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Cien motivos para celebrar a México
Cada que llega septiembre, surge un grupúsculo que vitorea una consigna con la que acaso intentan erigirse como líderes sociales muy comprometidos con el prójimo. Son los que, ante el entusiasmo por las fiestas patrias mexicanas, claman que “no hay nada que celebrar”.
Esa gente se equivoca, claro está. Hay muchísimos motivos para celebrar. Es cierto que también los hay para lamentarse y sufrir, pero de eso ya sabemos mucho y no tiene mucho sentido repetirlos una y otra vez.
A menudo por nuestros complejos, en México nos vemos como inferiores y nos cuesta asumir nuestro papel importante en el globo. Eso tiene que terminar. No podemos bajar la mirada todo el tiempo. No lo merecemos.
Con ánimo de compensar y como una muy personal carta de amor hacia México, dedico esta lista de algunas cosas que, a mi juicio, son suficientes para sentirse agradecidos de haber nacido en estas tierras.
Por estas razones (y por las miles que faltan) hay que seguir luchando para revertir todo aquello que va mal.
***
1. Por las botargas que promueven marcas con bailes y un gozo que ya quisiéramos experimentar alguna vez.
2. Por “Si nos dejan” de José Alfredo Jiménez, donde se concentran aspectos centrales de la personalidad del mexicano. Sus temores, su espíritu soñador, su enorme romanticismo. El saberse en un ambiente adverso y aun así continuar ilusionado.
3. Por el tequila y el mezcal. Por el agave que luce portentoso e imperial al lado de los ingredientes base de destilados como el vodka, whisky o ron (trigo, maíz, papa, caña de azúcar).
4. Por las plazas de los pueblitos, llenas de color, sonidos, niños y ancianos. Un paraje donde lo único que falta para ser feliz es un helado.
5. Por la mujer mexicana. Su calidez y la atención que brindan a los espíritus desamparados.
6. Por las carnitas de Ojuelos, Jalisco.
7. Por el nombre entrañable que damos a nuestros alimentos, títulos cariñosos como si fueran de nuestra familia. Cueritos, burritos, carnitas, cochinita, pepitas. Una arepa nunca sonará tan sabrosa como una gordita.
8. Por la muy sana desconfianza que los mexicanos sienten frente a las autoridades y los políticos en general. Y la manera en que lo manifiestan, con humor y sin someterse.
9. Por los padres de familia que, aunque humildes, hacen un enormes sacrificio por darle una enorme fiesta de XV años a sus hijas.
10. Porque dentro de México hay 35 sitios que son consideran patrimonio de la humanidad (puesto 7 en el ránking mundial). Y la lista se queda corta. Muy corta.
11. Por el aguacate. Un fruto versátil y sabroso que deriva en la bondad del guacamole. Guacamole y un puñado de totopos, solo por eso vale la pena seguir respirando.
12. Porque México pasmó incluso a surrealistas como Salvador Dalí y André Breton.
13. Porque los innumerables problemas no quitan la grandeza de nuestro territorio. Pese a la inseguridad, violencia, mala imagen e inestabilidad que asolan al país, y pese a no contar con un solo aeropuerto que conste entre los 100 más importantes, México es el sexto país más visitado del mundo con 39 millones de turistas en 2017 (más que toda Latinoamérica junta). Hay quienes viajan miles de kilómetros para estar aquí, el sitio que nos aterra y nos fascina.
14. Por la resiliencia ante la adversidad. Los mexicanos han resistido invasiones, saqueos, malos gobiernos… y siguen con la esperanza de salir adelante.
15. Por la vaquita marina a la que tanto le hemos fallado. Tímidas, bonitas… quizás el mundo no las merece.
16. Por el concepto de lo fiado y del pilón que tanto han contribuido a que las familias mexicanas puedan aguantar un día más en la lucha, aunque luego para cobrar se vuelvan una lata.
17. Porque México, pese a todo (incluyendo la pérdida de territorio), sobrevivió al intervencionismo de las grandes potencias de los últimos siglos. Estados Unidos, España, Francia e Inglaterra. Se dice fácil, pero no cualquiera.
18. Por los comediantes mexicanos. No los lamentables standuperos, sino la gente de a pie que cuenta ocurrencias y chistoretes a cada rato. Hay quienes tienen radar humorístico y a la menor oportunidad saltan para provocar carcajadas.
19. Por el clima. Si bien en su mayoría seco, no se trata de nada agresivo ni deprimente en ninguno de los extremos. Ni quema demasiado ni agobia por el frío.
20. Por el gol de Hugo Sánchez ante el Logroñés. Una anotación que rompió de golpe todo lo que sufrió y que deshace en su recuerdo a cualquiera de sus detractores.
21. Por el patriotismo de Mier y Terán que se suicidó clavándose una espada en el corazón ante la decepción y tristeza que le provocaba la situación de México en 1832.
22. Por el maíz, el nopal y el frijol que ofrecen decenas de combinaciones, texturas, posibilidades y sabores a un precio accesible. La comida mexicana es amigable con todos, incluso con quienes no comen carne.
23. Por la portada de Cerca de ti de Lucía Méndez.
24. Por las caricaturas geniales, retorcidas e hilarantes de Jis y Trino.
25. Por la habilidad de hacer tacos y tortas de casi cualquier cosa, incluso de un portaaviones si llega a presentarse la opción.
26. Por la Playa del Amor en Nayarit, escondida como la playa que sale en Porco Rosso de Hayao Miyazaki.
27. Por los exvotos, historias y dibujos que brindan asombro y aura de niñez.
28. Por los perros y gatos callejeros de México que cuentan con un carácter especial.
29. Por lo terapéutico de deshebrar (y comer) queso oaxaca.
30. Porque México ha ofrecido su manto protector a exiliados políticos de todo el mundo. Durante el siglo XX dio cobijo (una tradición tristemente en descenso) a chilenos, argentinos, españoles, cubanos, centroamericanos, soviéticos, asiáticos y gente que huía despavoridos en busca de ser protegidos de regímenes atroces. Aquí se les ofreció una oportunidad. Trabajo, admiración y cariño., aunque con distinciones y deudas que habría que resolver, sobre todo en el caso de los centroamericanos y personas del caribe.
31. Por el Día de Muertos. Por la manera en que se honra a los recuerdos y a quienes dejaron una marca en nuestras vidas. No olvidamos y tenemos gratitud.
32. Por el liderazgo asumido en la lucha contra el cambio climático, de manera prominente a partir del 2010 cuando en Cancún se llevó a cabo la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Fuimos el primer país en desarrollo en presentar un plan de contribución nacional en la materia.
33. Por el Hospicio Cabañas y “El Hombre en llamas” de José Clemente Orozco.
34. Porque México fue el primer país en acoger dos mundiales de futbol (en donde se coronaron las dos máximas leyendas, Pelé y Maradona) y seremos el primero en acoger un tercero, todo sin ser potencia futbolística pero gracias a un balance entre tradición, solidez comercial y público entusiasta.
35. Porque los mexicanos son trabajadores. Lo saben en el resto del mundo, más allá de los prejuicios que puedan tener. A un mexicano dale una oportunidad, una casa y a su familia y se partirá el lomo hasta el final.
36. Por la tradición de la comida callejera, tan democrática: hermana a gente de todos los estratos por el nivel de su ricura. En México es posible acceder a delicias culinarias por un módico precio y eso es invaluable.
37. Por Sor Juana Inés de la Cruz, Efraín Huerta, Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Gabriel Zaid, Rosario Castellanos, Juan Rulfo, Juan José Arreola y Jorge Ibargüengoitia.
38. Por esas obras mexicanísimas de Luis Buñuel: El Ángel Exterminador y Los Olvidados.
39. Porque México fue el imán que de algún modo se comió a Neal Cassady, Arthur Cravan y Ambrose Bierce.
40. Por Nahui Olin. Valiente, liberadora y adelantada a su tiempo. Una obra de arte en movimiento.
41. Por Juan Gabriel, José Alfredo, Agustín Lara y todos esos compositores que alumbran las cantinas a lágrima viva.
42. Porque tenemos ene exclusiva al milenario axolotl,uno de los regalos más preciados de la naturaleza y acaso el secreto de nuestra salvación.
43. Por el Palacio de Hierro de Polanco, el Palacio de los Palacios, un castillo del capital y del lujo al que cualquiera puede acceder, aunque nomás sea para mirar.
44. Por el porte de Lupita Jones en Miss Universo de 1991. Llena de porte, elegancia y confianza en sí misma, algo que a veces tanto nos hace falta a los mexicanos. Confiar en lo que somos, sin complejos, mirar hacia arriba como merecemos. Sin achicarnos ante nadie. Aquella noche, Lupita dio una lección a todas las mujeres y hombres de México. Con lucidez, encanto y sin complejos, ante mujeres rubias que le sacaban 20 centímetros de altura, llegó hasta al final orgullosa de su país y de sí misma.
45. El chocolate, el alimento de los dioses. El planeta entero debe mostrarnos un respeto solo por eso.
46. Porque aunque no nos demos cuenta, estamos anclados a nuestras raíces. Cada que vamos a comprar las tortillas o vamos por un elote, conectamos con nuestro pasado. No podemos negar la cruz de nuestra parroquia.
47. Por las obras de Diego Rivera, Manuel Rodríguez Lozano, Gabriel Orozco y Rufino Tamayo.
48. Por José Azueta —hijo del comandante Manuel Azueta—, marino mexicano que en 1914 luchó por defender el puerto de Veracruz de la invasión estadounidense, aun cuando Victoriano Huerta y Joaquín Maas habían ordenado retirada . Lideró a los cadetes de la Escuela Naval Militar y mantuvo posición con su metralleta hasta que se quedó sin municiones, pese a que previamente había ya recibido balazos en las piernas. Conmovido ante la entrega de aquel malherido muchacho, y a sabiendas de que era hijo de un alto mando, el almirante Frank Friday Fletcher ofreció a un médico estadounidense para auxiliarlo, cosa que el joven rechazó, arguyendo que de los enemigos de su patria no quería ningún servicio. Tal héroe moriría poco después.
49. Por la Época de Oro del cine mexicano. Una coyuntura histórica que permitió el alza de figuras como Jorge Negrete, Pedro Infante, el “Indio” Fernández, Sara García y tantos otros.
50. Por Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y el Chivo Lubezki (y Gabriel Figueroa, mucho antes). Por la manera en que se sobrepusieron a lo que había para llegar así a las grandes ligas y poder crear Y tu mamá también, Harry Potter y el prisionero de Azkaban, Children of Men, Gravity, El laberinto del Fauno, El espinazo del diablo, Pacific Rim y el poderío visual en El renacido que la hace más una película de Lubezki que de Iñarritu.
51. Por Frida, la perrita rescatista y todos los integrantes del Ejército Mexicano que se juegan la vida por su país, pese a que los necios quieran regatearles méritos y quieran mancharlos desde la comodidad de sus sillas.
52. Por Piedra de sol de Octavio Paz.
vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño de esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños
[…]
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,
53. Por Muerte sin fin de Gorostiza.
Mas nada ocurre, no, sólo este sueño
desorbitado
que se mira a sí mismo en plena marcha;
presume, pues, su término inminente
y adereza en el acto
el plan de su fatiga,
su justa vacación,
su domingo de gracia allá en el campo,
al fresco albor de las camisas flojas.
54. Por el chile. La forma en que revitaliza al organismo y lo lleva a estados difíciles de comprender, como el hecho de que el picor sea disfrutable y que no podamos prescindir de él ni en los caramelos.
55. Por el escudo de nuestra bandera. Un sello monumental, impactante, sin tonterías. Con un águila en plan terminator dejando en claro quién manda. Cómo no íbamos a ser gordos si ya desde el símbolo patrio tenemos la consigna de comer.
56. Por la amistad que tenemos con otros países, alimentada por el respeto que les hemos guardado, así como la solidaridad y cooperación para el desarrollo que hemos impulsado en la medida de nuestras posibilidades.
57. Por toda esa gente que salía en el cine de ficheras, en especial Sasha Montenegro.
58. Por el desayuno a la mexicana que se anda sin delicadezas y bien podría bastar para sobrevivir un mes entero sin probar ningún otro bocado. Chilaquiles, frijoles, huevo, jugo, pan, café.
59. Por la tradición pugilística mexicana. Por Julio César Chávez, el “Puás” Olivares”, el “Ratón” Macías, Marco Barrera y tantos otros que pusieron la bandera tricolor en primer plano.
60. Por el futbol mexicano. Tremendamente limitado, insatisfactorio y desmoralizante, pero abundante en diversión y emociones. Ah, y por la cuauhtemiña, maniobra ineficaz, sobrada y ridícula que sin embargo resulta espectacular y propia de alguien rebosante en actitud.
61. Por los baños del Sanborns que han sacado muchas generaciones de apuros y que probablemente le han salvado el trabajo, la pareja y hasta la vida a más de uno.
62. Por Lorena Ochoa y las campeonas olímpicas María del Rosario Espinoza y Soraya Jiménez (la primera mujer mexicana en llevarse una medalla de oro en el máximo evento deportivo), que hicieron llorar de alegría a todo un país.
63. Por las piñatas. Liberación de la frustración, a ciegas, que trae dulces.
64. Por los mazapanes, las alegrías, las palanquetas y todas las variantes de tamarindo. Por las nieves de garrafa y por los helados baratos de limón —probablemente insalubres— con chile piquín que venden en las primarias.
65. Por Ciudad de México y el área metropolitana. Llena de defectos y caos que provocan úlceras, pero que no deja de ser una excepción en donde confluyen lo mismo castillos, desiertos, lagos, volcanes, bosques, pirámides, palacios y rascacielos.
66. Por el Fondo de Cultura Económica. Una de esas —pocas— ramificación del Estado que funcionan y que han alumbrado lectores de toda hispanoamérica. La visión del gran Daniel Cosio Villegas permitió un proyecto sustentable que décadas después sigue como un ejemplo.
67. Por el nombre mismo del país: México. Mucho se ha proferido sobre la posibilidad de que el himno nacional mexicano sea el (segundo) mejor del mundo sin darnos cuenta que la verdadera batalla está en otro lado. México tiene el nombre más bonito de entre todos los países, con esa X tan coqueta que algo tiene de cruz y de calvario como diría Ricardo López Méndez. El significado de “México”, según se apunta a nivel popular, es “el lugar en el ombligo de la luna”, una maravilla poética; pero de acuerdo algunos académicos, el origen corresponde más bien a “[en el] lugar de Mexihtli [Huitzilopochtli]” o cuestiones alusivas al maguey o ser seguidores de Metztli, la luna. En cualquier caso, cada una de las vertientes es estupenda. Solo nos podría hacer un poco de sombra, en un lejano segundo lugar, Costa de Marfil.
68. Y ya que estamos, también por el himno nacional mexicano. Quizás nunca existió esa competencia de himnos donde Francia nos desplazó al segundo sitio, pero no deja ser tener una letra arrojada y emotiva. Quien la menoscabe por su carácter bélico no entiende nada de esto.
69. Porque México está en el top 5 de países con mayor biodiversidad. Entre el 10% y 12% de las especies que habitan el mundo tienen su hogar aquí.
70. Por la interpretación de “El triste” que José José hizo en el II Festival de la Canción Latina en 1970. Tal episodio equivale al gol que Maradona anotó tras burlar a media selección inglesa en el Mundial del 86. El hecho de que injustamente le hayan otorgado el tercer lugar en la competencia la vuelva aún más especial. De algún modo marca la condena que ha acompañado al pueblo del que venimos.
71. Porque es un país muy divertido. El chiste, la burla y risa son un modo de supervivencia. Nadie se salva del escarnio. Si para Hemingway París era una fiesta, México es el constante pitorreo.
72. Por la leyenda de Huitzilopochtli que nació siendo adulto para defender a Coatlicue, su madre, quien había quedado embarazada desde la virginidad por haber guardado una bola de plumas en su vientre.
73. Por las últimas palabras pronunciadas por Maximiliano de Habsburgo antes de ser fusilado. Pocas veces alguien ha sido así de honorable y espléndido con una nación: “Perdono a todos y pido a todos que me perdonen y que mi sangre, que está a punto de ser vertida, se derrame para el bien de este país. Voy a morir por una causa justa, la de la independencia y libertad de México. ¡Que mi sangre selle las desgracias de mi nueva patria! ¡Viva México!”.
74. Por la forma en que Jack Kerouac expresó la sensación que significaba para un estadounidense cruzar la frontera hacia México:
“se cruza la puertecita de alambre y uno se halla en México, parece que se acaba de salir de la escuela donde se ha dicho a la maestra que uno estaba enfermo, y ella ha dicho que podía ir a casa a las dos de la tarde. Uno se siente como si acabase de salir de la iglesia, un domingo por la mañana, y se ha quitado el traje y puesto la ropa fresca, vieja y amable para jugar; uno mira en torno suyo y ve caras dichosas y sonrientes (…) y se oye la música de la cantina en el parquecito de enfrente, donde hay globos y caramelos. (…) Uno va sediento, a través de las puertas de vaivén de un bar, para tomar una cerveza, y ver cómo juegan al billar unos hombres con sombreros mexicanos y pistolas en sus caderas de rancheros, y grupos de negociantes que cantan y arrojan pesos a los músicos, que van de un lado a otro del salón. Hay la sensación de que se entra en la Tierra Pura…”
75. Por María Félix y su gracia natural. Un ejemplo de porte y elegancia: sabía que ella misma era un lujo. La diva absoluta.
76. Por el álbum Romance de Luis Miguel. Posiblemente el disco pop mejor producido de Latinoamérica.
77. Por Pedro Páramo. Libertad bajo palabra. Los relámpagos de agosto. Reloj de sol. Los Nocturnos de Villaurrutia. Los recuerdos del porvenir. Poesía no eres tú. El arte de la fuga. Confabulario. No me preguntes cómo pasa el tiempo.
78. Por las cantinas. Llenas de bromas, recuerdos, boleros y derrotas.
79. Por el cantinfleo, la danza verbal de nuestra gracia e inseguridades.
80. Porque Paul McCartney, Bob Dylan, Serge Gainsbourg, Morrissey, Bruce Springsteen y Neil Young, entre muchos otros, han dedicado a México alguna de sus canciones.
81. Por la lucha libre. Por la conjugación de drama, violencia, sentido del humor, máscaras, mística y mal gusto que traen entretenimiento puro y duro tanto a chicos como a grandes.
82. Por la Feria Nacional de San Marcos, la mejor de México, que ofrece la posibilidad de beber y caminar sin rumbo fijo rodeado de una multitud que quiere que la noche sea infinita.
83. Por la lotería. Tarjetas y tablas que son pop art en esplendor y que en su incluyentismo permite jugar a cualquiera sin mayores artilugios. Basta con un frijol para ser parte.
84. Por las pirámides. El Templo de Kukulkán, la Pirámide del Sol y la de la Luna, la gran Pirámide de Uxmal, la Pirámide B en Tula que está coronada por los Atlantes, la gran Pirámide de Calakmul, la Pirámide de los Nichos (tiene 365 en su exterior, posiblemente por cada uno de los días del año). Y por los restos del Templo Mayor, una memoria subterránea que palpita y que marca una de nuestras raíces.
85. Por el Centro Histórico de la Ciudad de México. Del Palacio de Bellas Artes al Zócalo, donde la colosal Catedral Metropolitana convive con Palacio Nacional. Y por todo lo demás que están en la zona. La Alameda, El Palacio Postal (digno de película con niños que son magos), el Centro Cultural de España, el Colegio de San Ildefonso, la Torre Latinoamericana, la Academia de San Carlos, el Casino Español, el Colegio de las Vizcaínas, la Casa de los Azulejos, la Plaza de Santo Domingo, el Palacio de Minería, el Colegio Nacional y la Calle Madero que, cuando no hay demasiada aglomeración —raro— se convierte en un lugar importante para caminar. Y por todas las Maty Huitrón que aún andan por sus calles.
86. Por nuestro esquema de vacunación, uno de los mejores que existen y un referente internacional.
87. Por los tacos. Todos. De pastor, de bisteck, de guisado, de suadero, de chochinita… de lo que caiga para alumbrar al espíritu.
88. Por Pita Amor, la undécima musa, y su espíritu transgresor. Aquella individualidad (“yo soy mi propia casa”) que implicaba libertad, pero también soledad y congoja. Por los paseos que hacía desnuda por Paseo de la Reforma, cubierta tan solo por su abrigo de Mink.
89. Por la belleza y glamour de Elsa Aguirre, Miroslava Stern, Fanny Cano, Silvia Pinal, Dolores del Río, Lupe Vélez.
90. Por sus museos. El Museo Nacional de la Muerte (Aguascalientes), el Centro de las Artes en San Luis Potosí, el Museo Franz Mayer (un oasis cultural), el Museo Rufino Tamayo, el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, el Museo de Arte Moderno, La vista que hay desde la terraza del Museo del Estanquillo y por el Munal, que aún vacío seguiría siendo un museo.
91. Por todo Chapultepec. El bosque, el zoológico, el castillo y por sus ardillas que hacen que los adultos se vuelvan niños.
92. Porque México es un crisol en donde se fundieron razas, ideologías y culturas, dando paso a un mestizaje de una magnitud poco vista en la historia de la humanidad.
93. Por Alfonso García Robles, un tiburón de la diplomacia que en medio de la Guerra Fría y contra las intenciones de otros actores regionales, logró sacar adelante el Tratado de Tlatelolco que convirtió a Latinoamérica en la primera Zona Libre de Armas Nucleares.
94. Por el aspecto tan dicharachero y desparpajado de Chac mool.
95. Por los cerros que rodean Monterrey haciéndole parecer una especie de estadio. Y por su carne asada, cómo no.
95. Por Gilberto Bosques y su labor como parte del Servicio Exterior Mexicano. Un hombre valiente que desde la Francia dominada por los nazis logró salvar la vida de miles de personas (antifascistas, españoles y judíos), dándoles un escape hacia México. Un héroe que no se doblegó pese a la enorme presión de la Gestapo,
96. Por el recuerdo de Acapulco en los ochenta.
97. Por el carisma de Tin Tán.
98. Por “Las coloradas” en Yucatán. Un lago color rosa. Y también por todo Yucatán, su gastronomía, la actitud de su gente, la atmósfera ligera, salvo por el calor.
99. Por “Bésame mucho” de Consuelito Velázquez.
100. Por la interpretación de “Hasta que te conocí” de Juan Gabriel en Bellas Artes (1990). Su punto más alto. Todos los mexicanos y mexicanas resumidos en su voz. Un showman de primer nivel. Esos 9 minutos son insuperables y están al nivel de cualquier otra leyenda. Y quizás hasta por encima… incluso de Elvis Presley.
¡Viva México!
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“Cayetana… me gustaría creerte” | Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Culto Público, hijos de mis heridas y carencias, o de las realidades desiguales:
El sábado pasado fui invitado, como también lo fui al resto de las conferencias del ciclo “Unidas somos poderosas” en el marco del mes de marzo y el 8M, que organizó el DIF municipal de la mano del Ayuntamiento capitalino.
Los eventos, sin duda, de muy buen nivel, de gran participación, de inmejorable convocatoria, pero sobre todo -yo así me lo explico- “pensados para pensar, y generar conversación pública” ingrediente básico de la construcción del tejido social.
Cerró el ciclo la historiadora, periodista y política española, Cayetana Álvarez de Toledo. Con ella tuve oportunidad de desayunar de lejitos, escuchar su conversatorio y al final, de tener un momento de intercambio de ideas entre ella y compañeros del gremio y dueños de medios.
Su oratoria es impecable, su razonamiento lo entiendo con base en su construcción humana, su historia y sus circunstancias y no me atrevo a invalidarlo… pero tampoco a aceptarlo, la razón es muy simple, y es por ello que les comparto a ustedes mi Culto Público, mi muy humilde opinión.
Yo le creería a Cayetana Álvarez de Toledo, incluso quisiera tener ganas de creerle, sin caer en su definición de optimista o pesimista porque no todo es negro y blanco.
Al escucharla, es casi imposible no perderse en sus afirmaciones sólidamente construidas, y si no se pone atención yo le creería cuando dice que el populismo divide, cuando advierte que el poder puede usar a los pobres como clientela política y cuando insiste en que la libertad individual es la base de una democracia sana.
Le creería… si México fuera el país del que ella habla. Pero no lo es.
Y es que hay una diferencia brutal —y muchas veces invisible— entre el punto de partida de quien da el discurso… y el de quien lo escucha.
Cayetana habla desde una biografía de privilegio: Vida holgada en la Argentina sin crisis, redes de poder, nieta de franceses de abolengo vinculados con la realeza británica y a Edward Frank Willis James (lo conocemos como Sir Edward James -si el del castillo en Xilitla- y según las malas lenguas hijo ilegítimo del rey Eduardo VII), acceso a educación, capital cultural y muchos etcéteras.
(No es un juicio moral: es contexto)
Es por eso que su problema es que su receta parte de una premisa que en México simplemente no existe: y se llama la igualdad de condiciones.
Para algunos es muy fácil hablar del éxito y reducirlo al mérito individual. Uy, pues qué fácil. Se oye bonito. Se oye justo…
Pero en México hay niños que caminan kilómetros para ir a la escuela… y muchos otros que ni siquiera van.
Hay quienes estudian con internet, libros y tiempo… y otros que todavía estudian con hambre.
Entonces la pregunta que me hago, creo que es válida: ¿De verdad todos compiten en la misma carrera? ¿O hay quienes arrancan metros adelante… y otros que ni siquiera están en la pista?
Porque si todo es mérito… entonces los que no llegamos, ¿qué somos? ¿flojos? ¿Fracasados porque queremos? ¿o simplemente nacimos donde el esfuerzo no alcanza?
Ah, órale ya entendí… (digo, me hubieran dicho y no nazco pobre)
Va el dato: en México, apenas uno de cada cuatro jóvenes logra terminar la universidad, y en muchas regiones, ni siquiera hay condiciones para intentarlo.
Pero claro… “échale ganas”
Ahora bien, hay quien explica la pobreza como una mezcla de falta de oportunidades… y malas decisiones, pues sí, es una explicación cómoda.
Porque traslada la responsabilidad al individuo, pero en México la pobreza no es una anécdota, es una condición estructural heredada por generaciones.
Porque no es lo mismo caer… que nacer cayendo.
Y cuando se ignora eso, lo que se hace no es explicar la pobreza, casi, casi es convertirla en culpa.
Cayetana, en su discurso y en la charla también nos dio a ver que desde su mirada, los apoyos sociales son mecanismos de control (y lo argumenta bien -lo reconozco-)
Pero lo plantea como si cada peso entregado fuera una cadena invisible (esclaviza, dijo) pero a ver, en un país donde millones viven al día… ese apoyo no es control, es margen de subsistencia. No se compran voluntades, para muchos se compra tiempo.
Tiempo para comer. Para estudiar. Para no abandonar.
Porque la verdadera pregunta no es si el apoyo genera dependencia… es si alguien puede ser libre cuando no tiene nada.
Y creo que aquí es donde el discurso se rompe y -repito- no porque esté completamente equivocado… solo que está incompleto.
Porque asumir que el apoyo social esclaviza automáticamente al votante, implica algo bien problemático: que el pobre no decide… reacciona.
Y eso, además de falso… es profundamente injusto, Cayetana dice que los políticos nos tratan como “niños chiquitos”, pero decir que en automático más de 30 millones de mexicanos votando a cambio de un bolillo prácticamente es decirnos “niños, hambreados y pendejos”
Porque además en México los programas sociales no son nuevos ni exclusivos de la 4T: Los han dado todos. PRI: “Solidaridad, Procampo, Progresa” PAN: “Oportunidades, Seguro Popular, Adultos Mayores…” etc, y aún así, los gobiernos del PRI y el PAN han perdido elecciones, entonces no. El voto no se compra tan fácil. Si como afirma Cayetana, los subsidios sociales perpetúan al poder, pues nos seguiría gobernando el PRI y no es así. Los mexicanos si pensamos y tenemos dignidad.
La conferencista además ve al Estado como un riesgo, como un actor que estorba, pero eso sólo aplica cuando el Estado existe, y en México pues qué le digo que Usted no sepa: hay regiones donde el Estado no estorba simplemente porque no está.
En otros temas, Cayetana advierte que una mayoría electoral, la legitimidad de las urnas, no legitima a los abusos de poder y en eso tiene toda la razón, pero omite algo: la democracia no solo permite desconfiar del poder… también es reconocer la voluntad de las mayorías, y en México esa voluntad ha sido clara.
(Podrá gustar o no, eso es otra cosa)
Al final, el problema no es que critique el populismo. El problema es que lo hace desde una realidad donde las instituciones funcionan, donde el Estado existe y donde las oportunidades —aunque imperfectas— están al alcance.
México no es eso. México es un país donde millones de personas no necesitan teoría política, necesitan sobrevivir.
Y entre el ideal de “no depender del Estado” y la realidad de no tener nada pues hay un abismo.
Porque en México llamar “populismo” a que la gente coma, estudie o tenga lo mínimo para vivir no es un análisis… eso es lenguaje del privilegio con mundo, relaciones y facciones hermosas.
Por eso, Culto Público, yo le creería a Cayetana, de verdad, pero para creerle tendría que creer que todos empezamos desde el mismo punto y con la cancha igual de pareja, tendría que olvidar la desigualdad y la injusticia que he visto (y toda la que no he visto) en este país, tendría que dejar de ser un mexicano y provinciano promedio que vivió de devaluación en devaluación y de crisis en crisis.
Tendría que hacer como que aquí no hay niños que nacen con la partida perdida antes de jugar, como que el esfuerzo siempre alcanza, o como que los “échale ganas” quitaran el hambre.
Prácticamente tendría que cerrar los ojos… y no quiero ese privilegio, ese de creer, cuando algunos apenas tienen el privilegio de resistir.
Jorge Saldaña.
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¿Delito aunque no sea real? El debate que abre la inteligencia artificial
Olimpia Coral calificó como “automatización de la violación” el uso de IA para generar contenido sexual, incluso cuando no involucra personas reales
Por: Ana G Silva
La activista Olimpia Coral Melo advirtió sobre los riesgos del uso de inteligencia artificial para la creación de contenidos sexuales, incluso cuando no involucran personas reales, al señalar que estas prácticas forman parte de una nueva forma de violencia digital que debe ser regulada.
Durante su participación previa a la conferencia sobre prevención de violencia digital en San Luis Potosí, la impulsora de la Ley Olimpia alertó sobre tecnologías que permiten crear imágenes, videos e incluso robots sexuales con rasgos humanos o con la imagen de otras personas, incluidos menores de edad: “Es completamente reprobable, para nosotras es la automatización de la violación”, afirmó.
Explicó que estas herramientas utilizan procesos de antropomorfización, es decir, la adaptación de rasgos humanos en entornos digitales, lo que abre la puerta a nuevas formas de explotación y cosificación del cuerpo humano a través de plataformas tecnológicas: “Hoy las tecnologías están amplificando la violencia que ya vivimos fuera de los espacios digitales”, señaló.
Olimpia Coral subrayó que el problema no se limita al uso de imágenes reales, sino también al aprovechamiento de datos, identidad y elementos vinculados a la persona, como los llamados neuroderechos , que incluyen información cognitiva y biométrica.
En ese sentido, insistió en que la discusión debe ir más allá de la legislación actual y enfocarse en la responsabilidad de las grandes empresas tecnológicas.
“Tenemos que irnos a la raíz del problema: las plataformas digitales y los algoritmos que permiten esta explotación”, sostuvo.
La activista advirtió que incluso en casos donde las identidades generadas por inteligencia artificial no correspondan a una persona real, se mantiene una lógica de violencia estructural, al reproducir estereotipos, cosificación y explotación del cuerpo humano.
Por ello, hizo un llamado a actualizar el marco legal y a exigir responsabilidad jurídica, económica y administrativa a las empresas tecnológicas que permiten la circulación de este tipo de contenidos.
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ICAT cumple 29 años; ha capacitado a más de 280 mil potosinos
El 81% de las personas atendidas son mujeres; el instituto tiene presencia en todo el estado
Por: Haniel Valdés
El Instituto de Capacitación para el Trabajo del Estado de San Luis Potosí (ICAT) cumplirá 29 años de operación este 27 de marzo, consolidándose como una de las principales instancias de formación laboral en la entidad, con más de 280 mil personas capacitadas en lo que va de la actual administración estatal.
Así lo informó su titular, Rosa Estefanía Flores Saldierna, quien destacó que el instituto atiende a población a partir de los 16 años, enfocándose tanto en quienes buscan empleo como en quienes desean emprender o mejorar sus condiciones laborales.
Uno de los datos más relevantes, señaló, es que el 81% de las personas capacitadas son mujeres, lo que refleja una alta participación femenina en los procesos de formación. “El porcentaje es más elevado en mujeres. El 81% de nuestros capacitandos son mujeres y el 19% son hombres”, indicó.
Flores Saldierna explicó que el ICAT cuenta con presencia en todo el estado a través de 16 unidades de capacitación distribuidas en las cuatro regiones, lo que permite adaptar la oferta educativa a las necesidades específicas de cada zona.
“Cada una de ellas atiende las necesidades de su región… si en la Huasteca se requiere capacitación en turismo o agricultura, eso es lo que damos”, detalló. Además de la cobertura en sus sedes, el instituto también lleva cursos a comunidades alejadas, con el objetivo de no dejar fuera a ningún municipio.
Como parte de su aniversario, el ICAT realizará diversas actividades en las cuatro regiones del estado, entre ellas procesos de reclutamiento para nuevos instructores, entrega de constancias, así como demostraciones, expoventas y eventos abiertos al público.
La directora subrayó que las capacitaciones cuentan con validez oficial, al estar respaldadas por la Secretaría de Educación Pública, lo que permite a los egresados fortalecer su perfil laboral o emprender proyectos propios. “Estas herramientas son de mucho valor curricular y pueden cambiar la vida de las personas”, afirmó.
El instituto mantiene abierta la invitación a la población para integrarse a sus programas de capacitación, los cuales —aseguró— buscan responder a las necesidades actuales del mercado laboral en San Luis Potosí.
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