octubre 24, 2026

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#4 Tiempos

Himno a la palabra | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Sucedió en Polonia hace muchos, muchísimos años. Una vez, una joven madre de familia sufrió un grave accidente de tráfico y quedó como muerta durante varios días. Nada la hizo salir de su letargo: ni las lágrimas de su esposo, ni los diez o doce médicos que la visitaron en su inconsciencia cargados con píldoras y aparatos zumbones e inútiles. Cuando ya todo parecía perdido, el hijo de la mujer, un niño de diez años que no se resignaba a perderla, en un acceso de desesperación se acercó a su madre, la abrazó con fuerza y le gritó llorando: «¡Mamá!». En ese momento la mujer  abrió los ojos, miró fijamente el techo, regresó a la vida y preguntó qué pasaba.

¡Lo que no habían podido los médicos lo pudo la súplica del amor; lo que no pudieron los medicamentos, lo había podido la palabra! ¿Qué tiene la palabra humana que alivia y resucita? ¿De dónde le viene tal poder?

Aunque no soy muy aficionado al cine, y mucho menos al de Pedro Almodóvar (sus historias me parecen o demasiado frívolas o demasiado truculentas, o demasiado todo: es un cineasta, por decirlo así, excesivo), hay una de sus películas que me gusta mucho, que he visto quince veces y siempre con la misma emoción; me refiero a Hable con ella.

El film se estructura mediante dos historias paralelas: la de Marco, un periodista enamorado de una torera, Lidia, y la de un joven enfermero casi subnormal –Benigno- que alimenta un amor secreto por una bella joven practicante de danza llamada Alicia a la que sólo puede ver de lejos a través de la ventana de su casa. Alicia es guapa, desenvuelta, fina: ¿cómo iba esperar Benigno ser correspondido alguna vez? ¡Ni soñarlo, ni pensarlo!

Ahora bien, llegado a un cierto momento el desarrollo del film, ambas, tanto la torera como la joven, sufren cada una por su lado un accidente que las hace ir al mismo hospital y vivir durante mucho tiempo en total inconsciencia. Sin embargo, al final de la película la primera muere, mientras que la segunda regresa a la vida.

En cierto sentido, las historias no podían ser más sencillas. Pero la pregunta que el espectador no puede dejar de hacerse, al levantarse de la butaca, es ésta: ¿por qué no murieron las dos si se hallaban en un estado de igual gravedad? Es claro que cada organismo se las arregla como puede y responde como quiere a los estímulos del exterior, pero por lo menos aquí hay algo más. «Gracias a la palabra», parece decirnos Almodóvar, pues mientras a la torera nadie le hablaba, a la joven el enfermero no dejó nunca de dirigirle la palabra ni de día ni de noche: le contaba su vida, le hacía preguntas, le narraba historias, aun cuando en apariencia la muchacha dormía un sueño bastante parecido al de la muerte. La amaba: ¿cómo iba a dejar de hablar con ella?

Hable con ella es un himno a la palabra humana. Ya el título de la película lo dice, que más que título parece ser una invitación. Hable con ella, a pesar de que no obtenga respuesta; aun cuando la vea como muerta, háblele.

Tan curativo es el influjo de la palabra que Sigmund Freud  (1856-1939) creyó poder curar con ella todas las neurosis o enfermedades d el alma

. Porque, ¿qué es el psicoanálisis sino un método de curación a través de la palabra? «El tratamiento psicoanalítico –escribe Freud- se limita exteriormente a una conversación entre el sujeto analizado y el médico.
El paciente habla, relata los acontecimientos de su vida pasada y sus impresiones presentes, se queja y confiesa sus deseos y sus emociones. El médico escucha, intenta dirigir los procesos mentales del enfermo, le aconseja, da a su intención determinadas direcciones, le proporciona toda clase de esclarecimientos y observa las reacciones de comprensión o incomprensión que de esta manera provoca en él».

Sin embargo, lo que sigue diciendo Freud es todavía más importante: «Las palabras, primitivamente, formaban parte de la magia y conservan todavía en la actualidad algo de su antiguo poder. Por medio de las palabras puede un hombre hacer feliz a un semejante o llevarle a la desesperación; por medio de las palabras transmite el profesor sus conocimientos a los discípulos y arrastra tras de sí el orador a sus oyentes, determina sus juicios y decisiones. Las palabras provocan efectos emotivos y constituyen el medio general para la influencia recíproca de los hombres. No podremos, pues, despreciar el valor que el empleo de las palabras tiene en psicoterapia» (Introducción al psicoanálisis).

¡Ni en la psicoterapia ni en la vida es posible desestimar el poder de la palabra! La palabra resucita muertos. Freud lo sabía, como lo sabía Almodóvar, como lo sabemos todos los que, durante días enteros, nos hemos visto privados de ella. Dios creó el mundo mediante su Palabra, y los vivientes nos mantenemos con vida gracias a lo único que se parece a aquella Palabra primigenia, original: las palabras.

También aquel enfermero de apariencia nada deslumbrante lo sabía: aunque el cuerpo de su amada parecía más bien un cadáver, allá en lo más escondido de sí misma ella escuchaba y se sentía aún viva: con eso era suficiente para regresar. ¡Eso es la vida: tocar y que te toquen, hablar y que te hablen!

Hoy asistimos a la explosión de las enfermedades mentales. ¡Nunca los hombres habían ingerido tantos ansiolíticos y antidepresivos, y nuca habían estado, pese a todo, tan tristes! ¿No será que más que pastillas les falten palabras? ¡Están tan solos! ¿Y si fuera nuestra palabra la que los sanara, la que les devolviera el gusto de vivir? No lo sé. Pero acojo la invitación por si las dudas: hay que hablar con ella, hay que hablar con ellos; hay que encontrar tiempo para hacernos presentes y decirles lo que tanto quisieran escuchar y nadie les dice porque nadie tiene tiempo, tampoco, para hablar con atención y calma.

Sí, ¿y si nuestros males no tuvieran otra causa, otro origen que la falta de compañía?

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El Cronopio

Leticia Almazán de la Garza, compositora potosina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

San Luis Potosí ha sido tierra de compositores, donde la música de concierto y las canciones de concierto han sobresalido. Algunos de estos personajes los hemos tratado en esta sección, aunque entre ellos han escaseado las mujeres, en cuanto a composiciones se refiere. Los tiempos cambian al abrirse oportunidades a las damas y, afortunadamente, en este siglo veintiuno podemos contar con algunas compositoras potosinas. Como muestra está el concierto que ofreciera la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí en el mes de marzo pasado donde interpretó, en el marco del Día Internacional de la Mujer, composiciones de autoras potosinas. Entre las compositoras potosinas programadas en el concierto se encontraba Leticia Almazán de la Garza.

Leticia Almazán, al menos fue mencionada en esta columna cuando tratamos el caso de la pianista potosina Malkhut Zavala, quien tiene entre su repertorio obras de Leticia Almazán, quien actualmente es encargada de las Escuelas de Iniciación Artística Asociadas que están asociadas al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que a pesar del esfuerzo de sus integrantes ha sido difícil su continuación, como suele suceder con el cambio de administraciones. Leticia Almazán se desempeña como Directora Académica del CEART San Luis.

Entre sus composiciones se encuentra La Noche, obra basada en los poemas de Manuel José Othón, obra con la que obtuvo el premio 20 de noviembre “Julián Carrillo”; la obra se estrenó en 2006, y ha sido poco interpretada, hasta que se armó el concierto de marzo.

A cien años de la muerte de Othón se compone esta obra musical, que da concreción a la obra inconclusa que contemplaran Othón y Carrillo, su conjunción lírica que habían titulado Tetralogía. Una pieza para celebrar el centenario de la Independencia de México que estaría dividida en cuatro partes: Descubrimiento de América, Conquista, Virreinato e Independencia. Así sería una obra que recorrería la historia hispana de México y la construcción de un nuevo país. La muerte sorprendió al poeta y la obra quedó en suspenso; colaboración entre dos grandes figuras potosinas del arte, cuestión ya tratada en muy anterior entrega de esta sección de El Cronopio.

Ahora Leticia Almazán, se basa en la poesía de Othón para crear su obra musical La Noche. Una forma de apreciar el nuevo arte musical potosino de la mano de Leticia Almazán y la poesía del máximo poeta potosino. Por desgracia, es música que no se encuentra grabada por lo que dificulta su difusión, de por sí escasa, en aquellas obras de que se disponen grabaciones.

Leticia Almazán surge, así como una de las mujeres que abren camino en el campo de la composición en San Luis Potosí. Su incursión en esta línea de la composición es alentadora, pues puede sumarse a la escasa pero existente lista de compositoras mexicanas que incursionaron en la música clásica, entre ellas, María Grever, Sofía Cancino de Cuevas, Rosa Guraieb, Consuelo Velázquez, Ángela Peralta, María Teresa Prieto, Alicia Urreta, Guadalupe Olmedo, y ahora la joven compositora potosina Galya Cisneros, por citar algunas.

Leticia Almazán se tituló en la Licenciatura en Composición en la Escuela Estatal de Música en el año 2015, y realizó una Maestría en Administración Pública en la Universidad Latinoamericana.

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Acento Ajeno

Ni Moisés dividió tanto el agua | Columna de Haniel Valdés

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Por: Haniel Valdés

Hoy escribo porque cometí un error. Fui de los periodistas que estuvimos en rueda de prensa con el alcalde de la capital, Enrique Galindo Ceballos, al terminar la Junta de Gobierno con Interapas. El miércoles pasado ofreció declaraciones a medios de prensa que sí acudimos a la cita nocturna y compartió los acuerdos tomados en dicha reunión.

Ahí está mi error: al parecer mis notas no fueron lo suficientemente claras. O quizás solo fue que varios medios salieron a llenar huecos que no había.

Lo interesante de ese encuentro es que se aprobó el plan de estímulos fiscales que se llevará al Congreso del Estado para su aprobación de cara a 2027, donde se aclaró además (y se insistió mucho en eso) que la tarifa de cobro del líquido se mantendría igual que en este año.

Al día siguiente muchos medios ya traían la nota de que aumentaría la tarifa y quién sabe cuántos inventos más de colegas que no estuvieron en la conferencia de prensa y que les pareció divertido el imaginar datos e informar a medias.

Pero lo que más me preocupa no es el ruido que generaron esas notas, sino la incoherencia que se vivió en dicha reunión por parte del síndico y el alcalde de Soledad, así como de Pascual Martínez.

Según informa Galindo, entre las decisiones tomadas, está la de revisar si es posible cumplir con la petición que hizo el gobernador de no cobrar el servicio a adultos mayores. Ni los participantes por Soledad, ni el titular de la CEA, votaron a favor de dicha propuesta. ¿No están de acuerdo con la idea de Gallardo? Es que la primera vez que el gobernador habló sobre el tema, fui muy cuidadoso y me fijé claramente que ambos, Pascual

y Navarro, estaban aplaudiendo esa iniciativa.

La CEA ya es habitual que no aporte a esas reuniones, según Galindo, el titular solo ha ido a tres y no votó en esta última, tampoco dio razones ni propuso algo. Sí, el organismo responsable de la política pública del agua en el Estado no tiene nada que aportar sobre el tema.

Según informó el presidente de la junta, Juan Manuel Navarro sí aportó algo, propuso un estímulo fiscal que también quedó dentro de los acuerdos que se enviaron al Congreso. Ahora, cuando tocó votar, Navarro se abstuvo de hacerlo, ¿no está de acuerdo con una idea que él mismo había planteado? ¿o algo lo hizo cambiar de opinión?

Lo cierto es que mientras la diputada Nancy Jeannine García, presidenta de la Comisión del Agua, llama a no politizar, todos lo continúan haciendo, lo hace el aquaman Gámez Macías, lo hace el alcalde capitalino, lo hace el gobernador del estado, lo hace el alcalde de Soledad y la CEA. Mientras hay cuentas sin pagar, tinacos sin llenar, conductoras sin reparar y rezos por hacer para que El Realito no vuelva a fallar.

“Entonces extendió Moisés su mano sobre el mar, y Jehová hizo que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche; y volvió el mar en seco, y las aguas quedaron divididas.” (Éxodo 14:21)

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El Cronopio

María Luisa Toranzo, pionera del cuento mexicano | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Por: J.R. Martínez/Dr. Flash

En la antología de Liliana Pedroza sobre el cuento mexicano, A Golpe de Linternas, que en su tomo I dedica a las pioneras, se encuentra entre las antologadas la potosina María Luisa Toranzo, que dedicó parte de su vida a la escritura y que fuera figura cultural mexicana. Madre y abuela del filósofo Luis Villoro y el escritor Juan Villoro, respectivamente.

Parte de su obra literaria se recoge en libros como: Azahares, espinas y rosas; Meditaciones, Suegras; Esbozos; Tres Chiquillas; Cuadros de una exposición; Páginas viejas; Charlas con mi hija; Átomos tontos, entre otros. Libros que reflejan su formación en el campo potosino y la época que le tocó vivir, donde impera el existencialismo y la fenomenología, campos que experimentaría posteriormente su hijo Luis Villoro. En su libro de ensayos: Esbozos, que lleva como ensayo central: El dominio de sí mismo, Sophrosyne vs la Hybris, “el dominio de sí mismo” no es una negación de la vida o de los impulsos, sino la condición necesaria para la auténtica libertad. Sin el gobierno de uno mismo, el ser humano queda a merced de fuerzas externas o de impulsos ciegos, perdiendo su autonomía.

María Luisa Toranzo Jordana nació en San Luis Potosí el 13 de marzo de 1890, perteneciente a familia de hacendados, vivió su infancia en la Hacienda de Cerro Prieto en el altiplano potosino, rumbo a Zacatecas, fue hija natural y creció entre libros, estudiando idiomas y cultivando la música tocando el arpa y la mandolina. El movimiento revolucionario le llevó en la adolescencia a radicar en la Ciudad de México, donde la vida placentera se trastocaba y la famosa banda del automóvil gris hacía de las suyas, y que quedó registrada en una de las primeras películas realizadas en México, llamada justo La banda del automóvil gris de 1919 de Enrique Rosas, filmada en los lugares donde pertrecharan sus ataques. En la película aparece la casa Toranzo donde vivió María Luisa en México y donde aparece en escena acechada en el asalto a su casa por tan peculiar banda.

Los acechos no pararon para María Luisa y fue pretendida por un general revolucionario del que logró escapar partiendo a España e instalándose en Barcelona donde se casaría con el médico barcelonés Miguel Villoro Villoro, procreando a tres hijos, entre ellos al filósofo Luis Villoro. Quedaría viuda y al iniciar la guerra civil española regresa a México huyendo de nuevo de la violencia. Se instala por un tiempo en la Hacienda de Cerro Prieto y parte a la Ciudad de México para que sus hijos continuaran sus estudios de formación.

Su familia potosina de abolengo le propició una considerable fortuna que le permitió ir a Barcelona, su abuela paterna Genoveva Peña Santacruz que casó en segundas nupcias con Casimiro Toranzo Ortiz, había sido esposa de Pantaleón Ipiña Eguía, siendo madre de José Encarnación Ipiña Peña.

Su pensamiento que de cierta forma influyera en su hijo Luis Villoro lo destaca en su libro Esbozos: “El dominio de sí mismo sobre la soberbia debe de consistir, no sólo en dominarse ‘delante de la gente’ y en vuestras ‘relaciones sociales’ para que los demás ‘vean’ que sois humildes o sencillos, sino que este dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestra soberbia debe ser de tal modo profundo, que no sea un dominio efímero, originado únicamente por el bien parecer; tampoco debe ser un dominio de autosugestión, que sin serlo, os haga creer que ya sois humildes; sino que este dominio de vosotros mismos sobre la soberbia, debe ser una especie de ‘cura’ si queréis lenta y suave, pero sí honda, minuciosa y profunda. El dominio de vosotros mismos debe ser como un cauterio que tienda a curar, aunque sea quemando; a cauterizar, aunque sea con dolor, la llaga de vuestra soberbia, el cáncer de vuestro orgullo”

María Luisa Toranzo fue una mujer de una cultura vasta que participó activamente en la vida intelectual mexicana, aportando una sensibilidad ética que complementaba el rigor lógico de la época. Su enfoque en el “dominio de sí” suele leerse como un puente entre la virtud antigua, la psicología moderna y la abierta espiritualidad. Su nieto Juan Villoro la describe como una mujer que intentaba descifrar los secretos de la convivencia humana.

María Luisa Toranzo Jordana murió en la Ciudad de México a los 78 años de edad, el 2 de abril de 1968.

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