#Si SostenidoMosaico de plumas

Recrear y reencarnar | Columna de Andrea Lárraga

Mosaico de plumas

Por Andrea Larraga:

 

¿Qué une a las personas? ¿Los ejércitos? ¿El oro? ¿Las banderas? Las historias. No hay nada más poderoso que una buena historia.” Afirma Tyrion en el último episodio de Juego de Tronos. Un conclusión amarga y decepcionante para nosotros los seguidores de la serie.

Pero si hay algo rescatable del final son esas líneas por parte del gnomo. ¿Qué nos hizo sentarnos domingo tras domingo a las 8 pm frente al televisor? La historia.

Una historia que combinaba todos los sentimientos y acciones de la humanidad. Personajes que nos hacían sentir cual quiere combinación de pasiones.

Desde el odio irracional a la figura de Joffrey hasta la desesperación por la idiotez de Jon Snow. Mención especial para Ghost, una historia de fidelidad y amor que sólo quién ha tenido un perro puede reconocer en la creación por CGI.

Así como nos hemos sentado frente a la pantalla chica para seguir una serie, nos sentamos en una cafetería a escuchar las vivencias de nuestras amistades. Sus vivencias se convierten en la nuestra.

De tal forma que repetimos las mismas historias una y otra vez con los amigos de borrachera. Historias que nos recuerdan que el pasado siempre será mejor que el presente, pero el presente es un campo fértil para sembrar nuevas historias.

Los mejores días de mi vida están llenas de historias. Esos momentos que se adhieren en la memoria y tienes la necesidad de transmitir a la menor interrogación. La respuesta bien a la típica ¿Cómo estás? Se convierte en un discurso de varios minutos.

En cada etapa de nuestra vida las historias nos acompañan. Nacemos consecuencia de la historia de dos personas que se encontraron en algún punto de la narración. Somos producto de una historia y seremos la misma historia. Somos educamos por medio de historias. Los miedos son incorporados en nuestra mente gracias a las historias. Las historias de los niños que mienten y les crece la nariz, o peor son devorados por el lobo.

Creemos en el amor romántico gracias a las historias de los grandes amantes. Soñamos con príncipes por culpa de las historias que nos enseñó Disney.

Y cuando nos damos cuenta de que esas historias no son verdad, nos llenamos la mente de historias de perdedores e infidelidades. Creemos estar listo para ser médicos porque Doctor House es nuestro testimonio de la vida médica.

Nuestra almohada no será de plumas por temor que las palabras de Quiroga se vuelvan realidad. Nuestros sueños pueden cambiar por la historia que conozcamos. Las historias pueden ser inspiradoras, pero también nos pueden destruir por la forma en que está contada. Al morir sólo seremos un relato. No sé si muy digna de ser contada, pero sí historia.

Por último, no hay nada más agradable en la vida que coincidir con un gran contador de historias. Ese familiar, amigo o profesor que sabe relatar por medio de la lengua los acontecimientos vividos por él.

Es probable que no estuvo presente de cada uno de los relatos, pero la manera de transmitir lo vuelven parte de la historia. La piedra filosofal no se encuentra en la alquimia sino en la capacidad de escuchar y contar historias.

 

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