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#TodoSeDerrumbó | El Covid-19 se sumó al nulo crecimiento económico de SLP
Líderes de asociaciones de comerciantes y organismos empresariales reconocieron que la pandemia del Covid-19 afectará de forma seria a las pequeñas y medianas empresas
Por: Abelardo Medellín
Las posibles afectaciones económicas que sufra San Luis Potosí después de la contingencia sanitaria del Covid-19, no solo podrían ser atribuidas a esta emergencia sanitaria, pues el comercio y las empresas en la entidad potosina ya acarreaban un año 2020 sin muchas expectativas de crecimiento a sus negocios, revelaron líderes de asociaciones de comerciantes y organismos empresariales en la entidad.
“Estos negocios a nivel nacional y estatal ya venían sufriendo un año de cero crecimiento; se dijo que creceríamos al 2%, pero no crecimos eso, es cero crecimiento, nuestro entorno ya era muy débil y la contingencia da la puntilla a muchos negocios”, dijo en entrevista el presidente de la organización Nuestro Centro, Alberto Narváez Arochi, quien habló de la crisis que avizoran los medianos y pequeños negocios ante la contingencia del coronavirus: “El problema es que esto va a agudizar y avanzar, el hecho de que yo diga que a los negocios pequeños ya les afectó es obvio, porque somos los vulnerables, pero esto alcanzará a prácticamente todas las empresas en México”.
El presidente de Nuestro Centro habló de cómo negocios con giros de restaurantes, turismo y gastronomía ya resienten las campañas de sana distancia y la falta de consumidores en la calle, situación que ha vuelto casi imposible el que las pequeñas y medianas empresas solventen los gastos operativos: “Te doy un dato, un negocio pequeño o mediano, que trabajen o laboren 40 o 50 personas, su siguiente pago de luz que deberá hacer, es de 120 mil pesos y el de Seguro Social, será de 80 mil pesos, el siguiente pago que tendrá que desembolsar sería de 200 mil pesos, ¿de dónde saldrían?, de ningún lado, esos negocios por eso cerraron, porque no es costeable”.
Ante la cantidad de problemáticas económicas que menciona Narváez Arochi, el presidente de Nuestro Centro planteó en entrevista que la mejor solución para que no cierren los negocios es que el gobierno federal adquiera deuda externa y absorba los gastos operativos y de servicios de los pequeños y medianos negocios.
“Deberá absorber por tres meses, mínimo, luz, agua, impuestos y servicios como Seguro Social e Infonavit y reprogramar algunos pagos de impuestos, porque, de nuevo, ya venimos de una crisis y el 90 por ciento de las empresas tienen un retraso en el pago de impuestos, sobre todo en el impuesto mensual respecto al IVA y este retraso es porque esperábamos un año mejor y no ocurrió”, dijo Alberto Narváez.
El presidente de Nuestro Centro aseguró que el apoyo del gobierno federal para todos los negocios es un requisito indispensable si se busca evitar una crisis generalizada en todos los sectores, pero que es poco probable que ese apoyo llegue pronto, pues: “hasta ahorita y lamentablemente, hemos escuchado que el gobierno federal de una forma absurda ya dijo que ‘no rescataremos a los empresarios'”. Narváez Arochi agregó que “la forma es fondo, cuando dice ‘empresarios’ y no ‘empresas’ es porque no entiende que una empresa es de trabajadores, administrativos y la cadena de valor alrededor“.
Según Alberto Narváez “se deben rescatar a todos, incluso la economía informal, y es algo que no hubiera dicho hace 15 días, pero se tiene que hacer”. Al respecto de un posible aplazamiento de la contingencia del coronavirus a más de doce semanas, el presidente de Nuestro Centro afirmó que “con toda seguridad lo digo y lo asumo, si se aplaza más de 12 semanas sería una crisis total, lo digo con toda objetividad”.
No solo el aplazamiento de la contingencia podría traer consecuencias severas para la sociedad potosina, Narváez Arochi aseguró que “si el gobierno no interviene para salvar a las empresas, el regreso sería más contracorriente y el riesgo de un problema social es inminente: empezará a ver actos de rapiña, saqueo, ¿por qué?, digo, no justifico lo que hagan, pero unos lo harán como excusa, los ladrones, pero otros lo harán por necesidad”.
“El panorama es brutal y el gobierno debe absorber estos gastos, porque si no, vamos a vivir tiempos de verdad muy obscuros, lo aseguro”, agregó Alberto Narváez Arochi.
LAS EMPRESAS TAMBIÉN LLORAN
“Desafortunadamente esta situación sanitaria nos toma como país con un crecimiento muy débil y negativo y obviamente nos agarra en un momento muy muy difícil”, dijo en entrevista el presidente de Coparmex en San Luis Potosí, Julio César Galindo Pérez, quien en concordancia con las opiniones de Narváez Arochi dijo que ya habían iniciado las afectaciones económicas a sectores como: la recaudación fiscal, generación de empleo, competitividad y la productividad.
De acuerdo con Galindo Pérez, no solo las afectaciones de la contingencia del coronavirus mermarán la economía, sino que “también las malas decisiones del gobierno federal tendrán su impacto, el cual no entiende por su política o agenda interna, no razona que la generación de riqueza lo hace la empresa a través de inversión, crecimiento y generación de empleos, eso mueve la economía”.
El líder empresarial señaló que 470 mil empleos dados de alta en el Seguro Social en el estado de San Luis Potosí están por perderse y por ello es tan importante que el gobierno federal y estatal intervengan para apoyar a las empresas, sin embargo: “el gobierno federal no ha entendido que el 75 por ciento de los negocios en México son Pymes y que necesitamos de apoyos fiscales para sobrellevar la crisis que trae consigo la contingencia sanitaria y no queremos que nos regale nada, sino que requerimos ayuda para cuidar a nuestro activo más importante que es la gente trabajadora”.
A pesar de creer que el gobierno puede tener una parte de la solución ante una posible crisis económica, Galindo Pérez comentó que el gobierno actual no tiene las mejores referencias: “Seguimos viendo, 14 o 15 meses después de que iniciara esta administración, que sigue cancelando inversiones nacionales, extranjeras o públicas, como la del aeropuerto, donde se perdieron 150 mil millones de pesos”.
“El primer tema, como lo han hecho todos los países que han tenido esta emergencia, es no aferrarse al superávit primario, porque no lo van a tener por la caída de los ingresos, primeramente por el petróleo, porque ellos tiene presupuestado un barril de petróleo a 49 dólares, cuando hoy está a 15 o 16 dólares el barril y pues por esta emergencia hay países que han solicitado deuda hasta 10 puntos de su Producto Interno Bruto, el caso de España, el caso de Italia, el caso de Francia, porque ven la magnitud de la situación”, explicó Galindo Pérez.
El presidente estatal de Coparmex aseguró que alargar el plazo de la contingencia que actualmente llevamos sería negativo para la economía del país y la de San Luis Potosí y agregó que “esperamos que en un plazo no mayor a 90 días, las cosas vuelvan un poco más a la normalidad, para poder reactivar las actividades económicas”.
Galindo Pérez concluyó: “Estos treinta días serán complicados, tenemos que aprender a hacer cosas nuevas en nuestras empresas, no va a ser igual después de esta contingencia, para el turismo, la industria, la manufactura, todo será diferente en temas de operación”.
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Francisco Javier Estrada, evidencias del científico que México no supo ver
Trabajó en electricidad, magnetismo, sonido y energía en un país sin infraestructura científica y sin respaldo institucional su obra quedó dispersa
Por: Ana G Silva
En pleno siglo XIX, cuando México apenas intentaba consolidarse como nación, un científico nacido en San Luis Potosí ya experimentaba con electricidad, comunicación a distancia y reproducción del sonido con una visión que hoy sigue marcando la vida cotidiana. Su nombre: Francisco Javier Estrada Murguía.
Encendió la primera luz eléctrica en América, diseñó uno de los primeros motores eléctricos, desarrolló la comunicación inalámbrica antes que Marconi, mejoró sistemas telefónicos, sentó bases del micrófono de carbón y propuso (con décadas de anticipación) el piano eléctrico.
La reconstrucción de su legado no es reciente. Surge, en gran medida, del trabajo del investigador, divulgador y colaborador de La Orquesta, José Refugio Martínez Mendoza, conocido como Dr. Flash, académico de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, quien durante décadas ha documentado la vida y obra de Estrada. Columnas, artículos y libros de su autoría permiten hoy dimensionar la magnitud de un científico que, pese a todo, sigue siendo un desconocido en su propia tierra
Francisco Javier Estrada no fue un caso aislado de genialidad. Fue un ejemplo de cómo el conocimiento puede generarse en condiciones adversas, pero también de cómo puede perderse cuando no existe una estructura que lo respalde.
Mientras sus ideas eran retomadas en otras partes del mundo, en México quedaban archivadas, ignoradas o simplemente olvidadas.
Hoy, su historia no solo exige reconocimiento. Exige memoria. Porque si algo deja claro su legado, es que el problema no fue la falta de talento. Fue no saber qué hacer con él. Y sinceramente, como bien hoy se dice, “no te merecíamos Estrada”
La noche en que San Luis Potosí se adelantó al mundo
En noviembre de 1877, en el patio del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, ocurrió un episodio que difícilmente ha sido dimensionado en la historia nacional.
Durante una reunión pública organizada para recaudar fondos, Francisco Javier Estrada encendió lámparas de arco mediante un sistema eléctrico desarrollado por él mismo. La escena, descrita en crónicas de la época, no solo sorprendió a los asistentes; marcó un antes y un después en el desarrollo tecnológico del continente.
Aquella demostración significó el encendido de la primera luz eléctrica de arco en América y convirtió al edificio del Instituto en el primero en México iluminado con electricidad. En ese momento, San Luis Potosí no solo observaba el progreso: lo estaba generando.
Lo que siguió fue una serie de aplicaciones prácticas durante 1878, cuando el alumbrado eléctrico comenzó a utilizarse en eventos públicos, generando asombro en la sociedad.
Un inventor adelantado a la historia oficial
En 1886 obtuvo el privilegio (equivalente a una patente) para un sistema que permitía comunicar trenes en movimiento con estaciones ferroviarias sin necesidad de cables. La implicación técnica es clara: comunicación inalámbrica funcional en el siglo XIX
Este desarrollo ocurrió una década antes de que Guglielmo Marconi presentara avances similares en Europa. Sin embargo, el nombre que quedó en los libros fue el del italiano.No se trata de una coincidencia ni de un error menor, sino de una omisión sistemática que responde al contexto de dependencia tecnológica y cultural del México de finales del siglo XIX. Estrada no solo llegó primero: lo hizo sin respaldo industrial, sin financiamiento y sin un entorno que protegiera o proyectara su trabajo.
Dibujo del primer sistema de comunicación inalámbrica en el mundo, presentado por Estrada al Ministerio de Fomento para solicitar su patente para comunicar trenes en movimiento y del cual obtuvo la aprobación el 12 de junio de 1886.
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
Decreto 9574. Decreto de patente para comunicar trenes en movimiento. Uso práctico por primera vez en el mundo de la comunicación inalámbrica por Francisco Javier Estrada.
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
El sonido como frontera: de los teléfonos al origen del audio moderno
En la década de 1870, Estrada enfocó su trabajo en un problema que parecía secundario frente a la electricidad: la reproducción del sonido.
No lo era.
Sus experimentos lo llevaron a mejorar sistemas telefónicos existentes, desarrollar principios fundamentales del micrófono de carbón y lograr transmisiones de mayor claridad e intensidad. Estas aportaciones no solo resolvían problemas técnicos inmediatos, sino que abrían la puerta a una nueva forma de entender la comunicación.
Micrófono de carbón, desarrollado por Estrada. Siglo XIX. Colección: “Patrimonio Cultural de San Luis Potosí”. Resguardo: J.R. Martínez Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
El piano eléctrico que México no construyó
En diciembre de 1878, Estrada publicó en el periódico El Siglo XIX la descripción de un instrumento que no existía en su época: un piano eléctrico.
No se trataba de una idea abstracta. El diseño detallaba un sistema capaz de transformar vibraciones acústicas en señales eléctricas y amplificarlas mediante dispositivos electromagnéticos. Su intención era clara: llevar el sonido más allá de los límites físicos del instrumento tradicional.
No pudo construirlo.
La falta de recursos, materiales y apoyo técnico lo obligaron a hacer algo inusual: publicar el diseño completo para que alguien más pudiera desarrollarlo. En su propia carta lo advertía con claridad, temiendo que la idea fuera retomada en el extranjero sin reconocer su origen.
Ochenta años después, el piano eléctrico se desarrolló fuera de México.
El gabinete de física y la memoria que sobrevivió al abandono
Gran parte de su trabajo se desarrolló en el Gabinete de Física del Instituto Científico y Literario, un espacio que concentró instrumentos, experimentos y enseñanza científica en San Luis Potosí.
Entre esos objetos, destaca uno en particular: un fonógrafo que, según investigaciones recientes, pudo haber sido construido por el propio Estrada como parte de sus estudios sobre reproducción del sonido.
Hoy, ese instrumento se convierte en símbolo de una memoria científica que logró sobrevivir, no gracias a políticas públicas o reconocimiento institucional, sino al esfuerzo de quienes decidieron documentarla.
Aparato para el estudio de la reproducción del sonido, prototipo similar al fonógrafo, posiblemente desarrollado por Estrada. Colección “Patrimonio Cultural de San Luis Potosí”. Resguardo: J.R. Martínez.
Fotografía del libro: El inventor de la comunicación inalámbrica Francisco Javier Estrada
San Luis Potosí, más allá de Estrada
El desarrollo científico de San Luis Potosí no puede entenderse sin la figura de Francisco Javier Estrada. Lejos de ser un episodio aislado, su trabajo marcó un punto de partida que dialoga con una serie de avances que, con el paso de las décadas, consolidaron al estado como un espacio clave para la experimentación tecnológica en México.
Desde los primeros ensayos con globos aerostáticos en las primeras décadas del siglo XIX, pasando por los intentos iniciales de vuelo en 1840, hasta el desarrollo de la aviación en el siglo XX, existe una línea de continuidad en la que la experimentación y la curiosidad científica fueron constantes. Esa misma lógica se extendería más adelante a los estudios de radiación cósmica en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y al lanzamiento del primer cohete con fines científicos en el país en 1958.
En ese entramado histórico, las aportaciones de Estrada no solo anteceden estos logros: ayudan a explicarlos. Su trabajo en electricidad, comunicación inalámbrica y reproducción del sonido no solo abrió nuevas rutas de conocimiento, sino que sentó bases técnicas y conceptuales que formarían parte del desarrollo tecnológico posterior.
Las aportaciones de Francisco Javier Estrada detonaron una tradición científica en San Luis Potosí que evolucionó hacia la aviación, la investigación en radiación cósmica y el lanzamiento del primer cohete científico en México.
También lee: El genio que se niega al olvido | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
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Que siempre sí, Soledad saldrá de Interapas entre mayo y junio
También se revisó el futuro de Villa de Pozos y la distribución del servicio para evitar afectaciones a la población
Por: Redacción
Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte
Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina
«No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto.»
Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)
Por: Jorge Saldaña.
Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.
Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.
El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior- al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.
El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.
De los apodos a los apellidos
En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.
Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.
Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.
Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».
La cuadra como unidad onomástica
Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.
La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.
«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»
Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)
Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.
Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.
Las cuatro fechas bisagra
La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:
- 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
- 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
- 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
- 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.
Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.
La memoria popular como capa subterránea
Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.
Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.
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