enero 30, 2026

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#4 Tiempos

Coronavirus y la revolución de las conciencias | Columna de Oscar Esquivel

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coronavirus

Desafinando

 

El mundo corre de prisa: la tarea diaria, el tráfico, las deudas, la salud. Caemos en el aturdimiento emocional, la velocidad que se imprime para ejercer una acción constante, el querer mejorar todo en poco tiempo, permite que caigamos en el error de la desesperación.

Prisioneros en nuestras propias exigencias, ya no se razona, olvidamos la ética que debería conducirnos al encuentro a la razón colectiva. Por el bien de todos hagamos conciencia de no correr para alcanzar metas personales, más bien, para generar un conjunto de acciones donde se permita la entrada de las ideas, debatirlas y como resultado, se obtendrán beneficios para alcanzar el bien común.

Muy pocos hombres comprenden lo que es la conciencia, muchos otros como raza humana, tal vez solo alcancen a ceñirse al “deber”, lo que significaría actuar de manera conducente ante situaciones marcadas por las normas o las leyes. Pero el generar conciencia va mucho más allá, es el deber, sumando al pensamiento crítico, guiado de igual forma, por su propia moral, como resultado, nacerá “un hombre de conciencia” y de aquel que se jacte de ser una persona universal.

“La verdadera seguridad es el testimonio de la buena conciencia”: Santa Teresa. El polímata, suizo del siglo XVII un observador del arte, las ciencias, la política y las humanidades, Jacques Rousseau, menciona: “Existe para toda la especie humana una regla básica anterior a la opinión y es la conciencia; inflexible debe ser esta dirección, la regla a las que todas las reglas deben referirse”

En este contexto, la conciencia debe ser la mejor aliada, y más, atrevernos a participarla en un momento crítico como el que vivimos, la conciencia es el mejor consejero y también nuestro implacable juez, no solo a conveniencia particular, escuchemos la voz de la conciencia y el mundo será otro.

Limitar el florecimiento de la conciencia colectiva da como resultado la provocación, el acallar los gritos de los insensatos como lo hacen con nosotros mismos de manera natural, sin sustentos firmes, mal informados; comúnmente los generadores de la murmuración, los enredos y lo peor , convertidos “opinadores”, negados a tomar un libro, enterarse del conocimiento adquirido por otros, ellos son los que conforman el odio hacia todo aquel que pretenda realizar una “revolución de las conciencias”.

Los dias transcurren, estamos en el numero veinte desde que el primer infectado por el coronavirus dio positivo en nuestro país, las noticias de China venían, lo veíamos tan lejano, y el tiempo nos alcanzó, la pandemia se propagó por el mundo, asustando, atemorizando, reventando la economía, caídas de las bolsas de valores por el mundo, las monedas devaluadas; la poca información de los jefes políticos del mundo hacia sus ciudadanos, hizo de los reclamos exigencias de políticas públicas adecuadas, técnicas y contundentes.

En nuestro país no fue diferente, más bien, no es diferente. Si la polarización ya era marcada, se acentuó y creció como bola de nieve; basta ver unos minutos las redes sociales, todos nos convertimos en jueces de la conciencia, “El Presidente no tiene conciencia, es un loquillo”, “esconden cifras”, “los ricos nos trajeron la enfermedad, y él como si nada”, toda clase de calificativos y demostraciones poco afectivas hacia sus “madres” la de él y sus colaboradores.

En las redes, los muros de los usuarios llenos de noticias falsas, y aun así, desinformados suben a la red sus contenidos, provocando irritación social, pánico y hasta enemistades, la conciencia muriendo lentamente.

La irresponsabilidad es el signo de Caín, bien puesto y bien llevado por muchos, comenzando por los “grandes periodistas de México”, un tal Lopez-Doriga difundiendo la muerte del empresario Kuri, socio de Carlos Slim, secundado por un ejército de periodistas corruptos, afines a los regímenes anteriores, Carlos Loret, el cínico de Ciro Gómez, Fernanda Familiar por nombrar algunos, se mostraron como buitres carroñeros, querían un muerto para denostar y dejar caer su odio… hasta el día de hoy, el empresario no ha muerto.

Desafortunadamente falleció el primer hombre por el Covid -19, el fallecido era un hombre de 41 años, padecía diabetes, una enfermedad que da mayor condición de gravedad de los síntomas por el virus. El 3 de marzo a pesar de la advertencia de no acudir a actos masivos, asistió al concierto de un grupo llamado Ghost, en el Palacio de los Deportes, presentó síntomas y se internó el día 9 marzo, muriendo el día 18. Su deber: ir al concierto. Su justificación irresponsable: “ya había adquirido los boletos”. Si hubiera reflexionado responsablemente con conciencia, tal vez estaría aún vivo… cuando la muerte llama, ni Dios Padre.

Si no se toma conciencia, la irresponsabilidad de algunos dará la pauta para mayores contagios, como un ejemplo que aparentemente le afecta solo a una apersona que sin razonamiento lógico de sus actos, el presidente del Club Atlético de San Luis, viajó a España después del encuentro del Atlético con el Monterrey, la semana antepasada. A su regreso, conociendo la situación en España, hace caso omiso a las indicaciones de salubridad y no se somete al control de aislamiento de 14 días. Continuó realizando su vida como si nada, convive con los jugadores. ¿Qué estaría pensando el Sr. Marrero?, no solo expone su vida, si no la de cientos, miles de aficionados que acuden al estadio o los entrenamientos de los jugadores.

Sé que estamos aturdidos, nos sentimos vulnerables, se escuchan tambores que generan miedo, angustia. El coronavirus no debe llegar para quedarse, si hacemos lo que nos corresponde, y eso es primeramente tomar conciencia de no generar pánico, seguido de atender las recomendaciones, no asistir a eventos multitudinarios, lavarse las manos de manera constante, estornudar debidamente dentro del brazo, usar gel antibacterial, si se padece diabetes, hipertensión o enfermedades autoinmunes, hacer doblemente lo que se indica.

Del tamaño de la revolución de conciencia que formemos, de igual manera saldrá el coronavirus más rápido de nuestras vidas.

Nos saludamos pronto.

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#4 Tiempos

Una prueba de carácter | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

Por: Redacción

El partido de este fin de semana entre Atlético de San Luis y Chivas no es uno más en el calendario. Llega en un momento donde ambos equipos necesitan algo más que puntos: necesitan convicción. En una liga que castiga la duda y premia la determinación, este duelo se presenta como un examen incómodo, de esos que no se aprueban solo con intención.

San Luis llega con la sensación de haber entendido, por fin, cómo competir mejor en su propia narrativa. No es un equipo espectacular, pero sí uno que ha aprendido a sostenerse, a incomodar y a no regalar partidos. En casa, el exAlfonso Lastras y ahora llamado Libertad Financiera, suele convertirse en un escenario exigente para cualquiera, y este encuentro no será la excepción. San Luis sabe que estos partidos son los que construyen temporadas: vencer a un histórico no solo suma en la tabla, también fortalece el discurso interno y ojo aquí, que en su casa, las Chivas solo han podido vencerlo una vez.

Del otro lado aparece superlider Guadalajara, siempre cargando con el peso de su nombre. El Deportivo llega a este compromiso envuelto en la presión habitual que lo acompaña: la obligación de ganar incluso cuando el funcionamiento no termina de convencer. Chivas ha mostrado destellos, pero también lagunas que lo hacen vulnerable, especialmente cuando se enfrenta a equipos ordenados, intensos y sin complejos, justo el perfil que suele adoptar San Luis.

El choque promete ser más táctico que vistoso. San Luis buscará cerrar espacios, obligar a Chivas a jugar incómodo y capitalizar cualquier error. Guadalajara, en cambio, intentará imponer ritmo, pero deberá hacerlo con paciencia, porque la desesperación suele ser su peor enemiga

. Aquí, el partido puede definirse en detalles mínimos: una pelota parada, una distracción defensiva o una decisión tardía.

Hay, además, un componente emocional que no se puede ignorar. Para San Luis, ganarle a Chivas representa confirmar que su proyecto es capaz de competir contra cualquiera. Para Chivas, perder sería otro golpe a una confianza que se recompone con dificultad. En ese cruce de necesidades, el margen de error se reduce al mínimo.

Este tipo de partidos rara vez se recuerdan por su belleza. Se recuerdan por lo que provocan después. Una victoria puede impulsar a San Luis hacia una recta más tranquila; una derrota puede volver a colocar a Chivas bajo el reflector de la crítica. El empate, en cambio, dejaría a ambos con la incómoda sensación de haber dejado algo en el camino.

El fin de semana pondrá frente a frente a dos equipos con realidades distintas, pero con una urgencia compartida: demostrar que pueden sostener una idea cuando el calendario empieza. En la Liga MX no siempre gana el que juega mejor; suele ganar el que entiende mejor el momento.

San Luis y Chivas están justo ahí, frente a un partido que no promete fuegos artificiales, pero sí consecuencias. Y en este torneo, eso suele ser mucho más importante.

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El Cronopio

El padre Peñaloza al rescate de la obra de Francisco González Bocanegra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado hubo un importante movimiento editorial en San Luis Potosí dirigido por un selecto grupo de intelectuales preocupados por la cultura potosina; así aparecieron revistas como Estilo, Letras Potosinas, Cuadrante, Jueves Literarios, Revista de la Facultad de Humanidades, Archivos de Historia Potosina, entre otros, que recogieron importantes escritos culturales y que dieron vida a libros de importancia histórica local, como la memoria de Francisco Estrada padre, titulada Recuerdos de mi Vida y el libro conmemorativo por el centenario del Himno Nacional, publicados en los cincuenta a través de la UASLP.

En 1954 se publicaría el libro Vida y Obra de Francisco González Bocanegra con motivo del centenario del Himno Nacional, de la pluma del padre Dr. Joaquín Antonio Peñaloza, que participaba en algunas de las revistas y publicaciones mencionadas. En 1998 se editaría la segunda edición de este libro, ahora dentro del marco de festejos por el setenta y cinco aniversario de la autonomía universitaria, edición que estuvo a cargo de Jesús Rivera Espinosa y del propio padre Peñaloza. Esta edición agregaba otros poemas inéditos recopilados en ese periodo entre los cincuenta y los noventa.

El libro mencionado es uno de los mejores esfuerzos por difundir la obra de González Bocanegra y aún puede conseguirse en la Librería Universitaria de la UASLP a costo bajo, pues debe de andar en la friolera de ochenta y cinco pesos. Una buena forma de conocer a este personaje y disfrutar sus poemas y escritos realizados principalmente en la década de los cincuenta decimonónicos.

González Bocanegra vivió treinta y siete años, muriendo en 1861 sobreviviéndole su esposa y dos de sus hijas, una de ellas tomaría los hábitos y otra se casaría dejando descendencia del insigne poeta. En el libro el padre Peñaloza repasa la vida del poeta desde su nacimiento en San Luis Potosí, el destierro voluntario de su familia a Cádiz en España debida a la expulsión de españoles del país al formarse la República, su regreso a San Luis y su partida a la ciudad de México donde comenzaría su obra literaria. El padre Peñaloza divide su vida de acuerdo con sus aportaciones literarias, así nos habla de su faceta de poeta, de orador, de dramaturgo, de funcionario público, de narrador

, entre otros; además de su etapa de vida en San Luis Potosí.

El libro recoge, además, la recopilación de su obra, con sus poemas, sus escritos, sus ensayos, sus reportes como censor de obra de teatro. De esta forma es una buena forma de conocer la obra de este potosino que trasciende en el mundo de las letras al ser el autor de la letra del Himno Nacional, uno de los mejores poemas cívicos creados a nivel mundial.

Su estatua, retirada de la glorieta que lleva o llevaba su nombre, ya no sé, ha quedado relegada a un costado de la glorieta un tanto perdida, como ahora es la obra de González Bocanegra que es poco a nada conocida, al igual que la relegación de la estatua a Manuel José Othón otros de los importantes hombres de letras que colocan a San Luis en la historia de las letras mexicanas.

Así que, hágase de este libro, si no lo ve en las estanterías, solicítelo a ver si lo sacan de las bodegas de la librería universitaria.

Ante la ausencia de homenajes en los aniversarios de su nacimiento, como sucedió hace dos años que se cumplieron doscientos años de su natalicio el 8 de enero, el mejor homenaje que podemos hacer a este ilustre potosino es mantener su obra viva a través de la lectura.

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

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