#4 Tiempos
¿Sabía usted que…? | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Con el andar del tiempo y las lecturas sucede que a veces se encuentra uno aquí y allá con datos curiosos e interesantes que después transcribe en algún lugar para no olvidarlos. He aquí, por ejemplo, tres de ellos. Durante dieciocho años han estado guardados en una libreta de pastas amarillas y ya es hora de darlos a conocer (en el caso, claro está, de que no sean ya de sobra conocidos):
- «El padre Mauro Cozzoli, teólogo y catedrático de la Universidad Lateranense de Roma, ha comentado muy positivamente los resultados de un reciente estudio que demuestra que ir a Misa alarga la vida. La investigación se basó en una muestra de 2 000 ancianos californianos, y dio como resultado que las vidas más largas estaban proporcionalmente relacionadas con una asistencia frecuente a Misa. “Es profundamente verdadero que ir a Misa alarga la vida”, ha dicho Cozzoli. “El dato –ha añadido- no sorprende si consideramos la unidad de los tres componentes o dimensiones del ser humano: el físico, el psíquico y el espiritual. La serenidad y concordia espiritual, alimentada por la fe, la ración o la práctica litúrgica es un factor de bienestar global y por lo tanto también físico y psíquico”. [Tomado de la revista Vida Nueva, n. 2191, edición del 26 de junio de 1999.]
Claro, los ancianos que van a Misa se concentran en Dios, se relajan y se olvidan de todo lo demás, aunque sólo sea por unos minutos; en cambio, los que nunca van a ella, ¿qué hacen a esa hora sino quedarse en su cuarto deshojando margaritas y preguntándose: ¿Me quieren? ¡No me quieren! ¿Me quieren? ¡Sí me quieren! Y, así, mientras los primeros se relajan, los segundos se atormentan, de modo que unos viven más y mejor, en tanto que los otros lo hacen menos y mal. ¡Vaya descubrimiento!
He aquí la siguiente historia:
- «Recientes investigaciones han probado que el amor incrementa positivamente nuestro sistema inmunológico. Por ejemplo, a un grupo de estudiantes de la Universidad de Harvard les fue mostrado un documental de la Madre Teresa ayudando incondicionalmente a los enfermos. Tras el documental, les fue practicado un test de saliva. La prueba médica reveló un aumento del nivel de ciertos anticuerpos, incluidos aquellos que previenen las infecciones y los resfriados. Es más, un estudio practicado a 10 000 hombres con problemas cardíacos reveló una reducción del 50 por ciento del dolor provocado por angina de pecho en aquellos que recibían el apoyo de sus esposas».
«Sin amor, la humanidad no podría vivir ni un día más», dijo Erich Fromm (1900-1980) en ese libro espléndido que es El arte de amar, y lo que vale para la humanidad en general, vale todavía más para cada hombre en particular. Sin amor, uno literalmente se muere. ¿Qué de raro tiene que el enfermo que oye continuamente palabras cariñosas viva más y mejor que el que no oye más que el cuchicheo impersonal de las enfermeras y el goteo del suero sobre su cabeza? Y, por último:
- «Un estudio a largo plazo realizado sobre una muestra de 600 hombres dirigido por el profesor Larry Scherwitz, de la Universidad de Chicago, indica que el riesgo de sufrir problemas cardiacos es mayor entre los hombres con estudios superiores que suelen utilizar más a menudo el pronombre personal en primera persona (es decir, los que hablan siempre de sí mismos). Tras llevar durante varios años un control riguroso de los individuos estudiados, el profesor Scherwitz comprobó que cuanto más se habla de uno mismo, mayor es la posibilidad de sufrir una enfermedad coronaria. Según el estudio, la obsesión por el ego es un catalizador tanto o más peligroso para el corazón que fumar, una dieta rica en grasas o la falta de ejercicio. Los descubrimientos del profesor Scherwitz confirman la tesis de que la salud del cuerpo depende de la salud del alma y que el cultivo de las virtudes morales –en este caso la humildad- favorece el bienestar físico y la salud integral». [Tanto los datos del número 2 como de éste han sido tomados de: Byron L. Sherwin, ¿Para qué ser bueno? El sentido de la ética en el mundo actual, Barcelona, Plaza y Janés, 1999.]
¡Esto sí que es una novedad! Hablar demasiado de uno mismo hace mal, causa infartos y depresiones…
Soy consciente de que los datos anteriores podrían dar pie a una especie de «secularización de las virtudes», y que a causa de ello más de alguno podría decirse a sí mismo:
-De ahora en adelante iré más frecuentemente a Misa, pues ya veo que hace bien a la salud.
O incluso:
-En adelante seré más bondoso para no enfermarme tan seguido.
O quizá:
-En el futuro hablaré menos de mí mismo, pues no quiero morirme de un infarto.
Esto no sería virtuoso de ninguna manera, sino algo tan chocante como lo que hizo Benjamín Franklin cuando, al querer dar a las virtudes un sesgo puramente utilitarista, acabó poniéndolas al servicio de su propio provecho. De él es, por ejemplo, esta máxima que detesto: «Acostarse pronto y levantarse temprano hacen al hombre rico y sano». El consejo me parece bueno, pero no la finalidad, que es puramente mercantil y convenenciera. Yo diría más bien lo contrario: si lo único que piensas hacer en el día es dinero, mejor quédate en tu cama. (Aconsejó una vez un padre a su hijo: «Hijo mío, haz dinero; honradamente, si puedes, pero haz dinero»).
En realidad el hombre bueno no va a Misa ni trata de ser humilde para vivir más: lo hace simplemente para agradar a Dios y, en recompensa, Dios lo bendice dándole salud. La virtud no se practica para sacar algo de ella; pero, cuando se la practica con desinterés, no deja nunca sin recompensa a los que se han esforzado en practicarla. No es ésta, después de todo, una mala noticia.

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El Cronopio
María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Por: J.R. Martínez/Dr. Flash
En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.
Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.
María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.
Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.
Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.
Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”
María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.
María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.
También lee: El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
Acento Ajeno
Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés
Por: Haniel Valdés
La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.
Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.
“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.
Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.
La pregunta para México
Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.
Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.
Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.
Lo que corresponde
A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.
Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.
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El Cronopio
El influyente divulgador de la ciencia, Luis González de Alba | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
Uno de los importantes divulgadores científicos de México fue el charquense Luis González de Alba, que emergió como un personaje famoso por su participación en el Comité Nacional de Huelga en el movimiento estudiantil de 1968; compromiso que asumió justo al egresar de la carrera de psicología en la UNAM. Fue aprehendido y recluido en la cárcel de Lecumberri donde inicia su labor literaria al escribir la novela Los Días y los Años. Lo narrado en esta novela fue usado por Elena Poniatowska lo que derivó en un conflicto entre González de Alba y la Poniatowska lo que la llevó a corregir lo dicho en su libro de La Noche de Tlatelolco.
Este lamentable episodio en la historia del México moderno, en el cual tuvo un protagonismo Luis González de Alba, marcó su derrotero profesional, participando en el periodismo y la política, siendo colaborador de los medios de comunicación: Grupo Milenio, Excélsior, Punto, Punto de Partida, Revista de Revistas, Siempre, Unomásuno y Nexos. Participó en la creación del diario La Jornada, de donde sería expulsado en 1997 tras la polémica con Elena Poniatowska.
En La Jornada, iniciaría su aventura como escritor científico en la columna “La Ciencia en la Calle” que atendió durante una década. Continuó su labor como divulgador de la ciencia en una nueva columna en Milenio Diario, que llamó “Se descubrió que…” donde escribía sobre ciencia y temas nacionales. Estas columnas marcan un momento especial en la historia de la divulgación de la ciencia en México, pues entrelazan los temas científicos, que era una de sus pasiones, con los históricos y sociales lo que enriquece el contenido tratado de manera clara y amena.
Esta labor lo llevó a escribir, además de novelas, poesía, ensayos y cuentos, libros de divulgación de la ciencia como La Ciencia, La Calle y Otras Mentiras; El Burro de Sancho y El Gato de Schrödinger: un paseo al trote por cien años de física cuántica y su inesperada relación con la conciencia, donde muestra la relación entre física y sociedad a través de la historia, libros publicados en 1989 y 2001, respectivamente.
Escribió además los libros de divulgación científica: Bases biológicas de la bisexualidad, (1985); La orientación sexual: reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad, (2003); Niño o niña. Las diferencias sexuales, (2006), donde refleja y explica las bases científicas sobre la homosexualidad, manifestando su labor como activista gay . Publica además los libros: Maravillas y misterios de la física cuántica: un paseo por la física del siglo XX y su inesperada relación con la conciencia, (2010) y Teoría de los grafos en las ciencias sociales, (1984).
Luis González de Alba nació en Charcas, San Luis Potosí, el 6 de marzo de 1944, donde realizó sus primeros estudios. Del pueblo minero, su familia se traslada a Guadalajara y González de Alba va luego a la Ciudad de México a continuar sus estudios profesionales de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Entre sus actividades destacan la política, el activismo, la literatura y de manera especial su labor como divulgador científico pues se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes e importantes del país, sumándose a la lista de divulgadores potosinos que forman parte de lo que llamo la tradición mexicana en divulgación de la ciencia donde se privilegia el compromiso social de la ciencia y su enfoque cultural. Fue un apasionado de los temas de física moderna y del cerebro humano, relación que marca una nueva etapa de estudio para entender la conciencia y la función del hombre en el universo con el desarrollo de la mente.
Luis González de Alba se suicidó el 2 de octubre de 2016, fecha de la conmemoración del 48 aniversario de la masacre de Tlatelolco.

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