noviembre 28, 2025

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#4 Tiempos

El hecho de ser mujer | Columna de Enrique Domínguez

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el hecho de ser mujer

Cuentas claras

 

Desde el origen de los tiempos ha sido relegada y la historia se ha encargado de mantener en un segundo plano el papel en la sociedad, la mujer es por hoy un ser que aún conserva raíces de sometimiento e impedimento para desarrollar su potencial ante un mundo mísero, mezquino y machista que relega e impide el crecimiento.

La discriminación y la violencia de género es una forma brutal que manifiesta una desigualdad entre mujeres y hombres, entendiendo cualquier tipo de violencia como algo personal que no debería traspasar las fronteras de un aspecto fundamentalmente territorial (Hogar, familia y reclusión) es una manera cómoda para desestimar una situación grave que hoy viven las mujeres.

Violencia de género

De acuerdo al portal del Instituto Mexicano del Seguro Social la violencia de género es al maltrato que ejerce un sexo hacia el otro, que puede ser de hombre hacia la mujer o viceversa. En este caso resulta válido saber que la violencia se da en ambos casos, sin embargo, en el 96 por ciento de los casos, la víctima es mujer.

Innecesario hacer un comparativo de muertes violentas entre hombres y mujeres, el problema no es así, la mujer violentada es por el simple hecho de ser mujer, por las diferencias biológicas, físicas y sociales.

Antecedentes

Se han obtenido a través de los años estereotipos que han establecido roles que, en muchos casos están plagados de prejuicios para la constitución del género, es decir, se ha heredado el comportamiento manejado de generación en generación asumiendo patrones conductuales y a la vez, transmitidas a nuestros descendientes.

La religión ha jugado un papel importante en la desigualdad entre el hombre y la mujer, dejando entrever las diferencias físicas, biológicas y mentales, así commaro la participación en la vida, en el caso del yugo que involucra al matrimonio heterosexual, la religión establece a la mujer como dadora de hijos, la crianza y el sometimiento a las labores que no representan ingreso alguno por su actividad.

Resulta injusto que quien protege y cuida a los hijos prevalezca como un ser sumiso, sin ambición y vista con desdén para su desarrollo y la generación de logros ante el oscurantismo del servicio y la recepción de dádivas del esposo.

Actualidad

Por siglos la mujer ha tenido que mantenerse en recato, en la protección personal y en la protección de su cuerpo para no ser atacada y vituperada por los designios funestos en una sociedad por antonomasia machista.

Que injusto resulta estar en un mundo donde se impone la masculinidad para obtener las más grandes regalías de un empleo bien remunerado, dejando en un segundo plano la injusticia de la inequidad.

Las actividades más frecuentes para subordinar a la mujer consisten en: “Pisar el orgullo” ante la idea de sobresalir y la “pata en el pescuezo” para detener la “insana” idea de ser mejor y superar al hombre.

Ante un mundo hostil y lleno de violencia siempre es necesario el cuidado a la integridad física, para la mujer esto representa un esfuerzo mayúsculo, no solo por la protección per se, es también el cuidado de su persona, de ser atacada sin la menor provocación.

Vivir en ese mundo es lacerante y lleno de limitaciones, cuidar el arreglo personal, el atavío y la presencia son cuestiones a considerar, no solo eso, llevar sobre si lo estrictamente necesario, otras prendas las hacen ser vulnerables. La vestimenta, no provocar, no atraer y no provocar son otras vertientes del cuidado de una mujer.

Que injusto es redoblar esfuerzos por la simple y plebeya idea de no ser atacada, todo eso aunado a los improperios y el acercamiento masculino no deseado para mantenerse con una posición de no miedo y aparentar seguridad ante un encuentro inesperado que a la larga solo van lacerando la seguridad de la mujer.

  • Qué difícil es seguir avante, aguantar los chiflidos, las frases sinsentido y las peladeces de quien deambula por la calle.
  • Qué difícil es aguantar esa mirada con lascivia que desnuda sin voluntad a la persona.
  • Qué difícil es aguantar las palabras que vulneran, que hieren y que ofenden la dignidad.
  • Qué difícil es estar sometida a las amenazas, las injurias y el chantaje de entregas pasadas para ser sometidas al escrutinio público mediante la exhibición y la extorsión.
  • Qué difícil es vivir bajo la mente masculina sediciosa de venganza al sentirse heridos y enfrentar esa idea demente de sentirse superiores mediante el acoso.
  • Que desdicha escuchar que 9 de cada 10 mujeres durante su vida sufrieron algún modo de violencia, ataque, abuso o violación.

Es indignante ver que en pleno siglo XXI siga prevaleciendo el machismo defecante que solo intenta hacer prevalecer una idea estúpida de seguridad y sometimiento como en cualquier época primitiva.

La reacción

Ante este tipo de ultrajes debe ser entendible que exista una reacción para que estalle la rabia que por milenios ha prevalecido y se manifiesta de forma descontrolada y anárquica que, de pronto a pesar de movimientos muy validos en el pasado, la violencia a la mujer no disminuye, siguen los mismos vicios y la constante de maltrato.

En el caso de movimientos, asociaciones y grupos de mujeres la idea del reclamo no tiene un orden jerárquico para diferenciar desde una palabra ofensiva hasta una violación, la reacción no tiene limitantes para saciar la sed de venganza hacia cualquier acto que incrimine a un atacante.

Una manera importante de darse cuenta de ello es la no creación cualitativa de actos que deshonren la integridad física, es tan ciega la reacción que cualquier improperio generará el malestar y saldrá a flote el encono y el coraje reprimido por siglos, generando una reacción por demás excesiva.

La protesta es más que válida, ¡basta del atropello y del sometimiento de un mundo masculinizado!, ¡detener la supremacía machista!, ¡luchar por la igualdad! y la posibilidad de obtener los mismos beneficios es esencial.

Los movimientos surgen por el clamor y por la necesidad de ser escuchados.

Buscar el apoyo, la solidaridad y el entendimiento es importante para que toda acción cobre relevancia, ante movimientos que caen en el vandalismo, las banderas políticas e infiltraciones. No es el momento, por ahora de juzgar, no se trata de culpar, es solo la simple idea de saber que la mujer es esencial en esta vida, tanto así como creadora y sujeta de ser dignificada por el gran papel que hasta ahora le ha sido negado.

Injusto resulta saber que la equidad solo permanece en el nombre y no en la acción, se simula, se engaña, pero no se lleva a cabo.

Al principio la equidad es un consuelo, sin embargo, esta solo será dignificada por la igualdad que es diferente, ahí la competición es más real y no se trata de un 50 y 50, se trata de la capacidad, la razón de concebir un mundo justo, la promesa y la dignificación de la mujer donde la codicia ambiciosa del género masculino prevaleció por la fortaleza física y la insensibilidad.

La protesta es necesaria, dignifica y enaltece la exigencia de derechos, es importante que prevalezca de tal forma que adquiera el impuso como para amedrentar a aquellos hombres que solo tengan entre manos el maltrato físico, psicológico, violento, acoso, trata y violencia económica a la mujer.

Un movimiento enaltece, dignifica y pone énfasis a la idea de igualdad en todos los ámbitos.

De acuerdo a Simone de Beauvoir es necesario vivir de manera individual para luchar de manera colectiva.

Para reflexionar

“Los hombres están desconcertados ante las actitudes de las mujeres, el feminismo los ha paralizado. No saben cuándo echar los perros, si le echan los perros a una mujer, no saben si van a acabar en los tribunales”.

– Camile Paglia (Feminista post-feminista)

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#4 Tiempos

“México, esta niebla que arde” | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

Culto Público, si no han leído la novela “Niebla Ardiente” de la muy joven escritora, Laura Baeza, les recomiendo hacerlo como desde ayer

Tuve la oportunidad de conocer a Laura personalmente hará unos cuatro años, ¿Qué les digo? Una de esas circunstancias alineadas que convergieron en el segundo piso de la librería Gandhi del centro, la de los Arcos Ipiña.

Fue en un taller breve de escritura creativa previo a la presentación formal de su libro, el que les recomiendo. Si conocerla fue una circunstancia, convivir con ella e intercambiar casualidades fue de plano como regalo de estrella fugaz.

Fui de los selectos y afortunados que en grupo terminamos sentados con ella en “La Oruga y la Cebada” en el Callejón San Francisco, conversando sobre lo que duele y lo que salva, entre un par de cervezas y una cena sencilla.

Ella me firmó su libro con una frase que ahora, en este 25 de noviembre, regresó a mi atormentada cabeza: “A Jorge, que siempre nos una el deseo por hallar algo más en esta realidad tan rara…con todo cariño, Laura Baeza”. El momento de por sí, ya era una realidad rara.

A la distancia, empiezo a creer que su frase fue más que optimismo, y es más un deber moral, y es que su ficción (vuelta a releer en estos días) se parece demasiado a México.

No es “spoiler” (o como se diga) pero “Niebla Ardiente” detalla el regreso de su protagonista Esther a México pensando en encontrar a su hermana Irene, quien había desaparecido hace años, y a quien creía muerta, cuando de la nada, un primero de enero en un reportaje que vio en la televisión, Esther la reconoce en una marcha y se lanza en su búsqueda.

Pero la novela, la primera de Laura (y creo que premiada) realmente no comienza allí. Comienza donde casi todas las historias de violencia en este país empiezan: en los pasillos de la burocracia, en los que los papeles cuentan más que las personas.

Esther aparece en un México reconocible para cualquiera: expedientes mutilados, archivos “perdidos”, oficinas donde la verdad siempre llega después de que las secretarias coman sus gorditas grasosas y funcionarios que usan el futuro para encubrir lo que nunca harán.

Es en esa atmósfera donde la desaparición deja de ser un crimen y se convierte en un proceso. Como alguien escribió: los países se definen por cómo recuerdan; México, al parecer, se define en cómo olvida.

En medio de esa maquinaria oxidada, Esther descubre a un policía. No es un héroe: es un hombre cansado que simplemente no rompe las reglas pero las dobla para que la realidad duela un poco menos. Ese personaje era como algo que escribió una pensadora feminista de la que en este momento no recuerdo su nombre “la dignidad aparece cuando alguien no mira hacia otro lado”.

En fin, siguiendo con la novela y nuestra realidad, este policía mira. Acompaña. Abre una grieta. Y sin embargo, ni siquiera es lo suficientemente poderoso para luchar contra un país donde las fosas clandestinas actúan como el archivo nacional.

La comparativa y reflexión con la novela va porque hoy es 25 de noviembre y México sigue siendo esa tierra donde la violencia parece que no importa, sino que se repite. Casi 2 feminicidios cada día. 3,284 mujeres asesinadas en 2024. 89% de impunidad. Una agresión física cada siete minutos. Más de 10 millones de mujeres violentadas digitalmente. En San Luis Potosí, 24,000 víctimas por cada 100,000 mujeres.

Uno quisiera creer que estos números son de un país lejano, pero no. Están aquí, sobre las mismas banquetas que caminamos todos los días. Ese es el verdadero crimen de México: haber entrenado a la gente para no sorprenderse.

Sí, no se debe negar que mucho se ha hecho pero poco alivia (hoy casi todos los gobiernos e instituciones hablan de esto, pero mañana la rutina sigue).

Sí, con la llegada de Claudia Sheinbaum como la primera presidenta de México, llegaron todas…excepto las que no alcanzaron a llegar porque les truncaron la vida.

El nuestro, es un país donde buscar es amor—y protesta.

Igual que como ocurre en la novela de Laura, que no describe un país imaginado sino nuestro México. Uno donde las hermanas encuentran hermanas, donde las madres encuentran hijas, donde las mujeres salvan mujeres. Un país donde todavía hay justicia, pero casi siempre fuera de los edificios públicos.

Y así como Esther enfrenta la niebla, miles enfrentan la opacidad del Estado día tras día: ventanas cerradas, sistemas incompatibles, versiones contradictorias, funcionarios que deletrean la palabra “protocolo” como si lanzaran un hechizo contra la verdad.

México es hogar de una burocracia tan grande que hasta la violencia tiene formularios que completar.

Tras varios años de no recordar la anécdota con la escritora, hoy vuelvo a esa dedicatoria: “encontrar algo más en esta extraña realidad…”

Ese “algo más” no es una esperanza ingenua. Es algo que se parece más a la obligación de nunca acostumbrarse, “la memoria es la única defensa contra la repetición del horror”.

Por esa razón, espero, que por cada mujer desaparecida o mujer luchando por no desaparecer, o lidiando contra cualquier tipo de violencia, recordemos que la niebla espesa arde. Y que si arde, es porque la herida está abierta.

Hasta la próxima. Jorge Saldaña.

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#4 Tiempos

Diego José Abad ilustre formador de potosinos | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

El majestuoso edificio central de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí que fuera construido en el siglo XVII y alojara a la Compañía de Jesús se convertiría en un edificio característico de la educación en San Luis Potosí. En ese edificio funcionaría el Colegio de San Ignacio de la Compañía de Jesús orientado principalmente a la educación de primeras letras; posteriormente se establecería en dicho edificio el Colegio Guadalupano Josefino instaurado por Gorriño y Arduengo siendo el primer establecimiento de educación secundaria o superior en San Luis, dando paso posteriormente, al reinstaurarse la República al Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí que se convertiría en el primer establecimiento en obtener la autonomía universitaria dando paso así, en el mismo edificio, a la actual Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

De los profesores ilustres que tendría el Colegio de San Ignacio de San Luis Potosí, se encuentra Diego José Abad, uno de los impulsores del pensamiento moderno en México y que tuviera influencia del jesuita Rafael Campoy, también profesor en San Luis Potosí y de quien tratamos en anterior entrega de El Cronopio en La Orquesta.

La física, o filosofía natural, formaba parte del cuerpo de temas de la filosofía en los cursos que de ella se realizaban en Nueva España y se dedicaba una parte a la lectura de temas de física, principalmente la aristotélica. De esta forma existirían manuscritos sobre la física como parte de cursos de filosofía, situación que se haría común, al ser redactados apuntes para los diversos cursos que se ofrecerían en Nueva España. La mayoría de esos textos se encuentran perdidos, pero existen las referencias que aseguran su presencia, los cuales fueron escritos, en su mayoría, por sacerdotes y frailes que pertenecían a diferentes órdenes religiosas.

Diego José Abad, puede considerarse el más profundo de los jesuitas innovadores; su Curso fue muy influyente, es bastante completo y se ven por todas partes las influencias modernas. Este curso, que ya no lleva el nombre de Cursus Philosophicus

, sino simplemente el de Philosophia, aparece en un manuscrito del Colegio de San Pedro y San Pablo de México, cuyo contenido se enseñó desde 1754 hasta 1756.

Comprende la lógica, la física y la metafísica. Es el primer intento de asimilar (y no simplemente de atacar, como hasta entonces se hacía las más de las veces) las ideas modernas

. En particular, se refiere a Gassendi y los atomistas, y trata de conciliar el atomismo con el hilemorfismo aristotélico. Intenta hacer lo mismo con Descartes, opuesto al gassendismo.

Habla de la necesidad de construir la física con ayuda de la experimentación y la matemática. Acepta el atomismo en el campo físico, mas no en el metafísico. Dice que muchas ideas aristotélicas sobre el cielo han sido abandonadas por los escolásticos después del descubrimiento del telescopio, mediante el cual se han podido ver las manchas del Sol. Lo mismo en cuanto a la noción del vacío, después de los experimentos de Torricelli, Otón de Gericke y Roberto Boyle. Cita a Maignan, y mucho a Descartes en cuestiones de filosofía del hombre. Aunque las más de las veces defiende la tradición, ya se muestra abierto a integrar ideas de la filosofía moderna.

Fue profesor del Colegio de jesuitas de San Luis Potosí donde enseñó gramática a los potosinos y donde fincó su formación filosófica sin rechazar las ideas del pensamiento moderno, pero con una posición crítica.

Diego José Abad nació en Jiquilpan en 1727 y tras la expulsión de los jesuitas moriría en Bolonia en 1779.

Si se interesan en ubicar su obra en el ambiente cultural y científico de la Nueva España pueden consultar nuestro artículo: Manuscritos y libros Novohispanos y Mexicanos de Física y Filosofía Natural, en la dirección:

https://www.researchgate.net/publication/391327380_Manuscritos_y_libros_Novohispanos_y_Mexicanos_de_Fisica_y_Filosofia_Natural

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#4 Tiempos

Jesús duerme en la popa | Columna de Juan Jesús Priego Rivera

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LETRAS minúsculas

 

“Al atardecer de ese mismo día, Jesús les dijo: ‘Crucemos a la otra orilla’. 
Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. 
Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua.
Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. 
Lo despertaron y le dijeron: ‘¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?’. Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: ‘¡Silencio! ¡Cállate!’. El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. 
Después les dijo: ‘¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?’.
Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: ‘¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?’” (Marcos 4, 35-41).

Todavía hoy, cuando pareciera que hemos alcanzado el dominio total de la naturaleza, viajar por mar –no digo sobrevolándolo en un avión, sino cruzándolo en un barco- es una experiencia sobrecogedora. ¡Qué indefensa viaja nuestra embarcación por los caminos del océanoi¡! Y si durante la noche se desata una tormenta, tanto peor: aun el barco más grande no parece sino una cáscara de nuez. En 1912, los tripulantes del trasatlántico más lujoso y sofisticado del planeta creyeron que el mar, gracias al ingenio humano, estaba ya domesticado; sin embargo, no fue así, y debieron pronto de rendirse a la evidencia: el Titanic se hundía, y ellos con él y en él…

El mar era y sigue siendo el símbolo de lo indomesticable, de lo ingobernable, de lo terrible. Para los antiguos, el mar estaba poblado de monstruos horribles cuyo solo nombre helaba la sangre. Nosotros sabemos, más o menos, lo que son las olas, pero para los antiguos éstas eran el efecto del movimiento de las criaturas marinas. Ahora bien, si tal era el pensamiento de los antiguos, ¿qué de raro tiene que, ante el huracán, los discípulos se pusiesen a gritar, poseídos del pánico más espontáneo y sincero?

El mar es siempre terrible, sí, pero Dios es más grande que el mar. Únicamente Él puede calmarlo porque es el Señor de los elementos del mundo: “El Señor habló a Job desde la tormenta: ¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando le puse un límite con puertas y cerrojos y le dije: ‘Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas’ ”? (Job 38, 8-11).

Al crearlo, Dios puso al hombre un límite: “Podrás comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, pues, si lo haces, perecerás sin remedio” (Génesis 2, 16-17); y, al crear el mar, también le impuso un límite: “¡Hasta aquí llegarás! ¡De aquí no podrás pasar!”. Por eso, cuando Jesús calme la tormenta y las aguas se aquieten al puro mando de su voz, los discípulos se preguntarán unos a otros, maravillados: “¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!”.

Ahora bien, si sólo Dios puede apaciguar el mar, entonces… Entonces los discípulos, por así decirlo, empezaron a sacar conclusiones…

Un día, al atardecer… Así comienza el relato. Conviene tener presente, pues, que es ya de tarde, y que la oscuridad añadirá un punto de dramatismo a la escena que seguirá, ya dramática de por sí. Según éste, no es sólo que la barca fuese zarandeada por la tempestad: es que el agua se estaba metiendo ya por todas partes.

¿Y Jesús qué hace, mientras tanto? No hace nada. Él, a lo que parece, no se daba cuenta de lo que pasaba, pues “estaba dormido sobre un almohadón”. Los discípulos lo despertaron, y hay en su ruego una pizca de ironía, como si le dijeran: “Oye, Señor, esto va a pique. ¿Podrías hacernos el grandísimo favor de despertarte?”.

“Jesús se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: “¡Silencio, cállate!”. El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: “¿Por qué son tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”. Oligópistoi: así lo llama; con esta palabra griega los reconviene. Hombres asustadizos, apocados, temblorosos: gelatinas vivientes. Oligópistoi: hombres sin fe.

Los Padres de la Iglesia, hombres muy sagaces en la interpretación de la Escritura, vieron en esta tormenta una imagen de las agitaciones del corazón humano y compusieron bellísimos sermones en torno a este asunto. En una de sus Meditaciones (n. 37) dice así, por ejemplo, San Agustín (354-430):

¡Dios mío, mi corazón es como un ancho mar siempre agitado por las tempestades: haz que encuentre en ti la paz y el descaso. Tú has increpado al viento y al mar para que se calmaran, y a tu voz se han apaciguado; ven a poner paz en las agitaciones de mi corazón, a fin de que todo en mí sea sosiego y tranquilidad, para que pueda poseerte a ti, mi único bien… Oh Dios mío, que mi alma, libre de pensamientos tumultuosos, se esconda a la sombra de tus alas. Que encuentre junto a ti un lugar de refrigerio y de paz, y toda transportada de gozo pueda cantar: ‘Ahora puedo dormir y descansar en paz’… Mi alma no puede gozar de paz y seguridad, Dos mío, si no es bajo la protección de tus alas. Que ella permanezca, pues, en ti y sea abrasada con tu fuego”.

Ya se trate, pues, de agitaciones interiores, ya de percances exteriores, lo importante es esto: que Jesús y nosotros viajamos en la misma barca, y que aunque nos esté permitido algunas veces gritar, no nos lo está, por ningún motivo, desesperar. Aunque parezca que duerme, Dios vela por los suyos; en consecuencia –como ha dicho alguien-, cuando uno está “embarcado” con Jesús no hay nada que temer.

Jesús permanece cerca de los suyos y éstos pueden contar con su ayuda cercana a pesar de todas las apariencias en contra… Así pues, el peligro para los creyentes está en olvidarse de que están en camino y que Jesús les acompaña en el trayecto” (Joseph Imbach).

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