Ciudad
Sigue la guerra entre SLP y Soledad por el Interapas
El pleito entre los municipios metropolitanos ha tenido un nuevo capítulo en estos últimos días
Por: Redacción
La guerra mediática entre la alcaldía de San Luis Potosí y el Ayuntamiento de Soledad de Graciano Sánchez, desde el Interapas, tuvo en los últimos días nuevos capítulos.
El alcalde de Soledad, Gilberto Hernández Villafuerte, dijo ayer que la decisión de no presentarse en la junta de gobierno del Interapas obedece precisamente a que mientras en el discurso mediático, la dirección general del organismo convoca a trabajar unidos, en la realidad no existe voluntad y se pretende que el gobierno municipal de Soledad avale decisiones que afectan a la población.
“En el caso del municipio de Soledad, es claro que el organismo trabaja sin estrategia, sin dirección, no responde al desabasto de agua que hay en las colonias, es algo que se palpa en las calles”, expresó el presidente municipal soledense.
Hernández Villafuerte indicó que la población, además de no contar con agua potable en sus viviendas, demanda reparación y sustitución de drenajes colapsados, al igual que nueva infraestructura hidráulica.
El alcalde soledense dijo que “el Interapas debe trabajar cercano a la gente, palpando las necesidades y la problemática de miles de familias que enfrentan escasez del líquido, para de ahí tomar decisiones y no en el escritorio como se ha estado haciendo, además de forma unilateral, pues desde un inicio se mantuvo una cerrazón hacia las opiniones y sugerencias que fueron presentadas”, en respuesta a la imposición de Natalia Castillo Vera como delegada del organismo de agua en aquel municipio.
Sobre los trabajos que realiza su gobierno para solucionar los problemas de agua de Soledad, el Ayuntamiento dota de agua a través de pipas a instituciones educativas que carecen del vital líquido, convirtiéndose en un problema de salud que ha sido denunciado por directores de los planteles, al igual que familias de colonias del municipio, “es donde nos percatamos el grave problema que enfrenta la población”.
Hernández Villafuerte señaló que otras áreas municipales se han dado a la tarea de limpiar el drenaje como acción preventiva para evitar inundaciones en temporada de lluvias, en lo que también ha sido omiso el organismo, en tanto que en nuevas obras se contempla la introducción o renovación de redes de agua potable y drenaje.
El presidente municipal de Soledad dijo además que el Interapas ha sido irresponsable “para afrontar situaciones que se endosan a los ayuntamientos en perjuicio de sus finanzas”.
También fue firme en su postura de separarse del organismo, para lo cual se realizará el procedimiento correspondiente, ante la inoperatividad y la situación que afecta a miles de familias.
Estas declaraciones de Hernández Villafuerte son una respuesta a las emitidas desde el cabildo de San Luis Potosí.
El regidor Jaime Uriel Waldo Luna dijo el miércoles que se necesita hacer un estudio serio y profesional acerca de los adeudos de los Ayuntamientos de Cerro de San Pedro y Soledad de Graciano Sánchez, pues -según dijo el edil- son poco convincentes las cifras de la deuda del Ayuntamiento que apenas rebasan los 2.4 millones de pesos, “porque también hay dudas en cuanto a los ingresos del Interapas en Soledad, ya que se únicamente ingresan 10 millones de pesos”.
Waldo Luna insistió en que integrantes de la Comisión del Agua del Ayuntamiento están muy al pendiente de los despachos que se contrataron para regularizar la situación de contribuyentes morosos y una vez que se cierren los convenios, se espera una recaudación entre los tres y cinco millones de pesos al mes de acuerdo con las expectativas del organismo.
El regidor Jaime Waldo, presidente de la Comisión del Agua, añadió que también se le da continuidad a la solicitud del Gobierno capitalino ante la CFE, para lograr un reajuste en las tarifas, por lo que pedirán al titular del Interapas, Fermín Purata Espinosa, un informe acerca de los resultados de las gestiones que se llevan a cabo en la Ciudad de México con el director de Suministros Básicos en el tema de revisión de tarifas y asuntos relacionados con la eficiencia en el consumo de energía eléctrica.
Interapas interpone denuncia por irregularidades vs Grupo Axioma
El director general del Interapas, Ricardo Fermín Purata Espinosa, precisó que derivado de una auditoría en las áreas operativas y administrativas, se identificó que el Interapas había celebrado cuatro contratos de prestación de servicios médicos – hospitalarios- con un sobreprecio de 335% con la empresa Grupo Axioma, afectando las finanzas del organismo.
Purata Espinosa subrayó que dicha empresa no cuenta con la capacidad para otorgar los servicios contratados, y ante esta razón se presentó una denuncia ante la Fiscalía por los delitos de peculado, fraude, robo y otros que puedan resultar.
Por su parte, el director de Administración y Finanzas, Ramón Farías, detalló que no se siguieron las reglas para la contratación de la prestación de los servicios médicos para los cerca de 800 trabajadores que tiene el organismo, al existir mejores propuestas económicas que las de Grupo Axioma.
“Cabe resaltar que dicha empresa no cuenta con la capacidad para brindar los servicios, a pesar de que dentro del propio contrato se estableció que contaban con toda la infraestructura para su cumplimiento, sin embargo no cumplió con lo establecido” finalizó. Farías.
Una guerra añeja
La guerra entre los Ayuntamientos desde el Interapas comenzó desde los primeros días de la administración de Xavier Nava Palacios, cuando unilateralmente, el alcalde potosino nombró a Natalia Castillo Vera como delegada del organismo operador de agua potable en Soledad.
En las oficinas, el personal no esperaba a la nueva delegada porque, de acuerdo a la entrevista con el alcalde, no fueron avisados del cambio ni de forma oficial ni por cortesía política.
Al enterarse del asunto, Hernández Villafuerte se trasladó al lugar para informarse del tema y al mismo tiempo acudir a una reunión que le solicitó Ricardo Purata, sin embargo este último no llegó al lugar.
Mediante un escueto boletín de prensa, el 11 de octubre Interapas anunció que Natalia Castillo había sido designada delegada del organismo de agua potable en el municipio de Soledad. El comunicado íntegro se reproduce a continuación:
Por instrucciones del presidente de la Junta de Gobierno de Interapas, Xavier Nava Palacios, el director general del organismo operador Ricardo Fermín Purata Espinoza, designó a la abogada Natalia Castillo Vera como delegada en el municipio de Soledad de Graciano Sánchez.
Natalia Castillo Vera sustituye el profesor José Luis Castro Castillo al frente de la delegación del organismo operador Interapas en el municipio de Soledad de Graciano Sánchez.
El alcalde de Soledad de Graciano Sánchez, Gilberto Hernández Villafuerte, informó entonces que el Ayuntamiento soledense solicitará la desincorporación de Interapas, esto luego de que denunciara que el director de este organismo, Ricardo Purata Espinosa, impuso a Natalia Castillo Vera en la delegación de Soledad.
“A mí me interesa que mi gente tenga agua, me interesa que avancemos juntos; esta decisión debió ser avalada por el alcalde capitalino Xavier Nava, si él piensa que va a resolver las problemáticas solo, entonces a partir de hoy lo hago responsable de todo lo que es el organismo y el abasto de agua de nuestro municipio”, señaló.
Hernández Villafuerte denunció que Castillo Vera se presentó a las oficinas de la delegación, ubicadas en la cabecera municipal de Soledad, con lujo de violencia, y sin mediar un diálogo institucional sacó de las oficinas al delegado José Luis Castro Castillo y a su personal.
El alcalde Hernández Villafuerte dijo que el municipio de Soledad cuenta con alrededor de 100 mil usuarios de Interapas, quienes aportan alrededor de 10 millones de pesos mensuales al organismo, pero aunado a este aspecto, el Ayuntamiento soledense ha intervenido de manera constante en la solución de problemáticas relacionadas al abasto de agua potable e infraestructura hidráulica.
Finalmente, Hernández Villafuerte externó que se siguen ponderando temas partidistas, “con esta acción, el alcalde capitalino demuestra que no es institucional al tomar determinaciones como la mencionada, propiciando intencionalmente una ruptura”.
Nava pagó 7.4 millones de pesos a empresa fantasma, revela el SAT
Ciudad
La radiografía moral de una ciudad a través de sus esquinas. Primera Parte
Reportaje histórico, político y urbano de la nomenclatura potosina
«No nos une el amor sino el espanto;
será por eso que la quiero tanto.»
Jorge Luis Borges, «Buenos Aires», en El otro, el mismo (1964)
Por: Jorge Saldaña.
Caminar por San Luis Potosí es, sin que uno se dé mucha cuenta, un acto de paciencia historiográfica. Uno cree que va a comprar el pan, pero en realidad atraviesa cuatro siglos, tres regímenes, una revolución y una pulquería desaparecida. La esquina —esa institución tan mexicana— se vuelve aquí un libro abierto al que le faltan páginas, le sobran portadas y sostiene memorias cono nombres hechas de azulejo, metal o placa, que de no nombrarse ahí, nadie más las nombraría y menos las recordarían.
Lo cuento como periodista urbano, también como ciudadano y no como acusador. Esto no es una denuncia: es una caminata. Una caminata larga, tropezada y deliciosa por un casco antiguo donde una sola vía recta puede llamarse «Mariano Arista» en una placa, «ARISTA» en la siguiente y, dos cuadras más allá, «GRAL. M. ARISTA», todo en distintos materiales, todo igual de oficial, todo igual de imposible. Un solo general, tres nombres; un solo cabildo pero ningún acuerdo.
El estudio del licenciado Constantino Méndez sobre las inconsistencias actuales de la nomenclatura y el «Diccionario histórico de las calles de San Luis Potosí» de don Arcadio Castro Escalante —en su libro «Por las viejas calles de aquel San Luis»— dejaron consignado lo que aquí se cuenta con prosa de domingo: que la nomenclatura de esta ciudad es un palimpsesto -esos manuscritos en pergamino que conservan huellas de una escritura anterior- al igual que nuestro centro, en cada placa hay un héroe encima de un pordiosero, un revolucionario encima de un cura, una avenida encima de una zanja. Y que la abuela, terca, sigue diciendo «La Corriente» cuando el plano oficial dice «Reforma» desde hace ya un siglo.
El verso de Borges con que se abre este reportaje no es decorativo. Es la llave. Porque si hay una manera de querer a las ciudades, esa manera es contradictoria: las queremos por lo que nos avergüenza de ellas. Las queremos por su desorden, por su terquedad, por su modo de no obedecer. San Luis Potosí entra en esa categoría con orgullo. Es una ciudad que se ama, en parte, por su incapacidad para ponerse de acuerdo consigo misma.
De los apodos a los apellidos
En 1828, recién consumada la Independencia, el Ayuntamiento potosino se topó con un problema simpático y propio de la época: necesitaba bautizar oficialmente sus calles, pero no tenía a quién honrar. A los españoles ya no se les quería —era demasiado pronto—, y los héroes nacionales todavía no alcanzaban para tantas esquinas. La solución fue salomónica y muy mexicana: dejar los apodos populares y ponerle apellido de vecino distinguido a lo que faltara.
Así se inauguró, sin saberlo, la primera ley no escrita de la nomenclatura potosina: la calle no se nombra, la calle se hereda. Hereda al insurgente cuando llega la Independencia, hereda al liberal cuando llega la Reforma, hereda al revolucionario cuando llega 1914 —el año bisagra, el del gran rebautizo— y hereda al fraccionador cuando llega el siglo XXI con sus colonias bautizadas con nombres de árboles que aquí no crecen.
Antes de 1828, sin embargo, las calles ya tenían nombre: solo que el nombre lo ponía el barrio, no el cabildo. La calle de la Cruz se llamaba así porque había una gran cruz divisoria entre la ciudad y la villa de San Miguelito. La de las Bóvedas porque allí se levantaron las primeras casas con techo abovedado. La del Arenal porque las lluvias de La Merced llenaban de arena la cuadra. La de los Burros porque los arrieros amarraban sus bestias antes de bajar a la Plaza de Armas. La de la Tamalera porque ahí vivía una mujer cuyos tamales eran de gran demanda.
Estos nombres, hoy reemplazados por placas con apellidos solemnes, eran en realidad un primer sistema completo y eficaz. Funcionaba etnográficamente: nombraba lo que estaba, no lo que se quería honrar. Era una nomenclatura sin proyecto político, asentada en la observación cotidiana. Por eso, cuando el cabildo intentó imponer apellidos en 1828, lo hizo sobre un sustrato vivo que ofreció resistencia silenciosa. La gente siguió diciendo «La Tamalera» mientras la placa decía «Julián de los Reyes».
La cuadra como unidad onomástica
Hasta bien entrado el siglo XIX, una vía recta no tenía un nombre: tenía tantos nombres como cuadras. La calle Iturbide, por ejemplo, en 1864 se desplegaba en ocho identidades distintas: «Ciprés», «Palaus», «Chino o Clima», «Filantropía», «Guayabo», «Mora», «Cocheros» y «Chica». La calle Vallejo se dividía en cinco: «Remedios», «Las Recogidas», «Plaza de Las Recogidas», «Lucero» y «San Miguelito». Manuel José Othón —el poeta— caminaba de niño por una vía que cambiaba cinco veces de nombre.
La avenida Carranza es el caso emblemático. En 1864 era cinco calles distintas en una sola línea: «La Cárcel» las dos primeras cuadras, «Maltos» las dos siguientes, «El Elefante» la quinta, y todo el resto «Real de Tequisquiapan». Cinco nombres, una traza. Hoy es una sola Carranza —liberal, rectísima, peatonal en su tramo histórico— pero quien camine por ahí está caminando, sin saberlo, sobre el rastro de un elefante, una cárcel y un señor de apellido Maltos del que no quedó memoria.
«Una descripción de Zaira como es hoy debería contener todo el pasado de Zaira. Pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras […], surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos.»
Italo Calvino, Las ciudades invisibles (1972)
Calvino no escribió sobre San Luis Potosí, pero pudo haberlo hecho. Su descripción de Zaira describe con exactitud lo que cualquier potosino ve al levantar la cabeza en una esquina del primer cuadro: la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene. Lo carga en cada placa que no se quitó, en cada rótulo que se dejó conviviendo con el nuevo, en cada rincón donde el catastro y la abuela difieren y nadie se atreve a darle la razón a uno solo de los dos.
Esta lógica de los muchos nombres por cuadra tenía sentido en una ciudad pequeña. Cada tramo coincidía con un edificio característico, una anécdota memorable, un vecino famoso. Cuando la población creció y la administración pública se profesionalizó, ese sistema se volvió insostenible. Una calle con siete nombres no se puede catastrar, no se puede cobrar predial, no se puede patrullar. La unificación llegaría —y llegaría con una ideología.
Las cuatro fechas bisagra
La nomenclatura de San Luis Potosí no cambió de una vez. Cambió en oleadas, y cada oleada lleva la firma del régimen que la promovió. Cuatro son las fechas que conviene memorizar:
- 1828: primera nomenclatura oficial. Es la ola del cabildo independiente. Domina la mezcla de apellidos distinguidos y nombres triviales, por escasez de héroes.
- 1860–1870: primera ola liberal. Tras las Leyes de Reforma, aparecen Galeana, Morelos, Hidalgo, Allende sustituyendo nombres conventuales y virreinales. Es el primer barrido ideológico.
- 1914: el gran rebautizo revolucionario. La nomenclatura moderna —Carranza, Obregón, Madero, Zapata, 5 de Mayo— se impone sobre los antiguos nombres por cuadra. Es el momento más drástico: lo que había tardado tres siglos en sedimentar se sobrescribió en pocos años.
- 1930: ola posrevolucionaria. Aparecen nombres de gobernadores y políticos locales (Julián Carrillo, Francisco Alcalde, Ildefonso Díaz de León). La memoria estatal entra a competir con la memoria nacional.
Si uno camina hoy el centro y lee placa por placa, está leyendo —en estricto rigor— la geología política de la ciudad. La capa más profunda es colonial: convento, virgen, cruz. La siguiente, decimonónica: apellido distinguido, anécdota local. Encima, la liberal: insurgente. Encima, la revolucionaria: jefe armado. Encima, la postrevolucionaria: gobernador. Y en los fraccionamientos nuevos, la capa contemporánea: árbol exótico, flores, montañas y cordilleras. Cinco capas, una ciudad.
La memoria popular como capa subterránea
Hay una capa más, sin embargo, que ningún régimen logró borrar: la oral. Las placas también hablan de lo que el poder quiso olvidar. La calle de Las Manitas —hoy un tramo de Abasolo— se llamó así porque ahí enterraron las manos de un homicida. La de Las Cruces —hoy un tramo de Universidad— porque dos hombres se mataron mutuamente y se les puso cruces en el sitio. Estos nombres no entraron a la oficialidad porque la oficialidad prefiere héroes; pero la oralidad los recuerda. La calle, otra vez, no se borra: se tapa.
Y hay nombres populares que sí lograron permanecer, contra todo pronóstico. La calle Juan del Jarro lleva el nombre de Juan de Azios Ramírez, un pordiosero potosino del siglo XIX, vestido de harapos y con un jarro al hombro para pedir agua y comida. Se le atribuían dotes adivinatorias; la gente lo consultaba sobre fechas de muerte y matrimonios futuros, y atinaba lo suficiente para volverse leyenda. Cuando murió, le pusieron calle. Es uno de los pocos sitios en México donde un mendigo tiene placa oficial. Cosa rara, cosa potosina, cosa hermosa.
Ayuntamiento de SLP
Senadora Verónica Rodríguez destaca avances en seguridad en San Luis Capital
La senadora por Acción Nacional reconoce que la mejora en la percepción ciudadana es resultado de la estrategia del alcalde Galindo y del trabajo policial
Por: Redacción
La senadora Verónica Rodríguez Hernández destacó los avances en seguridad en San Luis capital, luego de los resultados dados a conocer por el INEGI, los cuales reflejan una mejora en la percepción ciudadana y consolidan la estrategia encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos.
Tras la presentación de estas cifras, la legisladora subrayó que los resultados tienen sustento en la voz directa de la población: “La ciudad había pedido esto a gritos; hoy que tenemos un buen resultado, después de cinco años de gobernar del alcalde Enrique Galindo, lo agradecemos por que además sabemos que este trabajo va a continuar”, afirmó.
Rodríguez Hernández expresó su orgullo por los avances alcanzados y reconoció que la estrategia de seguridad municipal ha generado condiciones para que la ciudadanía perciba mayor tranquilidad en su entorno cotidiano.
Asimismo, la senadora resaltó el papel del cuerpo policial y de los distintos actores involucrados en la implementación de esta política pública, al señalar que el trabajo coordinado ha superado expectativas y ha fortalecido la confianza de la población en San Luis capital.
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Ayuntamiento de SLP
Gobierno Municipal de Enrique Galindo, segundo más eficaz del país: INEGI
El Alcalde Enrique Galindo Ceballos destacó que, según la ENSU del Inegi, el Gobierno de la Capital se posiciona como el segundo Ayuntamiento más eficiente entre capitales, primer lugar en alumbrado público, con mejoras en servicios, entorno urbano y paz social.
Por: Redacción
El Alcalde Enrique Galindo Ceballos informó que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU) del Inegi, el Gobierno Municipal de San Luis Capital se consolida como el segundo Ayuntamiento mejor evaluado del país en eficacia, gracias a la calidad de los servicios y condiciones de convivencia.
La capital potosina ocupa el segundo lugar en eficacia entre ciudades capitales, además de posicionarse en primer lugar en alumbrado público y en tercer lugar en el mantenimiento de parques, jardines y espacios públicos, indicadores que reflejan el impacto de las acciones municipales.
Galindo Ceballos señaló que la percepción de eficacia del gobierno creció 10.3 por ciento respecto al trimestre anterior, como resultado de las políticas públicas enfocadas en mejorar el entorno urbano y la calidad de vida.
Finalmente, el presidente municipal subrayó que estos resultados también se reflejan en la paz social, con una mejora en el orden urbano, evidenciada por la reducción en hechos de vandalismo e incivilidades, así como en la disminución del consumo de alcohol en vía pública, que alcanzó su nivel más bajo desde que se tiene registro.
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