#4 Tiempos
¿Aniquilar o reconciliar a México con el universo? | Columna de Jorge Ramírez Pardo
Enred@rte
El hombre colabora activamente a la defensa del orden universal, sin cesar amenazado por lo informe. Y cuando éste se derrumba debe crear uno nuevo, esta vez suyo. Pero el exilio, la expiación y la penitencia deben preceder a la reconciliación del hombre con el universo.
El laberinto de la soledad
Octavio Paz
Los partos como el amor, articulan el dolor de su insalvable tormenta con el acto creacional fascinante. Todo tan humano como la condición de seres inteligentes/pensantes, en proceso continuo de transformación/evolución. Con aspiraciones a ser libres y felices.
Pero…, ¿es eso posible cuando la mitad de la humanidad en la etapa temprana no alcanza a tener los nutrientes mínimos para que su cerebro se desarrolle plenamente?, ¿Cuándo el 1% de los habitantes es dueño del 50% de la riqueza?
Es posible cuando eres esclavo (de tabúes, dogmas, legalismo, consumismo de desechables) y ni siquiera te percatas de ello (pensar, actuar y soñar tienden a están disociados, cuando se relegan amor y conciencia).
Ahora parece que una pandemia, la actual denominada Covid-19, no distingue al 1 del 50% en cuanto a riesgos de contagio, y pone al desnudo la aberrante realidad:
Esto es, media humanidad o más está incapacitada para ejercer su condición, la ser humano con anhelos, recursos y posibilidades para ser libre y feliz.
Varias percepciones de una misma realidad, en México, y en tiempos de coronavirus
Mientras la pandemia asola al mundo y, en México está relativamente controlada con un esfuerzo científico y sanador generosos, pareciera que hay varios Méxicos según se puede percibe en distintos contextos y escenarios.
Es lamentable percatarse, ante una amenaza común:
- De la guerra desatada de falsas noticias para infundir miedo y desestabilizar al mandato presidencial y la ciencia
- Ataques y crímenes a personal de salud, el más expuesto, el obligado a ser escudo y remedio
Ante el recuento de hechos del pasado, cuando durante contingencias graves se sobre-endeudó el país a costa del erario público y en favor de una pequeña minoría de grandes capitales, hoy se da prioridad para apoyo a los más necesitados y a las pequeñas empresas, máximas generadoras de empleos en el país.
Citas que reflejan distintas visiones y posturas de un mismo suceder:
CITA UNO.- Visión de un empresario, quien no representa el todo de su micro-universo.
Pedro Luis Bringas, accionista de la cadena de tiendas Soriana, y ubicado en la lista de Forbes, como poseedor de un capital de más de 3 mil millones de dólares. El encabeza un movimiento contra el presidente Andrés Manuel López Obrador llamado Frente Nacional Anti-AMLO (FRENAAA).
En un video publicado el jueves en el Twitter oficial del movimiento, el empresario declaro: “Este grupo está conformado por la iniciativa pública. Así como el coronavirus que no respetó ricos, pobres, estudiantes o profesionistas, así queremos que FRENAAA sea el detonante para que el señor López Obrador se vaya a su casa antes del 1 de diciembre”.
CITA DOS.- La mañana del viernes, justo cuando los ejercicios matemáticos marcaron como día pico en la curva ascendente de contagios covid en México, 3 medios internacionales pusieron en entredicho el conteo de fallecidos en la ciudad de México. Uno de ellos, el New York Times, con información aportada por su corresponsal en México Daniel Berehulak, pese a ser un diario serio y prestigiosos, fue el menos consistente, y puesta en duda de inmediato por Fabricio Mejía en el noticiero Aristegui noticias, quien comentó:
El doctor López Gattel tiene el soporte matemático de un equipo científico. Me parece un insulto al trabajo de médicos y científicos mexicanos del Cinvestav de la UNAM esa afirmación.
El mismo periodista Daniel Berehulak, agregó, hace años hizo un artículo donde Claudio X. González (uno de los más recalcitrantes opositores a AMLO) era el campeón contra la lucha contra la corrupción en México; y resultó no ser tan cierto lo que él decía; por lo tanto, puedo poner en duda si sus “fuentes confidenciales” sobre el ocultamiento de muertes son válidas o no (…) sería un ocultamiento de proporciones bíblicas; lo que se ve aquí, es tratar de sembrar la duda y colaborar al pánico para servir a intereses como los Claudio X., como varios medios de comunicación lo han hecho.
CITA TRES.- Sobre el mismo tema, Jorge Zepeda Patterson, comentó ayer en su editorial titulado López-Gatell vs. La prensa extranjera. Verdadero y falso:
Tres diarios extranjeros (…) citan fuentes que aseguran que el efecto de la pandemia es mayor del que arrojan las cifras oficiales. De inmediato, los círculos adversos al presidente Andrés Manuel López Obrador convirtieron las notas, en particular la del New York Times, en argumento definitivo para acusar al gobierno de una estrategia deliberada para esconder la realidad y engañar a los mexicanos sobre los alcances de la pandemia.
Las consecuencias. El impacto en las redes sociales fue tan explosivo como polarizado: unos pidiendo la cabeza de Hugo López-Gatell, vocero del gobierno en esta materia, y otros acusando a la prensa internacional de haberse prestado a una campaña de desprestigio azuzada por la derecha en contra de la 4T .
Claudio X, Loret de Mola, Javier Lozano, Héctor de Mauleón, Raymundo RivaPalacio, Denise Dresser, Pascal Beltrán del Río, Felipe Calderón o León Krauze no iban a desperdiciar una nota negativa del NYT sobre el presidente y para eso no necesitan ponerse de acuerdo. Al margen de esto, bots orquestados de parte de los dos bandos operan permanentemente; unos para atacar al presidente y los suyos, otros para defenderlo y contraatacar a los críticos.
El New York Times, da la sensación de que seleccionó los datos que confirmaban su hipótesis, en una nota en la que abundan juicios de valor y ningún intento de recoger la versión opuesta o complementaria (…)
Conclusión. A ratos da la impresión de que entre los detractores hay una suerte de frustración porque México no está padeciendo las tragedias por las que ha pasado Nueva York, Italia o España. Incluso con los 700 muertos adicionales que el NYT imputa a la Ciudad de México, las cifras son moderadas, hasta ahora. La falta del desastre anunciado es compensado con una satanización del que da la cara (López-Gatell), con la difusión de las opiniones de los exfuncionarios que dejaron el sistema de salud en los huesos y buscan cargarle la culpa a quien así lo recibió, (…). Solo espero que el infatigable López-Gatell y todo el equipo que está detrás de él no se doble ante una batalla en la que el virus no ha sido su peor enemigo.
CITA CUATRO.- Lorenzo Meyer en su editorial de ayer “Que el futuro no sea lo que era” comenta: La pandemia está reafirmando una realidad: es a los pobres a los que el coronavirus afecta y afectará de manera desproporcionada (esa desgracia, socavará aún más la legitimidad de aquellos sistemas que en los últimos años han propiciado que la disparidad (…) los imprescindibles no son los dueños del capital ni quienes viven en su entorno(…) sino los médicos, enfermeras, los que siembran (…) sería deseable, concluye, que tras la epidemia, logremos que el futuro no sea mera prolongación del pasado inmediato, sino algo menos desequilibrado, más justo.
***
En esta columna de opinión, en diversas ocasiones se ha hecho referencia a un pensamiento y estrategias con visión utopista, esto es, aspirar a lo deseable/posible. Al respecto, hay coincidencias con la siguiente…
***
QUINTA CITA.- Por su parte, Jean Meyer en su texto “¿Despertar colectivo?” publicado ayer afirma: “… para mí, la utopía no es algo irrealizable, sino algo que aún no se ha realizado, una propuesta realizable, un programa de acción. Utopía hoy, realidad mañana.
Necesitamos un “despertar colectivo”, inútil soñar con Gobierno Mundial de la Salud (OMS), exigir a nuestros gobiernos concentración y solidaridad internacional, en lugar de huir en un “sálvese quien pueda”, eso debe dejar de ser un sueño.
(…) el hombre tendría que “hominizarse”, en el sentido de merecer el adjetivo de Sapiens. Somos Homo, pero muy poco Sapiens. Si seguimos acumulando tonterías y estupideces, vamos a preparar un porvenir muy negro a nuestros descendientes. Si el hombre desaparece (…) por fin, liberados de sus verdugos, gorilas y todos los simios, ballenas y todas las especies marinas, terrestres y aladas, cantarán aleluya.
Acá en pueblo quieto
Mientas, en la capital potosina, la politiquería variopinta le saca raja a la pandemia y hace alarde exhibicionista con dádivas caritativas con foto de sociales en evidente cargada de diversos poderes fácticos, públicos y privados, para imponer en la sucesión gubernamental a un bebesaurio con genes políticos gallardistas. ¿Cuál reconciliación del hombre con el universo? Se podría preguntar Octavio Paz.
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#4 Tiempos
Al salir de la tienda | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Al salir de la tienda la mujer se ve contenta: casi se diría que un relámpago de felicidad ha iluminado su rostro. Pero, sin duda, se trata sólo de un relámpago, pues de aquí a unas horas, cuando esté ya en casa, mirará con espanto las cifras que todo eso que va en las bolsas le ha costado y que deberá pagar tarde o temprano (ojalá que temprano, por su bien). ¡Dios mío, cuántas bolsas! Apenas puede con ellas. Yo le ayudaría a cargarlas, pero no creo que se fíe de un simple transeúnte cual soy yo, encontrado como al acaso.
Una conocida mía, cuando se siente sola y deprimida, va a las tiendas.
-¡Son para mí -me dijo un día- una excelente terapia! Veo, compro, y al comprar me distraigo.
Sí, yo todo esto lo entendía, pero una vez que estuvo especialmente deprimida compró en una sola tarde la nada risible cantidad de 30.000 pesos en faldas, blusas, vestidos y pantalones. Es claro que, a la hora de enseñar las notas, el que quiso darse un tiro en la cabeza fue su marido, aunque no lo hizo por puro respeto al qué dirán.
¿También esta mujer a la que veo salir se sintió deprimida y ha querido curarse comprando? La sigo de lejos; ahora, de hecho, sólo la veo de espaldas. Camina con dificultad y las bolsas de plástico, que no son pocas –hay verdes, amarillas, rojas, pero todas son grandes, como para caber uno dentro-, se le vienen de las manos a cada diez o quince pasos y entonces se detiene para tomar aire y acomodarlas. Yo también me detengo. La mujer, viéndolo bien, no es fea, aunque viéndolo mejor tampoco es bonita: diría que, en cuestión de belleza, es uno de esos seres que, como se dice, ni fu ni fa.
Ahora bien, con toda esa ropa que lleva en las bolsas, ¿qué es lo que pretende? ¿Gustar? En días pasados había escrito en mi diario –sí, señores, debo confesarlo, yo también llevo un diario en el que, por desgracia, casi nunca escribo a diario- lo siguiente:
«No hay manera de provocar el amor, no hay ninguna manera. Aquí la cosmética no sirve de nada. Se ama o no se ama, se gusta o no. Si comprendiéramos esto, el mundo aún tendría esperanzas de durar. Pero se producen zapatos, camisas, corbatas, pulseras, abrigos y autos a ritmos vertiginosos con el único fin de hacernos creer que se puede, con eso, seducir a los demás. La sabiduría consiste, sin embargo, en no engañarnos: ¿qué puede un auto, un perfume o un lápiz labial para suscitar el amor? El amor es gracia, es pura gracia, y el que crea poder provocarlo quedará siempre, al final, decepcionado. Saber esto, aceptar esto tendría que hacernos más naturales, más sencillos. Y también más resignados».
Miro a la mujer con ternura. Ella cree que con todas esas chácharas podrá ser más amada. Pero no, no será así como conseguirá lo que busca. No sé cuánto le durará la felicidad que he creído verle en el rostro. Deseo de todo corazón que le dure mucho. Adiós, amiga mía, adiós. Quisiera para ti la alegría.
Algunos días después de aquello, ya por la noche y antes de dormirme, me puse a leer un libro de Viktor E. Frankl (1905-1997), y en él pude encontrarme con esto que ahora me tomo el trabajo de transcribir porque confirma mis más negras sospechas:
«La impresión externa de la apariencia física de una persona es indiferente en cuanto a las posibilidades de que se la ame . Esto debe llevarnos a una actitud de retraimiento en lo que respecta a afeites y cosméticos. En efecto, hasta los lunares y los defectos de la belleza forman parte integrante e inseparable de la persona a quien se ama. Sabemos, por ejemplo, de una paciente que abrigaba la intención de embellecer su busto mediante una operación plástica de reducción del pecho, creyendo que con ello aseguraría mejor el amor de su esposo. El médico a quien pidió consejo la disuadió de hacerlo; entendió que si su marido la quería de verdad, como al parecer era el caso, la quería, indudablemente, tal y como era. Tampoco los vestidos de noche impresionan al hombre de por sí, sino solamente puestos en la mujer amada que los viste. Por último, la mujer de nuestro caso, inquieta, pidió su parecer al propio marido. Y éste le dio a entender, en efecto, con toda claridad, que el resultado de aquella operación sólo traería consecuencias perturbadoras, pues le llevaría, tal vez, a pensar: Ésta ya no es mi mujer; me la han cambiado». Y concluye el doctor Frankl: «En efecto, los hombres tienden generalmente a olvidar cuán relativamente pequeña es la importancia de los atavíos externos y cómo lo que importa en la vida amorosa es, fundamentalmente, la personalidad. Todos conocemos claros –y consoladores- ejemplos de cómo personas exteriormente poco atractivas e incluso insignificantes, triunfan en la vida amorosa gracias a su personalidad y a su encanto» (Psicoanálisis y existencialismo).
Cerré el libro y pensé de pronto en aquella mujer que había visto salir de los almacenes en días pasados. La ternura volvió a apoderarse de mí. Sí, me dije, a los comerciantes les interesa hacernos creer que el amor se consigue impresionando; sin embargo, los orígenes de toda relación son más humildes. Pregúntale a este hombre mata el tiempo tomándose un café o a aquel otro que cruza apresurado la avenida –sí, el del periódico bajo el brazo- qué vestido llevaba su mujer cuando la conoció y verás que no te lo dice. ¡Ni siquiera vio el vestido! Lo impresionó ella, no lo que ella llevaba puesto.
Y, de pronto, me escucho a mí mismo hablando con aquella desconocida apresurada: «No, amiga, no. Eso que traía usted hace unos días con tanta felicidad en las bolsas no sirve para lo que cree usted. Sirve, si usted quiere, para andar por la vida decorosamente y con cierta dignidad, pero sólo para eso sirve. Trate, más bien, de ser gentil, delicada, dulce; en una palabra, encantadora, y entonces se habrá hecho usted lo que se llama una personalidad. Y, cuando ya la tenga, verá que cuanto se ponga le vendrá siempre bien.
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#4 Tiempos
México vs México | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
TESTEANDO
Durante muchos años, la Concacaf quiso convencernos de que el fútbol de la región estaba creciendo parejo.
Que la MLS ya había alcanzado.
Que Centroamérica resistía.
Que los gigantes mexicanos ya no imponían como antes.
Y entonces llega otra final.
Tigres contra Toluca.
México contra México.
Otra vez.
La Concacaf Champions Cup tiene algo curioso: cada torneo parece abrir la puerta a una sorpresa… hasta que aparece un club mexicano recordándole a todos cómo funciona realmente esta competencia.
Porque sí, hay historias emocionantes en el camino. Equipos que compiten, estadios que aprietan, noches donde parece que el dominio se tambalea. Pero al final, casi siempre termina pasando lo mismo: el trofeo se queda aquí.
Y no es casualidad.
Durante años, los equipos mexicanos entendieron algo que el resto de la región todavía persigue, este torneo no se juega solo con intensidad. Se juega con profundidad, con jerarquía y con la costumbre de competir bajo presión.
Por eso las finales recientes ya parecen parte de una misma memoria.
León imponiéndose con autoridad.
Monterrey haciendo del torneo una propiedad privada.
Pachuca apareciendo cuando parecía que el dominio se desgastaba.
América recordando que los ciclos pasan, pero el peso permanece.
Y cuando no gana México… el impacto se siente histórico.
Porque las excepciones son pocas. Muy pocas.
Seattle Sounders rompiendo la hegemonía en 2022 se sintió menos como un cambio de era y más como una anomalía que obligó a reaccionar. Antes de eso, había que ir demasiado lejos para encontrar un campeón que no hablara mexicano futbolísticamente.
Ese es el tamaño del dominio.
Ahora la historia pone enfrente a dos maneras distintas de entender el poder.
Tigres llega como ese equipo que aprendió a habitar estas noches. Ya no juega las finales con ansiedad; las juega con memoria. Sabe sufrirlas, sabe administrarlas y, sobre todo, sabe que los detalles terminan cayendo de su lado cuando el partido se rompe.
Toluca, en cambio, llega con algo diferente: hambre.
Con esa sensación de equipo que volvió a reconocerse. Que encontró ritmo, carácter y una identidad incómoda para cualquiera. Toluca no llega a esta final solo por talento; llega porque volvió a competir como club grande, como bicampeón. Y eso cambia todo.
Porque esta final no se siente improvisada.
Se siente lógica.
Son dos equipos que entendieron antes que nadie cómo sobrevivir a un torneo que exige viajar, rotar, adaptarse y competir cada tres días sin perder forma. Mientras otros clubes de la región todavía viven la Champions Cup como una oportunidad, algunos de los mexicanos la viven como obligación.
Y esa diferencia mental pesa demasiado.
Por eso, más allá de quién levante el trofeo, hay algo que ya quedó claro desde antes de jugarse la final:
La Concacaf volverá a tener campeón mexicano.
Otra vez.
Como ha pasado la mayor parte del tiempo.
Como pasa cuando la costumbre se vuelve estructura.
Como pasa cuando un país convierte un torneo regional en parte de su identidad futbolística.
Y quizá eso también explique por qué estas finales, aunque repetidas, nunca se sienten vacías.
Porque en el fondo no se trata solo de ganar la Concacaf.
Se trata de sostener un dominio que lleva décadas construyéndose. Uno que ha sobrevivido generaciones, formatos, discursos y proyectos extranjeros que prometían cambiar la jerarquía de la región.
Pero cada año, cuando llega mayo, el futbol termina acomodando las piezas en el mismo lugar.
Con un club mexicano levantando la copa.
Y con el resto de la Concacaf preguntándose cuánto falta para que eso deje de pasar.
También lee: Otra vez | Columna de Arturo Mena “Nefrox”
El Cronopio
Carmen Sarabia en la historia de la biología mexicana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
Casada con un profesor convertido en naturalista y biólogo autodidacta, entró al mundo de la ciencia acompañando la pasión de su esposo el Sr. Ochoterena. La familia, compuesta de sólo el matrimonio, recorrerían los parajes de Durango en pleno movimiento revolucionario para trasladarse finalmente a la Ciudad de México, radicando por un tiempo en San Luis Potosí donde Ochoterena, como ya tratamos en entrega anterior, culminaría una de sus importantes obras científicas.
El limitado mundo de la mujer en esos tiempos, era allanado en parte por la comunión de pareja; muchos casos, que han quedado ocultos por la figura del esposo, podrían mencionarse, donde las mujeres se aliaron para cooperar en el trabajo intelectual y experimental de los esposos. Solo como ejemplo, un caso tratado en esta sección, y en especial en el mundo de la biología, Graciela Calderón compañera de Jerzy Rzedowski.
Mi propio trabajo de divulgación, principalmente en la realización de eventos, ha sido acompañado por el trabajo de mi esposa Ruth Gutiérrez, no siempre reconocido por la gente. El caso de la esposa de Ochoterena también es oculto, a excepción del propio Ochoterena que reconoce la labor de su esposa en su trabajo de investigación y difusión del mismo, donde en el librito que escribiera en San Luis Potosí y que con él diera nacimiento a la biología mexicana moderna, da los créditos del trabajo de su esposa para su culminación, aunque sin mencionar su nombre.
Carmen Sarabia Castrellón, se casó en 1912 con Isaac Ochoterena en Ciudad Lerdo, Durango y lo acompañó en su trabajo de escritura de su libro: Técnica microscópica y de histología vegetal, impreso en los talleres de la Escuela Industrial de San Luis Potosí en 1914-1915 que fue publicado en fascículos. En esta obra Ochoterena muestra la utilidad del microscopio y las técnicas asociadas para el estudio de la histología, para lo cual muestra imágenes, las cuales fueron dibujadas por Carmen Sarabia; así como parte de la revisión del texto.
Para lograr los dibujos fue necesario conocer la manipulación básica del microscopio y las técnicas para proyectar imágenes en una pantalla y poder lograr la fidelidad de lo observado. Es de esperar que esos tiempos de convivencia, además de la rutina en su vida de pareja, incluyera las discusiones de los logros de Ochoterena y compartieran la pasión de su trabajo de investigación y se involucrara en el conocimiento de aspectos biológicos y las técnicas de preparación de muestras para la observación microscópica.
El propio Ochoterena en el prólogo del libro manifiesta el trabajo y apoyo de Carmen Sarabia, que fuera hermana del aviador mexicano Francisco Sarabia:
“No terminaré este prólogo, sin hacer público acto de gratitud a las personas que bondadosamente me han ayudado en mis tareas. Permítaseme consignar mi gratitud, antes que a nadie, a mi cara esposa, que ha sabido ser mi compañera fiel en todas estas fatigas y mi más experto auxiliar, debiéndose a ella muchos de los dibujos que ilustran la obra; ha sido quien, antes que nadie, la ha conocido paso a paso, y me ha alentado con su valeroso ejemplo, con su constancia, con el sacrificio de todos sus paseos y entretenimientos agradables en aras de una ayuda tan grata como útil. Séame permitido conceder justamente a ella, el primer sitio en mi gratitud”.
Carmen Sarabia trabajó al lado de su esposo en el gabinete, en ese periodo de estancia en San Luis Potosí, donde convivieron con la sociedad potosina y compartieron tiempos de trabajo y de recreación. Del extenso trabajo realizado por Ochoterena, ya en la Ciudad de México a la que se trasladaron desde San Luis Potosí en 1915, estaría la ayuda invaluable de su esposa Carmen Sarabia Castrellón.
Carmen Sarabia nació en San Fernando, Mapimí, Durango en 1894, vivió en San Luis Potosí por dos años de 1914 a 1915 y murió en la Ciudad de México.
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