Opinión
Rodrigo y Berenice, autonomía e imparcialidad | Apuntes de Jorge Saldaña
Culto Público, hijos de los ingresos propios:
Berenice se casó con Rodrigo. Como cada pareja, solo ellos sabrán cómo administran su presupuesto doméstico. Cuánto ganan, en qué lo gastan, cuánto aporta cada quién y si lo comparten o no. Solo entre ellos dos sabrán si Berenice le revisa a Rodrigo la cartera o Rodrigo a Berenice el monedero.
Las cosas cambian cuando Berenice de la Rosa Reynoso se convierte en miembro (que no titular) del órgano de administración del Poder Judicial, ente que, en pocas palabras, autoriza y ejerce el uso de un presupuesto de más de mil millones de pesos al año.
Nadie duda de la trayectoria de la señora de la Rosa ni de sus capacidades y —hay que decir— que en la teoría, es facultad exclusiva del Poder Judicial elegirla para su encomienda.
Por su parte, Rodrigo Joaquín Lecourtois López es el titular del Instituto de Fiscalización Superior del Estado (IFSE), con atribuciones plenas para auditar a todos los entes, incluido el Poder Judicial en el que trabaja su esposa, Berenice.
Rodrigo no eligió a Berenice para su encomienda administrativa, ni Berenice a Rodrigo como titular del IFSE.
Ambos son personas autónomas, y en todo caso solo se nombraron uno al otro como marido y mujer al formar la institución del matrimonio.
No obstante, la relación no pasa desapercibida. ¿Hasta dónde su relación puede restarle credibilidad al trabajo del IFSE?
¿Rodrigo le pedirá a Berenice que le explique el origen y destino de sus “recursos propios o autogenerados”? ¿Y se los pedirá en casa o por oficio?
En otros temas, Culto Público, aprovecho este viernes, para hacer una aclaración.
Hace como una semana les advertí que ya se me hacía raro que el diputado federal David Azuara Zúñiga hubiera presentado por fin una iniciativa sensata, y es que se atribuyó legislar respecto a la regulación de cobros fantasmas de plataformas, cuando en realidad, la iniciativa fue del diputado Ricardo Monreal, de Morena.
Lo único que se puede atribuir el PAN es que su coordinador mejoró la redacción con una reserva.
David Azuara ni vela en el entierro, pero presumió la vela y el entierro.
Saludó con sombrero ajeno, y con ello agota cada vez más su credibilidad respecto a lo que declara.
Para despedirme en esta romántica tarde de viernes lluvioso, les comparto una duda que me vino a la cabeza luego del desaire de la Alianza Empresarial Potosina y el titular de Coparmex, Luis Antonio Ortuño, a los diputados federales potosinos.
¿Será que la alianza entre el empresariado potosino y el gobierno está rota, y su aparente cercanía es solo para guardar las apariencias?
De otra forma, ¿por qué están buscando apoyo en legisladores federales de otro estado y otro partido?
Se las dejo, y me la dejo de tarea.
Les comparto el Atril de este viernes respecto al doble riesgo de la polarización ante un escenario en el 2027 de “candidatura única contra loquitos”.
Y es que en el cuarto informe de Ricardo Gallardo Cardona se dejaron claros dos mensajes políticos relevantes:
-
La sólida idea de la continuidad
-
La estrategia de aliarse con la mayoría de los partidos para ir sin oposición, dejando en el aire un aroma a candidatura única.
¿Quiénes son esos posibles aliados? No es difícil adivinarlo, es simple eliminación.
La resistencia de Morena es la verdadera encrucijada:
¿Ir solos en la gubernatura pero aliados en las diputaciones y alcaldías?
¿O ceder en el contexto de la “mega-alianza” y olvidar su estatuto anti-nepotismo?
La jugada tiene doble filo:
La fortaleza de ir “todos juntos” es también su propia debilidad, porque si alguien logra capitalizar a los “no aliados”, podría polarizar la elección entre la continuidad gallardista y el cambio.
El potosino es rebelde por naturaleza, y eso no hay que olvidarlo.
No desestimemos a la ligera a la locura.
Hasta la próxima.
Yo soy Jorge Saldaña
TAMBIÉN LEE: El canino úrsido de Luis Ortuño y acompañantes | Apuntes de Jorge Saldaña
Opinión
¿Poner una cámara hacia la calle es delito? El mito, los drones y el derecho a la privacidad | Columna de Víctor Ezequiel
SERENDIPIA
Por: Víctor Ezequiel
X: @MrVictorHdz
A inicios de 2025 circuló en San Luis Potosí una advertencia que alarmó a muchos vecinos: instalar cámaras de seguridad que apuntaran hacia la calle podía ocasionar multas millonarias. El mensaje mezclaba normas de protección de datos con conclusiones que no se desprenden automáticamente de ellas.
Conviene aclararlo: instalar una cámara para proteger tu casa o negocio no constituye, por sí solo, un delito por el hecho de que también grabe parte de la banqueta o la calle. La legalidad depende de cómo se utiliza el dispositivo, qué se graba, con qué propósito y qué se hace después con las imágenes.
La propia legislación federal de protección de datos contempla una excepción para la recolección y almacenamiento destinados exclusivamente al uso personal, sin fines de divulgación ni utilización comercial. Pero esa excepción no es una licencia para vigilar indiscriminadamente a los vecinos.
Una cámara orientada hacia la cochera que capta incidentalmente a quienes pasan por la calle es muy distinta de otra dirigida deliberadamente hacia las ventanas, habitaciones o patios de una vivienda ajena. La privacidad no desaparece porque alguien viva frente a tu casa.
El verdadero riesgo: grabar no es lo mismo que exhibir
El problema puede comenzar cuando las imágenes se publican en Facebook, grupos de WhatsApp u otras plataformas para identificar, exhibir, acusar o ridiculizar a personas sin justificación. La difusión puede comprometer derechos a la privacidad, a la propia imagen y al honor, y abrir la puerta a responsabilidades civiles o de protección de datos, según las circunstancias.
¿Alguien aparece robando, dañando un vehículo o cometiendo otro delito? Conserva el archivo original y entrégalo a la autoridad competente. Evita convertir las redes sociales en tribunal, fiscalía y plaza pública al mismo tiempo. Una sospecha no equivale a una sentencia, y difundir rostros o acusaciones puede perjudicar incluso una investigación legítima.
Algo similar ocurre con quienes fotografían vehículos y placas para denunciar a conductores que circulan de manera temeraria. Documentar una maniobra peligrosa y aportar la evidencia a las autoridades puede ser legítimo y útil para prevenir accidentes; sin embargo, pretender exhibir públicamente al conductor en grupos de WhatsApp no queda automáticamente justificado por una supuesta finalidad preventiva. Si se difunden imágenes acompañadas de acusaciones falsas, insultos o datos que permitan identificar y desacreditar a una persona, el afectado podría valorar acciones civiles por daño moral, siempre que se acrediten los requisitos legales y el daño correspondiente. La fotografía de una placa, por sí sola, no garantiza que exista una infracción ni convierte toda publicación en ilícita: importan el contexto, la veracidad, la finalidad y la forma de difusión. Si queremos prevenir accidentes, documentemos y denunciemos las conductas peligrosas; no confundamos la responsabilidad ciudadana con el derecho a organizar linchamientos digitales.
¿Y los drones que sobrevuelan los fraccionamientos?
Aquí la discusión es más compleja. Los drones también están regulados: la Norma Oficial Mexicana NOM-107-SCT3-2019 establece requisitos según el peso y el uso de la aeronave. Entre otras obligaciones, contempla el registro para equipos con peso máximo de despegue superior a 250 gramos, límites de altura y distancia, operación a línea de vista y restricciones para volar sobre personas. Los requisitos adicionales dependen de la clasificación y del tipo de operación.
La norma también responsabiliza al operador por el uso de la información obtenida y le exige respetar las disposiciones sobre privacidad y seguridad. No es correcto afirmar que todo vuelo sobre una zona habitacional está prohibido automáticamente, pero tampoco que comprar un dron autoriza a sobrevolar y grabar cualquier lugar sin límites.
Un aparato que fotografía paisajes o revisa un techo no equivale a otro que permanece frente a las ventanas, sigue a determinadas personas o registra sistemáticamente sus movimientos. Grabar el interior de una vivienda sin autorización puede afectar la intimidad y generar responsabilidades conforme a las circunstancias.
¿Cuándo hablamos de “halconeo”?
San Luis Potosí incorporó al Código Penal el artículo 293 Quáter, relativo al delito de halconeo. La disposición no convierte cualquier cámara, fotografía o dron en delito: exige una finalidad delictiva específica, como facilitar la comisión de delitos u obstaculizar labores de los cuerpos de seguridad, mediante actos de vigilancia, seguimiento o recopilación de información descritos en la norma.
Por tanto, ver un dron sobre un fraccionamiento no demuestra, por sí mismo, que exista halconeo. Pero tampoco debe ignorarse una conducta sospechosa cuando hay indicios concretos de vigilancia ilícita.
Si un dron invade reiteradamente la intimidad de tu hogar o presenta un comportamiento preocupante, documenta desde un lugar seguro la fecha, hora, trayectoria y cualquier dato observable. Repórtalo a las autoridades de seguridad y, cuando corresponda, a la Agencia Federal de Aviación Civil. No intentes derribarlo ni dañarlo: podrías crear un problema legal adicional.
La seguridad no cancela la privacidad
Las cámaras y los drones pueden ser herramientas útiles para prevenir delitos, pero su uso debe respetar derechos. La respuesta no es prohibir toda cámara que mire hacia la calle ni normalizar cualquier forma de vigilancia.
La discusión seria consiste en distinguir entre proteger una propiedad, difundir imágenes sin justificación e instalar tecnología para vigilar ilícitamente a personas o cuerpos de seguridad. Porque tener una cámara no te convierte en delincuente; utilizarla para vulnerar derechos sí puede tener consecuencias.
Antes de compartir una alarma, revisemos la norma. Y antes de grabar la vida ajena, recordemos que la seguridad propia no concede permiso para invadir la privacidad de los demás.
Lee también: IMSS: cuando quienes cuidan la salud también tienen que salir a defender sus derechos
El Cronopio
Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.
Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.
Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.
A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.
Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.
Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.
Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.
Lee también: María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano
Letras minúsculas
Bondades epidérmicas | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Hay una clase de simpatía que a mí me ha parecido siempre odiosa a la vez que sospechosa. Es la simpatía etérea del que sonríe siempre, pero más como una pose y un artificio que como una manera de obsequiar a las personas. Aunque todo el tiempo hay una sonrisa estampada en su rostro, esa sonrisa nunca es para nadie: es una sonrisa sin dedicatoria, por decirlo así.
Cuando llegas a su oficina, el bondadoso ficticio se levanta como impulsado por un potentísimo resorte, te estrecha la mano con efusión y te ofrece un caramelo abriendo cortésmente su bombonera de cristal cortado. Quien lo viera, diría que está recibiendo a un viejo amigo, a un compañero de cien batallas, aunque en realidad no te conoce y, siendo sinceros, ni quiere conocerte. Dando diez mil rodeos te pregunta tu nombre y, cuando se lo dices, pareciera que lo guarda en lo más hondo de su corazón.
-¿Me ha dicho usted que se llama Abel? –dice poniendo los ojos en blanco-. Bonito nombre, en verdad. El primer mártir de la historia se llamaba como usted.
Y con estas palabras u otras parecidas se pone a divagar sobre la historia sagrada con el único y mezquino fin de salir del paso.
No obstante, cuando te lo vuelves a encontrar en algún pasillo de la vida ni siquiera te saluda porque tu rostro ya no le dice nada: simple y sencillamente te ha olvidado. “¿Por qué no me saludaría?”, te preguntas, poseído por una angustia casi suicida. Y como te faltarán otras cosas, pero no ingenuidad, lo abordas, creyendo que todo se ha debido a una lamentable inadvertencia, a una estúpida distracción de parte suya.
-Señor Estrada –dices estrujándolo con emoción-, ¡qué gusto me da volverlo a ver! ¡Qué dicha y qué honor!
Le estrechas la mano con la misma efusión con que él te estrechó la tuya en su oficina tras abrir la bombonera, francamente convencido de que, en aquel encuentro fugaz, algo profundo había nacido. Y el señor Estrada, claro está, sonríe, pero a la vez tartamudea, vacila, duda. Se pregunta para sus adentros: “¿Quién será este imbécil? ¿Es que no ve que tengo prisa?”, pero recobra la calma, se arregla la corbata y dice triunfal:
-¡Ah, es usted! No dejaba de preguntarme qué había pasado con mi querido amigo…
Tan pronto como dice: con mi querido amigo, se detiene, porque es necesario que diga tu nombre, y éste le es más inaccesible que el nombre del cuarto emperador de la dinastía Ching. Tú, sintiéndote profundamente desilusionado, dices: “Sánchez. Abel Sánchez”.
-Sí –dice el otro-, Abel Sánchez, como el inocente de la novela de Unamuno. ¿Sabe usted a qué novela me refiero y, sobre todo, quién es Unamuno?
En realidad, pasa a hablar de la novela para salir del atolladero en el que se ha metido. Y sale bastante bien librado, pues –para su suerte- ha leído la novela de Unamuno y puede contar la trama con pelos y señales, es decir, desviar impunemente la conversación. Por último, recomienda:
-Léala usted, amigo mío. Se llama Niebla, y podrá conseguirla en cualquiera de las librerías de nuestra ciudad. Léala usted. ¡No se arrepentirá!
Y se despide sonriente, amigable, para luego, como los perros, echarse a correr. Esta forma de amabilidad es muy común entre las grandes personalidades, aunque las hay menores que también la practican. Su objetivo es causar en sus visitantes e interlocutores una buena impresión, una especie de sentimiento de gratitud hacia su gentilísima persona. Aunque no lo confiesen abiertamente, todas sus atenciones y todas sus sonrisas están encaminadas a suscitar en los otros sentimientos de alabanza, si no es que hasta de adoración o incluso de idolatría: “¡Qué importante es este hombre y al mismo tiempo qué sencillo!”. Entre dos personas de igual jerarquía social, uno tiende a juzgar más importante al que nos trató mejor: he aquí una verdad del comportamiento social que estos amables hipócritas explotan de la manera más vil, pues, como afirma André Maurois
(1885-1967) en Un arte de vivir, “es fácil ser admirable cuando se permanece inaccesible”.Si no nos volviéramos a encontrar con estos tales, su batalla estaría ganada: los llevaríamos siempre en nuestro recuerdo como sólo pueden ser llevados los seres excepcionales, los próceres de la nación. Pero como con frecuencia no es así, pues para eso tendrían que irse a vivir a la luna, lo único que consiguen más tarde o más temprano es causar una honda pena.
“Ya conocía su bondad, pero una bondad epidérmica puede dañar mucho a la gente”, confiesa sinceramente indignado el personaje de una novela de Graham Greene (El que pierde, gana) al que su jefe, un hombre en estado de sonrisa permanente, invitó a Montecarlo y que luego lo dejó plantado por no recordar después la invitación. “¡Ya sé! –había dicho este hombre a su empleado apenas unos días antes-. Encontré la solución, señor Bertram. Usted y su linda mujer vendrán a mi yate. Todos mis huéspedes me abandonarán en Niza y Montecarlo. Allí los recogeré el día treinta. Navegaremos por la costa de Italia, la bahía de Nápoles, Capri, Ischia…”. Sí, todo muy bonito, pero cuando éste llegó a Montecarlo, varios días después del día treinta, ni siquiera se acordaba de la promesa que había hecho a estos dos pobres tontos que ya casi tenían que dormir en la calle por no tener con qué pagar la habitación del hotel. ¡Qué patán! ¡Y ellos que pensaban que su jefe los recordaría! Nada de eso: esta gente no se acuerda de nada, sino que sólo se limita a sonreír y a prometer.
La amabilidad no debe nunca ser etérea y sí, en cambio, llena de memoria; de lo contrario, más que amabilidad es una burla. Tenía razón François Mauriac (1885-1970), el novelista francés, cuando afirmó en Nudo de víboras: “Existe una cierta calidad de gentileza que es casi siempre señal de traición”.
Lee también: El elíxir de la vida
-
Destacadas2 años agoCon 4 meses trabajando, jefa de control de abasto del IMSS se va de vacaciones a Jerusalén, echando mentiras
-
Ciudad4 años ago¿Cuándo abrirá The Park en SLP y qué tiendas tendrá?
-
Ciudad5 años agoTornillo Vázquez, la joven estrella del rap potosino
-
Destacadas5 años ago“SLP pasaría a semáforo rojo este viernes”: Andreu Comas
-
Ciudad4 años agoCrudo, el club secreto oculto en el Centro Histórico de SLP
-
Estado3 años agoA partir de enero de 2024 ya no se cobrarán estacionamientos de centros comerciales
-
#4 Tiempos4 años agoLa disputa por el triángulo dorado de SLP | Columna de Luis Moreno
-
Destacadas4 años agoSLP podría volver en enero a clases online










