enero 11, 2026

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#4 Tiempos

Un cuarto propio | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

No sé si les habrá pasado alguna vez que, al regresar a casa tras una jornada especialmente agotadora, se sintieran de pronto sobresaltados y llenos de terror ante la idea de tener que estarse el resto del día metidos como ratas en su habitación. Confieso que a mí sí.

Durante una temporada más o menos larga, mi cuarto suscitó en mí una repulsión difícilmente describible. Apenas entraba en él, quería huir, inventándome nuevas actividades o acudiendo a compromisos innecesarios. Ideas acerca de cómo emplear el tiempo para aprovecharlo mejor, no me faltaban; lo que me faltaba, más bien, eran ganas de estarme allí sentado, entre aquellas cuatro paredes aborrecibles. Me acordé de Pascal: «Todos las desgracias que sobrevienen a los humanos tienen su origen en su incapacidad de estarse quietos en su propia habitación» (Pensamientos, 139). Pero el problema, al menos en mi caso, no era la quietud, sino la habitación: sencillamente no la soportaba.

Había libros en el piso y en la cama; la computadora apenas cabía en mi mesa de trabajo, la puerta del clóset se había salido de los raíles y la cortina se bamboleaba como una bandera vieja que se cae del asta. Esto sin contar que cada vez que entraba a la pieza tenía que dar saltitos para no tropezarme con los cerros de carpetas que amenazaban con venirse abajo a la menor provocación. Me decía a mí mismo: «¡Nunca más encargaré trabajos escritos a mis alumnos, nunca más! ¿Para qué? ¿Para ahogarme en un mar de papeles? ¡Además, como si no supiera que se los bajan de Internet!».

En una palabra, si la locura es una cima, yo estaba a un paso de alcanzarla.

Una vez, alguien me preguntó: «¿Dónde vives?», y a punto estaba ya de darle mi dirección cuando caí en la cuenta de que allí era precisamente donde no vivía. Trataré de explicarme. Cuando alguien nos pregunta lo que aquel amigo me preguntó a mí, no espera que le demos la dirección en la que trabajamos: casi por un acuerdo tácito ha sido establecido que la verdadera vida siempre transcurre en otra parte, es decir, en la casa. Pero si allí no se vive, si uno no se siente vivir en ella, ¿qué es lo que debemos responder? Mejor sería decir que allí morimos o languidecemos, pero como eso equivaldría a confesar demasiado, lo preferible es callar y limitarse a espetar el nombre de la calle que se nos pide. Así lo hice, y mi amigo quedó satisfecho, al parecer: «Privada de la Alegría, 208», dije.

Lo preocupante del asunto era que aquel desagrado por mi cuarto en particular había llegado a convertirse en desagrado por la existencia en general. Mi humor desmejoraba a ojos vistas y la pregunta por la ubicación de mi domicilio no tardó mucho en convertirse en esta otra, formulada en un tono mucho más alarmante: «¿Qué te pasa? ¿Estás enfermo?». Pero en aquel momento ni yo mismo sabía lo que me pasaba. Lo único que podía asegurar era que me hallaba enormemente insatisfecho.

Es bien sabido que la condición humana es tal que un solo dolor de muelas, con tal de que sea lo suficientemente fuerte, es sufici ente para hacernos desesperar del universo. P

ues bien, lo mismo sucedía conmigo en aquel entonces. El mundo me parecía aborrecible, y cuando visitaba alguna casa en la que me invitaban a comer o a cenar, yo decía para mis adentros esta oración, que más que plegaria era un reproche: «¡Señor del cielo: de qué espacios goza esta gente! A mí, en cambio, me has hecho vivir en una jaula de 3 por 2! ¿Por qué a uno todo se lo das y a otros todo nos lo niegas?».

Hasta que un buen día decidí no revisar carpetas, no escribir una sola línea, no hacer otra cosa que arreglar mi cuarto añadiendo anaqueles a mi librero, comprando una mesa más grande y arreglando el cortinero para que entraran el aire y la luz. Ese día pedí perdón mentalmente a los que, esperándome para comer, iba a dejar plantados, y puse manos a la obra. Si no lo hacía esa tarde, no lo haría nunca.

Y el mundo cambió. Todo se hizo más bello y luminoso. El pesimismo cedió su lugar en mi alma a una tranquilidad que se me reflejaba descaradamente en el rostro.

¡Cómo son importantes los lugares! Desde ellos juzgamos el mundo y nos juzgamos a nosotros mismos.

En uno de sus Ensayos, Francis Bacon (1561-1625), el filósofo inglés, hablando «de la manera de conservar la salud», recomendaba especial atención al orden de las habitaciones. «Por consiguiente –escribió-, examinad todas las diversas partes de vuestro régimen, tales como los alimentos, los sueños, los vestidos, la habitación, etcétera, y si encontráis algo que sea dañoso, procurad remediarlo poco a poco».

Muchas veces los temperamentos melancólicos y tristones no son más que el reflejo de la melancolía y la tristeza de los lugares en que viven; si se decidieran a cambiar el orden de los objetos, acaso cambiarían también sus humores y sus estados de ánimo. Me decía un amigo psicólogo en cierta ocasión: «Muchas veces, el cambio del mobiliario de la casa hace más bien que una larga sesión psicoterapéutica». ¡Pero, ay, qué tarde descubrí yo tan elemental verdad!

Alain (1868-1951), el filósofo francés, dijo en cierta ocasión lo mismo que mi amigo, aunque con otras palabras y mucho antes qué el –lo dijo, para ser exactos, en sus Proposiciones acerca de la felicidad-: «Cuando un bebé llora no hay que apresurarse a juzgar el futuro carácter de la criatura: quizá lo que sucede es, sencillamente, que anda un alfiler entre los pañales».

Que me perdonen los que, aquella tarde, no me vieron llegar a la hora convenida y ni siquiera al día siguiente, pero es que era necesario. ¿Qué le vamos a hacer? A veces es absolutamente necesario pensar en uno mismo.

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#4 Tiempos

Hagamos cuentas | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Comienza el torneo de la Liga MX, un torneo previo a la Copa del Mundo es un torneo con reglas diferentes, este año la cosa es simple, solo los ocho mejores de la tabla general calificarán a la liguilla, lo cual reduce las posibilidades de jugar postemporada. Esta situación me hace pensar que San Luis tiene muy pocas chances de colarse entre esos equipos que pelearán por el título al final de la temporada regular. 

Pero en fin, como cada inicio, hagamos el ejercicio de pronosticar los puntos que puede llegar a hacer el cuadro potosino, jornada tras jornada. 

Jornada 1.- Tigres / derrota (0 puntos)

Jornada 2.- América / derrota (0 puntos) 

Jornada 3.- Tijuana / empate (1 punto) 

Jornada 4.- Chivas / empate (2 puntos) 

Jornada 5.- Necaxa / empate (3 puntos) 

Jornada 6.- Querétaro / victoria (6 puntos) 

Jornada 7.- Atlas / empate (7 puntos) 

Jornada 8.- Puebla / victoria (10 puntos) 

Jornada 9.- Mazatlán / victoria (13 puntos) 

Jornada 10.- Cruz Azul / derrota (13 puntos) 

Jornada 11.- Pachuca / empate (14 puntos) 

Jornada 12.- León / victoria (17 puntos) 

Jornada 13.- Monterrey / derrota (17 puntos) 

Jornada 14.- Toluca / derrota (17 puntos) 

Jornada 15.- Pumas / empate (18 puntos) 

Jornada 16.- Santos / victoria (21 puntos) 

Jornada 17.- Bravos / derrota (21 puntos) 

Según el presupuesto, 21 puntos tendrá San Luis al terminar la temporada regular

, una suma que le daría para culminar la competencia aproximadamente en el lugar 10 del torneo, mismo que lo estaría dejando fuera de los puestos de liguilla. 

Siendo realistas, la plantilla de San Luis es muy limitada, con buenos jugadores pero que no puede competir contra las grandes nóminas, es un plantel modesto con pocas incorporaciones y aunque en este torneo parece que tiene diferentes opciones, no aspira a grandes números para revertir por mucho lo sucedido en los torneos anteriores, el equipo humilde tiene que distinguirse por el trabajo y demostrar

Será un torneo complicado para San Luis, desesperante para la afición y de largo aliento para la prensa y dirigencia del equipo, ojalá que la suerte los apoye y el presupuesto aquí dicho se quede corto, que se sumen más de 21 puntos y se aspire a una calificación, ojalá las cosas mejoren y sea el despertar de una reconciliación con la afición, saquemos la calculadora, el rosario y suframos el bendito futbol mexicano, que al fin, es lo que hay.

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#4 Tiempos

SLP no es grande… pero su problema de transporte sí | Columna de Ana G Silva

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Corredor Humanitario

 

Ya no es molestia. Ya no es inconformidad. Es hartazgo puro.

Y no, no voy a buscar una palabra más bonita, porque no la hay para describir lo denigrante que resulta usar el transporte público en San Luis Potosí.

Los camiones potosinos son, sin exagerar, de los más caros del Bajío. Hoy el pasaje cuesta 12.50 pesos y, aun así, el servicio es lento, viejo, sucio, impredecible y profundamente irrespetuoso con el usuario.

En Guadalajara, una de las ciudades más importantes del país, el transporte cuesta 8 pesos. En Querétaro, sí, puede llegar a 12 pesos, pero ahí el transporte sí sirve: pasa seguido, es relativamente puntual y no te condena a perder media vida esperando.

Aquí no.

En San Luis Potosí hay personas que esperan 20, 40 minutos o hasta una hora para que pase un camión. Una hora. Solo para subir. Eso no es un “detalle operativo”. Eso es trato indigno.

Aquí mismo, los potosinos repiten que atravesar la ciudad en coche toma 15 o 20 minutos. Pero gracias a un sistema de transporte público miserable, ese mismo trayecto se convierte en una hora con veinte, de los cuales 60 minutos son solo de espera.

En la Ciudad de México, con tráfico brutal y distancias enormes, puedes tardar dos horas en un traslado, sí, pero no esperas. El metro, el pesero, la combi pasan cada 4 o 5 minutos. La ciudad será un caos, pero el transporte no te abandona.

Aquí el usuario espera como si pidiera limosna.

Y por si fuera poco, muchas rutas dejan de operar a las 8 de la noche. Entonces la pregunta es obligada: ¿qué diablos pasa con quienes salen a las 8, 9 o 10 de la noche de trabajar?

Antes, el transporte público funcionaba al menos hasta las 10:30 pm. Hoy ya no. ¿La solución? Que el usuario pague Uber o taxi. Y eso no es ocasional: Es diario, es de lunes a viernes, de lunes a sábado. Para quien gana el salario mínimo —o apenas un poco más— esto es un golpe directo a la cartera.

Y aun así, todavía se atreven… Margarito Terán, líder de los transportistas, dice que 12.50 pesos no les alcanza, que no les “presta” para dar un buen servicio y que necesitan subir el pasaje a 15 pesos (aunque de todos modos se la pelan, porque legalmente no pueden aumentar la tarifa más allá de lo que marca el Índice Nacional de Precios al Consumidor, INPC)

.

Seamos serios. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes les ha señalado, año tras año, que circulan unidades con más de 10 años de antigüedad, algo que no debería permitirse en la zona metropolitana. Esto no empezó ayer. Pasó con Ricardo Gallardo, pasó con Juan Manuel Carreras y pasó antes.

Han sido omisos profesionales.

Prometen arreglar camiones. Prometen capacitar choferes. Prometen mejorar rutas. Y lo único constante es el mal servicio.

¿Quién no ha sufrido a un chofer grosero? ¿Quién no ha visto a uno hablando por teléfono, con la música a todo volumen, prepotente, echando carreritas con otro camión? ¿Quién no ha vivido eso de que se juntan dos unidades y una avanza a paso de tortuga, importándole poco o nada si el usuario lleva prisa?

Y luego está el clásico: acortar la ruta, aunque no sea su recorrido, porque “ya van tarde”. Y el usuario que se joda: se baja antes, camina, llega tarde, pierde tiempo y pierde dinero.

Eso no es transporte público. Eso es desprecio sistemático al usuario.

Por eso lo digo sin rodeos: si no pueden prestar un servicio digno, háganse a un lado.

Permitan que el Gobierno del Estado busque otra concesionaria que sí pueda, que sí quiera y que sí le alcance. Porque en otros estados ya quedó demostrado que con menos dinero se puede ofrecer un servicio muchísimo mejor.

Y ya ni siquiera es por el precio. Es por el tiempo robado, el maltrato, las unidades decrépitas, la falta total de respeto.

Basta de tratar al usuario como ciudadano de segunda.

Y ojalá —de verdad ojalá— que la secretaria Araceli Martínez Acosta se suba una semana, solo una, al transporte público para ir a trabajar. Que espere, que se desespere, que llegue tarde. A ver si así entiende la indignación diaria de miles de potosinos.

Porque el transporte público no es un favor. Es un derecho. Y en San Luis Potosí, hoy, ese derecho está secuestrado por la mediocridad.

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#4 Tiempos

Gabriel Macías un periodista y político potosino en los albores del siglo XX | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los primeros periódicos que tuvo San Luis Potosí en los últimos años de la lucha armada en la revolución mexicana, fue el periódico Acción, un periódico para los hombres de acción, como rezaba su lema que fue creado por su director y propietario Gabriel Macías que iniciaba actividades en 1919 y permanecería un par de décadas informando a la sociedad potosina.

Gabriel Macías, periodista y político potosino fundó el periódico Acción y posteriormente la Revista Universal. Jugó un importante papel en la vida social potosina, pues impulsó la candidatura al gobierno de San Luis Potosí de Rafael Nieto Compeán que pasaría a la historia como un reformador de los derechos humanos al proponer la autonomía universitaria y el derecho al voto femenino, entre otras iniciativas de trascendencia.

Gabriel Macías participaría en estas iniciativas al ser diputado del congreso potosino en la XXVII Legislatura del Congreso del Estado de San Luis Potosí, legislando de septiembre de 1921 a septiembre de 1923. Esta legislatura, compuesta por 16 diputados, le tocaría debatir las iniciativas de autonomía universitaria y derecho al voto femenino, siendo ambas aprobadas, en primera instancia, aunque sufrirían obstáculos en su aplicación.

La XXVII legislatura estuvo integrada por: José D. Cervantes, Miguel Compeán, Santiago Rincón Gallardo, Herminio Y. Carreño, Gonzalo N. Santos, Tomás Estrada, Valentín Narváez, Pío Mendoza, José Santos Alonso, Alfredo E. Garza, José Fraga, Lorenzo Nieto, Lamberto Rocha, Manuel Rodríguez Martínez, Crescencio Rivera y Gabriel Macías.

Rafael Nieto fungía como Subsecretario de hacienda en 1919 y aceptaba la candidatura que era apoyada por varios políticos potosinos, entre ellos, Gabriel Macías y los partidos políticos Liberal Obrero, Liberal Reformista y el Reformista Independiente. Para el año de la publicación de la Revista Universal Gabriel Macías había dejado de ser diputado, aunque participaba en la vida política potosina. Creaba así la que puede considerarse la primera revista de divulgación del conocimiento donde cabían las disciplinas científicas y técnicas junto con las de carácter cultural, de interés social que reflejaba la vida cotidiana de principios del siglo XX a nivel mundial, con cierto énfasis en la norteamericana, al participar en los artículos de fondo periodistas estadounidenses.

El periódico Acción que iniciara actividades en 1919, se enfocó en vida política de Rafael Nieto apoyando su candidatura y su gestión, una vez que llegara a la gobernatura del estado, no sin conflictos electorales, pues llegó San Luis Potosí a tener dos gobernadores en funciones, hasta el día de su muerte en el extranjero mientras fungía representaciones diplomáticas. Del mismo modo, las páginas de Acción se vieron enriquecidas con extensos artículos políticos escritos por Rafael Nieto, donde desplegaba sus trabajos como estadista.

Mayores detalles sobre la orientación de La Revista Universal que aparecía como encarte en el periódico Acción, pueden consultar mi artículo: La Revista Universal, primera revista cultural y de corte científico en San Luis Potosí, en:

https://www.researchgate.net/publication/398346407_La_Revista_Universal_primera_revista_cultural_y_de_corte_cientifico_en_San_Luis_Potosi.

El periódico Acción, además de ser el medio de comunicación principal a inicios de la década de los veinte en San Luis Potosí, incorporó encartes a color por primera vez en la entidad, tanto en La Revista Universal, como en una sección cómica.

La novedosa característica de la revista fue la portada ilustrada a color, y en algunas partes de los interiores. Como publicación periódica vendría siendo la primera que aparecía con impresión a color en San Luis Potosí. Meses antes de su aparición, el periódico Acción sacaba a la luz otro suplemento dominical completamente a color, que denominaba como “sección cómica”, de al menos cuatro páginas, popularmente conocido como “monitos”. No sabemos si la infraestructura para impresión a color estaba en San Luis Potosí o era impresa en otro lugar. Revista Universal era de aparición semanal y se publicó al menos durante el año de 1925.

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