mayo 11, 2026

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#4 Tiempos

Silencio gubernamental cómplice/mustio | Columna de Jorge Ramírez Pardo

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Enred@rte

 

Mustio, según definición elemental de diccionario, es “triste, abatido o melancólico”. Aplicado a la naturaleza significa “falto de lozanía, frescura y verdor”.

Sinónimos: marchito, ajado, apagado, decaído, lacio, lánguido, melancólico, mohíno, triste, abatido, deprimido

En el sentido tradicional potosino, mustio es el que permanece silente para disimular conductas vergonzantes propias o en complicidad.

Ese es el sentido acorde a la conducta gubernamental frente a los acontecimientos vandálicos de la tarde del viernes negro potosino 5 del junio del 2020.

Una horda circunstancial de aprendices de delincuente de cuello blanco, filtrados en una manifestación, de inicio pacífica y multitemática, hicieron destrozos tan nihilistas como simiescos, propios de la irracionalidad y/o la demencia. Pero tolerados, acaso apadrinados por funcionarios gubernamentales antigobierno federal. Los hay identificados en distintas dependencias y con evidencias obvias en la Secretaría de cultura.

La respuesta policiaca/gubernamental municipal/estatal fue primero permitirlo todo y luego reprimir a destiempo con detenidos selectivos y el delincuente principal, Sebastián “N”, apodado de inmediato Mono blanco (por su conducta simiesca y su atuendo al momento del agravio con varias prendas blancas).

Hasta la mañana del 5 de junio, Sebastián “N” presentaba su perfil en Facebook como director ejecutivo de la empresa Markex LAB. Un día antes, comentó en su muro: “Si me ven en la protesta de mañana me saludan”. 

También, hasta antes de los sucesos mencionados, se autodefinía en Linkedin como “Un emprendedor sumamente activo, mis fines son los negocios, la política y el emprendimiento social, funde mi primera empresa a los 14 años, actualmente estudio dos carreras, Negocios en el Tecnológico de Monterrey y Derecho en la Universidad Del Valle de México, soy miembro del Club Rotaract y afiliado al Pan”. Sebastián es hijo de una funcionaria en la secretaría de Cultura del Estado.

Para la memoria no oficial

El destrozo tuvo dos líderes altenados, el primero, (convocante de la protesta en redes sociales) Alejandro “N”, quien portaba una cartulina roja con las siglas Frente revolucionario aliado anti represión, FRAAR, siempre acompañado de una joven pelirroja (ambos vestidos de negro, según la consigna dada en internet por Alejandro). En un momento que le dan la espalda al edificio del Congreso tienen una bandera mexicana en la mano. “Estado asesino, estado feminicida”, gritó ella y prendió la bandera. También la página en Facebook de este grupo, cuya consigna era “abolir el mal gobierno y buscar la destitución del presidente Andrés Manuel López Obrador”, desapareció después de la marcha.

El segundo líder fue el mencionado Sebastián “N”, aprendido primero, tolerado con trato especial, y luego liberado, aparentemente, sin cargos.

Desde el principio de la marcha –según crónica de Marcelo Muro, forjada con testimonios de las detenidas- hubo un elemento policiaco infiltrado, Ricardo “N” quien se identificó con las hermanas Hernández Herrera como prensa. En el video se muestra como Claudia le pide que deje de grabar caras y se vaya. 

Algunos granaderos llegaron aventando a los marchistas. Los juntaban a macanazos para después soltarlos.  Claudia fue la primera detenida. La subieron a golpes a un camión anti motín.

El camión avanzó y comenzaron los arrestos a dedazo: subieron a José Luis, de quince años, quien observaba acompañado de su abuela. Hubo diez detenidos en total. Entre ellos. Sebastián –ahora apodado “Mono blanco”. Lo suben a la cabina del camión. 

Entre los detenidos hubo menores de edad y militantes pacíficas identificadas como defensoras de la Sierra de San Miguelito, las hermanas Claudia y Rocío Hernández.

Sebastián nunca fue molestado, mientras platicaba con algunos policías, a los otros detenidos les rompen celulares y les pedían carteras. Los hombres son insultados, empujados y golpeados. Las mujeres empujadas e insultadas: “Eres una perra. Eres una feminazi. Eres una zorra. Esto te pasa por andar alborotando en marchas”.

Los golpean con las macanas, con los escudos, los empujan entre ellos, los patean. Por lo que nos hicieron, creemos que no hay cámaras de vigilancia” comenta Claudia. Las mujeres eran empujadas contra la pared, con jalón de pelo. 

A los jóvenes arrestados les pidieron que se quitaran agujetas, cinturones y aretes, y pidieron sus datos para el registro.  Todos menos Sebastián, quien solo estaba de observador. A él, según comentan las hermanas, nunca lo tocaron. 

Familiares y amigos de las hermanas Hernández informaron que Sebastián salió pasadas las diez de la noche del edificio de Seguridad Pública. Nadie lo detuvo, nadie preguntó. 

En los nombres de los diez detenidos que presentó la Fiscalía General del Estado, donde se quitó a José Luis por ser menor de edad, aparece en el número tres el nombre de Sebastián “N”. Quien, según reportan los manifestantes detenidos, nunca fue encarcelado. 

Los secretarios, general de gobierno Alejandro Leal Tovías, y de Seguridad Pública,  Jaime Pineda, luego de los acontecimientos, estuvieron presentes en el escenario principal de los destrozos, y justificaron su incapacidad en nombre de “la prudencia”.

 

Detrás de la mustiedad gubernamental se advierte:

  • Río revuelto muti-modal de la “cargada” frente a la sucesión gubernamental.
  • Esto luce, también, como un biombo distractivo para empolvar y archivar las acusaciones múltiples y reiteradas que involucran -malversación de fondos a la secretaria de Salud Mónica Rangel.
  • Numerosos medios informativos y portales en Intenet, ver en el hecho un montaje teatral convertido en farsa tragicómica, pero con cargo al erario y, a un gobernador y presidente capitalino silentes. Y…, consabidos es, el que calla algo esconde o es actor intelectual mustio.
  • También parece un ejercicio amedrentador para manifestantes. Difícil de asumir por jóvenes pro o anti-gubernamentales, partícipes o no de la violencia. Ellos no tienen futuro y el presente heredable aún está infectado por corrupción y criminalidad.
  • Se mira tolerancia extrema a grupos de ultraderecha anti-gubernamentales. Señal nada favorable para la, hasta hoy, buena relación entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y el gobernador Juan Manuel Carreras. De Xavier Nava, ni hablar. Sus asesores de ascendente priista le han provocado una hiperactividad de campaña política que le luce y desluce al mismo tiempo.
  • El ridículo de la vigilancia gubernamental que se hace nada creíble y, mucho menos aceptable, que un grupo juvenil pueda derribar vallas, romper candados y hacer destrozos sin la menor resistencia ni cámaras de seguridad que lo consignen. Qué ironía, los aprendices de delincuente, en la misma conducta simiesca/narcisista de presunción, aportaron las grabaciones realizadas para festinar su triunfo. Mismas que han circulado “trending topic” en redes sociales; pero quienes pueden/deben impartir justicia parecen no considerarlas para responsabilizar culpables y exonerar manifestantes pacíficos ya atendidos por defensores de los derechos humanos locales y por el comisionado de Naciones Unidas en el país.

 

¿Qué sigue?

Sí el aparato de estado se quiso apropiar de la tendencia ultraderechista para imponer un candidato de cuello blanco a suceder al gobernador, fueron tan torpes los titiriteros que mecieron la cuna y tan exhibicionistas los delincuentes, que el tiro parece auto-infringido.

El gobernador está a tiempo para hacer un relevo con buenas formas. Es de natural flemático y suele dar la vuelta a los problemas, pero sólo se es gobernador una vez. Tiene la decisión y, vale insistir, está a tiempo. Mientras, luce como falto de autoridad.

De la secretaría de cultura, como siempre, nada significativo qué decir. Tan sólo que no inciden en lo cultural (o conjunto de expresiones, usos y costumbres de la colectividad), tal sólo “maladministran” los cuantiosos recursos para impulso de las artes a ellos asignados, de los cuales, 90 por ciento se van a nómina obesa en directivos de bajo perfil. Combinación errática de cacicazgo grupal, aderezado con nepotismo mustio y timorato.

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#4 Tiempos

Al salir de la tienda | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Al salir de la tienda la mujer se ve contenta: casi se diría que un relámpago de felicidad ha iluminado su rostro. Pero, sin duda, se trata sólo de un relámpago, pues de aquí a unas horas, cuando esté ya en casa, mirará con espanto las cifras que todo eso que va en las bolsas le ha costado y que deberá pagar tarde o temprano (ojalá que temprano, por su bien). ¡Dios mío, cuántas bolsas! Apenas puede con ellas. Yo le ayudaría a cargarlas, pero no creo que se fíe de un simple transeúnte cual soy yo, encontrado como al acaso.

Una conocida mía, cuando se siente sola y deprimida, va a las tiendas.

  -¡Son para mí -me dijo un día- una excelente terapia! Veo, compro, y al comprar me distraigo.

Sí, yo todo esto lo entendía, pero una vez que estuvo especialmente deprimida compró en una sola tarde la nada risible cantidad de 30.000 pesos en faldas, blusas, vestidos y pantalones. Es claro que, a la hora de enseñar las notas, el que quiso darse un tiro en la cabeza fue su marido, aunque no lo hizo por puro respeto al qué dirán.

¿También esta mujer a la que veo salir se sintió deprimida y ha querido curarse comprando? La sigo de lejos; ahora, de hecho, sólo la veo de espaldas. Camina con dificultad y las bolsas de plástico, que no son pocas –hay verdes, amarillas, rojas, pero todas son grandes, como para caber uno dentro-, se le vienen de las manos a cada diez o quince pasos y entonces se detiene para tomar aire y acomodarlas. Yo también me detengo. La mujer, viéndolo bien, no es fea, aunque viéndolo mejor tampoco es bonita: diría que, en cuestión de belleza, es uno de esos seres que, como se dice, ni fu ni fa.

Ahora bien, con toda esa ropa que lleva en las bolsas, ¿qué es lo que pretende? ¿Gustar? En días pasados había escrito en mi diario –sí, señores, debo confesarlo, yo también llevo un diario en el que, por desgracia, casi nunca escribo a diario- lo siguiente:

«No hay manera de provocar el amor, no hay ninguna manera. Aquí la cosmética no sirve de nada. Se ama o no se ama, se gusta o no. Si comprendiéramos esto, el mundo aún tendría esperanzas de durar. Pero se producen zapatos, camisas, corbatas, pulseras, abrigos y autos a ritmos vertiginosos con el único fin de hacernos creer que se puede, con eso, seducir a los demás. La sabiduría consiste, sin embargo, en no engañarnos: ¿qué puede un auto, un perfume o un lápiz labial para suscitar el amor? El amor es gracia, es pura gracia, y el que crea poder provocarlo quedará siempre, al final, decepcionado. Saber esto, aceptar esto tendría que hacernos más naturales, más sencillos. Y también más resignados».

Miro a la mujer con ternura. Ella cree que con todas esas chácharas podrá ser más amada. Pero no, no será así como conseguirá lo que busca. No sé cuánto le durará la felicidad que he creído verle en el rostro. Deseo de todo corazón que le dure mucho. Adiós, amiga mía, adiós. Quisiera para ti la alegría.

Algunos días después de aquello, ya por la noche y antes de dormirme, me puse a leer un libro de Viktor E. Frankl (1905-1997), y en él pude encontrarme con esto que ahora me tomo el trabajo de transcribir porque confirma mis más negras sospechas:

«La impresión externa de la apariencia física de una persona es indiferente en cuanto a las posibilidades de que se la ame

. Esto debe llevarnos a una actitud de retraimiento en lo que respecta a afeites y cosméticos. En efecto, hasta los lunares y los defectos de la belleza forman parte integrante e inseparable de la persona a quien se ama. Sabemos, por ejemplo, de una paciente que abrigaba la intención de embellecer su busto mediante una operación plástica de reducción del pecho, creyendo que con ello aseguraría mejor el amor de su esposo. El médico a quien pidió consejo la disuadió de hacerlo; entendió que si su marido la quería de verdad, como al parecer era el caso, la quería, indudablemente, tal y como era. Tampoco los vestidos de noche impresionan al hombre de por sí, sino solamente puestos en la mujer amada que los viste. Por último, la mujer de nuestro caso, inquieta, pidió su parecer al propio marido. Y éste le dio a entender, en efecto, con toda claridad, que el resultado de aquella operación sólo traería consecuencias perturbadoras, pues le llevaría, tal vez, a pensar: Ésta ya no es mi mujer; me la han cambiado». Y concluye el doctor Frankl: «En efecto, los hombres tienden generalmente a olvidar cuán relativamente pequeña es la importancia de los atavíos externos y cómo lo que importa en la vida amorosa es, fundamentalmente, la personalidad. Todos conocemos claros –y consoladores- ejemplos de cómo personas exteriormente poco atractivas e incluso insignificantes, triunfan en la vida amorosa gracias a su personalidad y a su encanto» (Psicoanálisis y existencialismo).

Cerré el libro y pensé de pronto en aquella mujer que había visto salir de los almacenes en días pasados. La ternura volvió a apoderarse de mí. Sí, me dije, a los comerciantes les interesa hacernos creer que el amor se consigue impresionando; sin embargo, los orígenes de toda relación son más humildes. Pregúntale a este hombre mata el tiempo tomándose un café o a aquel otro que cruza apresurado la avenida –sí, el del periódico bajo el brazo- qué vestido llevaba su mujer cuando la conoció y verás que no te lo dice. ¡Ni siquiera vio el vestido! Lo impresionó ella, no lo que ella llevaba puesto.

Y, de pronto, me escucho a mí mismo hablando con aquella desconocida apresurada: «No, amiga, no. Eso que traía usted hace unos días con tanta felicidad en las bolsas no sirve para lo que cree usted. Sirve, si usted quiere, para andar por la vida decorosamente y con cierta dignidad, pero sólo para eso sirve. Trate, más bien, de ser gentil, delicada, dulce; en una palabra, encantadora, y entonces se habrá hecho usted lo que se llama una personalidad. Y, cuando ya la tenga, verá que cuanto se ponga le vendrá siempre bien.

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#4 Tiempos

México vs México | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Durante muchos años, la Concacaf quiso convencernos de que el fútbol de la región estaba creciendo parejo.

Que la MLS ya había alcanzado.
Que Centroamérica resistía.
Que los gigantes mexicanos ya no imponían como antes.

Y entonces llega otra final.

Tigres contra Toluca.

México contra México.

Otra vez.

La Concacaf Champions Cup tiene algo curioso: cada torneo parece abrir la puerta a una sorpresa… hasta que aparece un club mexicano recordándole a todos cómo funciona realmente esta competencia.

Porque sí, hay historias emocionantes en el camino. Equipos que compiten, estadios que aprietan, noches donde parece que el dominio se tambalea. Pero al final, casi siempre termina pasando lo mismo: el trofeo se queda aquí.

Y no es casualidad.

Durante años, los equipos mexicanos entendieron algo que el resto de la región todavía persigue, este torneo no se juega solo con intensidad. Se juega con profundidad, con jerarquía y con la costumbre de competir bajo presión.

Por eso las finales recientes ya parecen parte de una misma memoria.

León imponiéndose con autoridad.
Monterrey haciendo del torneo una propiedad privada.
Pachuca apareciendo cuando parecía que el dominio se desgastaba.
América recordando que los ciclos pasan, pero el peso permanece.

Y cuando no gana México… el impacto se siente histórico.

Porque las excepciones son pocas. Muy pocas.

Seattle Sounders rompiendo la hegemonía en 2022 se sintió menos como un cambio de era y más como una anomalía que obligó a reaccionar. Antes de eso, había que ir demasiado lejos para encontrar un campeón que no hablara mexicano futbolísticamente.

Ese es el tamaño del dominio.

Ahora la historia pone enfrente a dos maneras distintas de entender el poder.

Tigres llega como ese equipo que aprendió a habitar estas noches. Ya no juega las finales con ansiedad; las juega con memoria. Sabe sufrirlas, sabe administrarlas y, sobre todo, sabe que los detalles terminan cayendo de su lado cuando el partido se rompe.

Toluca, en cambio, llega con algo diferente: hambre.

Con esa sensación de equipo que volvió a reconocerse. Que encontró ritmo, carácter y una identidad incómoda para cualquiera. Toluca no llega a esta final solo por talento; llega porque volvió a competir como club grande, como bicampeón.

Y eso cambia todo.

Porque esta final no se siente improvisada.

Se siente lógica.

Son dos equipos que entendieron antes que nadie cómo sobrevivir a un torneo que exige viajar, rotar, adaptarse y competir cada tres días sin perder forma. Mientras otros clubes de la región todavía viven la Champions Cup como una oportunidad, algunos de los mexicanos la viven como obligación.

Y esa diferencia mental pesa demasiado.

Por eso, más allá de quién levante el trofeo, hay algo que ya quedó claro desde antes de jugarse la final:

La Concacaf volverá a tener campeón mexicano.

Otra vez.

Como ha pasado la mayor parte del tiempo.
Como pasa cuando la costumbre se vuelve estructura.
Como pasa cuando un país convierte un torneo regional en parte de su identidad futbolística.

Y quizá eso también explique por qué estas finales, aunque repetidas, nunca se sienten vacías.

Porque en el fondo no se trata solo de ganar la Concacaf.
Se trata de sostener un dominio que lleva décadas construyéndose. Uno que ha sobrevivido generaciones, formatos, discursos y proyectos extranjeros que prometían cambiar la jerarquía de la región.

Pero cada año, cuando llega mayo, el futbol termina acomodando las piezas en el mismo lugar.

Con un club mexicano levantando la copa.

Y con el resto de la Concacaf preguntándose cuánto falta para que eso deje de pasar.

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El Cronopio

Carmen Sarabia en la historia de la biología mexicana | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

Casada con un profesor convertido en naturalista y biólogo autodidacta, entró al mundo de la ciencia acompañando la pasión de su esposo el Sr. Ochoterena. La familia, compuesta de sólo el matrimonio, recorrerían los parajes de Durango en pleno movimiento revolucionario para trasladarse finalmente a la Ciudad de México, radicando por un tiempo en San Luis Potosí donde Ochoterena, como ya tratamos en entrega anterior, culminaría una de sus importantes obras científicas.

El limitado mundo de la mujer en esos tiempos, era allanado en parte por la comunión de pareja; muchos casos, que han quedado ocultos por la figura del esposo, podrían mencionarse, donde las mujeres se aliaron para cooperar en el trabajo intelectual y experimental de los esposos. Solo como ejemplo, un caso tratado en esta sección, y en especial en el mundo de la biología, Graciela Calderón compañera de Jerzy Rzedowski.

Mi propio trabajo de divulgación, principalmente en la realización de eventos, ha sido acompañado por el trabajo de mi esposa Ruth Gutiérrez, no siempre reconocido por la gente. El caso de la esposa de Ochoterena también es oculto, a excepción del propio Ochoterena que reconoce la labor de su esposa en su trabajo de investigación y difusión del mismo, donde en el librito que escribiera en San Luis Potosí y que con él diera nacimiento a la biología mexicana moderna, da los créditos del trabajo de su esposa para su culminación, aunque sin mencionar su nombre.

Carmen Sarabia Castrellón, se casó en 1912 con Isaac Ochoterena en Ciudad Lerdo, Durango y lo acompañó en su trabajo de escritura de su libro: Técnica microscópica y de histología vegetal, impreso en los talleres de la Escuela Industrial de San Luis Potosí en 1914-1915 que fue publicado en fascículos. En esta obra Ochoterena muestra la utilidad del microscopio y las técnicas asociadas para el estudio de la histología, para lo cual muestra imágenes, las cuales fueron dibujadas por Carmen Sarabia; así como parte de la revisión del texto.

Para lograr los dibujos fue necesario conocer la manipulación básica del microscopio y las técnicas para proyectar imágenes en una pantalla y poder lograr la fidelidad de lo observado. Es de esperar que esos tiempos de convivencia, además de la rutina en su vida de pareja, incluyera las discusiones de los logros de Ochoterena y compartieran la pasión de su trabajo de investigación y se involucrara en el conocimiento de aspectos biológicos y las técnicas de preparación de muestras para la observación microscópica.

El propio Ochoterena en el prólogo del libro manifiesta el trabajo y apoyo de Carmen Sarabia, que fuera hermana del aviador mexicano Francisco Sarabia:

“No terminaré este prólogo, sin hacer público acto de gratitud a las personas que bondadosamente me han ayudado en mis tareas. Permítaseme consignar mi gratitud, antes que a nadie, a mi cara esposa, que ha sabido ser mi compañera fiel en todas estas fatigas y mi más experto auxiliar, debiéndose a ella muchos de los dibujos que ilustran la obra; ha sido quien, antes que nadie, la ha conocido paso a paso, y me ha alentado con su valeroso ejemplo, con su constancia, con el sacrificio de todos sus paseos y entretenimientos agradables en aras de una ayuda tan grata como útil. Séame permitido conceder justamente a ella, el primer sitio en mi gratitud”.

Carmen Sarabia trabajó al lado de su esposo en el gabinete, en ese periodo de estancia en San Luis Potosí, donde convivieron con la sociedad potosina y compartieron tiempos de trabajo y de recreación. Del extenso trabajo realizado por Ochoterena, ya en la Ciudad de México a la que se trasladaron desde San Luis Potosí en 1915, estaría la ayuda invaluable de su esposa Carmen Sarabia Castrellón.

Carmen Sarabia nació en San Fernando, Mapimí, Durango en 1894, vivió en San Luis Potosí por dos años de 1914 a 1915 y murió en la Ciudad de México.

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