octubre 15, 2026

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#4 Tiempos

Somos las personas más fastidiosas | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas.

Un gran señor de la corte de Madrid se dirigió una vez al padre Juan Eusebio Nieremberg (1595-1658) -erudito jesuita, autor de innumerables obras espirituales, traductor de la Imitación de Cristo al castellano- para preguntarle, para preguntarle…, ejem, cuál era la penitencia agradable a Dios más apropiada a su condición de noble. Sí, de noble, porque en efecto lo era. Cuando menos de apellido, si no de otra cosa.

El padre Nieremberg, que era un religioso estimado por su sabiduría y su gran austeridad de vida (quizá no esté por demás decir que don Marcelino Menéndez y Pelayo [1856-1912] lo colocó entre los cinco mejores prosistas del siglo XVII español), sin hacerse rogar, tomó la pluma y escribió una larga carta a modo de respuesta en un tono que nuestro presuntuoso inquisidor ni siquiera se esperaba. La carta empezaba así:

«Alabo la devoción de vuestra señoría que desea saber en qué cosa podría hacer penitencia por amor de Dios. Si el deseo es bueno, empero la ignorancia es grande; y me hace sonreír un poco su pregunta y el hecho de que no sepa en qué cosa hacer penitencia, porque no solamente puede, sino que debe hacerla en cada una de sus acciones. De hecho, vuestra señoría hace siempre lo que le acomoda, pues es común de los grandes señores el ser prepotentes».

¡Caray, qué modo de decir las cosas! ¿Y cómo sabía el Padre Nieremberg que es común de los grandes señores el ser prepotentes? ¿Quién se lo dijo? ¿Qué pajarillo se lo reveló? ¡Y cuál no sería el rostro de nuestro noble al llegar a este punto de la carta! Me imagino que perdió el color y hasta se le demudó el semblante. Pero el padre Nierembreg continuó, impasible:

«El que es prepotente suele ser impaciente y fastidioso y pesado, y en un modo o en otro impone mil sufrimientos a quien le está cercano».

La diagnosis, es decir, la evaluación de los signos, está hecha; ahora viene el remedio: «Los silicios, las disciplinas, la cama dura son ejercicios santísimos, pero son dejados a la libre voluntad de cada uno, de tal manera que no se peca si no se recurre a ellos. Pero quien no se cuida del exceso de los caprichos superfluos, ése peca habitualmente». Y concluye así el venerable jesuita: «¿De veras quiere vuestra señoría hacer penitencia? Pues huya de sus caprichos y aborrézcalos porque son la cosa más desagradable a Dios»…

¡Señores míos, qué carta más actual! Confieso que, mientras la leía, esperaba ver caer como un torrente cien mil ásperas recomendaciones, doscientas mil otras tantas prescripciones, un número igual de amenazas de infierno y otra suma igual de advertencias severísimas. Pero no hubo nada de eso. Resulta que para el padre Nieremberg la primera penitencia, la penitencia que está sobre toda otra penitencia, consiste en evitar ser una carga molesta para los demás con nuestra mala educación, nuestros desplantes y nuestras pretensiones desmedidas.

La molestia de la que se habla aquí no es la que causamos desde nuestra cama cuando estamos enfermos y pedimos algo a quienes están a nuestro lado; no, es esa otra molestia llamada capricho

, que busca hacer girar los mundos en torno a nuestra fastidiosa persona; es esa carga llamada tiranía que suelen practicar incluso los novios, cuando uno de ellos exige una llamada telefónica a las 6,43 de la tarde y a esa hora exactamente, se pena de privar al otro del don de la palabra. ¡Quién hubiera dicho que abstenerse de todo esto era una verdadera penitencia y, por lo tanto, algo muy agradable a Dios!

¿No es verdad que hay seres cuya cercanía es siempre patógena por agobiante? Son tan exigentes, tan inflexibles que los que los rodean, a la larga, no pueden sino enfermarse. Tan pronto como estos tiranos llegan a su casa, todos, incluido el perro, se echan a temblar.

«Cállate», dicen a su hija.

«Quítate de ahí», dicen a su nuera.

«Lústrame los zapatos», exigen a su mujer.

Nunca una palabra dulce o afectuosa, una declaración cargada de ternura. Su hogar es como un cuartel en el que todos caminan a paso redoblado, y, si se casaron y tuvieron hijos, más parece haber sido por tener una legión de criadas y súbditos que por otra cosa. ¿Y de qué le serviría estos tales ayunar todos los viernes del año si en su trato con los demás siguen siendo sumamamente ríspidos y, a la larga, insoportables? Pues bien, lo primero es esto, según el padre Nieremberg: hacerse más humanos, más tratables; lo demás, en todo caso, vendrá después.

Desde esta óptica es posible interpretar las palabras del Señor: «Cuando ayunen, no pongan cara triste» (Mateo 6,16). Se trata, sí, de no andar in giro exhibiendo una piedad orgullosa, pero también de no amargar la vida de los demás con un ceño eternamente fruncido.

Si ayunamos no es para comer al día siguiente doble ración, sino para tener algo que ofrecer a los que tienen hambre; si sonreímos, no es para hacer creer que la vida es una bobada, sino para que el otro –nuestro hermano- se sienta amado en un mundo en el que no hay lugar para los bobos.

Vistas así las cosas, la penitencia es algo mucho menos árido de lo que parece y mucho menos pasado de moda de lo que se cree. Es, más bien, un compromiso. El compromiso, hecho ante Dios, de buscar por todos los medios hacer más agradable la vida del prójimo.

Si usted que me lee es un gran señor, ¡por el amor de Dios, no sea prepotente! Porque, si lo es, de nada le valen sus sacrificios y sus penitencias.

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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El Cronopio

El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.

Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.

En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.

Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.

Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay

. Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).

Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.

Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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