mayo 19, 2026

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#4 Tiempos

La hormiga y el grillo | Columna de Víctor Meade C.

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SIGAMOS DERECHO.

El lunes pasado en este mismo espacio compartí algunas reflexiones en torno al caso del juez Juan Pablo Gómez Fierro y los dichos y bravuconadas en su contra por parte del presidente López Obrador y la secretaria Nahle. Desde entonces, la situación ha seguido escalando e incluso el presidente ya acusó al ministro en retiro José Ramón Cossío —a mi consideración, el ministro más sobresaliente que ha tenido la Corte en muchas décadas— de estar detrás de los amparos contra los proyectos de esta administración. López Obrador ya prepara una iniciativa de reforma a la Constitución para que la Ley de la Industria Eléctrica (LIE) pueda proceder y, así, garantizar el monopolio energético de la CFE, que desde el 2015 no cerraba en números rojos. La LIE, las energías no renovables y el cuento chino de la soberanía van porque van; la competencia económica, el medio ambiente, la seguridad jurídica y la Constitución estorban.

Uno de los argumentos más recurrentes de quienes defienden la LIE y condenan el actuar del juez Gómez Fierro hace referencia al tema del balance entre la democracia y el Estado de Derecho: ¿Cómo puede un juez —que no ha sido elegido por el pueblo— detener los efectos de una ley que fue aprobada por el Congreso de la Unión?

En ocasiones, conviene recurrir a la sabiduría popular y simplificar los problemas a una expresión mínima para tratar de dar respuesta a las preguntas más difíciles. En ese sentido, les invito a hacer este ejercicio de imaginación de una situación que, si bien no es ni pretende ser análoga al del juez Gómez Fierro y el presidente, sí ofrece mayor claridad al momento de dar respuesta a la pregunta anterior.

Imaginemos, por un lado, a un grillo de una personalidad apacible, con pocas preocupaciones y gustoso de chirriar y de tomar el sol en los cálidos días de verano. Por otro lado, imaginemos a una colonia de hormigas diligentes, hacendosas y muy trabajadoras que, previniendo los intempestivos inviernos, destinan todo el verano a la recolección de maíz para tener suficiente alimento para la temporada de frío. El grillo, como era de esperarse, decidió no preocuparse por los preparativos para el invierno. Una vez llegada la temporada invernal, el grillo no tuvo más remedio que observar a las hormigas, quienes se encontraban descansando y disfrutando de los frutos del trabajo que realizaron con antelación. Aquí termina la clásica fábula; la moraleja: es mejor prepararse para los días de necesidad.

Claramente, la moraleja tiene un tremendo valor y a la vez ofrece un abanico muy amplio de situaciones en que se puede aplicar. No obstante, para el caso que nos ocupa, esta no es la solución que buscamos. Llevemos el ejemplo un poco más allá.

Imaginemos ahora que al grillo, al estarse lamentando por no haber sido diligente durante el verano, se le ocurre acercarse con las hormigas y, esperando un acto de buena voluntad, les solicita que le compartan algo de comida y le den refugio del intempestivo frío. Pensemos, entonces, que las (democráticas) hormigas deliberan y acceden a la petición del grillo, pero con la condición de que se atenga a las rigurosas reglas del hormiguero. Una vez dentro, las hormigas resuelven que es de la mejor conveniencia para la comunidad que el grillo se encargue de salir una vez por semana a la intemperie a sacar la basura, arriesgando así su integridad física e incluso su vida.

El escenario está así: por una parte, tenemos sobre la mesa la deliberación democrática de las hormigas. Por otra, tenemos las garantías y los derechos del grillo que deben ser respetados y que son irrenunciables, sin estar sujetos a ningún pacto mayoritario. Ante esta situación, es necesario algún tipo de control judicial que haga una ponderación de las consideraciones en conflicto. Es ese el papel de los tribunales, que —además de estar facultados por la Constitución para hacerlo— son órganos técnicos y especializados que se encargan de revisar que lo decidido por la mayoría no contravenga las garantías de los participantes de la comunidad política. Las tareas de revisión que realizan las y los jueces es fundamental para el funcionamiento de nuestro Estado de Derecho. La sentencia del juez Gómez Fierro —y de los otros miles de jueces y juezas del país— obedecen a este principio; no a otra cosa.

Las amenazas provenientes del presidente son exitosas al aprovechar el sospechosismo generalizado de que, en efecto, sí existen jueces que cometen actos de corrupción. Sabemos que está en el mejor interés de toda la ciudadanía que se investigue y castigue todo acto de corrupción de cualquier funcionario público. Sin embargo, es por demás irresponsable estigmatizar al gremio desde Palacio Nacional y afirmar sin pruebas que los jueces que resuelven en contra de sus intereses están comprados por la iniciativa privada. Bajo esta misma lógica de acusar sin pruebas, la actual administración ya terminó con las estancias infantiles y los fideicomisos, por nombrar un par de ejemplos.

El gobierno de López Obrador está legitimado democráticamente por más de 30 millones de votos. De eso no hay duda. Sin embargo, esa legitimidad no alcanza para pasar por encima del Estado constitucional y de sus instituciones. La legitimidad jurídica, por su parte, se mide a través de los juicios que gana con argumentos jurídicos. Al mismo tiempo, este tipo de legitimidad también se observa en los juicios que no gana, pero que reconoce que no tiene la razón y se somete a la sentencia. La legitimidad democrática pronto se termina; la jurídica no la obtendrá gobernando a decretazos o modificando la Constitución a placer.

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El Cronopio

El formador de humanistas, Villaseñor Tejeda | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Hace setenta y un años iniciaban las actividades académicas de la extinta Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) desaparecida ignominiosamente por motivos políticos en 1962. La UASLP caía en un largo periodo de oscurantismo del que costó salir, en la década de los ochenta, con el esfuerzo de la planta académica que comenzó su formación en la propia UASLP y que redondeara esa formación en universidades e instituciones de vanguardia a nivel mundial.

Sesenta años después se restablecían en la UASLP estudios humanísticos y sociales. Los primeros tiempos de aquella Facultad de Humanidades fueron brillantes y una pléyade de profesores figuraron en el claustro académico de la UASLP, muchos de los cuales han caído en el olvido y que hemos estado recordando en esta columna, tanto a profesores como profesoras que aparecen en el libro Damas de Potosí, perfiles publicados en La Orquesta.

En cuanto a la licenciatura de filosofía, activa en la actualidad en la UASLP, que cumple once años de ser reactivada, pues esta carrera era una de las carreras que existían en aquella Facultad de Humanidades, requiere conocer sus antecedentes y principalmente los profesores que le dieron vida en la década de los cincuenta y principios de los sesenta.

Uno de esos profesores fue José Villaseñor Tejeda, que impartió cátedra en la Facultad de Humanidades potosina de enero de 1958 a agosto de 1962, año y mes en que fue cerrada. A decir de Josefina de Ávila Cervantes, estudiante y profesora de la mencionada Facultad y de quien hemos tratado en esta columna, “el profesor Villaseñor fue el eje silencioso del cual partían y al cual volvían maestros y alumnos”.

En ese lustro de trabajo en la UASLP por formar maestros en filosofía y en letras escribiría su Introducción a la Filosofía, su estudio sobre la Crítica de la Razón Pura y sus ensayos sobre Sócrates, Freud, Proust, Dostoievski, el humanismo y otros temas que fueron publicados en la Revista de la Facultad de Hum anidades, en Letras Potosinas y en Vitral, revista del Instituto de Cultura Superior, así como escritos inéditos consistentes en investigaciones filosóficas, ensayos sobre arte: pintura, cine, literatura.

José Villaseñor Tejeda murió joven, a los cuarenta años, el 23 de diciembre de 1968 en la Ciudad de México a donde fue a laborar al Instituto de Cultura Superior después del cierre de la Facultad de Humanidades. En ese Instituto reestructuró el curso filosofía de la religión que había iniciado en la UASLP. 

Villaseñor comenzó sus estudios de filosofía en el Seminario Conciliar de México y para 1947 pasó a la Universidad Nacional Autónoma de México donde terminó sus estudios de maestría en filosofía. Al terminar, ingresó como profesor a la Universidad de Guanajuato donde laboró por un poco tiempo al renunciar en protesta por el despido de un grupo de compañeros de trabajo tratados injustamente por las autoridades escolares.

Su compañera de aventura académica en la UASLP, la mencionada Josefina de Ávila lo retrata en un comentario de recuerdo: “La contrapartida de su historia -la que ofrece tan poco a aquellos que esperan todo de los hechos-, fue (usando términos suyos), su intrahistoria. Para quienes no traducen su propia existencia como un activismo urgente y aceptan, por el contrario, que la aventura del espíritu no puede ser corrida con la esperanza de una respuesta concreta y tranquilizadora sino con la pura actitud contemplativa, encontrarán en su obra una invitación a detenerse ante el misterio develable que envuelve y penetra esto que llamamos el Universo”.

El recuerdo de quienes contribuyeron al desarrollo de nuestras instituciones y, participaron en la formación de la juventud potosina y profesionales que contribuyen al desarrollo social es imprescindible en una institución que se jacta de ser representativa de la educación superior en el país; pero más importante es darles vida manteniendo su obra en difusión.

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Acento Ajeno

Educar en el siglo veintiuno es un acto de fe, no solo de vocación | Columna de Haniel Valdés Velázquez

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ACENTO AJENO

Por: Haniel Valdés Velázquez

¿Te has fijado que en las escuelas hay muchas maestras y maestros veinteañeros o apenas llegados a sus treintas? Hay mucha gente joven llevando en sus hombros el futuro de este país.

Muchos recién egresados de las universidades están eligiendo el magisterio como forma de vida, muchos viven hoy de formar nuevas generaciones, de enseñar lo que pocos años antes aprendieron. Y creo que no lo ven solo como un trabajo, lo ven ya, quizás inconscientemente, como su misión de vida.

Las redes sociales se han llenado de nuevos maestros que comparten sus experiencias, sus historias frente a un aula, y están construyendo una forma distinta de educar, una de cercanía, de compañerismo, de ser uno más de sus alumnos, porque sí, educan, enseñan, pero también aprenden y crecen en el proceso.

Las escuelas son hoy, más que nunca, una bonita convergencia de generaciones, maestros experimentados, con años frente al pizarrón, alumnos muy jóvenes y que apenas comienzan ese largo camino que es el crecer, y noveles maestros, más cerca en edad de sus alumnos que de sus compañeros de profesión, que inician su vida laboral en la más noble de las tareas, educar.

A veces sin apoyo institucional, con un Mario Delgado como secretario de Educación Pública al que le falta la educación y el sentido común, con directivos a distintos niveles, que se preocupan más por las ganancias o los días libres que por el objetivo principal de los centros educativos, los maestros siguen firmes en su convicción de que sin su trabajo no existirían los demás, no habría mañana.

Educar, en pleno siglo veintiuno, en este mundo en el que vivimos, no solo es un acto de valentía, es un acto de fe, de esperanza, de profundo amor. ¿Cómo no creer en ustedes, que hoy entregan tanto?

No felicito a los maestros hoy, eso ya lo han hecho todos, mejor les pido disculpas, por las veces que fui del grupito de atrás que había que separar, por las tareas sin hacer, hasta por los padres incomprensivos que no supieron ver que su hijos no eran los angelitos que ellos pensaban. 

Mejor les agradezco, sé que su labor no la hacen esperando la felicitación del único día del año que parece nos acordáramos de ustedes, les agradezco por seguir, por levantarse en las mañanas y salir dispuestos a cambiar vidas, a formar personas de bien, por no pensar en las carencias y solo ver oportunidades de crecimiento en cada alma que llega a sus clases.

A ustedes maestros, gracias, que no se les acaben nunca la experiencia, la creatividad, el amor y sobre todo, que no se les acabe nunca las ganas de construir futuro.

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El Cronopio

Filosofa Paula Gómez Alonzo y el papel de las mujeres en la cultura | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Con el propósito de preparar a las mujeres universitarias para que sirvan con mayor eficacia a los intereses de la colectividad, cooperando en esta forma al engrandecimiento de la Patria, se formó en la década de los cuarenta del siglo pasado la filial en San Luis Potosí de la organización Universitarias Mexicanas, situación ya tratada en esta columna.

Universitarias mexicanas en San Luis Potosí, reunía a las mujeres que estudiaban e impartían cátedra en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. La filial potosina tenía dos labores de fondo, una de aspecto cultural y, la otra de orden social; en el aspecto cultural se incluían charlas y conferencias sobre diferentes problemas de orden intelectual; la otra, de orden social que abordaba problemas como el de la miseria, la desnutrición infantil, entre otros. La desocupación, la prostitución y otros muchos, de los cuales hacen un minucioso estudio para luego presentarlos a las autoridades competentes y cooperar con ellos a su resolución.

Este movimiento nacional englobaba a un buen número de mujeres que se desempeñaban en el ámbito universitario y que contribuían al desarrollo del país en diversas áreas de estudio. Una de estas mujeres que colaboró con el grupo potosino y que visitó San Luis Potosí a dictar conferencias públicas fue la Doctora en Filosofía Paula Gómez Alonzo.

En 1953 dejaba la presidencia de la filial potosina de Universitarias Mexicanas, Rosario Oyarzun, ya tratada en esta columna, y se organizaron una serie de conferencias públicas, como era costumbre y como dictaban los objetivos de la agrupación femenina. Esa serie de conferencias estuvo marcada por los temas de filosofía, dándose cita en San Luis Potosí las escasas mujeres que realizaban filosofía en México y que se habían formado en la década de los veinte y treinta, como filósofas.

Paula Gómez Alonzo se considera la primera mujer en participar en la filosofía académica en México. Como es el caso de otras mujeres, realizó al menos un par de carreras para su formación, la del magisterio, como era común para ellas, y la carrera de filosofía, que cursó en la Universidad Nacional Autónoma de México. Esta condición de caminar entre brechas en la formación y en el interés de estudio de las mujeres, hasta llegar a su objetivo de formación, lo subraya la propia Paula Gómez: “a las mujeres se les excluye de la educación, pero se les reprocha que no sean cultas”.

Paula Gómez nació en Etzatlán, Jalisco el 1 de noviembre de 1896. En 1932 recibió el grado de maestra en filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

defendiendo la tesis: la cultura femenina; en 1951 recibe el grado de Doctora en Filosofía en la propia Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con la tesis: filosofía de la historia y ética.

Paula Gómez es una de las fundadoras del estudio de la filosofía en México, aunque poco o nada se le menciona en este sentido. En 1943, creó el curso de Historia de la Filosofía en México que se imparte en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de la que fue profesora de tiempo completo desde 1933 y en la que laboró por treinta y tres años; pero desde 1925 dictaba cátedra en la Escuela Nacional Preparatoria.

Impartió clase en todos los niveles educativos, además de su participación en actividades públicas de educación informal, como fue su participación en 1953 en San Luis Potosí y en actividades de dirección, al encargarse de 1930 a 1940 de la subdirección de la Escuela Secundaria número 8 y directora de la Escuela Normal Superior de 1947 a 1948.

Paula Gómez se convertiría en la primera mujer en recibir un Doctorado Honoris Causa, por su valiosa contribución al desarrollo de la educación y la filosofía en México. En 1962 la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo se lo otorgó. Cuestión que es digna de mencionar, pues Paula Gómez, como otras de sus compañeras que hicieron filosofía en esa época, no suele mencionarse en la historia de la filosofía mexicana. Ya lo establecía Paula Gómez: “la diferencia entre los sexos es injusta, pues mientras la psicología del hombre parece separarse del especto físico, en la mujer se reduce a este”.

Paula Gómez Alonzo, que sentó las bases para la reflexión del papel de las mujeres en la cultura, murió en Coyoacán, en la Ciudad de México el 3 de noviembre de 1972.

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