octubre 20, 2026

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#4 Tiempos

Meditación sobre el infierno | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

¿Existe el infierno? Así lo cree el cristianismo. Pero, ¿cómo conciliar este lugar de tortura, esta eternidad de sufrimiento, con la existencia de un Dios apacible, bueno y misericordioso? ¿Pudo Dios haber creado un lugar de dolor infinito para castigo de sus hijos descarriados? La idea se nos antoja repugnante. Dios e infierno parecen ser términos que se oponen, que se rechazan entre sí.

Los teólogos más abiertos (por llamarlos de algún modo) dicen que el infierno es un mito de otro tiempo que nada tiene que ver con nuestra actual concepción de Dios; los menos abiertos, pero acaso más fieles a las enseñanzas de la tradición, se lanzan a hacer negociaciones con el dogma, diciendo:

-Bueno, es verdad que el infierno existe, pero acaso esté vacío. La Iglesia, que al canonizar reconoce la salvación de unos, nada se atreve a afirmar acerca de la condenación de otros: ni de Judas, el traidor, se ha atrevido a hacer la Santa Madre una condenación categórica. ¿Está Judas en el infierno? No lo sabemos…

Y, sí, tienen razón al decir esto último: nadie conoce la anchura y la profundidad del amor de Dios, pero, ¿habría que deducir por eso que el infierno está vacío?

A Dios gracias, ya pasaron los tiempos en que los predicadores se regodeaban describiendo las penas de los condenados, cual si les diera mucho gusto que estuvieran allí y sufrieran tanto; ya no insisten en hacernos oler la pestilencia de las aguas sulfurosas ni en obligarnos a escuchar, aunque sólo sea imaginariamente, el torrente brutal de sus blasfemias. Predicadores como el que aparece en el Ulises de James Joyce están ya, por fortuna, en franca decadencia, pero eso no quita que alguna vez, aunque sea en las grandes solemnidades de la vida,  se deban abordar estos asuntos.  Pero, ¿cómo?, ¿con qué palabras?

En efecto, las palabras Dios e infierno parecen contradecirse entre sí. Y, sin embargo, no por decir eso se resuelve el problema. ¿Qué ganamos con sólo enunciar la contradicción? Pero, pensemos: si el infierno no existe, entonces muchos crímenes horrendos quedarán sin castigar. Y si no hay castigo después de esta vida, ¿quién vengará a los mártires de la tierra? Este era el punto que más preocupaba a Max Horkheimer (1895-1973), un gran filósofo de nuestro tiempo, quien, aunque ateo, llegó a afirmar: «Hoy ya no podemos admitir que los seres vivientes que pululan en el universo tengan un alma inmortal y que, por lo mismo, después de su muerte, vayan a ser premiados y castigados por sus insignificantes acciones. Y sin embargo, pese a estas consideraciones, existe el profundo lamento de que no exista esa justicia de que hablan y siguen hablando la religión y la teología; en último análisis, esto es un motivo de tristeza. Todo hombre que lo sea verdaderamente no puede no sentir dolor al pensar que todos los horrores acaecidos en la tierra y que siguen acaeciendo aún hoy no hallen una compensación en eso que la religión llama eternidad».

Horkheimer no creía en la inmortalidad del alma; le parecía absurdo que ese animalito insignificante que es el hombre fuera a ser llamado a rendir cuentas tras su pequeña muerte. Y, sin embargo, que no fuera juzgado ni después ni nunca le parecía algo todavía mucho más absurdo. ¿Y las víctimas? ¿Y los asesinos? ¿Quién castigaría entonces a Hitler y a los demás? ¿Quién a los asesinos de todas las épocas y latitudes? ¿Los absolvería, pues, el olvido?

Para la teología católica, la existencia del infierno significa que Dios no es indiferente a lo bueno y a lo malo, que no le dan lo mismo las malas acciones que las buenas, pues si así fuera, ¿qué clase de Dios sería?

Cuando un delincuente se atreve a agredirnos (robándonos nuestro auto, por ejemplo, o secuestrándonos, o qué sé yo) nosotros esperamos, con toda razón, que la policía se ponga en movimiento y dé su merecido al malhechor; esperamos, para decirlo ya, que una instancia superior nos haga justicia. Pero si esta instancia se limita a cruzarse de brazos (porque está en complicidad con los bandidos, o por simple y pura incompetencia), ¿de qué respeto podría gozar entre los ciudadanos? Poco a poco la sociedad, minada por la impunidad, se vendría abajo.

Ahora bien, ¿qué diríamos de un Dios que, como muchas de nuestras policías latinoamericanas, tampoco hiciera nada? ¿No le faltaría algo a este Dios? Si al final de los tiempos abrazara a San Francisco de Asís con el mismo amor que al secuestrador más peligroso y que al narcotraficante más temido, ¿no diríamos que algo anda mal en la administración celestial de la justicia?

¿Y no es verdad, también, que cuando hemos sido ultrajados u ofendidos, con mucha frecuencia renunciamos a la venganza, diciendo: «Se lo dejo a Dios: que él dé a cada uno según sus obras»? Pero si Dios no venga ni castiga nada porque es sumamente misericordioso, ¿qué puedo entonces hacer yo?, ¿procurarme la justicia con mi propia mano?

El dilema no es nada sencillo: si, por un lado, digo que el infierno existe, me arriesgo a poner en entredicho la infinita misericordia de Dios; pero si digo que un espejismo, caigo en el peligro opuesto, es decir, convierto a Dios –como dirían los españoles- en un pasota moral.

Durante mucho tiempo –en mis años de estudiante de teología-, yo también llegué a pensar que acaso el infierno estaría vacío; disfrutaba hablando y oyendo hablar de la misericordia divina. Pero los años pasan y la vida le hace conocer a uno de cerca los meandros del corazón humano, sus abismos profundísimos. Y hoy, cuando he visto sufrir a muchos hombres y mujeres violencias y maldades indecibles e inimaginables, ya no estoy para nada seguro de que la misericordia y el amor se rechacen mutuamente, ni que la ternura excluya la justicia.

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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