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Los pendientes de Horacio Sánchez Unzueta en el Centro Histórico
10 años de proyectos frustrados para modernizar el primer cuadro de la ciudad
Por: Itzel Márquez
Horacio Sánchez Unzueta, fue gobernador de San Luis Potosí entre 1993 y 1997, y desde entonces ha sido una de las figuras políticas más influyentes y polémicas en el estado. Su más reciente labor fue la de coordinador ejecutivo del Consejo Consultivo del Centro Histórico de la ciudad de San Luis Potosí, la cual desempeñó desde el 2011 hasta hace unos días, cuando el gobernador Ricardo Gallardo nombró en su lugar a Juan Carlos Machinena. Después de 10 años en el cargo, vale la pena hacer una retrospectiva para considerar qué cambió en el Centro de la ciudad con Horacio.
Sánchez Unzueta hizo muchos compromisos y firmó convenios de colaboración; sin embargo, la mayoría de estas iniciativas quedaron sin concretarse:
Durante 2011, cuando se encontraba en su campaña rumbo a la presidencia, Enrique Peña Nieto firmó compromisos por todo México, entre ellos uno en San Luis Potosí para rehabilitar el centro. Horacio tomó el cargo de coordinador, por lo que la responsabilidad de la gestión era suya. Se anunció un mega proyecto que contaría con la colaboración de los gobiernos federal, estatal y municipal que consistía en la remodelación de la Alameda Juan Sarabia, para ello se volverían peatonales los tramos de las cuatro calles que la rodean (Constitución, Universidad y Manuel José Othón). La Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) proyectó la construcción de pasos a desnivel como la solución al tráfico; se agregó la edificación de la zona de transferencia para el transporte público, en donde se encontraría una biblioteca y el Museo del Ferrocarril. En su momento Sánchez Unzueta afirmó que la construcción terminaría antes de la conclusión del gobierno de Fernando Toranzo (2015), no obstante, solo se construyó la estación de transferencia.

Además, en marzo de 2016, el gobernador Juan Manuel Carreras, el entonces alcalde capitalino Ricardo Gallardo Juárez y Horacio Sánchez, firmaron un convenio de colaboración para trabajar en el repoblamiento e impulso de comercio y cultura en el Centro Histórico, entre las acciones previstas estaban: reordenamiento vial de la Alameda y un paso peatonal, rescate de los patios del ferrocarril y de las calles Mariano Arista, Julián de los Reyes, Independencia y Morelos. Tampoco se llevó a término.
Un mes después, en abril de 2016, comerciantes y funcionarios de bancos ubicados en la calle Álvaro Obregón, manifestaron su repudio ante Horacio Sánchez y solicitaron una indemnización, esto debido a las afectaciones que les causaron las obras en dicha calle, mismas que llevaban diez meses en proceso.
En mayo de 2018, Horacio Sánchez habló sobre la remodelación de la Plaza de Fundadores y añadió que una de las principales acciones sería la peatonalización del Centro Histórico, así como el cambio de sentido de la calle Julián de los Reyes.
Posteriormente, en julio del mismo año, el titular del Consejo Consultivo dijo que el siguiente paso previsto en la remodelación del Centro Histórico sería la rehabilitación de la calle Vicente Guerrero, lo que incluiría ampliación de banquetas, cableado subterráneo y sustitución de luminarias; acciones que, según afirmó, no se concretaron por falta de recursos económicos.
Durante diciembre de 2019, el titular del Consejo Consultivo del Centro Histórico mencionó que el proyecto de crear un paso a desnivel en la Alameda sobre Constitución no estaba descartado, pero por el momento no hay mayor información.
En septiembre del año pasado, Sánchez Unzueta afirmó que la rehabilitación del primer cuadro de la ciudad está al 80% esto en cuanto a su pavimentación.
Durante marzo de este año, Horacio Sánchez Unzueta informó sobre la reactivación de la restauración del Edificio Ipiña, esto por parte de inversionistas particulares, y aseveró que la Plaza de Fundadores también recibiría mantenimiento, lo que, hasta el momento, no ha arrancado.
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Siete altares, siete copas: La fe y la sed. Apuntes de Jorge Saldaña
APUNTES
Es jueves, siempre lo es.
En San Luis Potosí, el jueves no es un día de la semana, es un estado de la conciencia. Es el momento exacto en que la piedra cantera comienza a exudar un sudor frío, una mezcla de incienso y aguardiente. Hoy, las puertas de los siete templos se abren de par en par para recibir a los que buscan perdón, mientras que, a pocos metros, las puertas batientes de las cantinas reciben a los que buscan olvido.
La tradición dicta siete paradas. Siete altares donde se expone el cuerpo de un Dios que sufre. Pero en este “primer cuadro” de la ciudad, la geografía del dolor es compartida. El parroquiano camina la misma banqueta que el devoto, y a veces, son la misma persona.
En ese cuadro delimitado en el que, por cierto, hay más estaciones para el alivio del cuerpo que para el alivio del alma. (7 Iglesias y al menos 25 bares).
El poeta y ensayista, Alfredo García Valdez, lo supo escribir con el mejor tino: “la cantina es espacio y tema, forma, ambiente, sujeto y paisaje, ese laboratorio donde el alma se descompone para volverse a armar”.
Es el templo lo mismo que de vividores que periodistas, que el del albañil que carga el mundo o del cirujano que sueña con salvarlo. Allí, la melancolía se corona con la misma solemnidad con la que se corona de espinas al que va camino al Gólgota.
¿Qué diferencia hay entre el pecador que se arrodilla frente a la imagen de la Virgen de los Dolores, que el hombre que se desploma sobre la barra de El Tampico, La Montaña, o el Banco?.
Ambos cargan una cruz. Cristo cayó tres veces, y en el suelo falaz de una taberna, ¿quién no ha besado el polvo, literal o figuradamente?
Las caídas en la cantina obligan a levantar el propio peso porque ahí se cae a solas, mientras el cantinero —ese sacerdote de a deshoras— oficia la misa del último trago.
La última cena se repite en cada ronda. “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”, se traduce en el pan compartido y el vino que quema la garganta antes de que la tormenta estalle.
En las siete estaciones eclesiásticas, se recuerda el sudor de sangre en Getsemaní; en los siete bares, se suda el delirio de la derrota, del desamor, de la euforia y la tristeza perfumada de fiesta y del “sírveme otra” como si fuera el “hágase tu voluntad y no la mía”.
En la cantina también se comparte el vaso, la palabra, la herida y a veces la soledad : La que se tiene o la que viene.
Observo la procesión silenciosa de la fe y la ruidosa procesión de la sed.
Aquí cerca de San Agustín las velas se consumen rezando por los pecados del mundo. El sacrificio del cordero.
En la cantina de más adelante, los vasos se vacían urdiendo poemas que nadie escribirá. Es el punto de encuentro definitivo: el santo sufrimiento.
Unos lo entregan a la divinidad para que tenga sentido, otros lo ahogan en el alcohol para que deje de tenerlo.
Me quedo con esa imagen: la ciudad dividida entre el incienso y el paseo por el duro adoquín en el suelo que conecta lo mismo iglesias que cantinas.
Siento una profunda admiración por la fe que mueve los pies de los creyentes hacia los altares y al mismo tiempo siento una profunda admiración por la impredecible condición humana de aquellos que, a pesar de la caída, piden (pedimos con fe) una última ronda antes de que el mundo se acabe.
Una ronda más antes de la traición. Una ronda más antes de lo que viene, y que con mayor o menor sufrimiento, más o menos espinas y caídas, también nos va matar: la vida.
Es lo mismo cuando el cantinero avisa que es hora de cerrar que cuando el sacristán apaga la última vela.
Todos, tanto los fieles borrachos como los piadosos pecadores- caminamos hacia la misma noche.
Porque hay noches en las que el alma pesa y no siempre se sabe rezar, por lo tanto…se bebe. En este jueves, que siempre lo es, la ciudad lo entiende sin decirlo. Nadie interrumpe, nadie corrige. Es un mismo tránsito, algunos con fe, otros con sed, pero todos con algo encima.
Dos “tradiciones”, una milenaria y otra mundana. Las dos que se encuentran no en la moral, no en el juicio, sino en esa condición profundamente humana que no distingue entre el altar y la barra: el dolor, la caída y la posibilidad, siempre incierta, de poder volver a levantarse.
Culto Público, en jueves, que siempre lo es, pero no tan santo no es tan distinta la oración que el trago, ni la cruz del vaso.
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SLP registra afluencia récord en Semana Santa
La derrama económica podría acabar superando los mil 250 millones de pesos en todo el estado
Por: Redacción
En San Luis Potosí, la afluencia de visitantes para Semana Santa está superando las expectativas iniciales, generando ahora proyecciones de 800 mil turistas y hasta mil 250 millones de pesos como derrama económica.
Municipios con gran vocación turística como Ciudad Valles, Xilitla, El Naranjo, Aquismón y Tamasopo reportan llenos totales en parajes naturales y sitios emblemáticos.
Entre los puntos con mayor afluencia destacan las cascadas de El Meco y Minas Viejas en El Naranjo, los embarcaderos hacia la cascada de Tamúl en Aquismón, el paraje Puente de Dios en Tamasopo y las cascadas de Micos en Ciudad Valles.
También sobresalen el Jardín Escultórico de Edward James, la Media Luna y Real de Catorce, que registran cifras récord de visitantes.
De acuerdo con el área de Planeación de la Secretaría de Turismo (Sectur), del jueves 2 al domingo 5 de abril diversos destinos se prevé que alcancen el 100 por ciento de ocupación hotelera, además de una alta demanda en restaurantes y servicios como recorridos guiados.
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Ayuntamiento de SLP
Diego “El Cigala” conquista el Festival San Luis en Primavera
El cantautor español se presentó en la Plaza de Fundadores con un show lleno de flamenco, bolero y emoción
Por: Redacción
La Plaza de los Fundadores volvió a convertirse en el gran escenario cultural de San Luis Capital con la presentación del cantaor español Diego “El Cigala”, quien ofreció una noche cargada de flamenco, bolero y emoción como parte del Festival Internacional San Luis en Primavera.
Ante una plaza completamente llena, el intérprete conquistó al público con un repertorio que incluyó canciones de autores mexicanos, latinoamericanos y españoles, interpretadas con la intensidad de su característico cante flamenco, que logró una conexión inmediata con los asistentes.
Durante la velada sonaron algunos de sus temas más emblemáticos como “Lágrimas Negras”, “Piensa en mí” y otros boleros que forman parte de su repertorio internacional, provocando ovaciones y aplausos del público que acompañó cada interpretación en una atmósfera de fiesta y emoción.
Antes de que iniciara el espectáculo, el alcalde Enrique Galindo Ceballos, acompañado de la presidenta del DIF Municipal, Estela Arriaga Márquez, entregó al artista español el colibrí, símbolo del festival, como reconocimiento a su trayectoria y a su participación.
La noche también destacó el talento potosino con la participación del ensamble de guitarras Sul Tasto, que abrió el escenario y dio muestra de la calidad musical local.
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