agosto 17, 2026

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#4 Tiempos

Héroes verdaderos… o no | Columna de Guille Carregha

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CRITICACIONES

 

En mi constante búsqueda de ver más cine mexicano porque, aparentemente, me odio muchísimo a mí mismo, recordé la existencia de Héroes Verdaderos, una de las pocas películas animadas nacionales lanzadas en cines que no han sido hechas por Ánima Estudios. De entrada, la falta del nombre “Ánima” en los logos de las productoras ya va indicando que, esté culera o no la película en cuestión, al menos sí se puede asegurar que había personas apasionadas por el proyecto detrás. También quiere decir que es un proyecto hecho con ganas y cariño, no nada más como parte de un procedimiento administrativo insulso que llevará, una vez más, a que los administrativos de la productora cobren todas las becas y fideicomisos de cine mexicano disponibles, sin tener un plan real o un mínimo de interés por el medio del cine o la animación, más que el clásico “pues es que así es como sacamos dinero de este negocio, la verdad”.

                  No es la primera vez que veo esta película. De acuerdo a mi cuenta de Letterboxd, tuve la oportunidad de rentar el DVD de la misma por allá del 2012 y, de acuerdo a mi escueta reseña, pensé que estaba como bien. Claramente no me pareció que era una gran obra ni algo que quisiera volver a ver pronto, pero, al menos, no me emputé después de tener que soportar su visionado, como me ha pasado con TODOS los bodrios de Ánima Estudios que me he obligado a consumir. Porque, una vez más, aparentemente me odio a mí mismo.

                  Ahora, aprovechando que han pasado 12 años desde que se me ocurrió que estaría interesante darle oportunidad a la animación mexicana, y viendo que ya pasaron las llamadas fiestas patrias, me pareció cotorro volver a ver Héroes Verdaderos. En primera instancia, porque no me acuerdo de absolutamente nada de esta cosa. Sé que no era un delirio febril, que sí existió, que se trataba de una versión EXAGERADAMENTE esterilizada de la independencia mexicana y que, en su momento, no podías ir a una papelería o supermercado sin tener que ver los mismos PNGs publicitarios de Miguel Hidalgo y Morelos plasmadas en libretas de espiral o estuches que, a decir verdad, no tengo idea si alguien compró.

                  En 2024, ¿sigo pensado que esta película sigue estando “como bien”?

                  No.

                  La neta no.

                  Si está medio culera.

                  O sea, reitero, claramente se alcanza a notar que hay una cantidad exorbitante de pasión detrás de la animación que vemos en pantalla, se ve que quienes trabajaron ahí (a menos que estuvieran desesperados por comprobarse a sí mismos que podían ganar dinero haciendo animación en México y, asumiendo que la productora si pagaba bien y a tiempo,) realmente se esforzaron tanto como pudieron para generar la mejor película posible con lo que tenían a la mano, pero… No. Sólo no.

                  De entrada, el problema principal no es la animación en sí. O sea, sí, es medio deficiente, no lo vamos a negar, pero tampoco es como si esto fuera lo que hunde al proyecto. Aunque si cuenta con unas decisiones artísticas bien confusas.

Por alguna razón a la que podría describir como “nuestro líder máximo es un boomer en potencia”, los diseños de personajes son versiones piratas de los personajes de las películas de Disney de los 90’s. Me refiero a que, cuando los ves, no es posible decir algo como que “se inspiraron en las películas de Disney”. Son calcas de personajes internacionalmente conocidos… pero con un tono de piel más café o ropa medio inspirada en lo que se usaba en aquella época del principio de los 1800 para diferenciarlos. El ejemplo más descarado es Mixcoatl, uno de los personajes principales, quien es literalmente Aladdin. No “se parece”. ES Aladdin. Pero más café para evitar eso del copyright.

Y, no contentos con calcar el estilo de personajes de Disney, podría jurar por la vida de alguna de mis mascotas, que varias secuencias animadas TAMBIÉN fueron calcadas directamente de alguna película de la compañía megalómana representada por un ratón. Decenas de veces, a lo largo del visionado, sentí déjà vues al observar algunos movimientos en pantalla. No porque ya hubiera visto esta cosa 12 años antes, sino porque la repetición constante de los VHS de mi infancia durante los 90 habían arraigado esos gestos en la memoria de mi ADN. Conocía estos movimientos porque mi versión infantil intentaba recrearlos en su día a día. Yo viví esos movimientos.

Una de las razones por las que sospecho tal situación de calca descarada es porque, al mismo tiempo, muchas escenas estaban sobreanimadas y subanimadas. A lo que me refiero es que, como estábamos emulando el estilo de Disney de los 90’s, TODOS los personajes hacían una cantidad infame de movimientos innecesarios al momento de hacer cualquier cosa. Es decir, no era solo animar al personaje diciendo “¿a dónde vamos?” mientras hacía un gesto de confusión, había que generar el movimiento de una danza interpretativa en la que todos y cada uno de los huesos y músculos de este ser humano debían moverse hacia todas partes en menos de un segundo para que se viera más dinámico y atractivo. Pero, eso solo a veces. Porque, al cambiar la posición de la cámara y cortar hacia otro ángulo, los personajes se convertían en maniquíes tiesos que a duras penas movían la boca al hablar. No había consistencia alguna.

Y ni hablar de los filtros rarísimos que pusieron sobre la animación, que a veces la hacían ver como grabada con una cámara apuntando a la pantalla de una televisión CRT con calidad de transmisión del Canal 5 antes del apagón analógico, y a veces se veía como dibujos digitales a los que les hubieran pasado un marcador medio seco encima de los colores nomás para darle “textura”. Es indescriptible esta situación de verse tan trabajado y tan cutre al mismo tiempo.

Pero, a decir verdad, lo más cutre que tiene Héroes Verdaderos es su guión. Joder, que está espantoso el guión.

Aparentemente la película fue dirigida, producida, patrocinada, publicitada y escrita por una sola persona, un tal Carlos Kuri, quien, según iMDB, no ha hecho absolutamente nada más después de regalarnos esta película (excepto los anuncios de los tecolotes de Sanborns…). Posiblemente el señor Kuri tenía unas intenciones muy bonitas al momento de querer hacer su sueño de ver a Disney animando la guerra de independencia para que los niños se la pasaran bien aprendiendo historia, y quizá tenga una cantidad inconmensurable de conectes en el mundo de los negocios para invertir en productos como este… pero el señor de escritor tiene lo que la escuela de comunicación de la UASLP tiene de currículums de calidad: NADA.

Claramente, se supone que es una película sobre la independencia. Por eso, OBVIAMENTE, la guerra de independencia inicia a los 65 minutos de una película de 100. Por un lado, le aplaudiría que decidió hacer una película desde los ojos de unos muchachos random que vivían en la Nueva España, para darle una personalidad menos “producto de la SEP” a la película. Me parecía una idea interesante… HASTA QUE CARLOS KURI DIJO “CHINGUE A SU MADRE, SE TRATA DE LOS PRÓCERES DE LA INDEPENDENCIA, ALV CON ESTOS MORRILLOS INSIGNIFICANTES”. Entonces, después de aventarnos más de 50 minutos de backstory de los OCs del señor, ahora de pronto todo es ver lo maravillosos y asombrosos que fueron Hidalgo y Morelos. Nivel, la película termina con un montaje de los próceres siendo abatidos por fusilamiento con música triste. PORQUE ESOS SON LOS PERSONAJES DE LOS QUE NOS ENAMORAMOS, LOS QUE LLEVAN COMO 20 MINUTOS EN PANTALLA.

Y, aún así, aún con este guión tan deficiente al que claramente nadie revisó ni editó, aún con el tamaño de los huevos de este señor de decir “¿estructuras narrativas? Eso ya ni se usa”, aún con unos personajes sin chiste a los que tenemos que seguir porque sí, aún con todo eso, lo absolutamente más horrible de esta producción está escondido en otra parte. Porque, como dije, este es un intento de hacer Disney pero en mexicano. Y hay una cosa que Disney hacía en los 90s. Algo que caracterizaba a sus películas: eran musicales.

No sé si alguien en alguna parte del mundo dijo “¿a poco no estaría poca madre oír a Brozo cantar una canción?”, pero para ese degenerado anónimo, Héroes Verdaderos cumplió esa fantasía. Hay canciones.

NI UNA SE SALVA.

Las letras son horrendas. Nivel podría decir que ChatGPT las escribió de no ser porque aún no existía la IA generativa en 2010. Pero la musicalización es peor. A duras penas el único instrumento es un piano sin acompañamiento que parece que está tocando un señor en un bar de Sanborns. Ni la composición ni la producción están, deja tú buenas, PASABLES.

De pequeño sentía a veces pena ajena cuando veía películas animadas en las que intentaban cantar y no le salía. Si hubiera visto esto en aquella época hubiera descubierto de manera experimental y lúdica el significado de suicidio.

Es inimignadamente inimignante.

Y aún así, con todo y todo, aunque no me sienta en la posición de recomendarle a nadie que vea este bodrio, no es, ni por mucho, tan horrible como cualquier basura de Ánima Estudios. Algo bueno tenía que decir sobre esta película…

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#4 Tiempos

Historias de valor | Columna de Juan Jesús Priego

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LETRAS minúsculas

 

Una vez, un famoso orador se presentó ante un auditorio muy numeroso para disertar acerca de La dignidad humana y sus fundamentos teóricos (así tituló su conferencia). ¡Pero, ay, tan largamente habló de estos asuntos que muchos asistentes empezaron a bostezar y otros francamente se durmieron! Entonces decidió cambiar de táctica y sacó de su cartera un billete de quinientos pesos, lo agitó en el aire y preguntó con voz tonante:

¿Alguien quiere este billete?

Los que estaban despiertos levantaron la mano, y los que en ese momento dormían también la levantaron, e incluso más firmemente que los otros, un poco así como los diputados y los senadores la levantan en la Cámara a la hora de las votaciones. ¿Sobre qué van a votar? Sólo Dios lo sabe, pero ellos de todas maneras, para fingir que viven, dan muestras de asentimiento. Pero sigamos con nuestra historia. Era claro que todos querían participar en el dichoso concurso, pero ¿qué tenían que hacer para ganarse esos quinientos pesos?

El orador adoptó un aire misterioso, tiró al billete al suelo, lo pisoteó una, dos y cien veces, cual si bailara sobre él el jarabe tapatío, lo levantó del suelo y volvió a decir:

-El billete ha quedado un poco maltratado, como ustedes pueden ver. Pero si alguien lo sigue queriendo, que me lo diga.

Por demás está decir el revuelo que se armó. ¿A quién le importaba que estuviera maltratado? ¡Todos seguían queriendo aquel billete!

Luego el orador escupió sobre él, lo dobló, hizo con él una bola del tamaño de una pelota de golf y lo enseñó otra vez a su auditorio.

-Quien en tales condiciones siga queriendo este billete no tiene más que decírmelo y se lo daré.

Y he aquí que todos volvieron a levantar la mano.

-Bien –dijo entonces el orador-. Ahora ya están en mejor condiciones de saber qué es la dignidad humana. Cuando el billete estaba liso y crujiente, todos lo querían, pues valía lo que dice en cada uno de sus cuatro ángulos, es decir, quinientos pesos. Cuando lo pisoteé no una, sino varias veces, y quedó manchado con el lodo de mis zapatos, ustedes quisieron tenerlo aún, pues seguía valiendo quinientos pesos: mis golpes, como quiera que sea, no le hicieron perder nada de su valor. Luego lo escupí, pero no por eso ustedes le hicieron ascos. Pues así sucede con el hombre, señores y señoras. El hombre puede ser pisoteado, escupido, humillado; pero, pase lo que pase con él y le hagan lo que le hagan, nunca perderá su valor ni su dignidad.

El auditorio esbozó una sonrisa de comprensión y amabilidad, y el orador prosiguió de esta manera:

-Suceda lo que suceda, ante Dios siempre seremos valiosos e importantes: infinitamente más valiosos que este billete que, por lo demás, sólo vale quinientos pesos. ¿Ahora han comprendido ya en qué consiste la dignidad humana?

Y así acabó aquella conferencia. Espero que, por su bien, el orador haya sorteado entre el auditorio aquel billete, pues, de lo contrario…

Cuando leí esta historia en un libro de cuyo título no puedo acordarme, también yo sonreí. Pero no por el ingenio de este orador, sino porque ya había leído yo en un libro de la antigüedad cristiana una historia parecida.

Una vez –así comienza esta otra historia, mucho más antigua que la primera-, un peregrino fue en busca de un anacoreta para pedirle ayuda y un consejo. Estaba muy afligido por sus pecados pasados y no estaba seguro de que Dios fuera a perdonárselos. “No he sido bueno –gemía, desconsolado-; no he sido trigo limpio. ¿Tendrá Dios compasión de mí?”.

El anacoreta le habló largamente de la misericordia divina, le contó la historia de David y otras muchas tomadas de la Biblia; lo amonestó con graves palabras para que confiara más en la misericordia divina, pero el pobre peregrino seguía mostrándose al borde de la desesperación.

Entonces el santo hombre de Dios le hizo esta pregunta:

-Dime, si tu túnica se rasgara, ¿la tirarías?

-No. Esta túnica es la única que tengo; si se rasgara, la remendaría y volvería a usarla.

-Entonces, fíjate bien –respondió el anacoreta-: si tú cuidas así tus vestidos, que no son más que paño, ¿crees que Dios no va a tener misericordia de uno que ha sido creado a su imagen y semejanza?

El peregrino sonrió lleno de gozo, luego lloró durante unos instantes, emocionado, y por último besó la mano del santo anacoreta: había comprendido la lección. ¡Ahora ya sabía cuál es el valor de la vida humana! Y, dándole las más sinceras gracias, reemprendió su camino…

¿No es ésta una historia bella y profundamente humana? En realidad, me gusta mucho más que la anterior. ¿Crees que, por lo que has hecho, Dios se va a deshacer de ti echándote en el olvido? ¿Crees que Dios se deshace de este modo de sus criaturas? Sí así lo crees, si esto es lo que piensas de Él, déjame decírtelo: aún no lo conoces. Como el billete del conferencista, el hombre puede estar sucio; como la túnica del peregrino, su corazón puede estar roto, pero no por eso a sus ojos vale menos. Tal es, en pocas palabras, el fundamento de la dignidad humana. Y quien quiera fundamentarla de otra manera y con otros argumentos construye sencillamente en el vacío.

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El Cronopio

El artista, narrador, periodista e ingeniero, Alberto Sustaita | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

J.R. Martínez/Dr. Flash

En la lista de los grandes literatos potosinos del siglo XIX y principios del siglo XX se encuentra Miguel Alberto Sustaita Zavala que combinó su actividad profesional entre el periodismo, la literatura, el dibujo y la música. Esta última exponiendo la vena musical familiar pues su abuelo fue el músico potosino de reconocimiento internacional León Zavala, cuyo nombre perduró en el imaginario potosino al preservarse la orquesta con su nombre, en la cual, por cierto, iniciaría sus actividades musicales Julián Carrillo.

Su nombre se suma a la lista de personajes que combinan su vocación entre las ciencias e ingeniería con las letras. Alberto Sustaita ingresaría a estudiar ingeniería en el Colegio Militar de México, después de terminar sus estudios de preparatoria en el Instituto Científico y Literario de San Luis Potosí, mismos que abandonaría para dedicarse a la escritura iniciando actividades de literatura y periodismo, en San Luis Potosí.

Miguel Alberto Sustaita Zavala nació en San Luis Potosí el 10 de mayo de 1863, su primera infancia la vivió bajo la ocupación francesa en San Luis. Si bien su obra literaria no es del todo conocida, sus composiciones musicales lo son menos, las cuales fueron influenciadas por el ambiente familiar en el cual varios de sus tíos ejercían su vocación musical heredada de su abuelo.

En sus primeros años como escritor se distinguiría por su trabajo periodístico, donde luego usaba la poesía como forma de expresión. Sus contribuciones en los periódicos locales de la época, como El Estandarte y El Correo de San Luis, usaba el seudónimo de P.K. Dor, el que luego también usaría en su obra literaria. Fue director del periódico potosino El Contemporáneo.

Su obra literaria incluye teatro, cuento, drama y novela

, la cual produjo desde fines del siglo XIX hasta su muerte que ocurrió el 29 de junio de 1909.

En 1892 publicó Siete Pecados, libro de narraciones editado por la imprenta Vélez e hijos, donde Manuel José Othón hizo la presentación; presentación donde Othón lamentaba “porque en San Luis nadie lee” (¿qué tanto ha cambiado esta apreciación?).

Iniciando el siglo XX llevaría a la imprenta varias de sus obras, entre las que se encuentran la realizada en la Imprenta Popular en 1906 intitulada Las Bolado. En la Tipografía de la Escuela Militar de San Luis Potosí, editaría las obras: Nita. Drama en un prólogo y tres actos, en 1904; El crimen del Pullman en 1907; Mortales y veniales en 1907; El padre Adrián. Drama en tres, también en 1907; Mutilado en 1909, poco antes de su muerte.

En 2010 el Ayuntamiento de San Luis Potosí publicó la obra Cuentos Potosinos donde se incluyeron los escritos por Alberto Sustaita y en 1998 El Colegio de San Luis, en su colección Literatura Potosina 1850 – 1950 coordinada por Ignacio Betancourt, publicó los cuentos Un Truchiman, Doña Juanita y el Tren de Balastre.

Alberto Sustaita procreó cinco hijos en su matrimonio el 7 de mayo de 1898 con María Emilia Muñoz López realizado en San Luis Potosí.

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#4 Tiempos

El pionero de la música electrónica en América Latina | Columna de J.R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

Uno de los trascendentes desarrollos artísticos y científicos potosinos lo son los pianos metamorfoseados desarrollados por Julián Carrillo, únicos en el mundo y que abriera la puerta a un nuevo universo musical. Los pianos, diseñados dando importancia al esquema práctico del propio piano, o sea sin cambiar la disposición de las teclas, fueron diseñados para poder tocar en tercios, cuartos, hasta dieciseisavos de tono, conformando así una serie de quince pianos que fueron presentados en la Feria Internacional de Bruselas en 1958 donde obtuvieron la medalla de oro.

Previamente Carrillo había diseñado y transformado un piano comercial de alta calidad a piano de tercios de tono, cambiando por completo el cuerpo del piano, el arpa que daba paso a tener un piano en tercios de tono, lo cual fue desarrollado a finales de la década de los cuarenta del siglo XX.

En este importante diseño del piano de tercios de tono, participó un joven que se haría camino en el mundo de la música y de la tecnología, Raúl Pavón Sarrelangue que pasa a la historia de la música mexicana como el pionero en la música electrónica en América Latina.

Por el lado musical, Raúl Pavón estudiaría guitarra con el célebre guitarrista Andrés Segovia y en Milán, Italia y en Colonia, Alemania, música electroacústica. Posterior a su participación el piano de tercios de tono, continuó su trabajo en nuevos diseños y construcción de guitarras y sintetizadores.

En el ámbito de la ingeniería y tecnología Raúl Pavón se formaría en el Instituto Politécnico Nacional egresando de la licenciatura en ingeniería en electrónica y comunicaciones en 1954, graduándose como ingeniero en radiocomunicación y electrónica con un diplomado en computación, continuando sus estudios superiores en electrónica en Milán, Colonia y París.

Su formación, así, estuvo ori entada a la música y la ingeniería lo que le permitiría unir esas disciplinas en sus futuras contribuciones en la música electroacústica de la que sería pionero en América Latina destacando además como compositor e investigador.

En 1964 construyó el primer sintetizador hecho en México, el Ominifón, uno de los primeros sistemas de sintetizador didáctico, que anticipó la idea de la tecnología musical como herramienta educativa y creativa.

En el Conservatorio Nacional de México fundaría en 1970 el Laboratorio de Música Electrónica junto a Héctor Quintanar, con quien colaboró en los primeros conciertos de música electrónica y electroacústica realizados en México. En 1976 dedicándose por completo a la música electrónica y al desarrollo del Icofón, instrumento de imagen y sonido electrónicos para el cual compuso las obras Suite icofónica (1983), Fantasía creacionista (1985), Una antifantasía (1986), Fantasía de la muerte (1987), Fantasía abstracta (1989) y Fantasía cósmica (1984), algunas de las cuales pueden escucharse por Youtube.

Publicó el primer libro sobre el tema de la música electrónica en 1981, intitulado La electrónica en la música y en el arte, editado por el Centro de Investigación y Documentación Musical Carlos Chávez (CENIDIM).

Raúl Pavón Sarrelangue, que tuvo relación con una de las aportaciones potosinas al mundo, nació en 1928 y falleció en el 2008.

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