#4 TiemposDesde mi clóset

Con cariño para Priego | Columna de Paul Ibarra

Desde mi clóset

 

La semana pasada la comunidad potosina avanzó de manera significativa en el acceso a los derechos de las personas LGBTTT en el estado. Esto, a pesar de la andanada de berrinches que los grupos conservadores, en colaboración con los jerarcas católicos locales y el Partido Acción Nacional. La noticia le cayó como balde de agua helada al vocero de la arquidiócesis, quien, ni tardo ni perezoso salió a escupir su delicado veneno.

En este sentido, resulta fundamental señalar la carga simbólica que las palabras de un líder religioso tienen frente a la feligresía y la opinión pública en general. Los mensajes de odio, son aquellas expresiones que de manera directa o indirecta incitan a la segregación, exclusión o el trato diferenciado hacia otra persona o grupo de personas.

De acuerdo con el Consejo Nacional para Prevenir y Erradicar la Discriminación, las expresiones de odio son frases, dichos o usos del lenguaje que tienen cargas peyorativas, agresivas o excluyentes; entre las que se encuentran frases tales como: “esa chica es gordita, pero buena onda” (gordofobia), “había un alboroto tal, que parecía cena de negros” (racismo), “no me importa que seas homosexual, pero que no se te note” (homofobia).

La propagación de los discursos de odio por parte de la arquidiócesis potosina, trajo consigo que, durante por lo menos tres legislaturas, el Congreso del Estado no avanzara en modificaciones normativas para proteger a las parejas del mismo sexo. No fue sino hasta que el mapa político se modificara, y que este se enfrentara a estos grupos religiosos que las cosas cambiaron.

No es un secreto, que, desde que estos grupos se enteraron de la discusión en comisiones y en pleno de este tema, iniciaron una campaña en pos de persuadir a integrantes de la legislatura para votar en contra del matrimonio igualitario. Les llevaron un cirio bendecido por el arzobispo, les llamaron hasta altas horas de la noche, compraron publicidad en radio y medios impresos. Al tiempo que construyeron una operación silenciosa entre la feligresía, desde los púlpitos y sus canales de comunicación, para promover la violencia a la comunidad LGBTTT.

Quienes integramos la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y personas trans, no estamos buscando una disculpa, ni siquiera que nos incluyan en sus liturgias. Lo único que solicitamos es el respeto a las leyes, a la Constitución y a los principios que de esta emanan. Una persona, líder de opinión, desde su posición de poder tiene la obligación constitucional de promover la igualdad y la no discriminación.

Cada persona tiene el derecho de pensar lo que más le convenga, sin embargo, esas ideas son privadas, se mantienen en el interior de una familia o un grupo de personas. En cuanto ostentas un liderazgo público, cobijado por una Asociación Religiosa, que se rige bajo una Ley constitucional, se tienen obligaciones.

Señor Priego Rivera, espero que, desde sus espacios de convivencia, no tenga ningún amigo, familiar o conocido LGBT; espero que nunca tenga la posibilidad de convivir con una familia homoparental; espero que nunca reciba el amor de una pareja del mismo sexo, que le pida su bendición. No lo merece.

Es momento de que empiece a sacar sus rosarios, sus oraciones y su odio, de nuestras familias.

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