océano. Negro como el susurro de la muerte.

Los ojos del astado fueron un par de lanzas de luz penetrante que empaparon a los que venían en el mismo polvoriento camino, pero en sentido contrario.

Las patas desbocadas del búfalo no se detuvieron. Tampoco las del negro envenenado.

Alma saltó al firmamento y extendió sus brazos como queriendo alcanzar una fulgurante. Pero no era una estrella. Era una farola que parpadeó al verla.

Veloz se desató del nudo y soltó violentamente los cuernos del bisonte, que se desangró en el lomo del negro animal embravecido.

Ebrio del estruendo y del golpe, lastimado en su astado, apagadas sus lanzas y derramando veneno, el toro aprovechó lo negro de la noche como su pelaje para continuar su camino sin importarle más que cortar ahora la luz gris de la luna presagiosa y perderse en su destino.

El murciélago, allá arriba del dintel de una puerta, lo vio todo y se encargó de contar lo ocurrido. Le va la vida en encontrar al toro.

—Automóvil embiste a pareja en motocicleta —una voz irrumpe en el sueño de Alma. Es un murmullo, lejano, pero insistente.

Su cintura sigue gritando. Su respiración sigue incompleta. Pero ahora escucha.

—El responsable, en estado de ebriedad, huye de la escena —continúa la voz, más clara, más real.

La bruma de su aliento se disipa. Sus ojos pesan. Algo punza en su costado.

—Alma Báez y su amigo fueron víctimas de un grave accidente…

Un destello. La farola. No, no es una estrella. No es un sueño.

Alma despierta.

Veloz ya no lo será. Por lo menos no será el mismo. Sus piernas están rotas y no le queda más que, tendido como si un toro lo hubiera embestido en el ruedo, rezar por su Alma.

¿De qué serviría encontrar al toro si ya iba camino al infierno? maldito destino indiferente…

*NOTA DEL AUTOR: De acuerdo a reportes periodísticos y de redes sociales, el accidente ocurrió en la colonia UPA en San Luis Potosí, el 15 de febrero del 2025. No se ha encontrado a los responsables a pesar de las evidencias en video.

Hasta la próxima

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El Don Juan Tenorio Potosino de 1627 | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Antes de la publicación de las novelas el burlador de Sevilla de Tirso de Molina en 1630 y del célebre Don Juan Tenorio: drama religioso-fantástico en dos partes José de Zorrilla en 1844, en el entonces Pueblo de San Luis Minas del Potosí, a los treinta cinco años de fundado, hacía de las suyas un vecino de Cerro de San Pedro Potosí, Miguel de Becerril, quien sería acusado de allanamiento de morada y faltas a la moral pública en 1627.

Miguel de Becerril se enamoraría perdidamente de doña María del Castillo, quien estaba al servicio de Martín del Pozo, Teniente de Capitán General en las Fronteras Chichimecas y Alcalde Mayor, y de su esposa, la señora alcaldesa, donde vivía la sirvienta en las mismas Casas Reales del Pueblo de San Luis Minas del Potosí.

Su intenso amor abrió las venas poéticas de Miguel de Becerril y se convertiría en uno de los primeros poetas potosinos que plasmara sus sentimientos a través de las letras, así como en el género epistolar, al escribir un buen número de cartas a su amada, que ahora se conservan en el archivo de su causa criminal, archivados como pruebas de sus criminales acciones al colarse a la Casa Real en busca de su amada. Así viajaba del Cerro al pueblo para visitar a su amada María del Castillo colándose en las noches al aposento de la amada, entrando posiblemente por lo corrales.

No contento con la complicidad de la noche, tuvo la ocurrencia de violar las Casas Reales en plena luz del día, sin importar que fuera visto por la gente del pueblo. El camino de Cerro de San Pedro al pueblo de San Luis se le hacía pequeño en busca de doña María y aprovechaba los días de fiesta, cuando vacacionaba Becerril estando al acecho de la amada, tratando de encontrar el resquicio adecuado para colarse a la casa, y si no insistía por una de las ventanas que daban a los portales de la plaza pública, y ahí bajo el alféizar agotaba los coloquios infinitos hasta la once y media de la noche, “dando el mal ejemplo y qué decir a todos los vecinos que lo veían tan públicamente hablando con ella a deshoras de la noche y hasta el día, poniendo escándalo en la vía pública”, al decir del promotor Fiscal en la acusación. Era un enamorado goloso, incansable, impenitente.

Cuando le era difícil encontrarse con doña María, recurría a las cartas y le escribía versos, que serían a la larga el cuerpo del delito donde se le comprobó sus escandalosas conductas, que lo llevarían a prisión y al destierro, sentencia que le iba a ser impuesta.

Le escribía a su amada: “pienso asistir a México hasta que la flota parta a España a donde, si Dios no lo remedia, pienso embarcarme para España”.

Te pido que alivies mi enorme pena
si no quieres mirarme desterrado,
por mis desdichas, a la vega amena.

En Cerro de San Pedro, posiblemente fuera minero o quizá como comerciante. Eso sí, perito en artes amatorias, de cierta cultura lo que le permitió escribir de los primeros versos en San Luis, convirtiéndose en uno de los primeros poetas de estas tierras, antes de que fuera desterrado de ellas.

La Real Justicia firmado por Lorenzo Velásquez, Promotor Fiscal, lo acusó formalmente ante el propio Teniente de Capitán General y Alcalde Mayor, de allanamiento de morada, nada menos que la residencia oficial del poder, y por faltas a la moral pública, puesto que platicaba con su prometida a vista y escándalo del pueblo. Por lo cual, “a Vuestra merced suplico mande condenar a condene al dicho Miguel de Becerril en las más graves y establecidas penas en derecho para que le sea castigo y a los demás de ejemplo”.

Miguel fue a dar a la cárcel pública y cinco días después, el 17 de abril de 1628, se firmó la sentencia en que, “Mandaban y mandaron que, vía recta de la dicha prisión, salga desterrado de este Pueblo por tiempo de dos años que corran y se cuenten desde el día que se le notificare este auto, y no lo quebrante, pena que, demás de que será castigada por todo rigor, la cumplirá en las Islas Filipinas sin sueldo”. Atrás dejaba el Cerro de San Pedro y Doña María Castillo.

Sus artes amatorias y su vena poética, anteceden al Don Juan y bien podría ser inspiración de Tirso de Molina y José Zorrilla en esos temas que les dieron fama.

Solo a tu piedad le ruego quiera
dolerse de mí en término tan largo,
pues cuanto más inmediata fuera

en tránsito tan fuerte y tan amargo
socorro hallara entre enemigas gentes
y, habiendo ya quedado a tu cargo,

 siquiera porque estamos tan ausentes,
merezca algún favor que alivie el fuego,
que el alma arroja por los ojos fuentes.

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MO-VI-LI-ZA-CIÓN | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

 

Veremos de qué tan desabridas vienen las campañas para personas juzgadoras. Las federales ya comenzaron, solo una potosina, Alma Delia González, compite entre cientos de perfiles para alcanzar un lugar en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

La magistrada, que no se esperaba hace unos meses estar involucrada en un proceso electivo, comenzó su campaña en TikTok y se ha dado a conocer con productos audiovisuales en sus redes sociales.

No hay mucho más que hacer, las reglas del juego así lo contemplan. Los aspirantes a cargos de magistrados y jueces, 74 en total en el estado, comenzarán hasta abril, sin embargo, desde ahora se avizora un escenario pardo, sin emoción ni expectativas aunque sea medianas.

Los cálculos más entusiastas indican que solo entre el 9 y el 14 por ciento de los ciudadanos tienen la intención de participar con su voto en la histórica, primera y extraordinaria elección de ministros, magistrados y jueces que se llevará a cabo el próximo primero de junio.

El bajo interés en el proceso es explicable: No hay un intercambio simbólico entre candidatos y votantes, no hay una promesa de valor que motive al ciudadano a votar en la renovación del Poder Judicial, un poder además que históricamente ha sido distante del ciudadano.

El gran riesgo que ese desinterés generalizado plantea es que grupos, con buenas o malas intenciones, se metan en la movilización pagada el día de la elección.

Con un calculo simple, hay que tomar en cuenta que con mucho menos de 2 mil votos– y eso si es que se llega a una participación de 100 mil potosinos- se pueden ganar los cargos.

De las campañas de los interesados se espera muy poco, todos intentarán colocar su número y color de boleta en la cabeza de la gente, sin embargo no están contemplando que muy difícilmente podremos recordar 74 combinaciones. Ni las del Melate son tan difíciles.

¿Los candidatos qué nos pueden ofrecer? Solo su trayectoria e imparcialidad, de ahí en fuera sus mensajes tenderán a lo emocional y a la confianza que puedan generar de manera orgánica en sus redes. En resumen todos nos dirán las mismas tres cosas: que son buenas personas, que son capaces y que son incorruptibles.

Lamentablemente este mismo punto se podrá poner en duda desde el momento en que algunos se presten al juego de la movilización el día electoral, pues estarían vendiendo su llegada al cargo a cambio de favores.

Ojalá que no se preste ninguno, sean los menos y los que lo hagan pierdan. (Permítame algo de idealismo aunque sea).

Al respecto de la elección, a través de la Secretaría General de Gobierno se hizo un llamado a los organismos electorales, y secretarías de estado involucradas en la seguridad, derechos humanos y Fiscalía para que se unan en la revisión de protocolos en búsqueda de mantener la paz y la gobernabilidad durante las campañas federales, que ya iniciaron, como las estatales que comenzarán los últimos días de abril.

Se busca un proceso “justo y ordenado” y que bueno que haya esas intenciones, no obstante eso de “justo” irónicamente está en veremos porque lo mismo que partidos políticos, gobiernos, instituciones, sindicatos, grupos magisteriales, gremios y hasta el crimen organizado -hay que decirlo- podrían de manera “ordenada” (literalmente por una orden) enviar o comprar con relativa facilidad a cientos de personas con la intención de hacer ganar a candidatos

que estarán comprometidos con sus impulsores para hacerles favores durante años (por lo menos 5 y por lo más 9) a los patrocinadores de la movilización.

¿Cómo evitar el asunto de la movilización interesada y peligrosa? La pregunta es para las autoridades y no solo las electorales, que además gastarán una millonada de recursos en la organización de la elección y muy poco en explicar, conmover y convencer al ciudadano común para que vaya a votar libremente.

Por cierto que no juegan a favor los simulacros que se han hecho respecto a los tiempos que se tomará cada ciudadano para emitir su voto, que se calculan desde la entrada de la casilla, identificación, entrega de boletas, votación, inserción de cada boleta en las urnas y retiro, entre 15 y 20 minutos por persona.

Imagine Usted, Culto Público, que cuando llegue usted a la casilla el primero de junio, estén 10 personas formadas antes que usted, el tiempo que le tomará para que sea su turno será de más de 2 horas.

¿Habrá alguien dispuesto a perder tanto tiempo de su domingo por pura buena voluntad y civismo? Esa buena voluntad será directamente proporcional a la cantidad de votantes.

 

BEMOLES

MORALES

En el parque de Morales hay mas grilla que pasto y las indirectas entre el gobernador y el alcalde están a la orden del día.

En el primer acto, el gobierno del estado anunció la rehabilitación de este sitio desde mayo del año pasado (en plenas elecciones) y entró a intervenirlo sin contar con los permisos que el proyecto requería, por lo tanto, hubo quien encontró en esta omisión motivo para ampararse y detener la obra.

En el segundo acto, el gobierno municipal detuvo el mantenimiento del parque, quizás pensaron algo como que “al fin y al cabo lo estaría llevando el palacio de enfrente”.

En el tercer acto pasó más de un año y ni el gobierno estatal pudo hacer realidad la rehabilitación ni el municipal dio mantenimiento sostenido al sitio.

Ayer Ricardo Gallardo afirmó que Morales cada vez está “más jodido” y es cierto, por su parte el municipio ya por lo menos lo está regando y anunció la inversión en una planta tratadora.

¿Cómo se llamó la obra? Se llamó “Todavía no hay obra”.

Si continúan los celos y pleitos entre palacios, se caerán todos los arboles Moralescos y lo único verde que veremos serán los moños en los puestos de los elotes.

Hasta la próxima

Jorge Saldaña

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Opinión

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