#4 Tiempos
Reflexiones a un año de la pandemia (parte I) | Columna de Andreu Comas García
La Ciencia de la Salud
En México se detectó oficialmente el primer caso de SARS-CoV-2 (virus causante de la enfermedad llamada covid-19) el 28 de febrero del 2020. Al día siguiente ya eran 4 casos, todos importados. Hasta ese momento, dichos casos parecían algo anecdótico y el subsecretario Dr. Hugo López-Gatell lo minimizó diciendo “que ni siquiera era equivalente a influenza”. Bueno, al final el tendría razón, pero en el sentido opuesto.
El 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia de covid-19. Para entonces, en México habían pasado 13 días desde el primer caso y se contaban oficialmente otros 10 diez casos más. El 18 de marzo cuando se contaban con 118 casos y 1 defunción, el gobierno empezó a “implementar las primeras medidas para frenar los contagios de covid-19”. Cabe mencionar que parecía que para entonces el gobierno no le preocupó el comportamiento explosivo del brote en el Sureste Asiático o en Europa. Es decir, México no se estaba tomando en serio la magnitud de la epidemia.
Un buen ejemplo de la falta de seriedad y planificación fue el hecho de que el Gobierno de México a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, había vendido durante enero y febrero del 2020 al Gobierno de China equipo de protección contra el covid-19. Como la lógica lo dictaba, para mayo del 2020, el Gobierno Mexicano tuvo que comprar insumos médicos provenientes de China.
Desde el principio los mexicanos tuvimos mensajes encontrados con respecto a la pandemia. Por un lado, el Dr. Hugo López-Gatell anunciaba una “Fase 1” en la cual se pedía a los ciudadanos quedarse en casa para labores no esenciales. Pero al mismo tiempo, el presidente Andrés Manuel López Obrador acusaba a los medios de exagerar el brote de covid-19 y recomendaba que nos siguiéramos abrazando. De hecho, los mexicanos tenemos dos tipos de mensajes contradictorios, por un lado, tenemos lo que dice el gobierno y la que observamos en nuestra realidad cotidiana o entre lo que nos recomienda el gobierno y lo que nos recomienda la ciencia.
Otros mensajes encontrados -en este caso con la comunidad internacional- era de que no servía el cubrebocas o que ya se había aplanado la curva o que el presidente no usaba cubrebocas por que no era una fuerza de contagio sino una fuerza moral. De hecho, estos mensajes que se contraponen han sido parte de la causa de esta catástrofe (sanitaria, social, económica, cultural, educativa, etc.).
Para finales de marzo ya se habían cerrado las actividades no esenciales y el Subsecretario López-Gatell haciendo alarde del sistema de vigilancia centinela diseñada para influenza, no recomendaba el uso masivo de pruebas de PCR para la detección de casos y sus contactos. De hecho, el gobierno entorpeció -inicialmente- el mecanismo para que laboratorios de la academia y privados rápidamente pudieran ofertar el diagnóstico de SARS-CoV-2.
¿Por qué no era útil usar el sistema centinela de influenza?, Primero, por que no se conoce el comportamiento del SARS-CoV-2, así que no puedo extrapolar los resultados. Segundo, porque uno de los objetivos de la detección es el asilamiento de los casos y sus contactos para cortar la cadena de transmisión, y para eso no esta diseñado este sistema.
Hasta la fecha, México ha sido uno de los países que menos pruebas realiza para la detección de covid-19. Al 1 de marzo del 2021, nuestro país tiene en los último siete días un promedio de 15 pruebas por cada 100 mil habitantes. Esta tasa es la menor del continente americano y está solo por encima de los siguientes países: Indonesia, Sudán del Sur, Mozambique, Etiopia, Senegal, Togo, Costa de Marfil, Nepal, Pakistán, Zimbawe, Bangladesh, Uganda y Taiwán.
A pesar de que, el Dr. Hugo López-Gatell ha repetido continuamente como un mantra la frase de que “no tiene utilidad hacer detección masiva de pruebas de covid-19”, esto no es verdad. La detección masiva de casos sintomáticos y el seguimiento de sus contactos, llevará a la detección de casos asintomáticos. Esto permite hacer seguimiento y asilamiento adecuado de la cadena de transmisión, con lo cual se pueda parar la epidemia. Además, esto nos permitiría tener cifras más adecuadas a la realidad. Eso sí, no dejaríamos de ser el país con la mayor tasa de mortalidad de covid-19, aunque sí se reduciría su tasa de letalidad. La detección y control de la cadena de transmisión evitaría el cierre general de actividades productivas y escolares.
La falta de planeación y preparación durante este último año se ve reflejado dentro del Ranking de Resiliencia COVID el cual ubicó a México en último lugar (el lugar 53 con 37.6 puntos de 100 posibles). En el análisis del Instituto Lowy de Australia, México ocupó el lugar 98 de 99 en el manejo de la pandemia (solo rebaso a Brasil).
¿Qué consecuencias ha tenido la falta la planeación y preparación de la pandemia? Para el 1 de marzo del 2021 hay reportados 2,086,938 casos oficiales. Sí multiplicamos este número por el número de casos no detectados por el Instituto Nacional de Salud Pública, estamos hablando que se han infectado 52,173,450 mexicanos (58.4% de la población mexicana).
Para la misma fecha, según datos oficiales hay 185,715 defunciones (pero sí corregimos por el factor del INEGI serían 268,915 defunciones o según los cálculos del Dr. Raúl Rojas de la Universidad Libre de Berlín serían 464,288 defunciones). Es decir, México es el país con la mayor tasa de mortalidad por COVID19 con 366.8 defunciones por cada 100,000 habitantes -el que le sigue es el Reino Unido con aproximadamente 192 defunciones por cada 100,000 habitantes-.
De acuerdo con el INEGI para inicios del 2021 debido a la pandemia-y su manejo- se ha desplomado la economía mexicana en un 8.5%. Esto es el peor desempeño desde la Gran Depresión (1932). Hasta el 3 de diciembre del 2020 han cerrado 1 millón de Mipymes. El 86.6% de las empresas del país han reducido sus ingresos y se calcula que la pobreza en México crecerá del 11.1% al 15.9%.
La conclusión de esta primera parte es que el Gobierno Federal centró su estrategia en proteger la economía. Pero como hemos podido leer y vivir, esta estrategia no solo fallo en mitigar el brote evitando infecciones, hospitalizaciones y muertes, también fallo en proteger a la economía.
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#4 Tiempos
El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villoro Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villoro Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía.
Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.
Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM.
En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villoro en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.
Luis Villoro nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.
La trayectoria intelectual de Luis Villoro, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.
En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.
Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.
En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía.
La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.
Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.
Luis Villoro Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villoro murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.
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#4 Tiempos
Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego
LETRAS minúsculas
Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:
–¿Alguien quiere este billete?
Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?
El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:
-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.
Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!
Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.
-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.
Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.
-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.
El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:
-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?
Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…
Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.
Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.
El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.
Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:
-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?
-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.
-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?
El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…
¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.
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El Cronopio
El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash
EL CRONOPIO
J.R. Martínez/Dr. Flash
En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.
Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.
Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.
En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.
Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela , la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.
En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).
Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.
En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.
Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.
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