octubre 17, 2026

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#4 Tiempos

La indignación de mi amigo | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas.

Mi amigo me da pena. Cree todavía en esa virtud que los antiguos llamaban consideración. ¡Como si no supiéramos todos que ésta ha desaparecido de nuestro planeta desde hace muchísimo tiempo! ¿En qué siglo cree él que vivimos?

Como es un hombre honrado al que le gusta tener todos sus asuntos en orden, mi amigo pagó por adelantado durante años y años la mensualidad de su servicio de televisión por cable. ¿Tan importante era para él la televisión?, ¿pasaba mucho tiempo frente a ella? No, nada de eso. Me consta que, en su caso, nunca ha sido así. En realidad lo hacía por el simple placer de vivir ordenadamente y para evitar que penosos contratiempos le impidieran pagar su recibo con puntualidad, pues si esto llegara a suceder, ¿qué iban a pensar de él los de la compañía? ¡La sola idea de que lo tuvieran por irresponsable lo hacía ponerse pálido! Hubo ocasiones en las que, por ejemplo, llegó a pagar anticipadamente hasta cinco meses, y una vez hasta seis. Lo que quiere decir que cuando estábamos en febrero, él ya había liquidado incluso el mes de junio.

¿Exageraba? Tal vez, pero él es así y mucho me temo que no haya poder en este mundo que pueda hacerlo cambiar.

-Lo peor que podrían decir de mí es que soy un tracalero –me dijo una tarde, mientras tomábamos juntos un café.

Y, acto seguido, sacó de su cartera una tarjeta de banco, dorada, en la que se podía leer la leyenda cliente preferente.

-Esta tarjeta –siguió diciéndome- es para mí como un documento de buena conducta o, si lo prefieres, como una carta de recomendación. Si nunca me atraso en mis pagos, si mi cuenta está siempre limpia, ¿no era justo que me la otorgaran? Así no tengo que hacer largas filas y, cuando llego a alguna de las sucursales de mi banco, los empleados me atienden enseguida.

A mí, para ser francos, eso de las tarjetas bancarias me ha tenido siempre sin cuidado; no obstante, para no desanimar a mi amigo, le dije que sí, que esa tarjeta en el mundo financiero valía lo mismo que un diploma en el ambiente escolástico, o que un monseñorato en el ambiente eclesiástico.

-¡Claro, claro! ¡Así es! -me dijo él, lleno de satisfacción.

No obstante, la semana pasada encontré a mi amigo de mal humor. La verdad es que estaba hecho una fiera.

-Ya no tengo cable -me dijo. Me le quedé mirando con la misma cara espantada con que hubiera recibido la noticia de la muerte de uno de sus parientes más queridos.

-¿Pero, por qué? -me atreví a preguntarle, fingiendo estar sinceramente horrorizado.

Como es bien sabido, muchas de las cosas de que nos rodeamos son como las drogas, que una vez que se han probado una vez ya no es tan sencillo abandonarlas; el cable, por ejemplo, es una de ellas. Una vez un joven estudiante de preparatoria, al ser interrogado por su maestro acerca del significado de l as siglas «d. C», respondió sin vacilar: «Después del Cable, por supuesto». Ni por asomo se le ocurrió al pobre que pudiera haber otras realidades capaces de partir la historia. Pero sigamos con mi amigo.

-¿Cómo es eso? -volví a preguntarle. Me respondió diciendo que por una serie de cosas que escaparon a su control, no pudo ir a pagar su recibo en la fecha establecida, de modo que al otro día por la mañana su servicio estaba ya cortado.

-¡Al otro día por la mañana! –me dijo con indignación-. Ni siquiera tuvieron la amabilidad de esperarme hasta la tarde. ¡Y pensar que siempre traté de pagarles los recibos incluso anticipadamente!

Mi amigo pensaba que la cortesía seguía siendo vital en las relaciones comerciales y que, siendo como era, un cliente fiel, la compañía debía tener hacia él alguna consideración. Se imaginaba a los dirigentes de la empresa discurriendo más o menos en los siguientes términos: «El señor Fulano ha sido hasta ahora uno de nuestros clientes más puntuales. ¿Qué le pasaría en esta ocasión? ¿No le habrá ocurrido algo? Bien, esperémoslo unos días antes de tomar las medidas pertinentes al caso». ¡Cómo se equivocaba! ¿Es que no sabía ya que en los nuevos tiempos, tiempos de ordenadores y controles digitales, los clientes no son ya personas sino simples números?

Cuando voy a alguno de los hipermercados de nuestra ciudad, mientras hago fila en la caja y veo cómo los que me anteceden en ella hurgan en sus bolsillos buscando desesperadamente la moneda de cincuenta centavos que les falta para saldar su cuenta, me da por pensar que sería mucho más fácil que les perdonaran esa suma en la pequeña tienda cercana a su casa que en estos mastodontes que todo lo registran con una precisión casi diabólica. Que seas uno de sus clientes habituales, eso es algo que les tiene sin cuidado: tú importas únicamente si tienes dinero y únicamente cuando lo tienes. Como escribió Richard Sennett, el famoso sociólogo inglés, «en las modernas organizaciones comerciales los empleados y los dirigentes parecen carecer de rostro». No te recuerdan, ni guardan hacia ti ningún tipo de respeto. Por más que hayas ido a comprarles tu despensa desde hace quinientos años, para ellos es como si lo hicieras por primera vez.

-¿Qué vas a hacer ahora que ya no tienes cable? –seguí preguntándole a mi amigo.

-Nada. He mandado suspender el servicio -me respondió.
Lo miro con ternura. Pertenece a la raza de los orgullosos. A la raza de aquellos que piensan que vale más sacrificar un rato de televisión a que una virtud tan alta como la cortesía (o consideración, como él la llama) sea sacrificada por tan poco.

Suelto una carcajada. Aquello me alegra. ¡Sí, así es como se debe tratar a esos señores que en lo único que piensan es en el dinero! Éste es el único lenguaje que entienden. El semáforo cambió de rojo a verde y seguimos avanzando, felices, por la ciudad.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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Acento Ajeno

Maestría en derechos humanos y la incómoda pregunta | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

La comunidad cubana en el exilio, en Estados Unidos y en México, ha escrito en estos días cartas y mensajes dirigidos a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Cuestionan que Gabriela Fernández Álvarez, presentadora del programa oficialista “Con Filo”, haya sido admitida en la Maestría en Derechos Humanos de la UASLP y que hoy esté cursándola en esta ciudad.

Los hechos conocidos son pocos. Su nombre aparece en la lista de la generación 2026-2028. Está en San Luis Potosí. En 2025, durante una gira por España, sostuvo que en Cuba no hay presos políticos. Todo lo demás es una discusión de fondo, y es más incómoda de lo que parece.

“Con Filo” nació en 2021, tras las protestas del 11 de julio, como respuesta de la televisión estatal cubana. Sus defensores dicen que desmiente falsedades. Sus críticos, que en algún punto dejó de desmentir y empezó a ridiculizar a la oposición, dentro y fuera de la isla, y a señalar como “vendepatrias” a quien se fue. Muchos exiliados lo viven como algo personal, porque vieron su rostro en pantalla como blanco de burla por opinar distinto. Esa es la versión de ellos, y es la que han hecho llegar a la UASLP.

Hay una ironía que ellos señalan y que no puedo dejar pasar. Quien llamó traidor al que salió de Cuba pudo salir, viajar y dar charlas en Europa. Pocos cubanos tienen ese privilegio.

La pregunta para México

Aquí es donde el caso deja de ser solo cubano. La universidad pública mexicana, ¿puede negar un lugar por lo que una persona ha dicho en público? Mi respuesta es que no debería. Una maestría en derechos humanos que excluya por opinión traicionaría la materia que enseña. La libertad de expresión protege también a quien piensa lo contrario de lo que a uno le gustaría.

Pero esa respuesta no cierra el tema. Un posgrado no es una tribuna. El objetivo del programa es formar profesionistas críticos y comprometidos con la solución de problemas de derechos humanos, en lo local, en lo nacional y en lo internacional. Y de eso sí podemos preguntar, porque no es lo mismo defender el derecho de alguien a estudiar que ignorar lo que esa persona dijo en pantalla durante años.

Y en México la materia no es teórica. Este es un país con miles de personas desaparecidas, periodistas asesinados y presos que esperan sentencia durante años. Un aula de derechos humanos en San Luis Potosí no es un espacio neutro. Se habla de casos reales, con familias reales.

Lo que corresponde

A la UASLP le corresponde explicar cómo se evalúa a quien aspira a este posgrado y qué responde a las cartas que recibió. Hasta ahora no hay una postura pública de la universidad, y el silencio solo alimenta la sospecha. También corresponde buscar la versión de la estudiante, que no ha respondido a los señalamientos. A ella le corresponde algo más difícil: sentarse en una clase donde se discute lo que defendió negar y escuchar.

Defiendo que se quede. Si la maestría sirve para algo, es para que esas ideas se confronten con argumentos, casos y compañeros que vivieron lo que ella calificó de mentira. Pero defender su derecho a estar no me obliga a fingir que la pregunta no existe.

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