junio 18, 2026

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Potosinos ignoran acciones emprendidas por la Alerta de Género

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Alerta de Género

Aunque la mayoría conoce la campaña “Alerta con todos los sentidos frente a la violencia contra las mujeres”, 70 por ciento de los potosinos no hizo nada tras escuchar de ella

Por: El Saxofón

De acuerdo con un estudio de mercado realizado por la empresa Lúminos Márketing, contratada por el Instituto de las Mujeres del Estado, a nivel estatal el 77.3 por ciento de los potosinos conocen la campaña “Alerta con todos los sentidos frente a la violencia contra las mujeres”, emprendida como parte de las medidas de la Alerta por Violencia de Género decretada para los municipios de San Luis Potosí, Soledad de Graciano Sánchez, Tamuín, Matehuala, Ciudad Valles y Tamazunchale, sin embargo, es preocupante que el 68.7 por ciento de quienes saben de la existencia de esta campaña no hicieron nada al momento de conocerla.

De acuerdo con el estudio, solo el 24.21 por ciento compartió la información, el 5.12 por ciento ayudó a alguna persona y el 1.97 por ciento acudió a algún taller.

El IMES difundió un boletín de prensa en el que destaca el conocimiento que hay sobre la campaña, y por otra parte reconoce que el 68.70 por ciento de los encuestados admitió que no hizo nada después de conocer la campaña.

El estudio ofrece otros datos, por ejemplo, que el 70 por ciento de los encuestados piensa que actualmente hay mayor información sobre esta problemática (violencia de género).

El 54.05 por ciento está de acuerdo en que hay más información sobre donde pedir ayuda, el 51.35 por ciento piensa que las mujeres violentadas obtienen ayuda útil del gobierno,

El 42.64 por ciento están de acuerdo en que “las personas identifican si violentan a otras y buscan pedir ayuda”.

Los resultados por municipios arrojan que en la ciudad de San Luis Potosí solo el 66.37 por ciento conocen al menos un mensaje de la campaña y el 33.63 por ciento desconoce la campaña en general.

El 96.26 por ciento piensa que la violencia hacia la mujer aumentó en la capital del estado, y solo el 7.74 por ciento piensa que disminuyó.

El informe del estudio resalta que la mayor difusión del tema es la principal razón de su percepción de aumento, mientras que “mas prevención es la principal razón de su percepción de disminución”.

En el caso de la capital potosina, el 40.18 por ciento no hizo nada tras conocer la campaña, mientras que el 16.96 por ciento compartió la información, el 2.68 por ciento ayudó a alguna persona y el 1.19 por ciento acudió a algún taller.

En Soledad, el 78.81 por ciento piensan que la violencia contra las mujeres aumentó, y solo el 22.03 por ciento piensa que disminuyó. El informe asegura que “Mayor difusión del tema es la principal razón de su percepción de aumento” mientras que “Opinión personal es la principal razón de su percepción de disminución”.

En el municipio soledense, pese a ser en el que mayor conocimiento se reportó de la campaña (90 por ciento) el 76.27 por ciento no hizo nada tras conocer la campaña y solo el 14.42 por ciento compartió la información.

Desconocen existencia del IMES y de Telmujer

Otro dato que llama la atención es que un gran porcentaje de los encuestados no conocen el Instituto de las Mujeres del Estado, y no saben de la línea Telmujer.

En la ciudad de San Luis Potosí solo el 25.89 por ciento de los encuestados conocen la existencia del IMES (74.11 lo ignoran), y solo el 22.92 por ciento saben de la línea Telmujer (el 77.08 no saben que existe una línea donde se da apoyo a mujeres).

Estos porcentajes se repiten o incluso son superiores en el resto de los municipios en los que se llevó a cabo el estudio. En Ciudad Valles, por ejemplo, el 98.61 por ciento de los encuestados dijeron desconocer la existencia de Telmujer. En Tamazunchale, el 100 por ciento no conocía la existencia de esta línea telefónica de apoyo a mujeres.

No obstante, en este municipio huasteco, solo el 60 por ciento tiene la percepción de que la violencia contra las mujeres ha aumentado.

En Rioverde, el 97 por ciento ignoran la existencia de Telmujer y el 70 por ciento no saben que hay un Instituto de las Mujeres en San Luis Potosí. En este municipio la percepción de aumento de la violencia contra las mujeres es baja, del 58.57 por ciento, y el 41 por ciento piensa que disminuyó, pese a que se han cometido feminicidios en la localidad.

En contraste, en el municipio de Matehuala hay una percepción de que la violencia contra las mujeres ha crecido, en el 97 por ciento de los encuestados. Según el estudio, esta percepción obedece al aumento en el número de secuestros en este municipio del Altiplano.

El estudio deja ver que si bien la campaña tiene un cierto nivel de penetración, su impacto no es suficiente entre la población, además llama la atención que en municipios donde han ocurrido algunos feminicidios hay una percepción menor de aumento de la violencia, y por el contrario se piensa que ha disminuido.

El estudio cuantitativo para medir la efectividad de la campaña “Alerta con todos los sentidos, frente a la violencia contra las mujeres”, se llevó a cabo de enero a marzo del presente año en los municipios de San Luis Potosí, Soledad de Graciano Sánchez, Ciudad Valles, Matehuala, Tamuin y Tamazunchale, con Declaratoria de Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres, así como el municipio de Rioverde.

Se encuestó a 666 personas, de las cuales, el 52 por ciento fueron mujeres y 48 por ciento hombres, con una representatividad estadística proyectable al universo con 99 por ciento de confiabilidad y un más-menos 5 por ciento de margen de error bajo el Muestreo Aleatorio Simple y con aplicación de un cuestionario estructurado.

De acuerdo con el IMES, de las personas encuestadas, el 51 por ciento corresponden a San Luis Potosí, 18 por ciento Soledad de Graciano Sánchez, 11 por ciento Ciudad Valles, 2 por ciento Tamuín, 6 por ciento Tamazunchale, Rioverde y Matehuala, respectivamente.

Por medio de boquete roban casa de empeño

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El olor a descomposición llegaba a la calle; la indiferencia llegaba más lejos | Editorial de La Orquesta

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Durante años, un hombre habría vivido de reproducir perros sin poder ofrecerles ni agua, ni comida, ni una muerte digna. No eran perros, eran mercancias hasta que dejaron de existir

Por: La Orquesta

La crueldad humana no puede justificarse en nuestra condición de seres humanos complejos e imperfectos, es un porqué pero no una justificación.

Lo ocurrido en Milpillas es difícil de procesar. No por falta de información, sino porque mientras más se sabe, más insoportable resulta imaginar el sufrimiento que soportaron esos animales.

Es constante el intentar entender a las personas crueles. Decimos que tuvieron una infancia complicada, que padecen enfermedades mentales, que son producto de la pobreza, de la ignorancia, del abandono institucional o de una sociedad enferma. Todo eso puede ayudarnos a entender de dónde viene la violencia. Es un porqué, pero jamás puede convertirse en una justificación.

Porque el hombre que operaba este criadero vivía de los perros. Su trabajo consistía, básicamente, en encerrar a un macho con una hembra dentro de una jaula para que se reprodujeran, vender las crías y repetir el proceso una y otra vez. Nada más. Explotaba animales para obtener un ingreso económico y aun así no pudo ofrecerles lo más elemental: agua accesible, alimento suficiente, atención veterinaria, un espacio limpio o una muerte digna.

La normalización de estos actos de personas así es profundamente preocupante. Vecinos cuentan que llevaba años funcionando de esta manera. Durante años, al parecer, para él fue insignificante que los perros sufrieran. Era irrelevante que estuvieran en los huesos. Era irrelevante que agonizaran. Era irrelevante que compartieran espacio con cadáveres de otros perros, que respiraran el olor de cuerpos en descomposición, que algunos nunca hubieran recibido una caricia, un paseo, una manta durante el frío o un tratamiento para enfermedades.

Y entonces aparece la pregunta más dolorosa: ¿cuántos perros murieron ahí? ¿Cuántos nacieron solo para ser vendidos? ¿Cuántos pasaron toda su vida dentro de una jaula? ¿Cuántos agonizaron durante días antes de morir? ¿Cuántos soportaron el hedor de otros muertos porque ni siquiera eran retirados de las instalaciones? ¿Cuántos más existen en otros patios, bodegas o periferias de este país y nunca los conoceremos porque nadie denuncia, porque las autoridades no van o porque aprendimos a convivir con el horror?

El causar dolor a un ser vivo indefenso habla mucho más de quien infringe ese dolor que de quien lo recibe. No hablamos únicamente de perros. Las personas hieren personas. Torturan personas. Matan personas. Las razones pueden ser políticas, económicas, sociales, familiares o personales, pero muchas veces tienen un hilo conductor: herir a otros desde las propias heridas no resueltas.

A quienes observamos desde fuera nos conmueve el sufrimiento, especialmente cuando se trata de seres incapaces de defenderse. Un perro no es una persona. Nunca lo será. Pero reconocer esa diferencia tampoco justifica minimizar el dolor que sentimos al imaginar la crueldad que soportaron estos animales. Deprimirnos ante ello no nos hace exagerados; probablemente nos hace una sociedad un poco menos enferma.

También debemos aceptar algo incómodo: la cárcel por si sola no cura a quien necesita infligir dolor. El castigo punitivo no repara la empatía rota de una persona. Sin embargo, sí debe existir un castigo ejemplar. Y en México, particularmente en San Luis Potosí, los castigos por maltrato animal suelen ser una burla. Hemos visto agresores salir prácticamente ilesos tras entregar costales de croquetas, cumplir medidas mínimas o evitar condenas efectivas, a pesar de que la legislación contempla penas de hasta cinco años de prisión en casos graves.

Quizá la prisión no transforme a un maltratador, pero las sanciones económicas severas sí pueden convertirse en un mecanismo disuasorio. A muchos les duele más perder dinero que saber que otro ser vivo sufrió bajo su responsabilidad.

La omisión institucional también es parte del problema. Resulta frustrante que cuando alguien roba un vehículo existan operativos, seguimiento y reacción inmediata, pero que cuando un policía observa a un animal siendo golpeado, encadenado, abandonado o muriendo lentamente, pocas veces intervenga. El maltrato animal debería asumirse con mayor seriedad y atenderse como un indicador de violencia social, no como una falta menor.

Hay otro componente incómodo: la periferia. En muchas comunidades alejadas de los centros de poder parece existir un mensaje tácito de impunidad. Ahí la gente construye sin permisos, quema basura, tira escombros, abandona animales y, a veces, opera criaderos clandestinos durante años sin consecuencias. Es un abandono institucional que termina normalizando cualquier cosa.

Finalmente, hay una responsabilidad colectiva que rara vez queremos asumir. Mientras siga existiendo un mercado dispuesto a pagar miles de pesos por un cachorro de determinada raza, seguirá habiendo personas dispuestas a reproducirlos en serie. Tal vez deberíamos dejar de decir “me encantan los perros, pero solo de tal raza”, porque ese supuesto amor muchas veces alimenta la industria que los convierte en mercancía.

El caso de Milpillas es indignante. Pero sería aún más indignante descubrir que dentro de unos meses volvemos a compartir fotografías de otro criadero, de otro perro en los huesos, de otro cadáver cubierto con cal, y reaccionamos con sorpresa, como si no supiéramos que el problema nunca fueron solamente los animales abandonados.

El problema es la facilidad con la que aprendimos a convivir con la crueldad.

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Era peor de lo que se imaginaba: Animalistas rescatan a perros de criadero clandestino de Milpillas

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Perros husky y pastor alemán en los huesos, animales agonizando dentro de jaulas, cadáveres cubiertos con cal, restos reducidos a mechones de pelo, un olor nauseabundo que llegaba hasta la calle y hasta lechones muertos dentro del predio

Por: Ana G Silva

Lo que vecinos y rescatistas encontraron al ingresar a un presunto criadero clandestino de perros en la fracción Milpillas fue descrito por ellos mismos como una escena “horrible, difícil de ver, de oler y profundamente triste”.

La tarde del miércoles, colectivos animalistas potosinos acudieron al domicilio señalado desde hace semanas por habitantes de la zona como un sitio donde se criaban y comercializaban perros husky y pastor alemán en condiciones inadecuadas. La intervención ocurrió luego de que el caso se viralizara en redes sociales, ante la falta de respuesta de autoridades municipales y estatales, pese a denuncias previas realizadas por vecinos.

Al llegar al inmueble, las rescatistas no localizaron a los cachorros que anteriormente habían sido observados en el lugar y que presuntamente eran comercializados incluso a la orilla de la carretera. De acuerdo con testimonios de quienes participaron en el rescate, aparentemente algunos animales fueron retirados antes de su llegada y hubo intentos por limpiar parcialmente las instalaciones.

Entre las acciones que detectaron se encontraba la colocación de recipientes con agua; sin embargo, ésta permanecía fuera de las jaulas, imposibilitando que los perros encerrados pudieran acceder a ella.

A pesar de ello, numerosos ejemplares permanecían confinados en jaulas pequeñas, sin alimento y en condiciones de extrema desnutrición. Algunos perros se encontraban prácticamente reducidos a piel y huesos, mientras que otros presentaban un estado de salud tan delicado que las voluntarias consideraron que estaban al borde de la muerte.

Las activistas denunciaron además la presencia de grandes cantidades de cal esparcidas en distintas áreas del predio, particularmente en zonas donde localizaron perros muertos en avanzado estado de descomposición. El olor, señalaron, era nauseabundo y podía percibirse desde la calle, situación que vecinos consideraron incluso un riesgo sanitario para quienes habitan en las inmediaciones.

Durante la inspección también fueron encontrados restos de animales que consistían únicam ente en mechones de pelo y vestigios óseos.

Asimismo, localizaron varios lechones recién nacidos muertos, que, según sospechan algunas personas involucradas en el rescate, podrían haber sido utilizados ocasionalmente como alimento para los perros.

Los rescatistas sostuvieron que las condiciones encontradas permiten presumir que los animales sobrevivientes permanecían cotidianamente en ese entorno insalubre, rodeados de cadáveres, desechos y fuertes olores derivados de la descomposición.

Ante la gravedad de la situación, vecinos y colectivos decidieron sacar del inmueble a todos los perros que aún permanecían con vida. Algunos fueron adoptados de manera inmediata por ciudadanos que acudieron al sitio, mientras que el resto fue trasladado a un refugio para recibir atención, aunque hasta el momento se desconoce con precisión el estado de salud de cada uno de los ejemplares rescatados.

Habitantes de Milpillas recordaron que el funcionamiento del presunto criadero clandestino había sido denunciado con anterioridad ante diversas autoridades, pero aseguran que no obtuvieron respuesta ni inspecciones formales, situación que derivó en que las agrupaciones animalistas actuaran por cuenta propia una vez que el caso alcanzó notoriedad en redes sociales.

Respecto al propietario del inmueble, vecinos señalaron que presuntamente se encontraba hospitalizado y que recientemente habría sido dado de alta; sin embargo, hasta ahora no se ha presentado en la vivienda ni ha establecido contacto con quienes participaron en el rescate.

Las organizaciones animalistas anunciaron que este jueves acudirán a presentar una denuncia formal ante la Fiscalía General del Estado por posibles actos de maltrato animal, abandono y operación irregular de un criadero, además de aportar evidencia sobre la presunta venta de perros en las inmediaciones de la carretera y las condiciones deplorables en que eran mantenidos.

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“Dependerá del gobierno entrante”: Sedesore sobre sus programas sociales

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La titular de Sedesore reconoce que los apoyos —tortilla subsidiada, becas, madres solteras, adultos mayores— podrían no sobrevivir al cambio de administración en 2027

Por: Redacción

María del Rosario Martínez Galarza, titular de la Secretaría de Desarrollo Social y Regional (Sedesore), reconoció este miércoles que la continuidad de los programas sociales del gobierno de Ricardo Gallardo Cardona dependerá de quien encabece la siguiente administración, al margen de los compromisos adquiridos.

La declaración ocurrió durante el anuncio de una nueva tortillería subsidiada en Residencial del Bosque, cuando se le preguntó si existe garantía de que los apoyos no se eliminen con el cambio de gobierno. “Cada administración tiene un tema muy diferente de trabajar”, respondió.

Martínez Galarza recordó que cuando Sedesore inició la gestión de Gallardo, la dependencia contaba con un solo programa activo: las despensas de emergencia de la pandemia de COVID-19. Desde entonces, la Secretaría construyó una red que hoy incluye tortilla subsidiada

, apoyos a madres solteras, adultos mayores y becas escolares.

La titular planteó que estos apoyos deberían convertirse en políticas permanentes, sin embargo, sostuvo que “va a depender muchísimo de las personas que estén a cargo de la dependencia, pero sobre todo de las indicaciones del gobierno”.

La dependencia opera actualmente ocho tortillerías en el estado con una inversión de más de 3 millones de pesos y una distribución de más de 500 kilos diarios a 14 pesos el kilo, poco menos de la mitad del precio comercial.

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