junio 19, 2026

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#4 Tiempos

Himno a la palabra | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Sucedió en Polonia hace muchos, muchísimos años. Una vez, una joven madre de familia sufrió un grave accidente de tráfico y quedó como muerta durante varios días. Nada la hizo salir de su letargo: ni las lágrimas de su esposo, ni los diez o doce médicos que la visitaron en su inconsciencia cargados con píldoras y aparatos zumbones e inútiles. Cuando ya todo parecía perdido, el hijo de la mujer, un niño de diez años que no se resignaba a perderla, en un acceso de desesperación se acercó a su madre, la abrazó con fuerza y le gritó llorando: «¡Mamá!». En ese momento la mujer  abrió los ojos, miró fijamente el techo, regresó a la vida y preguntó qué pasaba.

¡Lo que no habían podido los médicos lo pudo la súplica del amor; lo que no pudieron los medicamentos, lo había podido la palabra! ¿Qué tiene la palabra humana que alivia y resucita? ¿De dónde le viene tal poder?

Aunque no soy muy aficionado al cine, y mucho menos al de Pedro Almodóvar (sus historias me parecen o demasiado frívolas o demasiado truculentas, o demasiado todo: es un cineasta, por decirlo así, excesivo), hay una de sus películas que me gusta mucho, que he visto quince veces y siempre con la misma emoción; me refiero a Hable con ella.

El film se estructura mediante dos historias paralelas: la de Marco, un periodista enamorado de una torera, Lidia, y la de un joven enfermero casi subnormal –Benigno- que alimenta un amor secreto por una bella joven practicante de danza llamada Alicia a la que sólo puede ver de lejos a través de la ventana de su casa. Alicia es guapa, desenvuelta, fina: ¿cómo iba esperar Benigno ser correspondido alguna vez? ¡Ni soñarlo, ni pensarlo!

Ahora bien, llegado a un cierto momento el desarrollo del film, ambas, tanto la torera como la joven, sufren cada una por su lado un accidente que las hace ir al mismo hospital y vivir durante mucho tiempo en total inconsciencia. Sin embargo, al final de la película la primera muere, mientras que la segunda regresa a la vida.

En cierto sentido, las historias no podían ser más sencillas. Pero la pregunta que el espectador no puede dejar de hacerse, al levantarse de la butaca, es ésta: ¿por qué no murieron las dos si se hallaban en un estado de igual gravedad? Es claro que cada organismo se las arregla como puede y responde como quiere a los estímulos del exterior, pero por lo menos aquí hay algo más. «Gracias a la palabra», parece decirnos Almodóvar, pues mientras a la torera nadie le hablaba, a la joven el enfermero no dejó nunca de dirigirle la palabra ni de día ni de noche: le contaba su vida, le hacía preguntas, le narraba historias, aun cuando en apariencia la muchacha dormía un sueño bastante parecido al de la muerte. La amaba: ¿cómo iba a dejar de hablar con ella?

Hable con ella es un himno a la palabra humana. Ya el título de la película lo dice, que más que título parece ser una invitación. Hable con ella, a pesar de que no obtenga respuesta; aun cuando la vea como muerta, háblele.

Tan curativo es el influjo de la palabra que Sigmund Freud  (1856-1939) creyó poder curar con ella todas las neurosis o enfermedades d el alma

. Porque, ¿qué es el psicoanálisis sino un método de curación a través de la palabra? «El tratamiento psicoanalítico –escribe Freud- se limita exteriormente a una conversación entre el sujeto analizado y el médico.
El paciente habla, relata los acontecimientos de su vida pasada y sus impresiones presentes, se queja y confiesa sus deseos y sus emociones. El médico escucha, intenta dirigir los procesos mentales del enfermo, le aconseja, da a su intención determinadas direcciones, le proporciona toda clase de esclarecimientos y observa las reacciones de comprensión o incomprensión que de esta manera provoca en él».

Sin embargo, lo que sigue diciendo Freud es todavía más importante: «Las palabras, primitivamente, formaban parte de la magia y conservan todavía en la actualidad algo de su antiguo poder. Por medio de las palabras puede un hombre hacer feliz a un semejante o llevarle a la desesperación; por medio de las palabras transmite el profesor sus conocimientos a los discípulos y arrastra tras de sí el orador a sus oyentes, determina sus juicios y decisiones. Las palabras provocan efectos emotivos y constituyen el medio general para la influencia recíproca de los hombres. No podremos, pues, despreciar el valor que el empleo de las palabras tiene en psicoterapia» (Introducción al psicoanálisis).

¡Ni en la psicoterapia ni en la vida es posible desestimar el poder de la palabra! La palabra resucita muertos. Freud lo sabía, como lo sabía Almodóvar, como lo sabemos todos los que, durante días enteros, nos hemos visto privados de ella. Dios creó el mundo mediante su Palabra, y los vivientes nos mantenemos con vida gracias a lo único que se parece a aquella Palabra primigenia, original: las palabras.

También aquel enfermero de apariencia nada deslumbrante lo sabía: aunque el cuerpo de su amada parecía más bien un cadáver, allá en lo más escondido de sí misma ella escuchaba y se sentía aún viva: con eso era suficiente para regresar. ¡Eso es la vida: tocar y que te toquen, hablar y que te hablen!

Hoy asistimos a la explosión de las enfermedades mentales. ¡Nunca los hombres habían ingerido tantos ansiolíticos y antidepresivos, y nuca habían estado, pese a todo, tan tristes! ¿No será que más que pastillas les falten palabras? ¡Están tan solos! ¿Y si fuera nuestra palabra la que los sanara, la que les devolviera el gusto de vivir? No lo sé. Pero acojo la invitación por si las dudas: hay que hablar con ella, hay que hablar con ellos; hay que encontrar tiempo para hacernos presentes y decirles lo que tanto quisieran escuchar y nadie les dice porque nadie tiene tiempo, tampoco, para hablar con atención y calma.

Sí, ¿y si nuestros males no tuvieran otra causa, otro origen que la falta de compañía?

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#4 Tiempos

Hagamos Fan Fest, eso lo paga el pueblo | Columna de Haniel Valdés

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Acento Ajeno

 

La clase política potosina parece estar de acuerdo en una sola cosa: es hora de pelearse. Sin embargo para coordinarse y ahorrar dinero público, para cumplir promesas de campaña o terminar las obras conjuntas, para dialogar como adultos o políticos maduros, serios, profesionales, en lugar de andar tirando piedras con cuanta pregunta lanzan mis colegas del gremio, para eso: “no señor, no tenemos tiempo”.

El Mundial de 2026 está dejando una imagen que resume buena parte de la relación entre el gobernador Ricardo Gallardo y el alcalde Enrique Galindo: dos Fan Fest en la misma ciudad, financiados con recursos públicos distintos, promovidos por gobiernos distintos y dirigidos exactamente al mismo público, los potosinos.

Por un lado, el Gobierno del Estado adquirió un paquete de derechos de transmisión para llevar los partidos a San Luis Potosí, Soledad, Ciudad Valles y Rioverde. Por otro, el Ayuntamiento capitalino firmó sus propios acuerdos para organizar transmisiones en Plaza del Carmen.

La pregunta es inevitable: ¿era realmente necesario dos fan fest en la capital del estado?

Porque más allá de los argumentos políticos o administrativos que cada autoridad pueda presentar, el resultado práctico fue que dos gobiernos sostenidos por los mismos contribuyentes terminaron desarrollando estructuras paralelas para ofrecer exactamente el mismo servicio: que los ciudadanos vieran partidos del Mundial en espacios públicos.

Pantallas, logística, promoción, personal operativo, actividades complementarias y derechos de transmisión. Todo por duplicado.

Hasta ahora, ninguna autoridad ha transparentado completamente cuánto costaron los derechos de transmisión en cada caso. Se especula que mientras el Ayuntamiento capitalino gastó unos 11 millones, el “tetrapack” estatal superó los 60 millones.

Estas cifras pueden o no ser ciertas, pero lo que sí se conoce es que tanto el Ayuntamiento como el Gobierno del Estado comprometieron millones de pesos en contratos relacionados con sus Fan Fest destinando recursos para un mismo esquema de transmisiones mundialistas, solo que en dos plazas distintas.

El problema no es que existan eventos para acercar el Mundial a la gente. Eso puede justificarse perfectamente. El problema es la ausencia de coordinación institucional.

¿Alguien analizó cuánto habría costado un solo gran Fan Fest respaldado por ambas administraciones?

¿Alguien calculó cuánto dinero público se habría ahorrado compartiendo infraestructura, producción y permisos?

¿Alguien explicó por qué era mejor tener dos proyectos compitiendo entre sí en lugar de uno complementario?

La impresión que queda es incómoda: la rivalidad política terminó pesando más que la eficiencia administrativa.

Mientras los discursos oficiales hablan de unidad, promoción turística y convivencia familiar, las decisiones muestran otra cosa. Muestran dos gobiernos empeñados en demostrar quién podía organizar el mejor evento, aunque eso implique gastar más recursos públicos de los necesarios.

Yo veo dos niños pequeños, organizando su cumpleaños y peleados por ver quien hace la fiesta más linda. ¿El problema? Como los niños son de la misma familia, el dinero sale de la misma bolsa y los invitados son exactamente los mismos “amiguitos”.

El Mundial dura unas semanas. Las consecuencias de gastar sin coordinación permanecen mucho más tiempo.

Porque el dinero utilizado para financiar proyectos paralelos no pertenece ni al gobernador ni al alcalde. Pertenece a los ciudadanos.

Y los ciudadanos tienen derecho a preguntarse si realmente era indispensable pagar dos veces por lo mismo.

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El Cronopio

El incansable escrutador del cielo, Enrique Chavira Navarrete | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

El 5 de junio de 1925 nace en la Ciudad de México Enrique Chavira Navarrete, el incasable escrutador del cielo; personaje que representa el renacer de la astronomía mexicana moderna. Heredero de los pioneros mexicanos de la astronomía que formaron los establecimientos para el estudio de la disciplina, entre ellos los potosinos Valentín Gama y Rodolfo Jurado y, muy especialmente de Joaquín Gallo quien le enseñó a observar y dar seguimiento a cuerpos celestes en el Observatorio de Tacubaya donde ingresó Chavira a trabajar, para luego pasar, al entonces naciente, Observatorio Nacional de Tonantzintla en Puebla, siendo de los astrónomos que iniciaron actividades en aquel lugar en 1943.

Su labor sería pionera al llevar a la astronomía observacional y a explicar que sucede en los fenómenos celestes que fue un paso significativo de la astronomía para usos prácticos que se realizaba en México a la astronomía moderna en el país, con el uso de nuevos instrumentos con los que contaría el Observatorio de Tonantzintla, como la cámara Schmidt, convirtiéndose en uno de los grandes observadores del cielo. El Observatorio de Tonantzintla se convertiría en uno d ellos principales centros de astronomía a nivel mundial, donde se descubrieron una buena cantidad de objetos celestes, participando en ello Enrique Chavira.  

En los setenta, cuando yo estudiaba física en San Luis, visitamos el INAOE que había asumido ese nombre a principios de los setenta al extenderse el observatorio de Tonantzintla a las áreas de electrónica y óptica que se agregaban a la de astrofísica, el Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica, conocimos a Enrique Chavira quien nos mostraba parte de la instrumentación telescópica que contaba esa institución, posteriormente al ir a continuar mis estudios a Puebla, fui compañero de la maestría en física de su hija Elsa Chavira, de quien ya hemos comentado en esta sección, y visité varias veces su casa además de encontrarlo seguido en el INAOE; entre las visitas a su casa, una de ellas de varios días pues estaba convaleciente y la familia de Elsa me albergó, descubrí que Enrique Chavira era un estudioso de las arqueología, y que había recopilado una buena colección de objetos prehispánicos propios de la región cholulteca donde estaba alojado el INAOE

, mismos que estudiaba con ahínco. 

Enrique Chavira es uno de los pilares de la astronomía observacional en México, que lo llevo a ser integrado como investigador en 1952 del Observatorio Astrofísico Nacional de Tonantzintla (OANTon), destacando en la identificación y clasificación de galaxias y estrellas azules gracias a su preparación en análisis espectral.

Entre sus descubrimientos observacionales se encuentran, el de una supernova en la región de Sagitario, el registro del quasar Ton256, que en el nombre lleva las siglas del observatorio de Tonantzintla, el objeto extragaláctico más lejano observado por la Cámara Schmidt de Tonantzintla y del Cometa Haro-Chavira en 1954 en la región del Toro. No es de extrañar que aparezca en el par de novelas de Elena Poniatowska que le dedicó la escritora al Observatorio de Tonantzintla donde trabajaba su esposo Guillermo Haro, compañero de Enrique Chavira.

A lo largo de más de cincuenta años contribuyó a la colección de más de 15 mil placas astrofotográficas del INAOE, sucesor del OANTON. La colección de placas astrofotográficas de la Cámara Schmidt de Tonantzintla que fue reconocida oficialmente en 2015 en el programa Memoria del Mundo de la UNESCO, cuestión que ya no pudo ser testigo Enrique Chavira Navarrete, pues su muerte ocurrió el 23 de noviembre del año 2000 en la Ciudad de Puebla donde radicó en todo ese tiempo. 

Sus grandes descubrimientos y la intensa labor en pro de la astronomía mexicana le valieron diversas distinciones, diplomas, cédulas reales, medallas al mérito académico y el nombramiento de Investigador Emérito en el INAOE.

Enrique Chavira, el gran astrónomo observacional, pasa a la historia como uno de los pilares de la astronomía mexicana moderna. 

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#4 Tiempos

Gallardo manejó, Claudia le leyó el mapa | Apuntes de Jorge Saldaña

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APUNTES

 

 

Culto Público, hijos de la forma y el fondo:

Les traigo la primicia. Hace unas horas estuvo aquí en la capital la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Así. Sin aviso previo. Sin discurso. Rompiendo por completo — y si no me equivoco, por primera vez en su mandato — la forma de acudir a sus giras de fin de semana.

Los eventos a los que vino son, por donde se vea, guiños tiernos: premiar a un equipo de fut femenil en la Politécnica e inaugurar una cancha de futbol en Santa María del Río. Nada que ver con el estilo de sus giras. Y eso dice mucho.

La presidenta comenzó a visitar gobernadores. Y que el primero haya sido el potosino habla de la importancia que le da la mandataria a este estado de cara a la próxima contienda.

No dio discurso — seguramente algunas palabras a las premiadas y a los usuarios de la cancha —, pero su sola presencia dijo mucho más que cualquier micrófono encendido.

En los traslados estuvieron solo ella y el gobernador. Ni siquiera hubo chofer: manejó Gallardo. Y yo les apuesto, sin haberlo visto, que no hablaron del clima ni del partido México contra Corea.

Temas que sí tocaron, a mí juicio: la llamada Ley Serrano, la narrativa nacional construida sin contexto sobre la persecución a “voces críticas” — por fin la presidenta supo la calaña de personas a las que organismos internacionales defendieron con tanto ardor — y la realidad de fondo de ese asunto. Si hubo regaños, que bueno. Si se puso cada cosa en su lugar y en justa dimensión pues qué mejor.

En lo político les dejo dato para que ustedes le den mejor interpretación:

Nadie de Morena ni de Bienestar fue enterado. En Santa María del Río ni despertaron a la presidenta municipal — que es de Morena — y se enteró de la visita de Sheinbaum cuando apenas se andaba haciendo un huevito para el desayuno. Memo Morales y Rita tampoco estuvieron enterados, hasta donde se sabe.

Esos no son descuidos. Eso es mensaje.

Preguntas que dejo en el aire, porque yo no sé nada y ustedes sabrán leer mejor:

¿Comenzó la presidenta a hacer acuerdos rumbo al 27?

Si es así, se le aplaude que los haga en persona. Los mensajes encriptados y los “te mando decir con gestos” caen gordos.

¿Vino a conceder la “Excepción Ruth” estatutaria para amarrar la alianza Verde-Morena de cara a la gubernatura?

¿Vino a decirle al gobernador — no a preguntarle, ojo— cómo se va a llamar el candidato?

¿O ya quedaron en jugar a las venciditas uno contra el otro y buena suerte?

Yo por mi parte no sé nada. Yo apenas estaba echando baño para ir a misa de una en Tequis.

Buen domingo a todos y todas.

Yo soy Jorge Saldaña.

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Opinión

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