agosto 2, 2026

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#4 Tiempos

La indignación de mi amigo | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas.

Mi amigo me da pena. Cree todavía en esa virtud que los antiguos llamaban consideración. ¡Como si no supiéramos todos que ésta ha desaparecido de nuestro planeta desde hace muchísimo tiempo! ¿En qué siglo cree él que vivimos?

Como es un hombre honrado al que le gusta tener todos sus asuntos en orden, mi amigo pagó por adelantado durante años y años la mensualidad de su servicio de televisión por cable. ¿Tan importante era para él la televisión?, ¿pasaba mucho tiempo frente a ella? No, nada de eso. Me consta que, en su caso, nunca ha sido así. En realidad lo hacía por el simple placer de vivir ordenadamente y para evitar que penosos contratiempos le impidieran pagar su recibo con puntualidad, pues si esto llegara a suceder, ¿qué iban a pensar de él los de la compañía? ¡La sola idea de que lo tuvieran por irresponsable lo hacía ponerse pálido! Hubo ocasiones en las que, por ejemplo, llegó a pagar anticipadamente hasta cinco meses, y una vez hasta seis. Lo que quiere decir que cuando estábamos en febrero, él ya había liquidado incluso el mes de junio.

¿Exageraba? Tal vez, pero él es así y mucho me temo que no haya poder en este mundo que pueda hacerlo cambiar.

-Lo peor que podrían decir de mí es que soy un tracalero –me dijo una tarde, mientras tomábamos juntos un café.

Y, acto seguido, sacó de su cartera una tarjeta de banco, dorada, en la que se podía leer la leyenda cliente preferente.

-Esta tarjeta –siguió diciéndome- es para mí como un documento de buena conducta o, si lo prefieres, como una carta de recomendación. Si nunca me atraso en mis pagos, si mi cuenta está siempre limpia, ¿no era justo que me la otorgaran? Así no tengo que hacer largas filas y, cuando llego a alguna de las sucursales de mi banco, los empleados me atienden enseguida.

A mí, para ser francos, eso de las tarjetas bancarias me ha tenido siempre sin cuidado; no obstante, para no desanimar a mi amigo, le dije que sí, que esa tarjeta en el mundo financiero valía lo mismo que un diploma en el ambiente escolástico, o que un monseñorato en el ambiente eclesiástico.

-¡Claro, claro! ¡Así es! -me dijo él, lleno de satisfacción.

No obstante, la semana pasada encontré a mi amigo de mal humor. La verdad es que estaba hecho una fiera.

-Ya no tengo cable -me dijo. Me le quedé mirando con la misma cara espantada con que hubiera recibido la noticia de la muerte de uno de sus parientes más queridos.

-¿Pero, por qué? -me atreví a preguntarle, fingiendo estar sinceramente horrorizado.

Como es bien sabido, muchas de las cosas de que nos rodeamos son como las drogas, que una vez que se han probado una vez ya no es tan sencillo abandonarlas; el cable, por ejemplo, es una de ellas. Una vez un joven estudiante de preparatoria, al ser interrogado por su maestro acerca del significado de l as siglas «d. C», respondió sin vacilar: «Después del Cable, por supuesto». Ni por asomo se le ocurrió al pobre que pudiera haber otras realidades capaces de partir la historia. Pero sigamos con mi amigo.

-¿Cómo es eso? -volví a preguntarle. Me respondió diciendo que por una serie de cosas que escaparon a su control, no pudo ir a pagar su recibo en la fecha establecida, de modo que al otro día por la mañana su servicio estaba ya cortado.

-¡Al otro día por la mañana! –me dijo con indignación-. Ni siquiera tuvieron la amabilidad de esperarme hasta la tarde. ¡Y pensar que siempre traté de pagarles los recibos incluso anticipadamente!

Mi amigo pensaba que la cortesía seguía siendo vital en las relaciones comerciales y que, siendo como era, un cliente fiel, la compañía debía tener hacia él alguna consideración. Se imaginaba a los dirigentes de la empresa discurriendo más o menos en los siguientes términos: «El señor Fulano ha sido hasta ahora uno de nuestros clientes más puntuales. ¿Qué le pasaría en esta ocasión? ¿No le habrá ocurrido algo? Bien, esperémoslo unos días antes de tomar las medidas pertinentes al caso». ¡Cómo se equivocaba! ¿Es que no sabía ya que en los nuevos tiempos, tiempos de ordenadores y controles digitales, los clientes no son ya personas sino simples números?

Cuando voy a alguno de los hipermercados de nuestra ciudad, mientras hago fila en la caja y veo cómo los que me anteceden en ella hurgan en sus bolsillos buscando desesperadamente la moneda de cincuenta centavos que les falta para saldar su cuenta, me da por pensar que sería mucho más fácil que les perdonaran esa suma en la pequeña tienda cercana a su casa que en estos mastodontes que todo lo registran con una precisión casi diabólica. Que seas uno de sus clientes habituales, eso es algo que les tiene sin cuidado: tú importas únicamente si tienes dinero y únicamente cuando lo tienes. Como escribió Richard Sennett, el famoso sociólogo inglés, «en las modernas organizaciones comerciales los empleados y los dirigentes parecen carecer de rostro». No te recuerdan, ni guardan hacia ti ningún tipo de respeto. Por más que hayas ido a comprarles tu despensa desde hace quinientos años, para ellos es como si lo hicieras por primera vez.

-¿Qué vas a hacer ahora que ya no tienes cable? –seguí preguntándole a mi amigo.

-Nada. He mandado suspender el servicio -me respondió.
Lo miro con ternura. Pertenece a la raza de los orgullosos. A la raza de aquellos que piensan que vale más sacrificar un rato de televisión a que una virtud tan alta como la cortesía (o consideración, como él la llama) sea sacrificada por tan poco.

Suelto una carcajada. Aquello me alegra. ¡Sí, así es como se debe tratar a esos señores que en lo único que piensan es en el dinero! Éste es el único lenguaje que entienden. El semáforo cambió de rojo a verde y seguimos avanzando, felices, por la ciudad.

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Acento Ajeno

Las murallas de Chapultepec | Columna de Haniel Valdés

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Acento ajeno

Por: Haniel Valdés Velázquez

La ciudad de las piscinas a desnivel, los puentes verdes y las licencias gratuitas, tiene un nuevo debate público, que lo mismo puede parecer ataque político vestido de periodismo ciudadano.

Resulta que a muchos cochistas les molestan los nuevos topes de la Avenida Chapultepec, porque autos volaron sobre ellos en su primera noche. Los quejosos voladores aducen a través de reportes, que aún los topes no estaba bien señalados; lo cierto es que quien va a la velocidad permitida, no sale volando.

Por primera vez una obra vial a nivel de la calle ocupa portadas y titulares en los medios, porque para los ingenieros viales o expertos de turno la solución siempre es que el peatón suba y baje 200 escalones de horribles estructuras de hierro o que los autos sigan a 100 km/h sobre un puente o paso a desnivel.

No soy un experto en ingeniería urbana, por lo que no pretendo entrar en detalles técnicos de si está bien o mal hecho, por eso me centro en los debates que quieren forzar las páginas de Facebook que se llaman medios de prensa.

Pocas veces he visto medios cuestionar la constante construcción de estructura cochista que lejos de mejorar la movilidad, como dicen los boletines oficiales, tienden solamente a favorecer la velocidad.

¿Quién se acuerda de los peatones? ¿Quién piensa en el que quiere cruzar la calle sin tener que subirse a un gigante de hierro de más de 6 metros de altura? Antes de que lo invada un pensamiento clasista, whitexican o retrógrado y termine llamando “pobre” al que camina, tómese los 30 minutos que tarda en cada semáforo para respirar y léame con la mente un poco menos cerrada.

Las primeras quejas llegaron porque no había señalética para avisarle a los conductores que había una barda en medio de la calle, pero la mayoría de los que piden la señal con el aviso son los mismos que, a propósito, no ven las que sí están, esas que indican un máximo en la velocidad, o ser cortés con los peatones que intentan cruzar.

Señales faltan más, como una que indique para qué o quién es el carril central de Chapultepec, que en realidad nadie lo sabe a ciencia cierta, otras en toda la ciudad, las que avisen que la ciclovía no es para que se estacionen autos de los negocios de Carranza o Himno Nacional.

La Avenida Chapultepec tiene varias señales que indican que el límite de velocidad es de 50 km/h, algunas casi borradas -ahí te encargo, Ayuntamiento- pero en los videos que circularon de autos voladores, en ninguno de los casos, la velocidad del vehículo estaba por debajo del límite permitido

.

Sí hubo un fallo grande por parte de las autoridades viales municipales que no anunciaron a tiempo el tope y no colocaron la señal hasta que ya estaba listo el muro de los tormentos.

Sigue existiendo tardanza por parte de estas mismas autoridades para repintar o rescatar las señales que no solo ahí, sino en toda la ciudad, están mal pintadas, opacas, mal colocadas o tapadas por árboles.

Los medios que compartieron videos, que criticaron al gobierno municipal, que incitaron al odio de conductores hacia peatones (como si eso no fuera pan de cada día), ¿por qué no acompañaron sus post con un “circule con cuidado”, “cumpla con lo establecido”, “respete al peatón”?

A mis colegas de los medios: falta para el 2027, no empecemos desde ya a querer caerle mejor al que todavía no saben si va a seguir en el poder, hagamos periodismo útil, no crítica en busca de likes. 

Conductores: respeten al peatón. Peatones: no usen el móvil mientras cruzan las calles, ni intenten ganarle al semáforo. Ciclistas: hay solo 3 ciclovías, pero usémoslas correctamente. 

Autoridades: hagan su trabajo, pero háganlo bien, y no descuiden lo que hicieron antes por centrarse solo en obras nuevas.

Gobierno estatal: la obra municipal es para que las personas se sientan más seguras entrando a un parque bajo su cuidado, para evitar accidentes en una calle, de una ciudad que también es parte del estado.

Gobierno municipal: no se apresuren por hacer cosas solo de cara a la contienda electoral, échenle ganas y háganlas bien, respeten los tiempos, informen oportunamente a los usuarios de las vialidades.

Ya aprovechando, revisen las señales de tránsito de la zona, que necesitan mantenimiento, y luego dense una vuelta por la ciudad: hay banquetas que son estacionamientos, hay ciclovías intransitables, hay peatones en riesgo porque los conductores no siguen el reglamento.

En pocas palabras, bajemos todos la velocidad… en todo, hay topes.

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Acento Ajeno

Arrancó la carrera, todos la van perdiendo | Columna de Haniel Valdés

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Acento ajeno

Por: Haniel Valdés Velázquez

La competencia por la elección de 2027 ya sabemos que inició hace un rato, ¿a quién le importan los tiempos electorales cuando ni Ceepac hace su chamba, ni a los políticos les importa respetar lo establecido? Aquí lo que hace falta es ganar.

Ahora, podemos ir revisando cómo va esa carrera, quienes van primero y quienes se rezagaron, pero hagamos un análisis serio y real, no mirando encuestas de esas que casualmente suelen dar ganador al que la pagó. Y lo cierto es que el ganador real hasta ahora no es ninguno.

Las batallas electorales deben pelearse en todos los terrenos, pero casi siempre es la prensa el más complicado, y el que suele dejar al ganador. Esta vez, más que nunca les está pasando factura ese campo minado que es la comunicación, han querido meterse de a lleno en el papel de comunicar, pero terminan desinformando.

Me resulta difícil de entender ¿quién aconseja a los políticos potosinos?, ¿de dónde salieron sus grupos de comunicación?, todos parecen tener un mismo objetivo, que el rival pierda, en lugar de centrarse en que su patrón gane la campaña.

Los dime y diretes que cada vez vemos más en las conferencias de prensa, los empujones e interrupciones por pseudocomunicadores e influencers de turno de páginas de facebook autoproclamadas medios, que acompañan cada banquetera, no solo demuestran la falta de educación formal, civismo y ética periodística que consume al gremio, también evidencia carencias que ya no son de la persona, vienen desde la academia y los nuevos “periodistas” que se están formando.

Pero volviendo al tema de los que hacen boletines y posts para informar que sus jefes trabajan, ¿no hay algo más que necesite comunicarse? ¿de verdad es siempre “gracias al trabajo inconmensurable del supremo líder de tal o más cuál municipio/estado/entidad” que las cosas se solucionan?

Donald Trump en su primera campaña presidencial echó a perder la prensa internacional, en números su campaña fue maravillosa, pero es un modelo netamente primermundista, la heroización, el convertir a personajes políticos en protagonistas de Marvel funcionan en economías donde la fuerza del voto está en los grandes empresarios y en poder de las multinacionales, todos quieren al empresario exitoso dirigiendo su país.

En latinoamérica solo hay un caso donde ese modelo de prensa ha funcionado, Nayib Bukele controla los medios de El Salvador y su triunfalismo lo posicionó como el presidente con mayor aceptación del mundo. En México hubo un caso muy positivo, pero al que no le alcanzó, fue la pasada campaña presidencial de Máynez, donde mientras dos señoras se la pasaban criticándose entre sí y hablando de administraciones pasadas, el emeceísta se posicionó como el más votado de su partido en una carrera por la presidencia.

¿Pero, qué pasa en el interior de los estados, en los municipios? Las personas no creen en héroes, no les importan los muchos adjetivos que acompañan a las autoridades en las notas institucionales, el pueblo busca ver sus problemas resueltos y no siempre se acuerda de quién los soluciona.

Todas las notas periodísticas y boletines institucionales parecieran redactados por la misma persona, o el mismo usuario de chatgpt, “gracias a la labor de”, “por indicación de”, “con la guía de”, no solo dejas de reconocer al que sí estuvo al sol medio día tapando el bache o 4 meses haciendo una carretera o puente, logras hartar al lector de escuchar el mismo nombre y el mismo cargo 100 veces al día, cuando lo cierto es que a veces ni por su colonia se le ha visto.

Hay campañas peores: la zumayezca idea de que los bots cuentan en urnas es de político novato. Lo peor es que le copiaron la idea y ahora sus rivales la replican en sus propias granjas, para atacar medios aliados a su contraparte.

Ojalá me equivoque, pero nos esperan 12 meses de bombos y platillos de un lado y de otro, todos jugando a ser el ganador y bombardeando al rival con cuanta tontería (o no) aparece.

No hay charla cercana con el pueblo (aunque nos hagan creer que sí), no hay investigación, búsqueda de los problemas reales que aquejan a los potosinos, solo buscan hacer estructuras cada vez más grandes para autos, prometer agua, y bombardear sus actos y sus redes de promesas vacías que saben no van a resolver los problemas.

La carrera inició, pero esta vez casi nadie está mirando la carrera en sí, ni a sus corredores, andan pendientes de los comentarios de “narradores” que no están tampoco mirando a la pista. La descomunicación va a la cabeza, y seguramente será la vencedora.

Donde reinan las mentiras repetidas hasta el cansancio, los triunfalismos, y la vieja costumbre de intentar humillar al rival, el éxito nunca será para el periodismo o la verdad, solo para quien se siente en el trono y para aquellos que decidan seguirle el juego.

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#4 Tiempos

Una figura representativa de la literatura potosina, Ramón F. Gamarra | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

En el siglo XIX se desarrolla el género de novela en San Luis Potosí al que desde entonces han contribuido excelentes plumas potosinas entre quienes se encuentran: Francisco de Paula Palomo, Francisco de Asís Castro, Alberto Sustaita Zavala, Eugenio Verástegui, Agustín Vera, Adolfo Antonio de Alba, Miguel Álvarez Acosta, Rafael Montejano y Aguiñaga, Jesús Goytortúa Santos, Teodoro Torres, Jorge Piñó Sandoval, Jesús R. Alderete, Jorge Ferretis, Manuel José Othón, entre otros, y de manera especial Ramón Francisco Gamarra que fue de los primeros en editar una novela en San Luis Potosí.

Ramón Francisco Gamarra nació en San Luis Potosí alrededor de 1828. Participó de manera activa en la política potosina del siglo XIX siendo liberal, entre las actividades que realizaría se encuentra el periodismo, donde igualmente destacaría codirigiendo en 1885 El Diablo Verde, en 1867 fue director de El Fantasma y, en 1868 de La Charanga. En 1874 fue redactor de El Potosino, que fue un periódico que impulsó la candidatura para gobernador del estado de Manuel Muro, historiador potosino. De los periódicos oficiales del gobierno del estado, fue redactor de La Unión Democrática junto a Rafael Castillo.

En el gobierno del estado fue secretario de gobierno de tres gobernadores, Vicente Chico Sein, Degollado y Bustamante, fue también diputado en varias ocasiones. Al retirarse de la vida política, fue bibliotecario del Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí.

En el ámbito literario, en 1868, escribió una de las primeras novelas potosinas El Filántropo, la cual se conserva en forma manuscrita, al igual que sus Memorias de un Espiritista y la Historia Contemporánea de San Luis Potosí.

En 1885 publicó por entregas Catecismo popular de la doctrina democrática y, en 1886, Ellos, un singular texto donde Gamarra aclara: “es un episodio de fondo cristiano y de forma realista que corresponde al volumen XII de mis Ensayos Literarios”. Este texto fue escrito en 1878 y publicado ocho años después por la Imprenta de Dávalos en San Luis Potosí.

Como suele suceder con los autores que mencionamos al principio, su obra no es muy conocida, existen escasas ediciones lo que ocasiona no sea difundida, a pesar de ser considerado como una figura representativa de la literatura potosina del siglo XIX,

además de su contribución al periodismo y la narrativa histórica, lo que lo lleva a ser uno de los autores relevantes en la cultura decimonónica.

Ellos, sería la novela más conocida, novela que aborda eventos históricos en un ámbito narrativo. La novela fue reeditada por el Colegio de San Luis en 1999 dentro de la serie Literatura Potosina 1850-1950, coordinada por Ignacio Betancourt.

En la presentación de Ellos, que hace el Colegio de San Luis nos indica la trama principal de la novela de Gamarra donde el autor recrear “una excepción horrorosa y rigurosamente histórica de que el amor de la madre hacia sus hijos, está siempre creciente”.

Relato alucinante en torno al incesto donde, como un mural, Gamarra intercala cuadros de costumbres, situaciones fantásticas y reflexiones culteranas acerca del mal y sus insospechadas manifestaciones. Con un recurso muy contemporáneo al ‘documentar’ la realidad, el escritor presenta una genealogía demoniaca y nos conduce ´por los vericuetos de un San Luis sorprendente y sórdido.

El abigarramiento de la narración estalla en un desenlace polifónico, cuya verosimilitud no resulta de su desarrollo anecdótico sino del extraño humor negro que caracteriza al autor.

Esta edición de El Colegio de San Luis nos permite conocer una de las obras de Ramón Francisco Gamarra, que posiblemente pueda aún conseguirse en esa institución o, al menos ser consultada en su biblioteca.

Ramón Francisco Gamarra, el político, periodista y escritor cuya obra merece ser rescatada, murió en San Luis Potosí el 18 de abril de 1886.

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Opinión

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