julio 24, 2026

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#4 Tiempos

La raíz de una familia. Entrevista con mi abuelo

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En un viaje de introspección que duró lo que una entrevista, Deborah exterioriza a los lectores una de las relaciones más significativas en su vida

Por: Deborah Chavarría

El combustible de La Orquesta.mx siempre ha sido la vitalidad de los jóvenes periodistas potosinos. Como parte de un ejercicio para dar a conocer su talento, durante las próximas semanas publicaremos entrevistas y crónicas realizadas por los alumnos de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Queremos saber cuál es la visión de las chicas y chicos que, desde ya, son responsables de registrar la memoria de nuestra ciudad.

Hacía bastante tiempo que no me sentaba a platicar con mi abuelo, siendo franca no recuerdo la última vez que hablamos más allá de lo necesario. Habíamos acordado vernos en el café Versalles (a un costado de Palacio de Gobierno, en el centro de San Luis Potosí) a las cinco de la tarde; tenía que llegar temprano, pues a don Basilio no le gusta esperar.

Basilio Chavarría, nació el 30 de mayo de 1934 en el seno de una familia que le dio el oficio de carpintero, del que todos los Chavarría (o al menos la mayor parte) han vivido durante ya más de seis décadas.

Al llegar, encontré a mi abuelo sentado en la última mesa leyendo el periódico, con sus lentes enormes (que, cuando era pequeña, me fascinaba usar).

–¡Hija! –Dijo levantándose a darme un abrazo. –¿Cómo has estado?
La calidez de su saludo y la sinceridad de sus abrazos siempre me hicieron sentir en casa, y en últimas ocasiones, me hicieron temerle al tiempo (que por desgracia no se detiene). Noté sus ojos más cansados y sus movimientos más pausados que la última vez que nos vimos.

–¿Está listo para que empiece a preguntarle? – Dije apenas nos sentamos.
–No, ¿cómo crees?, si esto no es interrogatorio, vamos a comer primero.
Supuse que diría eso. Cuando niña me llevaba a ese mismo café cada que podía y comíamos pastel, según él porque toda pena podía curarla el merengue.
–En lo que nos traen la orden ¿por qué no empiezas, hija? –Me dijo con una sonrisa, que no recordaba haber visto hace muchos años. Estaba verdaderamente entusiasmado por la entrevista (tanto que incluso usó su mejor saco); siempre le emocionó ayudarme con encargos de la escuela, y por pequeño que pareciera el suceso, formaba una gran parte de nuestra cercanía abuelo-nieta.

Deborah: Está bien -sonreí- ¿Cómo se recuerda en su infancia?

Basilio: Qué pregunta… mira, era un chamaco como cualquier otro. En aquellos años lo único que me importaba era no perder mis canicas y no hacer enojar a mi papá. No era muy alto, ni muy rápido, ni muy fuerte, ¡pero ah como era listo!, era el más tremendo de todos mis hermanos, con los que había que estarse pelando para todo.

Hizo una pausa, y suspiró.

B: A pesar de nuestras limitaciones era un niño feliz, de verdad. Era una felicidad que no es fácil volver a alcanzar cuando uno se pone viejo y tiene que usar estas cosas. –Tomó sus lentes de la mesa y los guardó en el estuche, dentro de su maletín-.

B: Gran parte de mi infancia, lo que me fue formando desde chiquillo, fueron mis padres. Gracias a ellos mis hermanos y yo podíamos jactarnos de ser “menos peor” que los demás chamacos que conocíamos.

D: ¿A qué edad aprendió el oficio de la carpintería?
B: ¡Uy!, pues desde aquellos entonces; tendría yo unos 12 años cuando mi padre me empezó a llevar al taller. Y no creas, no estuvo fácil. Había veces que teníamos que pasar tardes enteras barnizando o cortando madera. Lo que hacía todo más ameno era que no estaba solo, siempre tuve a mis hermanos y mi padre conmigo.
Llegó la mesera con el café que don Basilio había pedido y mi refresco.
B: Perdón hija, me distraje con el café, ¿qué te estaba diciendo?

D: El taller y sus hermanos, me estaba contando a qué edad aprendió el oficio…
B: ¡Ah!, sí; te decía, no me pesaba porque era con mi familia con quienes trabajaba, y aunque hubiera los típicos roces que se dan en un taller de carpinteros, en donde hay quince pelados trabajando, siempre regresábamos juntos para la casa, donde mi mamá nos tenía listos unos buenos frijolitos y un café calientito. Desde entonces aprendí a trabajar, y supe que la vida se trataba de eso.

D: ¿Trabajo? ¿La vida se trata de trabajo?
B: Sí, definitivamente. Ya te darás cuenta con el tiempo. Uno vive para trabajar, como trabaja para vivir. Con esto no quiero decirte que todo es trabajo, para nada, la vida también se tiene que disfrutar, pero para poder disfrutar, hay que trabajar.
Me resultó curioso que lo dijera, pues es algo que mi padre siempre dice.

B: Ahorita que me preguntaste me acordé de la primera vez que usé barniz. Teníamos que barnizar 4 puertas para una casona de riquillos de aquellos años. Y mi papá nos confió una a mi hermano, Macario, y a mí, nos dijo “Ahí está, pa’ que se ganen unos pesos”. Total, ahí anduvimos un día entero y los otros carpinteros no nos decían nada, los muy méndigos.

Echamos capas y capas de barniz nogal. Para no hacerte el cuento tan largo, mi papá llegó a ver cómo nos estaba yendo, “¡Par de chamacos mensos! ¿No ven que está quedando muy oscuro?”, tremenda regañiza que nos pegó. Todos los demás condenados carpinteros se burlaron de nosotros. Esa vez tuvieron que decirle a la clienta que iba a quedar más oscuro de lo esperado, y gracias a Dios no hubo problema.

D: ¿Y cómo recuerda su juventud?
B: Fue la etapa más hermosa de mi vida. Era muy feliz también, pero de una manera distinta a cuando era niño; esta felicidad la encontraba o la tuve, más bien, en cosas más amargas. Amigos, trabajo, pero principalmente, lo que marcó mi juventud fue una muchacha, Rosa; no te vayas a enojar porque no es tu abuelita.


Sus chistes eran los mismos de siempre, pero, aunque los hubiese escuchado cien veces antes, lograba sacarme una sonrisa.

B: Rosa no me quería para nada, es más, como se suele decir, no quería verme ni en pintura. Resulta ser que mi hermano Macario había pretendido a una prima de Rosa, pero hizo tantas estupideces que hasta a mí me llegó la mancha. Hice lo que pude para que se fijara en mí. Jamás pasó.

D: ¿Cómo era usted en ese entonces?
B: Más listo que cuando chamaco. Estaba en la flor de la juventud, vivo en toda la extensión de la palabra. Me peleaba con todo el que me mirara feo, según yo para hacerme el macho.
-Rió un poco y tomó un sorbo de su café-.

B: No sé qué quería probar con eso.

D: ¿Hubo algún suceso o etapa que marcó su vida?
Don Basilio dejó a un lado su taza, y su semblante cambió. Se puso serio y evitaba mis ojos. No recordaba haber visto a mi abuelo así, quizá porque nuestras conversaciones nunca fueron tan profundas.
B: Si, la botella.

D: ¿Tomaba mucho?
B: Como endemoniado. Agarré el vicio después de casarme con María, cuando nació tu tío Juan. Los carpinteros del taller en el que trabajaba, antes de poner el nuestro en León García, me invitaban casi diario a la cantina. Sentía que la botella me sacaba, aunque fuera un rato de todo aquello, idea que obviamente estaba mal. Era un ambiente muy sórdido.
-La mesera llegó con nuestra orden, y mientras comíamos siguió hablando-.

B: Había mujeres y botellas, otros que también buscaban pleito, robos, y hasta sangre. Una vez, estuve metido en una riña adentro de la cantina; volaron botellas y sillas. Un conocido mío, le decíamos “El Hueso”, salió descalabrado. La verdad es que me acuerdo y me da coraje pensar que estaba tan ciego como para no ver la perdición en la que estaba cayendo. Me da vergüenza hasta acordarme de las veces que María iba por mí en la noche, con el niño en brazos. Era un sinvergüenza.

D: ¿Cómo salió de todo aquello? ¿Cómo dejó el vicio?
B: Con ayuda de Dios, hija. Fue la única manera en la que pude ver que todo lo que estaba haciendo estaba mal, que no me iba a traer más que problemas. En ese momento tu bisabuela me acercó a la iglesia, y María la ayudó.

D: ¿Qué le trajo el acercarse a Dios?
B: Bienestar y bendito sea, trabajo. Tardamos unos años en estabilizarnos, pero no fue nada comparado con lo mucho que habíamos batallado ya. Caían chambitas cada semana, o hasta antes. Pude poner mi taller y me traje a mis primos a trabajar conmigo. Era mi propio patrón y las cosas salían bien. No dejo de agradecerle a Dios por todo lo que me ha dado.

D: ¿Cómo logró mantener a sus siete hijos?
B: La comida nunca faltó, sopita y frijoles siempre hubo. Todo lo demás era reciclable. No comprábamos cosas que no necesitáramos y si a uno ya no le quedaba un pantalón, le quedaba al siguiente.
-Mientras me decía eso, abrió su maletín y sacó un alfajor-.

B: Me acordé que te gustan mucho, y te lo compré.
-Lo tomé y le di la mitad, como acostumbrábamos hacer desde siempre-.

B: Había días en los que me ardía la espalda por el “¿Y ahora cómo le vamos a hacer?”, pero al final siempre salíamos. Y mira, los siete salieron bien, con carreras universitarias. Pienso en eso y sé que todo ese sacrificio valió la pena.

Casi acabábamos nuestra comida, y él me había dicho que tenía que irse temprano para recoger a su esposa (la señora Cande) de la iglesia, ya no quedaba mucho más tiempo.

D: Ya, por último, ¿Ha disfrutado vivir?
B: Definitivamente. Con todo lo que me ha tocado vivir, y lo bendecido que he sido, estoy seguro de que puedo recibir la muerte sin ningún problema. Unos años más no estarían mal, pero si Dios quiere llevarme ahorita, me voy con la certeza de que dejé mi huella en el mundo. Y eso es por lo que vale, valió y valdrá la pena vivir.
Pedimos la cuenta y platicamos un rato más, nimiedades de la vida (la escuela, mi gato, sus gallinas, el próximo cumpleaños de mi tía Nohemí). Iba a pagar mi comida, pero insistió en que él invitaba, “como cuando eras niña” dijo sonriéndome.

De limpiar vidrios a fundar la Facultad de Ciencias Sociales de la UASLP

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#4 Tiempos

Presupuesto de Apertura 26 | Columna de Arturo Mena “Nefrox”

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TESTEANDO

 

El torneo ha comenzado y no de la mejor forma para el Atlético de San Luis. Más allá de la derrota en la jornada 1 frente a Cruz Azul en casa, lo verdaderamente preocupante es lo complicado que se ven las primeras fechas para el equipo potosino, las ocho primeras jornadas parecen duelos difíciles de superar, sumado al fuerte compromiso de la Leagues Cup, lo que no parece dar muchos ánimos y más bien se pide paciencia tanto para jugadores como para la afición. Pero hagamos el presupuesto de puntos, como cada inicio de torneo.

J1.- Cruz Azul: derrota 0 puntos
J2.- Tigres: derrota 0 puntos
J3.- Tijuana: empate 1 Punto
J4.- América: derrota 1 Punto
J5.- Pachuca: derrota 1 Punto
J6.- Monterrey: derrota 1 Punto
J7.- Chivas: derrota 1 Punto
J8.- León: derrota 1 Punto
J9.- Necaxa: victoria 4 Puntos
J10.- Pumas: derrota 4 Puntos
J11.- Santos: victoria 7 Puntos
J12.- Toluca: derrota 7 Puntos
J13.- Querétaro: victoria 10 Puntos
J14.- Atlante: victoria 13 Puntos
J15.- Atlas: victoria 16 Puntos
J16.- Juárez: victoria 19 Puntos
J17.- Puebla: victoria 22 Puntos

Según el presupuesto, los 22 puntos serán insuficientes para una clasificación a la liguilla, pero aún más preocupante es la baja suma de puntos en las primeras jornadas, llegando a la semana 9 del campeonato con apenas una victoria y solo 4 puntos, esto debido al complicado calendario que tiene el cuadro potosino.

El panorama no es alentador para un equipo que se ha reforzado poco y ha perdido al jugador más valioso de la temporada pasada, un equipo que no se vio bien los campeonatos anteriores y que no promete un futuro distinto. La afición tendrá que ser paciente y entender que la reestructuración parece no ser completa en el plante

l, que las cosas pueden mejorar pero no lucen bien y menos con la forma en que el calendario se ha acomodado terriblemente para el equipo.

Por otro lado, creo que la directiva y cuerpo técnico saben bien a qué se enfrentan, conocen sus debilidades y saben lo complejo que parece el torneo en puerta, seguramente la planeación del campeonato no los tomó por sorpresa y sepan bien cuál es la ruta a seguir bajo esta circunstancia, a su vez, tranquilizar a los jugadores que seguro serán los más golpeados si los resultados no se dan.

Del lado de la afición y jugadores, queda cerrar filas, parece que se avecina un torneo más para el olvido, de esos que se va a sufrir más que gritar el gol a favor, ojalá yo esté equivocado, pero parece que no será así, parece que el destino está marcado y no suena muy alentador.

Toca esperar, apoyar, trabajar y sobre todo aguantar, que este proyecto sume y que encuentre en su humilde plantel, jugadores que demuestren y levanten la mano en un torneo en donde el presupuesto se ve, más que complicado.

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#4 Tiempos

Arturo Medellín Anaya, su pasión por la poesía | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Un ejemplo claro de la popular frase de que nadie es profeta en su tierra es el caso de Arturo Medellín Anaya que falleciera en el 2023 realizando su obra artística y de promotor cultural en Tamaulipas. Si bien, abundan de cierta forma en San Luis Potosí los museos dedicados al arte pictórico, la muestra de obras de Arturo Medellín brilla por su ausencia. San Luis Potosí está, como en otros muchos casos, en deuda con este personaje que brilló como promotor y periodista cultural, escritor y pintor, llevando la vena artística de su padre, el pintor e ilustrador del mismo nombre, y de su madre una excelente pianista.

El taller de su padre, fue su primera escuela en el arte de la pintura desde niño pues a los diez años lo acompañó como aprendiz, iniciando la década de los sesenta; Arturo Medellín nació el 8 de julio de 1951 en San Luis Potosí. Compartía su tiempo entre el taller y la escuela realizando sus estudios primarios en el Colegio Inglés y la Escuela Benito Juárez, ingresó a la secundaria Jaime Torres Bodet y concluye dichos estudios en Tampico al cambiar de residencia a los doce años.

En Tampico continúa sus estudios de dibujo y pintura y labora como auxiliar de dibujo publicitario en el Sol de Tampico. Su contacto con San Luis continuaba y participa en el célebre grupo de teatro Zopilote de San Luis Potosí durante cuatro años, de donde parte en 1975 a coordinar grupos de teatro en La Paz, Baja California. En ese tiempo conocí parte de su actividad por su hermano Héctor Medellín fue mi compañero de estudios en la Escuela de Física y frecuentaba su casa. En la década de los ochenta se encuentra realizando actividades como dibujante publicitario, artista plástico e ilustrador, en diferentes puntos del estado de Tamaulipas, entre ellos Matamoros y Ciudad Victoria.

Su obra, un tanto desconocida, contempla pinturas, novelas, poesía. La Jornada Zacatecas en el 2018 lo retrataba como: “erudito en el arte de sobrevivir y de capturar al instante la magia del mexicano y sus turbulencias y lo hace en la novela, la pintura, la poesía, la promoción cultural desde una provincia –San Luis, Tamaulipas, Baja California, – y desde lo más hondo de los terruños de la patria callejera, la turbulenta en los sentimientos que avizoran algo nuevo vendrá más allá de los buenos deseos”. Mientras en San Luis, el silencio, producto posiblemente de su paso por el grupo Zopilote, contestario y promotor cultural de izquierda.

En el 2009 publica El Arte como Experiencia Espiritual, en ediciones La Criba, además de los libros, “Desde el corral del fondo”, “Pájaro de papel”, y “Testamento de Albatros”. Parte de su obra pictórica se exhibe permanentemente en la Galería del Centro Cultural Tamaulipas y el Museo de Arte Contemporáneo de Mac Allen, Texas.

Destaca en su producción, la colección de pinturas que con motivo del centenario de la revolución mexicana pintara; una colección de 20 retratos contemporáneos, de mujeres revolucionarias exhibida en las ciudades de: Tampico, Mante, Victoria, Matamoros, Reynosa y Laredo. McAllen y Brownsville Texas.

De sus actividades artísticas Arturo Medellín prefería la poesía, que era lo que más lo identificaba. Escribía porque estaba convencido que podía ser escritor. El recuerdo de su formación en San Luis y de la vida cultural que vivió normaba su labor artística, como lo menciona en una entrevista que le realizara en la década de los noventa Azael Jaramillo, al preguntarle “¿qué te queda de potosino?, su respuesta:

“Mi pasión por la poesía de Manuel José Othón, por López Velarde, mi gusto por la Historia, pero sobre todo por la Historiografía, por la comida y una nostalgia por haber vivido la cuna culta en un sentido diferente a como se vive aquí en Tamaulipas donde todo se hace por obra y gracia de la política cultural del Estado. Tenemos el recuerdo de que Tula fue la ciudad de los pianos, pero esa Tula ya no existe”.

Arturo Medellín Anaya murió el 25 de junio de 2023. Su testamento de albatros, una de sus obras nos dice en un fragmento:

Hoy regresan los muertos hasta la mar nocturna,
bajan la cordillera, se adentran en el llano y
junto al farallón, enlazan su plegaria con las olas.
Son muertos luminosos como del seno de las aguas,
discurren en procesión inagotable por la vida y la brisa.
Hoy regresan los muertos advertidos y mustios
sobre la arena insomne. Son los dueños del tiempo,
su ropaje trasluce lunas. Su voz, diseña el eco de la ola.

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Ciudad

Casa del Migrante pide antibióticos y oxígeno para hondureña sin piernas

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El refugio necesita antibióticos, material de curación y un concentrador de oxígeno para atender a la mujer, que perdió las piernas al intentar subir al tren conocido como “La Bestia”.

Por: Redacción

Marco Antonio Luna Aguilar, director de la Casa del Migrante, pidió el apoyo de la sociedad potosina para una migrante hondureña que perdió ambas piernas al intentar subir al tren de carga conocido como “La Bestia”, en su trayecto hacia el norte del país.

El refugio necesita antibióticos, material de curación y un concentrador de oxígeno para la mujer, que es atendida en el lugar pero cuyo tratamiento no puede completarse con los recursos disponibles.

Luna Aguilar explicó que la Casa del Migrante opera actualmente a poco más de la mitad de su capacidad, mientras el flujo de personas migrantes, principalmente de Centroamérica, va en aumento. Muchas de ellas llegan con enfermedades y heridas diversas, por lo que el dispensario médico del refugio se encuentra rebasado.

“Antibióticos, material de curación, también ahorita estamos necesitando un concentrador de oxíge no que no es fácil conseguirlo también, es una persona que lo necesita, hemos estado buscando y no hemos podido conseguirlo, ojalá que alguien pueda echarnos la mano”, dijo el sacerdote, quien compartió el teléfono de la Casa del Migrante para quien desee colaborar: 4448156225

.

Los donativos pueden entregarse a través del área de Trabajo Social del refugio, dijo Luna Aguilar, con el objetivo de evitar que la mujer adquiera una infección y de mejorar la atención de los demás enfermos que resguarda la institución.

Sobre el accidente, el director de la Casa del Migrante relató que la mujer arribó a San Luis Potosí junto con su pareja, pero al pasar el tren frente al refugio, ubicado en el barrio de Tlaxcala de la capital potosina, solo el hombre logró subir. Ella cayó y perdió ambas piernas.

Desde entonces la pareja se separó y la migrante hondureña permanece sola, atendida únicamente por la caridad del refugio católico.

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Opinión

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