agosto 1, 2026

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Raúl Arias, el legendario entrenador de equipos potosinos

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El ex futbolista ha estado 44 años ligado a la historia del futbol en el estado, en ellos recoge éxitos que no tienen comparación

Por: Daniel Rocha

La historia de Raúl Arias con el futbol potosino comenzó hace 44 años, específicamente en 1978, cuando todavía era futbolista y fue presentado como jugador de los Cachorros del Atlético Potosino, equipo con el que jugó durante cuatro años. Veintisiete años después, Arias regresó a San Luis como director técnico para comenzar su historia dorada en el futbol potosino.

Arias llegó al Club San Luis en el Apertura 2005, a falta de dos jornadas de terminar el torneo regular. En esos partidos Arias consiguió la victoria contra el Monarcas Morelia en el Alfonso Lastras y una derrota contra el Atlas en el Jalisco.

En el Clausura 2006, el San Luis tenía el objetivo de salvarse del descenso, una meta que solo se completó hasta la jornada 17: El 29 de abril de 2006 San Luis derrotó 2-1 al Atlas en un partido de infarto. Al minuto 87, el equipo potosino perdía 0-1, pero en el minuto 88 Alfredo González Tahuilán empató y en el 92 Marcelo Guerrero anotó el gol que salvaba a San Luis del descenso, mientras su rival en la lucha por el descenso, Dorados de Culiacán, encabezados por Pep Guardiola, no lograron ganar su partido y descendieron.

Ese torneo, San Luis terminó en quinto lugar con 29 puntos. En los cuartos de final se midió al Atlante. En el partido de ida, celebrado en el Alfonso Lastras ganó 1 a 0 con gol del brasileño Didi. En la vuelta el marcador fue 0 a 0 dándole el pase a los potosinos.

En las semifinales, el San Luis se midió contra el Toluca, en el partido ida en territorio mexiquense, el San Luis venció 2 a 1, los goles de los potosinos fueron de Leonel Olmedo al 41 y de Ángel Reyna al 62; el descuento de los toluqueños fue de Manuel Abundis. En la vuelta, el marcador también terminó 2 a 1 con goles de Ángel Reyna en el minuto 18 y de Octavio Valdez en el minuto 50. Israel López hizo el gol de la honra para los mexiquenses.

De esta manera, el San Luis jugaba su única final de Primera División en contra de Pachuca y que es recordada como una de las más aburridas de la historia. En juego de ida fue en el Alfonso Lastras el partido concluyó sin goles, en la vuelta, el Pachuca terminó como campeón con un penal polémico que terminó anotando Richard Núñez y que coronó al cuadro hidalguense por cuarta ocasión.

En el Apertura 2006, San Luis tuvo su peor torneo bajó las órdenes de Raúl Arias, en la que quedaron como decimotercer lugar con 20 puntos.

Para el Clausura 2007, el Club San Luis concluyó en séptima posición por lo que pudo entrar a repechaje. En la repesca, se enfrentaron a Santos. En el juego de ida, San Luis venció por la mínima; en la vuelta, el conjunto potosino perdió 2 a 0 por lo que quedó fuera de la liguilla.

Durante el Apertura 2007, el cuadro auriazul concluyó en quinta posición, por lo que se enfrentaron a las Chivas del Guadalajara en la fase final del futbol mexicano, en el partido de ida, Chivas y Tuneros empataron a 1 gol en cancha potosina, el gol de los rojiblanco fue de Sergio Santana y por parte del San Luis fue de Alfredo Moreno. En la vuelta, los tapatíos derrotaron 1 a 0 con gol de Sergio Santana.

El 2008 fue un año glorioso para el San Luis, los auriazules quedaron por única vez de su historia como líderes en la Primera División, llegaron a las semifinales de la liguilla y se clasificaron para jugar por primera ocasión un torneo internacional: la Copa Sudamericana.

En el Clausura 2008 San Luis terminó en cuarto lugar, pese a esto tuvo que jugar repechaje frente a Pachuca, La serie terminó 2 a 2 pero los auriazules pasaron de ronda por posición en la tabla.

Los Gladiadores jugaron contra el Toluca. En el partido de ida celebrado en el Nemesio Díez, potosinos y toluqueños empataron a 1 gol; en el cotejo de vuelta ambas escuadras no se hicieron daño por lo que San Luis avanzó por mejor posición en la tabla.

Al alcanzar las semifinales, los Gladiadores del San Luis se midieron ante el Cruz Azul, el partido de ida se jugó en el Alfonso Lastras, los celestes ganaron 1 a 0 con gol de Miguel Sabah. Para el enfrentamiento de vuelta, los dirigidos por Arias irían a buscar todo para que un equipo potosino pudiera llegar a una segunda final, pero desafortunadamente no les alcanzó. Celestes y auriazules empataron a un gol, las anotaciones cayeron por Ceballos para Cruz Azul y Coudet para el San Luis.

Durante el Apertura 2008, el San Luis jugó Copa Sudamericana y quedó en primer lugar del torneo local. En la Copa Sudamericana, San Luis en la Primera fase se enfrentó al Deportivo Quito. En el duelo de ida, el conjunto potosino ganó 3 a 1 en el Estadio Alfonso Lastras con goles del San Luis de Víctor Píriz Alvez, Braulio Luna y Eduardo Coudet. En la vuelta, San Luis perdió 2 a 3, pero seguía vivo en el certamen internacional.

En los octavos de final, San Luis jugó contra Argentinos Juniors. En el partido de ida, los potosinos vencieron 2 a 1, con anotaciones de Braulio Luna al minuto 24 y de Tressor Moreno al 40, el descuento de los Argentinos fue de Pavlovich al 78. En la vuelta, los Bichos Colorados ganaron 2 a 0 con goles de Pavlovich y de Gabriel Hauche.

San Luis quedó como primer lugar general con 29 puntos, y en la liguilla se enfrentó a Santos. En el partido de ida, celebrado en el Estadio Corona, el cuadro de Coahuila ganó 3 a 1. Las anotaciones fueron de Daniel Ludueña al 34 y de Matías Vuoso al 78, además de un autogol de Alfredo González Tahuilán, el descuento lo hizo Víctor Píriz Alvez. En la vuelta, San Luis perdió 2 a 1, el gol del San Luis fue de Jairo Patiño al 16, los goles de Santos fueron de Cuauhtémoc Blanco al 82 y de Daniel Ludueña al 86.

Al siguiente torneo, Raúl Arias fue al Necaxa para intentar salvarlos del descenso, aunque los hidrocálidos perdieron la categoría.

Tuvieron que pasar 7 años para que Raúl Arias pudiera regresar a dirigir en tierras potosinas, específicamente en el 2015, pero, en el Ascenso MX y con una franquicia nueva, es decir, el Atlético San Luis.

En el Clausura 2015, San Luis terminó en el primer puesto del Ascenso MX, debido al formato que había en la competición, los auriazules clasificaron directo a las semifinales.
Durante las semifinales, San Luis se enfrentó a Correcaminos, en Tamaulipas, el corre venció 2 a 0, con anotaciones de Alejandro Berber al 68 y de Saucedo al 82.

Ya en la vuelta, el San Luis venció 2 a 0 a los Correcaminos, Leandro Carrijo hizo el primero con un zapatazo desde fuera del área, el segundo lo hizo Orlando Pineda en un tiro libre desde el medio campo y calificaron a la final.

En la final, se jugó contra Dorados de Sinaloa, en el encuentro de ida, el San Luis perdió 3 a 0. Los goles del partido fueron obra de Raúl Enríquez, al minuto 45, Diego Mejía, de penal al 53, y Rodrigo Prieto cerró la cuenta al 74. En la vuelta, el San Luis ganó 1 a 0 con gol del “Quesos” González, el San Luis no pudo coronarse.

Para el Apertura 2015, el San Luis fue desmantelado por algunos problemas financieros que tenía el club, por lo que quedó en novena posición con 21 puntos y no pudo calificarse a la liguilla del Ascenso. Así concluyó la última etapa de Raúl Arias como director técnico del San Luis.

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Columna de Nefrox

El último partido | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

Hay partidos que se recuerdan por el marcador.
Y hay otros que se recuerdan porque, sin saberlo, fueron una despedida.

El 14 de febrero de 2006, un joven Andrés Guardado pisó la cancha del Alfonso Lastras con la camiseta del Atlas. Era apenas un futbolista que comenzaba a llamar la atención, uno de esos talentos que prometían mucho, pero que todavía no cargaban con el peso de las expectativas. Meses después estaba jugando en Europa y aquella terminó siendo la última vez que San Luis lo vio con un equipo mexicano en muchos años (Andrés volvió a San Luis con León en 2025).

Nadie lo sabía esa noche.
Las despedidas importantes casi nunca avisan.

Veinte años después, el Alfonso Lastras vuelve a recibir a un futbolista que parece destinado a cruzar el océano más temprano que tarde.

Gilberto Mora.

Y cuesta trabajo no pensar en aquella imagen de Guardado. No porque sean el mismo jugador.
No porque sus carreras tengan que seguir el mismo camino. Sino porque ambos llegaron a San Luis con esa extraña sensación que producen los futbolistas diferentes. Esos que uno disfruta sabiendo que probablemente no volverá a ver muchas veces por aquí.

Gilberto Mora juega con una naturalidad que desarma. Hay jóvenes que parecen apresurados por demostrar que son buenos.
Él no.
Parece jugar convencido de que el tiempo siempre le pertenece. Recibe, levanta la cabeza, espera medio segundo más que los demás y, cuando todos creen que perdió la oportunidad, encuentra un pase que nadie había visto. Eso no se enseña. Eso aparece muy de vez en cuando.

Por eso resulta tan difícil hablar de él sin caer en exageraciones. Pero también sería injusto esconder la emoción.

Y entonces aparece una idea inevitable.

¿Y si de verdad estamos viendo al futbolista mexicano con el techo más alto de todos?

La historia siempre será cuidadosa con esas afirmaciones.
Antes estuvieron Hugo Sánchez, Rafael Márquez, Andrés Guardado y muchos otros que hicieron carrera durante dos décadas.
Gilberto apenas comienza.

Pero hay algo en su manera de entender el juego que invita a pensar en grande. Muy grande.

Por eso su visita al Alfonso Lastras tiene un valor distinto. No es solamente Tijuana enfrentando al Atlético de San Luis.
Es la posibilidad de ver, quizá por última vez en esta ciudad, a un futbolista que dentro de unos meses podría estar recorriendo estadios europeos.

Así pasó con Guardado. Un día vino como un joven prometedor. Al siguiente ya pertenecía a otro fútbol.

A veces el fútbol tiene estos pequeños regalos.
Nos permite ver el principio de historias que después terminan contándose desde muy lejos.

Quizá dentro de quince o veinte años alguien recuerde que Gilberto Mora jugó una noche en San Luis antes de convertirse en la figura que todos imaginaban.
Quizá no.
El fútbol también sabe romper pronósticos.

Pero si algo ha demostrado este muchacho es que los escenarios parecen quedarle pequeños.
Y cuando eso sucede, normalmente el siguiente destino está del otro lado del Atlántico.

Si este termina siendo su último partido en el Alfonso Lastras con la camiseta de un club mexicano, habrá valido la pena detenerse un momento para verlo.

Porque los grandes futbolistas no solo dejan goles o asistencias. También dejan recuerdos.
Como aquel muchacho de cabello largo que una noche de febrero de 2006 jugó con el Atlas antes de conquistar Europa.
Y como este adolescente que hoy viste los colores de Tijuana, pero que da la impresión de estar de paso.

Porque hay talentos que pertenecen a un equipo.
Y hay otros que, desde muy temprano, parecen pertenecer a la historia.

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#4 Tiempos

Presupuesto de Apertura 26 | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

El torneo ha comenzado y no de la mejor forma para el Atlético de San Luis. Más allá de la derrota en la jornada 1 frente a Cruz Azul en casa, lo verdaderamente preocupante es lo complicado que se ven las primeras fechas para el equipo potosino, las ocho primeras jornadas parecen duelos difíciles de superar, sumado al fuerte compromiso de la Leagues Cup, lo que no parece dar muchos ánimos y más bien se pide paciencia tanto para jugadores como para la afición. Pero hagamos el presupuesto de puntos, como cada inicio de torneo.

J1.- Cruz Azul: derrota 0 puntos
J2.- Tigres: derrota 0 puntos
J3.- Tijuana: empate 1 Punto
J4.- América: derrota 1 Punto
J5.- Pachuca: derrota 1 Punto
J6.- Monterrey: derrota 1 Punto
J7.- Chivas: derrota 1 Punto
J8.- León: derrota 1 Punto
J9.- Necaxa: victoria 4 Puntos
J10.- Pumas: derrota 4 Puntos
J11.- Santos: victoria 7 Puntos
J12.- Toluca: derrota 7 Puntos
J13.- Querétaro: victoria 10 Puntos
J14.- Atlante: victoria 13 Puntos
J15.- Atlas: victoria 16 Puntos
J16.- Juárez: victoria 19 Puntos
J17.- Puebla: victoria 22 Puntos

Según el presupuesto, los 22 puntos serán insuficientes para una clasificación a la liguilla, pero aún más preocupante es la baja suma de puntos en las primeras jornadas, llegando a la semana 9 del campeonato con apenas una victoria y solo 4 puntos, esto debido al complicado calendario que tiene el cuadro potosino.

El panorama no es alentador para un equipo que se ha reforzado poco y ha perdido al jugador más valioso de la temporada pasada, un equipo que no se vio bien los campeonatos anteriores y que no promete un futuro distinto. La afición tendrá que ser paciente y entender que la reestructuración parece no ser completa en el plante

l, que las cosas pueden mejorar pero no lucen bien y menos con la forma en que el calendario se ha acomodado terriblemente para el equipo.

Por otro lado, creo que la directiva y cuerpo técnico saben bien a qué se enfrentan, conocen sus debilidades y saben lo complejo que parece el torneo en puerta, seguramente la planeación del campeonato no los tomó por sorpresa y sepan bien cuál es la ruta a seguir bajo esta circunstancia, a su vez, tranquilizar a los jugadores que seguro serán los más golpeados si los resultados no se dan.

Del lado de la afición y jugadores, queda cerrar filas, parece que se avecina un torneo más para el olvido, de esos que se va a sufrir más que gritar el gol a favor, ojalá yo esté equivocado, pero parece que no será así, parece que el destino está marcado y no suena muy alentador.

Toca esperar, apoyar, trabajar y sobre todo aguantar, que este proyecto sume y que encuentre en su humilde plantel, jugadores que demuestren y levanten la mano en un torneo en donde el presupuesto se ve, más que complicado.

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De las Malvinas al Azteca y del Azteca a Atlanta: Argentina vs Inglaterra y una guerra que no termina

Argentina llega como vigente campeona del mundo. Inglaterra busca su primera Copa en 60 años. Entre los dos equipos hay una guerra, un Maradona y 44 años de historia sin resolver.

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La Guerra de las Malvinas ya no se pelea con fusiles. Se pelea con la voz y, en especial, con un balón

Por: Carlos Ruíz Espinosa

Tras su sufrido triunfo ante Suiza en Cuartos de Final, los jugadores de la Selección Argentina cantaron. No cantaron cualquier cosa: cantaron que las Malvinas son argentinas. “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”. Era la víspera de una semifinal de Mundial, una que marcará el capítulo más reciente de una historia que lleva 44 años sin resolverse.

Hoy en Atlanta, la campeona del mundo enfrenta a una Inglaterra que busca su primera Copa en 60 años. Esos 60 años no son un número cualquiera. La última vez que Inglaterra levantó el trofeo fue en 1966, en la tierra donde el futbol nació.

Fue ese año cuando el árbitro alemán Rudolf Kreitlein expulsó al capitán argentino Antonio Rattín en los Cuartos de Final donde la Albiceleste se enfretaba a los locales. Rattín no quiso salir. Tuvo que ser escoltado por la policía. Inglaterra se acabó llevando la victoria por la mínima con un tanto de Geoff Hurst.

Al final, el técnico inglés Alf Ramsey se negó a que sus jugadores intercambiaran camisetas con los argentinos y los describió en la prensa como “animales”. Los argentinos llamaron a ese partido “el robo del siglo“. Dieciséis años después… llegó la guerra.

El 2 de abril de 1982, Argentina invadió el archipiélago que llama Malvinas y que Gran Bretaña llama Falkland. El conflicto duró 74 días. 

La guerra fue breve y fue una catástrofe. El general Leopoldo Galtieri, heredero de Jorge Rafael Videla al frente de una junta militar que llevaba seis años desapareciendo y torturando a su propio pueblo, ordenó la invasión como una apuesta desesperada: necesitaba una causa nacional que enterrara la crisis económica y los crímenes que el régimen acumulaba. La apuesta salió mal.

Los soldados que enviaron a las islas eran en su mayoría reclutas de 18 y 19 años, muchos de provincias tropicales del norte argentino, sin entrenamiento para el frío ni equipamiento suficiente. Llegaron al invierno con ropa inadecuada, mal alimentados, a veces abandonados por sus propios oficiales que dormían en casas mientras los reclutas se congelaban en trincheras.

Frente a ellos, un ejército profesional que recorrió 13,000 kilómetros para recuperar unas islas donde vivían menos de dos mil personas.

El 2 de mayo de 1982, el submarino británico HMS Conqueror hundió al crucero ARA General Belgrano cuando navegaba fuera de la zona de exclusión declarada por Gran Bretaña. Murieron 323 marinos argentinos. Fue el día más sangriento de la guerra y también su punto de no retorno: la flota sudamericana se retiró a sus puertos y no volvió a salir. Lo que quedaba de la guerra se disputaría en tierra, con pibes que no sabían bien por qué estaban ahí, contra soldados que sí.

El poeta Jorge Luis Borges, de ascendencia parcialmente británica, lo vio desde Buenos Aires y dictaminó con su ironía característica: “La guerra de las Malvinas es una pelea entre dos calvos por un peine.” Tres años después escribió el poema “Juan López y John Ward”, sobre dos soldados ficticios (uno por bando) que mueren en las islas sin haber cruzado una sola palabra. Los llamó víctimas de “unas islas demasiado famosas.”

Al final, murieron 649 soldados argentinos y 285 británicos. Argentina se rindió el 14 de junio de 1982. El Mundial de España comenzó al día siguiente. No hubo pausa. No hubo luto colectivo. Hubo futbol.

El caso de Osvaldo Ardiles relató el conflicto como ningún otro. Jugador del Tottenham Hotspur, el día después de la invasión jugó la semifinal de la Copa FA contra el Leicester City: la afición rival lo abucheó en cada toque del balón.

En las Falkland, su primo José Ardiles se desempeñaba como piloto de caza, y acabó muriendo en combate sobre las islas semanas después. Fue el primer piloto argentino en caer en la guerra. Ossie dejó Inglaterra sin saber cuándo volvería, pero sería el primer reflejo de la relación directa que tendría la pelota con las secuelas de las Malvinas.

La derrota en la guerra fue devastadora para un pueblo que, similar a lo que aconteció en el Mundial de 1978, recurrió al futbol para buscar la alegría que la actualidad nacional le quitaba

. El ídolo ya no iba a ser Mario Alberto Kempes como en ese torneo ni mucho menos Videla o Galtieri. El héroe albiceleste respondía al nombre de Diego Armando Maradona.

El 22 de junio de 1986, Cuartos de Final del Mundial de México 86. En el Estadio Azteca, ‘El 10’ metió dos goles contra Inglaterra que explican más sobre Argentina que cualquier libro de historia. El primero fue la mítica “Mano de Dios“. Diego saltó a disputar un balón con el portero Peter Shilton, y ante su falta de estatura, estiró la mano para acabar empujando la pelota a la red… el árbitro lo dio por bueno.

El segundo, en el que gambeteó a cinco ingleses en 11 segundos, fue una obra maestra catalogada como “El Gol del Siglo”. Ganaron 2-1. En un solo día, el ‘Pelusa’ se despachó dos de los tantos más icónicos en la historia del futbol, pero esos goles significaban mucho más que el pase a Semifinales.

En su autobiografía, Maradona lo escribió sin tapujos: “Aunque habíamos dicho antes del partido que el fútbol no tenía nada que ver con la guerra de las Malvinas, sabíamos que habían matado a muchos chicos argentinos ahí. Los mataron como pajaritos. Y eso era la revancha”.

Roberto Perfumo, ex jugador argentino, fue más claro todavía: “En 1986, ganarle a Inglaterra era suficiente. Ganar el Mundial era secundario para nosotros. Ganarle a Inglaterra era nuestro verdadero objetivo.”

La herida no se cerró en 1986, pero tampoco en 1998, cuando argentinos e ingleses se citaron en Octavos de Final del Mundial de Francia. Un primer tiempo trepidante que acabó 2 por 2 tras un golazo de Michael Owen y un icónico tanto de Javier Zanetti tras un tiro libre. La segunda mitad quedaría marcada por la expulsión del entonces joven David Beckham por una patada al ‘Cholo’ Simeone que convertiría al ‘Spice Boy’ en villano nacional por un buen rato. Los sudamericanos se acabarían imponiendo en penales.

El asunto menos se calmó en 2002, cuando en Corea-Japón, el mismo Beckham cobró el penal que eliminó a Argentina en la Fase de Grupos. Los de Marcelo Bielsa se fueron a las primeras de cambio de un Mundial al que llegaron como favoritos y, por primera vez desde la guerra, volvieron a caer ante los ingleses en semejantes instancias.

Simon Kuper, periodista y autor de Football Against the Enemy —el libro que exploró cómo el fútbol canaliza guerras y dictaduras en todo el mundo—, tituló su análisis de esta rivalidad en The Guardian en 2002 con una frase que hoy suena a profecía: “The conflict lives on.”

El conflicto sigue vivo. Los jugadores argentinos lo cantaron el sábado después de librar el encuentro ante los suizos. La diferencia, es que ya no se pelea con fusiles. Se pelea con la voz y, en especial, con un balón.

Hoy en Atlanta, Argentina defenderá su corona mundial contra una Inglaterra que lleva 60 años esperando repetir lo que logró en 1966, pero esto va mucho más allá de la gloria deportiva. Habrá nuevas generaciones en la cancha que no vivieron la guerra, pero que cargarán con su peso sin buscarlo.

Borges tenía razón: son dos calvos peleándose por un peine. Lo que el escritor no sabía, y seguramente no hubiera querido saber considerando cuánto odiaba al futbol, es que ese peine hoy tiene la forma de un boleto a la Final del domingo

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