agosto 18, 2026

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#4 Tiempos

Los infiernillos de gobierno y el beso del diablo | Columna de Óscar Esquivel

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Columna Óscar Esquivel

Desafinando

Olvidar para crecer, quedarnos como estamos

 

Lo que alguna vez fue nuestro, podría volver a serlo, es como olvidar lo que se tenga que olvidar, aun cuando los recuerdos queden sin lastimar. La palabras escritas quedan, son ideas del autor, algunas quedarán, otras se olvidarán y aquello que parezca lo que pensamos, nos quedará como aprendizaje, concordarán nuestro espíritu. Lo que es: para algunos las ideas son importantes, para otros son ridículas.

Cometeríamos un atentado contra nuestra inteligencia si todas las razones de las ideas, nos las apropiáramos. Entonces caeríamos en la confusión de no ser quienes quisiéramos ser.

Existen hombres que pretenden mover un yunque sólido de acero tan solo con la mente. Obvio, la gente lo llamará loco. En cambio, un hombre lleva cuerdas y hasta pide ayuda para mover aquella pesada mole, entonces es aplaudido y lo llamarán inteligente.

Entonces, nosotros los humanos pretendamos olvidar lo que en su momento dañó la esencia del país, causa rabia e indignación y no permite generar paz y felicidad. En sus enseñanzas,  Aristóteles mencionaba: “la más necesaria de todas las ciencias es olvidar el mal que alguna vez se aprendió”, “El olvido es señal de menosprecio, por lo tanto causa enojo”. Todas las cosas y causas son caducas, el principio y el fin se pudieran observar, si no nos aferramos a permanecer en un sitio. Olvidar eso hará que nos comportemos con un conducta digna, a cada uno se nos asigna o nos asignamos una responsabilidad en nuestro ámbito. Olvidar lo que en su momento funcionó es difícil, pero si algo dejó de enseñanza, tomémoslo, guardémosle y olvidemos la insistencia que fue lo mejor.

 

LOS INFIERNILLOS

Olvidar no significa borrar del todo el pasado, solo ayudará a replantear estrategias, pero de una cosa sí estamos seguros, en un gobierno tan complejo como el mexicano, cada sexenio tiene sus exaltaciones inyectadas por la adrenalina de alcanzar el poder, una droga que excita los sentidos y todos se creen que lo saben todo.

Andrés Manuel López Obrador llegó a cumplir lo prometido, y todo mundo se asustó. Bueno, para los más ricos: aeropuerto cancelado. Bien a bien las dudas existen del cómo o por qué, las razones solo las conocen los del poder y se cumplió. El tren maya, ¿necesario turísticamente?, digamos que sí. ¿Para la movilidad de todos?, es la duda ya que se convierte en proyecto regional: un diablillo con los Zapatistas como estorbo.

La guerra contra el huachicol: 118 inocentes palomitas que se dejaron engañar, al olor de la gasolina y al sabor del dinero. Ese es hasta ahora el resultado.

Tomas clandestinas todos los días, una fuerza pública que no se da abasto combatiendo a los ladrones de la delincuencia organizada, como también vigilando a los otros ladrones, dentro de la pulverizada Pemex, un diablo muy astuto, hábil y demoledor tiene a la petrolera mexicana al borde de un abismo.

El presidente y el equipo mantienen vigilancia continua, pero, ¿varios generales para un asunto como este?  Los operadores lentos o ignorantes no les quitan trabajo a sus jefes.

La pugna por la Guardia Nacional: ¿quienes serán los ángeles guardianes del orden y promotores de la paz?, simplemente avanza poco, mientras los demonios y ángeles de Luzbel, mantienen a raya a la población, con tanto homicidio, secuestro, trata y otros tantos inombrables delitos.

Con los infiernillos se construye el infierno mayor, los demonios que ahora se siente perseguidos se resguardaban en su infiernillo personal, donde resguardaron, repartieron y desmembraron la riqueza nacional, pero AMLO, en mi opinión debe mesurar el uso de la daga vengadora y atizar con “modo” a los infiernillos.

Las consecuencias comienzan a observarse y podrían ocasionar un verdadero infierno.

Con una aceptación del 80% de la población, en su manera de llevar la política del país, ese músculo de tanto golpear podría cansarse y después resentir la contraofensiva, el poder desgasta y es muy difícil recuperarse.

 

SAN LUIS DE LOS ÁNGELES

Olvidar, a los potosinos nos cuesta mucho trabajo. Somos una sociedad reacia a cambiar, porque no olvidamos, sea para bien o para mal, evolucionamos económicamente bien en algunas regiones como la ciudad y sus alrededores, pero hacia el interior, continúa creciendo la pobreza. Más de la mitad de la población potosina es pobre. ¿Será acaso, que tenemos herencia para no olvidar? En lo político quienes nos han gobernado, con algunas excepciones provienen del linaje de los gobiernos de los años 60, las mismas caras, los mismos apellidos con los mismos resultados.

Si menciono lo económico es porque la aportación del gobierno es muy pobre, poco entusiasta y eficiente.

El gobernador Carreras anunció hace dos años la construcción del brazo del distribuidor Juárez. Con la resistencia de la sociedad, lo llevó a cabo, autorizando el proyecto más caro, con recursos que regresó la automotriz Ford y con los fondos suficientes. Hoy solo se observan trabajando ocho obreros: las constructoras no les pagan a proveedores, la obra prácticamente detenida. Se le hizo un llamado a la cordura para que ese dinero se empleara en dar solución al tramo a la Zona Industrial de la carretera 57, y ahora él mismo se lamenta su equivocada decisión.

Las noticias corrieron que fue abucheado Juan Manuel Carreras en el evento con López Obrador en el municipio de Cedral. Sí lo abuchearon y ni las manos metió, pero corren rumores que los hábiles operadores con que cuenta el gobernador, solicitaron a presidentes municipales de la región que llevaran “porra” a favor del gobernador… se cree que no hicieron su chamba.

Con el beso del diablo, se le olvidó al gobernador que para mantener al PRI en la gubernatura del estado es necesario no haber impuesto a sus mismos “diablillos políticos” ¿No tendrá el jefe político quién le informe de la situación con la militancia y líderes en los municipios? Tal vez no les guste investigar a las fuerzas vivas con que contaba el Revolucionario.

El abanico de aspirantes a la gubernatura se le abrió más a Carreras, tres de oposición y uno del PRI, el beso del diablo está dado.

Nunca olviden: el ser auténtico implica sacrificio, pero tiene sus recompensas.

Nos saludamos pronto.

 

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#4 Tiempos

El filósofo de Lo Mexicano, Luis Villorio Toranzo | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

En 1950 El Colegio de México publicaba la obra: Los grandes momentos del indigenismo en México, escrita por Luis Villorio Toranzo, que iniciaba su trayectoria filosófica en México, después de graduarse en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se doctoró en filosofía. Bajo la influencia del filósofo español desterrado y que fuera Rector de la Universidad de Madrid, José Gaos, emprendió en el grupo filosófico Hiperion, el estudio del Ser del Mexicano y la producción de la filosofía de Lo Mexicano desde corrientes como el existencialismo, el historicismo y la fenomenología.

Aunque el interés en el tema del indigenismo al parecer tuvo sus raíces en las experiencias de juventud en el altiplano potosino, en la Hacienda de Cierro Prieto al noroeste de la ciudad de San Luis Potosí, donde la familia de su madre tenía sus raíces y donde viviría por un tiempo, antes de trasladarse a la Ciudad de México a estudiar filosofía en la UNAM. En dicha hacienda, al decir de su hijo el escritor Juan Villorio en su libro sobre su padre: la figura del mundo, le marcaría la escena de un campesino que al encontrarlo le saluda besándole la mano y refiriéndose a su persona como “patroncito”.

Luis Villorio nació el 3 de noviembre de 1922 en Barcelona, España; su padre un médico barcelonés y su madre una rica hacendada potosina. Tras el conflicto de la guerra civil española, su familia regresa a México y se instala en primera instancia en San Luis Potosí a fines de la década de los treinta.

La trayectoria intelectual de Luis Villorio, siempre estuvo en torno al tema de lo mexicano lo que lo llevó a estar de cerca y apoyar el movimiento zapatista en Chiapas al parejo de su vida académica en la UNAM.

En su pensamiento se subraya la convivencia social bajo el respeto entre culturas, exige reconocer al otro y construir comunidades que incluyan la diversidad, sin sacrificar la autonomía de las personas ni de los pueblos. Lo que le llevo a proponer enfoques para una democracia que reconozca la pluralidad de identidades.

Profesor de la UNAM desde 1954 en la Facultad de Filosofía y Letras de donde egresó, fue también investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas desde 1971 y

en el cual es nombrado Investigador Emérito en 1989, mismo año en que recibe el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades. En 1998 es nombrado Investigador Nacional Emérito de la UNAM.

En la creación de instituciones también tuvo participación, fue profesor fundador de la Facultad de Filosofía de Guadalajara y de la Universidad Autónoma Metropolitana unidad Iztapalapa haciéndose cargo de la dirección de la División de Ciencias Sociales y Humanidades. En 1978 ingresa a El Colegio Nacional y en 1986 recibe el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía. La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo le otorgó el Doctorado Honoris Causa en el 2002, y en el 2004 se lo otorga la Universidad Autónoma Metropolitana. Finalizando el año de 2007 es nombrado Miembro Honorario de la Academia Mexicana de la Lengua.

Respecto a su obra filosófica, el Centro de Estudios de Filosofía Mexicana la reseña: “La obra de Villoro no es posible clasificarla en una sola línea de investigación, pues su producción filosófica se desarrolló en varias vertientes a lo largo de su vida intelectual, por ejemplo: el campo de la historia de las ideas y de la filosofía de la cultura, la filosofía de la historia, la filosofía política, la teoría del conocimiento, la analítica, la ética, entre otras”.

Luis Villorio Toranzo, que se nutrió de la vida mexicana en el altiplano potosino es considerado uno de los más destacados representantes de la filosofía mexicana, siendo su obra una parte indispensable de la filosofía. Villorio murió en la Ciudad de México el 5 de marzo del 2014.

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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