abril 29, 2026

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Xavier Nava prepara otro intento por quedarse con Tierra Blanca

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El Implan ya está elaborando planes de desarrollo urbano en San Juan de Guadalupe; parte de la intención es convertirla en delegación municipal, dice abogado de comuneros

Por Redacción

La Dirección de Catastro y Desarrollo Urbano del Ayuntamiento de San Luis Potosí aceptó, de acuerdo con un documento en poder de La Orquesta, que el Instituto Municipal de Planeación (Implan) está revisando y elaborando planes parciales de Desarrollo Urbano para las delegaciones de La Pila, Villa de Pozos y Bocas; además de la Zona Norte, el Centro Histórico de la capital y la comunidad de San Juan de Guadalupe.

La revisión y elaboración de dichos planes dan seguimiento al oficio S/386/2013 de la Secretaría General del Ayuntamiento, con fecha del 6 de marzo de 2013, durante el gobierno de Mario García Valdez. En los documentos firmados por la directora de Catastro municipal, Patricia Rodríguez Álvarez, el pasado 14 de enero, se menciona a la Comunidad de San Juan de Guadalupe como Delegación de San Juan de Guadalupe, pese a que esa zona de la capital no tiene el rango de delegación.

El mismo documento del 6 de marzo de 2013 había sido utilizado por la empresa Espacios en el Horizonte SA de CV e Inmobiliaria Cañada de Lobos, ambas propiedad de Alejandro Tamayo Ibarra y Carlos “El Chato” López, como falsa justificación de un cambio de uso de suelo para la comunidad de Tierra Blanca, en una solicitud de opinión que se había pedido a la Procuraduría Agraria, para que permitiera la cesión de terrenos comunales en favor de esas empresas, con lo que podrían iniciar la construcción de proyecto llamado Desarrollo Inmobiliario Las Cañadas.

Los empresarios inmobiliarios entregaron como prueba a la Procuraduría Agraria una decisión tomada en sesión de cabildo del 28 de febrero de 2013, en la que se aceptaba la viabilidad del proyecto, pero no se autorizaba el cambio de uso de suelo en esa parte de la comunidad de San Juan de Guadalupe y sus anexas Tierra Blanca y San Miguelito. “La sacaron del escombro del Plan de Desarrollo de Mario García Valdez”, según había explicado el abogado Carlos Covarrubias Rendón, defensor de los comuneros de Tierra Blanca, anexa a la comunidad de San Juan de Guadalupe.

Este regreso a los planes de Desarrollo Urbano de la administración 2012-2015, firmada por la directora de Catastro municipal del gobierno de Xavier Nava, Patricia Rodríguez Álvarez, busca de nueva cuenta revalorar desde el Ayuntamiento los terrenos de Tierra Blanca, mediante lo que Covarrubias Rendón y sus defendidos han llamado “una guerra de baja intensidad”.

El plan nuevo, según explicó el abogado, busca cimentar el cambio a Delegación para la comunidad de San Juan de Guadalupe, Tierra Blanca y San Miguelito.

De acuerdo con la Ley Orgánica del Municipio Libre del Estado de San Luis Potosí, “Los ayuntamientos de los municipios de la Entidad podrán solicitar al Congreso del Estado, la creación de delegaciones municipales dentro de sus respectivas circunscripciones territoriales debiendo cumplir los siguientes requisitos”:

Presentar la solicitud exponiendo los motivos para la creación de la Delegación de que se trate; señalar el nombre de la Delegación que se pretende crear y acompañar la documentación necesaria para determinar la delimitación territorial de la misma; acompañar el Acta de Cabildo en la que se haya aprobado solicitar al Congreso del Estado la
creación de la Delegación Municipal respectiva; acreditar que la circunscripción territorial de la Delegación que se pretende crear, cuenta por lo menos con cinco mil habitantes, y acreditar que en la Delegación que se pretende crear, se cuenta por lo menos con servicios médicos y de policía; edificios adecuados para las oficinas delegacionales; mercado, cárcel y panteón; así como escuelas de enseñanza preescolar y de educación básica.

“Una vez verificado por el Congreso del Estado el cumplimiento de los requisitos señalados en el artículo anterior, decretará en su caso, la creación de la Delegación Municipal correspondiente, estableciendo el nombre y delimitación territorial de la misma”, dice el artículo 54 de la Ley del Municipio Libre.

Covarrubias Rendón considera que la búsqueda de convertir a San Juan de Guadalupe en delegación municipal tiene como fin el facilitar el cambio de uso de suelo en la comunidad de Tierra Blanca, lo que favorecería a los desarrolladores inmobiliarios para poder comprar terrenos en esa zona de la ciudad para construir un millonario proyecto Las Cañadas, para el que han obtenido favores de la actual administración municipal en el poco tiempo que lleva en el cargo.

Proyecto llamado Desarrollo Inmobiliario Las Cañadas

YA EXISTE EL PROYECTO

El millonario desarrollo inmobiliario que se plantea en las comunidades de San Juan de Guadalupe, Tierra Blanca y San Miguelito, conocido como Las Cañadas, ya tiene un proyecto de conformación y un mapa de zonificación

, según consta en un documento que posee este medio.

Según dicho proyecto, Las Cañadas contará con áreas privadas para casa habitación unifamiliares; para departamentos habitacionales; para comercio y servicios; áreas recreativas y parques públicos; clubes deportivos; universidades y escuelas; andadores peatonales; arroyos, estanques y cascadas; áreas verdes y arboladas; jardín botánico de conservación de flora y fauna regional; espacios para donación municipal; vialidades y estacionamientos en zonas comerciales.

En total, Las Cañadas se compone de 20 millones 688 mil 596 metros cuadrados, que serían repartidos de la siguiente manera: 5 millones 5 mil 105 metros cuadrados, el 24.29 por ciento del total, serían para lotes habitacionales y 4 millones 464 mil metros cuadrados, el 22.46 por ciento del terreno, sería destinado al área de reserva.

Para calles habría 4 millones 134 mil 447 metros cuadrados, el 19.98 por ciento de los terrenos, serían para calles y 3 millones 746 mil 88 metros cuadrados, que representan el 18.11 por ciento, que se utilizarían en áreas verdes.

Las áreas de donación municipal serían en total un millón 200 mil 669 metros cuadrados, que representan un 5.8 por ciento del total del terreno de Las Cañadas y 868 mil 565 metros cuadrados, el 4.2 por ciento del terreno, serían donados a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

425 mil metros cuadrados serán para comercio, es decir, el 2.05 por ciento del total del territorio; 257 mil metros cuadrados se dedicarían a zona parcelada y 255 mil a escuelas, cada uno representando el 1.24 por ciento del terreno total y 127 mil metros cuadrados para clubes deportivos, 0.61 por ciento del total.  

ENTONADO

AYUNTAMIENTO YA HABÍA AYUDADO

El pasado 10 de enero, el abogado Carlos Covarrubias Rendón acusó en rueda de prensa que las obras realizadas por la administración de Xavier Nava Palacios en la zona de Tierra Blanca solo buscaban llevar a la modificación del uso de suelo en ese sector de la ciudad, en beneficio de los constructores Carlos “El Chato” López Medina y Alejandro Tamayo Ibarra.
En total, del paquete de 82 obras públicas declaradas por el gobierno de Nava Palacios, que se iniciaron entre octubre y diciembre del año pasado, 29 fueron en Tierra Blanca. Covarrubias Rendón dijo que “Xavier Nava hace obras de relumbrón para cambiar el uso de suelo. Le decimos claramente que nos decepciona”.

Esas 29 obras representan más de la tercera parte del total de los proyectos que inició el Ayuntamiento en todo el municipio. Para obras en la zona de Tierra Blanca, que corresponde a la comunidad de San Juan de Guadalupe, la administración que encabeza Xavier Nava Palacios ha invertido 13 millones 397 mil 69 pesos con 60 centavos.

Covarrubias Rendón señala que las obras son necesarias para la comunidad de Tierra Blanca desde hace varias administraciones, pero que “es muy raro que de pronto se van a hacer en el contexto del intento de aportación de tierras a inmobiliarias que pretende el desarrollador Carlos López Medina”. Incluso, considera sospechoso que se trate de proyectos de infraestructura hidráulica, “que no vayan a ser para conectar redes de drenaje con las áreas residenciales que pretende el ‘Chato’ López”.

En respuesta a las obras del Ayuntamiento, Xavier Nava Palacios obtendría de Alejandro Tamayo Ibarra y Carlos “El Chato” López Medina favores políticos: “Nava espera ser gobernador en 2021, en su entorno hay desarrolladores de vivienda, que de alguna u otra manera significaron la suma de recursos para su triunfo electoral del 1 de julio pasado. Los desarrolladores de pusieron dinero en el cochinito de la campaña de Xavier Nava, quien ahora funge como facilitador para esas empresas”, dijo Covarrubias Rendón en entrevista para La Orquesta.

Ayer, Nava Palacios realizó un evento de “Informe de 100 días de gobierno”, en la Capilla de la Santísima Trinidad, en la comunidad de Tierra Blanca.  

 

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Ciudad

La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte

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Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina

«No nos une el amor sino el espanto;

será por eso que la quiero tanto.»

Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)

Por: Jorge Saldaña.

Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.

Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.

El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior-  al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.

El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.

De los apodos a los apellidos

En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.

Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.

Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.

Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».

La cuadra como unidad onomástica

Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.

La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.

«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»

Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)

Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.

Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.

Las cuatro fechas bisagra

La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:

  1. 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
  2. 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
  3. 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
  4. 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.

Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.

La memoria popular como capa subterránea

Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.

Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.

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Ayuntamiento de SLP

Senadora Verónica Rodríguez destaca avances en seguridad en San Luis Capital

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La senadora por Acción Nacional reconoce que la mejora en la percepción ciudadana es resultado de la estrategia del alcalde Galindo y del trabajo policial

Por: Redacción

La senadora Verónica Rodríguez Hernández destacó los avances en seguridad en San Luis capital, luego de los resultados dados a conocer por el INEGI, los cuales reflejan una mejora en la percepción ciudadana y consolidan la estrategia encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos.

Tras la presentación de estas cifras, la legisladora subrayó que los resultados tienen sustento en la voz directa de la población: “La ciudad había pedido esto a gritos; hoy que tenemos un buen resultado, después de cinco años de gobernar del alcalde Enrique Galindo, lo agradecemos por que además sabemos que este trabajo va a continuar”, afirmó.

Rodríguez Hernández expresó su orgullo por los avances alcanzados y reconoció que la estrategia de seguridad municipal ha generado condiciones para que la ciudadanía perciba mayor tranquilidad en su entorno cotidiano.

Asimismo, la senadora resaltó el papel del cuerpo policial y de los distintos actores involucrados en la implementación de esta política pública, al señalar que el trabajo coordinado ha superado expectativas y ha fortalecido la confianza de la población en San Luis capital.

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Ayuntamiento de SLP

Gobierno Municipal de Enrique Galindo, segundo más eficaz del país: INEGI

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El Alcalde Enrique Galindo Ceballos destacó que, según la ENSU del Inegi, el Gobierno de la Capital se posiciona como el segundo Ayuntamiento más eficiente entre capitales, primer lugar en alumbrado público, con mejoras en servicios, entorno urbano y paz social.

Por: Redacción

El Alcalde Enrique Galindo Ceballos informó que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU) del Inegi, el Gobierno Municipal de San Luis Capital se consolida como el segundo Ayuntamiento mejor evaluado del país en eficacia, gracias a la calidad de los servicios y condiciones de convivencia.

La capital potosina ocupa el segundo lugar en eficacia entre ciudades capitales, además de posicionarse en primer lugar en alumbrado público y en tercer lugar en el mantenimiento de parques, jardines y espacios públicos, indicadores que reflejan el impacto de las acciones municipales.

Galindo Ceballos señaló que la percepción de eficacia del gobierno creció 10.3 por ciento respecto al trimestre anterior, como resultado de las políticas públicas enfocadas en mejorar el entorno urbano y la calidad de vida.

Finalmente, el presidente municipal subrayó que estos resultados también se reflejan en la paz social, con una mejora en el orden urbano, evidenciada por la reducción en hechos de vandalismo e incivilidades, así como en la disminución del consumo de alcohol en vía pública, que alcanzó su nivel más bajo desde que se tiene registro.

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