enero 22, 2026

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#4 Tiempos

Héroes verdaderos… o no | Columna de Guille Carregha

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CRITICACIONES

 

En mi constante búsqueda de ver más cine mexicano porque, aparentemente, me odio muchísimo a mí mismo, recordé la existencia de Héroes Verdaderos, una de las pocas películas animadas nacionales lanzadas en cines que no han sido hechas por Ánima Estudios. De entrada, la falta del nombre “Ánima” en los logos de las productoras ya va indicando que, esté culera o no la película en cuestión, al menos sí se puede asegurar que había personas apasionadas por el proyecto detrás. También quiere decir que es un proyecto hecho con ganas y cariño, no nada más como parte de un procedimiento administrativo insulso que llevará, una vez más, a que los administrativos de la productora cobren todas las becas y fideicomisos de cine mexicano disponibles, sin tener un plan real o un mínimo de interés por el medio del cine o la animación, más que el clásico “pues es que así es como sacamos dinero de este negocio, la verdad”.

                  No es la primera vez que veo esta película. De acuerdo a mi cuenta de Letterboxd, tuve la oportunidad de rentar el DVD de la misma por allá del 2012 y, de acuerdo a mi escueta reseña, pensé que estaba como bien. Claramente no me pareció que era una gran obra ni algo que quisiera volver a ver pronto, pero, al menos, no me emputé después de tener que soportar su visionado, como me ha pasado con TODOS los bodrios de Ánima Estudios que me he obligado a consumir. Porque, una vez más, aparentemente me odio a mí mismo.

                  Ahora, aprovechando que han pasado 12 años desde que se me ocurrió que estaría interesante darle oportunidad a la animación mexicana, y viendo que ya pasaron las llamadas fiestas patrias, me pareció cotorro volver a ver Héroes Verdaderos. En primera instancia, porque no me acuerdo de absolutamente nada de esta cosa. Sé que no era un delirio febril, que sí existió, que se trataba de una versión EXAGERADAMENTE esterilizada de la independencia mexicana y que, en su momento, no podías ir a una papelería o supermercado sin tener que ver los mismos PNGs publicitarios de Miguel Hidalgo y Morelos plasmadas en libretas de espiral o estuches que, a decir verdad, no tengo idea si alguien compró.

                  En 2024, ¿sigo pensado que esta película sigue estando “como bien”?

                  No.

                  La neta no.

                  Si está medio culera.

                  O sea, reitero, claramente se alcanza a notar que hay una cantidad exorbitante de pasión detrás de la animación que vemos en pantalla, se ve que quienes trabajaron ahí (a menos que estuvieran desesperados por comprobarse a sí mismos que podían ganar dinero haciendo animación en México y, asumiendo que la productora si pagaba bien y a tiempo,) realmente se esforzaron tanto como pudieron para generar la mejor película posible con lo que tenían a la mano, pero… No. Sólo no.

                  De entrada, el problema principal no es la animación en sí. O sea, sí, es medio deficiente, no lo vamos a negar, pero tampoco es como si esto fuera lo que hunde al proyecto. Aunque si cuenta con unas decisiones artísticas bien confusas.

Por alguna razón a la que podría describir como “nuestro líder máximo es un boomer en potencia”, los diseños de personajes son versiones piratas de los personajes de las películas de Disney de los 90’s. Me refiero a que, cuando los ves, no es posible decir algo como que “se inspiraron en las películas de Disney”. Son calcas de personajes internacionalmente conocidos… pero con un tono de piel más café o ropa medio inspirada en lo que se usaba en aquella época del principio de los 1800 para diferenciarlos. El ejemplo más descarado es Mixcoatl, uno de los personajes principales, quien es literalmente Aladdin. No “se parece”. ES Aladdin. Pero más café para evitar eso del copyright.

Y, no contentos con calcar el estilo de personajes de Disney, podría jurar por la vida de alguna de mis mascotas, que varias secuencias animadas TAMBIÉN fueron calcadas directamente de alguna película de la compañía megalómana representada por un ratón. Decenas de veces, a lo largo del visionado, sentí déjà vues al observar algunos movimientos en pantalla. No porque ya hubiera visto esta cosa 12 años antes, sino porque la repetición constante de los VHS de mi infancia durante los 90 habían arraigado esos gestos en la memoria de mi ADN. Conocía estos movimientos porque mi versión infantil intentaba recrearlos en su día a día. Yo viví esos movimientos.

Una de las razones por las que sospecho tal situación de calca descarada es porque, al mismo tiempo, muchas escenas estaban sobreanimadas y subanimadas. A lo que me refiero es que, como estábamos emulando el estilo de Disney de los 90’s, TODOS los personajes hacían una cantidad infame de movimientos innecesarios al momento de hacer cualquier cosa. Es decir, no era solo animar al personaje diciendo “¿a dónde vamos?” mientras hacía un gesto de confusión, había que generar el movimiento de una danza interpretativa en la que todos y cada uno de los huesos y músculos de este ser humano debían moverse hacia todas partes en menos de un segundo para que se viera más dinámico y atractivo. Pero, eso solo a veces. Porque, al cambiar la posición de la cámara y cortar hacia otro ángulo, los personajes se convertían en maniquíes tiesos que a duras penas movían la boca al hablar. No había consistencia alguna.

Y ni hablar de los filtros rarísimos que pusieron sobre la animación, que a veces la hacían ver como grabada con una cámara apuntando a la pantalla de una televisión CRT con calidad de transmisión del Canal 5 antes del apagón analógico, y a veces se veía como dibujos digitales a los que les hubieran pasado un marcador medio seco encima de los colores nomás para darle “textura”. Es indescriptible esta situación de verse tan trabajado y tan cutre al mismo tiempo.

Pero, a decir verdad, lo más cutre que tiene Héroes Verdaderos es su guión. Joder, que está espantoso el guión.

Aparentemente la película fue dirigida, producida, patrocinada, publicitada y escrita por una sola persona, un tal Carlos Kuri, quien, según iMDB, no ha hecho absolutamente nada más después de regalarnos esta película (excepto los anuncios de los tecolotes de Sanborns…). Posiblemente el señor Kuri tenía unas intenciones muy bonitas al momento de querer hacer su sueño de ver a Disney animando la guerra de independencia para que los niños se la pasaran bien aprendiendo historia, y quizá tenga una cantidad inconmensurable de conectes en el mundo de los negocios para invertir en productos como este… pero el señor de escritor tiene lo que la escuela de comunicación de la UASLP tiene de currículums de calidad: NADA.

Claramente, se supone que es una película sobre la independencia. Por eso, OBVIAMENTE, la guerra de independencia inicia a los 65 minutos de una película de 100. Por un lado, le aplaudiría que decidió hacer una película desde los ojos de unos muchachos random que vivían en la Nueva España, para darle una personalidad menos “producto de la SEP” a la película. Me parecía una idea interesante… HASTA QUE CARLOS KURI DIJO “CHINGUE A SU MADRE, SE TRATA DE LOS PRÓCERES DE LA INDEPENDENCIA, ALV CON ESTOS MORRILLOS INSIGNIFICANTES”. Entonces, después de aventarnos más de 50 minutos de backstory de los OCs del señor, ahora de pronto todo es ver lo maravillosos y asombrosos que fueron Hidalgo y Morelos. Nivel, la película termina con un montaje de los próceres siendo abatidos por fusilamiento con música triste. PORQUE ESOS SON LOS PERSONAJES DE LOS QUE NOS ENAMORAMOS, LOS QUE LLEVAN COMO 20 MINUTOS EN PANTALLA.

Y, aún así, aún con este guión tan deficiente al que claramente nadie revisó ni editó, aún con el tamaño de los huevos de este señor de decir “¿estructuras narrativas? Eso ya ni se usa”, aún con unos personajes sin chiste a los que tenemos que seguir porque sí, aún con todo eso, lo absolutamente más horrible de esta producción está escondido en otra parte. Porque, como dije, este es un intento de hacer Disney pero en mexicano. Y hay una cosa que Disney hacía en los 90s. Algo que caracterizaba a sus películas: eran musicales.

No sé si alguien en alguna parte del mundo dijo “¿a poco no estaría poca madre oír a Brozo cantar una canción?”, pero para ese degenerado anónimo, Héroes Verdaderos cumplió esa fantasía. Hay canciones.

NI UNA SE SALVA.

Las letras son horrendas. Nivel podría decir que ChatGPT las escribió de no ser porque aún no existía la IA generativa en 2010. Pero la musicalización es peor. A duras penas el único instrumento es un piano sin acompañamiento que parece que está tocando un señor en un bar de Sanborns. Ni la composición ni la producción están, deja tú buenas, PASABLES.

De pequeño sentía a veces pena ajena cuando veía películas animadas en las que intentaban cantar y no le salía. Si hubiera visto esto en aquella época hubiera descubierto de manera experimental y lúdica el significado de suicidio.

Es inimignadamente inimignante.

Y aún así, con todo y todo, aunque no me sienta en la posición de recomendarle a nadie que vea este bodrio, no es, ni por mucho, tan horrible como cualquier basura de Ánima Estudios. Algo bueno tenía que decir sobre esta película…

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#4 Tiempos

La batalla del segundo café | Columna de Carlos López Medrano

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Mejor dormir

 

Sé que un día se ha estropeado cuando, antes de que empiece la faena, no tengo tiempo de tomar un café y tontear un poco. Desayunar sin prisa, leer una nota ligera del periódico, observar a un paseador de perros, pensar fugazmente en un viejo amor. Ese paréntesis previo al trabajo es la última línea de defensa entre el espíritu libre y el triste destino de convertirse en un engranaje más de una máquina fría. Conviene protegerlo como se protege una playa al amanecer, atrincherado frente al desembarco de la urgencia, para que no arrase con lo más valioso de uno mismo.

Hay seres poseídos por ánimos totalizadores que han logrado convencernos de la necesidad de la prisa. No ya llegar a tiempo, sino llegar antes, hacer acto de presencia, simular que la puntualidad es la forma más alta de la responsabilidad. Son los que clavan la bandera en la luna: lunáticos del ansia, sometidos a un espacio donde ya no son ellos, sino el sometimiento mismo, el hilo carcomido del proceso. Embusteros que, al final del día, cambian muy poco el mundo.

En cambio, quienes pelean por otro sorbo de café, por caminar una cuadra más, por detenerse en la esquina siguiente y descubrir una calle nueva, llevan una insignia que convendría reivindicar en tiempos de métricas, rendimiento y KPIs —a qué punto hemos llegado, Dios mío—. Son los verdaderos justicieros: la resistencia suave que consiste en tomarse el ritmo a la ligera y escuchar otra canción.

Cumplir, sí. Llegar a tiempo. Hacer lo tuyo. Pero sin renunciar a la parte del pastel que te pertenece: ese tiempo libre que, sin venir a cuento, cedemos a las dinámicas de la preocupación y la rutina. El gran engaño de la jornada laboral de ocho horas, que siempre acaba siendo más larga por los minutos regalados al transporte, a la anticipación, a la congoja, minutos que podrían devolverte una sonrisa que no encontrarás en ningún otro sitio.

Sobre la importancia del aquí y el ahora, del tiempo libre como una variante del oro, aprendí de mi amigo Karim, abogado poblano, un mediodía en el Bar Mascota del Centro Histórico de la Ciudad de México. Estábamos de vacaciones, aunque incluso en esos territorios se filtra la ponzoña del oficio. Entre risas y anécdotas sonó su teléfono. Alguien quería hacerle una consulta, pedirle algo. Karim escuchó con atención, sin perder el aplomo ni olvidar que estaba pasándola bien con los presentes. Entonces soltó una frase memorable que aún guardo en el anecdotario: «Si es urgente, márcame en media hora». Y siguió en la cháchara, sin agobiarse.

Nadie es recordado por su fervor a la rutina, por renunciar a una escena de cine para sentarse veinte minutos antes frente a un escritorio. Quienes gozan de su tiempo cargan con un descrédito inmerecido. Hay más que aprender del hombre que fuma un cigarrillo y mira el horizonte que del que corre ansioso a apretar una máquina checadora.

Algo parecido ocurre por la noche: saber cuándo marcharse. Entender las responsabilidades como el oleaje: nunca desaparecerá, y mal hacen quienes pretenden domarlo. La sabiduría consiste, más bien, en surfearlo, pulir un poco las piedras, volver a casa y al día siguiente repetir el gesto. El trabajo nunca se acaba; la disponibilidad perpetua solo sirve para avivar el fuego y descubrir nuevos rincones que limpiar.

Languidecer no es el destino de los viernes. Un viernes es para detenerse y saludar a la vendedora de la esquina, mirar una vitrina de pan dulce, probarse un suéter que no se comprará, hojear el menú de un restaurante al que invitarás a alguien. Beber el licor suave de no hacer nada. La rutina es un ladrón de guante blanco: te roba historias y momentos si no te resistes, si no das la batalla cada mañana.

Hay que ponerse en modo guerrilla para defender la propia subsistencia antes de convertirse en una versión disminuida de lo que ya hace mejor un robot sin agallas o la mentada IA, incapaz de atender al olor de una naranja recién cortada o de entender el valor de un atardecer: la belleza de quedarse embobado, de no tener respuestas, de esperar un poco.

Sal del arroyo de las tonterías. Todo pasa.

«La noche fue hecha para amar», decía Lord Byron. Bien podría decirse lo mismo de la vida entera.

 

Contacto:
Correo: yomiss[arroba]gmail.com
Twitter: @Bigmaud

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#4 Tiempos

Pedro Miramontes Vidal y su faceta de escritor científico | Columna de J. R. Martínez/Dr. Flash

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EL CRONOPIO

 

Manuel Martínez Morales, uno de los creadores de El Cronopio, hablaba de la responsabilidad del investigador en el quehacer de la divulgación de la ciencia. Su corriente de trabajo basado en la socialización del conocimiento científico, exigía de cierta forma, exponer una opinión ante los temas tratados. Su obra de divulgación abordaba artículos y ensayos donde la historia, el arte, la filosofía y la ciencia eran recurrentes en el abordaje de sus temas. 

Un buen tiempo tenía sin encontrar artículos con esta característica, hasta que la buena voluntad de Pedro Miramontes me tendió un libro suyo intitulado Mares de Tiempo y Agua, de las ediciones del Instituto de Física de la UASLP que encabeza Jesús Urías; si bien, el libro no está exento de errores editoriales viene a enriquecer los títulos que el Instituto de Física ha editado a lo largo de su corta existencia y que ha venido a refrescar el árido mundo de las ediciones potosinas y, sobre todo, las universitarias. 

Formados como físicos por la misma época y su deambulación por las matemáticas, así como el estilo de escribir artículos de corte científico dirigidos a un amplio público, son los factores que caracterizan a Manuel Martínez y Pedro Miramontes quien en mares de tiempo y agua nos recorre la historia del pensamiento que formó el estudio de los sistemas complejos y nos descubre un mundo multifactorial para su explicación. Los detalles históricos, muchos de ellos dejados de lado en la historia oficial del pensamiento científico y su relación con la construcción de las ideas sobre nuestro universo desde la antigüedad y que ha moldeado la filosofía de la ciencia, son recurrentes en los capítulos que corresponden a artículos y ensayos escritos en su mayoría al despuntar el siglo XXI para la revista Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM, una de las revistas de divulgación de gran prestigio en el país, y que ahora es dirigida, precisamente, por Pedro Miramontes que realiza una estancia académica en la Facultad de Ciencias de la UASLP.

La complejidad de los sistemas naturales que conforman nuestro mundo, lo manifiesta en sus propios escritos pues la visión holística con que los aborda, nos permite transitar desde diferentes enfoques en el entendimiento de tales sistemas, ya sea a través del arte y por supuesto, desde la ciencia en su gran abanico de disciplinas, donde las matemáticas sintetizan las posibles explicaciones. A través de la selección que realiza Miramontes podemos enterarnos de conceptos sobre el caos, la geometría fractal

, sin desligarnos de aspectos sociales y educativos. Sus escritos responden al requerimiento filosófico de Ortega y Gasset donde critica la especialización y sus inconvenientes en asuntos de carácter complejo, como es el mundo donde nos desenvolvemos y del que queremos entender a cabalidad para mejorarlo y construir sociedades más justas y de feliz convivencia.  

En todos ellos, hay una opinión, y una socialización del conocimiento formado a lo largo de siglos para la contribución del desarrollo científico y social. Pues el carácter utilitario de la ciencia es un factor que requiere reflexión por parte de los constructores de dicho conocimiento para contribuir al desarrollo social. Nuestro país, no es ajeno a este requerimiento y esa carencia que suele suceder sobre reflexión de nuestra labor como científicos, la señala Miramontes, como un recordatorio de nuestro papel como miembros de una sociedad con múltiples problemas y de los cuales podemos contribuir. 

Si tienen oportunidad, no dejen de leer ese libro es ampliamente recomendado y, en especial para quienes quieren adentrarse en la divulgación escrita, es un buen ejemplo de cómo realizarlo, para lo cual se requiere mucha preparación en el ámbito cultural.

Pedro Miramontes estudió física en la UNAM y se doctoró en la propia UNAM en Matemáticas, combina sus investigaciones en áreas interdisciplinares como computación, biología, física, matemáticas, genómica, entre otras. Es profesor titular del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la UNAM, ha participado desde hace años como profesor e investigador visitante en la Facultad de Ciencias de la UASLP. Su trabajo docente y de investigación lo combina con la divulgación del conocimiento científico, participa activamente como disertador en el ciclo de charlas La Ciencia en el Bar, actualmente dirige la revista de Divulgación Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM una de las más importantes revistas de alta divulgación científica en el país.

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“Ya cállate, tenías razón” | Apuntes de Jorge Saldaña

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¡Ah culto público! Buen día y compañeros espero de bienestar:

Luego de unos días por aquí y por allá, regreso dichoso de hablarles. ¿Andan en grillas? Se pasan siendo tan temprano de enero.

Empezaré por el señor gobernador Gallardo que bien sabe, es mi bendición y maldición enterarme de todo: una llamada lo hizo decidir. No, no va la Ley gobernadora y qué bueno. ¿Y para qué? Diría Napoleón con José José. 

Lo dije en privado y en público y eso me queda de satisfacción. La señora y senadora Ruth le puede ganar a todos y a todas. Esa ley iba a causarle nada más oposición en todos los niveles por su percepción de “imposicón” (Ese CEEPAC de veras…jajaja)

Qué bueno que lo pensaron bien y ¿pues cómo no? si llamada fue clara: ganas ahorita o te gano después. Punto.

Morena local como sea (Dicen que el gobernador Gallardo hasta un Ron Potosí mandó a Gabino Morales).

Lo que sí hay que pensar es en no confiar mucho los Verdes de los de yate. Esos lo usan y ya. (Los yates).

Para el 2027 se abren de nuevo todas las posibilidades y ¿qué mejor? 

Si alguien no lo pensó pues yo tampoco: el que tenga la estructura gallardista va a ganar, y solo hay una condición: no abrir los cajones.

El color es lo de menos. El triángulo dorado que se llama Soledad, capital (ahí si con Ruth porque no son casualidad las fotos de Galindo y Ricardo ni los 800 millones para la capital) Pozos y Villa de Reyes, no son cualquier cosa.

¿Todo cambia? Sí. Todo. Pero no tanto. El Gallardismo junto a Morena solo tiene un hombre y nombre para la gubernatura (luego se los digo pero empieza con Juan)

Mujeres tienen varias cartas: desde mi tía Leonor, hasta la maestra Lola.

Oposiciones pues Galindo y ya. (Con el que prefiere entenderse que con otros y otras) y si me apuran pues con el que haga contraste, entendimiento y punto.

¿Y la familia? Bien gracias. Don Ricardo feliz de que su nuera sea alcaldesa…y ya.

En estos días y como para cambiar de temas, y para no ser el “ya cállate, tenías razón” pues deje les cuento mejor de crayolas.

Yo no tuve tiempo de colores, pero Holbox y León me enseñaron en tonos de grises y nada más. Por algo se empieza. Los arcoíris luego.

¿La uni? Que weba… es la única rectoría con pensamiento de pobreza en años. (Hasta Mario García, al que Marcelo le abonaba hasta casi en 31 de diciembre, hizo “El Bicentenario)

Hace poco hablé sobre las “Las dos promesas” y son las siguientes: Fabian no quiere 846 millones, le prometieron 84 mitad y mitad para la próxima rectora si es que se deja ganar. (No la menciono porque me da una flojera enorme responder sus solicitudes de réplica).

El rector pues tiene “vicerrectoras”,”vicerrectores”, sabelotodos y sabelotodas a su alrededor. ¿Para qué necesita más? Suerte. Perdiendo 86, con 189 menos y un amparo en contra para que los estudiantes no paguen, ojalá no le haya tocado además poner los tamales.

Seguro tomarán la mejor decisión. Igual que Ricardo mañana. (Hoy)

¿INTERAPAS? Feliz. No hay cosa mejor que le pueda pasar que Soledad se vaya y Pozos también. ¿A quien le van a echar la culpa ahora?

Yo mientras, si usted me lo permite o no, “voyatrair” el pelo suelto.

Hasta la próxima. (Ha que por cierto, que que la próxima puede ser desde la Pila, pero mire que me van a caer de maravilla 30 días de escribirle a lápiz y papel una iniciativa que traigo sobre que los y las jueces también tomen en cuenta la voz del afectado en las órdenes de restricción cuando se compruebe que el caballero jamás buscó a la dama)

Yo soy Jorge Saldaña.

 

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